Resistir es una tarea difícil. Como ese tiburón me he sentido cada vez que, por necesidad, tenía que pisar un WalMart en LA y recibía la desaprobación de amigos que sólo comen frutas deliciosas de mercados orgánicos y que ningún agricultor indocumentado puede probar (víctimas del neo-esclavismo, cosa normal en este país: víctimas los dos, mis amigos y los indocumentados). Mis amigos, por ejemplo, pueden soportar a un clasista, moverse en círculos sociales clasistas, alentar el clasismo, promoverlo, incluso ser clasistas. Pero siempre van a presionar a quien compre en WalMart.
Escribo un libro, por eso estoy esta mañana aquí, en lugar de continuar con el ensayo que me fascina, un resorte impulsivo (¡sí, también a veces, actúo por impulso, sin pensar, como un resorte! -como cuando te besé por primera vez-) me condujo a esta caja de texto. Porque estoy escribiendo sobre la presión social, esa mancha oscura que se desborda por las miradas, incluso, de nuestros seres más queridos. Comencé diciendo que resistir no es una tarea fácil. A eso me refiero: resistir la presión social. Uno, sencillamente ¡no es normal!  Me sucede en las cenas familiares. Me encanta estar con mi familia. ¡Los adoro! son para mi las personas más cercanas a mi extensión genética y emocional, mi hermano Luis se ha convertido en un bombón, mis sobrinos son un encanto ¡ya soy tía abuela! y mi nietecita es un pimpollo, apenas tiene dos meses y es idéntica a mi sobrino (hace tan poco tiempo que cargué a mi sobrino, así, recién nacido). Bueno, les decía que fui a la cena familiar, tenía ganas de verlos. Mi hermana, invitó a una hombre "culto" que promueve eventos artísticos en el Consulado mexicano (supongo que pensó que sería alguien con quien yo me podría entender); yo ya lo conocía porque lo había visto en los eventos de la Fundación Mascareñas cuando llegábamos con la librería de Demac. De esos hombres que confunden la cultura con el estatus (como en época victoriana), y que la sabe simular muy bien. No conozco mucho de música, le dije, porque he vivido obsesionada con Richter interpretando a Bethoven ¿a escuchado usted a Richter? pregunté. "Claro" asumió frunciendo el ceño; en ese momento supe que no conoce a Richter, quien ha escuchado a Richter abre los ojos maravillado (y quizá echa la cabeza hacia a atrás) al solo pronunciamiento de su nombre, como si su nombre nos transportara a la misma memoria celular que ha quedado en nosotros, de su música. "Bueno, no lo conozco personalmente. Pero lo he escuchado, sí" "Murió en 1980, creo" le avisé. No me molesta su desconocimiento, yo desconozco casi todo, me molesta su farsa; su farsa social. Aún así el tipo me cayó bien, porque es amigo de Carlos Benitez, un guitarrista al que le tengo mucho cariño.
Después, mi hermana comenzó a hablar de mí, como si las visitas necesitaran una explicación sobre "eso" que se manifiesta "ahí" sentado en la cena de casa. ¿Pero cómo hablar desde un lenguaje que no me reconoce más que como la hermana menor, siempre graciosita? Ash, la resistencia no es algo sencillo, amigos ¡se los digo yo! "Loli, me encanta porque, a pesar de ser pobre, ella continúa haciendo lo que le gusta hacer; algo que los demás sólo haríamos como mero entretenimiento" ¡Qué! ¡Qué tiene que ver ahora la pobreza! me pregunto en silencio. No soy taaaan pobre. La mayoría de las veces no me considero pobre en lo absoluto. Los niños del barrio visitan mi casa y se van con libros en la mano ¡eso no es ser pobre!  ¿Porque soy yo el tema de conversación en esta mesa? ¿Acaso esto se trata de una cita a ciegas? Arrrrrggggg Grrrrrooaaaarrrr Grrrrr. Yo, los oigo, nada más. Mi madre todavía no opina, afortunadamente. Después mi hermana cambia la plática y comienza a hablar de Veracruz y de que las veracruzanas estamos de moda. Y que las latinas hemos sido Miss Universo ¡Miss Universo! no puedo más, mi hermano Luis me dice al oído: si se abriera una ventana con lo que estoy pensando todos terminarían ofendidos. Nos reímos, nadie entiende por qué, Y yo hago una de mis pocas intervenciones. Resistir no es sencillo, en verdad. Yo, lamentablemente, en momentos así, cuando me siento acorralada por los comentarios inocentes de las personas que viven en la matrix, ¡pero me quieren! (de otra manera no invitaría a alguien como yo a su mesa -y yo, incluso, puedo invitar a mis amigos-); decía que yo, cuando me siento acorralada suelo incomodar con algún comentario. Lo único que dije fue: si se abriera una ventana en este momento, para mostrar lo que estoy pensando, diría: "creo que los concursos de belleza no tienen importancia, peor aún son, profundamente sexistas." Se hizo el silencio. Luis atinó a decir "Pero qué estás tomando. Ya no le sirvan, por favor." El hombre culto intentó retomar la conversación conmigo. ¿Y sobre qué escribes? yo iba a responder: sobre la mesa, regularmente; pero me contuve, mi amargo comentario sobre los concursos de belleza había sido suficiente. Respondí que de mis obsesiones, y comenzó a darme una lista de nombres, como se hace en la política mexicana: mostrando tarjetas. Nombres de escritores que conozco, muy malos. Todos, sus amigos, según me dijo,. Malos en calidad, digo, no malas personas debo aclarar ¿qué escritor en realidad puede ser una mala persona? si acaso son cobardes. "Sí los conozco a todos, pero no son mis amigos porque, como soy feminista... uuuy, qué cosa, tengo que responder este mensaje en el baño, es que tengo un amante ecuatoriano que no me suelta ni por whatsapp, tiene veinticuatro años y los labios más lindos que he besado nunca, jeje, con permiso."
Aaaah, la presión social. Una mesa, la familiar, en la que uno resulta un absoluto incomprendido. Incluso por las personas que construyeron un columpio junto contigo en el patio trasero de casa, a las que viste llorar y te han visto llorar por la atención del padre o de la madre; incluso los que vieron cómo te adentraste en los libros desde muy tierna edad y tu viste cómo se desvelaban estudiando para conservar sus beca universitarias. A los que has visto borrachos, enfermos, felices; a quienes has cuidado, levantado, aconsejado y viceversa. Resistir a veces es una sensación amarga. Pero, en secreto, mis hermanos se carcajean conmigo de mis aventuras, mis percepciones y de lo que, en otras cenas familiares podrían considerarse "indecencias". Votaremos porque NUNCA MÄS se invite a otra persona del consulado a casa.
Hoy no creo en nada. No quiero hacer nada. No me conmueve nada (o me conmueve todo). No creo en nada porque veo cómo la fuerza de los lenguajes huecos avanzan. Las palabras a las que se les despoja de sentido. El lenguaje es una fiel reproducción de lo que pasa con nuestras sociedades a nivel mundial. ¿Se puede todavía hablar de sociedades? Ayer estaba a un paso de entrar aquí y escribir esto, pero recibo llamadas entusiastas, sonrisas emprendedoras, visitas para organizarnos, asuntos que resolver, escuché jazz, bailé abrazada de mis seres queridos. La verdad es que estoy cansada. ¿Cómo se puede entregar un proyecto cuando lo que te envuelve es el cansancio? No es un cansancio físico totalmente, es un cansancio moral ¿se puede? Una decepción profunda. Dudo de cada frase que construyo, observo el lenguaje como si fuera un animal que no había visto antes en mi vida, y que, además, no sé qué es lo que intenta decirme. No entiendo mi propio corazón. Un amigo me comentó que era muy sencillo, que la derecha había colocado ya su fuerza en un país más y que entonces mi dolor provenía de sentir que, en el mundo, existe un lugar menos para mí. Muy acertada su conclusión. Mis motores anímicos encuentran respuestas que parecieran que los mantienen a flote dos segundos para volverse a hundir. No es sólo que exista un lugar menos en el mundo para mí. Es una desilusión completa. Debería estar celebrando, pienso yo. El mundo que percibo se derrumba. Mi mente se derrumba. Otra vez me estoy quebrando, he escrito en otros momentos que es bueno derrumbarse y volverse a armar. Conozco esa sensación y me gusta, me gusta la absoluta vulnerabilidad, Sólo que esta vez lo que se está borrando es una parte de mí, una parte de mí que solía disfrutar de sí misma. La parte que solía contemplarse y estar segura de que, bueno, todo está derrumbándose pero yo sigo aquí, con la ferocidad de un animal, con la tranquilidad de una flor, con la vida silenciosa de un lago. Solía decir "yo no pruebo la miel, soy la miel". Eso parece cosa del pasado. En estos momentos no creo en lo que escribo, puedo hacerlo, lo hago bien. Mis amigos y mis editores me felicitan. Las invitaciones continúan. Por alguna razón ciertas comunidades intelectuales quieren verme y conversar con esto que soy. Pero yo estoy absolutamente desposeída. Como si algo me hubiera abandonado. No es el abandono de alguien. Es algo de mí que me ha abandonado. Una fuerza. Afortunadamente todo está en movimiento y nada es permanente. Estoy decepcionada de mí, de mi percepción de la realidad. Eso es normal. Sucederá siempre que nos de por creer que tenemos alguna certeza, la certeza tarde o temprano se derrumba. Me equivoco en todo lo que percibo, imagino de más y ociosamente, No soy quien creo que soy. No tengo lo que creo que tengo. No logro lo que creo que logro. No entiendo lo que pienso que entiendo. Vivo absolutamente equivocada, desviada por mis obsesiones. No es que me interese avanzar hacia algún lado en específico. Es sólo la sensación de carecer de un presente real. ¿Dónde está el avance? ¿Seis, siete, ocho presentaciones en la casa de Cielo Portátil de diferentes artistas desde que llegué a este desierto? ¿Grupos de personas reunidas preguntándose "quién vive aquí" "quién hace todo esto"? ¿jóvenes que se sorprenden ante un postre? ¿Niños que pasan y se encuentran con libros de dinosaurios en la esquina de casa? Me siento absolutamente pobre, no de esa pobreza económica, sino de esa pobreza vital que logra que las comunidades se echen a andar. Estaba pensando en viajar, pensaba que ha sido un año exhausto y necesito vacaciones ¿a quién intento engañar? Existo sólo en mi cabeza. No hay nada tangible de mí en la realidad, No alcanzo a manifestarme hacia a fuera de forma tangible. No he creado nada.
Quienes me conocen saben que esta percepción, como todas percepciones erróneas que he tenido este año tampoco son permanentes, duran lo que dura un suspiro (ojalá); después, comenzaré a aprender.
Y por si no quieren leer (yo les leo):

Perón tomando café.


Pero ya sé de lo que quería hablar desde la mañana. No era de ti, ni de mí. Sino de la guerra. Que es lo mismo que hablar de ti o de mí. La tercera guerra mundial, que le llaman. Yo la llamaría, la primera guerra global. Que no se libra sólo en la geografía terrestre mundial, sino también dentro de un geografía tecnológica y virtual; el "otro" mundo, que si filtra hacia el mundo terrestre a través de las regulaciones tecnológicas de los aparatos que producen el mundo virtual: teléfonos, ordenadores, televisiones, dvd's, relojes de pulsera, chips de automóviles, y un largo etc. Hay asuntos relevantes para tomar en cuenta aquí. Que no tienen nada que ver con asuntos personales, sino globales. No somos un pequeño cuerpo intentando parecerse a los prototipos que nos lanzan los medios de comunicación. Incinerando nuestro pelaje como fórmula para la verdad, blanqueándonos o bronceándonos. Somos ya, algo más que la máscara. Tampoco somos animalitos en busca y defensa de nuestra identidad, eso ya lo tenemos claro ¿cierto? Somos un sólo cuerpo que sufre, que avanza y retrocede. Por eso me preocuparon los visibles atentados al tan nombrado Paris, en comparación con los 60 mil muertos en México y otros cientos de miles de asesinatos que se pueden contar en Centro América; por eso también pienso en números cuando pienso en las cientos de miles de personas asesinadas en África o migrando eternamente desplazadas de uno de los territorios más ricos del mundo. Esa es nuestra mente, la mente que imagina y logra que lo que imagina se manifieste de forma tangible en la realidad, hacia afuera: la creación, la co-creación; la pura manifestación del ser común; no me refiero a la lucha, a la venganza, a la percepción que tenemos de la justicia, y todas esas distracciones que neutralizan, que nos convierten en territorios homogéneos, que logran oprimirnos sin siquiera presionar un botón.  No menciono medio oriente, ni el lento genocidio cometido por Israel al pueblo palestino. Todo es ya una guerra sola (global) cuyos motores podemos intuir pero, francamente, desconocemos. 
Últimamente, quienes me visitan en otras redes sociales, percibieron que subí una foto de Juan Perón como foto de perfil. El afecto que tengo por Argentina; la cultura de resistencia que nació en ese país y marcó mi generación particularmente en los setenta y ochenta; la fortaleza política y la dignidad ante las masacres sufridas gracias a las anteriores dictaduras, y el dolor aún presente sembrado con las miles de desaparaciones en ese país, no son el motivo único de mi solidaridad (moral) con la militancia peronista; voy a lo que me motiva:

       ningún medio de comunicación acá difundió el nacimiento de la UNASUR, fundada desde el 2007 (más o menos) y consolidada en 2011; un avance gigantesco hacia la verdadera independencia de América Latina. Desde 2011 Unasur ha crecido y se ha fortalecido; los países que conforman esta unión han tomado decisiones cruciales ante el capitalismo global, y la soberanía de sus pueblos, incluyendo la soberanía tecnológica y cibernética (asunto crucial para cualquier nación que pretenda defender su soberanía).  Hace tiempo ya que contemplo, maravillada, como esa alianza se fortalece y construye nuevas estructuras de gobierno, donde antes sólo existía la represión sanguinaria de la ultraderecha. Por esta razón estoy convencida de que el balotaje de la Argentina es importante no sólo para el país, sino para el bloque tan sólido que se ha formado, hacia una Latinoamérica unida. Es decir, si a estas alturas, el país es retomado por la derecha, el bloque de la Unasur corre el riesgo de comenzar a disolverse y, la disolución de un bloque tan importante significa el fin del sueño de la democracia global, no sólo continental; es decir, la manifestación de que los pueblos todavía son libres para construir las formas de gobierno que los benefician. Rafael Correa hace una semana se reunió con los países árabes; Cristina Kirchner, consolidó una alianza económica con Putin; ambos países (Ecuador y Argentina, tienen buenas relaciones con China) ¿alcanzamos a ver las dimensiones de la división global? ¿o seguimos pensando que se trata de pequeños países "primermundistas" atacados por las locuras de una guerra santa irracional y un puñado de locos comunistas organizándose en América Latina?
La decisión de rescatar a Julian Assange de la persecución estadunidense no la tomó de forma aislada el presidente de Ecuador, Rafael Correa; ha sido una de las muchas decisiones relevantes que la Unasur, como bloque de países, tomó de común acuerdo. Menciono el caso de Julian Assange por tratarse de un caso con muchísima atención mediática, que evidencia las estrategias de guerra y contraataque que existen ya en esta plataforma; la plataforma virtual, pero también porque Julian Assange, aparte de pertenecer a los investigadores trascendentes de mi generación, ha pasado a ser una herramienta de defensa indispensable para países que antes, frente a las complejas redes del espionaje mundial, permanecían desamparados.
Es importante pensar en América del Sur en estos momentos porque, con todos los acorralamientos económicos, la caída del petróleo y los ataques (o censuras) mediáticos (sin contar el espionaje y los golpes calculados de gobiernos opositores infiltrados que han existido siempre), es, todavía, de los pocos lugares en el mundo, en que se le permite a la ciudadanía ejercer y decidir el voto libremente; y es de los pocos bloques en los que los presidentes todavía ejercen el antiguo arte de gobernar con soberanía que, las coorporaciones, están luchando por abolir globalmente. El balotaje en la Argentina no es un asunto exclusivo de caprichos ideológicos o idealistas. Estamos en otro momento, el momento de la primera guerra global. 
Y a mí la guerra (como nunca la entiendo) me ha parecido siempre algo super-romántico, porque nos hace responsables de corazón, nos vuelve compasivos, nos mueve a tomar decisiones de vida, amor y muerte ¿hay algo más romántico que la vida, el pensamiento y la libertad en vilo?
No encuentro mis lentes. Aún así, el impulso de venir acá y comenzar a escribir con los ojos llorosos,(producto en parte de dos litros de vino que bebí anoche, y en otra parte de estos cuarenta y dos años que se detienen frente al monitor) no terminaba de manifestarse apenas puse un pie fuera de la cama ¿qué es esto que escribo acá? ¿qué es esto que he sostenido por quince años acá, en esta plataforma? Hubo un tiempo en que todo mundo teorizaba sobre el blog y su pie que avanzaba creando un rumbo nuevo para los escritores que, dificilmente, eran leídos fuera del aparato institucional. A mí, en ese entonces, me pareció absurdo analizar algo tan natural como la escritura, sólo que ahora en un medio distinto, en una plataforma diferente. Lo que sí puedo afirmar es que es una escritura distinta [...] Oooops, ya está el café, encontré mis lentes, la vida es buena y ha vuelto a mi cuerpo enteramente. Decía que para mí el blog se convirtió en una forma de la escritura totalmente distinta. Psicologicamente, tal vez, por el simple hecho de saber que se publica inmediatemente y puedo promover, e invitar a que me lean de forma muy rápida. O el hecho de pensar que tengo seguidores que van a leer lo que publique en cuanto lo eche a andar aquí. Sí, tenía 27 años cuando comencé con este blog. Y tenía el corazón más que roto, tenía el corazón pulverizado. Qué distintos surgen los recuerdos a la distancia ¿no? Yo besaba a todos los muchachos con profundo dolor, pero nunca dejaron de gustarme los muchachos. Ahora me gustan los señores, amo a mi generación. En este momento puedo decir ¡Wow, qué bien lo hemos hecho! porque ya les he dicho que cada vez que siento que alguien de mi generación está haciendo algo extraordinario, que beneficia al mundo, siento que, de alguna forma también soy yo quien lo hace. Me gusta mucho la obra de Cristian Turdera, por ejemplo. Las colecciones que lanza para tuiter. Me transmiten una paz que no conocía. Esos estados de la mente. Me fascina lo que hace Maha Vajra, el gurú, que no sólo es guru sino un pedagogo impresionante, que ha creado la escuela libre más grande e internacional de la que yo tenga conocimiento, ¿Pero realmente, qué estoy haciendo hoy aquí? ¿A qué vine? Vine a hablar contigo, a derrumbar mi miedo. El impulso real esta mañana fue escucharte. Ayer antes de llegar al restaurante italiano responsable de los dos litros de vino que tomé, decía esto: "Consiste en la capacidad de estar presente, en todo. Trabajo en muchas cosas. Siento que no hago suficiente pero estoy presente en todo. Cuando estoy trabajando de forma colaborativa, no estoy pensando en todo lo demás que tengo que hacer. Pienso sólo en una cosa. Y, convoco, a las demás, pero solo para mirar, no para interrumpir". Llegamos al restaurante y me di cuenta que tengo un corazón nuevo. Que tengo, no sé si será un segundo o un tercer corazón. Y que no importa lo que pase. Cada vez que cambio de corazón, tengo un corazón más tierno y más fuerte ¿cómo explicarlo? ¡Es verdad! Hace 15 años mi corazón estaba hecho cenizas ¿cómo es que ahora me siento tan feliz, tan contenta con mi generación, tan lbre? ¿será la edad? Ayer por la tarde también, una amiga me leyó parte de una novela que está escribiendo. Mi amiga Susana es una gran-gran narradora, me senté en su biblioteca y comencé a escuchar la historia, sucede completamente en la sierra de Chihuahua. Reíamos de la forma en que ella recordaba a los hombres de la sierra, esos hombres que, yo diría, rompieron el molde, comenté esto: "Ah, sí, conozco a los hombres de la sierra ¡esos son hombres!" y ella respondió esto: "Pero claro que los conoces, si hasta los has probado" Nos reímos a carcajadas mientras yo decía: "Noooo, ya quisiera" y entonces ella me recordó "¿Y _________? ¿Qué no era de la sierra?" y me detuve, como si me detuviera infinitamente y respondí esto: "Sí, tienes razón. Si hasta me enamoré de uno."
paseo por la montaña


No sé si llamarlo crisis. Si las llamo así tendría que aceptar que mis crisis, últimamente, duran menos de una noche. Pues la tuve ayer. Una crisis. Comencé a pensar en todos los proyectos en los que tengo que concretar un avance antes de diciembre. Avances cruciales. ¡Todos! A estas alturas del año recuerdo que las personas tienen cierres de edición, las convocatorias tienen fecha de cierre, los trámites migratorios tienen que "realizarse" sí o sí. Olvido que tengo tres libros sin terminar, que no he avanzado ni medio párrafo en el libro que me atormenta, que mis ganas de publicar en Brasil se disipan, gracias a mi nula capacidad de sumergirme en la prosa ya escrita, reordenarla y fecharla. El tiempo se me pasa entre los vecinos que llegan a la casa, las nuevas amigas que me presentan a sus familias, los niños que visitan la Biblioteca Libre, el mercadito de los sábados donde instalo la Librería Feminista, los eventos de las organizaciones de mujeres donde también instalo la Librería Feminista, el reacomodo de las habitaciones de esta casa-cielo portátil, el trabajo de construcción y deconstrucción de esta casa, la pintura en la lámina del patio, la colecta de libros para niños, la creación del huerto orgánico, mis paseo diarios cerca de la montaña, las lecturas de Arno Gruen y Agamben, los minutos que bailo frente al espejo, las medias horas en que charlo con mis seres queridos. Aún así, por la noche, siento que no he hecho nada, que la fecha de la entrega del libro ya se va a vencer, que los papeles migratorios están a un paso de caducar, que ese libro que vine a escribir tiene más polvo encima que un terreno baldío pero lograré todo, antes de diciembre (menos el libro lleno de polvo, ese lo dejo para el año que viene). ¡Que condicionamiento tan espantoso son los años! dan la impresión de que algo acaba y algo comienza, de que sumamos año tras año a nuestra vida. ¡Qué espanto! ¡No! La vida no carga al tiempo, el tiempo nunca está encima de nosotros, el tiempo es una forma de percepción que nos permite explicarnos ciertas distancias, físicas o mentales. Por ejemplo, mientras hago todo lo que hago pienso en ti, estoy contigo y con todas mis obsesiones, y mis otros proyectos; estoy en México y en Berlín, mientras un niño entra a mi casa y bailamos ¿Cómo explicarlo? ¿Existen dos, tres, cuántos niveles del tiempo superpuestas? Trabajo aquí, descanso aquí, pero pienso en la cita que tenemos en marzo, o el vínculo que el baile con un niño genera hacia un proyecto sobre la repetición de movimientos ¿son tres tiempos? ¿son el mismo tiempo? ¿trabajo en todo lo que pienso? No permitiré que el tiempo se me eche encima para construir sus muros, he dicho... el tiempo es como el amor, no como la prisa.
En gran medida, me defino como obsesiva compulsiva para deshacerme de la responsabilidad que me ata a mis propias decisiones. No escuchar mi sonata predilecta de Bethoven con otro interprete es una responsabilidad que no quiero tomar (nunca sabré cómo escribir Bethoven, lo siento): nadie, como Richter, pasa de una nota a otra con total continuidad, sin interrupciones (y es verdad, pero ¿por qué no acepto que existe belleza en sentir cómo las notas llegan a su fin y se unen perceptiblemente a otras cuando la misma sonata es interpretada de forma distinta?). Definirme como obsesiva compulsiva me permite imaginar: este no es un trabajo, es una obsesión. No estoy construyendo un estilo, no trabajé en crear los artificios de mi lenguaje durante aaaaños, para ahora manejarlos como si untara mantequilla en un pan; solo me obsesioné con el lenguaje como ahora me obsesionan otras cosas.
Un vacío se clavó en mi estómago cuando percibí que, tal vez, me he estado ocultando detrás de mis obsesiones ¿qué es lo que no quiero ver? ¿qué es lo que no quiero aceptar? ¿por qué disfrazo de enfermedad cada una de mis habilidades? ¿por qué desacredito toda mi capacidad de concentración? ¿por qué tengo tanto miedo a la vida? Ugh, necesito un trago.

Alegría de mi tristeza. (La espera es difícil, más yo espero zambando... una rosa es una rosa una rosa es una flor).


Qué nos importa/ qué nos importa/ aquella gente que mira la tierra y no ve más que tierra/ / Qué nos importa/ qué nos importa/ toda esa gente que viene y que va por el mundo sin ver/ la realidad.

Amigos, no se preocupen, estoy bien. Pensando en las marcas que genera la vida. La manifestación de la realidad es esa forma en que percibimos las marcas que nuestro pensamiento transporta hacia afuera. ¿Me explico? Creo que no; creo que tendrían que verlo, como yo lo veo. Es difícil compartir una percepción. Como la percepción de la víctima, por ejemplo: yo no soy una víctima, soy una mujer que navega sobre (o en) sus circunstancias. Tampoco denuncio. No utilizo los medios de comunicación para denunciar, mis problemas no son importantes. Lo que es importante es construir, construir de forma global y comunitaria. Poner esa marca aquí (o allá afuera) ¿viste? Como tener el poder de pensar en una flor y la energía de sembrar para que esa flor que se pensó, aparezca (o nazca, o germine) ¿No es lindo? A esa marcas en nuestra realidad me refiero. Esas manifestaciones únicas a través de las que logramos crear una realidad ¿alguien piensa todavía que su mente está encerrada dentro de su cabeza? ¿que el cráneo es el cofre de la mente? La mente está en nosotros y en lo que ahora leemos, se posa en cada letra, es decir, cada letra es nosotros. Pero no sólo cada letra (no todo es tan romántico) sino todo pensamiento manifestado de forma tangible fuera de nosotros (¿acaso existe un fuera y un dentro de nosotros?) me refiero a mirar hacia afuera, a no internarnos, a ese lugar donde somos de forma colectiva: ese lugar es nosotros. Ahí, cierto periodismo me parece un mal sueño, un instrumento que no toca el presente, que no se asemeja en lo absoluto a la realidad, sino a la creación de un mundo idílico, onírico, que pretende controlar incluso nuestro pasado, y echarlo en cara cuando lo considera necesario ¿lo considera quién? ¿quién puede ser tan "ingenuo" como para pensar que una intención aislada puede crear una realidad colectiva? ¿quién puede ser tan soberbio (o déspota) como para creer que el interés particular de su realidad puede ser impuesto como la realidad de los otros