Nuestro libro Intervenir continua apareciendo en las listas de este año; este ha sido mi comentario preferido a su lectura, hecho por Sara Uribe y publicado en su TOP 10 de libros en la revista Transtierros. Intervenir fue un libro que escribimos (yo con mucho entusiasmo y alegría) si no me equivoco, en el 2009. El proceso de publicación fue una tortura. ---No nos salvamos de los abusos típicos por parte de editores que se creen superiores al autor, y lo tratan desde esa supremacía (por lo general blanca, o criolla)---. Pero la gratitud que siento hoy ante una descripción  precisa, de la intervención como cirugía, vale cualquier sumersión en el infierno. Mil gracias, Sara Uribe.

"¿Qué ocurre cuando un lenguaje es avasallado y atravesado por la violencia? ¿Cuál es esa irreversible luxación que se efectúa en las palabras y sus significados? Algo nos deja vacíos, descolocados, inciertos. El lenguaje nunca es el mismo después de preguntarse por los cuerpos rotos de un país roto. Pero no sólo aquél que utilizamos para referirnos a las heridas y a las pérdidas, se trata de todos los posibles lenguajes; se trata de la torcedura de todos los posibles abordajes para nombrar el cuerpo, el amor, la patria, lo cotidiano y la memoria. Y es que todo, todo ha desaparecido, nos advierten Rodrigo Flores Sánchez y Dolores Dorantes, en su escritura a cuatro manos de Intervenir, una mixtura de discursos que se superponen, se reescriben y se sobreescriben entre sí; una anunciación de lo que queda después de la catástrofe cuando uno ha sobrevivido: cuando sobrevivir es tener que aprender a nombrar de nuevo todo aquello que ha sido trastocado. Rodrigo y Dolores, es decir, sus escrituras, dialogan y producen este libro como si estuviesen realizando una intervención quirúrgica. Uno puede ver en la página sus movimientos, sus cortes, sus costuras, sus respiraciones a veces unísonas, a veces sólo paralelas. Van cortando y abriendo el lenguaje como una gran herida al tiempo que intentan suturar y, con ello, generar nuevas capas de sentido; a pesar del dolor, a contracorriente del trauma y de la nostalgia que subyace en sus narrativas que son ya siempre fragmentarias, dispersas, incompletas. Es esta, en todo caso, una poética que no sale inerme al daño, una poética fracturada."
Image courtesy (for Entropy) of Kenyatta A.C. Hinkle and Jenkins Johnson Gallery
Mumbo Jumbo, 2011 India ink and Wite Out correction fluid on acid free recycled paper, 8.5 x 11


Hay temas que me apasionan, uno de esos temas es la percepción de cualquier tema que toque Fred Moten. He escuchado críticas a Perloff desde hace años, y a Goldsmith también (si no los conocen qué bueno), críticas que celebro aunque, algunas veces, provengan de gringos inconscientes de su propio deseo de pertenecer al mundo que critican o que "desprecian"; porque aunque se ha activado el motor de la reflexión en ellos, reflexionan sin un verdadero cambio de percepción del mundo, es decir, reflexionan desde su mundo blanco (en México, diría que los clasistas reflexionan desde su mundo criollo, por ejemplo, siendo alumnos orgullosos de personas como Marjorie Perloff --sí, Perloff le debe su fortuna, en parte, a algunos mexicanos que desprecia). Un mundo donde el "Yo" está por encima de todo. No confío un centímetro en ningún gringo, debo decir, aunque me alegra que, unos pocos comiencen a abrir bien los ojos. Leí esta mañana este artículo de Fred Moten y me pareció absoluto ¿Para qué queremos nosotros habitar ese mundo -el mundo blanco, o el mundo de la poesía institucional, o el mundo criollo, o el mundo clasista? Quedarse sería reproducir los comportamientos que ellos han creado, es decir, usar una estructura que genera lo mismo que criticamos. Tenemos el poder, y lo hemos hecho ya, de crear nuestro propio mundo. Mi versión en español puede tener errores, pero pueden consultar el link con el original haciendo click en el título. El texto original es de una expansión hermosa, amorosa.
por Fred Moten
Me salí de Facebook mucho antes de que Kennth "Solid" Goldsmith decidiera encontrar algo que re-decir acerca de la forma muerta en que siempre hemos vivido. Si tan sólo alguien le hubiera susurrado al oído: si no encuentras algo bueno que re-decir entonces no re-digas nada. De todos modos, la última cosa que le hubiera preguntando, en Facebook o en cualquier otra parte, es "¿Qué mierda estás haciendo?" Sé qué mierda está haciendo. Desafortunadamente, como asunto de vida o muerte, tengo que enterarme de esa clase de cosas. Es parte de lo que tienes que hacer para sobrevivir al ancestral y presente continuo tratando de borrar nuestra ancestral y continua presencia. Pero, porque él no tiene que saber qué mierda está haciendo, me estaba preguntando sí sabía, o si le importaba. Con el paso del tiempo la respuesta ha quedado clara. Mientras, buscamos un preponderante común donde respirar, que se corresponda con la preponderancia común en la que respiramos. Esta aspiración sub-respiracional es el portafolio de Juliana Spahr. Es un objeto esencial de deseo y crítica. 
Respiro cierto aire que respira Marjorie Perloff también. Me gusta cierta poesía que también le gusta a Marjorie Perloff; al mismo tiempo, no nos gustamos el uno al otro, aunque no nos conocemos; al mismo tiempo, aunque no la conozca, sé muchísimo acerca de ella. De hecho, yo se muchísimo más a cerca de ella de lo que ella sabe acerca de mí o de ella misma. Es una función de nuestra educación. Tengo que aprender acerca de ella y de muchas de las cosas que han sucedido y que continúan sucediendo para que ella exista. Ella nunca había sido tan obligadamente, una condición que induce no sólo ignorancia sino sangre fría. Y ahora, quiere dejar el mundo de la poesía porque piensa que nosotros lo hemos allanado, trayendo toda una discusión escandalosa, indecorosa y repugnante ---autos estacionados frente al jardín; el despreciable aroma de la preciada clase baja flotando sobre el manicure universal y sus conceptos entubados. Pero este es su mundo; ella no puede irse. Ella lo planeó, así que ella puede quedárselo. Ella tiene que quedárselo. No puede retirarse ---o, para ser más precisos,  no puede ¡tragarse sus pinches palabras por un minuto y sentir!--- si su vida depende de ello. De hecho, su vida ---en la que la abstracción inmaterial y brutal que ella asume como derecho absoluto para negarse a asumir lo mismo por un negro, asustado y grande Michael Brown--- depende de que ella continúe hablando, incluso si es sólo para su círculo de estirados, incluso si de todo lo que ella y ellos pueden hablar es acerca de su (y sus) derecho de hablar. Profundamente todavía, tristemente, miserablemente, Marjorie Perloff reclama su "judeidad" de manera que le permita hablar de la "blanquedad", ejerciendo su derecho a decir cualquier horripilante mierda antisemita que quiera de manera que le permita ejercer su derecho a decir cualquier horripilante mierda anti-negra que quiera. Hay algo típicamente doloroso y vergonzoso acerca de esta violencia y odio dirigidos a la víctima, que se anuncia como un tipo de claridad de visión anti-romantizada en lugar de la romantización subrepticia del victimario, una suciedad (ser)vil que toma la forma de una teología perdida e impensada de la fortaleza. Quizá esto es lo que es amar el (poesía) mundo como es: un rechazo posesivo, una insensibilidad anti-intelectual insistente en la valuación y la separación, una negativa imperial a sentir que constituye la trágica y absoluta reducción de lo que somos y de lo que se supone debemos ser.
Para hablar, como sea oblicuamente, de los actos de Marjorie Perloff es hablar incluso de su des-hacer. Debe ser que ya no existe más Marjorie Perloff como persona. Quizás Marjorie Perloff es sólo un concepto. Se requiere una investigación posterior. Por ahora, digamos, con la mayor exactitud posible, que hay una susceptibilidad sobornable en semejante amor no correspondido al (poesía) mundo en el que finalmente disfrutamos asignar el nombre Marjorie Perloff.  No es que Marjorie Perloff deba dejar el mundo de la poesía; nosotros tenemos que irnos, una condición de la que nos sentimos orgullosos y gozosos. Marjorie Perloff encaja íntimamente con la distinción entre la violación y el rechazo del buen gusto. Marjorie Perloff tiene mal gusto. Marjorie Perloff está en el mal gusto. Por otra parte (en la otra mano) ---la mano que permanentemente vuela más allá del manubrio, apresurándose fuera del cuerpo y fuera de este mundo--- cantamos la tierra con sabor: polvo en nuestras bocas, agua en nuestros pulmones, sangre en nuestros ojos, manos en nuestras manos. Marjorie Perloff, te hemos estado estudiando por mucho tiempo para ya no estudiarte; te hemos pensado insistentemente para ya no pensarte. Quédate donde estás.


Llover siempre llueve.
A veces con violencia. A veces suave.
Recién llegados a casa o sin techo nos sacudimos 
como terriers mojados.
O con cuidado, para que nadie note
que hemos llorado.
Pero llover siempre llueve.
¿Hasta dónde he llegado en ti el nivel del llanto?
¿Hasta el ombligo? ¿El pecho? ¿El cuello?
No necesitas desnudarte para enseñárnoslo.
Nos lo leemos mutuamente en los ojos
como en un transportador.
Si hay que decir algo siempre se puede decir:
Amor mío,
para mañana ya tendrás secos tus guantes de lana.

Werner Aspenström (trad. Paco J. Uriz)
Si continúo agregando entradas a este blog, nunca voy a terminar la selección que necesito entregar para fin de año. Pero es este tipo de escritura el que surge mientras trabajo en eso y aquí estoy, escribiendo en vez de seleccionar. Estoy comenzando a creer que esta clase de escritura se está convertido en otra forma de dependencia. Al tratar con otras personas, personas que tienen poco tiempo en mi vida, personas que me hacen pensar desde una existencia novedosa, con las que sostengo un proceso de conocimiento y aceptación actualmente, puedo percibir que hay algo que no encaja: necesito escribir para explicarme algunas cosas, para resolver algunos pensamientos y después dominarlos oralmente. Incluso pensamientos que domino y sostengo como parte de algunos libros que no he publicado todavía, los cuestiono si los platico, los cuestiono al momento de repensarlos. La escritura se ha vuelto una resolución a las preguntas que me hago desde el año pasado. Quizá sean dos años ya que me he fijado en unas cuantas obsesiones para preguntarme cosas distintas; básicamente sobre el condicionamiento humano y como es que ese condicionamiento se instala imperceptiblemente y nos lleva a reaccionar como seres programados para contribuir a determinada estructura social/de poder. Y me lo explico aquí de forma muy sencilla, sólo intentando responder las preguntas que aparecen mientras leo a una variedad de autores que me fascinan. Aquí ese proceso es seguro. Mi problema ha comenzado a surgir allá afuera, en la percepción de la realidad familiar, por ejemplo: tan simple en apariencia, pero tan poco adecuada a mis circunstancias. ¿Por qué comienzo a dudar de mi participación o lugar dentro de mi propia estructura familiar? Si la familia es la aceptación absoluta, es un ente que acepta, incluso sin comprender al elemento que es aceptado: el elemento sólo nació ahí, en el ente familiar: es la familia. Comencé a dudar de mi pertenencia al núcleo familiar porque comencé a dudar de mi misma. Repentinamente, con los cambios intempestivos en la familia; un nuevo miembro recién nacido adaptado y aceptado totalmente como parte de nosotros, es decir como parte de mí. Sentir esos ojos nuevos teniéndome una confianza absoluta, otra persona soltando su sueño en mis manos, me derrumbó. La convivencia a ese nivel con un bebé ha sido algo completamente inesperado. Tal vez en ese momento comencé a sentir la separación, "no soy como ellos" "¿en qué me he convertido" "¿cuándo fue que la vida transcurrió tan rápido?". Estuve bebiendo whiskey a escondidas con mis dos sobrinos, creo que es la primera vez que lo hacemos, a como están las cosas en la familia, supongo que no será la última pero, cómo decirlo --sí, he tenido "novios" de su edad-- pero mis sobrinos todavía siguen siendo mis niños. No es que me sienta vieja, no es eso, es sólo que repentinamente sentí que, por el hecho de no reproducir esa manera sencilla en la que las familias construyen sus cadenas y se unen a otras familias, y se relacionan con otras personas y se involucran íntimamente con la primer personas que se les planta en el camino. quizá estoy fuera de lugar. Una familia es un organismo que no se transforma a base de complejidades, sino de accidentes. A mi no me gusta involucrarme íntimamente por accidente, a mi me gusta conocer, indagar, saber hasta donde se pueda saber, descubrir, maravillarme, extasiarme, amar, adorar y después decidir si me involucro íntimamente; ja, creo que siempre termino decidiendo que no. Pero esa diferencia (y muchas otras) no me excluye de ser parte de mi familia. Soy esos accidentes también, los suyos. Soy esa forma de aventurarse a un nuevo matrimonio, a un nuevo nacimiento, a la inclusión de nuevas personas a la familia. Me preocupa cómo me verán por el hecho de no vivir como ellos viven; por ser un animal al que no le gusta el cautiverio, y al mismo tiempo un manojo de nervios que le teme a la vida y a la intimidad; por ser una diosa y al mismo tiempo una neurótica que necesita sumergirse en su propio silencio por periodos interminables, y sólo platica con su perro. Al final de cuentas ellos también son esto que yo soy. Todo nos fue heredado.

Pues en esta pequeña lista de lo "acontecido" en México, vuelve a aparecer Intervenir, Uno de mis libros escrito en co-autoría con Rodrigo Flores-Sánchez, Un libro que realmente no es mío, pero tenía que nombrar de alguna manera a ese despojo. Gracias por su preferencia textual, amigos. Celebro que Intervenir se lea. Ojalá este libro sea libre de la editorial mezquina que lo posee, y entonces sí, pueda llegar a más personas de forma gratuita. De cualquier forma reitero mi voluntad de compartir PDF con la versión del libro en español, a quien me envíe email solicitándola a: cieloportatil@gmail.com
aquí el link del suceso, en la revista La Tempestad. Celebro también que Anti-Humbold esté en esta lista; un libro preferido escrito por encima del Tratado de Libre Comercio, que manifiesta una crítica desde el mismo lenguaje legal que lo narra (al tratado). ¡Viva México! y, otra vez, gracias (quien sea).

Tengo un deadline que me está matando. Me está matando, porque sólo he revisado doscientas páginas de las setecientas cincuenta que tengo que revisar, para seleccionar, corregir y armar el trabajo que estoy haciendo. Estoy en un momento del año en el que ya no soporto los lentes, tengo una alergia espantosa, los ojos hinchados como un huevo cosido, y mi ánimo en otra parte. Afortunadamente, como bien dijo la grandiosa Rigoberta Menchú: uno construye el tiempo, y diciembre se ha extendido como ningún otro mes este año. 
Escribo, con dos copas de vino vacías frente a mí, porque diciembre también es el mes en que los amigos aparecen en el porche de casa intempestivamente, escuchan discos, bailan y ríen como gitanos y se van, dejándome siempre una botella de vino de reserva. Ayer, decidí terminar con la botella de vino dulce que quedaba; sin esperanzas, rechazando el túnel que es entrar a ese trabajo literario (tal y como lo rechazo ahora) cuando Juan Manuel apareció, tomó una copa de vino conmigo y partió en su entusiasmo de recién casado para cruzar la frontera en busca de su amor. Entré en la cocina y me di cuenta que quedaba un Pinot Noir australiano (el del cangurito!). Lo abrí sin dudar. Juan Manuel, antes de irse, me ayudó a encender las luces del árbol navideño. El primer árbol navideño que tengo desde que llegué a este país. Mi mamá es católica, mi papá era un loco-libre pensador; así que crecí en el "camino medio" (es broma), no tuve fantasías con Santa Clós o con los Reyes Magos; aunque soñé con los reyes varias veces; la navidad la llenaba mi padre; no sé desde cuándo pero él comenzaba a prepararlo todo: compraba el pino, sacaba los adornos, colocaba las luces ¡con todos nosotros a su alrededor! no sé cómo nos aguantaba; mi papá era otro niño, supongo. Ahora que lo pienso, debió tener treinta y cuatro años en mis recuerdos y si yo, que tengo cuarenta y dos, me siento jovencísima, él debió ser un muchacho jugando con nosotros. Llevo semanas recordando cómo pronunciaba su "nombre", recordando mi voz de niña, mi estado de niña; rodeada de una protección insustituible. Alguien que te quiere a cambio de ser tú mismo, alguien que protege tu "mismidad", alguien que la cultiva, que la hace crecer, alguien que puede verte tal y como eres. Y vuelvo a otra de mis obsesiones: la percepción de la realidad ¿cómo es que mi padre podía percibir quién era yo? ¿cómo lo supo, quizá antes que yo lo supiera? ¿cuándo decidió comenzar a dejar libros estratégicamente "olvidados" por casa? Son preguntas que no tendrán respuesta. Hace tiempo también, platicaba con alguien acerca de la memoria y su calidad de presente. Gracias a la memoria y su calidad de presente es que podríamos creer que la forma externa del amor existe. La memoria, nunca es el pasado, es una fuente que permanece, que se instala incluso a nivel celular e inconsciente. A nivel celular y consciente mi padre sembró en mi muchas cosas: una inseguridad que me ha costado años derrumbar, pero también momentos de luces en medio de la noche, de visitas a casas de anticuarios, de pláticas en la cocina de sus amigos griegos, de caminatas en invierno. Y no es lo material lo que permanece, lo que viaja en la memoria instalada en el cuerpo, sino lo emocional ¿cómo describir la gama de emociones sin nombre que yacen y se activan desde ahí? el hecho de llamarlas emociones ya es una forma de separarlas de su fuente y convertirlas en un hecho finito: el pasado. Mi padre construyó una memoria de amor a nivel celular para que se quedara conmigo en estas fechas, ese amor que no pide nada a cambio, que me percibe tal y como soy. Pero ¿a qué iba yo? Sí, a la razón que he descubierto estos días de celebraciones en El Paso. Todo el año había vivido con la sensación de haber cometido un error: me equivoqué, debí haber comprado un terreno en Uruguay, me dije muchas veces en medio de lo inclemente que puede resultar la frontera desde donde se alcanzan a ver las gestiones del genocidio mexicano, pero estos días he cenado con tantas personas, en tantas casas distintas, he recibido a tantos amigos en casa, he escuchado a mi hermana durante horas, he exigido el platillo preferido en casa de mi madre y, entonces, entendí por qué, por qué estoy aquí. Aquí existimos personas que cargamos la memoria celular que nos heredó mi padre. Aquí soy yo en mi versión menos sofisticada. Aquí estoy empujando la subsistencia, Aquí encuentro el silencio lejos del movimiento cosmopolita de los corazones desesperados por obtener un poco de fama y reconocimiento, o el título de artistas. Aquí aparezco y desparezco en el amor que aprendí de mi padre. Por eso, no me he hundido en el túnel para terminar ese libro. Pero lo haré, lo haré en algún momento. ¡Lo juro, Señorita Editorial!
El año pasado me propuse encontrar, por lo menos, una vez por semana, un poema feliz, para postearlo aquí. Fracasé. Los poemas felices son pocos. Los poetas que escriben poemas felices existen muy brevemente en su entusiasmo; es el mundo, supongo. Sin embargo, desde aquella búsqueda me recontré con Werner Aspenströn. Poeta sueco, un lenguaje con alcances emocionales insustituibles ¿cuáles serían las copias de los lenguajes? No me refiero a la copia idéntica, sino a esa que surge y se transforma ¿surgirá cuando pronunciamos desde nuestro bagaje extranjero otro idioma para intentar comunicarnos, o aprender? Me gusta eso, ese giro que con una pequeño twist de la lengua puede transformar un proceso de copia en una marca distinta. ¿No es hermoso?
Ustedes que han hecho del pensamiento un proceso sostenido de aprendizaje y que me visitan alegremente; ustedes que saben lo que es agitarse como un animal entusiasmado; ustedes que saben lo que es dormir como una flor, deben comprender que la alegría es indispensable y más para nosotros que visitamos tantas atmósferas oscuras mientras reflexionamos. Así que, basta de discursos y les dejo, junto a un abrazo, uno de los poemas del gran Aspenström, quien murió un enero de 1997 (traducido por el indispensable Paco J. Uriz). Werner dio con algo, como pocos, con la alegría (una de las razones por las que se distinguió de la generación a la que pertenecía "del pesimismo").


La Ciudad

No soy una persona apolítica.
Tengo mi opinión sobre cómo se deberían 
hacer las cosas en este país para obtener buenos resultados.
Considero que la paz es nuestro pensamiento más valioso.
Pero yo no quiero destrozar
con la tijera de los grandes sueños
el tejido de los sueños pequeños.
Es la hora del día
en que el remolcador Rex zarpa rumbo al archipiélago
para traernos la salida del sol.
Es la época del año
en que el gigante de las montañas de Skinnarvik
lleva el pelo cubierto de lilas.
Pronto abrirá sus fauces y escupirá
sobre la ciudad una bandada de gaviotas reídoras.
Me parece simplemente hermoso.
Me parece humano, a veces.
Disculpen que venga aquí a contarles mis sueños, pero es que el sueño de anoche fue extraordinario. Hace años, conocí a una mujer indígena tarahumara de nombre Teresita; llegamos hasta un lugar en la sierra de Chihuahua, en la mera cima, frontera con Sinaloa. Al lugar lo bautizaron Puerta del Cielo. De esto hace, quizá trece o catorce años. Yo viajaba con un grupo de exploradores-amigos interesados en el chamanismo, la espiritualidad y esas cosas. El asunto es que Teresita tenía fama de trabajar con la energía de las manos. Llegamos después de más de 14 horas de camino de brechas, y ella eligió trabajar directamente cuatro personas, yo entre esas cuatro. Cuando ella puso sus manos sobre mi cabeza, yo literalmente me fui; como si estuviera viajando por un túnel de luz, fuera de mi cuerpo. El viaje se detuvo porque llegué frente a una energía invisible, pero que podía tocar. Tocaba sus manos y sus dedos se sentían como el campo magnético de los imanes opuestos. Y yo pensaba algo como: sí, si hay alguien frente a mí, sí... son sus dedos ¿quién está ahí?
Durante este tiempo no fui consciente de lo que pasaba con mi cuerpo: me había desvanecido, mi cuerpo estaba helado, mis labios traslúcidos; mi hermana se desmayó de la impresión, todo mundo rezaba. Yo no me di cuenta hasta que regresé,
Pues ayer soñé que estaba en Nicaragua. Con un grupo de mujeres. Y tenía una experiencia parecida, pero consciente: estoy dejando mi cuerpo, ahí voy. Me sumergía en una luz absolutamente placentera, dorada y rosa. Y después regresaba para hablar con las mujeres que me rodeaban y les prehuntaba qué había pasado con mi cuerpo. Todo había estado bien. Luego salíamos a visitar tumbas, tumbas que no estaban cubiertas del todo, que tenían sólo bloque de lodo encima, quebrados, con  ranuras. Tomábamos unas piedras y las tallábamos sobre estas tumbas. Y las piedras pintaban cada tumba de colores distintos, recuerdo el morado, como el color católico de adviento. Pero otras piedras soltaban también un polvo color rosa. Sabía que estaba en Nicaragua. Después desperté, muy contenta, Y salí de mi casa, muy contenta a visitar una sala con pinturas del renacimiento. Qué cosa tan enigmática, muchas veces, los sueños.


¿y sin nos vemos en Alicante?
No necesitamos comprar un boleto para llegar a casa... yo vuelvo a casa: "Ni extera noa" es un tatuaje que quiero hacerme, sí... en euskera, porque cuando lo escuché por primera vez fue en una clase de gramática de euskera... mi querido maestro Josu construyó la frase con lo primero que se le vino a la cabeza "Ni extera noa"... "Yo vuelvo a casa" y es que, a mi maestro de euskera, las cosas que se le vienen a la cabeza de forma espontánea nunca son cualquier cosa.
En estas fechas en las que vivimos la, en ocasiones pesimista y en ocasiones entusiasta, ilusión de que un ciclo termina y otro comienza, me gusta recordar a otro de mis más queridos maestros Tich Nhat Hahn, y compartirlo con ustedes. ¡Vale la pena escuchar esta enseñanza! me encanta cómo pronuncia "the here and the now".
Que el próximo ciclo imaginario sea lo que sea, pero sea siempre aprendizaje, queridos amigos.





demórate aquí, a la luz

Ayer pasé un día terrible. Las raíces del sufrimiento parecen misteriosas en ocasiones. Sufrí, prácticamente todo el día. Entre más diestra me vuelvo en detectar el sufrimiento e identificar los motores que lo activan, más complejo se vuelve, supongo, en su afán por permanecer. "El tiempo lo que busca es durar" oí en alguna parte. Así he ido pasando durante esta breve existencia, de el drama más ordinario por asuntos insignificantes (como el primer "eso no se dice" que algún adulto clavó en mi corazón siendo una niña, o ser excluida de algún grupo de amigos en la primaria; tener el corazón roto porque me enamoré de algún gato callejero en la adolescencia; ir perdiendo a mis "mejores amigos"; recibir la espada de la traición de alguno de mis colegas; soportar la prepotencia de algún profesor ignorante de la universidad; no ser amada por el gato callejero más apuesto del barrio, etc) a sufrimientos cada vez más complejos, como la obsesión emocional sustituida por el afecto a las antigüedades, la colección compulsiva de máquinas de escribir mecánicas de los años veinte, vajillas art decó, esculturitas de Francisco Zúñiga, cuadros de Rafaél Cázares, platos conmemorativos, muebles de 1800, sillones italianos, textiles provenientes de África o de Japón, muñecas horripilantes, Long Plays de Vynil, plantas exóticas y alegres; perderlo todo y entonces, acomodar las obsesiones en el pensamiento, para llevar una vida más libre y más ligera: preguntas sobre la percepción de la realidad, descubrimientos sobre el condicionamiento humano, fórmulas de repetición de sonido para alcanzar estados alterados de conciencia, lecturas de filosofía, ciencia, estructuras mentales, estructuras educativas, psicología, conversaciones eternas con mis pocos amigos, colaboraciones (eternas también) "¿qué es la guerra?" "¿qué es el dolor?" "¿qué es la ilusión?", la unidad del cuerpo con el resto del mundo y, hasta ahí, todo resuelto. Pero ayer, ayer fue un día terrible; todo me parecía una ilusión, llegué a pensar que todo sucede únicamente en mi cabeza, que no existo; "no existo," llegué a pensar. Me di cuenta qué tan dependiente soy de la validación de los otros para sentirme viva; busco que alguien diga "vas bien" ¿Ir bien a dónde? diría Eduardo Milán ¿Ir bien a Londres?. Ayer llegué a pensar que, a fin de cuentas, como todos, obedecer inconscientemente a esos impulsos se ha vuelto también mi realidad. 
Sin embargo, hoy, observando exhaustivamente el transcurso de mis obsesiones, por ahí de la una de la mañana, me di cuenta que sí, imagino y sí: lo que imagino se manifiesta de forma tangible hacia "afuera", en la "realidad" y además nada es cierto, sólo existe el instante, como este, en el que preservo la percepción de mí misma en una página, usando como medio el lenguaje, la marca sí. Porque también estoy obsesionada con las marcas; esas formas que son el lenguaje de la realidad, esa clase de "materia" de "golpe" o "quemadura" que se manifiesta después de transportarse por procesos imperceptibles, y que muchas veces encierra lo "inmaterial" o lo "infinito". Aquí. Aquí está.
el mundo

Como tengo la fecha límite para un libro que, aunque ya está escrito, me resulta imposible de recopilar porque nunca lo pensé como libro y que, de hecho, alguna vez cuando el blog fue una moda (como ahora los selfies) algunos de mis amigos más queridos afirmaron que el día que se publicara en un libro lo que publicábamos en el blog, estaríamos traicionando nuestras más nobles intenciones; yo , sin embargo, he tenido una oferta que me resulta imposible rechazar. Porque, para empezar, es una editorial maravillosa, cuyo nombre no mencionaré, porque ¿qué tal si después de todo nada cuaja? profundamente femenina y sería mi primer libro de crónicas. Asunto que muero por realizar. En secreto, lo único que yo he querido escribir toda mi vida es prosa. En secreto también, considero que mis libros de poesía fueron sólo un ejercicio para templar mi propio lenguaje, para domarlo y, a fin de cuentas, despojarlo de ese sentido de propiedad. El asunto es que cualquier fecha límite me estresa; yo, en realidad, a estas alturas del año quisiera estar tomando un chocolate con churros en Madrid, bebiendo güisqui y cantando kareoque en Quito, caminando bajo un atardecer en Managua o viéndome en la penosa necesidad de decidir cuántas cajas de alfajores podré meter en mi maleta, o preguntándome cuántas horas más permanecen las librerías abiertas en la noche ¡qué se yo! ¡El mundo! a estas alturas del año quiero el mundo y no la comunicación del mundo que recibo diariamente a través de esta plataforma hasta mi adorado desierto. En fin, quejas más, quejas menos, tengo que terminar porque lo digo yo, que soy mi madre, mi patrona o mi generala, pero siempre me doy órdenes muy suavecitas cuando me envuelve el estres. Me digo: oquéi, empiezo el lunes y me dedico a hacer lo que me de la gana del jueves al domingo. Y resulta que no, que hay que ir al banco, que el domingo hay taller, que hace frío, que ya casi se acaba el tiempo y no he podido bailar, ni he podido abrazarte ¿de qué se trata esta vida? ¿por qué estoy corriendo? ¿quién me paga por hacer qué?
El punto extra es que ahora vivo cerca de mi familia ¿recuerdan a mi familia, la de la cena de hace algunos posts? Bueno, pues habrán otras cenas... sé que han comprado regalos, yo misma soy encargada de organizar una de las fiestas porque mi hermana tiene 24 años de intachable y prestigiosa carrera que celebrar y ¿dónde creen que será la fiesta? ¡Sí, exactamente! ¡mi lugar favorito!: ¡el consulado Mexicano! Y yo pienso que mi hermana es una reina, mi hermana es hermosa, brillante, adorable, dulce, de enoooorme corazón, buena, encantadora a tal grado que no puedo decir: "¿organizar qué? ¡estoy muerta! ¡he muerto antes que la fecha límite para entregar el libro! ¿y tú quieres que justo ahora, casi acabando el año, reúna todo un ejército de amigos? está bien". 
Ustedes saben a cuántos editores les he dicho no sin que me tiemble una pestaña, en cuántas antologías también amablemente (y con agradecimiento) me he negado a participar, cuántos viajes al horrible New York he rechazado este año; y también saben con cuántos hombres no he salido porque pronunciaron "mal" una palabra, cuántas veces no me he casado porque no me lo pidieron con la frase "adecuada", en cuántas ocasiones no he comido sólo por no despegarme del monitor para continuar escribiendo; pero a mi hermana, simplemente no puedo decirle no. 
Así que no basta con el estrés de entregar un libro como presagio de fin de año y amuleto para el año que viene, también tengo que asegurarme que la banda de jazz llegue a tiempo, que los invitados sientan que algo dulce y cálido se abre en sus corazones al entrar a la fiesta, que mi hermana brille (más) de lo que brilla siempre, porque mi hermana es una joya, mi hermana es una llama viva, mi hermana es la mejor mujer del mundo. Sí ¡el mundo! al que yo ya siento que no llego este año.

Posdata: saludos Jhon Pluecker y haaaarto abrazo virtual.


Pues nada, que el polémico libro Intervenir, escrito entre mi buen amigo Rodrígo Flores Sánchez y yo, está en el lugar 9 en Best of 2015: Best Poetry Books & Collections me da mucho gusto estar juto a la gran Bhanu Kapil y el fabulosísimo y admirado Johaness Goranson (una indú, un sueco y dos mexicanos en esta lista, no está mal ¿verdad?) 
Sabemos lo que las listas significan. Pero aún así, da gusto que el beneficio malsano que logra una editorial abusiva como la que nos publicó Intervenir, dará no sólo ventaja de la mala a esta editorial clasista, sino que también pondrá ese amor con el que Rodrigo y yo trabajamos, en manos de muchos lectores. ¡Gracias por leer y preferir Intervenir!

Mi pequeña copia te saluda!



una coplita mexiacana
cantada por una diosa española
LA PRUEBA DEL AGUA

Entonces me dije:
Los únicos poetas que me interesan
son los que llevan cuidadosamente
con manos nerviosas
un cuenco lleno de sangre
en el que ha caído una gota de leche
o un cuenco lleno de leche
en el que ha caído una gota de sangre…
Ahora ya he visto, ahora quiero ver
el firme asimiento de un cuenco lleno hasta los bordes
de agua de manantial


Gunnar Ekelof; trad. Francisco J. Uriz
Debería estar triste, pero no lo estoy. Hace tiempo que pongo mucha atención en los condicionamientos del comportamiento humano, como sabrán, queridos visitantes. Empezando por mi propio comportamiento. La entrada de la derecha al poder, en la Argentina, me rompió el corazón. La derrota del frente socialista en Venezuela no me sorprende. Con el corazón roto porque a Suramérica se la están cargando las corporaciones tuve que detenerme a observar, a observar mi dolor, exhaustivamente. Observar el sufrimiento no significa instalarse ahí y hacerlo crecer: ese es el drama; sino observar el sufrimiento tal y como es, en todas sus posibles dimensiones, sin esquivarlo. El sufrimiento no aparece en nosotros por error; no somos defectuosos por el hecho de sufrir; no estamos haciendo algo mal si sufrimos; el sufrimiento es parte de la naturaleza; es una de tantas formas en las que nuestra conciencia se manifiesta y, si no sabemos reconocerlo y aceptarlo, como se acepta lo irremediable, lo alimentamos tratando de huir, remediando lo que está pulverizado, encontrando culpables, temiéndole a la idea de lo que no nos atrevemos a experimentar. Pero esta no es una clase de superación personal, jajaja, disculpen, les decía que en ese sentido observo el sufrimiento: lo experimento para que siga su camino. En el proceso de observar lo que me hacía sufrir enormemente, (aparte de considerar que hay un lugar menos en el mundo para mí, porque la derecha es la rienda corporativa del poder global y la sangre fría), me enteré que el mundo no sucede de acuerdo a mis preferencias, simple: yo prefiero otra forma de gobernar, yo prefiero una forma más humana de existir, yo prefiero Latinoamérica sobre cualquier otra zona geográfica en el mundo (perdóname, Japón, pero a la hora de escoger... bueno, brotan las preferencias) y recordé esa lectura de la biblia que hacen en las misas católicas, que no sé cómo se llama... ah sí "la lectura del evangelio" creo... puse atención a una, por primera vez en mi vida, porque estaba viendo al Papa Francisco en Washington. Escuché algo así "Si tu mano derecha peca, córtatela. Si tu mano izquierda peca, córtatela. Es mejor ir al cielo con las dos manos, que entrar al infierno enteritos" estoy parafraseando, claro está; me pareció un buen chiste, claro está. Pero ahora lo entiendo. Esas manos son mis preferencias. Si continúo aferrándome a mis preferencias voy a terminar en el infierno. Y créanme que conozco el infierno. También he aprendido a estar ahí,sin reaccionar, única virtud que sostengo de las clases que tomé para ser Ninja. Estar en medio del infierno, sin reaccionar. ¿No es lindo? Es como una película de Robert Rodríguez. Caminar entre los bombardeos, la sangre, los dragones, personajes bizarros y sólo caminar, contenidos, sin reaccionar a una sola de las amenazas. Después de haber pasado por ahí, uno adquiere cierto poder, pero no le recomiendo a nadie confiarse mucho. Ni ponerse a celebrar con cualquiera. Prestando oídos al sabio Papa Francisco, he dejado a un lado mis preferencias, y dejé de insistir en esa manera mía de interpretar el mundo. ¿Qué importa?
Lo que mi percepción, sin interpretación, alcanza a ver es que en Sur América se encuentra el paraíso. Y vivimos tiempos en que El Paraíso es más importante que el dinero. Porque hay otras zonas del planeta donde el dinero circula (Singapur, por ejemplo) pero el dinero ya no vale nada. Lo que tiene valor realmente son los recursos paradisíacos en la tierra. La guerra por el paraíso Latinoamericano. Norteamérica sigue siendo el sueño; Latinoamérica continúa siendo el paraíso. El sueño es una falsificación del paraíso es, lo que nunca se alcanza. El sueño, en cuanto se cumple: desaparece ¿no es así? La ilusión, la fantasía es lo único que el dinero puede construir.
En cambio, Latinoamérica es el paraíso de los despiertos; los despiertos de corazón, los que todavía están en contacto con la naturaleza, los que no han sido separados de la percepción universal. Eso no tiene nada de ver con lo que yo prefiero. Latinoamérica vive despierta porque respira a través de sus manantiales, porque bajo su geografía brota sangre caliente, lava, aceite; porque en sus cordilleras brota oro, en su selvas existen todos los ecosistemas; la gente de Latinoamérica es sabia y saludable. Eso nada tiene que ver con mis preferencias, es una realidad. Aún sometido al hambre y la violencia, el paraíso ha protegido la fuerza de su gente. ¿Quién daría a cambio de la vieja y arruinada Venecia su Libertad? ¿los hoteleros y los restauranteros? oquéi, eso ya es cuestión de preferencias.
Porque para escribir ese libro tuve que apartarme de mi perro interior. ¡Pero he vuelto, amigos! (agitando la cola). Por cierto, este humano vive peor que animal, sumergido en una nube oscura de pesimismo -tipo EcoLoco-. ¡Ea al baile! (pero mañana, eh? porque este perro ya no es un cachorro).
Vivo sin vivir en mí



Resistir es una tarea difícil. Como ese tiburón me he sentido cada vez que, por necesidad, tenía que pisar un WalMart en LA y recibía la desaprobación de amigos que sólo comen frutas deliciosas de mercados orgánicos y que ningún agricultor indocumentado puede probar (víctimas del neo-esclavismo, cosa normal en este país: víctimas los dos, mis amigos y los indocumentados). Mis amigos, por ejemplo, pueden soportar a un clasista, moverse en círculos sociales clasistas, alentar el clasismo, promoverlo, incluso ser clasistas. Pero siempre van a presionar a quien compre en WalMart.
Escribo un libro, por eso estoy esta mañana aquí, en lugar de continuar con el ensayo que me fascina, un resorte impulsivo (¡sí, también a veces, actúo por impulso, sin pensar, como un resorte! -como cuando te besé por primera vez-) me condujo a esta caja de texto. Porque estoy escribiendo sobre la presión social, esa mancha oscura que se desborda por las miradas, incluso, de nuestros seres más queridos. Comencé diciendo que resistir no es una tarea fácil. A eso me refiero: resistir la presión social. Uno, sencillamente ¡no es normal!  Me sucede en las cenas familiares. Me encanta estar con mi familia. ¡Los adoro! son para mi las personas más cercanas a mi extensión genética y emocional, mi hermano Luis se ha convertido en un bombón, mis sobrinos son un encanto ¡ya soy tía abuela! y mi nietecita es un pimpollo, apenas tiene dos meses y es idéntica a mi sobrino (hace tan poco tiempo que cargué a mi sobrino, así, recién nacido). Bueno, les decía que fui a la cena familiar, tenía ganas de verlos. Mi hermana, invitó a una hombre "culto" que promueve eventos artísticos en el Consulado mexicano (supongo que pensó que sería alguien con quien yo me podría entender); yo ya lo conocía porque lo había visto en los eventos de la Fundación Mascareñas cuando llegábamos con la librería de Demac. De esos hombres que confunden la cultura con el estatus (como en época victoriana), y que la sabe simular muy bien. No conozco mucho de música, le dije, porque he vivido obsesionada con Richter interpretando a Bethoven ¿a escuchado usted a Richter? pregunté. "Claro" asumió frunciendo el ceño; en ese momento supe que no conoce a Richter, quien ha escuchado a Richter abre los ojos maravillado (y quizá echa la cabeza hacia a atrás) al solo pronunciamiento de su nombre, como si su nombre nos transportara a la misma memoria celular que ha quedado en nosotros, de su música. "Bueno, no lo conozco personalmente. Pero lo he escuchado, sí" "Murió en 1980, creo" le avisé. No me molesta su desconocimiento, yo desconozco casi todo, me molesta su farsa; su farsa social. Aún así el tipo me cayó bien, porque es amigo de Carlos Benitez, un guitarrista al que le tengo mucho cariño.
Después, mi hermana comenzó a hablar de mí, como si las visitas necesitaran una explicación sobre "eso" que se manifiesta "ahí" sentado en la cena de casa. ¿Pero cómo hablar desde un lenguaje que no me reconoce más que como la hermana menor, siempre graciosita? Ash, la resistencia no es algo sencillo, amigos ¡se los digo yo! "Loli, me encanta porque, a pesar de ser pobre, ella continúa haciendo lo que le gusta hacer; algo que los demás sólo haríamos como mero entretenimiento" ¡Qué! ¡Qué tiene que ver ahora la pobreza! me pregunto en silencio. No soy taaaan pobre. La mayoría de las veces no me considero pobre en lo absoluto. Los niños del barrio visitan mi casa y se van con libros en la mano ¡eso no es ser pobre!  ¿Porque soy yo el tema de conversación en esta mesa? ¿Acaso esto se trata de una cita a ciegas? Arrrrrggggg Grrrrrooaaaarrrr Grrrrr. Yo, los oigo, nada más. Mi madre todavía no opina, afortunadamente. Después mi hermana cambia la plática y comienza a hablar de Veracruz y de que las veracruzanas estamos de moda. Y que las latinas hemos sido Miss Universo ¡Miss Universo! no puedo más, mi hermano Luis me dice al oído: si se abriera una ventana con lo que estoy pensando todos terminarían ofendidos. Nos reímos, nadie entiende por qué, Y yo hago una de mis pocas intervenciones. Resistir no es sencillo, en verdad. Yo, lamentablemente, en momentos así, cuando me siento acorralada por los comentarios inocentes de las personas que viven en la matrix, ¡pero me quieren! (de otra manera no invitaría a alguien como yo a su mesa -y yo, incluso, puedo invitar a mis amigos-); decía que yo, cuando me siento acorralada suelo incomodar con algún comentario. Lo único que dije fue: si se abriera una ventana en este momento, para mostrar lo que estoy pensando, diría: "creo que los concursos de belleza no tienen importancia, peor aún son, profundamente sexistas." Se hizo el silencio. Luis atinó a decir "Pero qué estás tomando. Ya no le sirvan, por favor." El hombre culto intentó retomar la conversación conmigo. ¿Y sobre qué escribes? yo iba a responder: sobre la mesa, regularmente; pero me contuve, mi amargo comentario sobre los concursos de belleza había sido suficiente. Respondí que de mis obsesiones, y comenzó a darme una lista de nombres, como se hace en la política mexicana: mostrando tarjetas. Nombres de escritores que conozco, muy malos. Todos, sus amigos, según me dijo,. Malos en calidad, digo, no malas personas debo aclarar ¿qué escritor en realidad puede ser una mala persona? si acaso son cobardes. "Sí los conozco a todos, pero no son mis amigos porque, como soy feminista... uuuy, qué cosa, tengo que responder este mensaje en el baño, es que tengo un amante ecuatoriano que no me suelta ni por whatsapp, tiene veinticuatro años y los labios más lindos que he besado nunca, jeje, con permiso."
Aaaah, la presión social. Una mesa, la familiar, en la que uno resulta un absoluto incomprendido. Incluso por las personas que construyeron un columpio junto contigo en el patio trasero de casa, a las que viste llorar y te han visto llorar por la atención del padre o de la madre; incluso los que vieron cómo te adentraste en los libros desde muy tierna edad y tu viste cómo se desvelaban estudiando para conservar sus beca universitarias. A los que has visto borrachos, enfermos, felices; a quienes has cuidado, levantado, aconsejado y viceversa. Resistir a veces es una sensación amarga. Pero, en secreto, mis hermanos se carcajean conmigo de mis aventuras, mis percepciones y de lo que, en otras cenas familiares podrían considerarse "indecencias". Votaremos porque NUNCA MÄS se invite a otra persona del consulado a casa.
Hoy no creo en nada. No quiero hacer nada. No me conmueve nada (o me conmueve todo). No creo en nada porque veo cómo la fuerza de los lenguajes huecos avanzan. Las palabras a las que se les despoja de sentido. El lenguaje es una fiel reproducción de lo que pasa con nuestras sociedades a nivel mundial. ¿Se puede todavía hablar de sociedades? Ayer estaba a un paso de entrar aquí y escribir esto, pero recibo llamadas entusiastas, sonrisas emprendedoras, visitas para organizarnos, asuntos que resolver, escuché jazz, bailé abrazada de mis seres queridos. La verdad es que estoy cansada. ¿Cómo se puede entregar un proyecto cuando lo que te envuelve es el cansancio? No es un cansancio físico totalmente, es un cansancio moral ¿se puede? Una decepción profunda. Dudo de cada frase que construyo, observo el lenguaje como si fuera un animal que no había visto antes en mi vida, y que, además, no sé qué es lo que intenta decirme. No entiendo mi propio corazón. Un amigo me comentó que era muy sencillo, que la derecha había colocado ya su fuerza en un país más y que entonces mi dolor provenía de sentir que, en el mundo, existe un lugar menos para mí. Muy acertada su conclusión. Mis motores anímicos encuentran respuestas que parecieran que los mantienen a flote dos segundos para volverse a hundir. No es sólo que exista un lugar menos en el mundo para mí. Es una desilusión completa. Debería estar celebrando, pienso yo. El mundo que percibo se derrumba. Mi mente se derrumba. Otra vez me estoy quebrando, he escrito en otros momentos que es bueno derrumbarse y volverse a armar. Conozco esa sensación y me gusta, me gusta la absoluta vulnerabilidad, Sólo que esta vez lo que se está borrando es una parte de mí, una parte de mí que solía disfrutar de sí misma. La parte que solía contemplarse y estar segura de que, bueno, todo está derrumbándose pero yo sigo aquí, con la ferocidad de un animal, con la tranquilidad de una flor, con la vida silenciosa de un lago. Solía decir "yo no pruebo la miel, soy la miel". Eso parece cosa del pasado. En estos momentos no creo en lo que escribo, puedo hacerlo, lo hago bien. Mis amigos y mis editores me felicitan. Las invitaciones continúan. Por alguna razón ciertas comunidades intelectuales quieren verme y conversar con esto que soy. Pero yo estoy absolutamente desposeída. Como si algo me hubiera abandonado. No es el abandono de alguien. Es algo de mí que me ha abandonado. Una fuerza. Afortunadamente todo está en movimiento y nada es permanente. Estoy decepcionada de mí, de mi percepción de la realidad. Eso es normal. Sucederá siempre que nos de por creer que tenemos alguna certeza, la certeza tarde o temprano se derrumba. Me equivoco en todo lo que percibo, imagino de más y ociosamente, No soy quien creo que soy. No tengo lo que creo que tengo. No logro lo que creo que logro. No entiendo lo que pienso que entiendo. Vivo absolutamente equivocada, desviada por mis obsesiones. No es que me interese avanzar hacia algún lado en específico. Es sólo la sensación de carecer de un presente real. ¿Dónde está el avance? ¿Seis, siete, ocho presentaciones en la casa de Cielo Portátil de diferentes artistas desde que llegué a este desierto? ¿Grupos de personas reunidas preguntándose "quién vive aquí" "quién hace todo esto"? ¿jóvenes que se sorprenden ante un postre? ¿Niños que pasan y se encuentran con libros de dinosaurios en la esquina de casa? Me siento absolutamente pobre, no de esa pobreza económica, sino de esa pobreza vital que logra que las comunidades se echen a andar. Estaba pensando en viajar, pensaba que ha sido un año exhausto y necesito vacaciones ¿a quién intento engañar? Existo sólo en mi cabeza. No hay nada tangible de mí en la realidad, No alcanzo a manifestarme hacia a fuera de forma tangible. No he creado nada.
Quienes me conocen saben que esta percepción, como todas percepciones erróneas que he tenido este año tampoco son permanentes, duran lo que dura un suspiro (ojalá); después, comenzaré a aprender.
Y por si no quieren leer (yo les leo):

Perón tomando café.


Pero ya sé de lo que quería hablar desde la mañana. No era de ti, ni de mí. Sino de la guerra. Que es lo mismo que hablar de ti o de mí. La tercera guerra mundial, que le llaman. Yo la llamaría, la primera guerra global. Que no se libra sólo en la geografía terrestre mundial, sino también dentro de un geografía tecnológica y virtual; el "otro" mundo, que si filtra hacia el mundo terrestre a través de las regulaciones tecnológicas de los aparatos que producen el mundo virtual: teléfonos, ordenadores, televisiones, dvd's, relojes de pulsera, chips de automóviles, y un largo etc. Hay asuntos relevantes para tomar en cuenta aquí. Que no tienen nada que ver con asuntos personales, sino globales. No somos un pequeño cuerpo intentando parecerse a los prototipos que nos lanzan los medios de comunicación. Incinerando nuestro pelaje como fórmula para la verdad, blanqueándonos o bronceándonos. Somos ya, algo más que la máscara. Tampoco somos animalitos en busca y defensa de nuestra identidad, eso ya lo tenemos claro ¿cierto? Somos un sólo cuerpo que sufre, que avanza y retrocede. Por eso me preocuparon los visibles atentados al tan nombrado Paris, en comparación con los 60 mil muertos en México y otros cientos de miles de asesinatos que se pueden contar en Centro América; por eso también pienso en números cuando pienso en las cientos de miles de personas asesinadas en África o migrando eternamente desplazadas de uno de los territorios más ricos del mundo. Esa es nuestra mente, la mente que imagina y logra que lo que imagina se manifieste de forma tangible en la realidad, hacia afuera: la creación, la co-creación; la pura manifestación del ser común; no me refiero a la lucha, a la venganza, a la percepción que tenemos de la justicia, y todas esas distracciones que neutralizan, que nos convierten en territorios homogéneos, que logran oprimirnos sin siquiera presionar un botón.  No menciono medio oriente, ni el lento genocidio cometido por Israel al pueblo palestino. Todo es ya una guerra sola (global) cuyos motores podemos intuir pero, francamente, desconocemos. 
Últimamente, quienes me visitan en otras redes sociales, percibieron que subí una foto de Juan Perón como foto de perfil. El afecto que tengo por Argentina; la cultura de resistencia que nació en ese país y marcó mi generación particularmente en los setenta y ochenta; la fortaleza política y la dignidad ante las masacres sufridas gracias a las anteriores dictaduras, y el dolor aún presente sembrado con las miles de desaparaciones en ese país, no son el motivo único de mi solidaridad (moral) con la militancia peronista; voy a lo que me motiva:

       ningún medio de comunicación acá difundió el nacimiento de la UNASUR, fundada desde el 2007 (más o menos) y consolidada en 2011; un avance gigantesco hacia la verdadera independencia de América Latina. Desde 2011 Unasur ha crecido y se ha fortalecido; los países que conforman esta unión han tomado decisiones cruciales ante el capitalismo global, y la soberanía de sus pueblos, incluyendo la soberanía tecnológica y cibernética (asunto crucial para cualquier nación que pretenda defender su soberanía).  Hace tiempo ya que contemplo, maravillada, como esa alianza se fortalece y construye nuevas estructuras de gobierno, donde antes sólo existía la represión sanguinaria de la ultraderecha. Por esta razón estoy convencida de que el balotaje de la Argentina es importante no sólo para el país, sino para el bloque tan sólido que se ha formado, hacia una Latinoamérica unida. Es decir, si a estas alturas, el país es retomado por la derecha, el bloque de la Unasur corre el riesgo de comenzar a disolverse y, la disolución de un bloque tan importante significa el fin del sueño de la democracia global, no sólo continental; es decir, la manifestación de que los pueblos todavía son libres para construir las formas de gobierno que los benefician. Rafael Correa hace una semana se reunió con los países árabes; Cristina Kirchner, consolidó una alianza económica con Putin; ambos países (Ecuador y Argentina, tienen buenas relaciones con China) ¿alcanzamos a ver las dimensiones de la división global? ¿o seguimos pensando que se trata de pequeños países "primermundistas" atacados por las locuras de una guerra santa irracional y un puñado de locos comunistas organizándose en América Latina?
La decisión de rescatar a Julian Assange de la persecución estadunidense no la tomó de forma aislada el presidente de Ecuador, Rafael Correa; ha sido una de las muchas decisiones relevantes que la Unasur, como bloque de países, tomó de común acuerdo. Menciono el caso de Julian Assange por tratarse de un caso con muchísima atención mediática, que evidencia las estrategias de guerra y contraataque que existen ya en esta plataforma; la plataforma virtual, pero también porque Julian Assange, aparte de pertenecer a los investigadores trascendentes de mi generación, ha pasado a ser una herramienta de defensa indispensable para países que antes, frente a las complejas redes del espionaje mundial, permanecían desamparados.
Es importante pensar en América del Sur en estos momentos porque, con todos los acorralamientos económicos, la caída del petróleo y los ataques (o censuras) mediáticos (sin contar el espionaje y los golpes calculados de gobiernos opositores infiltrados que han existido siempre), es, todavía, de los pocos lugares en el mundo, en que se le permite a la ciudadanía ejercer y decidir el voto libremente; y es de los pocos bloques en los que los presidentes todavía ejercen el antiguo arte de gobernar con soberanía que, las coorporaciones, están luchando por abolir globalmente. El balotaje en la Argentina no es un asunto exclusivo de caprichos ideológicos o idealistas. Estamos en otro momento, el momento de la primera guerra global. 
Y a mí la guerra (como nunca la entiendo) me ha parecido siempre algo super-romántico, porque nos hace responsables de corazón, nos vuelve compasivos, nos mueve a tomar decisiones de vida, amor y muerte ¿hay algo más romántico que la vida, el pensamiento y la libertad en vilo?
No encuentro mis lentes. Aún así, el impulso de venir acá y comenzar a escribir con los ojos llorosos,(producto en parte de dos litros de vino que bebí anoche, y en otra parte de estos cuarenta y dos años que se detienen frente al monitor) no terminaba de manifestarse apenas puse un pie fuera de la cama ¿qué es esto que escribo acá? ¿qué es esto que he sostenido por quince años acá, en esta plataforma? Hubo un tiempo en que todo mundo teorizaba sobre el blog y su pie que avanzaba creando un rumbo nuevo para los escritores que, dificilmente, eran leídos fuera del aparato institucional. A mí, en ese entonces, me pareció absurdo analizar algo tan natural como la escritura, sólo que ahora en un medio distinto, en una plataforma diferente. Lo que sí puedo afirmar es que es una escritura distinta [...] Oooops, ya está el café, encontré mis lentes, la vida es buena y ha vuelto a mi cuerpo enteramente. Decía que para mí el blog se convirtió en una forma de la escritura totalmente distinta. Psicologicamente, tal vez, por el simple hecho de saber que se publica inmediatemente y puedo promover, e invitar a que me lean de forma muy rápida. O el hecho de pensar que tengo seguidores que van a leer lo que publique en cuanto lo eche a andar aquí. Sí, tenía 27 años cuando comencé con este blog. Y tenía el corazón más que roto, tenía el corazón pulverizado. Qué distintos surgen los recuerdos a la distancia ¿no? Yo besaba a todos los muchachos con profundo dolor, pero nunca dejaron de gustarme los muchachos. Ahora me gustan los señores, amo a mi generación. En este momento puedo decir ¡Wow, qué bien lo hemos hecho! porque ya les he dicho que cada vez que siento que alguien de mi generación está haciendo algo extraordinario, que beneficia al mundo, siento que, de alguna forma también soy yo quien lo hace. Me gusta mucho la obra de Cristian Turdera, por ejemplo. Las colecciones que lanza para tuiter. Me transmiten una paz que no conocía. Esos estados de la mente. Me fascina lo que hace Maha Vajra, el gurú, que no sólo es guru sino un pedagogo impresionante, que ha creado la escuela libre más grande e internacional de la que yo tenga conocimiento, ¿Pero realmente, qué estoy haciendo hoy aquí? ¿A qué vine? Vine a hablar contigo, a derrumbar mi miedo. El impulso real esta mañana fue escucharte. Ayer antes de llegar al restaurante italiano responsable de los dos litros de vino que tomé, decía esto: "Consiste en la capacidad de estar presente, en todo. Trabajo en muchas cosas. Siento que no hago suficiente pero estoy presente en todo. Cuando estoy trabajando de forma colaborativa, no estoy pensando en todo lo demás que tengo que hacer. Pienso sólo en una cosa. Y, convoco, a las demás, pero solo para mirar, no para interrumpir". Llegamos al restaurante y me di cuenta que tengo un corazón nuevo. Que tengo, no sé si será un segundo o un tercer corazón. Y que no importa lo que pase. Cada vez que cambio de corazón, tengo un corazón más tierno y más fuerte ¿cómo explicarlo? ¡Es verdad! Hace 15 años mi corazón estaba hecho cenizas ¿cómo es que ahora me siento tan feliz, tan contenta con mi generación, tan lbre? ¿será la edad? Ayer por la tarde también, una amiga me leyó parte de una novela que está escribiendo. Mi amiga Susana es una gran-gran narradora, me senté en su biblioteca y comencé a escuchar la historia, sucede completamente en la sierra de Chihuahua. Reíamos de la forma en que ella recordaba a los hombres de la sierra, esos hombres que, yo diría, rompieron el molde, comenté esto: "Ah, sí, conozco a los hombres de la sierra ¡esos son hombres!" y ella respondió esto: "Pero claro que los conoces, si hasta los has probado" Nos reímos a carcajadas mientras yo decía: "Noooo, ya quisiera" y entonces ella me recordó "¿Y _________? ¿Qué no era de la sierra?" y me detuve, como si me detuviera infinitamente y respondí esto: "Sí, tienes razón. Si hasta me enamoré de uno."
paseo por la montaña


No sé si llamarlo crisis. Si las llamo así tendría que aceptar que mis crisis, últimamente, duran menos de una noche. Pues la tuve ayer. Una crisis. Comencé a pensar en todos los proyectos en los que tengo que concretar un avance antes de diciembre. Avances cruciales. ¡Todos! A estas alturas del año recuerdo que las personas tienen cierres de edición, las convocatorias tienen fecha de cierre, los trámites migratorios tienen que "realizarse" sí o sí. Olvido que tengo tres libros sin terminar, que no he avanzado ni medio párrafo en el libro que me atormenta, que mis ganas de publicar en Brasil se disipan, gracias a mi nula capacidad de sumergirme en la prosa ya escrita, reordenarla y fecharla. El tiempo se me pasa entre los vecinos que llegan a la casa, las nuevas amigas que me presentan a sus familias, los niños que visitan la Biblioteca Libre, el mercadito de los sábados donde instalo la Librería Feminista, los eventos de las organizaciones de mujeres donde también instalo la Librería Feminista, el reacomodo de las habitaciones de esta casa-cielo portátil, el trabajo de construcción y deconstrucción de esta casa, la pintura en la lámina del patio, la colecta de libros para niños, la creación del huerto orgánico, mis paseo diarios cerca de la montaña, las lecturas de Arno Gruen y Agamben, los minutos que bailo frente al espejo, las medias horas en que charlo con mis seres queridos. Aún así, por la noche, siento que no he hecho nada, que la fecha de la entrega del libro ya se va a vencer, que los papeles migratorios están a un paso de caducar, que ese libro que vine a escribir tiene más polvo encima que un terreno baldío pero lograré todo, antes de diciembre (menos el libro lleno de polvo, ese lo dejo para el año que viene). ¡Que condicionamiento tan espantoso son los años! dan la impresión de que algo acaba y algo comienza, de que sumamos año tras año a nuestra vida. ¡Qué espanto! ¡No! La vida no carga al tiempo, el tiempo nunca está encima de nosotros, el tiempo es una forma de percepción que nos permite explicarnos ciertas distancias, físicas o mentales. Por ejemplo, mientras hago todo lo que hago pienso en ti, estoy contigo y con todas mis obsesiones, y mis otros proyectos; estoy en México y en Berlín, mientras un niño entra a mi casa y bailamos ¿Cómo explicarlo? ¿Existen dos, tres, cuántos niveles del tiempo superpuestas? Trabajo aquí, descanso aquí, pero pienso en la cita que tenemos en marzo, o el vínculo que el baile con un niño genera hacia un proyecto sobre la repetición de movimientos ¿son tres tiempos? ¿son el mismo tiempo? ¿trabajo en todo lo que pienso? No permitiré que el tiempo se me eche encima para construir sus muros, he dicho... el tiempo es como el amor, no como la prisa.
En gran medida, me defino como obsesiva compulsiva para deshacerme de la responsabilidad que me ata a mis propias decisiones. No escuchar mi sonata predilecta de Bethoven con otro interprete es una responsabilidad que no quiero tomar (nunca sabré cómo escribir Bethoven, lo siento): nadie, como Richter, pasa de una nota a otra con total continuidad, sin interrupciones (y es verdad, pero ¿por qué no acepto que existe belleza en sentir cómo las notas llegan a su fin y se unen perceptiblemente a otras cuando la misma sonata es interpretada de forma distinta?). Definirme como obsesiva compulsiva me permite imaginar: este no es un trabajo, es una obsesión. No estoy construyendo un estilo, no trabajé en crear los artificios de mi lenguaje durante aaaaños, para ahora manejarlos como si untara mantequilla en un pan; solo me obsesioné con el lenguaje como ahora me obsesionan otras cosas.
Un vacío se clavó en mi estómago cuando percibí que, tal vez, me he estado ocultando detrás de mis obsesiones ¿qué es lo que no quiero ver? ¿qué es lo que no quiero aceptar? ¿por qué disfrazo de enfermedad cada una de mis habilidades? ¿por qué desacredito toda mi capacidad de concentración? ¿por qué tengo tanto miedo a la vida? Ugh, necesito un trago.

Alegría de mi tristeza. (La espera es difícil, más yo espero zambando... una rosa es una rosa una rosa es una flor).


Qué nos importa/ qué nos importa/ aquella gente que mira la tierra y no ve más que tierra/ / Qué nos importa/ qué nos importa/ toda esa gente que viene y que va por el mundo sin ver/ la realidad.

Amigos, no se preocupen, estoy bien. Pensando en las marcas que genera la vida. La manifestación de la realidad es esa forma en que percibimos las marcas que nuestro pensamiento transporta hacia afuera. ¿Me explico? Creo que no; creo que tendrían que verlo, como yo lo veo. Es difícil compartir una percepción. Como la percepción de la víctima, por ejemplo: yo no soy una víctima, soy una mujer que navega sobre (o en) sus circunstancias. Tampoco denuncio. No utilizo los medios de comunicación para denunciar, mis problemas no son importantes. Lo que es importante es construir, construir de forma global y comunitaria. Poner esa marca aquí (o allá afuera) ¿viste? Como tener el poder de pensar en una flor y la energía de sembrar para que esa flor que se pensó, aparezca (o nazca, o germine) ¿No es lindo? A esa marcas en nuestra realidad me refiero. Esas manifestaciones únicas a través de las que logramos crear una realidad ¿alguien piensa todavía que su mente está encerrada dentro de su cabeza? ¿que el cráneo es el cofre de la mente? La mente está en nosotros y en lo que ahora leemos, se posa en cada letra, es decir, cada letra es nosotros. Pero no sólo cada letra (no todo es tan romántico) sino todo pensamiento manifestado de forma tangible fuera de nosotros (¿acaso existe un fuera y un dentro de nosotros?) me refiero a mirar hacia afuera, a no internarnos, a ese lugar donde somos de forma colectiva: ese lugar es nosotros. Ahí, cierto periodismo me parece un mal sueño, un instrumento que no toca el presente, que no se asemeja en lo absoluto a la realidad, sino a la creación de un mundo idílico, onírico, que pretende controlar incluso nuestro pasado, y echarlo en cara cuando lo considera necesario ¿lo considera quién? ¿quién puede ser tan "ingenuo" como para pensar que una intención aislada puede crear una realidad colectiva? ¿quién puede ser tan soberbio (o déspota) como para creer que el interés particular de su realidad puede ser impuesto como la realidad de los otros
tengo mis deseos secretos, que abro para ti y nadie más


¡soy tan feliz en portugués!

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van a florecer sin tu consentimientos 
los lirios en la luz



No entiendo bien la razón por la que, en este lugar, odio los bancos. Tengo una aversión literal a tomar mi café, cerrar la computadora y dirigirme a cualquier sucursal bancaria. Y como al que no quiere sopa se le dan dos tazas, pues mis trámites bancarios ya han durado tres días ejerciendo mi "indispensable" presión personal. Hoy, mi "indispensable" presión personal tuvo un éxito mediano, sé que los documentos están en su sistema. Es decir, mis estados de cuenta están ahí, son míos, es mí cuenta, pero como yo no puedo acceder a ellos vía internet (por razones inexplicables) me cobrarán por cada documento: documento mío, con información personal mía, sustraído de una cuenta que también es mía, cinco módicos dólares. No es que haya enfurecido por esa razón, ¿el dinero? sólo importa a los bancos, para mí es sólo papel moneda que "aparece" en el momento preciso y desaparece también cuando es necesario. Me molesta el control sobre la población que ejercen los bancos. ¿Cómo es posible que yo no pueda acceder a mi propia información? ¿No es absurdo? Por otro lado, me enteré que mi "capacidad" de crédito creció sustancialmente, porque mi comportamiento financiero fue el adecuado durante el año. ¿Quéééééééé? ¿Por qué me hablan en esos términos ilusorios como si el banco fuera parte de mi ADN? Yo tengo capacidad para leer y escribir, y, en ocasiones, para platicar una que otra cosa con mi perro, pero ¿de dónde saca la institución bancaria que yo poseeo (y fortalezco, mejoro, nutro) una "capacidad" de crédito. Soy muy capaz de llorar ante ciertos acontecimientos, y también soy capaz de pedir auxilio y de auxiliar si hace falta. y, realmente la institución bancaria se ganaría una demanda por difamación al señalar que mi "comportamiento financiero" fue el adecuado. Eso me insulta sobre manera, yo reacciono ante muchos estímulos pero mi radicalidad se a forjado precisamente por no asociar mi comportamiento a mis finanzas. ¡Si yo ando por el mundo sintiéndome millonaria sin contar con un peso! Promuevo causas como si no fuera yo pobre. Pero lo soy, soy pobre. No vivo en Polanco. Bueno, no vivo en Singapur y no me despierto pensando en que lugar del mundo me gustaría tomar el café cada semana. Oquéi, reconozco que si despierto pensando en qué lugar del mundo me gustaría tomar el café cada semana, pero eso no tiene nada que ver con mi pobreza. Mi pobreza no es pobreza, yo le llamaría sólo: falta de códigos en las cuentas bancarias que cada vez me dan más y más códigos aunque realmente no me pertenecen. Pero nada me impide viajar, claro está, porque viajar nada tiene que ver con la plata, los códigos, la lana o el dinero. Viajar tiene que ver con la mente y los impulsos. Así que ya me voy porque debo tener mi mente en muchos lados y en muchos países estos días. Y, antes de que se me olvide, cariño ¿Nos vemos en Nicaragua?


uma regina é uma regina é uma regina
Dios, líbrame de continuar enamorándome de abogados ¿pues qué estoy pagando?


No entiendo por qué esta semana no saco de mi cabeza a mis amores. Tengo mucho trabajo: el lanzamiento de la Librería Feminista, La Biblioteca Libre para Niños, La Cooperativa 79902; tendría mucho que hacer: ese libro de crónicas que quiero publicar en Brasil, ese otro libro, Estructura y mucho que viajar al otro lado del mundo; trabajo en un performance que sostendré durante un año. Participo un minuto en una obra de teatro (soy Sor Juana, jua). Pero mientras me abruman los compromisos dentro de esta manera creativa de socializar e imagino las formas en las que he de sobre-vivir en este desierto, tan cerca de México; mientras mi percepción sube y baja de un país a otro y mi corazón va de lado a lado en este continente, algo me detiene poco antes de dormir ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo estás? ¿Qué te hizo feliz hoy? Quiero escribir un libro contigo ¿Cuándo sales de vacaciones? ¿En qué otro país nos encontraremos? ¿Cuándo dictas una conferencia en este país? ¿Cuándo presento un libro en otro país? Quisiera no salir nunca de Latinoamérica, pero donde me quieran bien yo voy. Alemania, por ejemplo. Qué más quisiera yo que pasar ese año en Uruguay. Pero ahí va la vida. Colocándome en el centro de las sociedades de consumo. ¿Por qué? ¿Qué quiere la vida de mí?
      Una vez, una compañera de trabajo me dijo "te va a hacer bien conocer el primer mundo". Enmudecí para frenar mi impulso de ofender: ¿primer mundo? pensé, pero si esto es un basurero, el primer mundo debe estar en algún otro universo. No puedo pensar en esos términos, primero, segundo, tercer mundo. Aunque reconozco la guerra y reconozco a Dios (o a No-Dios -como quieran llamarle-) donde se aparece, por más sublime que sea su presencia: en el gesto de desprecio de los clasistas hacia lo vivo; quisieran -los clasistas- un mundo esterilizado donde sólo ellos pudieran hacer caca. Odian tanto a los demás porque también hacen caca. Así es la guerra, decía que puedo verla bien, y está en todas partes, a todos los niveles, en todos los países. No me refiero sólo a la muerte, al abuso o al exterminio. Me refiero a las actitudes, a la percepción de la vida. Otro amigo también me dijo alguna vez "es que el dinero es necesario", él, que es millonario, soltaba esa frase con desesperación. Él que nunca tuvo hambre. Que heredó su dinero. Que ha decidido así como así ser poeta, porque está loco y es brillante, refleja su desesperación en una sola frase, cuya experiencia (la de necesitar) ni siquiera lo toca. Así es como hemos llegado al punto en que esta guerra la sostienen personas simples, sencillas, completamente ignorantes de lo que es el hambre pero muy conscientes del terror de no poder hacer caca en sus baños de porcelana, con hermosas vistas hacia el campo y tibias entradas de sol. Pobres, que caminan sintiéndose seguros porque llevan sus guardaespaldas o sus choferes (son realmente los pobres). Sí, hay poetas así, aunque no lo crean, y se les acelera el corazón cuando suben al metro sintiendo que han vivido la más arriesgada de las aventuras (y su poesía es válida y linda, porque refleja esa terrible realidad de este mundo). La más arriesgada de las aventuras es vivir. No creo que su problema sea el dinero. El problema es su mente. En su mente una casa no es una casa; una casa es dinero.  Un viaje a Italia no es un viaje a Italia: es dinero. Un bronceado no es un bronceado: es dinero. Por eso con tanta angustia sostienen que el dinero es su más profunda necesidad, cuando ni siquiera necesitan dinero.
    La guerra es así, se instala, crece, y se reproduce en la mente. Nadie quiere ser pobre, ni recordar al pobre, ni respetar al pobre. "No lo respetan, si lo respetaran entonces no lo pueden matar" me dijo mi amigo Sesshu cuando hablábamos de las comunidades indígenas arrasadas para despojarlas de sus recursos naturales.
   Te extraño. Y no eres precisamente tú ¿si me explico? Es esa parte de ti, esa mente tuya que no es únicamente tú. No eres sólo tú. Es extrañar la comunidad del alma, la comunidad de la mente. Entonces eres tú, y otros tus que extraño. Y mi melancolía se proyecta hacia varios puntos cardinales, mi corazón quisiera estar allá, y allá, al otro lado de este mundo y en el fondo del mundo y en el centro de un país que no puedo pisar, que no quiero pisar. Antes del exilio jamás pensé que conocería la maravilla dentro del corazón de los magos. La magia de estos corazones. A fin de cuentas, extrañando y todo, qué afortunada soy.
Estado civil:


Es la primera vez en la vida que publico fragmentos de un libro que todavía no concluyo, y que no sé cómo voy a concluir. Es la primera vez también que la solicitud para esas publicaciones proviene de Europa. Alemania, para ser precisos. El año pasado publiqué un primer fragmento en un libro titulado La Frontera, del fotógrafo Esthephan Falke; que incluía la selección de 5 narradores, entre ellos yo. Esta segunda vez, otro fragmento de Estructura aparece en el Solitude Atlas, de la Akademie Schloss of Solitude en Berlín; una selección de escritores de todo el mundo en el idioma original con traducción al alemán. Me dio gusto ver incluido trabajo de Palestina, Japón y Afaganistan y la India, entre muchos otros, y también encontrarme con el gran Aaron Kunin, que me encanta. Estructura también se ha publicado en su original español en la revista Zurgai, en Bilvao. Estructura es un libro documental-autobiográfico que, al parecer, se publicará primero en alemán, si algún día lo termino. 

Llevo un par de meses en los que entro aquí y todo lo que escribo me parece acartonado, algunas veces cargado de asunciones políticas más que obvias y otras, cargado de una razón de ser desesperada, como apilando las pocas ideas rápidamente para no alcanzar a decir lo que vive en el centro (no en el centro del mundo, sino en el centro de mí que, a fin de cuentas es desde el único lugar desde donde podría yo decir algo; al centro de mí que en un contexto global pasa a ser: la periferia, el margen -no por decisión o por gusto- sino por desgracia). 
En el paréntesis de arriba no me refiero a la desgracia de vivir al o en el margen, o en la periferia. Sabemos que es, precisamente en los márgenes donde nace aquello que, paulatinamente, irá tomando su lugar, su centro... es la orilla óptima para la creación. Pero la creación y sus orígenes y la base desde donde germina ¿qué importan? Si pienso sólo en mi, no importa nada. Y es ahí donde mi discurso se corta. No puedo pensar en algo sólo para mí. No me malentiendan, no me considero una santa; es esa nostalgia de mí lo que me ha impedido concretar cualquier post con fuerza. ¿Dónde estoy? Me borré. La última vez que me recuerdo estaba yo enamorándome entre cordilleras latinoamericanas. Fue lo último que supe de mí. Después comencé con mis obsesiones con la filosofía, mi interés por Agamben, mis noches absolutas pensando en esta dimensión; en esta... donde uso un teclado que lo que realmente construye para que aparezca mi lenguaje es un código... un código que desconozco. ¿Qué sería de mí sin ese código? Nunca hubiera podido construir esta página. Este teclado traduce el código y lo planta aquí como si se tratara de alguna palabra. De una palabras mía. Me sumergí, me fui en los procesos de copia, la reproducción de comportamientos que nos convierten en animalitos entrenados para reaccionar a las imágenes publicitarias, el espionaje de la mercadotecnia. La necesidad que no es necesidad. Fue la última vez que supe de mí. Recuerdo haber estado una noche sin poder dormir, después de haberme dado cuenta que todo lo que percibimos en la realidad es la marca producida después de un proceso de copia: todo es copia, todo es marca. Todo es copia y marca. La marca es la transformación de la copia. La marca es el lugar donde la copia deja de ser copia. Porque esta taza es la copia de una taza, nació a través de un proceso de copia: un molde; pero ella en sí, es una taza por sí sola. Una única taza. Después de eso, ya no pude volver a pensar nada de forma individual. Junto con mi amigo Roberto construí una biblioteca libre para niños, en la entrada de mi casa. Comencé a recibir visitas. A ver a niños detenerse bajo el sol en la esquina, con sus madres molestas por la espera. Comencé a verlos irse con un libro en la mano. Comencé a platicar con ellos, ¡a bailar con ellos! Deje de saber de mi. Pero también a la casa comenzaron a llegar los vecinos, a los eventos de la noche. A visitar la biblioteca, a ver el mural que Roberto está pintando en el callejón, a hablar de huertos y meditaciones comunitarias. En esas reuniones de repente se acabó el café y Francisco, otro vecino, llegó con otra bolsa. En realidad no se acabó el café. Otro sábado Roberto cocinó para todos. Yo serví para todos. Todos comimos juntos. Todos conversamos. Mientras mi madre tuvo que ir al hospital de emergencia. Todos preguntaron por ella. Algunos rezaron por su salud. Otra noche también, había en la casa más de tres escritores y platicamos de lo que cada uno sentía cada vez que necesitaba escribir un libro, Paulo estaba ahí. Paulo trabaja mucho por la noche, pero ese día estaba ahí. El sábado pasado oímos a Moondog, a Sun Ra, a Concha Buika y después fuimos a casa de otros vecinos: Sylvia y Carlos y su hijo Juan. Aprendí a hacer habichuelas puertoriqueñas, bailé sopa de caracol, escuché a Tijoux y Roberto, por décima cuarta vez, escuchó cómo es que te extraño y cómo no tengo remedio para eso. Ah, y Amanda. Amanda ha estado en esas reuniones también, todo el tiempo. Juan y yo hablamos de levantar un par de huertos para cosechar nuestros propios vegetales. También estuvo mi Guru por 10 días aquí, en agosto. Creo que fue desde agosto, sí. Desde agosto ha sido que, de mí, no sé nada.