Y ya, que se publicó mi libro Estilo (que no es poesía, es prosa) en la colección La Noche Cúbica, de Ecuador. ¡Allá nos vemos, folks! (invítenme a publicarlo en Ururguay y Guatemala y en Bolivia y Colombia, voy a decir que sí).

d.


"¿Por qué chupa aquellas hierbas?", contesta que él, sintiendo en sí superabundancia de vida, busca su olvido y lo halla en el zumo de esas hierbas, pero que su principal deseo se reduce a... perder cuanto antes el juicio (deseo que acaso estuviese de más)."

Fedor Dostoievsky
machthisweek 9-1

Les había platicado de mis problemas para entusiasmarme lo suficiente en estas fechas. También les he platicado del hartazgo que me ocasiona el culto a la personalidad en todas las esferas de este fenómeno que somos. Últimamente también he platicado con algunos amigos en relación a los "conversatorios" que se han generado con la idea de transformar un poco la forma en la que percibimos el, y hacemos arte. Estamos intentando cambiar las cosas, es obvio que ya nos dimos cuenta de la farsa en la que hemos caído, sobre todo los artistas nacidos a finales de los cincuenta y principios de los setenta. Hacemos pruebas. Los conversatorios han desembocado en la reproducción de los sistemas que criticamos: alguien se sienta en una mesa para conversar, sostener su punto de vista y demostrar que tiene los mejores argumentos para justificar su "verdad": Ñeee.  A veces los conversatorios se convierten en el alimento que el conversador necesita: tener la razón, ser reconocido, aceptado y comprobar que intelige "correctamente". Yo he optado por no presentarme en muchos lugares para no sumergirme en las mieles del culto a la personalidad (con los chapuzones que yo me proporciono a diario es suficiente, que una audiencia me de la razón o me "reconozca" y me encuentre mal parada, puede hacerme perder la razón (razón que no tengo, btw). 
Ayer,  leí dentro de un clóset en una casa de Pasadena, dentro de un proyecto de Machine Project. Un completo experimento. Por toda la casa había performances: danza, lectura de energías, instalaciones y, en un rincón de la casa, dentro de un clóset estaba un poeta. Así que cualquiera podía entrar al clóset y vivir la experiencia de tener una lectura de poesía completamente privada. La idea fue de un artista que sólo conozco por el nombre de Mark, el creador de Machine Project. Nunca he hablado con él, peeero el poeta (y amigo) Anthony McCann (quien colabora con Machine desde sus inicios) me invitó a leer, en un ambiente completamente gringo, dentro de un clóset, recibiendo a las personas de una por una, únicamente en español. Me encantó la experieicna porque, contrario a otras lecturas, donde solemos leer ante una audiencia, aquí me encontraba cara a cara con la persona interesada (por la razón que fuera) en escuchar poesía en un idioma que, probablemente, no iba a entender muy bien. La experiencia, sencillamente ¡fue fantástica! La gente llegaba, se asomaba al clóset, dudaba un poco ¿es sólo en español? eh, no importa, nos presentábamos, platicábamos un poco, a veces, y sencillamente dejaba de existir la separación entre el público y la audiencia, o entre un idioma u otro, o entre "la personalidad" del escritor y la "perssonalidad" del espectador. Preguntábamos lo que queríamos preguntar, platicábamos sobre el espacio, algunos visitantes al clóset eran escritores. Sólo hubo una persona con la que no platiqué: fue una escritora a quien ya he visto en otras lecturas, ella entró y reprodujo a pequeña escala las lecturas donde nos habíamos encontrado. De ahí en fuera el experimento dio como resultado una interacción fresca que me permitió estar cerca de personas, muchos de ellos artistas, mucho más jóvenes que yo. Y tener cerca esa inocente percepción del arte que funciona como un verdadero generador de cambio. ¡Qué gran aprendizaje! ¡Viva LA! ¡Qué buena despedida experimental me están dando!
Puras cosas tristes: guerras aquí y allá, amigos en las guerras aquí y allá; virus en las computadoras, redes sociales esclavizantes, teléfonos esclavizantes,  universidades donde se estudia para ser crítico y no se es capaz de vivir sin las "novedades tecnológicas" del iphone. Oh, well. Ayer, mientras hacía un recuendo de esa decadencia existencial que nos rodea me decidí a buscar una cosa buena hoy. Una cosa alegre. Por su puesto la encontré, pero entre más encuentro cosas que me alegran más abismalmente me encuentro separada de las preferencias del mundo. Comencé a grabar mis soliloquios, por ejemplo, eso me alegra. No porque piense que digo cosas importantes, sino porque oigo mi voz como transportada hasta la grabadora desde otro planeta. Los ensayos introductorios de la obra de Dostoievsky en Sepan Cuántos ¿Nos estamos alejando, verdad? Me alegran esos ensayos rusos tan maravillosamente traducidos y que, en ocasiones, parece que son escritos en contra del mismo autor. Las noticias de mis libros en otros países, Me gusta ver en fotografía lo que no puedo tocar porque está en otro continente: estoy en otro continente y no me puedo tocar, en otro idioma y no me puedo tocar soy y no soy yo, ese sentido me da la fotografía. La ciudad que no puedo tocar: Juárez, mis amigos me mandan fotografías de la devastación; no me alegra la desvastación, me alegra la percepción sensible de mis amigos en una ciudad destrozada. Y las invitaciones a otros países, eso también me alegra, porque oh buena noticia ¡ya puedo salir de este país!. Deberían alegrarme cosas como el jardín, mi mascota, la luz que entra por cada ventana de la casa, algo más presente, pero llevo un mes anclada en el futuro: me alegra lo que va a pasar, me alegra lo que está por suceder y descuido las cosas de esta tierra. Ya está, para mañana me propongo enamorarme del presente. Cambio y fuera.


A Juan Manuel Portillo

Tengo miedo. He pasado estos días trabajando exhaustivamente. Sin posibilidad de descansar, venir aqui, saben mis queridos lectores imaginarios, es descansar. Pues no había venido. Pero hoy es urgente. Decidí, cansada de tanta nadería, volver a leer a Fedor Dostoievsky; Dostoievsky que, como ustedes saben estuvo a punto de morir fusilado por publicar un diario clandestino pero se le otorgó el perdón a cambio de cumplir años de trabajos forzados en Siberia. Dostoievsky que en 26 días, para salir del paso, escribió una novela que cubriría parte de sus deudas: El Jugador. Que el único tiempo que tuvo para disfrutar la vida fue cuando cumplió cincuenta, porque alguien más se hizo cargo, epiléptico del cuerpo y del alma. Cuyo peor enemigo era él mismo. No sé cuántos de mis lectores imaginarios en este papel imaginario hayan pasado hambre, de la de verdad, no ese capricho que se levanta a molestarnos cuando la fila del restaurante favorito está muy larga.  Estoy congelada por el miedo. En mi mesa tengo libros de Agamben, Arno Gruen, Cortazar, Onetti, Gardea, Viel Temperley, Victor Serge, Choygan Trungpa, Macedonio Fernández, Deleuze y Guauttari. Y no puedo evitar preguntarme ¿Qué no estamos viendo? ¿No estamos viendo? También tengo "Demonios" de Dostoievsky ¿no estamos viendo? ¿podríamos poner nuestro papelito escrito junto a Los Hermanos Karamazov? ¿Nuestras reflexiones u opiniones junto a los estudios del comportamiento humano que ha hecho Arno Gruen?  Nuestra constante lucha por tener la razón ¿podríamos ponerla sin sentir vergüenza junto Gilles Deleuze o Infancia e Historia de Giorgio Agamben? Entonces quiénes somos para celebrar que tal poeta ha llegado a viejo o que un amigo hace más ruido que otro con sus poemas experimentales, o que una descocada recibe un premio por el bien de la nación, mientras le colocan una corona como a cualquier descocada. ¿Cómo podemos llamarnos escritores desde nuestros cubículos, diciendo frío sin conocer el frío, diciendo hambre sin conocer el hambre? ¿Cómo podemos creer que la mente son sólo los tres primeros escalones -y un video-? Me rindo.
Me imagino lo que es el hambre, pero no la quiero, en efecto: hambre imaginaria
"No somos extranjeros en esta tierra. No estamos invadiendo ningún territorio [...] No queremos ser condenados a emigrar, que es otra forma de genocidio que se ha orquestado en nuestra contra . ¡Paren esto, sociedad civil!" expresaba Mario Luna. Hoy fue secuestrado.


Let’s Take a Trip Up the Nile



Esta frase fue acuñada en la frontera. De las frases más emblemáticas que la literatura fronteriza ha construido. Su creador, Francisco María Sagredo, un ciudadano de 69 años de edad, poco después fue acribillado a las puertas de su casa, junto al lejendario terreno que sirvió para abandonar 9 cadáveres cuyos crímenos, como el del creador de la frase, nunca se esclarecieron.  De los pocos que atinaron con una sóla frase a decir algo. 

---Estamos locos todos.
---Yo no estoy loca. Mis caderas se esponjan.
Afuera se oyen gotear las hojas de los árboles.
Ha llovido mucho en mis sueños ---dice el hombre. Y luego:
---Donde yo vivo los muertos tienen unas lámparas negras.

                     Jesús Gardea (de libro de cuentos "Las luces del mundo")
"En efecto, narrar la vida era la "Biografia imposible". Parece imposible, en efecto, narrar la vida de un hombre que no viajó, no ocupó cargos de poder, no protagonizó resonantes polémicas, no escribió ningún best-seller, no ganó premio alguno y que, en cierto momento de su vida, optó por la inmovilidad, la abstención, la invisibilidad..."

Álbaro Abós sobre Macedonio Fernández.