Hay cosas que me parecen tan lejanas, como este libro INTERVENIR, cuya pesadilla de publicación ya les he comentado pero, aún así, me da gusto que todo el entusiasmo con el que Rodrigo y yo escribimos este libro haya sobrepasado cualquier infierno. Los lectores jóvenes han puesto atención a nuestro experimento que consistió, de cierta forma, en un esfuerzo por borrar nuestra identidad como autores y entregarnos a la experimientación de poéticas bien distintas a las propias. Aquí (THE THREE PERCENT) pueden leer la reseña en inglés: esta es la traducción de la reseñ:

                          
                
                              Tuve que leer primero 44 páginas de Intervenir/Intervene antes de darme cuenta en que andaban Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez.  De forma recurrente en estas 44 páginas -y por todo el libro- hay palas, palas como golpes en la cara, lobelias -ajá! Palas y lobelias; jardinería, violencia, plantas germinando. Secretos enterrados floreciendo. Eso parece tener completo sentido.

Intervenir/Intervene es vendido como un libro de poesía. Lo cual es cierto. Pero, otra vez, no es una poesía que obedece las reglas que, supuestamente, la poesía debe seguir. Declaro esto en el año 2016, mucho después de el verso libre y el postmodernismo hayan hecho lo mejor para arruinar la poesía formal. Incluso en la época del "art performace" fácil y el "experimentalismo" hueco, existen trabajos que recuerdan a los lectores hastiados como yo que hay algo de valor en lo que se posiciona bajo la muy amplia sombrilla del avant-garde. Intervenir/Intervene es esa clase de trabajo.

Es fácil juntar unas cuantas palabras para confundir, para impactar o demostrar genialidad. Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez no le están haciendo al lector ningún favor, pero no están comprometidos, simplemente, con una experimentación vacía. Tienen una meta imposible: articualar lo que frecuentemente permanece no dicho, lo brutal, la violencia señalada de su país, México. La traductora Jen Hofer le llama a eso "la guerra sucia mexicana". Qué impresionante ver este término aplicado a lo que muchos de nosotros desestimamos como simple corrupción política, un término que parece insustancial comparado con "guerra sucia", que se aplica más comunmente de forma retroactiva. Pero este es una guerra sucia contemporánea  y aún en marcha, cuyas víctimas son desconocidas ampliamente. Porque no pueden hablar, Dorantes y Flores hacen lo imposible para darles voz y para mezclar esas voces, sobreponerlas, interrumpirlas -interviniendo. Los lectores podrán desorientarse por la presentación fragmentada, pero el acercamiento elíptico y abrumador culmina en un sentido de entendimiento. Este no es un libro fácil, pero tampoco ese es el tema.


Intervenir/ Intervene sorprende. Hay una emergencia de voces mencionada antes, lo que pareciera libre de todo estilo, pero también, de hecho, estructura. Del caos aparente, emerge una página de poesía directa:

          A mi urna
          A mi museo
         A mi ladrido
         A mi dolor
         A mi fondo

          vengo
   
          desde un país de ceniza
          desde un océano de sangre
          desde una ciudad inconclusa
          desde mi cabeza desierta
          desde la boca sin los dientes




Aquí tenemos una anáfora y unas lineas y estrofas arraigadas de forma justa, Una verdadera rareza en pasajes como:




El efecto disloca las expectativas del lector, incluso cuando sus expectativas ya han sido verdaderamente dislocadas. Todo es posible en este libro, igual que en un país como México, un lugar de belleza inmensa y de tremendo sufrimiento.

Intervenir/ Intervene, es un libro de poemas y un estudio corto de traducción. Jen Hofer cierra el texto con las notas de su proceso, que en ocasiones es tan elusivo como la poesía. Este es un libro de lenguaje dual  que subvierte y envuelve los dos lenguajes. Es un libro político que nace en parte de Dolores Dorantes, escritora exiliada de Ciudad Juárez, que alguna vez se resistió a que su poesía fuera traducida al cultaralmente dominante inglés. Es una declaración de lo absurdo ante la comunicación de la violencia y la tragedia de guardar silencio a su paso.
Muy pocas piezas de arte tienen la facultad de lograrse a tantos niveles.

(el libro completo pueden leerlo y descargarlo de forma gratuita, aquí: )




Gracias al autor de esta reseña.------Vincent Francone.
¡ven!


No sé qué me trae aquí hoy. Quizá la vocación. Cuántas veces me han preguntado "y eso ¿por qué lo haces?" pues porque es mi trabajo, respondo. Y cuántas veces a otros les parece absurdo que uno desligue su trabajo de un sueldo, o una ganancia forzonamente económica pero ¿de qué otra forma se puede ser escritor en estos tiempos del exterminio? La resistencia parte de ahí, supongo. Está implícita en el hecho de continuar siendo escritora a pesar de las circusntancias, sin ninguna empresa o mercado que dicte lo que debo escribir o hacia dónde debo dirigir mi pensamiento. Nadie me dice: escribe esto así, dí esto otro. Tal vez por eso me alejé de los medios de comunicación impresos porque, a fin de cuentas, siempre que hay un editor supervisando tu trabajo hay una línea editorial que te utiliza como pieza de un juego. Hace unos años me solicitaron, por ejemplo, colaborar con la revista Letras Libres en un homenaje a Nicanor Parra. No es que no me interese Nicanor Parra, lo que no me interesa es construir un homenaje en mi cabeza, de algún escritor que, hasta el momento, yo no había pensado homenajear. Me encanta su trabajo, pero mi mente ha fluído más bien un poco sola en cuanto a preferencias homenajeables. En otra ocasión, me pidieron una colaboración para la revista  vasca Zurgai, en un número dedicado a Ernesto Cardenal y otro número que se títulaba Versos por la paz... y contra el miedo,  participé en los dos números. Si alguien me pidiera colaborar en un número dedicado a Gunnar Ekelof, por ejemplo, para mí sería genial. Pasé diez años traduciendo uno de sus poemas, Ayiasma, usando el diccionario y comparándolo con otras traducciones que aparecieraon del mismo poema al inglés, me encanta la poesía de Aese Berg, por decir algo, sueca también y de Johannes Goranson, sueco-americano, traductor de Berg, Las vocaciones son un tanto caprichosas; cuando las vocaciones abandonan su adherencia a proyectos inexplicables para dar gusto a otros, se convierten en simples habilidades utilizadas en nombre de vocaciones funestas: como establecer rebaños de intelectuales opinando sobre lo mismo, o escribiendo de la misma forma, creando "corrientes" que pertenecen a un sólo lider: el miedo (miedo a no estar haciendo lo correcto, miedo a no formar parte, miedo a pasar desapercibido). Lo funesto, y bien lo analizó mi querido Foucault, tiene que ver más con neutralizar y limpiar, que con aceptar el organismo vivo que somos, y como tal, un organismo en constante descomposición. Quizá lo que intentamos desesperadamente es borrar esa descomposición cuando la vemos en los demás y no soportamos que alguien no coincida en participar en un homenaje a quien, de acuerdo a nuestra compostura, "hay" que homenajear antes que la muerte nos lo arrebate: miedo a la muerte, esa borradura que nos empuja con prisa a los precipicios de lo correcto y nos dice: ¡vamos, buen hombre, camina hacia esa orilla, allá donde no estoy, acercate más... más! y ahí vamos, homenajeado porque homenajear es "bueno" incluso cuando no nos había pasado antes por la cabeza. Damos valor a esas cosas. Tal vez por eso quería venir hoy aquí: a darme cuenta que no creo en los homenajes, ni en lo bueno y o lo malo. Sino en los caprichos de la vocación. y la vocación tal vez sea un llamado que necesitemos escuchar más allá de lo que nos dicen ciertas estructuras sociales en las que vivimos inmersos.
Tal vez quería venir aquí, porque no me siento bien, no me mal entiendan, no es un problema de conciencia: no me siento bien físicamente. Una gripa fulmimante, un medicamento para la fiebre y dos asesinatos en mi barrio en menos de 15 días me han puesto a pensar de manera un poco exaltada en estas cosas. Pero miren ya, ahora tomo un café con leche y, tal vez, mejoro.
Oaxaca, México.,



Ha sido una semana muy difícil para todos, una semana siguiendo y previniendo las reacciones que tomaría el gobierno mexicano a raíz de las manifestaciones de la CNTE (Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación) en contra de una reforma educativa que, lo sabemos todos, conduciría a la desintegración de uno de los sindicatos más importantes de México. La invasión por parte de las empresas transnacionales que inició con el TLC, y que comenzó sus claros procesos de exterminio durante la toma de poder de Felipe Calderón avanza sin tregua, utilizando la administración gubernamental como brazo ejecutor de las tomas de territorio. No me sorprende que el CNTE se levantara y decidiera luchar. No me sorprende tampoco que muchos de nosotros hayamos decidido apoyarlos. Esta semana fue difícil, como les decía, pero anoche comenzó el enfrentamiento real. Más de treinta personas desaparecidas, seis asesinadas y cincuenta heridas es el saldo de la primera confrontación directa en el Estado de Oaxaca. Un estado indígena. Indígena, como yo, como mi abuela, como mi madre. No lo menciono sólo por el orgullo de mi códice genético, lo menciono porque es ahí, desde lo indígena, donde la resistencia se ha dado por siglos en contra de la construcción de un Estado que intenta exterminarnos. ¿Qué más les puedo decir?  ¿En verdad piensan que exagero? En estos momentos tan oscuros, cuando veo mi raza (la raza sabia, la raza trilingüe, la raza que nos da educación) defendiendo la tierra con el cuerpo (otra vez), cuando la supuesta guerra contra el narco muestra su verdadera cara: el desplazamiento para limpiar los territorios de un país invadido para saquearlo a costa de la vida del pueblo mexicano; cuando los únicos que deciden poner el cuerpo para defender esa tierra son los de siempre, dispuestos a morir, a desaparecer me doy  vergüeza. Me da vergüenza tenerle miedo a la tortura.  En México llegó el momento de poner el cuerpo, porque lo intelectual no basta. ¿Y qué dice el premio nobel norteamericano de la Paz a todo esto? ¿Qué dice el Premio Nobel de la Paz, el primer presidente de color de una superpotencia de que su vecino sea la alfombra donde las corporaciones esconden los escombros de su exterminio? Mientras a los indígenas les bloquean las salidas, Carlos Slim tiene autopistas privadas, para transitar por donde le plazca ¿él no es sospechoso de nada? Carlos Slim que ¿da la cara por quién? ¿creemos que todo ese dinero es sólo suyo? ¿que toda el agua privatizada en el norte del país es sólo para él? Estoy enojada. Ustedes saben que, desde que intentaron matarme, ya no escribo así pero hay momentos, hay momentos donde valdría la pena permitir ser reventado. valdría la pena usar el cuerpo como una barricada. Porque ya no es lo mismo sólo pensar como poetas, y augurar como videntes, sanar como brujos, leer el amor en las estrellas. Hay momentos en que hacen falta cuerpos para suplir a los "desaparecidos". para formarse en la línea de los siguientes que van a desaparecer, para renovar la maquinaria porque, seguiremos naciendo, les guste o no, en la tierra que nos corresponda..



Estoy muda para mí. Así. Puedo venir aquí y contarles lo que me sucede: las circunstancias de lo que me sucede pero, sencillamente si busco una respuesta. de mí para mí, a lo que me sucede no la encuentro. Hoy me tiré las cartas del tarot, tampoco supe cómo interpretarlas, es como si para cualquier conversación conmigo estuviera negada. Incluso me siento incapaz de tomar ciertas decisiones porque no oigo en mí la respuesta. ¿Desde cuándo comencé a dudar de las decisiones que tomo o que estoy por tomar? Tal vez desde que comencé a creer que quizá había una forma de razonar para tomar "mejores" decisiones. El resultado ha sido el simple nacimiento de un abismo. ¿Dónde quedó mi seguridad para terminar con lo que tengo que terminar, para interrumpir lo que decido interrumpir, para echar a la basura, o al viento, o al drenaje, lo que tengo que echar? No sé. Cambió mi percepción de lo que vivo, parace. Me estoy adaptando, parace. Y en ese proceso de adaptación quisiera asirme de las mentes que tengo más "a la mano". Mi amiga Lucile, por ejemplo. Me sorprende consultar con ella algunas cosas antes de decidir, y después darme cuenta que no voy a decidir nada, sólo necesitaba conversar sobre las circunstancias, que a mis propios ojos resultan extraordinarias, increíbles. ¿Qué me pasa? ¿Se me olvidó cómo es el mundo y ahora me sorprende? ¿De dónde nacen las expectativas que pongo en las personas con las que me relaciono laboralmente? ¿No es curioso que no tenga una sola expectativa de las personas con las que me relaciono íntimamente, emocionalmente? Es decir, mis seres queridos: no espero nada de ellos. Me gusta que sean como son, que estén cuando quieran estar, que se vayan cuando tengan que irse. Pero cuando comienzo a relacionarme con situaciones que involucran mi trabajo mi percepción comienza a exigir que las personas con las que me relaciono no sean avariciosas, no intenten utilizarme, valoren mi trabajo sobre mi "historia", que no alimenten un mito, que respeten la situación vulnerable de cualquier exiliado, que no exploten el dolor de un pueblo usándome como pretexto, etc. Termino decepcionada, y peor aún, enojadísima, hace años que no me enojaba pero tengo tantas expectativas puestas en mi trabajo que, uf, la vida me rompe el corazón a cada paso, en cuanto comienzo a negociar una publicación, por ejemplo. Hoy tuve ganas de desaparecer, de ser otra persona, de no llamarme como me llamo. Tengo otro nombre, por cierto. Tengo dos nombres más. No seudónimos: nombres. Me gustaría adoptarlos y borrar mi vida. Borrar mi identidad. Borrar los vínculos que he construido. Comenzar en un lugar que me sea desconocido y para el que yo sea desconocida. Comenzar, qué palabra tan falsa. Nadie comienza nada, uno sólo aborda cierta continuidad. Pero nos encanta romantizar el mundo. Creer que podemos hacer algo, transmitir algo, comenzar algo. A mí me gustaría poder dejar de pensar, dejar de ser yo, dejar de venir aquí cuando necesito un descanzo, dejar de percibir. Me gustaría ser como una línea estable y continua, linda y estable, brillante y estable, anónima y estable. Estable, sin identidad. Sin historia, sin mito, sin ficción.  Soy tan arrogante. Tal vez por eso la vida me asigna encrucijadas como las que vivo pero ¿Qué creo que es la vida? ¿No es acaso una especie de campo minado, de selva mediática, de páramo monetario rodeado de aves depredadoras? Bueno, pues mi vida no. No quiero vivirla así, no tengo tiempo para vivir pecho tierra, ni para cuidarme de de los monitores, tampoco tengo tiempo para empuñar un tenedor y proteger mi dinero. Tengo muchas cosas que hacer; cuidar una mascota, un jardín, leer, escribir, enamorarme. No tengo tiempo para defender un mito ni para construirlo, no tengo tiempo de adoptar el papel de la escritora.  ¡Es ridículo! Yo solo soy yo, y escribo, como cualquier otra persona cose zapatos, es guardia de seguridad en tiendas departamentales aburridísimas, o pasa las horas frente al televisor. No me interesa la vida internacional como estrategia. Soy tan arrogante y la carencia de agradecimiento por la fortuna de estar viva me ciega, me inmoviliza, me impide conversar conmigo. Tal vez solo sea miedo, en cuanto siento amenazada mi intimidad comienzo de prisa a construir obstáculos mentales a lo que "se presenta". No sé, me he vuelto incapaz de saber cualquier cosa, de responder cualquier ofrecimiento. Tampoco creo que este estado sea permanente, así que no se preocupen. Voy a ver dónde me dejé y regreso.
Me ha parecido largísimo el tiempo que no he venido aquí. Me siento muy cansada. No entiendo bien a bien por qué.  En estos días que no tuve una buena computadora y que decidí volver a una computadora viejísima pero que resultó mucho mejor que la que había comprado (me tomó tres días repararla -tal vez por eso me siento cansada; o porque arreglé el jardín, o porque rediseñé el porche, o porque comencé a guiar la enredadera) parace que han sucedido muchas cosas. Una de ellas me tiene muy contenta: la publicación de Estilo en una editorial de Bruselas, traducido al francés por Cathy Fourez. La semana entrante es la presentación. En Paris.

Estos días me he sentido muy sola. No me mal entiendan, no he estado sola, al contrario: me he sentido tan sola que cada compañía que se acerca a mí me conmueve, me parace grandiosa. Me he sentido sola en las pocas horas que me quedo sola en casa, pero no hago más que sentir ese pequeño vacío cuando bum! alguien llama, toca la puerta, envía un mensaje al whatsapp, me invita para acompañarlo a alguna parte. Tal vez ese sentimiento de soledad que me aborda tiene que ver con que nunca me quedo sola realmente, con que no he podido profundizar en esa especie de tristeza que se asoma unos minutos y se borra inmediatamente, conmovida por la gente que me rodea. 
Ayer vinieron mis amigas, comieron helado, bebimos cerveza, nos reímos unas de otras, son mujeres adorables, con mentes adorables y problemas adorables.
Tal vez me siento sola porque Diva ha empezado notablemente a envejecer, tiene suelto el ligamento de una patita, necesito ayudarla a subir y bajar de la cama, a medio día pone cara tristísima y juega con su hueso por muy pocos minutos. No sé, no siento esta soledad como otras soledades, como otras veces. ¿Qué pasa conmigo que si dejo espacio para pensar se manifiesta esta tristeza extraña, como de niña que ha perdido algo? No la entiendo. Me da risa en estos momentos no entender, generalmente detecto de dónde viene mi tristeza o de dónde surge mi decepción pero esta vez es distinto: soy profundamente feliz con casi todo, pero en cuanto hay algun silencio algo sucede algo como esto, ahora que escribo, una especie de conmoción que se corta en cuanto pienso en mis amigos, y se transforma en felicidad, en gozo. Este es un sentimiento nuevo, que debo observar, un sentimiento desconocido. Me siento tan afortunada y tan sola al mismo tiempo, eso genera un shock en mi percepción y comienzo a creer que todo lo que percibo pasa únicamente en mi imaginación, que la realidad que veo y con la que convivo no es real. Que mis amigos y yo no tenemos una relación real. Que lo que yo creo que es no es, que lo que yo creo que hago no existe. Que el vínculo con los otros es realmente un vínculo hacia mi misma y es ahí cuando me detengo, porque me da pánico, me provoca vértigo.
Tengo muy presente el ragalo que me hizo mi amigo Shawn para mi cumpleaños, me envió un mensaje: "que apartir de hoy se cumplan todos tus deseos sin generar apego alguno". ¿Será esto?