Oye ¿Nos vemos en Colombia?
Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón...

Barcarola, Pablo Neruda (fragmento, con verso interrumpido).
La forma de producción que ya está aquí:

"La edición abierta, la experimentación y o re-mezcla de texto, música, imágenes o videos aprovechan el espacio Internet para explotar nuevas formas de creatividad. El modo de producción colaborativa que propone Internet no está basado en la copia acrítica de los bienes intelectuales comunes/libres existentes, sino en la convicción de aprovechar lo que otros han producido, lo que pertenece a cada persona por su condición humana, a cada comunidad como patrimonio cultural, para avanzar en la producción y experimentación de nuevos bienes intelectuales comunes [tan o más creativos que sus originales heredados]. Esta es la forma de producción del futuro, una forma colaborativa antiquísima que define a los humanos, una forma profunda que produce obras imposibles de producir individualmente."

De Aprender la libertad. Ariel Vercelli, 2006.
La vida es extraña. Claro ¿estoy diciendo algo nuevo? La vida me ha tenido harta de mí, de lo que soy todos estos días. No me pregunten cuántos. De repente pensé en la posibilidad de cambiar de nombre, de color de ojos, de ciudad, de costumbres. Ser, completamente otra. Ayer platicaba con Anthony sobre algunos viajes que hizo a Corea y cómo fue testigo de la magia coreana del Aikido. Cosas así. Pensé ¿Dónde estaba yo cuando Anthony estaba en Corea? ¿Dónde estaba yo cuando Anthony estaba en Nicaragua? Estaba sumergida en una ciudad muy triste, con una sociedad triste, de vicios y costumbres tristes. ¿Por qué nunca me interesé en el Aikido o en vivir en Corea, o viajar a Nicaragua? En fin. Hay tiempo, dice Anthony. Pero creo que para mí queda tiempo, si acaso, para vivir un año en Barcelona. De súbito me siento anclada, amarrada. Y el sentimiento crece conforme avanza el día, como una muralla blanda, de agua, que se aviente sobre mí y me sepulta justo antes de conciliar el sueño. No me llamen, por favor, que estos comentarios no son de cuidado. Recuerden que nada de lo que sucede en esta página que no es una página, sucede en tiempo real. La vida que pasa aquí tampoco es una vida. Contemplé la posibilidad de desaparecer. Sí, darme el lujo de no tener que presentar libros. Quedarme en una casa, con un amante, cambiar de nombre, de ciudad, de color, y ya está. Salir por la tarde a oir cantar los pájaros. No pensar en mi avance, en mi proceso, en profesión. No tener profesión. Pasar del estado animal al vegetal, felizmente. Ser contigo una planta, una fruta, un árbol. Vivir muy lejos de los orígenes emocionales humanos.



Así, más o menos. Este video me lo traje del blog del gran Sesshu Foster, háganle click.
Sesshu es como un roble. Y Etel, bueno, pues ya ven.
No confíen ciegamente en la traducción automática de este blog, amigous. Puede provocar unas ganas injustificadas de asesinarme. Pero bueno, es mejor que nada. El sentido varía, pero poco y a fin de cuentas, tal vez, el mensaje principal (si podemos creer que hay un mensaje principal en lo que digo) se transmite ¿no? No puedo asegurarlo en el caso del Coreano, pero en el caso del francés, el italiano y el inglés queda un rastro de algo. Tampoco sé del árabe o el turco pero ¡vamos! la soberbia y el narcisismo son los mismo en cualquier idioma. En cualquier idioma también comenzaré a generar slogans (lemas publicitarios) para un libro que saldrá en mayo, escrito en co-autoría con Rodrigo Flores-Sánchez, titulado Intervenir (ah, también me gustaría tanto escribir un libro contigo, sería un buen golpe). Me divertiré mucho pro-moviéndolo, verán. Se acuerdan cómo dicen en Nogales, Sonora: veras-ven. 
Ya no tengo tuiter, por eso digo "aquí, trabajando".



Me detengo en la observación de las cenizas, de la captura, de la monotonía sin color que invade este "proyecto" editorial y vengo aquí a repetir las palabras que pronuncié ayer y que son mi tabú: estupidez y mediocridad. Nunca estoy segura de que alguien es totalmente estúpido o totalmente mediocre. En momentos como este, siento que en mí yace una estupidez profunda por permitir que mis seres queridos me hayan involucrado en esta publicación, y una mediocridad abismal por considerar que el trabajo que más disfruto es el trabajo cocreativo; un trabajo que no me deja más que esa brillante satisfacción que se ennegreció en el momento en que el libro que generamos con tanta pasión comenzó a entrar en disputas y rebatingas (¿así se escribe rebatinga? digo por eso de arrebatar). Sin duda, para que yo utilice las dos palabras prohibidas en mi vocabulario (¿bocavulario? digo, por eso de la boca): estúpido y mediocre, necesito (ah, me encanta esa palabra "necesito" es como un pimpollo, es un pastelito, es como tú. Tú eres un Necesito) observar esas dos cualidades de la ignorancia y la inconsciencia. Todavía mientras lo escribo dudo de mi, se manifiesta el miedo. ¿Cómo reducir el pensamiento a juicios tales cuando el mundo y sus prodigios son infinitos? Pero, en verdad, debe ser el desierto, la cultura de este lugar, marzo, porque cuando alguien entra a mi casa y ve un trapo sobre la estufa y se dirige a él con manos de tenaza y lo apresa, y lo sostiene y después lo lleva hasta mi nariz diciendo "no-no-no-no señora, esto es muy peligroso" para después doblarlo con paciencia sobre la agarradera y decirme "mire, éste se pone aquí" y yo pienso "25 años viviendo sola, para que un imbécil venga a decirme dónde puedo o no poner los trapos de esta cocina". Entonces creo que el concepto de estupidez le ajusta como un guante y luego pienso que lo que me falta es paciencia ¿Qué importa que un amigo que ha vivido en casa de su madre toda la vida y ahora se dedique a cuidarla, reproduzca el mismo comportamiento cuando me visita, porque soy uno de sus seres queridos? ¿Puedo considerar estúpida a una persona que no sale de su entorno ni cuando sale de su entorno? Y bueno, ni hablar de las intenciones sinceras de mi amigo de que yo no termine envuelta en fuego corriendo por la casa antes de caer en medio del jardín (iría rumbo a las flores, puedo apostar) convertida en la gran y ridícula Señora de Carbón. De mis juicios en relación a la mediocridad qué les puedo decir, cuando extraño tanto a los hombres que amo al grado del refunfuño mi percepción de los otros: los que lidian con hijos todas las mañanas, que suben al camión para cubrir ocho o doce horas de trabajo, odian a sus jefes, me llaman al medio día durante el almuerzo, salen del trabajo, esperan a sus procreaciones en la escuela, salen a cenar para parecer divertidos, vuelven molidos a algún departamento para sumergirse en el mundo social del monitor que los conduce en internet; me parecen tediosos, tristes, insoportables. ¿Pero cuántas veces no he cubierto esas rutinas de trabajo yo misma para salir al paso con alguna deuda? El hecho de que yo no haya odiado a ningún jefe, sino que mi cinismo se sobrepusiera a cualquier intento de sometimiento no significa que quien trabaja odiando sea, necesariamente, mediocre. y ¿la conversación que se alimenta y circula eternamente entorno a hijos-trabajo-yo-hijos-trabajo-yo no revela a caso la terrible patología en la que nos han sumergido nuestros sistemas económicos, orillándonos a ser un tornillo en aceleración y no una persona en constante germinar creativo? ¿Dónde queda mi compasión? ¿Acaso ser la constante animal-lenguaje-deseo-espíritu-libertad por encima de las convenciones económicas y familiares no me coloca también ante la mirada de los demás como la aburrida o temida figura convencional de una loca? Pues bueno, que sí, en meses como estos sólo me siento parte del mundo de Pedro Almodovar. Así que, si quieren regalarme algo ¡regálenme todas sus películas!
pero una ilustración japonesa bastará para sanar mi alma



En México ha surgido el fenómeno del periodista de guerra como sobreviviente-rockstar, que vende muchísimos libros y viaja al rededor del mundo solucionando el rompecabezas de la seguridad nacional mediante inteligentes conjeturas. que atan cabos y rabos. Periodistas que aseguran tener fuentes confiables dentro de las instituciones que intentan "derrumbar" a base de investigaciones. El periodismo nunca debe tener como protagonista de la noticia al mismo proveedor de la información; igual que la traducción no debería tener como protagonista más que al autor que es traducido. Las fronteras de la información y la imaginación se adelgazan cuando se ha generado un mercado que exige ser cubierto: el "narcoperiodismo": una plaza más. Así el dolor de los pueblos es ocasionado primero por los sistemas de poder represores y las políticas de exterminio, pero explotado una y otra vez en nombre de la justicia informativa. Aclarado este punto, comparto aquí la petición de El Padre Solalinde, porque me enternece. Me parece un lindo impulso cargado de esperanza pero con muy pocas probabilidades de existir en realidad. ¡Como todos nosotros! Y además con una posdata: si se trata de armar un medio informativo alternativo ¡nos ponemos la de Puebla, pus qué! (más se perdió en el diluvio).
Hoy amanecí muda. Anoche tuve insomnio. Anoche tuve ganas de retirarme. Este país no es un mundo, por eso. Tuve ganas de retirarme al mundo. Solucionar todo publicando únicamente a través del copyleft. Ayer hablé con muchas personas. Desde que vivo aquí hablo con muchas personas. Ayer intenté ordenar mi biblioteca. No terminé. Tres meses y no termino de ordenar la biblioteca. Tres meses y ya hice, por fin un espacio en la bodega de la casa. Ayer vi Todo sobre mi madre por decimocuarta ocasión y por tercera vez consecutiva. Ya les he platicado de mis obsesiones y anoche, durante el insomnio, escuché la frase para ese capítulo que no quiero escribir. La escuché clarito. Tenía que ver con el cuerpo de una mujer ahogada. Una mujer ahogada ahí, sobre un cama, dentro de una fiesta, en medio del desierto. No es ficción lo que estoy escribiendo. Escribo realmente del cuerpo de una mujer ahogada dentro de una fiesta, que alguien más no podía creer. Ayer oí la resolución de esa parte del libro. El libro donde nada es ficción y todo parece sustraído de una pesadilla. El cuerpo de una mujer. En el lugar donde las mujeres no dejan de ser mujeres ni cuando yacen muertas, ahogadas, inmóviles a causa de la enfermedad. "Tienes que ver lo que está pasando allá arriba." Yo nunca lo vi. Nunca lo vi.
“I embrace the label of bad feminist because I am human. I am messy. I’m not trying to be an example. I am not trying to be perfect. I am not trying to say I have all the answers. I am not trying to say I’m right. I am just trying—trying to support what I believe in, trying to do some good in this world, trying to make some noise with my writing while also being myself.” 
Bad Feminist, Roxane Gay.
(Tomado del blog UN ALMA CERCANA, de Sylvia Aguilar)



Una canción africana, para mi amor.

Sábado 7 de marzo. El Paso, Texas. Durante la segunda lectura en
en nuestra casa-escuela-cieloportátil-salón de baile. ¡Puros artistas! (y psicólogos)


No sé qué vengo a escribir hoy aquí. Hoy es domingo, como diría la ópera tango de Ferrer. Y hoy desayuné yogurt con miel sobre rodajas de plátano y una cubierta de frambuesas, todo colocado en un tazón de cerámica portuguesa que no tiene precio. Contemplaba la combinación y tuve una especie de éxtasis cotidiano, estos momentos en que la luz y el silencio de una casa antigua, de un plato antiquísimo y los regalos que nacen de la naturaleza, hacen sentir a uno privilegiado. Sólo me faltó estar envuelta en un kimono después de haber amado pero, esas son nimiedades. Cuando uno vive en el centro del hongo de la bomba nuclear no queda más remedio que disfrutar las pequeñas cosas que generan la manifestación del tiempo antiguo: la cerámica, la casa, el sol de media tarde, el silencio, y tener el momento en la cama para poder preguntar ¿veo una película sin desayunar? ¿me levanto? Y después seguir el impulso italiano de disfrutarlo todo, hasta el camino con los pies descalzos de la recámara a la cocina. El oro de la miel en el café. La compañía del perro. Pareciera que no estoy parada en un polvorín. Todavía no decido si poner una película o esperar a que baje la tarde. Estos días mis amigas han llegado a la casa con botellas de vino, cajas con bocadillos y muchas ganas de platicar. Así que el vino (yo no era de las que toman vino y ya ves) se ha vuelto parte de mi semana. Espumoso y rosado, tinto, pinot noir. Bocadillos de todas clases: dulce de membrillo, galletitas de trigo, queso, fresas, te. Supongo que debería alegrarme. Supongo que me alegro. Me alegro. Una o dos veces por semana salgo con un muchacho que tiene una piel y cabello de matices impresionantes. Que me dice hola por mensaje de texto diariamente e intenta entablar una especie de conversación emocional en el centro de nuestra amistad. No sé quién soy. No quiero saber quién soy. Tampoco entiendo esa manera mía de establecer los vínculos. Contigo. Con él. Con mis otros amigos. Con mis amigas todo es mucho más claro. Claro: los hombres (toda la vida) han sido mi perdición y mi tormento, tal vez por eso los adopto a todos. Rezo por todos. Me enamoro de todos. ¿Por qué la masculinidad me parece un tesoro? Si tuviera que definirla o describirla no podría. Me parece, sencillamente, una joya. No es que vea a los hombres como un simple objeto, es que me parecen dimensiones infinitas e inexplicables: maravillosas. Últimamente salgo con un muchacho acostumbrado al discurso del "hombre malo" que sostienen algunas mujeres. Tampoco la historia les hace mucho el favor: son unos animales hambrientos de poder, máquinas construidas para la competencia y la cacería y hace siglos que las políticas mundiales torcieron su percepción para que nos traten como la más peligrosa amenaza. Pero fuera de esas pequeñas cosas ¡Dios mío! Los hombres son la fuente de la creación, la fuerza vital, el motor que sostiene el mundo. De verdad que, si pudiera: les lavo, les plancho y les cocino. Pero ¡ah, mi destino traidor, que hasta si compro un pastel se me quema! (bien dicen que Dios no le da alas a los alacranes).
"Es que eso no es lenguaje inclusivo, ahí hay un error grave. El lenguaje inclusivo no es usar, ellos ellas, muchachas y muchachos y poner arrobas. Eso es una búsqueda, que es muy válida como toda búsqueda de equidad, para atenuar el sexismo que tiene el idioma, pero es la forma equivocada. Hay que conocer un poco más el idioma para hacerlo de forma adecuada, no para eliminarlo porque eso está en la gramática, pero hay vocablos comunes: oficinista, poeta, periodista… son palabras que sólo podemos determinar si es hombre o mujer por el artículo que le pongamos. También podemos usar abstractos cuando se presta, en vez de niños decir niñez, no siempre se presta. Usted como periodista lo sabe muy bien, porque su trabajo es el lenguaje, y sabe cómo se usa. Es como vestir, uno no va vestido de la misma forma a cualquier lado.
Se pueden usar abstractos, comunes, nombres colectivos, en vez de decir los pobladores de Guadalupe, sino la comunidad de Guadalupe, y no porque comunidad sea femenino, es colectivo. Tiene marca de femenino pero implica hombres y mujeres  clarísimamente. O podemos usar palabras epicenas, como víctima, o personaje, que aplican a hombres y a mujeres. Ese tipo de vocablos.
De todas maneras escribir cuesta y requiere un esfuerzo mental, eso va a requerir más esfuerzo mental, cómo la gente no quiere hacer esfuerzo mental y tal vez le faltan las herramientas necesarias para ponerlo en práctica, pues recurren a ‘’los las’’ y al arroba, pero eso no es lenguaje inclusivo."

No escribo el libro. O sí escribo el libro aquí. Después de tratar con tantas editoriales y subes y bajas de lo que un escritor debe "lograr" en el escenario (¿?) me dan ganas de que el libro sólo suceda aquí. Sin ediciones, para que cualquier mano haga lo que quiera con él. Hoy desperté feliz. Feliz porque vuelvo a acostumbrarme al silencio de este desierto; el silencio de primavera que se interrumpe por el sonido burbujeante de algún pájaro. Ayer pensaba que quiero vivir en Uruguay ¿quién no quiere vivir en Uruguay? pero también quiero vivir en Barcelona. Comprar sin reparos los libros de Balash. Por un tiempito nomás, no creo en eso de que la vida tenga que instalarse en los propios deseos; también quiero vivir en Ecuador, en Cuenca. Y no es que sea la poeta que añora un viajecito al sur. Nada más quiero vivir un poco alejada de la vigilancia, el humo, y los mecanismos de infierno del norte. Ya soy especialista en el infierno. Ya le conozco el gusto. Bailo, me río, veo a los amigos como flores. Porque para eso es el infierno, para aprender a disfrutar al punto más insignificante (linda palabra: insignificante... de esas palabras que nombran algo que no existe... ¡todo significa!... nada significa, en fin). La Diva ladra cerca del callejón. Los vecinos salen a mejorar sus jardines, en el infierno. ¿No es hermoso? Es como ver la vida naciendo en el centro del humo de un hongo nuclear. Te quiero, por eso soy feliz. Eres para mí como un regalo de los que mi papá colocaba sobre mi cama envueltos en papeles rosas y moños satinados. Así es el mundo: eres mi padre. Eres la flor. Eres el infierno. Uruguay. Barcelona. La luz de esta recámara, la carta y el silencio.
Hoy he recibido varios regalos ¡wow! este fue uno de ellos, Anthony McCann:
Lo sabía, un buda dorado siempre tiene dentro una copia de sí mismos, hecha de chocolate.


En marzo siempre reflexiono sobre mi existencia. Sobre las razones por las que estoy viva, y procuro imaginar que florezco, como si renaciera. Había dicho que el cumpleaños es el primer condicionamiento del ser humano. Celebrar el cumpleaños nos sumerge en la estrecha ilusión del tiempo, nos hace creer que algo sucede cada doce meses, y que los meses en realidad están formados por un montón de días y que un día como tal, de un mes como tal estábamos naciendo. ¿Pero cómo lo podemos asegurar? Entiendo la celebración de la vida, sí. Comprendo la felicidad de la existencia, de ser testigos de un un montón de colores, de formas, de laberintos y juegos de la mente. Entiendo el festejo de la constante muerte y nacimiento de células en nuestro cuerpo, y me gusta, y lo celebro. ¡Renacemos todos los días! Pero el tiempo no es cierto. Uno crece, madura, envejece y ya está. Hoy para celebrar que estoy viva me desperté pensando en tu amor, en cómo tu amor sigue vivo aunque tú estés muerto y como -se supone- han pasado quince años. Quince de esos años con los que, dicen, podemos entristecernos y alegrarnos periodicamente y -sobre todo-: sumar. Como si los periodos de la vida fueran ladrillos o cajas de regalo y en esa continuidad uno fuera apilando, hasta que la pila termina por derrotarlo a uno. No puedo verlo así, perdón, pero no puedo. No puedo cerrar la caja del tiempo y abrir otra. No puedo colocar un ladrillo de tiempo sobre otro. Por eso en la continuidad del tiempo en el que vivo celebré hoy con una taza de café, aunque no haya nada que celebrar, con miel. Me encanta la miel. Agradezco la miel. Soy la miel. Y tu eres una flor, siempre fuiste una flor. Y la flor y la miel, bajo el sol, son la manifestación del cielo en el desierto. La miel y el sol son la manifestación de la vida en el desierto. El sol y el beso, son la manifestación de lo que no termina nunca: como yo y como tú.
De las tolvaneras de marzo, y del polvo que soltamos, sombras en las calmas, no más, Perpetuo ir y venir de regueros. Marzo los rompía, los hacía quejarse. Había afición a estas voces de orejas perfectas. El número de orejas, secreto. Nunca se les conocía cuarto habilitado. En cada uno de los aficionados, completo el grupo. Pero había también en Placeres los más vigilantes de todos nosotros. Dormían y comían poco; dormían con las almas paradas. Las almas, como a la luz de una luminaria, blancas como aparecidos, mirando, oyendo. Vigilar es templar una guitarra para otro. Las cuerdas lloran peor que palomas. Lugar de tanta luz como Placeres volverá a la oscuridad. Sombra de huesos las vigilantes, sus invenciones. Las probaban en la fuerza del cielo.

Jesús Gardea, El Diablo en el Ojo

Últimamente la vida no sucede conforme a mis presagios. Me enfermé porque no me quisiste (quisiste, linda palabra) y el dolor en la boca del estómago me duró tres días, y pospuse los talleres de la escuela libre. Entremedio hubo una lectura maravillosa, con personas maravillosas en mi casa-escuela-cielo (que no es mía porque yo no poseo nada, ya sabes -lo de la propiedad que en mi caso, aunque se trate de una silla me da no sé qué). Estoy loca, ya todos los sabemos. Y disfruto cuando otras locuras se manifiestan, como en la lectura de Sylvia, Paulo y Juan Manuel, el sábado pasado. Nos hubieras visto, Todos apretados junto a una chimenea apagada con una silla que servía de "escenario". Yo no había comido en dos días, por el dolor de estómago y, además no podía beber ni un piquito... pero vaya que disfruté tanta maravilla; a Maricela se la comió un tráfico agradable que la rescató de nuestra salita apretada, pero alcanzó a llegar y se compartió con su visita ¿No es linda la gente? Maricela habla con una vocecita tan dulce ¡es como un postre hermoso! y ahí llegó, corriendo, platicando con todos. Contenta. Ese fue el paréntesis, digo. Después mi computadora estalló echando bocanadas. Y regresé a este animal ancianito en el que te escribo. Tuve que poner un parche en su puerto. Pero el teclado es suavecito, y blanco (quisiste, linda palabra -no el verbo, no, la palabra en sí- pareciera de raíces indígenas). Luego me di cuenta que estaba envuelta en una batalla editorial y me puse muy triste. Yo me entristezco a veces por la forma en que otros perciben este mundo. Cuando los poetas perciben el mundo así, como algo pequeño, comercial y finito pienso que todo está perdido y, en este punto, sé que me equivoco. Entre comerciantes de alfombras lo comprendo. No lo comprendo entre personas que echamos a andar la creatividad por el mundo. ¡Y las formas en que esas personas me interpretan para justificar sus condicionamientos! Por supuesto que no me importa, no es porque me importe que me entristece. Me entristece porque sé que no hay solución para ellos, porque ellos creen que llegaron ya a alguna parte, y que desde esa parte pueden avanzar, conquistar territorios: crecer. O sí, si me importa; me importa cómo se contagia esa forma de percibir el mundo, generando otro falso poder. Copian lo que debería dejarse de copiar. Reproducen las estructuras del capitalismo. Creen que pueden apropiarse de un bien intelectual y explotarlo igual que los medios de comunicación explotan el dolor, el racismo y los lugares de muerte y controversia. También creen que "dan voz" a quien no la tiene. Pero todos, todos tenemos voz. Todos, todos somos visibles ¿no se han dado cuenta? Sólo somos invisibles para quien no nos quiere ver, y la percepción de quien no nos quiere ver es irreparable. En lugar de transformar lo que copian mediante el maravilloso poder creativo que tenemos todos, reproducen el poder y no perciben que su hambre de poder y de autoridad es lo que termina modificando el valor infinito de todo lo que van creando. Y, porque así es la vida ahí estoy yo, como si se tratara de una cosa: ahí estoy. Como papel, como manuscrito, como el "original" que sube y baja en manos que opinan sobre mis privilegios de haber sido escuchada por los privilegiados. No percibo las jerarquías que dan los privilegios, pero sí puedo percibir cómo los que perciben esas jeraquías creen en un mundo de inferiores y superiores que no existe. En su ilusión otorgan lugares, dan reconocimiento, entregan voz y visibilidad a los mudos y a los invisibles. Viven en la ilusión de los sensatos. Usando lo que definen como justicia para abusar de los creadores. ¡Abusan del motor que los sostiene! y creen que (dentro de cofres carísimos, envolturas delicadas, diseños lindos) nos dan voz, lugar, visibilidad pero ¿no es al contrario? Y no, yo no quiero poder, yo no quiero avanzar, yo no quiero crecer. Porque naturalmente avanzo, crezco, nací con el poder de manifestar lo que imagino, fuera de mí, de forma tangible. Mis deseos son más simples (unos cuantos kimonos y besarte) y aún así, tampoco los alcanzo.
Decidí entrar a un sistema de citas por internet con el único objetivo de hacer mis obsesiones a un lado. Mi Guru visita El Paso este mes y no podré estar en su seminario ¡Tengo mucho trabajo! ¡Cuánta tristeza! Con el sólo fin de distraerme un poco de mis obsesiones de estos últimos meses, entré a esta plataforma de citas. Pero ¡demonios! no me gusta ninguna de las 158 posibilidades de "match": ¡tú no estás entre ellas! Son demasiados perfiles, así que comienzo a descartar: fotos con hijos-no, fotos junto a su automóvil-no, fotos con el torso desnudo-no, fotos en el gimnasio-definitivamente¡no!, cuerpo de calendario-no, fotos de carteras con billetes-no, muy hipsters-no, muy blancos-no, muy negros-no, muy latinos-no, muy asiáticos-no, muy árabes-no, muy browns-no, muy jóvenes-no, muy viejos-no, muy felices... ¡muy felices! oh, ¡se parecen a ti¡-talvez-pero-no. ¿Podrás creer que de las ahora 168 opciones ninguno tiene una acentuada barbilla interesante como la tuya? ¿Ni una sonrisa como la tuya? ¿Ni entusiasmo como el tuyo? Ninguno usa zapatos rojos, ninguno es un mago vaya, ninguno es melancólico-aguerrido. Bueno, es que no puedo creer que de las 178 opciones que ahora tengo ninguno seas tú ¿Cómo es que internet no puede pronosticar que somos el uno para el otro: sin ganas de compromisos, sin ganas de tener hijos, sin ganas de conducir automóviles, sin ganas de ir al gimnasio. No hay una sola foto de alguien sentado frente a una variedad infinita de postres, por ejemplo. ¿A ningún hombre le gustan los postres? ¡Por favor! Debo admitir que también diría no a quien pusiera una foto en pants-como-tú. Debo admitir que si te hubiera visto en pants pasearte por ahí, por donde andabas en pants, sencillamente hubieras pasado despercibido para mí ¿Cómo no te conocí en pants de una vez por todas y te dejé pasar? Esta bien, pondré que sí quiero conocer a ese peruano intelectual que trabaja diseñando tecnología. ¡Pero qué estoy haciendo! ¡No! ¡No-no-no! ¡Demasiado nerd! Me rindo.
Foto: Jorge Esquinca

Necesito un güisqui doble: te necesito. ¿Ya les había dicho que me gusta la palabra "necesito"? No el verbo, la palabra en sí, me parece un pimpollo, algo recién nacido. En fin. Decía que necesito mis botellas de cognac. Este día estoy en el derrumbe. Con un montón de archivos en cuarentena, con la mañana perdida tratando de configurar un nuevo router. Nada es verdad. Las experiencias que nos introducen al conteo del tiempo son de lo más absurdas (había puesto "vulgares" pero corregí): toda la mañana para configurar el router nuevamente. Así pasó, a media mañana estaba a punto de salir de aquí enfurecida, a tirar dinero en un router distinto, pero insistí y aquí estoy, en la página de mi descanso. Pensando que la mañana que iba a emplear en leer eso que leo ¡y de lo que aprendo tanto! ya se ha ido, y yo sigo en pijama. Preguntándome en qué momento comenzó a llover y dieron las tres de la tarde ¿No sería momento de comer algo? No hay habichuelas que me consuelen hoy. El cielo es gris. Y es marzo. ¡Marzo! Dos meses más y regreso a Los Angeles, y todavía no comienzo el libro que vine a escribir, envuelta en mis proyectos, en mis obsesiones. Casi puedo apostar que mis obsesiones surgieron no sólo por amor, sino como una forma de evadir el libro. Agamben es sólo un pretexto, mi fascinación por lo que me fascina es sólo un pretexto para no vivir la escritura que me espera, puedo sostener una conversación por escrito sobre casi todo, pero soy incapaz de escribir el libro que vine a escribir al desierto. No es el lugar común de la página en blanco lo que me aterroriza (como podrán ver en esta plataforma de inmediatez), me aterroriza lo que tengo que escribir lo que sé que es inevitable, irremediable, irreparable. Uno quisiera siempre tener esperanzas, pero con los libros no se puede mediar o llegar a un consenso; la escritura exige, ordena, obliga. No son lo mismo las conversaciones de amor, las prefiero. Las disertaciones con mis amigos: ¿existe la justicia? ¿el criterio es un juicio? ¿hacer es deshacer? ¿Todos nuestros condicionamientos parten del lenguaje? ¿Qué es el lenguaje? ¿La forma en otros nos interpretan? ¿Nuestro cuerpo es lenguaje? En fin. Esas cosas que uno puede pensar, sobre los esclavos que recogen frutos sometidos por los que se dedican a cazar esclavos, y quienes a su vez son sometidos por otros que se dedican a reclutar a cazadores de esclavos y así. Todo es mejor, es más claro que escribir el libro ¿o a caso ya lo estoy escribiendo? No, pero así no era. Esto no puede ser así. Hoy no es mi día. Marzo.