Leí un artículo académico, donde se liga cronológicamente dos de mis libros: Querida Fábrica y Estilo. Debo aclarar que, aunque Querida Fábrica se publicó en el 2012, fue un libro que escribí mientras vivía en Ciudad Juárez, y forma parte de un conjunto titulado "Dolores Dorantes". "Dolores Dorantes" es un proyecto que incluye los libros "Poemas para ninos", "SexoPUROsexoVELOZ", "Septiembre" y "Querida Fábrica". Todos esos libros fueron escritos mientras viví en Ciudad Juárez. Querida Fábrica lo escribí entre el 2007 y el 2010, y trabajé en su corrección para ser editado durante 2012. Los libros que he escrito durante mi exilio en Estados Unidos son: "Estilo", "Copia", "Asi", "Asi" (si, dos de mis libros llevan el mismo titulo), "Estructura" y la colaboración que recientemente hice por encargo, para el libro de Zoe Leonard "El Rio".  También los libros para ninos "La nina y el mago" y "La bruja y el mar". Todos los libros que he escrito aqui, excepto Estilo y El Rio, permanecen inéditos. En Rotterdam, publiqué un cuadernillo con un fragmento de Copia traducido al holandés y al inglés. Copia, también está completamente traducido al francés, por mi querido amigo Víctor Martinez, pero igual permanece inédito. 

Gracias por el tiempo que han dedicado a leer mi trabajo. Estoy pacíficamente complacida de saber que alguien, allá en la realidad, está leyendo.
No sé qué me pasa, este año he estudiado tantas cosas. Tantas técnicas de meditación. Tantos procesos para restablecer los recursos vitales del cuerpo. El último seminario en el que estuve fue muy fuerte, mental emocional y físicamente. Pero además, he estado muy cerca de ti. Creo que estar muy cerca de ti es lo que me coloca en otro sitio. Como en un lugar sin lugar. En un punto sin localización. Mi cuerpo está aquí, pero cuando me doy cuenta, mi mente (o yo, no se cómo explicarlo) ya ha viajado por muchos lugares, que tampoco son lugares. ¿Recuerdas que hace tres años o cuatro después de un seminario tenía miedo de dejar de quererte? Qué extraño. 
A veces no sé por qué sigo estudiando todo esto. Cuando vivo el proceso de impacto en mi cuerpo, es que me hago estas preguntas. Cuando soy consciente de que sigo abriendo mi maleta sin deshacer desde hace dos semanas y ya no hay viaje. Y estoy aquí en un sólo lugar. Cuando soy consciente de que no hay razón para rendirme a las 5 de la tarde y sin embargo podría jurar que algo pasa en mi mente, en mi cuerpo y en mi corazón. En un lugar que no tiene sitio, que este y no es este lugar. No sé cómo explicarlo pero sé que me entiendes. No podría ser de otra manera.
Estaba a un paso de salir al banco. Ustedes saben: el banco no es precisamente mi lugar favorito. Por eso, con la chamarra y la bufanda puestas, después de pasar por tuiter para limpiar un poquito mis obsesiones (las tontas), escuchar musiquita de mis amigos, y leer palabras dulces como esas primaveras que ya no existen, en lugar de encaminarme al banco y a la farmacia y al supermercado, me vine para acá. ¿Ven cómo es la vida? Nos orilla a darnos largas explicaciones incluso a nosotros mismos. Una larga explicación para pedirme permiso: ¿puedo salir a jugar? E imagino la voz de mi mamá diciendo: ya va a llegar tu papá de la oficina y no le gusta que no estés aquí cuando llega, acuérdate.
En fin. Que yo no soy huérfana, ni nada. Mi papá estuvo ahí llegando de la oficina religiosamente a las 5 o 6 de la tarde, y nosotros esperándolo a comer. Y el quejándose de la comida. Y, a veces, dándome regalos y, también a veces (creo casi siempre) odiando su vida (en secreto), lo que desembocaba en griteríos masculinos desesperados. Pobre de mi padre, sin paz.
Ahora que yo tengo su edad, tampoco tengo paz, pero por lo menos sé cómo disolver mi falta de paz antes de comenzar a los gritos, además yo, al contrario de mi padre, me aseguro que, en caso de gritar o de llorar, no haya nadie para escucharme.

No reacciono ante casi nadie, por ejemplo, con los oficiales de seguridad en las fronteras soy mancita, como perro apaleado. Ellos gritan, se burlan y yo sólo los miro como si no entendiera de que se trata este juego de la humillación, siendo en realidad esa analfabeta a la que miran con desprecio que, después de cruzar su frontera firma libros y platica de los condicionamientos creados para que no hagamos más que obedecer. Obedecer. Eso. Eso hago hoy. Me doy las explicaciones y me obedezco. Así somos. Entrenados para obedecer. Y entrenados para castigar a quienes no nos obedecen. Lo hacemos todos los días. Si alguien no se comporta como nos gustaría, cambiamos nuestra actitud hacia esa persona... de forma tan sencilla y tan simple entramos en el mecanismo de obedecer para ser aceptados y de ejercer presión en los demás si es que no nos obedecen.
En fin. A lo que venía era a buscar un refugio de los Bancos que me esperan allá afuera. Pero es imposible. Tengo mi propio sistema bancario interior que se activa y me reclama y se levanta como un enorme edificio de concreto que obstruye mi vista al mar y al sol. La vida.



Nota: curioso, mientras estaba escribiendo juré que era esa niña sucia y despeinada de siempre pero, me levanté al baño y me vi de reojo en el espejo y me encontré con una mujer de cuarenta y cinco, bien peinadita, con su bufanda bien hecha... como si estuviera a punto de ir a alguna parte.
No quiero ir a ninguna parte. Desde ayer me siento presa de la circunstancias. Pero sé que me haré bien ir a alguna parte decir: "hola qué tal" y escuchar esas preguntas interesantes como "¿débito o crédito?".

invítenme a Colombia, oigan, voy a decir que sí...

Anoche
me sirvieron un platillo 
hecho con papa negra,
me pareció fascinante,
no como las papas grandes, aburridas y rubias
a las que ya me acostumbré en casa
Maha Vajra


Escribo desde el aeropuerto de Tenerife, en las Islas Canarias. Este ha sido un viaje que comenzó realmente en mayo, cuando volé a Rotterdarm para vivir por 2 meses y luego a Alicante. Lo que me ha sucedido no sé cómo describirlo. He sido tan feliz estos meses, pero al mismo tiempo he sufrido tanto estos meses. Soy mucho más consciente del racismo en el mundo, por ejemplo. Creemos que el racismo más crudo está en Estados Unidos? Vive, no vengas de vacaciones, un tiempecito en Europa, o camina por Israel (donde todo lo que no es blanco es Palestino).
No me considero una víctima de las circunstancias. Ha tomado posesión López Obrador. Y yo visito Europa en condiciones mucho más cómodas que muchos de los desplazados de Medio Oriente. Constantemente soy confundida con árabe, marroquí, turca o palestina. No me importa. Más bien me alegra, pero a mucha gente por aquí no le caen bien los inmigrantes. Alguien rompió la puerta de mi departamento en Rotterdam en una zona super exclusiva, sólo para patearme la cara, mientras gritaba Salam Alekum! Un skin head. Obviamente me sentí más segura en el barrio etiope.
Me enamoré de ti. Y ahora tengo el corazón roto. Ahora no quiero regresar. Ahora escribo un libro. Ahora gestiono estancias en París, en Suecia. Ahora no soy feliz. Mientras espero tener el privilegio de documentar mi maleta rumbo a Madrid. Me gusta la gente. Y la gente me está dejando de gustar. No sé cómo explicarlo. No me quiero marchar. No me quiero formar. No quiero no verte. Y, en realidad, hace mucho ya que no te veo.
Me imagino qué pasaría si decido sólo no tomar el avión y quedarme aquí a esperarte. Europa es Europa, tú eres tú y las Islas Canarias te gustan tanto.
Siempre estoy enamorada. Vivo sumergida en un romance ridículo. Por ejemplo. No he dejado de quererte y no es de ti de quien hablo. Es de otro tú que vive en Dinamarka, con otra yo. Todo mundo vive con otra yo. Y yo, no alcanzo a tenerme a mí. Es ridículo. Ridículo. Mientras una amiga nos trasladaba al aeropuerto yo sentía una presión en la frente. En el chakra de la frente. Como una media luna acostadita. Y pensaba en ti. En otro tú, que hace tanto tiempo no veo. Y pensaba en el tú que recién cenó conmigo y cuánto lo hecho de menos ya, ridículamente sosteniendo mi mano. Y pensaba en mí en qué tanto me he abandonado para vivir contigo. De tres meses en tres meses.
Y pienso: bueno, escribo. Es lo que queda. Siempre es lo que queda. Cuando me busco a mi es lo que queda. Escribir. Escribir que estoy llegando tarde. Escribir que no estoy en la fila rápida de los ojos azules. Escribir que en este momento nada grave: relegada a los hornos de esperar. Relegada a los hornos de "así que eres escritora" en las interrogaciones de las autoridades. No me molesta. En verdad. Me alegra. Amo tus ojos. Pero no quiero tener tus ojos. Amo tu sufrimiento fácil, pero no quiero tu sufrimiento fácil. Amo la miel de tu corazón, y la tengo en mi corazón. Es la misma miel.
Pero no es el racismo lo que me trajo aquí, o sí? Sí! Tú pudiste documentar tu maleta, yo no. Qué amor que nos da el mundo tan diferenciado. Qué amor que nos da el mundo cuando piensan que todas somos masajistas. Qué amor que nos da el mundo desde los ojos claros aburridos de sus mujeres claras y grandes. Un amor muy sensual. Me alegra el amor que nos da el mundo. Me alegra el amor que me doy.
Es una sensación rara. Sufro pero, al mismo tiempo, me alegra que no estás. Toda la presión se me ha ido de encima. Aunque no quiero irme de aquí. Aquí, ser una fruta es tan simple.