Hola, lectores. Mil disculpas por las últimas publicaciones. Si están suscritos a este blog les llegan automáticamente hasta las cosas que apenas estoy corrigiendo, pero ayer fue el colmo. Hackearon mi cuenta (como hackearon la cuenta y los emails de varios amigos míos este mes) pero ya están libres. Continúen siguiéndome. Este blog no es de odio, sino de reflexión; mientras reflexiono a veces siento odio pero también siento muchas otras cosas. Tampoco es pornografía, aunque lo he pensado cuando nos faltan recursos para uno que otro proyecto, pero esa es una dependencia que cuesta muy caro producir: uno, quiera o no, involucra el cuerpo. Yo sólo involucro el cuerpo con cosas del destino. Me pregunto si los hackers que actúan con tanto odio serán conscientes de que están involucrando también su cuerpo. Cuando uno desafía, hasta de la forma más anónima, el cuerpo está ahí, presente, el cuerpo se manifiesta en lo que hacemos como el punto localizado desde donde transmitimos lo que somos. ¡No podemos librarnos del cuerpo todavía! Hackear es una virtud que contribuye y contribuirá a la transformación del mundo. Yo creo en un mundo lindo. No importa cuánto odio ande por ahí, yo creo que el amor vence el odio, no importa cuántas veces hayas metido el cuerpo donde no deberías. Yo creo que el fuego del amor lo puede todo. No me arrepiento de los lugares y los otros cuerpos donde ha estado mi cuerpo. No me arrepiento de lo que hago y de lo que soy. A veces me arrepiento de lo que digo. A veces también me arrepiento porque no me arrepiento.  Debería arrepentirme, pienso. Chicos, ustedes tienen superpoderes. Son fantásticos y mágicos, sin arrepentimientos. ¡Qué chingón!
Probando-probando



Gracias: Carlos Aceves
Cemelli de Aztlán.
Louie Speaking Eagle 
y Ariel Vercelli
por colaborar en esta búsqueda que
contribuye al camino de nuestro Cielo Portátil
OllínIlhuicani (el portador del cielo en movimiento)
y que no se detiene aquí, sino que avanzará hacia los
idiomas realmente sagrados y vivos: los indígenas.

PD. Si conoces náhuatl y piensas que nuestra versión se puede mejorar, por favor escríbenos a cieloportatil@gmail.com. Si puedes colaborar con la traducción de Cielo Portátil en otro idioma indígena ¡colabora con nosotros! ¡te necesitamos!
No tengo tiempo. Cuando no tengo tiempo es cuando más necesidad tengo de estar aquí. No sé en qué momento llegó el jueves. A veces, parece, que todo lo que soy se resuelve aquí, en esta página. Así es como se forman mis pensamientos negativos. Comienzo a creer que todo lo que hago está mal. Incluso, venir aquí. A jugar a esto. A esto que parece que es mi vida. Cuando en realidad, esto no es ni la décima parte de lo que vivo ni el setenta por ciento de una realidad. Me sirve. O me ha servido, sí, para zafarme (ah, zafarme, nunca había escrito antes esa palabra) para zafarme de cierta opresión que siento a veces. Sobre todo cuando tengo el tiempo encima. ¿En qué momento esto se volvió el jueves? Tengo una maleta que no he desempacado. Un árbol navideño que no he devuelto a su caja. Una biblioteca que es una montaña de papeles. Yo recuerdo que fue el lunes cuando el tiempo comenzó a perseguirme, el martes cuando dije "me rindo" y comencé a observar mis obsesiones. Obsesiones de años. Decidí cortar con algunas de ellas: el desarrollo de la política y las intervenciones en Latinoamérica, los indígenas presos en todo el continente y las causas que defienden, el transcurso de los refugiados y las fronteras que se han ido cerrando para ellos, West Bank en Palestina; los condicionamientos y los sistemas inductivos en la educación pública, etc.  Un sólo día sin monitorear esos temas y bum! me sentí vacía. La primera opción fue entonces venir a escribir aquí, y también me detuve. ¡Basta! ¿Por qué todo hay que escribirlo, documentarlo, contarlo? Pero además es todo como yo lo percibo, todo como yo lo documento, todo como yo lo enumero. Todo tiene que ser a mi manera. Entonces dejé pasar la visita a esta blog, porque seguramente hubiera entrado a escribir sobre la estrategia invasiva que se instala en Sudamérica tomando Argentina como base de operaciones. No, no vine a escribir de eso. Vine a escribir lo que se siente estar absolutamente vacío inconscientemente, con el "tiempo" colmado de cosas por hacer. Vacío sin querer ver hacia el vacío. Me asomé: nada. Me invadió la ansiedad. Pensé en romper el cristal y sacar algo de emergencia para dormir. ¡No! Todo sería peor, tengo eventos todo el fin de semana. Me dormí y en el centro del sueño se levantó el pánico. "Nada de lo que he hecho existe. Nada de lo que soy existe. Todo lo que está aquí no es real. Esto que me rodea no es real". Entonces me levanté a escribir. Mejor que tomar algo para dormir, supongo. Y no. Esta no es la historia de mi vida y aquí no hablo de mí. Parece, sí. Parece que hablo de mí, que doy opiniones y, a veces, incluso, parece que alguien más piensa por mí, pero no. Yo no tengo siquiera la certeza de que existo; no sé a ciencia cierta si lo que vivo es real, si a lo que dedico mis pensamiento es realmente "algo" o nada. No sé si estoy aquí o en una nube de un cielo que intento traducir, sin esperanzas. No sé si todo lo que me hace llorar es el golpe del odio al que me abro, o si es todo lo que he visto, de tantas formas, tantas que a veces ya no sé, ya no sé tampoco si lo he visto. Estoy pesimista hoy pero no me hagan caso, acuérdense que cuando esto aparece en mi blog yo ya no estoy aquí, en este tiempo. Ya estoy en otro sitio buscando frambuesas para el desayuno... oh! wait ¿esa es otra obsesión?).
Creces despacio y fácilmente. Te gustaría trepar más rápido en la carrera contra el mañana, donde domarás las palabras y recitarás una poesía fervorosa, impulsada por el poder del amor y la obligación de la defensa de la tribu. Eso, lo que es secreto y escondido se abre a las palabras y se abre a la conciencia. No es un juego, como piensas, sino la manifestación del vistazo latente emergiendo en la manifestación. Tú siendo palabra y la palabra siendo tú.  No conocerás la diferencia entre el enunciador y el enunciado. Invocarás al mar y volcarás el cielo y el pozo será un frasco para conservar el sonido del murmullo del viento y el cielo un mar colgando de las nubes.

Mahmoud Darwish

Ah, querida Clarice.



Y, con ustedes, el momento de los poemas felices:

Saludo a todos los que me leen
Tendiéndoles el sombrero largo
Cuando me ven en la puerta
Apenas la diligencia se levanta en la cima del monte
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia cuando la lluvia es buena
Y que en sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten a leer mis versos.
Y que leyendo mis versos piensen
Que son cualquier cosa natural----
Por ejemplo, el árbol antiguo
La sombra en que cuando niños
Se levantaban con un balde, cansados de brincar,
Y limpiaban el sudor de su frente
Con la manga del delantal rasgado.

Alberto Caeiro
Bueno, pues aquí mi traducción de la reseña que apareció en el blog de la NY Public Library en diciembre pasado y de la que no me vine enterando hasta hoy. ¡Bien por nosotros los escritores de Intervenir/Intervene. Y gracias otra vez, Ian Baran.

Como el título lo sugiere, Intervenir/Intervene de Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sanchez, traducido por Jen Hofer, tiene que ver con intervenciones en la escritura, en el habla, en escuchar. Estamos siendo intervendidos en nuestra lectura y los que leemos esto en inglés estamos leyendo a través de otra intervención y la respuesta de la traductora Jen Hofer. Incluso dentro de la estructura de intervención nos llegan piezas de poesía del poeta argentino Héctor Viel Temperley, cuyo trabajo claramente alcanzó gran audiencia tras su muerte en 1987, y del cubano José Martí.
Dentro del texto nos gritan, nos susurran, nos cuentan secretos, nos dan órdenes y somos guiados hacia un panorama nuevo que nos deja imaginando qué sigue. Estamos leyendo poemas que algunas veces tienen una estructura y otras veces se construyen a sí mismos dejándonos en la frontera del intento autoral.

Pg. 70

"Sólo soy mi país
VOY A INTERVENIRTE
HASTA QUE MUERAS

Los libros me hacen daño
porque no sé llorar

Al libro hay que matarlo
y meterlo en un museo"

Después en la página 106:

"No soy una paloma. No soy
una bandera. Todavía vivo. El odio nos da las ilusiones: el marcador puede ser pasajero. Cuando abordo tu historia mi escritura revienta.
Esta mañana nadie puede ser una flor."

pag. 112

"Peligroso es cruzar una calle ondeando la bandera
No, una escultura dibujando tu nombre."

Pag. 160

"Un tiempo mi tarea fue escarvar porque creí
con devoción que algo me esperaba. Bajo tierra.
Sólo encontré basura. Basura"

Lo que Dorantes y Sánchez hacen es crear un arsenal de voces, se enredan en nosotros desde la página, gritando, susurrando y pasando de largo, etc. Al hacerlo, están interviniendo nuestras vidas, están creando un poema acción que cambia constantemente y ocupa un lugar cada vez que lo abrimos. Aquí, los distintos versos se conectan en diferentes momentos, y por eso forman un cuerpo creativo, también obligan a una reconciliación con la poesía, esa clase de poesía que te crea cierto anhelo emocional por múltiples momentos.

Pongo otra vez la reseña original en inglés, aquí.


Tres de mis libros están para descarga gratuita en PDF dentro de un proyecto lindísimo que coordina el escritor Luis Eduardo García. El proyecto se llama "Poesía Mexa". Soy mexicana, ya saben, me han nombrado chapina honoraria y me considero también boliviana de corazón; mi mente viaja muchísimo a Uruguay y ustedes saben que amo, adooooro Ecuador. Qué decir de Nicaragua y Honduras, pero total que ahora me siento más mexicana que nunca. Me encanta que se estén compartiendo los PDF para descarga gratuita y así nos podamos leer más y mejor. Ojalá el proyecto crezca y podamos consultar una sección de poesía universal en traducción ¿no?. Total, si ya Google pretende expropiar nuestros bienes intelectuales para sus conveniencias ¿por qué no mejor compartir desde nuestro ronco pecho? aquí el link a POESÍA MEXA. Igual y al rato hago mi paginita, amparándome en el fair use y subo mis traducciones clandestina de Darwish y Ekelof. Visten la página, pues.
Doce de marzo, algo tenía que pasar ¿no? habíamos librado bien el día, leímos de forma relajada hasta las diez de la mañana, escuchamos una entrevista con una de las traductoras de Giorgio Agamben, desayunamos apropiadamente. Después nos enfocamos en trabajar en el jardín, limpiar la parte de enfrente, escombrar el patio: trabajo duro, pero de la mano con las plantas y sus voces. terminamos. Nos metimos a bañar para quitarnos la tierra del trabajo de encima, Diva quiso salir y de repente, estaba otra vez acorralando a un gato en la última esquina del jardín de la casa, al final de un pasillo. No es la primera vez que Diva acorrala un gato en esa esquina, y tampoco la primera vez que el gato escapa.  Así que me cansé de llamarla, yo no estaba vestida, ya me había quitado las botas para entrar a la tierra, estaba envuelta en una bata de baño, etc. Los gruñidos de Diva se hicieron más profundos; esa especie de ronroneo y maullido del gato amenazado se intensificó. Me puse las botas, una camiseta, salí al pasillo y escuché a diva chillando-ladrando, al gato haciendo fzzzz y cuando llegué era demasiado tarde: Diva había pescado al gato y también unos cuantos rasguños. El gato estaba vivo; como pude me le eché encima (a la Diva, no al gato), generalmente Diva me entrega las presas, ¡me ha entregado pájaros intactos! pero esta vez se negaba a soltar. Le abrí el hocico con las manos, el gato pataleaba y seguía con su fzzz no pude ni tocarlo (habrán de imaginar) herido (o despedazado) corrió como alma que lleva el diablo y nosotras entramos a la casa.  Diva aceptó silenciosa y vergonzosamente (supongo que fue vergüenza, tal vez era decepción por haber perdido a su presa, no sé) su responsabilidad en el ataque, Yo comencé a dar vueltas pensando en el gato ¡y en la vecina! que no tardaría en tocar la puerta, supuse. Me temblaban las manos, no salí con heridas; busqué en la Diva: tampoco, si a caso las marquitas de las garras, hasta donde permitió revisar. Me senté en la cama, y vaya, sopesé el evento: pescó al gato. ¿Por qué estoy tan alterada? No terminé el capítulo de Foucault que estaba leyendo, no pude continuar. Estaba con las botas puestas, llenas de tierra, otra vez con tierra por todo el cuerpo ¡y peor!, baba, sangre de gato y pelos de Diva en la ropa. ¡Demonios! Tuve que poner orden, retroceder al lugar donde estaba, quitarme la ropa, meterme al baño, escuchar a la Diva jadeando en su camita, asustada. Me dolían los brazos. De qué manera simple se altera la vida. De qué manera simple uno la retoma.
Jesús Gardea


Desde ayer pienso y pienso en Gardea; sí, Jesús Gardea, el mejor escritor contemporáneo de mi expaís. Ya son 15 años de su muerte. ¡Increíble! pero para beneplácito de muchos ¡somos eternos! encontré una "reseña" (o sabrá dios qué será) que escribí sobre "El Biombo y los Frutos" en La Crónica hace 15 años. Habrán de perdonar, hubo detalles de la novela que olvidé, como la descripción tan precisa de la mujer, que regala Gardea en ese libro, con tanto dolor por su muerte, tan repentina. Es una novela que adoro, junto a "El árbol cuando se apague". Uno de los mejores regalos que mi corazón ha recibido en la vida. Pero , ¡hey! espero más regalos de la vida aún, no doy por terminada mi satisfacción en este mundo... hablaba de Gardea, pues nada: que lo adoro, que todo mundo debería estarlo leyendo, que sus libros no están en PDF pero búsquenle, valen la pena. Un homenaje a Gardea y al dolor de perderlo está plasmado en Septiembre, uno de mis libros enlazado con epígrafes de su cuento "De Alba Sombría". Hay que leer a Jesús Gardea, sin duda. Cuado la literatura de Gardea se detuvo, los narradores mexicanos ya no supieron que hacer y comenzaron ese sinsentido tan popular llamado la "literatura del narco". Murió y se truncó un camino, pero estoy segura que hay muchos escritores allá afuera que transformarán lo que Gardea sembró.-

Arriba del agua
Por Jesús Gardea
De "alba sombría"


EL RUIDO SE MUEVE, se aproxima. Las piedras revientan de sol. La sequía no va a dejarnos nada; ni el juicio siquiera. Dicen que en el llano andan almas resucitadas de animales. Que llevan en orden sus huesos pisando firmes la tierra. Tantos años sin agua dan para todo. Espantos y fantasmas. Suena, acompasadamente, el ruido: dos golpes, y luego, vuelta a empezar. Qué bochorno. Y, de pronto, una ola de cálido silencio. No es el de todos los días, y la ola ha arrastrado una sombra hasta mi puerta. Me oscurece el aire.
-Buenas tardes -me saluda, desde la sombra, una mujer. La miro. Las mujeres enloquecen al último.
Ésta viene vestida de largo, color blanco. Usa lentes negros, de mica, que casi le llenan la cara. Del cuello de su vestido, como del pico de una cerveza abierta, le escapa un borbollón de olanes que luego se le seca en el pecho. Abajo de los olanes, descubro un botecito colgando del cuello; parece el tambor de un niño. La mujer lo toca con un palito. La mujer apoya el palillo en la lámina, de punta, como un cuchillo.
-Buenas tardes -contesto.
Grande, la potencia del resplandor de la calle. La mujer está como parada en un viento luminoso.
-Entra.
Ella levanta el palito y se rasca una oreja con él.
-Entra. Una sombra; un lugar para que te sientes.
La mujer me está mirando con sus lentes como las alas de murciélago.
-He caminado -se queja-. Como los animales que penan por el llano.
La mujer es una muchacha; y las muchachas son campos de alfalfa. Fuera de la resolana, recobra su centro; se aprieta.
-La permanencia es voluntaria.
Sentada ya, se encaja el palito en el peinado. El tamborcito queda entre los muslos, sepultado a medias. Los brazos, cruzados al frente, aplastan la espuma de los olanes. La boca de la muchacha es como la de un ciego. Sus labios, aunque mordidos por la codicia del sol, siguen siendo hermosos.
-Oí tu pregón -le digo.
Ella abre, despacio, la boca.
-No pregono nada.
Corrijo entonces.
-Tu botecito. La gotera.
La muchacha baja los brazos y pone las manos en los muslos.
-Una sombra -dice-. ¿Y la sed?
Sin contestarle, voy a la tinaja. Lleno allí un vaso con agua y regreso.
-Está echándose a perder.
-¿Qué tiene?
Miro el agua, después el calor infeccioso de afuera.
-Apesta -respondo.
-¿Mucho?
-No mucho.
-¿Nada más?
-Bichos también.
-¿Lodo?
-No. Eso no.
La muchacha levanta una mano.
-Bueno.
Le doy el vaso y la espero a que termine de beber.
-Siempre me ofrecen agua fangosa, ¿sabe? Me van a enfermar.
Su aspecto es ahora el de una niña, el de un vivo desconsuelo. Le paso la sombra de una mano por los olanes, el botecitos y la falda.
-No-le digo.
Los trastornados van y vienen; ninguno permanece. Son como nosotros recordamos eran las nubes aquí. Unas horas en las rabias del sol, y luego, nada.
-La voz de tu botecito me interrumpió.
-¿Qué hacía usted?
-Soñaba con un río.
Algunos trastornados regresan a sus casas, de mano de sus familiares; pero otros, la mayoría, se meten al llano, nadie los vuelve a ver. La muchacha comienza a temblar como un junco.
-Los ríos son peligrosos -me dice.
Por el rumor y el jadeo del agua, no la oigo bien.
¿Qué?
-Hay otras cosas.
Crece el río. Se mecen los tules. En los remolinos, caracolitos, arena. Tal vez los caracolitos vengan del mar, o del fondo mismo de las aguas despiertas. Los caracolitos son blancos como la muchacha.
-Es un encargo -murmuro.
-¿Es un río de mayo?
-De mayo, sí.
-Peor entonces.
En los remolinos, brilla y truena el sol. Me deslumbra; me ensordece. Los tules, el junco, tiemblan en medio de la canícula. Hundo una mano en la tinaja. Por su boca sale no el olor podrido, sino el del agua y los relámpagos. Mi mano resbala como un pez por las paredes lamosas; siento los caracolitos. La visita ha parado de temblar; está serena. Como esperando. Me dice:
-Nadie puede cambiar de lugar un río sin secarlo; ¿para qué acepta usted esos encargos?
Saco la mano de la tinaja.
-Le agradezco el agua -me dice la muchacha.
-¿Y la sombra?
-No. Mis lentes me la procuran.
-A tus ojos. ¿Y tu cuerpo?
-A los dos.
La muchacha se alisa el adorno. Luego hace el ademán de coger una brizna. Ojalá y cuando ella se vaya la encuentren sus parientes. No es para las soledades del llano.
-El sudor me pica -dice.
La muchacha tiene su cara levantada hacia mí; me reflejan las oscuras micas. Se abre el vestido y mete una mano bajo los olanes.
-Yo también sueño -me dice.
El borbollón de los olanes me impide ver; pero la mano se mueve en círculos.
-¿Qué sueñas?
-Caracoles; un venado, que se los bebe como si fueran gotas de agua en la hierba.
-Sueñas cosas dulces.
-A medias.
-¿Cómo te llamas?
-Jimena.
La mano de la muchacha vuelve a la falda. La mano debe de conservar el perfume de la fruta.
-Me tenían muy guardada. Hasta el día de hoy. Me dijeron:
Jimena, vete al llano, necesitas aire. Me arreglé los olanes. Me puse los lentes. Después, el botecito. Pero ya en el llano, tuve miedo. De los mezquites salían fantasmas muertos de sed.
-Eso cuentan, Jimena, que hay fantasmas allá.
La muchacha levanta una mano y extiende los dedos.
-Cinco. Todos tenían cuernos. Ninguno como los del venado que hay en el calendario de mi cuarto.
La mano me deslumbra; su forma es perfecta; irradia, como una aparición. La imagino acariciando, envolviendo... Es un terciopelo profundo.
-Jimena, no me gustan tus lentes.
La mano baja; se desmorona el gesto.
-No sé si me estás mirando. No sé si de verdad sentiste el miedo o el agradecimiento que dices.
La muchacha se para.
-No te vayas, Jimena.
-No.
-Ven.
La muchacha se acerca. Vuelvo a soñar con el río, con los caracolitos y la frescura. Los olanes de la blusa ceden al ímpetu de la corriente; se abren como alas de una paloma volando arriba del agua, de las frutas.

Estoy preparando una curaduría para un evento de Cielo Portátil la semana que viene (¡felices con nuestra escuela libre!), y he escuchado esta canción más de veinte veces; seleccionada por uno de nuestros colaboradores para una de las cenas-reuniones temáticas que tendremos (ver video del post anterior). Nunca le había puesto tanta atención. Estoy conmovida desde ayer por la capacidad de interpretación de Nina Simone y tanta ironía, así que la traduciremos y la repartiremos como un volante de forma bilingüe. Esta reunión tiene que ver con la transmisión del documental de Nina Simone y los temas que pondremos en la mesa son la creación, las enfermedades mentales, la forma sistemáticas de "adormercerlas" a base de sustancias químicas en este país, y la subsistencia de grupos artísticos conformados por las falsamente llamadas "minorías". Aquí la traducción de la rola:

"Yo no lo quiero, puedes quedártelo/ no vale la pena pelear por él/ además hay muchos como él en el lugar de donde viene/ Yo no lo quiero, puedes quedártelo/ le estoy dando sus cosas/ y se puede ir de inmediato/ al lugar de donde vino/ Me temo que nunca lo quise/ cariño, él estará mejor contigo/ nunca lo pude hacer feliz/ todo lo que quise hacer fue//pasar mis dedos por sus rizos/ doblar su ropa y remendar sus calcetines/ alistar sus pantuflas y quitarle los zapatos/ limpiar sus lentes cuando leía las noticias/ frotar su frente con toque delicado/ cuando había tenido demasiado la mañana siguiente/ besarlo suave cuando se acurrucaba cerca/ y darle un hijo por año/ Así que ya ves yo no lo quiero/ puedes quedártelo porque él no es el hombre para mí// Después cierro la ventana cuando él duerme/ voy a la nevera donde está la comida/ le preparo el desayuno que más le gusta/ huevos, café y pan tostado/ salgo a comprar los periódicos/ y cuando los está leyendo/ pasamos el resto de la mañana en la cama/ así que ya ves/ yo no lo quiero/ puedes quedártelo/ puedes quedártelo porque yo no lo quiero/ porque él no es el hombre para mí."







¿bailamos? oh boy!



Todo este cuerpito estará en el Mystery Theater, de Machine Project, este 30 de marzo, a las 8 PM. No hablaré de mis obsesiones. De hecho no hablaré. Sólo leeré mientras grabamos "Copia" un libro nuevo que me entusiasma por ser perecedero, como todo. Así que visítenme en este performance efímero, en ese barrio angelino medio hipsteroso pero aún efectivo que se llama Silver Lake. Comamos pupusas después, anden. Aquí el link al EVENTO y aquí también ¿será Wave Books la nueva casa de esta publicación? descúbrelo este 30 de marzo en el sótano de  Machine.


Byung-Chul Han
La filosofía como producto transnacional

Hace tiempo ya que me gusta leer a filósofos contemporáneos, debido a (como bien lo definió un académico argentino, refiriéndose a Giorgio Agamben) la forma en que logran "diagnosticar" nuestro presente. La vida en el presente, la percepción de este presente y sus alcances en tiempos en que vivimos fenómenos de traslado y transposición acelerados: de una dimensión a otra, de una zona geográfica a otra, de un documento a otro, de un idioma a otro, de una frecuencia energética a otra, de un virus a otro, de una mutación genética a otra, de una pensamiento a otro, etc.; aunado a temas que me interesan como los mecanismos diseñados para el control de la humanidad, los condicionamientos que nos dirigen hacía determinadas formas de vida, y la manera en que juzgamos, tasamos y valoramos a los otros; junto a la idea de que un escritor debe sostener un pensamiento a través de su creación o su literatura, ya despojado del dominio del lenguaje como herramienta (despojado de la tensión de esculpir con el lenguaje, pero con el dominio del lenguaje integrado a la forma de escritura en un estado natural), fue como me acerqué a los libros de Byung-Chul Han.
Lo que me llamó la atención de sus libros no sólo fueron los temas que aborda: el ejembre de internet, la interpretación y reintrepretación de lo bello o un mundo que la biopolítica no alcanza a definir porque hemos entrado ya a lo que Chul Han define como psicopolítica; lo que me interesó también fue el formato de libro, la estructura en la que se presenta esta clase de información. Un libro de bolsillo, con un tema dividido en capítulos cortos, de tono ensayístico ligero y portadas atractivas: la suavidad de su forma, pues. Compré tres títulos publicados en la editorial Herder. Psicopolítica el más reciente, El Enjambre, del 2013 y un título más que ahora no recuerdo y tampoco tengo a la mano. No soy tan inocente, me interesó el formato porque sabía que, detrás de este tipo de publicaciones existe un trabajo editorial que involucra a más de tres personas. Son libros creados de forma colaborativa donde, por lo regular, los editores que le dan forma al lenguaje y a las traducciones permanecen en el anonimato. Son libros que logran romper con la barrera de la forma para comunicar, en ocasiones, descubrimientos milimétricos pero complejos.
No imaginé lo que iba a encontrar. Byung-Chul Han es una creación editorial que refleja un momento clave super-actual en los medios de comunicación. Refleja cómo el libro ha perdido su singularidad y un filósofo puede construirse como un producto transanacional que se filtra hacia la percepción de quienes todavía tenemos biblioteca, estudio y nos negamos a ver televisón. Soy incapaz de decir Byung-Chul Han afirma, porque siento que en sus libros Byung-Chul Han no existe; existe únicamente una máquina que habla pero, aún así, esta máquina de editores pone en juego temas en los que quizá deberíamos detenernos. Si era necesaria una máquina de pocas páginas que afirme que Foucault no alcanzó a diagnosticar nuestro presente con su biopolítica, y que Giorgio Agamben tampoco ha podido definir cuál es la continuación de ese presente mientras que el hallazgo de Chul Han es eso que define como Psicopolítica ¡qué bien! La máquina que construyó a Byung-Chul Han utiliza una bibliografía estupenda, que cualquiera de nosotros deberíamos estar leyendo si queremos afirmar que comprendemos un poco el presente que nos rodea, que nos cerca y que, de vez en cuando logramos habitar, aquí está (en parte):

Fluir, una psicología de la felicidad, de Czsikszentmihalyi (de este dudaría un poco, pero no está de más).

yo apostaría por leer La comunidad que viene, de Agamben; Tecnologías del yo y otros textos afines, de Foucault; The insanity of normality (este libro no está en PDF -yet-) de Arno Gruen, y un libro que me han recomendado recientemente que se llama La transparencia del mal, de Jean Baudrillard (escrito por ahí de los noventa). 
Ahora bien, me preocupa la fórmula que las editoriales han adoptado para poner la controversia sobre la mesa y, otra vez, construirnos la experiencia para que nosotros no tengamos que vivirla. Es aterrador que una producción mecánica pretenda suplir la producción intelectual. 
En piscopolítica hay varios puntos que la máquina destaca y que me obligan a reflexionar, que la pisicología del deber hacer actualmente no existe y hemos entrado ya en la era del poder hacer; que la prisión la vivimos en libertad, ya que la estructura de poder tiene acceso a nuestros pensamientos y a nuestras emociones (situación que no existía en la época previa a internet) y que la filosofía zen (y esto no lo afirma literal, sino que lo interpreto yo, porque el zen es una práctica que me gusta) sería una buena forma de escapar a la prisión psicológica a la que internet nos somete; vivimos, en lugar de la obediencia, un momento de dependencia: hemos pasado pues, de la biopolítica a la psicopolítica. 
Siempre he dicho que hay que tener cuidado al poner nuestra mente en las manos de cualquier Gurú, porque le damos acceso a todo lo que somos para transformarnos a través de sus visitas. Ese mismo consejo lo aplicaría en el caso de Byung-Chul Han y productos similares; hay que saber elegir qué afirmaciones categóricas aceptamos en nuestro pensamiento, porque afirmaciones tan cargadas de lógica y de presente pueden partirnos en dos: el cuerpo por un lado-la mente por el otro. De ahí surgieron mis preguntas ¿es que puede existir la psicología sin la biología?--la solté en tuiter: nadie me respondió, quizá estoy haciendo preguntas muy estúpidas-- ¿la dependencia psicológica no se siente en el cuerpo?  ¿vamos a continuar creyendo que la mente esta encerrada en nuestro cofre craneal? ¿podemos ser humanos sólo de mente? ¿apropiarse de nuestra mente no es también una forma de restricción física? ¿qué otro condicionamiento justifica inconscientemente la guerra más que la confusión entre responsabilidad y deber? ¿no somos una sociedad envuelta en una guerra inmensa?
Estas preguntas pueden, sino responderse, calmarse, si vamos a las fuentes: los bienes intelectuales. Muy distintos a esas máquinas procesadoras que, valiéndose de indudables editores brillantes, construyen controversias que sólo suceden en el campo del entretenimiento. Byung-Chul Han es un producto editorial que engancha desde el morbo del sometimiento y, el sometimiento, es un entretenimiento muy actual. Si no mordemos el anzuelo, este tipo de fábricas de conjeturar pueden dirigirnos no sólo a un éxtasis de superioridad personal (¡creemos que alcanzamos a ver!), sino a los manantiales de infinitud que nos serán muy necesarios para nuestra ya no tan futura supervivencia. 

"No tengo otra cosa, no estoy en ninguna otra parte".


Ustedes saben que vengo aquí para descansar o cuando estoy al borde de algún colapso. Bueno, pues ahí estoy. No me reconozco. No sé quién soy. Observo mis propios trucos mentales y se levanta en mí una especie de muro o de pánico. Tampoco vengan aquí a tomar las cosas literalmente, ya saben que esto es también un ejercicio de literatura (me ha pasado que lo que afirmo aquí sobre mí misma, otros quieren usarlo como una evidencia -risas grabadas- y me dicen "pero tú misma escribiste que eres una egoísta" o "tú dijiste en tu blog que tienes miedo": oquéi, estimado lector, este no es mi presente, es tú presente. Cuando tú lees esto yo ya lo viví, es decir, yo ya no estoy aquí -aclaro)
El caso es que ayer en la noche fui al supermercado porque, después de una semana de indisposición y gripe, mi refrigerador estaba vacío. Camino, más o menos, 30 minutos para llegar al supermercado porque ¡vivo en El Paso! una ciudad que no está diseñada para peatones y en las tienditas del barrio todo lo que hay son productos perecederos que ya han perecido. A veces, el supermercado me despierta ciertas ilusiones: me ilusiona cocinar con jazz de fondo y una bebida refrescante, bailando. Imagino todo lo que puedo cocinar, y ¡todo lo que puedo comer! Mientras me extasiaba entre los anaqueles con su infinidad de productos: cajas de colores, polvos de sabores, diferentes esculturas de pan, leche envasada de veinte formas distintas, productos judíos, árabes, centroamericanos, asiáticos, africanos, bajo una luz brillante y tentadora, me di cuenta que había cancelado uno de mis viajes a Los Angeles, para la siguiente semana. ¿Por qué? Me di cuenta también que estaba hablando sola mientras leía la lista de lo que tenía que comprar "falta el pescado" "¿dónde está el pinche papel aluminio?" "no puede ser que otra vez no haya frambuesas" fui consciente de mi propia enunciación en voz alta y no me importó, me dirigí a la sección de la champaña (ahora sólo me gusta tomar champaña fría) no encontré la marca que quería y también pensé, esta vez en silencio "tal vez sí estoy bebiendo demasiado". Volví a mi primer pregunta ¿por qué cancelé mi viaje a LA? ¿por prudencia? La semana que entra yo debería estar viajando a una montaña en LA para pasar una noche magnifica y asistir a un concierto de Concha Buika ¿qué me hizo cancelar? Me aburrí de dar vueltas y vueltas buscando el papel aluminio y salí del supermercado.
Tengo una bolsa especial que parece una canasta, pero suave, a la que le cabe todo para cargar caminando. Si tomaba el camión tardaría dos horas en llegar a casa. Si decidía cargar y caminar tardaría una. Decidí cargar y caminar, estoy acostumbrada. Mientras acomodaba las cosas en mi bolsa canasta, se acercó un chico, quizá 27 o 28 "qué linda bolsa" me dijo. Un joven hipster porque el supermercado está en un barrio hipster cerca de la universidad. Un joven lindo. No es la primera vez que alguien me felicita por esta bolsa tejida a mano usando como material cientos de bolsas recicladas, si tejiera más sería un hitazo en el mercadito de granjeros de los domingos. Le respondí que gracias, que era tejida a mano con cientos de bolsas de plástico recicladas y que la agarradera me había quedado chueca. "¿Vas a caminar?" me preguntó. Respondí que sí y ofreció llevarme. "No puedes ir caminando con todo eso" me reí, le dije que estaba acostumbrada y que a fin de cuentas no había comprado la botella de champaña, así que no pesaba tanto. "Anda, te llevo". Volví a decir que no, y comencé a caminar.
El barrio es como una boca de lobo, una boca de lobo bastante segura, vale decir. Unas cuadras adelante el chico me alcanzó en su auto, volvió a ofrecerme el aventón y volví a negarme. Fin de la historia. El chico dio vuelta en "u" y se fue. Continué caminando. No tenía prisa, me encanta mi barrio cuando está en silencio. Completamente oscuro. Todas esas casas antiquísimas dormidas. De repente un pensamiento, como un rayo, me atravesó el corazón: rechacé la oportunidad de tener un nuevo amigo. Seguramente me hubiera llevado a casa, hubiéramos platicado en el camino, me hubiera enterado qué estudia, me hubiera pedido mi teléfono, saldríamos una semana después, nos enteraríamos que somos vecinos, comenzaría a asistir a las reuniones de Cielo Portátil, and so on y volví a preguntarme ¿Por qué? ¿Por qué hice eso? Tuve que detenerme. Me desconocí. Solté la bosla en una esquina. Generalmente soy muy abierta con las personas amables. No es común en esta ciudad que la gente decida caminar en la noche. Cada vez que voy al super-mecardo caminando alguien se ofrece a llevarme de regreso. Este es un buen barrio, con buenos vecinos y buena gente. Me he encontrado chicas que hacen lo mismo que el chico hizo: insistir en llevarme porque mucha gente en este desierto no concibe la vida sin la comodidad de un automóvil y piensan que sufro. Me senté en la orilla de la banqueta y me dije "estoy perdiendo libertad". ¿Por qué decido, de repente, perder libertad? ¿Qué es lo que me da miedo?
Mandé un mensaje de whatsapp y levanté mi bolsa, seguí caminando mientras pensaba "esto es lo que soy, este momento, esta caminata, este esfuerzo por llegar a mi casa con las compras del supermercado, no tengo otra cosa, no estoy en ninguna otra parte, no soy otra persona ¿por qué comienzo a limitar mi libertad?".
Llegué a casa, acomodé las compras en la mesa, di un snack a Diva. Encendí el tocadiscos, puse a Nina Simone y un amigo llamó para visitarme. Cuando abrí la puerta mi amigo me abrazó y me besó la cara, muchas veces, casi con devoción. Entonces recordé la devoción con la que yo toco tu cuerpo, o tu cara. Vuelta a la realidad, pensé. Vuelta al corazón atravesado de la consciencia.
Berta Cáceres es la que pasa la velita


Generalmente, cuando estoy más perdida me pregunto quién soy. En días como hoy el sentido de extravío es más grande, más global. No puedo evitar preguntarme "quiénes somos", qué tanto estamos permitiendo, cómo es que vemos a los demás y claro: la pregunta llena de rabia que me molesta hacer por ser tan obvia ¿por qué se ha echado a andar en el mundo un mecanismo para exterminarnos?
Ayer, tuve paciencia. Durante la cena familiar no faltó el amigo que culpó a los gobiernos de América Latina de cualquier cosa, hasta de estar poseídos por entes demoníacos. "Si en Argentina por 12 años estuvieron bien, es porque el gobierno les había construido una ilusión que ahora, con el nuevo sistema se derrumba". No discutí, únicamente escuché. Ni siquiera voy a repetir las cosas que se dijeron sobre Venezuela o Bolivia. Aaarrrggg. La vida me parece, en ocasiones, muy difícil. Eso, el simple hecho de vivir, rodeada de tanto desprecio hacia los otros. Un grupo social puede aceptar que otros sean multimillonarios de forma incuestionable, si son criollos, europeos, blancos. Sé que estoy diciendo lo obvio y es una observación tan llana y tan corriente como el agua que bebemos todos los días. El agua que todos piensan que las corporaciones se encargarán de proteger. Estoy llena de rabia hoy, por venir aquí a decir lo obvio: no soportamos que un indígena sea inteligente, viva bien, coma bien, tenga una casa con alberca, use zapatos lindos (como le de la gana). No soportamos que un indígena sea políglota, culto, más educado que nosotros. No soportamos que un indígena no se someta a los designios de los conquistadores. No soportamos ser indígenas. No lo toleramos, somos una vergüenza; somos una vergüenza que se odia a sí misma, que se auto apuñala. Estoy llena de odio hoy y me da vergüenza. Estoy llena de tristeza hoy y me avergüenzo de lo que somos. Cómo nos hemos transformado en esto que justifica un genocidio. Nos tratan como si permitirnos pisar esta tierra fuera hacernos un favor. Como si darnos un documento de identidad fuera civilizarnos. Nos matan y después nos señalan a nosotros mismos como los asesinos, nos encierran, nos torturan, nos desaparecen.
No es bueno venir aquí con rabia. Y tengo el pensamiento muy nublado. Así que mejor me voy, a tocar una flauta de barro que construyó un indígena y ayuda a protegerse del "encimismamiento". ¡Viva Berta Cáceres! ¡Viva Latinoamérica!

pd. a  Berta no la mató su pueblo, que quede claro. La mató la fuerza a la que ella se opuso ¿cuál era?
Es marzo. Comencé con un mal humor un tanto insólito, pero justificado. Me siento irresponsable, cansada, fuera de esta realidad, huyéndole a esta realidad. Hace dos años comencé marzo construyendo un jardín, viajando El Paso-Houston-Los Angeles. Esta vez comencé marzo cancelando un viaje, discutiendo por el préstamo de un edificio para nuestra escuela libre, pensando que lo único que quiero es una heladera social. Me escuché decir "consigue ese edificio, haz tu trabajo; yo hago mi trabajo: todos contentos". ¿Qué necesidad hay de que nuestra presión presione a los demás? ¿Es uno un héroe que canaliza el dolor y lo transforma en alguna buena obra ¿Quién creo que soy? ¿Qué estoy haciendo aquí? Me replanteo todo. Para colmo, comienzo a procrastinar. Alaaaargo la escritura de los "proyectos" me resisto con uñas y dientes al presente. Estoy insoportable. Y, después de todo, tocan a la puerta, la confianza de mis amigas me habla de una persona que en este momento siento que no soy: platican conmigo, me piden sugerencias, me cuentan cosas importantes de sus vidas mientras pienso que no soy precisamente la persona indicada para dar consejo o dar refugio. Quisiera ser alguien que todavía no nace, estar ahí, cómodamente, incrustada en el cuerpo de mi mamá. ¿Hay algún deseo más irresponsable que el deseo de regresar a la comodidad de una pancita materna? Pues sí. Quisiera regresar, y volver a nacer sabiendo que a la familia sólo hay que seguirle la corriente, que no hay que ser necesariamente uno mismo, sino simular que uno es quienes ellos esperan que uno sea. ¿Ven? ¿Ven mi negatividad?  ¡Cuántas veces he considerado un triunfo poder mostrarme tal y como soy ¡sin miedo! Y ahora, la presión me deprime. No me gusta acelerar ni provocar la aceleración de los otros. Otra vez no entiendo quién soy. ¿A dónde va esta escuela? Genero vínculos que al final construyen mi camino también. No soy yo sola, caminando. Hay otras personas que se han adherido a esto que soy y yo me he adherido a lo que son ellas. Me fascina encontrarme en otras identidades y romper mi propia identidad; y que nuestras identidades se identifiquen, generalmente por tratarse de grupos sociales empujando por la supervivencia ¿Cómo me iba yo a identificar con los artistas que beben champán en mansiones con vista a la bahía? Beber ahí, en esas casas de diseñador en Mulholland drive o en San Francisco, me parece violento. En esos lugares es donde la belleza se transforma. Las mansiones en este país representan violencia ¿Cómo puede un escritor vivir en una mansión? y no sólo eso: convocar a su mansión a beber y contemplar la "paz" de la bahía. Es lo mismo que estar parado en un charco de sangre comiendo frambuesas y recitando poemas a la luna. Me gusta la buena vida, sí. La buena vida no puede estar ligada al contraste del hambre de los otros. En fin, a lo que iba. Estoy cansada. A eso voy. Esto sucede siempre que tengo el tiempo encima. Empujo la realidad hacia la aproximación de mis propios diseños mentales y presiono a otros también. Me escuché decir "haz tu trabajo, yo hago el mío" ¡¿Qué fue eso?!