De vez en vez subo este video como una invocación, como si regresara uno de los mejores momentos de mi vida: viviendo en la ciudad en la que quise vivir, con los amigos perfectos, la vibra perfecta, en un estado de creatividad absoluta. Ya van a ser, quizá, diez años desde la producción de este video. ¡Diez años, Oscar Daniel! ¡Te extraño! Si de casualidad esta liga te trae para acá, por favor escríbeme: cieloportatil@gmail.com


Este guarda pasaporte fue hecho para la inauguración de "Paisaje Roto/ Passage Rot ar Fresh Arts, Houston, el 5 de octubre del 2013.
Piel de corderi con tinta de oro. Consevido y diseñado por Jorge Galván Flores. Impreso por Lady Lazarys Press y cosido por Hien Lam Upholstery. De la edición de 15 más una prueba de artista, este es el número 1 (no es por presumir).
Aham (manifestar) Nivedin (consciente)
Aham (manifestar) Atma (consciencia)

Literalmente se traduce: soy consciente de que soy consciente

Escribir es así: uno habla, uno platica, uno siente que podría decir cualquier cosa. ¿A quién? Si uno se concentrara en ese quién difícilmente saldría algo por la boca de este teclado. No hay quién. O es un quién que sólo existe en el momento que se nombra. Uno habla pues a una mente sin contenido pre-existente. No hay en ella nada que le podamos vaciar; no hay en ella un contenido del que nos podamos apropiar; no existe en esa mente a la que hablamos nada que podamos explotar y con lo que podamos hacer tratos o intercambios. Uno habla a una mente que tampoco enjuicia. Uno siente cuando escribe, cierto nivel de comprensión, cierta red de soporte, cierta fuente que escucha sin enfrentarse a la etiqueta que solemos ser en determinados círculos sociales, o núcleos comunitarios o constelaciones humanas. Uno es y punto. Uno manifiesta su miedo, su dolor, su rabia quizá por las circunstancias más absurdas. Uno echa a andar su admiración, su devoción, su manera de traducir el mundo, el vago concepto del amor o la escurridiza, pero mágica, sensación de libertad. Entonces uno empieza a tocar absolutos, estaba uno a punto de decir "absoluta libertad" pero ¿acaso, fuera del absoluto, existe otra forma de experimentar lo que llamamos libertad? Uno, entre más escribe, más refuerza esa sensación de libertad o de estado absoluto e incuestionable de lo que se es. No me refiero a que se anule en nosotros la necesidad de cuestionar, todo lo contrario; uno formula, con absoluta libertad, preguntas que tal vez para seres humanos más evolucionados resulten una estupidez absoluta. Pero uno llega a algo, alcanza algo, toca algo. Algo como aquella experiencia que tuve de saberme parada frente a un ser invisible cuyo cuerpo estaba formado sólo por magnetismo, y me daba las manos y yo podía sentirlas: me parecía imposible creer lo que no estaba viendo, frente a mi vista estaba sólo un paisaje como punto localizado donde se detenía mi camino, interrumpido por eso: lo que no se ve. La experiencia, en contadas ocasiones, sucede sin que pongamos en juego nuestros cinco sentidos, sucede en la mente absoluta. Por eso es bueno escribir así, hablando a eso que no tiene un contenido pre-existente, sino que se forma desde nuestra plática. Porque tocamos cierta globalidad, no estamos conversando con nuestra familia, no estamos conversando con el muchacho que nos gusta (o sí, pero desde otra esfera, la esfera desde donde no le hace falta a nadie interpretar lo que somos, cómo vestimos lo que manifestamos, qué color nos gusta más, dónde nacen nuestras preferencias, nuestro tono de voz ¿esta voz tiene un tono?). La escritura es así, un alcance. Quizá el alcance de una percepción global, despojada de identidad, de interpretación, de preferencias, de distinciones. Uno habla a esta percepción global desde otra esfera que permite escribir: el artificio del lenguaje y por ende, la identidad, la interpretación, la preferencia.  Contrastes que se unen (o se besan diría la preferencia) manifestando lo absoluto.
Presentamos BLA en la Librería Feminista en El Paso, Texas ¡Corran la voz!
El viernes 29 de enero presentamos BLA, en Cielo Portátil, como un evento de Mano Santa Editores y la Librería Feminista. Acompáñennos a las 9 de la noche. ¡Vamos a desvelarnos con este performance de audio basado en los poemas de BLA. Audio: Francisco Martínez, Voces Juan Manuel Portillo y yo. El video será una sorpresa. 
Celebremos un libro fronterizo, en una línea delgada que cada día se convierte más en una zanja, o en una fosa. ¡Viva la vida de la frontera! y claro ¡Corran la voz!
Mano Santa Editores es una editorial de Guadalajara, coordinada por nuestro querido amigo Jorge Esquinca. Juan Manuel Portillo es un autor nacido en Cd. Juárez, que vive en Maine, y es fundador de la organización Cielo Portátil (por una educación libre); los proyectos literarios Hoja Frugal y Plan B. Además de ser un gran-gran poeta, recibió su doctorado en literatura por la Universidad de Irvine, en California, e independientemente de todo. Es un excelente conversador y amigo.- 

Soy tan afortunada de poder entrar a este espacio, en una computadora personal (viejita, sí, no sometida a tantos y "novedosos" avatares tecnológicos, sí). Soy tan afortunada de tener un estudio donde entra la luz natural por la mañana, y un aparato donde preparar mi café y añadirle miel y crema. Darle el primer sorbo y luego soltar la escritura. No son las cosas lo que me convierten en una persona afortunada, son las circunstancias. No es el plástico de la cafetera, o el circuito de la máquina en la que escribo, ni siquiera los códigos que transforman lo que mis dedos hacen en el teclado en palabras. Son las circunstancias: un desierto, desde donde la muerte teje su telaraña, desde donde los políticos tapan una fosa con un pié y estiran la mano para cubrir la otra, luego levantan el pie para continuar avanzando y olvidan que lo usaban para ocultar una catástrofe. Son las circunstancias. Tengo amigas geniales en esta frontera. Con los hombres he podido lograr muy poco: un pintor que hizo un mural a lo largo y ancho del callejón para nuestra organización y desapareció; Antonio, que ha empujado-trabajado e insistido por un espacio Queer Only (y lo tendrá), Paulo, cuyas circunstancias económicas lo obligaron a regresar a México. Pero mis amigas son las mejores que podría haber encontrado, Lucille tiene la capacidad de ser perfecta en todo lo que se propone, desde los doscientos casos federales diarios que revisa en la corte de justicia, hasta la magia y la fuerza de su dedicación al budismo en un estado completamente cristiano ¿captan? (Lucille, convive con jueces que los fines de semana se retiran a cazar a sus ranchos: howdy!),  Susana, una narradora increíble y serrana que conoce los sistemas de vigilancia norteamericanos a la perfección (puesto que trabajó en uno de ellos), y mi hermana que, basta decir que es mi hermana y en casa no existe una persona cuerda. Recuerdo también a mi amiga Griselda que, debido a que su familia tuvo que huir de uno de los pueblos tomados por los brazos armados en México, se ha visto atribulada con trámites, resguardos, dinero para pagarle a los abogados, etc. pero es otra de mis amigas que tiene magia. Ni qué decir de Patsy, cinta negra de karate que, cuenta la historia, derribó a todas las escuelas de karatecas de hombres a nivel nacional, en los setenta. Las lesiones ahora le impiden hacer muchas cosas. Pero su mente continúa entrenada para pelear con lo que sea, de frente. A ella no la he tratado mucho, pero me cae muy bien.
Pero les hablaba de los hombres, y de la guerra. Y de la situación difícil de este borde. Los que tienen hijos están ocupados en defenderlos de los sistemas que los programan para alistarse como militares o policías, y es una labor difícil. El 99% de los niños que estudian en escuelas públicas en esta ciudad insiste en enlistarse en el ejército al terminar la preparatoria. Piensan que pilotear y bombardear países árabes es lo máximo; o detener narcotraficantes sanguinarios siendo parte de alguna policía especial es la aventura más alentadora. No es una coincidencia. La educación pública en esta ciudad también es reforzada por algunos programas de cable donde los militares y los policías son los héroes, y videojuegos donde la guerra resulta cuestión de unos cuantos pasos estratégicos que los hacen sentir inteligentes. De la virtualidad, a un paso de conocer la sangre verdadera que estalla con el olor a víceras de algún soldado reventado. O tienen otra opción: ser creativos, soñadores, aburrirse en clase, revelarse contra la institución, que los envíen con el psicólogo y comenzar a tomar medicamentos que les alteran la química cerebral desde muy tierna edad. En ciudades conservadoras como estas no se puede ser genial y pobre (porque la escuela pública te pondrá bajo fármacos). Después de la cita con el psicólogo, si los padres no obedecen las instrucciones de medicar al chico, pueden involucrarse en un enredo penal que los enjuiciará por desatención del menor. 
Tal vez por eso, creo yo, los hombres no han colaborado mucho en esta comunidad del barrio. Y mis amigos hombres son poquísimo. También por las distancias. Esta es una ciudad muy aplia que no está diseñada para peatones, sino para que cada mexicoamericano se vea obligado a contraer una deuda eterna para poder comprar un auto. El diseño de entornos que favorece la construcción de necesidades. Oh well. 
Estas es una ciudad ultra-conservadora, las mujeres se maquillan y usan zapatos de tacón para salir a comer a cualquier restaurante. Es mal visto decir y hacer ciertas cosas. Los mexicanos, aunque esta es una ciudad mexico-americana, seguimos siendo tratados por los mexiocamericanos como personas de segunda: qué decir de quienes entrenan en el Forth Bliss, uno de los campos militares más grandes de Estados Unidos; y de los departamentos de inteligencia federales: nos odian, somos escoria, basura, somos las caras que alimentan su desprecio.
Por eso, creo que soy afortunada. Me despierto con el silencio rodeando mi barrio, puedo preparar café sin que ningún otro cuerpo sea un obstáculo, entro a mi estudio rodeada de mis libros y comienzo a ejercitar esa adicción que me mata y me tranquiliza: llegar aquí, a esto. Preguntarme aquí por esto o aquello. Encarnar la fortuna y el agradecimiento. Me gusta pensar que es un poder que tengo: el poder de crear la realidad que vivo.
Tengo que ir al banco hoy. Deposito un cheque. El sólo hecho de pensar que me dirijo a un banco hoy hace que retrase todas mis actividades con cualquier escusa. Todo antes que llegar a ese edificio. Pero hoy, que he despertado muy agradecida por el simple hecho de estar milagrosamente viva creo que, puedo caminar al centro, con tu tésis en mi bolso, depositar el cheque, entrar al museo a ver esa maravillosa colección de arte del renacimiento, y luego detenerme en un café a leer, alejada de mi mascota que, últimamente está más demandante que nunca. Chau-chau.
 

Intervenir reaparece en una revista mexicana: La Tempestad. La reseña es de Roberto Cruz Arzabal. El hombre fotografiado y expuesto en la revista tomando cafecito es el gran Rodrigo Flores Sánchez, y la foto de la revista con la reseña (ya que el contenido no está en línea) es también de mi querido amigo Rodrigo. La transcripción de la reseña, es mía (osea de todos y de nadie). Mil gracias a Roberto, Rodrigo y a La Tempestad, por leer Intervenir y dedicarle ¡doble página!
Sólo una aclaración: Jen tradujo el libro al inglés (no vayan a pensar que al español), y la edición es bilingüe (a pesar de sus editores, que consideran el español -y a los escritores latinoamericanos- un lenguaje de segunda)

Multiplicidad Irresuelta.


Intervenir/ Intervene, el libro escrito por Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez, traducido por Jen Hofer, abre con un epígrafe del libro La comunidad que viene, de Giorgio Agamben. La cita explica la distinción entre el bien y el mal en su relación con el "tener-lugar": mientras que el bien no tiene lugar sino que es el "tener-lugar" de los entes, el mal consiste en que el "tener-lugar" se vea reducido a un hecho común, a la intrascendencia. Ambos espectros enmarcan la tensión que se pone en juego a lo largo del poema, no porque éste se escriba como un tratado sobre el bien y el mal, sino porque el "tener-lugar" se ha vuelto un campo de disputa para la existencia y el sentido. Antes que un poema sobre las virtudes de la bondad o sobre las condiciones del mal, Intervenir/ Intervene es un poema que se ocupa de la oposición y la ausencia en las condiciones críticas de la violencia actual. 

                         Lo que se clava, lengua
                         Lo que nos zumba, fosa:

                                   Esta intemperie nos ha fabricado estos cuerpos,
                                                                                                           DOLOR
                                                                                                       estas torres,

                                                                                                   CONCLUYE
                                                                                                              capataz

                                                                                              DESPRÉNDEME
                                                                                                                oficial
                          
                         estas cabezas
                                                                                               BAJO EL CIELO


Aunque hay dos autorías, el poema no se construye con base en dos voces, no hay una dialéctica en el interior del poema sino un despliegue de superposiciones y acumulaciones: hay reclamos, hay órdenes y hay lamentos, pero no se concentran en torno a una dualidad (el bien y el mal del marco agambiano). Hay voces que se despliegan en los espacios del poema, estos decires a veces tienen cuerpo, y a veces observan los cuerpos derruidos ("El amor se me ocurre/ como se me ocurrió tu cuerpo reventado"). La traducción amplía la dirección del poema y la multiplica en el interior hacia otra lengua  "La traducción es una forma de dictado" escribe al final Hofer, el dictado obedece a una dictadura, o se contrapone a ella, pero no escapa: busca subterfugios.
      En su libro Cualquier hombre es una isla, Mario Montalbetti escribe, al explicar cierta poesía moderna: "El signo destruye el sentido para fosilizar la significación, es decir, domestica una cadena de significantes atribuyéndoles la seguridad de un significado [...] Puedo definir poema entonces como la resistencia a hacer signo". Intervenir/Intervene, está escrito desde la pluralidad sin ser su elogio, no se enmarca en la lógica de la multiplicidad, una lógica de la diversificación del capital; en cambio su multiplicidad no conduce a ningún sitio, no se concentra. Esta diversidad puede parecer chocante para los lectores acostumbrados a la lírica dirigida y con un sentido lineal, a pesar de ello la dispersión no resulta el efecto de una innovación sino de una estrategia. A partir de la cita de Montalbetti podemos pensar en la multiplicidad irresuelta como parte de la resistencia a hacer un signo, una resistencia también a marcar un enunciador y un espacio definidos. 
        En un tono que recuerda vagamente al poema de Efraín Huerta, Amor, patria mía, el texto se escribe en dos claves que lo sostienen: la violencia erótica y el territorio. La violencia ocupa un lugar entre los cuerpos, que ocupan a su vez un lugar dentro del territorio: "Sólo soy mi país/ / estoy quebrado/ con fisuras sobre mi madera// Y quiero// Deseo poner mi país en tu cuerpo/ porque no sé llorar". Pero el territorio no existe en realidad, es el "tener-lugar" ausente, que enmarca en su ausencia, la multiplicidad del poema. A lo largo del texto se distribuyen las citas desmembradas del poema "Piedra colorada" de Héctor Viel Temperley, que sirve como metarelato de Intervenir/Intervene al reafirmar la clave de ausencia en la que se escribe. Ante la multiplicación de sujetos y voces, la dispersión de un territorio inexistente. Ante la lógica de la acumulación del capital, las alegorías del vaciamiento, de la diseminación y del subterfugio. La relación entre ambas partes interpretativas, sin embargo, también es una falta. Un no decir que va poblando.
            En la forma del poema, la ausencia del signo me recuerda el dictum de Robert Duncan: "el poema no es un flujo de conciencia, sino un espacio de composición"; en la expresión, la ausencia de signo crea un espacio en falso en el que la falta parece una respuesta a la ubicuidad de la acumulación. Acaso intento de escritura heterotópica, su resolución es siempre la falla: "Hambre es// nostalgia de// un trazo".
              En el epígrafe la divinidad es un "tener-lugar", un espacio que, habitado, puede volverse territorio. Si el territorio del poema es inexistente, o si su existencia es apenas perceptible como remanente, entonces el bien es imposible. El mal, en cambio, la banalidad de su procedencia, existe pero no tiene forma. Lo que hay es lo indecible de la ausencia. No lo indecible como el efecto del trauma, sino lo que no puede ser nombrado porque no tiene fundamento. "Un tiempo mi tarea era escarbar porque/ creí con devoción que algo me esperaba/ bajo tierra. Sólo encontré basura. Basura". En el país de las fosas, lo indecible deja de ser un manierismo de la forma para convertirse en estrategia de sentido--------Roberto Cruz Arzabal.
Cinco minutos para entrar aquí y saciar mi vicio. Oh, ¡menos de cinco minutos! Una caravana de ese tipo de resistencia que no se ve. Que sigue su camino sin dejar huella: pura manifestación. "Que no nos vean llegar" ha sido el lema. Me da gusto que ustedes continúen. Ustedes que no son periodistas, pero que bien ponen el cuerpo dentro de las transformaciones sociales. Que no son escritores, ni han hecho carrera en la política. Que son ingenieros, maestros, operadores de producción, químicos o biólogos, dibujantes, maestras, y andan ahí con todo hijos, nietos y mascotas;  pero han sabido ser sobre todo amigos de esta subrealidad desapercibida y hermosa. ¡Gracias por venir!
Por si se nos había olvidado, mandan saludar.

De Bagatela Press

Nunca he escrito un libro fuera de la frontera. Nunca. Escribí varios libros en Juárez (como 6), después escribí otros tantos en El Paso, en pequeña estancia de tres meses. Luego fui a vivir a California y ahí nació un libro infinito que no sé si algún día voy a publicar, titulado Estructura, cuyos fragmentos sin cuajar se han publicado en Alemania, En este año que llevo acá he escrito otros tres libross. Algunos escritores vibramos con esta frontera. No seríamos nada sin esta especie de fuente oscura de los sentidos. Ayer me visitó en casa Bernardo Jáuregui, narrador y editor de Bagatela Press. Me gusta Bagatela Press por la forma desinteresada de manifestar su belleza. Por el esfuerzo que sé que Bernardo pone en cada libro, por la atención al libro como objeto y el diseño editorial. No concuerdo en el criterio editorial de Bernardo, pero lo entiendo. Es un criterio, pienso yo, documental, histórico. Un registro de autores y de obras que de otra forma pasarían desapercibidos, celebrados en publicaciones que agregan universalidad, a través de la percepción de su diseñador-editor-impresor. Así llegó a mis manos Trenes para Demoler un Río, de Edgar Rincón. Es difícil leer poesía cuando la personalidad de un autor es tan latente y reveladora. Edgar es un amigo difícil incluso para sus amigos. Y esa dificultad del alma está trasladada en este libro. A Edgar no le interesa el rigor formal o el experimento fonético o lingüístico, a Edgar le interesa decir. Decir lo que, quizá, no diría en una plática. Esa percepción amarga y terrible de quien ha crecido en medio de la guerra. No la guerra contra el narco-tráfico (¿quién a estas alturas cree en ella?). Sino la guerra del alma que enfrenta la miseria que se abre en cada esquina de una ciudad sin esperanzas. La guerra del que quiere volver a "otros tiempos". La guerra del que se juzga a sí mismo por participar en la guerra. Hay una densidad terrible y romántica en lo que Edgar dice, hay calles con las que me conecto porque las recorrí, vitrinas que yo también fui a ver, imágenes que se repiten también en mi memoria; de forma distinta quizá, desde abismos distintos. Trenes para Demoler un Río convoca el lugar que "aparece" a través de un decir. Un decir que es lugar ¿no es lindo eso?. Les copio aquí un poema:

Mejía y Francisco Villa

En la parte baja de ese edificio le digo a Vera
había dos grandes ventanas y tras ellas
una galería de cuerpos disponibles
en invierno era lo más parecido a un mostrador de carnes
podías verlas temblando frotándose las manos
encendiendo un cigarro ancladas en la ilusión de procurarse el calor
---vamos a ver a las putas--- decía uno de nosotros
y eso era todo lo que hacíamos
           verlas y señalarlas con un dedo
nos quedábamos ahí riéndonos
           con la intención de lastimarlas a todas
a los 20 años sin darte cuenta
ya eres más triste que un animal enfermo

Trenes para Demoler un Río
, pueden comprarlo aquí
Estado civil: sin ortografía.
Hace varios días, cuatro, aproximadamente, fui a casa de mi madre. Tenía tantas ganas de un atole de chocolate que, mi amiga Lucille decidió transportarme fuera de la ciudad. No sé qué pasa en casa de mi mamá. En cuanto la saludo, me siento con ella un rato en la sala, y comienzo a sentir sueño. Un sueño del que nunca me repongo. "Me voy a dormir un ratito" y así pasa todo el día. En casa de mi mamá duermo y duermo y duermo. Eso me pasó hace unos días. Llegué, bebí un litro de atole de chocolate que ella preparó especialmente para mí, y me fui a dormir. A las cinco de la tarde llamó Lucille para avisarme que pasaría a recogerme. Me levanté, regresé a casa y seguí durmiendo. Pensé que me levantaría a la noche para trabajar pero no, desperté hasta el día siguiente. Creo que entrar a casa de mi mamá es como entrar a su panza de nuevo. 
Quem me dera que a minha vida fosse um carro de bois 
Que vem a chiar, manhãzinha cedo, pela estrada, 
E que para de onde veio volta depois 
Quase à noitinha pela mesma estrada. 
Eu não tinha que ter esperanças — tinha só que ter rodas 
... 
A minha velhice não tinha rugas nem cabelo branco... 
Quando eu já não servia, tiravam-me as rodas 
E eu ficava virado e partido no fundo de um barranco. 

Alberto Caeiro, in "O Guardador de Rebanhos - Poema XVI" 
Heterónimo de Fernando Pessoa 
Nada nuevo. Escribo otro libro que debo terminar la semana entrante. Ese libro se alejó de mis obsesiones más persistentes (jua! qué obsesión no lo es) y comenzó acercarme más a una percepción zen. La percepción zen se manifiesta de forma simple, pero es un estado de ser muy difícil de alcanzar; entre más uno intenta ver el lado simple de las cosas, con más fuerza se manifiestan los procesos oscuros: el pensamiento persistente. Así que, por ejemplo, el hecho de pensar en el sol puede plagar todo súbitamente de nubes cuajadas de aguaceros; pero al final de la descarga nos daremos cuenta que el sol siempre ha estado ahí y, de hecho, es imposible que el sol sea cubierto por algo. Las nubes son, únicamente una capa que se interpone con la realidad. Pero hay que ver la nube, hacerla llover antes de poder alcanzar a percibir cualquier otra cosa. Digo esto, porque en el proceso de contemplar la nube y sus tormentas para este libro hoy en la tarde, comencé a sentir rabia, comencé -como suelo comenzar- a enojarme con el mundo. Escribí y escribí y el enojo no encontró reposo. Un amigo me invitó a la plática de un Swami, un maestro indú que ha viajado en carretera por EU dando diferentes enseñanzas, después -me dijo- te invito a cenar. A medio día me llamó para decirme "paso por ti a las 6 15, para que me esperes en la puerta de tu casa" Yo, como ya les dije, estaba enojada con el mundo. Hice un esfuerzo sobrehumano para no responder "¡Qué! los Gurús mandan flores a antes de salir conmigo y tú me llamas para evitar la fatiga de tocar la puerta" pensé, ok. es la cultura de esta ciudad, los hombres en este zona geográfica se comportan así. Me bañé a regañadientes pensando "qué tanto más puedo aprender sobre induísmo, yo ni tenía pensado moverme de aquí hoy". Tal y como dijo, dos cuadras antes de llegar a mi casa, mi amigo me llamó para avisarme que estaba a punto de llegar, para que "lo esperara en la puerta de la casa".  "Sí, como sea" pensé. Seguí escribiendo otro poco y recibí otra llamada para salir porque, efectivamente había llegado y yo, no estaba esperándolo en la puerta de la casa ¿¿¿??? para ese momento ya lo odiada. Di de comer a Diva, le puse su suéter, me despedí de ella cariñosamente y salí "Hola, feliz año". ¿Vamos a llegar tarde? pregunté. No, empieza a las 7. ¿A las 7? ¿Y entonces cuál es la prisa? "Me gusta llegar con tiempo" ¿¿¿¿WTF??? volví a pensar. "¿Cómo estás?" me preguntó "Ja, estoy encabronadíííísima con el mundo" le dije. "Escribo un libro que me hace encabrornar en el proceso". Para colmo encontramos un trafical, pero llegamos "con tiempo"; como llegamos "con tiempo" tuve oportunidad de conocer a quien después resultaría el Gurú que dio la clase. Un hombre iiiiiincreiiiiible. Totalmente indú. Que guió una meditación maravilloooooosa.  Que me hizo reír a carcajadas y me explicó porqué el tiempo es sólo duración de espacio a espacio y ahí, donde está Dios hay: nada ¡Nada! (yo no podría explicarlo, pero juro que cuando él me lo decía yo "entendía" perfectamente -si es que había algo que entender-). Nos doblábamos de risa. Sus ojos son como dos pozos infinitos. Me reí más cuando me decía cosas como "yo te amo a ti, tú me amas a mí" ahí no está Dios. "Yo me caso contigo, tú te casas conmigo" ahí no está Dios. "Donde está Dios hay nada: na-da". Sobra decir que no hubo necesidad de cenar con mi amigo, el de la prisa en esa duración entre un espacio y otro. Cenamos en el templo una arroz vegetariano, salsa de yogurt y dátiles, bendecidos con esa esencia en la que, efectivamente Dios, no existe. "La flor de loto vive en el agua" me dijo "pero no es tocada por el agua. Así deberíamos vivir, como flores, rodeadas de fabebook, de tuiter, de teléfonos, ¡de Google! sin que Google nos toque" Jajajaja. Sigo riéndome todavía. Swami Chidatmananda, en estos momentos continúa su camino por carretera hacia otra ciudad de este lugar que el convierte, esporadicamente para algunos de nosotros, en paraíso.

Gilels. Si Richter no existiera, Gilels sería mi intérprete preferido.



Trabajo, pero mientras, comparto. Que conste.

Acuérdate de ti/ antes de que todo se convierta en polvo/ para que crezcas// Recuerda, recuerda/  tus diez dedos y olvida el zapato/ Recuerda las formas de tu rostro/ Olvida la niebla de invierno/ Recuerda tu nombre y a tu madre/ y olvida las letras del alfabeto/ Recuerda tu país y olvida el cielo/ Recuerda, recuerda.
A Child is Not a Knife

Last day in the month of March/ Snow falls over/speckled ground, settles/ on the branches of the small cherry tree/ From the trunk of the pine/ lichens glow   Under the snow, under the ground/ is the clear, dark/ transparent water/ I see a forest, broad-leaved, moisture/ drifting over half over-/grown temple buildings   The sun's/ sign, yellow   A green bird/ and a blue bird, conversing/ On the ground, ashes, gray    Black/ remains of some undetermined/ substance    The soldiers are far away/ History's leaves grow quickly    The plague/ get here late, quickly lungs/ bled, disintegrated   Villages/ not yet emptied/ for work on cocoa plantations/ Jesus became God of the sun/ Now, once again, the tower/of dead grows   The period/ about four hundered years  The killing/ takes new forms    New religions, a new/ salvation   Every day the sun rises/ The soldiers of the empire at their outposts/ in the central killing     Calling forth/ the other empire's growing shadows    Here too/ clear as glasss, with genuine existance/ Death's dominions penetrate one another/ Snow falls deeper and deeper, perishes    The war/ goes on, it has gone on a long time now   We/ are his hostages, its profiteers   The names/also come back    Guatemala, 1954/ Guatemala, 1983   Honduras    Nicaragua, the same year/ El Salvador, 1932   Now we're led/ back four hundred years   The numbers of dead/ are also high now that it is not even/ possible to implement exploitation/ at full capacity   The names of the empires change/ our names change   The child's wing of genocide/ grazing your cheek   In ultimate caress/ A child is not a nife   No labyrinth's web/ is opening  The man-eating monster is/ real    And no pushing it aside, no taking sides,/ can dispel that    The marches, the cries,/ringing like the voices of birds, in very grave distress/ Echoing in the kingdom of death    Solidarity of the birds in Hades/ There may not be any other   We still live the attempt/ There is no reason for us to stop/ Hope and despair are interchangeable categories/ Who seeks consolation in either of theses has already given up/ Those people who fight for their lives, also/ in great confusion, can do nothing else   For/ them nothing exists but freedom's constraint   For some/ it is murder, which damms them as humans/ No one is without guilt   We ourselves, the doomed are/ singing   Now light's pitch rises   The human voice is alone.

¿Bailamos?

Tenía los ojos cansados. La cabeza cansada. Tenía la espalda cansada. Este trip, el de recopilar entradas del blog para un libro, me está matando. 
No habría podido recopilar ni un centímetro de este libro sin el dolor de estómago y los ataques de pánico. Sin esa sensación de que, intempestivamente, alguien podría derribar la puerta de lo que soy y poner sus zapatos sobre mi intimidad. Está lloviendo desde anoche en este desierto, la lluvia me arrulla. Debe ser el recuerdo de cuando nací en la montaña, cerca de un volcán, y llovía siempre. Debe ser que mi memoria vincula esa tranquilidad de recién nacida con este presente. Me desperté muy temprano. Pensando en la intimidad: cómo defender esa puerta. Qué obstáculos ponerle. Cómo comenzar a construir el muro que produzca seguridad. A mí, la seguridad no me la entrega un muro, la seguridad me la trae la lluvia. Debe ser también que, en días de lluvia, las balaceras se detenían en el desierto. Debe ser también que, mi cabeza descansaba bajo la lluvia con la mandíbula dislocada, cuando volví a nacer, hace tanto y no tanto tiempo. 
Anoche, esta conversación, en la que te imaginé desde el año pasado se hizo verdaderamente tangible. Crear, que le llaman. Tener el poder de imaginar y que lo imaginado se manifieste de forma tangible hacia a afuera. Así, tangible, surgió esa pregunta que ya no era lo que yo imaginé. Con toda tu carga ¿Hace cuánto que no morís de amor? Un golpe simple, un tajo que derrumbó la puerta. Un golpe que dio en mi intimidad. No fue buena idea, esta mañana, añadir mermelada a la leche con miel. Mi experimento me arruinó el desayuno. Experimentar, como amar, no es sólo cosas lindas. Me refiero y no me refiero a ti. Hay que estar muy herido para referirse, diría nuestro amigo Eduardo o "Me refiero a ti como a dos fieras" ¿Recuerdas? Tú, que no eres como yo ¿recuerdas que en aquella fiesta dije: "Me refiero a ti como a dos fieras" y luego cubrí mi boca con las manos (arrepentida y no) como si se tratara de un insulto? A fin de cuentas todos bailábamos en una intimidad absoluta. Todos somos cobardes en algún punto de la vida. Todos nos conectamos con todos. A fin de cuentas me copias a la vuelta de cualquier esquina, porque vives así; yo no. Ésa es una diferencia que tengo contigo, y me fascina.
Porque ¿qué sería esto sin ti? Este cuento de la manipulación de los recuerdos. Como cuando te detuvieron en Palestina, o como cuando cedí uno de mis libros bajo coerción, o cuando en Little Tokio, un marzo, me di cuenta que tu muerte iba a dolerme siempre y pregunté ¡¿Por qué?! ¿Por qué tiene que ser así, si acabábamos de comer un helado y de cenar riquísimo? Y tú, desde una compasión infinita, respondiste: no sé, Lola. No sé
Esto también es una declaración de amor. Esto también es, otra vez, cobarde. Te adoro/ muero de amor.  Y no,  no pretendo poner eso de acuerdo.