Anoche, para celebrar el lanzamiento de Cielo Portátil (por una educación libre), presentamos el libro Teoría del Campo Unificado, de nuestro amigo Jorge Esquinca. Junto a María Maloney y Juan Manuel Portillo.  Sabemos que, en ocasiones, la copia va tomando más valor que el original, sobre todo si se reproduce en las plataformas de internet. Así que para los que no pudieron acompañarnos anoche 29 de enero en el Stanlee & Geral Rubin Center for the Arts de la Universidad de Texas en El Paso, Aquí subo el primer audio, que corresponde a la lectura de Jorge, esa delicia.

el animal sagrado:



si quieren regalarme algo, amigos traductores, regálenme la traducción de 10 emisiones de Sternstunde

..Children who hate their own nature can respect themselves only if they can direct their hatred outward. If they disown their individuality as something foreign, they are compelled to find enemies in order to preserve the personality structure thus created. The consequences are disastrous: not only are such people unable to recognize the causes of their own victimization; they also deny that they are victims. By making other people their victims, they are perpetuating the process. But they must deny their own victimization because otherwise the earlier experiences of the terror accompanying it would re-emerge. No child, including the threatened one within us, can stand up to this terror.
As children we were helpless and at the mercy of our parents. Our survival depended on our complying with them. The inner terror accompanying victimization is therefore profoundly existential. That is why fear of losing our job, our social position, or our role in society can shake the foundations of our being. If our self-esteem is based primarily on success, status, and material gain, then the potential loss of these external achievements must be experienced as existentially threatening because the old feeling of terror--at being helpless, at the mercy of others, and ashamed-- is reawakened...

Arno Gruen





No es mentira. En mi casa han comenzado a aparecer esferas brillantes, por la noche. Espero que no sea alguna clase de contaminación nuclear y no, no son luciérnagas. Ayer, mientras caminaba en el desierto pensaba en esa raíz etimológica: murcier-lucier... Anoche observé por mucho tiempo las esferas, e hice pruebas hoy en la mañana en casa de mi hermana, para cerciorarme de que no se trata de un fenómeno ambiental, o alucinatorio. En casa de mi hermana de esferas no hay ni pío. ¿Ven para qué funciona vivir cerca de la familia? ¿A qué casa de amigo puedo yo tocar en la mañana para pedirle que me permita cerciorarme de que en su casa no hay esferas brillantes flotando como esporas? Bueno, el caso es que amanecí con esa raíz que no me sé de memoria y que no he entrado a investigar a la internet (murcier-lucier). También, verá usted, doctor, me desperté con la obsesión de cambiar la "c" por la "s" en todo lo que escribo. Así que cada vez que tecleo aquí tengo que regresar en el renglón y cerciorarme que no haya esferas flotando que cambian la c por la s o la s por la c. Pero esos síntomas son tan comunes en mis percepciones del lenguaje (la emoción de la vida cotidiana ligada a mi actividad favorita) que, como si una televisión vieja comenzara a fallar, ya sabemos que hay que sacudirla de tal o cual manera para que vuelva a sus regularidades. Tengo un evento encima. Presentamos Cielo Portátil en El Paso en unos días; uno de mis amigos más queridos visita la ciudad después de cuatro años de no vernos. Tengo fiesta en casa (y esferas): motivos de alegría que me tensan pero ¿son los motivos de alegría los que en verdad me tensan? No. Me tensa una nueva percepción que oprime mi sistema nervioso. Me he dado cuenta que estoy cansada, que quiero escribir otras cosas, que voy a hacer otras cosas. Que la educación libre en la que vengo (venimos) pensando durante cuatro años aquí (y durante más de 6 años en México), necesita otras plataformas de crecimiento, otras políticas para abarcar y afectar a otras poblaciones, no únicamente a los grupos diminutos con los que trabajamos. Tenemos solución, cierto. Cosa de estudiar, investigar, escribir, dirigir, actuar, reconstruir, influir, introducirse, copiarse, confabularse, vestirse, arreglarse, y salir a caminar: ampliarse. Esa dimensión no es la que me atormenta. Lo que me atormenta es que, mientras reflexiono en las maneras en que (ya empecé) a escribir lo que quiero escribir en torno a las condicionamientos humanos, el tiempo dentro de las estructuras educativas, e imaginar la creación de nuevas políticas para la educación pública, me doy cuenta que, aunque mi mente avanza más allá del cuerpo, el espacio de mi corazón ha comenzado a reducirse. Cuando lo escribo siento como algo se estremece en mi pecho, como un dolor, como un gran miedo. El espacio de mi corazón se ha ajustado a un sólo molde: al pequeño molde que se ajusta a sus pequeñas preferencias. Mi corazón está invadido de preferencias, de deseos muy claros, está sitiado, amurallado por sus caprichos, no deja entrar a nadie. y alimenta este espacio como a un pequeño jardín oscuro: esperando ¿Esperando qué? Tenemos que ponernos de acuerdo. Así que intento engañarlo: me introduzco al sofá de las películas caseras apretada junto a cinco cinéfilas cubiertas con una sola mantita y tomando chocolate. Veo a los amigos que no veía. Escribo a las amigas que había olvidado, organizo reuniones en mi casa, traigo a mamá para que escuche los LP de Olga Guillot y Mike Laure. Canto dharanis, bailo, pienso en mi Gurú. Tomo baños calientes, acepto masajes, invitaciones a cenar, bebo buena cerveza, compro los mejores quesos, tomo el mejor café, converso con los mejores hombres (mis amigos son los mejores hombres del mundo ¿ya les había dicho?) platico con las plantas, doy paseos por el desierto, acaricio a los animales: y nada... nada.
¡¿Pero qué estoy haciendo?! ¿tratando a un corazón caprichoso saturándolo de sus preferencias? Por remedios fallidos como ese es que uno -sin pensar- contribuye a que las guerras crezcan. Al dolor hay entrar, hay que observarlo, hay que meterle mano con firmeza. Saber asomarse por los muros que aun no podemos brincar. ¿Cómo curar un corazón proporcionándole la enfermedad como medicina?  Mi corazón, complacido por sus caprichos yace con el aguijón dentro: un dolor adornado con flores como una hermosa tumba. Hay que saber entrar al infierno de uno mismo si se quiere avanzar. así que, de una vez por todas, allá voy: al infierno (con mi traje de buzo), cargo mi mantita y mi taza con chocolate, pero voy, a verme. El espacio no puede esperar.

pd. ciego, del latín caecus...mus-mur: ratón; cegalo-ciélago: ciego
luz: del indoeuropeo leuk, emparentado con el griego leukos (blanco). lucerna (lámpara): luciér: lámpara y aga, sufijo prerromano locativo
Sí, la coincidencia está en la luz... el sufijo fue una transformación accidental en el caso del ciego.

I (pixel) you



Primer carta-declaración de amor: 

Hablo sola. Me fascina pensar en el poder que traspasa los cuerpos. En nuestro campo energético que va más allá de lo que somos ¿qué somos?. En la mente, el amor y el sufrimiento. Hoy mi narcisismo me entrevistaba y yo respondía como si alguien me oyera ¿eres feliz? sí ¿sufres? muchísimo. Sufro muchísimo porque estoy enamorada de cada hombre que admiro. Amo, amo profundamente esas mentes que están cambiando el mundo. Esas fuerzas que se mueven y no paran, pensando en los otros. Y no puedo tenerlos. Ninguno es mío. Porque no creo y no vivo dentro de relaciones de pareja. Mi libertad me cuesta. Pero mi felicidad es del tamaño de los movimientos que percibo. Cuando alguno de ellos transforma la realidad siento que es una de mis manos quien lo ha hecho; cuando otro de ellos, en algún otro continente, alza la voz y abre trescientos corazones para que la compasión entre en ellos, siento que lo hizo mi propio corazón. Para mí la separación no existe. Los amo como un animal, con toda la sensualidad, con todo el corazón y todo el cuerpo. Con la mente que, ya sabemos, vive dentro y fuera de lo que somos ¿qué somos? Y sufro. Porque ninguno de ellos se levantará todos los días conmigo. Porque por alguna razón experimentar la cotidianidad de la convivencia en cautiverio durante algunos años, para mí, fue suficiente. Pero el tamaño de mi sufrimiento es insignificante. Sufro por la necesidad de poseer lo que amo, desde una zona local de lo que soy ¿qué soy?. Sufro porque quisiera que todos los hombres que están cambiando el mundo fueran mis amigos. Quisiera sostener una conversación con todos ellos, tener el privilegio de crecer con ellos, de aprender tocándolos. Pero nuestra realidad es tan grande (y tan pequeña). Sufro porque creo que con alguno de esos hombres cometí algún error y ha sido, culpa mía, no aumentar el número de amigos brillantes. Pero mi felicidad es tan grande cuando percibo que ellos están cambiando el mundo. Mi felicidad es una felicidad desmedida. Porque aunque yo vivo en una de las peores zonas de este mundo, siento cómo el amor me vuelve parte de todo lo que se transforma, y se mueve. El sufrimiento tiene que ver conmigo, con esas pequeñeces de la superficie, mientras que mi felicidad ni siquiera es únicamente mía, tiene que ver con la forma en que otros cambian y alegran este mundo. El sufrimiento siempre es así, parte de una percepción muy local y pequeña de lo que creemos que somos y poseemos. Cuando la realidad destruye lo que creemos que somos y lo que creemos que poseemos, nos revolcamos de dolor; atacamos, mordemos. Pero mi forma de ser feliz está desligada de cualquier punto de localización, toca la alegría de poder ver el mundo sin morder los anzuelos del condicionamiento, se posa en las formas de descifrar el mundo o lo que hay detrás del mundo, se detiene en la experiencia de descubrir que no somos sólo una raza, o un código, sino esas dimensiones interminables generadoras de poder. ¿Para qué poseer el mundo si somos el mundo? No nos apropiamos de nuestro propio cuerpo. Sabemos que el cuerpo es nuestro. Experimentamos con el cuerpo, a través del cuerpo, por el cuerpo. Lo mismo pasa con el mundo. Poseer es una ilusión. Ganar o perder es una ilusión. Conquistar es una ilusión. Estar aquí, es una ilusión. Experimentamos el mundo entero, cada paso que damos. Cada descubrimiento que hacemos, cada anzuelo que dejamos pasar. Cada nudo que se desata, me hace feliz. Cada refugio que alguien más provee en la franja de Gaza. Cada forma clara que alguien más construye para que todos comprendamos mejor. Cada mente que dedica su tiempo y su cuerpo en favor de los otros, construye mi felicidad. Por eso la fuente de mi felicidad es infinita, y la de mi sufrimiento, aunque poderosa, se arrincona diminuta, como un aguijón venenoso en áreas muy pequeñas de lo que soy ¿qué soy? y como mis dimensiones de animal sagrado son interminables, sufro también por ti, terriblemente. 


Y el mundo me contestó:
(Hay lo que hay)

No haber amor es un amor también.

Un amor a estar solo.

Le pertenece a alguien que lo siente
por nadie.

                 Pertenece
a una clase de amor que nadie toma.

Es una clase por correspondencia.

También salir con alguien es entrar
al amor que sentimos
porque alguien venga a tomarlo.

Si saliéramos a tomar el sol,
lo tomaríamos de quien viniera.

Nos correspondería.

                                                           Hernán Bravo Varela de libro Hasta aquí
¡Por favor, díganme lo más gauchezco que puedan! acaban de ofenderse porque dije que el capítalismo no sólo tiene que ver con la forma de manejar el dinero, sino que es una percepción del mundo. Lo que nos condiciona a creer en la ilusión de que el dinero es necesario para vivir. El dinero es una imposición que nos vuelve esclavos de las transacciones para obtener lo necesario para vivir: comida, techo, vestido, calzado. El dinero es el anzuelo del que somos esclavos. Pues ya está, que me han mandado a volar por decir eso. Debió ser mi inglés. Porque en inglés también me dijeron que soy narcisista.  Estoy de acuerdo: es muy narcisista amar Latinoamérica: Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela y sentirse plena por las decisiones y las mentes que están moviendo esos países. El valor intelectual, el valor cultural, la percepción que ya nadó en ríos de sangre, conoce muy bien las dictaduras y sabe, desde experiencias muy amargas, que el dinero (para decepción de millones) no vale nada. Y no me refiero a los gobiernos, que esos solamente Zeus sabe qué traman. Me refiero a las personas generando cambios en esos países, observando de manera crítica su entorno, cuyo objetivo en la vida no tiene que ver con una percepción individual, sino con la maravilla de actuar pensando en otros, aplicando su vocación al servicio de otros, llámense como se llamen: sociedad, comunidad, ciudadanía, país, Latinoamérica. Para quienes vivimos sin esperanzas, esa percepción, ese único empuje es lo que podría accionar algunos cambios, no para poseer territorios (gran parte de la vida ya no sucede en territorios, sucede en códigos), sino para manifestar realidades diferentes en los territorios que conocemos de forma aburrida y cotidiana y que -seguramente- no nos pertenecen. A mí, por ejemplo, que carezco de país, de idioma y de unos cuantos derechos, a las comunidades me gusta decirles "constelaciones", Me interesa crear constelaciones donde el tiempo y el dolor eson percibidos de manera distinta. Donde no hay luchas, no porque no creamos en un mundo justo, o favorable, sino porque creemos también en la aceptación como un cimiento. ¿Para qué luchar por lo que es irremediable? Hablo de la construcción desde donde las constelaciones tienen remedio todavía. Es decir: justo hubiera sido que ningún estudiante hubiera sido asesinado. Justo hubiera sido que millones de personas no hubieran sido desplazadas de sus territorios. Justo hubiera sido que todos en el mundo tuvieran algo qué comer y un techo donde refugiarse. En fin: sueños, aunque no se trate de justicia de lo que hablo, sino de acción. ¿Qué sería de mi sin esos sueños, fuera de esto, como los sueños que generan nuevas plataformas de comunicación y contacto en internet, por ejemplo? Los niños, el dolor e internet son soluciones básicas para contrarrestar el sufrimiento del mundo. Por cierto sí, leo a Agamben, Deleuze, Gruen y Vercelli; por si les interesa tener bibliografía sobre los condicionamientos a partir del dolor (Gruen), lo irremediable (Agamben), la movilidad (Deleuze) y los territorios libres de la internet (Vercelli). Pero si les interesa acercarse a nuestra constelación de Cielo Portátil, estaremos el jueves 29, en el Stanlee Gerald & Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso, hablando de "Teoría del Campo Unificado" de Jorge Esquina, con Juan Manuel Portillo y María Miranda Maloney, a las 7PM. 
México, los poetas y nuestro Cielo Portátil serán algunos temas a tratar. ¿Vamos?

Un cielo en el tornamesa. A sky inside of the turntable.
una foto de mi hermano Luis


En ese viaje de la infancia por la noche, en la carretera Puebla-Veracruz, encontramos varios ejecutados. Yacían en su propia sangre; mi padre, quien conducía el auto de la familia, estiró rápidamente su palma para cubrir los ojos de mi hermano. No alcanzó a cubrir los míos. En eso consiste la diferencia de percepción entre mi hermano y yo. Luis, en cualquier lugar (incluso en mi mudanza) percibe un mundo fantástico.


porquelmundoestádentrodemísí