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Mostrando entradas de enero, 2019
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Sigo muy cansada, oigan. No mentalmente o emocionalmente: físicamente. Creo que, una de dos: o ya no puedo viajar tanto como lo he hecho últimamente; o necesito acostumbrarme al ritmo de estos viajes y ya está. Pues ya está. Creo que me voy a decidir por lo segundo. No sólo aterricé hace un mes y todavía no siento que he aterrizado, sigo usando la ropa que tengo en las maletas. Qué curioso, cuando escribí desde un rostro inmutable, sentí cómo creció en mi mente un emoticón riéndose hasta las lágrimas. Eso es la vida. Ya no expreso vida desde mi rostro. Tal vez es eso. Todo sucede dentro, como códigos para formar stickers que no llegan a la superficie, sino que buscan un botón para transmitir con los dedos. Hace tanto que no te veo, que cuando nos volvamos a encontrar, tal vez ya no sepa cómo relacionarme sin una computadora de por medio. Qué tiempos. Tiempos de verdadero cansancio, supongo, pero al mismo tiempo, tiempos de mucha creación. Vivir anclada a un ordenador me permite conec…
Estoy cansada. No sólo porque tengo 45 años. De hecho, podría decir que los 45 años son lo que menos me cansan. Me dan ánimos para hacerme nuevos tatuajes, sin miedo, por ejemplo. Tampoco estoy cansada de viajar. Quizá estoy cansada de que no estés conmigo. Eso es.  Hey, intento ser honesta conmigo hoy, okay. Cualquier impulso de honestidad me transporta a una imaginación romántica. Soy como esos señores que entre más estresados están más bromas cuentan y más ríen, hasta que caen en episodios psicóticos y entonces su familia se da cuenta que algo anda mal. Pues así yo, tal vez, entre más estrés tengo más romántica se vuelve mi imaginación: es que no estás conmigo, pienso. En realidad no. Debo admitir que cuando estás conmigo soy absolutamente feliz, cuando me hacían mi último tatuaje pensé en ti todo el tiempo. Y debo reconocer que nunca me había sentido tan afortunada por un periodo de tiempo tan extenso. Confío en ti, pues. Pero no es que vivas en Sudamérica o en Madrid lo que me t…
No recibí el año escribiendo, recibí el año pensando. De cualquier manera no creo que el tiempo sea este lastre que se va acumulando y que nos hace sentir menos completos cada día, menos suficientes. No sé si alguna vez me he sentido suficiente para algo. Tal vez sí. Pero creer o sentir que uno es suficiente para algo no necesariamente es ser suficiente. Eso pensaba ayer. Tengo una continuidad, no tengo años. Y como soy como un fantasma en los recuerdos de los escritores mexicanos (un fantasma que nunca aparece) cuando publico otro libro parece que soy joven. Soy de la firme creencia de que, uno de los primeros condicionamientos sociales que nos programa para obedecer, es la celebración del cumpleaños. ¿Cumplir qué? Pero no sólo nos programa a medir y a percibir el tiempo de forma lineal, nos programa para celebrar: hay que celebrar, porque uno es aries, piscis o sagitario. Esos condicionamientos se condensan cada vez más y más: en las redes sociales competimos por ser lo más celebra…