Todo este cuerpito estará leyendo en Machine Project (Los Angeles, CA) el próximo 30 de marzo a las 8 PM. Grabamos el audio completo de mi nuevo libro titulado "Copia" en el Mistery Theater. ¿Quieren boletos para no pagar la entrada? Escríbanme a: cieloportatil@gmail.com. El cupo es limitado a 19 personas (porque estaremos grabando en vivo). Pero también pueden pagar la entrada al llegar en solidaridad con este maravilloso espacio que desde hace un par de años, se abrió a las lecturas y performances efímeros de este animal que les escribe. El año pasado hicimos curaduría spanish only con Juan Manuel Portillo y Román Lujan y también presentamos el performance No Sirvo; sin consideración alguna para hablantes del idioma dominante (¡a dominar al parque! si pueden). Esta pequeña hendidura dentro de un proyecto que jamás había realizado eventos en español fue cincelada con el pulso cauteloso-nicarguense del poeta Anthony McAnn y la persistencia de gota sobre la piedra cayendo desde Cielo Portátil. 
¿Entonces qué? ¿Nos vemos el 30 a las 8 PM? A un lado de Machine existen las pupusas más ricas del universo (callejeras), los mejores tacos del mundo (Guisados) y el pay de cereza más codiciado de este planeta (Brite Spot); también hay una horchata con expresso en el local de al lado, que no tiene comparación.
¡Vamos!

¿bailamos?

somatizo: por eso la voz:



La desorientación no es una sensación amable. Resulta más bien, según el ánimo de cada persona, tormentosa, desesperante, generadora de ansiedad... depende de qué tan dramático sea uno en esta vida. En mi caso la desorientación me da un miedo terrible, pero eso no significa que no aprecie el estado de desorientación. Significa que me he perdido durante alguna experiencia. Ya les he dicho que no sé vivir de otra manera, salvo perdida. Es fácil, y hasta romántico decirlo: suena desafiante y lindo, casi festivo. Suena, como si fuera un triunfo. Pero no, es sólo un proceso. Es lo que es. El proceso que indica que me he sumergido lo suficiente en determinada experiencia. Se despierta mi pánico, debo comentarles, a media noche abro los ojos dudando si todo lo que veo es un sueño que he inventado yo y, en ese sueño, alguien va entrar de un momento a otro a borrarme del mapa. Borrarme, es una experiencia que me gustaría conocer. La tuve, hace algunos años, pero cuando uno se borra es difícil recordar la experiencia de la borradura: uno desaparece, y ya... no queda nada. Después, poco a poco, uno toma conciencia de que frente al espejo hay todavía una cara, cuesta reconocerla, pero está ahí, parpadea, ve más o menos, es una cara indígena que los indígenas dirían que no es indígena; es una cara negra, que los negros dirían que no es negra; es una cara española que los españoles escupirían; una cara francesa a la que los franceses le cerrarían la puerta; es una cara animal, una grosería. Ahí estoy. En la grosería, en el proceso de aceptarla a través de la percepción de los otros. En realidad, los que se detienen en mi rostro es porque algo he dicho. Sino, los europeos o los criollos pasan de largo pensando: pinche india; los indígenas pasan de largo pensando: pinche mexicana; los negros pasan de largo pensando: pero está estúpida cree que es como yo! Entonces digo algo y es cuando se detienen para darse cuenta que mis pómulos tienen cierta dimensión extraña, mis párpados cierto volumen que sólo existe en África, la mandíbula sólo pudo haber surgido en la genética indígena de oaxaca y este color, este color. A mí me gusta pensar que nada de esto importa, pero esto me llama, me pone frente a mí, habla conmigo. Me hunde, me lleva a preguntarme ¿quién soy? ¿qué soy? tan mezclada, tan revuelta. Es asumir el rostro, el cuerpo: encarnar ahí las dimensiones que no alcanzan a medirse a través de la memoria, ni del tiempo. Me pierdo. Necesariamente. Sufro, necesariamente. Me invade el terror cuando percibo que mi mente también es todo eso. Por contraste. Lo que quiero borrar. Si tan sólo fuera otra cara, otro cuerpo, otra educación, otra energía, otra dimensión, otra línea sanguínea, otro continente, otra manifestación; una más clara, una manifestación más clara: ahí está. Eso. La manifestación. Ser esto que soy o (pero ¿qué soy?) o ser simple, como una planta, sentir el caminar oscuro de la tierra que me mantiene viva, la tibieza del sol que se tiende sobre mi superficie, el estallido de un color que habla. Los pasos gigantes cruzando todos los días como vínculos de guerra o de amor, cerca de la ventana, junto a mí.
Estado civil:


Mientras el mundo se desmorona y las grandes corporaciones nos acorralan para despojarnos de nuestros derechos más indispensables, mi vida está llena de buenas noticias. Una de ellas, que le concierne a mis asiduos visitantes (hey, hola, visistantes!), es que Estilo, un libro de prosa que se publicó en ManoSanta Editores en 2011, acaba de reaparecer en Kenning Editions, en edición bilingüe (inglés-español). Ustedes saben que mi vida como escritora en esta país ha sido una tortura, sobre todo en el momento en que tropecé con una editorial mezquina de NY de cuyo nombre no quiero acordarme, pero afortunadamente existen editoriales como Kenning Editions, que aman la literatura y, todavía continúan trabajando por amor, no por ambición. Pues ya está, abajo, pueden encontrar el link que conduce a SPD, la distribuidora independiente de editoriales pequeñas más importante de Estados Unidos. Ahí anuncian la próxima liberación de Estilo, con una portada de Henry Darger y blurb ¿de quién creen? de Heriberto Yépez y de Ben Ehrenreich. ¿Alguien tiene dudas sobre mi felicidad? Hagan click, para que sepan:


Style - Dolores Dorantes : Small Press Distribution

Sobre Estilo, Ben Ehrenreich escribe:

This is a brilliant, painful, and disturbing work. From the first page, Style/Estilo will tear you apart. Side effects will linger for weeks. Dorantes’ phrasing is blunt and unadorned. A few images circulate, gathering and unraveling meaning each time they recur: branches, birds, flowers, masks, “the skin of sky.” An unnamed “cluster of girls” narrates the poem, which is addressed to a murderous “you.” Behind each word—and inside each one, and all around it—lurks the violence of contemporary Mexico, and of the author’s native Ciudad Juárez. Dorantes works a cruel magic in these pages, transfiguring despair into a decimating beauty. In the original Spanish, and in Jen Hofer’s excellent English translation, this book burns with a rage that does not hope for healing.

así que, sobre aviso no hay engaño, dicen.
Hace un par de años que, en conversaciones con amigos y coautores me brinca la pregunta de cómo tasar un bien intelectual en tiempos de las descargas por internet, el copyleft, y tantos otros manjares del conocimiento en el que se ha convertido esta fuente infinita (sí, ésta... aquí donde está usted en este momento, leyendo). Ben Ehrenreich, por ejemplo, me respondió que asignarle valor a su trabajo le parecía algo más que insólito, molesto; como intentar apretujar el infinito en un espacio limitado. A mí me preocupa, porque de mi trabajo como escritora depende mi subsistencia. No tengo otro trabajo, no hago otro trabajo y no quiero trabajar en otra cosa. Comprendo mejor el intercambio energético que el monetario, sin duda, y la vida me ha demostrado que, hasta el momento, la abundancia no radica en un montón de códigos bancarios o, burdamente hablando, en cuánto dinero puedo amontonar.  Con todo eso, también soy consciente de que, actualmente, para los escritores íntegros sobrevivir es casi un infierno (para los corruptos también, pero ni cuenta se dan): los gobiernos nos responsabilizan por las realidades que describimos, si no nos vendemos nuestros colegas intentan pulverizarnos por medio de la crítica, andamos por la vida sin premios ni reconocimientos para salvaguardar la integridad, etc.
Es importante conservar lo que es nuestro, no sólo porque nos vista, nos alimente y nos calce, sino porque nos ha costado sangre, territorio y pensamiento; y es la única forma de salvarnos del exterminio.
El investigador Ariel Vercelli comentó hoy este mismo artículo aquí: Cómo robó Google la obra de millones de autores por eso me enteré; Vercelli comenta: "que algunas injusticias se sienten primero en el cuerpo, que son pre-racionales"; y ya con las influencias de traducir y rebautizar o, como dicen los jueces, "transformativar" acá le reescribo un título nuevo, sin afán de ofender, sino de dar una perspectiva ecuánime a lo que dice Roxana Robinson, donde no se describe un robo cualquiera, sino que se dibuja, quizá, la estrategia para una neo-expropiación de los bienes intelectuales (¡¿cómo así?!) o lo que yo llamaría, una forma legal para despojarnos impunemente de lo que somos.


EL FEUDALISMO DIGITAL DE GOOGLE.- ¿Es justo copiar millones de libros sin pagar a los escritores? Dejemos a la Suprema Corte decidir.

por Roxana Robinson
Click para leer texto original en inglés

La semana pasada editores, expertos en derechos de autor y simpatizantes, presentaron varios amicus* para solicitar a la Corte Suprema escuchar el caso en contra de Google sobre violación-al-derecho-de-autor promovido por Authors Guild. La decisión de la corte determinará cómo y si es que los derechos y la subsistencia de los escritores quedará protegida en el futuro.

Si usted escribe "Shall I compare thee to a summer's day?" en el buscador de Google, el texto y el autor será identificado en cuestión de segundos. Esto no es debido a que Google tiene filas de estudiantes de inglés actuando en el momento, sino porque, durante una década, Google hizo un acuerdo con un número de bibliotecas grandiosas para hacer copias digitales de cada libro en su poder.
En 2004, Google envió sus furgonetas de carga-unidades móviles, a las bibliotecas, acarreó algo así como 20 millones de libros. Los copió todos, incluyendo libros bajo derecho de autor y libros que el derecho de autor no cubría. No pidió permiso a ningún autor y a ningún editor, y no ofreció compensación alguna por el uso --aunque, como compensación, Google les dio copias de los libros escaneados a las bibliotecas.

La Authors Guild desafió la acción de Google en Authors Guil v. Google, el caso de violación-al-derecho-de-autor. se presentó primero en 2005 y decidió apelar recientemente en el Segundo Circuito de la Corte Norteamericana de Apelaciones en Nueva York. En octubre, la corte determinó que Google estaba protegido por la doctrina de uso justo en el momento de copiar los libros ---por una parte porque sólo hizo ejemplares limitados del material con derecho de autor disponible al público, y por otra parte porque la corte encontró que, hacer disponibles los libros mediante una búsqueda electrónica era "transformativo".

Pero la definición de transformativo ha significado siempre un nuevo uso expresivo del material, como el propósito creativo de la sátira ---y el copiado digital es útil únicamente si no cambia en nada el original. Así que esta fue una definición alterada del uso justo, la doctrina con cuatro principios definitorios que siempre tienen que incluir también las preguntas sobre si la acción resultará en daño a los autores y si sí o no la intención del usuario es comercial. 

Google es nada salvo comercial. Este enorme tesoro de contenido editorial es la razón por la que la maquinaria de Google es tan extraordinariamente buena y ha ayudado a Google a volverse tan lucrativo. Google ha usado estos textos, sin compensación o sin permiso, para su propios objetivos. Esto incluye esconder procesos internos, como el profundo enriquecimiento de su propia base de datos de lenguaje, para traducción, búsqueda, referencia, explotación de datos, el desarrollo de algoritmos y otros usos no definidos --aparte de los extremadamente visibles, como informarnos que fue Shakespeare quien escribió ese soneto.
Google hace un uso muy comercial del material, pero afirma que su servicio de búsqueda de libros (book-search) es tan benéfico para el público que la compañía no debe pagar a sus proveedores por el contenido.

Aquí, es útil considerar que Google reportó ingresos por cerca de $75 mil millones en 2015. El año pasado, una encuesta de Authors Guild sobre los ingresos anuales de los escritores desde 2009, mostró una baja del 67% de autores con más de 15 años de experiencia. La mayoría de los encuestados, si tuvieran que vivir sólo de sus ingresos como escritores, estarían por debajo de la línea de pobreza.

Los escritores consumados son importantes para nosotros, sostienen el núcleo intelectual de nuestra cultura, y como sociedad necesitamos su trabajo, sus pensamientos y sus voces. No podemos permitir que su trabajo sea tomado sin compensación por los gigantes de la tecnología, sólo porque estos gigantes tienen la capacidad de hacerlo.
Fue para proteger a los autores de estos riesgos que los Fundadores escribieron la ley del derecho de autor en la Constitución --porque una democracia necesita autores que puedan financiarse a sí mismos dentro de una economía libre, sin patrocinios o dependencia de pago proveniente de intereses especiales. Si a Google le está permitido tomar rebanadas enormes del material bajo derecho de autor para sus propios objetivos comerciales, se establecerá un precedente y se abrirán las puertas a futuras expropiaciones.
Google alega que sería prohibitivo pagar a los autores por el uso de su trabajo, pero esa no es una respuesta aceptable. Pagar a los proveedores es un costo simple al hacer negocios. No es aceptable que una de las compañías más ricas del mundo alegue que no necesita pagar por el contenido que juega una parte crucial en su éxito financiero. Google depende de estos textos para hacer de su maquinaria de búsqueda una de las mejores del mundo, y esa superioridad es lo que sustenta sus ingresos por publicidad. El contenido atrae al tráfico, y el tráfico conduce a ingresos por publicidad.
La Corte Suprema no ha tomado un sólo caso que involucre el uso justo del derecho de autor desde 1994. Las cortes inferiores ---aplicando viejos conceptos a hechos nuevos-- han creado un nudo que traslada las compensaciones del sector creativo cada vez con mayores problemas. hacia el acaudalado sector tecnológico.
Más allá de la ley, este es un asunto de moral. Como dijo Ralph Waldo Emerson "La civilización depende de la moral". Por lo menos, es lo que el buscador de Google dice que dijo. 
Robinson es novelista y presidenta de Authors Guild en Nueva York. 

*Amicus: escrito presentado por un tercero sin solicitación de las partes litigantes con vistas a ayudar al tribunal a solucionar un determinado caso. 

¡justo como tú!

Aquí estoy otra vez. He venido acá durante la semana y he borrado todo lo que escribo. Leo y me parecen líneas escritas a base de falsas preocupaciones, falsas expectativas para intentar explicar quién soy. He pasado estos últimos meses conversando o, respondiendo interrogatorios. Cuando alguien me interesa no pregunto mucho. Hago mis investigaciones por mi cuenta. A veces las respuestas no dicen nada, no significan nada. Uno construye un mundo a través del que quiere ser visto, procura no mentir y ta está. No hay mucho que uno pueda hacer, ni como entrevistador ni como entrevistado, sobre todo si no estamos hablando de un trabajo periodístico, si no hay nada que uno esté esperando descubrir: una relación simple, con otra persona tan simple o tan compleja como uno. El asunto es que, desde noviembre no he podido dejar de escribir. Termino un libro y comienza otro. Ustedes saben que nunca me siento segura de un libro terminado hasta que lo dejo dormir en un cajón por dos o tres años y luego vuelvo a abrirlo y me dice algo. Estos últimos años no he tenido tiempo de hacer eso. Antes de terminar el libro ya tengo la propuesta de publicación. Me pasó con Estilo. Tenía meses de haberlo terminado cuando lo publiqué y siempre me sentí insegura. Si a eso le sumo la presión que ejercen los traductores porque de mis circunstancias se sostiene su sentido laboral unido a la política y la buena voluntad (argh, qué asco), termino entregando un libro a ciegas, forzando a mi lado valemadrista a decir: total, eso quieren, eso tendrán. Pero no me siento bien. Hace ya cuatro años que publiqué Estilo; hace ya 17 años que publiqué mi primer libro. Pero mi primer libro se publicó 5 años después de que yo lo hubiera terminado. No sé, libros más, libros menos.  Me importa un poco porque, a fin de cuentas (y a fin de las vanidades de todos los que tenemos que ver en una publicación) yo soy la que termino poniendo mi cara y mi nombre y mi presencia y mi hambre y mi tiempo y mis obsesiones y pagando la responsabilidad por decir lo que digo. Ni la editorial, ni el traductor, ni el formador, ni el diseñador, ni el artista de la portada. 
Lo bueno es que yo, no he podido dejar de escribir o el libro no ha podido dejar de escribirse. Por eso todo lo que me rodea es un estímulo caliente, termina rebotando en la estructura del libro. Cada conversación, cada pregunta, cada invitación, cada noche tomando vino con mis amigas va a dar a esa parte del pensamiento donde el libro se forma. Y me siento más perdida que nunca ¿quién soy? me pregunta a cada rato ¿yo soy quien hizo esto o aquello? ¿cuántas vidas he vivido en esta sola vida? y cosas así. Lo mejor del caso es que este libro se manifiesta lento; puedo salir del túnel, platicar, continuar con mi trabajo y regresar al túnel cuando me da la gana. Tal vez es porque no tengo una fecha de cierre, ni la quiero tener, así que absténganse de solicitar la publicación o la traducción de algo que todavía no existe (aunque podríamos negociar, siempre estoy a un paso de quedarme sin comer en este desierto, je, ya saben: viajes, joyas, perfumes, servicios de casa, y vales de despensa ah... y una bicicleta). Bueno, mis amigas llegan. Voy a desayunar ¡a estas horas!