Disculpen los frutos de mi obsesión de estos últimos meses: ¡la copia! Yo la disfruto muchísimo.

Y nos fotografiaron sin miedo; es decir: nosotros estábamos desprevenidos, sin miedo y el fotógrafo, sin miedo, nos disparó. Oh, querido aries y querido sagitario, no sé cómo sobrevivo sin ustedes en estos desiertos (pero no le hace)

Foto de nuestro querido amigo Juan Manuel Portillo

La próxima vez pasaremos horas hablando de mi madre y de mi padre. De mis hermanas y hermanos. Mi padre era un loco, ya sabes. Pero no sabes sobre la colección de máquinas portátiles de escribir que tenía mi madre. Una de las primeras imágenes que recuerdo: un salón repleto de máquinas de escribir de todos los colores: amarillas, azules, rojas, verdes. Era tal vez 1975 o 76. Las máquinas parecían animalitos muy fuera de mi alcance, brillantes. Mi colección de máquinas de escribir, comparada con la de mi madre, me parece muy triste, de tonos aburridos, oscuros: negros, grises, verdes. Mis animalitos melancólicos, sin salir de sus cofres. La próxima vez que hable contigo será en la presentación de alguno de mis libros. Hablaremos también de la reproducción genética que le da forma a la barbilla. Y del amor que tengo por los magos que me rodean. Por si me has olvidado, llevaré una blusa negra con estampados blancos en forma de caballos y presumiré no conocerte.
              Thanks for the excuse to cry.
              I was looking "for" a reason "to cry" in public. Something
he can't say and it agitate him. Can they fire me "for" that?
An aceptable "reason."
              Don't underestimate "the" importance of these escenes "of"
research "and" reflection.

                         Also "to" fool your self into
                         Believing you are doing work
                         If "I "survive "a" suicide
                         Atempet will "I"
                         Lose my job? "I" "dont" know. "You" should
                         Read your contract.

Aaron Kunin/ Del libro Cold Genius




Siempre hay un momento del año en que comienza a pasarme esto: dejo de dormir por un día, por dos días, por tres días; sustituyo mis horas de sueño por horas de trabajo, me involucro en doce proyectos, genero ideas. Cuatro días sin dormir. Comienzo a pensar en la posibilidad de tomar "algo" pero concluyo que si tomo "algo" entonces dormiré un día y al día siguiente necesitaré tomar "algo" otra vez. Prefiero no tomar "algo" para dormir y me arrastro al quinto día, ya pensando que todo es culpa tuya, que si hiciera el amor contigo yo dormiría como un bebé y que mis decisiones de vivir en la frontera son totalmente equivocadas pero, todo se soluciona escribiendo. Vengo aquí a descansar, hablo con amigos, recibo personas en la casa, doy consejos; el sexto día sin dormir me empujo a la cama, pienso en llamarte por teléfono, en que alguien puede tirar la puerta y entrar a asesinarme; en que Diva está dando muchas vueltas por el pasillo. Diva está echada en su cama como siempre. Prefiero levantarme y preparar un café, comer algo dulce, volver a escribir. Esperar que den las cinco de la mañana. Ver amanecer y sentir que el mundo es tan amplio y nosotros estamos en cada cosa. Pienso en mi maestro Tich Nhat Hahn, en la mesa para dar reiki que ahora descansa en la biblioteca, en mi mamá que nunca llora. Prometo que tomaré algo "natural" para dormir, pero la valeriana no me da buenos sueños, así que busco una película: Las últimas imágenes del naufragio, su personaje que elimina palabras y borra la palabra papá de su vocabulario, su relación con la tendencia a enmudecer que mencionaba Paul Celan. Pienso que me gustaría escribir un libro contigo. Que un libro nuestro sería un buen golpe. ¿Pero quién piensa en golpes? No me refiero a esa clase de golpes, un golpe positivo ¿Hay golpes positivos? Entonces sé que, tal vez, mi estado es maníaco. Pero estoy segura que todo se soluciona con ponerme unos tenis y dar un par de vueltas corriendo por el vecindario. Mis tenis son hermosos, tornasoles, ligeros, los coloco sobre la piedra de la chimenea junto al sofá, me siento a mirarlos y escucho el silencio de la calle. Quizá sean las dos de la mañana. El silencio crece dentro de mi cabeza. ¿Qué estoy haciendo? Abro la puerta, veo el desierto provocado por las horas, el brillo de no sé qué luces y estrellas sobre el pavimento, el pavimento que se dirige como agua hacia alguna parte. Me detengo en la banqueta con los zapatos en la mano, el frío reactiva mi circulación, doy pequeños brinquitos, puedo ver que ese "alguna parte" es una hilera de faroles de vigilancia, el "otro lado", la ciudad que se desmorona detrás del tejido alámbrico del muro. Quiero volver.
Foto: Jorge Esquinca



No pude dormir. Anoche, en cuanto mi cuerpo tocaba el fondo del sueño me despertaba una voz llamándome. El ruido de las patas de Diva en el pasillo. Alguna mujer platicando en la calle, Abría los ojos sólo para percatarme que Diva no se había movido de su cama, no había nadie en la calle y -por supuesto- la voz que me llamaba no existía. Soñé a a mi madre llorando. Nunca he visto a mi madre llorar. ¿No es extraño? El lugar de donde yo nací no llora nunca. No sé cuándo mi madre decidió no llorar. Mientras escribo esto la olla con la reserva de avena granulada que traje de Los Angeles se desborda en la estufa, envuelta en llamas. Ah, mi destino, Apenas hace dos días yo estaba plagada de esperanzas. Dejé de frecuentar noticias, dejé de "enterarme" de las cosas. Comencé a vivir en un mundo más amplio, a ver la red de internet como algo positivo, a sostener decisiones para cambiar algunas cosas. Pero ayer no sé qué pasó. La esperanza se parece el miedo pensé. No me informo acerca de la guerra, no sé cuántas personas están muriendo a un lado, no tengo idea de lo que pasa en medio oriente. Pero a fin de cuentas todo lo que pasa en el mundo está dentro de mí ¿no es cierto? Tener esperanzas es como estar completamente loco. Esa sensación de no tocar la realidad me conmociona, me asusta muchísimo, me paraliza. Entonces me detengo y vuelo a las masacres, a los gobiernos totalitarios, a pedir libros por correo. A intentar de justificar lo que sucede de manera absurda ¿Acaso no -consciente o inconscientemente- todos justificamos la guerra de alguna manera para continuar vivos? Veo fotos del Uruguay, mis amigos bailando, celebrando sus libros, haciendo música. No es cosa del lugar. No es cosa del lugar, me digo. Ah, Latinoamérica, qué terrible verte de aquí, desde esta cárcel. Cómo desde el sur nace la esperanza que se transforma en terror conforme avanza el territorio hacia esta otra parte del mundo ¿pero acaso no somos lo mismo? No, pareciera que todo se va descomponiendo conforme el territorio avanza. Han sido años de golpes al sur, años de intentos desmesurados de la guerra para volver polvo el sur y el centro. Años con unas ganas de esclavitud y de exterminio que caminan. Mis reflexiones rayan en la cursilería. Pero la cursilería es preferible al dolor encerrado. No estoy llorando, no tengo ganas de llorar. Añadí sin escrúpulos una cantidad de miel abundante a los granos de avena que pude rescatar de la estufa. Miel. Para tranquilizar mi corazón no pruebo la miel, soy la miel.
Quito, Ecuador. Noviembre 2014.


¿Qué decir ante la alegría? ¿Qué hay fuera de nosotros? ¿Existe eso a lo que nos gusta llamar distancia? ¿Alguien dijo que hay partes de la galaxia donde las distancias se doblan y los mundos vuelven a tocarse? ¿Creemos todo a pie juntillas? Es decir ¿Creemos que afuera y adentro son realidades diferentes? ¿Que esto es aire? ¿Que esta superficie es una pantalla? ¿Que estas preguntas preguntan en lugar de expresar afirmaciones a través del estado interrogativo? ¿Y qué tal que allá afuera todo fuera tu mente? ¿Qué tal que ese niño con la garganta degollada es la manifestación de lo que somos? ¿Qué tal que en el momento justo de cada procreación residimos nosotros? ¿Que en cada nacimiento nacemos todos otra vez? ¿Que tal que cada vez que un recién nacido abre los ojos todos tenemos la experiencia de ver por primera vez? ¿y qué tal si cuando nace un niño que no hablará nunca y nace un bebé sin ojos, vuelve a nacer en nosotros la extrañeza de haber nacido en el lugar equivocado? ¿Qué tal que el dulce de leche es una fuente que proviene de nuestro corazón? Cuando las flores abren, o las hojas caen nosotros caemos y nosotros abrimos. Pero ya lo dijo mejor Macedonio ¿o fue Girondo? ¿Y la herida? ¿Y la prisión? ¿Y el terror? ¿Y las personas que caen acribilladas, masacradas con piedras, aterrorizadas con machetes, reventadas a golpes? ¿Y las puertas de hierro que se cierran detrás de los países? ¿Y los túneles? ¿Y todos los que se han acostumbrado ya a vivir bajo tierra, sobre los árboles, en las cuevas o prisioneros en campos de cultivo, deformando sus cuerpos por colectar maravillosos frutos inclinados por más de doce horas? Los frutos, amor, también somos los frutos por los que otros esclavos se rompen. Las manos por las que otros esclavos cesan. Las bocas dulces que otros han de extrañar.

Pues si no quieren leer el Harriet Poetry Blog, yo les leo:


Un guevo de corteza que envuelve y cría una fruta.

Foto: Jorge Esquinca. Calle Óregon, El Paso, TX

Pues sí, ya llegamos. :)




Bueno, que ha aparecido la conversación que llevamos Jen Hofer y yo en el blog de Poetry Foundation. Qué lindo hacer una conversación pública ¿no? Como las cartas que hemos escrito Rodrigo Flores y yo que, espero, algún día, cuando seamos abuelitos, salgan a la luz. O "Intervenir" un libro escrito por Rodrigo y yo en el 2009, a ver si ahora sí este año se ve clara su "ap!arición". En fin, aquí les dejo el link a la conversación que tenemos Jen y yo, y que se pondrá mejor porque avanza y revela.  ¡Supremo! aquí HARRIET THE BLOG OF THE POETRY FOUNDATION

d.
¿No nos acompañaron al lanzamiento de Cielo Portátil el pasado 29 de enero? Bueno, pues ahora nosotros los acompañamos a ustedes. Este es el corto que nuestra amiga y colaboradora Cristal Castillo, realizó para el lanzamiento en el Stanlee & Gerald Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso (ahora este cielo se reproduce en cada click, seleccionen pantalla completa y dénle).


Un audio más de la presentación de Cielo Portátil, en El Paso, Texas. Para aquellos que no estuvieron en el original, este fragmento de copia.

No hagan mucho caso a este post, que lo escribo medio decepcionada con los rumbos del mundo. No es mi obsesión de detenerme en las guerras -que no pasan tan lejos como algunos creemos: vivimos en un país en guerra- o a mi sensibilidad ante una frontera donde ya no importa lo duro, sino lo tupido (literalmente), cuando por encima aparecen dos o tres muertos al día, pero por debajo sabemos que el río del exterminio continúa. No es por eso que me decepciona el rumbo del mundo. Pero no me hagan mucho caso. Estoy cansada, nada más. Y mis fieles lectores saben que a eso vengo aquí, al descanso. Los territorios de la guerra son así, lo que me decepciona un poco es pensar en los territorios que nos quedan y en lo que se han convertido. El otro día cenaba con una amiga millonaria, judía, sobreviviente del holocausto que me contaba cómo hacía para sobrevivir en medio de la guerra. Ella tendrá quizá noventa años. No sé por qué yo le caigo bien. Nos vimos en un club, de esos que promueven la exclusividad y las divisiones aquí, en Texas. De verdad no sé por qué le caigo bien. Pues ya, yo no debería importar en lo absoluto en esta trama, decía que ella me contaba que la Alemania estaba tomada por los nazis y los rusos, y una pieza de pan costaba 100 dólares. Había personas que no podía transitar debido a los bloqueos pero ella, no recuerdo por qué, podía cruzar el país sin problemas. Dice que cruzaba de una provincia a otra para conseguir el pan y el aceite más baratos, y en el camino dividía todo en porciones pequeñas, entonces regresaba y vendía las porciones para sobrevivir.  Así, en medio de la escasez, su instinto de mercader salvó su vida. Ella suele decirme "habla el inglés marcando tu acento, te vuelve exuberante". Pero yo no sé de dónde vengo, ni quién soy. Tampoco sé en qué momento ella llego a Estados Unidos desde Alemania y se casó con un árabe que le heredó millones. No me interesa. Mi amiga me regaló un collar y unos aretes, me mostró su casa por dentro (un poco recargada de brillo para mi gusto), me saludó su sirvienta vestida de uniforme, me mostró algunas fotografías, no sé si de sus hijos, no recuerdo. Ya era muy tarde. ¿Para eso sirve la guerra? ¿Para sembrarnos el miedo terrorífico a quedarnos sin pan o sin aceite? ¿Un miedo que nos mueve a generar fortunas, a poner uniformes, a convocar a la servidumbre? Dejé la casa temiendo que alguien me hubiera visto salir de ahí. ¿Qué pensarían de mí? No entendí nada de lo que ella intentó mostrarme, no supe qué era lo que tenía que aprender. Será que no me interesa la exuberancia. O debí comprender que los millonarios de hoy fueron los hambrientos en las guerras pasadas, ¿Es eso lo quería mostrarme? ¿Que conocen el hambre y el dolor de la guerra y es el terror lo que los obliga a perpetuar las políticas de exterminio? Soy una paranoica, y eso me decepciona profundamente, mi amiga solo quería quererme y ahí está, el terror de la guerra filtrándose en mi percepción. Mi amiga tiene unos ojos brillantes, como de niña y sí, su exuberancia es desbordante.
Tengo problemas con el presente. No es que el presente me ocasione problemas, es que tengo problemas para ubicarme en el presente. Cuando no me ubico en el presente mi vida comienza a estancarse (o por lo menos eso me parece, en realidad nada se estanca, todo está en movimiento siempre).  Me veo al espejo y empiezo a diferir con lo que se refleja. Quisiera ser otra mujer, más linda. En el presente soy muy linda, pero cuando no estoy en el presente no sé a ciencia cierta a dónde me voy, a qué momento. Todo se mueve, sí. Nada esta quieto. Eso me consuela frente al espejo. Puedo sentir cómo mis células se mueven, cómo la sangre se calienta en mis pómulos. Y recuerdo el brillo que había tenido en los ojos: ¡ahí está otra vez! ¡he vuelto! Todo se mueve sí, pero ese brillo no se construye solo. Hay que invitarlo, empeñarse en él. Visitarlo hasta donde vaya. El tiempo. Qué linda soy en el presente, sí. Vistiendo azul marino. Con el cabello y los ojos bien negros. Y ese brillo que comenzó no supe cuándo. ¿Cuándo? ¿A dónde me había ido estos quince años? Ah, ya, tal vez tenga que ver con que en un mes llegará marzo, con su mano de germinar. Marzo con su manto de nacer. Marzo con su golpe de beso. Tal vez tenga que ver con que se me olvidó marzo con su ventarrón, con su látigo de sombra, con sus brazos de muerte. Marzo, que no me pudo llevar. Pero fue en realidad noviembre. Ecuador es un salvavidas. Algo sabe tejer muy bien. Regresé y conté lo obvio sobre la manera de los ecuatorianos para señalar las distancias, pero lo que sucede en Ecuador tampoco se deja de mover. Uno no puede andar por ahí creyendo que las circunstancias nos abandonan. Les debo una crónica. Pero les debo más. Estaba no sé dónde, y en dos segundos ¿ven?: he vuelto.
Desde el Uruguay, tú ¿en qué andas? de mi queridísimo Agustín Lucas, junto al DJ Lev Yasin. ¡Extrañándote andamos, Uruguay!