Qué gran ejemplo has sido, Thay... Martin...

Sigo muy cansada, oigan. No mentalmente o emocionalmente: físicamente. Creo que, una de dos: o ya no puedo viajar tanto como lo he hecho últimamente; o necesito acostumbrarme al ritmo de estos viajes y ya está. Pues ya está. Creo que me voy a decidir por lo segundo. No sólo aterricé hace un mes y todavía no siento que he aterrizado, sigo usando la ropa que tengo en las maletas. Qué curioso, cuando escribí desde un rostro inmutable, sentí cómo creció en mi mente un emoticón riéndose hasta las lágrimas. Eso es la vida. Ya no expreso vida desde mi rostro. Tal vez es eso. Todo sucede dentro, como códigos para formar stickers que no llegan a la superficie, sino que buscan un botón para transmitir con los dedos. Hace tanto que no te veo, que cuando nos volvamos a encontrar, tal vez ya no sepa cómo relacionarme sin una computadora de por medio. Qué tiempos. Tiempos de verdadero cansancio, supongo, pero al mismo tiempo, tiempos de mucha creación. Vivir anclada a un ordenador me permite conectar más profundamente hacia adentro, hacia el libro que escribo. Ja. Como si escribir un libro fuera algo importante, eh. Iba a decir que es importante para mí, pero estaría mintiendo. Me importan muy pocas cosas, mi libertad, por ejemplo. Los libros los hago como mi más cercana preferencia pero, por ejemplo, si acaso uno de mis libros se perdiera en los archivos electrónicos incontables de este aparato, no me atormentaría. Hay varios que ni siquiera he perdido, sólo los escribí y los olvidé aquí, entre tanto folder y tanto proyecto. Me importaría verte. Pero en realidad tampoco sé bien a bien quién eres, y cuando estamos juntos nunca sé que está pasando. Tampoco es que tenga que saber. No tengo que saber. Ya cuando estamos juntos no tengo necesidad de saber. No tengo necesidad de nada. Es en momentos así, en que me enfermo de un cansancio tan profundo que comienzo a preguntarme quién coño eres y qué hago contigo y todas esas cosas. Tampoco es que quiera más tiempo cerca de ti. ¿Por qué te estoy escribiendo aquí una carta? Meh. No importa. Lo que siento tampoco importa. Ni siquiera es verdad. Es un emoticón que se abre en mi mente, con la intención de trasladarse a ti. No podría decir siquiera que lo que siento es una búsqueda. Pura cobardía.
Estoy cansada. No sólo porque tengo 45 años. De hecho, podría decir que los 45 años son lo que menos me cansan. Me dan ánimos para hacerme nuevos tatuajes, sin miedo, por ejemplo. Tampoco estoy cansada de viajar. Quizá estoy cansada de que no estés conmigo. Eso es.  Hey, intento ser honesta conmigo hoy, okay. Cualquier impulso de honestidad me transporta a una imaginación romántica. Soy como esos señores que entre más estresados están más bromas cuentan y más ríen, hasta que caen en episodios psicóticos y entonces su familia se da cuenta que algo anda mal. Pues así yo, tal vez, entre más estrés tengo más romántica se vuelve mi imaginación: es que no estás conmigo, pienso.
En realidad no. Debo admitir que cuando estás conmigo soy absolutamente feliz, cuando me hacían mi último tatuaje pensé en ti todo el tiempo. Y debo reconocer que nunca me había sentido tan afortunada por un periodo de tiempo tan extenso. Confío en ti, pues. Pero no es que vivas en Sudamérica o en Madrid lo que me tiene cansada. Sé por qué estoy cansada y me da verguenza decirlo. Así que lo voy a decir. Oh, pero también me da miedo decirlo. Tal vez esa sí es la edad. Con la edad y los asesinatos de miembros de mi familia, y el hecho de que un skin-head me pateara la cara en Rotterdam antes de mi presentación en el Poetry International, también me da un poco de miedo decir cosas. Pero estoy cansada. Podría decir que estoy cansada de los editores de las editoriales pequeñas y su maliciosa explotación de autores que vivimos al margen. Una explotación morbosa. Publican el libro sin pagar, y encima explotan la historia personal de quienes hemos sido perseguidos, o de aquellos a los que la sangre nos ha llegado hasta el cuello y hemos estado a punto de morir. Mientras el prestigio de su "trabajo" crece y cargan su maletita con sus pobrecitos libros por todo el mundo, comiendo y bebiendo como cerdos (o como buitres), la sangre que publican. Pero no es sólo eso lo que me cansa, me cansó una vez, porque firmé con una editorial de NY, después de que me acorralaron los cariños, y aprendí. En cambio, veo a mujeres escritoras, talentosas y locas, intentando echar adelante sus proyectos editoriales y eso me entusiasma. Así que no es el pequeño mundillo editorial lo que me tiene cansada.
El 22 de diciembre me hice un nuevo tatuaje que representa el Sudarshan Chakra. El Sudarshan Chakra es la visión de Krishna. La percepción de la estructura de la vibración, quien puede verlo todo. Paradójico, porque yo cada día veo menos. Es esa parte, la parte donde dejo de engañarme la que me agota, la que consume todos mis recursos vitales. Es esa capacidad o esa desgracia de poder ver una fuerza infinita que mueve la estructura del mundo, una fuerza enferma. 
Bueno, sueno pesimista porque estoy hablando de lo que me cansa, les digo. No todo me cansa y no es un estado ni permanente ni absoluto, pero...es esta sensación de no poder escapar de la enfermedad que es el mundo... es decir, la misma ambición está en una empresa transnacional como en el corazón de una editorial pequeña e independiente, el deseo es el mismo... y el origen de lo que sostiene al mundo también es el mismo... y no me refiero al origen natural, sino el impulsor de esta creación, de esta realidad que tenemos enfrente... todos dependemos del mismo motor en mayor o menor medida... es como un engranaje del que no podemos salir... incluso sin pertenecer a sistemas o a estructuras sociales, lo que nos sostiene proviene de esos mismos sistemas y esas mismas estructuras...
Pero ese sentimiento que me agota, no es permanente... para resolver mi cansancio voy a otros orígenes... el origen mineral de mi cuerpo, por ejemplo... o el origen vegetal... y la sensación de que sin ese origen mi propio pensamiento para entender el mundo no existiría... y me calmo... mi cuerpo se convierte en un lago tranquilo ¿ven que no todo es basura? hay algo más allá de lo humano... jeje
No recibí el año escribiendo, recibí el año pensando. De cualquier manera no creo que el tiempo sea este lastre que se va acumulando y que nos hace sentir menos completos cada día, menos suficientes.
No sé si alguna vez me he sentido suficiente para algo. Tal vez sí. Pero creer o sentir que uno es suficiente para algo no necesariamente es ser suficiente. Eso pensaba ayer. Tengo una continuidad, no tengo años. Y como soy como un fantasma en los recuerdos de los escritores mexicanos (un fantasma que nunca aparece) cuando publico otro libro parece que soy joven.
Soy de la firme creencia de que, uno de los primeros condicionamientos sociales que nos programa para obedecer, es la celebración del cumpleaños. ¿Cumplir qué? Pero no sólo nos programa a medir y a percibir el tiempo de forma lineal, nos programa para celebrar: hay que celebrar, porque uno es aries, piscis o sagitario. Esos condicionamientos se condensan cada vez más y más: en las redes sociales competimos por ser lo más celebrados, los más bonitos y los más felices. Yo celebré, por ejemplo, frente a un barraquito y una pulguita a las 7 de la mañana, de un día cualquiera (creo que era veintitantos de noviembre) el hecho de nada. Nada. Celebré nada. Porque en realidad no tenemos nada que celebrar. Nunca hemos tenido nada que celebrar. Pero crear rituales propios porque sí, porque la luz se siente fabulosa a las 7 de la mañana, y el camino empedrado y silencioso en tiempos de ciudades se vuelve ya algo mágico, y llegar a la cafetería y pagar 2 euros: 2 euros! había que celebrar.  Una celebración no programada. Yo recuerdo así mi primera celebración: una sorpresa. Mi primera celebración fue una sorpresa mientras leía: más allá del cielo y las estrellas estás escondida tú, donde nadie puede verme y oírme, y hasta donde no llegan mis palabras... ese fue el momento en que el mundo me mostró que existía el tiempo, en esa frase que leí cuando tenía seis años y leí el libro completo... como si se tratara de comer un durazno... lo leí y lo olvidé. Así es el tiempo.