Nuestro libro Intervenir continua apareciendo en las listas de este año; este ha sido mi comentario preferido a su lectura, hecho por Sara Uribe y publicado en su TOP 10 de libros en la revista Transtierros. Intervenir fue un libro que escribimos (yo con mucho entusiasmo y alegría) si no me equivoco, en el 2009. El proceso de publicación fue una tortura. ---No nos salvamos de los abusos típicos por parte de editores que se creen superiores al autor, y lo tratan desde esa supremacía (por lo general blanca, o criolla)---. Pero la gratitud que siento hoy ante una descripción  precisa, de la intervención como cirugía, vale cualquier sumersión en el infierno. Mil gracias, Sara Uribe.

"¿Qué ocurre cuando un lenguaje es avasallado y atravesado por la violencia? ¿Cuál es esa irreversible luxación que se efectúa en las palabras y sus significados? Algo nos deja vacíos, descolocados, inciertos. El lenguaje nunca es el mismo después de preguntarse por los cuerpos rotos de un país roto. Pero no sólo aquél que utilizamos para referirnos a las heridas y a las pérdidas, se trata de todos los posibles lenguajes; se trata de la torcedura de todos los posibles abordajes para nombrar el cuerpo, el amor, la patria, lo cotidiano y la memoria. Y es que todo, todo ha desaparecido, nos advierten Rodrigo Flores Sánchez y Dolores Dorantes, en su escritura a cuatro manos de Intervenir, una mixtura de discursos que se superponen, se reescriben y se sobreescriben entre sí; una anunciación de lo que queda después de la catástrofe cuando uno ha sobrevivido: cuando sobrevivir es tener que aprender a nombrar de nuevo todo aquello que ha sido trastocado. Rodrigo y Dolores, es decir, sus escrituras, dialogan y producen este libro como si estuviesen realizando una intervención quirúrgica. Uno puede ver en la página sus movimientos, sus cortes, sus costuras, sus respiraciones a veces unísonas, a veces sólo paralelas. Van cortando y abriendo el lenguaje como una gran herida al tiempo que intentan suturar y, con ello, generar nuevas capas de sentido; a pesar del dolor, a contracorriente del trauma y de la nostalgia que subyace en sus narrativas que son ya siempre fragmentarias, dispersas, incompletas. Es esta, en todo caso, una poética que no sale inerme al daño, una poética fracturada."
Image courtesy (for Entropy) of Kenyatta A.C. Hinkle and Jenkins Johnson Gallery
Mumbo Jumbo, 2011 India ink and Wite Out correction fluid on acid free recycled paper, 8.5 x 11


Hay temas que me apasionan, uno de esos temas es la percepción de cualquier tema que toque Fred Moten. He escuchado críticas a Perloff desde hace años, y a Goldsmith también (si no los conocen qué bueno), críticas que celebro aunque, algunas veces, provengan de gringos inconscientes de su propio deseo de pertenecer al mundo que critican o que "desprecian"; porque aunque se ha activado el motor de la reflexión en ellos, reflexionan sin un verdadero cambio de percepción del mundo, es decir, reflexionan desde su mundo blanco (en México, diría que los clasistas reflexionan desde su mundo criollo, por ejemplo, siendo alumnos orgullosos de personas como Marjorie Perloff --sí, Perloff le debe su fortuna, en parte, a algunos mexicanos que desprecia). Un mundo donde el "Yo" está por encima de todo. No confío un centímetro en ningún gringo, debo decir, aunque me alegra que, unos pocos comiencen a abrir bien los ojos. Leí esta mañana este artículo de Fred Moten y me pareció absoluto ¿Para qué queremos nosotros habitar ese mundo -el mundo blanco, o el mundo de la poesía institucional, o el mundo criollo, o el mundo clasista? Quedarse sería reproducir los comportamientos que ellos han creado, es decir, usar una estructura que genera lo mismo que criticamos. Tenemos el poder, y lo hemos hecho ya, de crear nuestro propio mundo. Mi versión en español puede tener errores, pero pueden consultar el link con el original haciendo click en el título. El texto original es de una expansión hermosa, amorosa.
por Fred Moten
Me salí de Facebook mucho antes de que Kennth "Solid" Goldsmith decidiera encontrar algo que re-decir acerca de la forma muerta en que siempre hemos vivido. Si tan sólo alguien le hubiera susurrado al oído: si no encuentras algo bueno que re-decir entonces no re-digas nada. De todos modos, la última cosa que le hubiera preguntando, en Facebook o en cualquier otra parte, es "¿Qué mierda estás haciendo?" Sé qué mierda está haciendo. Desafortunadamente, como asunto de vida o muerte, tengo que enterarme de esa clase de cosas. Es parte de lo que tienes que hacer para sobrevivir al ancestral y presente continuo tratando de borrar nuestra ancestral y continua presencia. Pero, porque él no tiene que saber qué mierda está haciendo, me estaba preguntando sí sabía, o si le importaba. Con el paso del tiempo la respuesta ha quedado clara. Mientras, buscamos un preponderante común donde respirar, que se corresponda con la preponderancia común en la que respiramos. Esta aspiración sub-respiracional es el portafolio de Juliana Spahr. Es un objeto esencial de deseo y crítica. 
Respiro cierto aire que respira Marjorie Perloff también. Me gusta cierta poesía que también le gusta a Marjorie Perloff; al mismo tiempo, no nos gustamos el uno al otro, aunque no nos conocemos; al mismo tiempo, aunque no la conozca, sé muchísimo acerca de ella. De hecho, yo se muchísimo más a cerca de ella de lo que ella sabe acerca de mí o de ella misma. Es una función de nuestra educación. Tengo que aprender acerca de ella y de muchas de las cosas que han sucedido y que continúan sucediendo para que ella exista. Ella nunca había sido tan obligadamente, una condición que induce no sólo ignorancia sino sangre fría. Y ahora, quiere dejar el mundo de la poesía porque piensa que nosotros lo hemos allanado, trayendo toda una discusión escandalosa, indecorosa y repugnante ---autos estacionados frente al jardín; el despreciable aroma de la preciada clase baja flotando sobre el manicure universal y sus conceptos entubados. Pero este es su mundo; ella no puede irse. Ella lo planeó, así que ella puede quedárselo. Ella tiene que quedárselo. No puede retirarse ---o, para ser más precisos,  no puede ¡tragarse sus pinches palabras por un minuto y sentir!--- si su vida depende de ello. De hecho, su vida ---en la que la abstracción inmaterial y brutal que ella asume como derecho absoluto para negarse a asumir lo mismo por un negro, asustado y grande Michael Brown--- depende de que ella continúe hablando, incluso si es sólo para su círculo de estirados, incluso si de todo lo que ella y ellos pueden hablar es acerca de su (y sus) derecho de hablar. Profundamente todavía, tristemente, miserablemente, Marjorie Perloff reclama su "judeidad" de manera que le permita hablar de la "blanquedad", ejerciendo su derecho a decir cualquier horripilante mierda antisemita que quiera de manera que le permita ejercer su derecho a decir cualquier horripilante mierda anti-negra que quiera. Hay algo típicamente doloroso y vergonzoso acerca de esta violencia y odio dirigidos a la víctima, que se anuncia como un tipo de claridad de visión anti-romantizada en lugar de la romantización subrepticia del victimario, una suciedad (ser)vil que toma la forma de una teología perdida e impensada de la fortaleza. Quizá esto es lo que es amar el (poesía) mundo como es: un rechazo posesivo, una insensibilidad anti-intelectual insistente en la valuación y la separación, una negativa imperial a sentir que constituye la trágica y absoluta reducción de lo que somos y de lo que se supone debemos ser.
Para hablar, como sea oblicuamente, de los actos de Marjorie Perloff es hablar incluso de su des-hacer. Debe ser que ya no existe más Marjorie Perloff como persona. Quizás Marjorie Perloff es sólo un concepto. Se requiere una investigación posterior. Por ahora, digamos, con la mayor exactitud posible, que hay una susceptibilidad sobornable en semejante amor no correspondido al (poesía) mundo en el que finalmente disfrutamos asignar el nombre Marjorie Perloff.  No es que Marjorie Perloff deba dejar el mundo de la poesía; nosotros tenemos que irnos, una condición de la que nos sentimos orgullosos y gozosos. Marjorie Perloff encaja íntimamente con la distinción entre la violación y el rechazo del buen gusto. Marjorie Perloff tiene mal gusto. Marjorie Perloff está en el mal gusto. Por otra parte (en la otra mano) ---la mano que permanentemente vuela más allá del manubrio, apresurándose fuera del cuerpo y fuera de este mundo--- cantamos la tierra con sabor: polvo en nuestras bocas, agua en nuestros pulmones, sangre en nuestros ojos, manos en nuestras manos. Marjorie Perloff, te hemos estado estudiando por mucho tiempo para ya no estudiarte; te hemos pensado insistentemente para ya no pensarte. Quédate donde estás.


Llover siempre llueve.
A veces con violencia. A veces suave.
Recién llegados a casa o sin techo nos sacudimos 
como terriers mojados.
O con cuidado, para que nadie note
que hemos llorado.
Pero llover siempre llueve.
¿Hasta dónde he llegado en ti el nivel del llanto?
¿Hasta el ombligo? ¿El pecho? ¿El cuello?
No necesitas desnudarte para enseñárnoslo.
Nos lo leemos mutuamente en los ojos
como en un transportador.
Si hay que decir algo siempre se puede decir:
Amor mío,
para mañana ya tendrás secos tus guantes de lana.

Werner Aspenström (trad. Paco J. Uriz)
Si continúo agregando entradas a este blog, nunca voy a terminar la selección que necesito entregar para fin de año. Pero es este tipo de escritura el que surge mientras trabajo en eso y aquí estoy, escribiendo en vez de seleccionar. Estoy comenzando a creer que esta clase de escritura se está convertido en otra forma de dependencia. Al tratar con otras personas, personas que tienen poco tiempo en mi vida, personas que me hacen pensar desde una existencia novedosa, con las que sostengo un proceso de conocimiento y aceptación actualmente, puedo percibir que hay algo que no encaja: necesito escribir para explicarme algunas cosas, para resolver algunos pensamientos y después dominarlos oralmente. Incluso pensamientos que domino y sostengo como parte de algunos libros que no he publicado todavía, los cuestiono si los platico, los cuestiono al momento de repensarlos. La escritura se ha vuelto una resolución a las preguntas que me hago desde el año pasado. Quizá sean dos años ya que me he fijado en unas cuantas obsesiones para preguntarme cosas distintas; básicamente sobre el condicionamiento humano y como es que ese condicionamiento se instala imperceptiblemente y nos lleva a reaccionar como seres programados para contribuir a determinada estructura social/de poder. Y me lo explico aquí de forma muy sencilla, sólo intentando responder las preguntas que aparecen mientras leo a una variedad de autores que me fascinan. Aquí ese proceso es seguro. Mi problema ha comenzado a surgir allá afuera, en la percepción de la realidad familiar, por ejemplo: tan simple en apariencia, pero tan poco adecuada a mis circunstancias. ¿Por qué comienzo a dudar de mi participación o lugar dentro de mi propia estructura familiar? Si la familia es la aceptación absoluta, es un ente que acepta, incluso sin comprender al elemento que es aceptado: el elemento sólo nació ahí, en el ente familiar: es la familia. Comencé a dudar de mi pertenencia al núcleo familiar porque comencé a dudar de mi misma. Repentinamente, con los cambios intempestivos en la familia; un nuevo miembro recién nacido adaptado y aceptado totalmente como parte de nosotros, es decir como parte de mí. Sentir esos ojos nuevos teniéndome una confianza absoluta, otra persona soltando su sueño en mis manos, me derrumbó. La convivencia a ese nivel con un bebé ha sido algo completamente inesperado. Tal vez en ese momento comencé a sentir la separación, "no soy como ellos" "¿en qué me he convertido" "¿cuándo fue que la vida transcurrió tan rápido?". Estuve bebiendo whiskey a escondidas con mis dos sobrinos, creo que es la primera vez que lo hacemos, a como están las cosas en la familia, supongo que no será la última pero, cómo decirlo --sí, he tenido "novios" de su edad-- pero mis sobrinos todavía siguen siendo mis niños. No es que me sienta vieja, no es eso, es sólo que repentinamente sentí que, por el hecho de no reproducir esa manera sencilla en la que las familias construyen sus cadenas y se unen a otras familias, y se relacionan con otras personas y se involucran íntimamente con la primer personas que se les planta en el camino. quizá estoy fuera de lugar. Una familia es un organismo que no se transforma a base de complejidades, sino de accidentes. A mi no me gusta involucrarme íntimamente por accidente, a mi me gusta conocer, indagar, saber hasta donde se pueda saber, descubrir, maravillarme, extasiarme, amar, adorar y después decidir si me involucro íntimamente; ja, creo que siempre termino decidiendo que no. Pero esa diferencia (y muchas otras) no me excluye de ser parte de mi familia. Soy esos accidentes también, los suyos. Soy esa forma de aventurarse a un nuevo matrimonio, a un nuevo nacimiento, a la inclusión de nuevas personas a la familia. Me preocupa cómo me verán por el hecho de no vivir como ellos viven; por ser un animal al que no le gusta el cautiverio, y al mismo tiempo un manojo de nervios que le teme a la vida y a la intimidad; por ser una diosa y al mismo tiempo una neurótica que necesita sumergirse en su propio silencio por periodos interminables, y sólo platica con su perro. Al final de cuentas ellos también son esto que yo soy. Todo nos fue heredado.

Pues en esta pequeña lista de lo "acontecido" en México, vuelve a aparecer Intervenir, Uno de mis libros escrito en co-autoría con Rodrigo Flores-Sánchez, Un libro que realmente no es mío, pero tenía que nombrar de alguna manera a ese despojo. Gracias por su preferencia textual, amigos. Celebro que Intervenir se lea. Ojalá este libro sea libre de la editorial mezquina que lo posee, y entonces sí, pueda llegar a más personas de forma gratuita. De cualquier forma reitero mi voluntad de compartir PDF con la versión del libro en español, a quien me envíe email solicitándola a: cieloportatil@gmail.com
aquí el link del suceso, en la revista La Tempestad. Celebro también que Anti-Humbold esté en esta lista; un libro preferido escrito por encima del Tratado de Libre Comercio, que manifiesta una crítica desde el mismo lenguaje legal que lo narra (al tratado). ¡Viva México! y, otra vez, gracias (quien sea).

Tengo un deadline que me está matando. Me está matando, porque sólo he revisado doscientas páginas de las setecientas cincuenta que tengo que revisar, para seleccionar, corregir y armar el trabajo que estoy haciendo. Estoy en un momento del año en el que ya no soporto los lentes, tengo una alergia espantosa, los ojos hinchados como un huevo cosido, y mi ánimo en otra parte. Afortunadamente, como bien dijo la grandiosa Rigoberta Menchú: uno construye el tiempo, y diciembre se ha extendido como ningún otro mes este año. 
Escribo, con dos copas de vino vacías frente a mí, porque diciembre también es el mes en que los amigos aparecen en el porche de casa intempestivamente, escuchan discos, bailan y ríen como gitanos y se van, dejándome siempre una botella de vino de reserva. Ayer, decidí terminar con la botella de vino dulce que quedaba; sin esperanzas, rechazando el túnel que es entrar a ese trabajo literario (tal y como lo rechazo ahora) cuando Juan Manuel apareció, tomó una copa de vino conmigo y partió en su entusiasmo de recién casado para cruzar la frontera en busca de su amor. Entré en la cocina y me di cuenta que quedaba un Pinot Noir australiano (el del cangurito!). Lo abrí sin dudar. Juan Manuel, antes de irse, me ayudó a encender las luces del árbol navideño. El primer árbol navideño que tengo desde que llegué a este país. Mi mamá es católica, mi papá era un loco-libre pensador; así que crecí en el "camino medio" (es broma), no tuve fantasías con Santa Clós o con los Reyes Magos; aunque soñé con los reyes varias veces; la navidad la llenaba mi padre; no sé desde cuándo pero él comenzaba a prepararlo todo: compraba el pino, sacaba los adornos, colocaba las luces ¡con todos nosotros a su alrededor! no sé cómo nos aguantaba; mi papá era otro niño, supongo. Ahora que lo pienso, debió tener treinta y cuatro años en mis recuerdos y si yo, que tengo cuarenta y dos, me siento jovencísima, él debió ser un muchacho jugando con nosotros. Llevo semanas recordando cómo pronunciaba su "nombre", recordando mi voz de niña, mi estado de niña; rodeada de una protección insustituible. Alguien que te quiere a cambio de ser tú mismo, alguien que protege tu "mismidad", alguien que la cultiva, que la hace crecer, alguien que puede verte tal y como eres. Y vuelvo a otra de mis obsesiones: la percepción de la realidad ¿cómo es que mi padre podía percibir quién era yo? ¿cómo lo supo, quizá antes que yo lo supiera? ¿cuándo decidió comenzar a dejar libros estratégicamente "olvidados" por casa? Son preguntas que no tendrán respuesta. Hace tiempo también, platicaba con alguien acerca de la memoria y su calidad de presente. Gracias a la memoria y su calidad de presente es que podríamos creer que la forma externa del amor existe. La memoria, nunca es el pasado, es una fuente que permanece, que se instala incluso a nivel celular e inconsciente. A nivel celular y consciente mi padre sembró en mi muchas cosas: una inseguridad que me ha costado años derrumbar, pero también momentos de luces en medio de la noche, de visitas a casas de anticuarios, de pláticas en la cocina de sus amigos griegos, de caminatas en invierno. Y no es lo material lo que permanece, lo que viaja en la memoria instalada en el cuerpo, sino lo emocional ¿cómo describir la gama de emociones sin nombre que yacen y se activan desde ahí? el hecho de llamarlas emociones ya es una forma de separarlas de su fuente y convertirlas en un hecho finito: el pasado. Mi padre construyó una memoria de amor a nivel celular para que se quedara conmigo en estas fechas, ese amor que no pide nada a cambio, que me percibe tal y como soy. Pero ¿a qué iba yo? Sí, a la razón que he descubierto estos días de celebraciones en El Paso. Todo el año había vivido con la sensación de haber cometido un error: me equivoqué, debí haber comprado un terreno en Uruguay, me dije muchas veces en medio de lo inclemente que puede resultar la frontera desde donde se alcanzan a ver las gestiones del genocidio mexicano, pero estos días he cenado con tantas personas, en tantas casas distintas, he recibido a tantos amigos en casa, he escuchado a mi hermana durante horas, he exigido el platillo preferido en casa de mi madre y, entonces, entendí por qué, por qué estoy aquí. Aquí existimos personas que cargamos la memoria celular que nos heredó mi padre. Aquí soy yo en mi versión menos sofisticada. Aquí estoy empujando la subsistencia, Aquí encuentro el silencio lejos del movimiento cosmopolita de los corazones desesperados por obtener un poco de fama y reconocimiento, o el título de artistas. Aquí aparezco y desparezco en el amor que aprendí de mi padre. Por eso, no me he hundido en el túnel para terminar ese libro. Pero lo haré, lo haré en algún momento. ¡Lo juro, Señorita Editorial!
El año pasado me propuse encontrar, por lo menos, una vez por semana, un poema feliz, para postearlo aquí. Fracasé. Los poemas felices son pocos. Los poetas que escriben poemas felices existen muy brevemente en su entusiasmo; es el mundo, supongo. Sin embargo, desde aquella búsqueda me recontré con Werner Aspenströn. Poeta sueco, un lenguaje con alcances emocionales insustituibles ¿cuáles serían las copias de los lenguajes? No me refiero a la copia idéntica, sino a esa que surge y se transforma ¿surgirá cuando pronunciamos desde nuestro bagaje extranjero otro idioma para intentar comunicarnos, o aprender? Me gusta eso, ese giro que con una pequeño twist de la lengua puede transformar un proceso de copia en una marca distinta. ¿No es hermoso?
Ustedes que han hecho del pensamiento un proceso sostenido de aprendizaje y que me visitan alegremente; ustedes que saben lo que es agitarse como un animal entusiasmado; ustedes que saben lo que es dormir como una flor, deben comprender que la alegría es indispensable y más para nosotros que visitamos tantas atmósferas oscuras mientras reflexionamos. Así que, basta de discursos y les dejo, junto a un abrazo, uno de los poemas del gran Aspenström, quien murió un enero de 1997 (traducido por el indispensable Paco J. Uriz). Werner dio con algo, como pocos, con la alegría (una de las razones por las que se distinguió de la generación a la que pertenecía "del pesimismo").


La Ciudad

No soy una persona apolítica.
Tengo mi opinión sobre cómo se deberían 
hacer las cosas en este país para obtener buenos resultados.
Considero que la paz es nuestro pensamiento más valioso.
Pero yo no quiero destrozar
con la tijera de los grandes sueños
el tejido de los sueños pequeños.
Es la hora del día
en que el remolcador Rex zarpa rumbo al archipiélago
para traernos la salida del sol.
Es la época del año
en que el gigante de las montañas de Skinnarvik
lleva el pelo cubierto de lilas.
Pronto abrirá sus fauces y escupirá
sobre la ciudad una bandada de gaviotas reídoras.
Me parece simplemente hermoso.
Me parece humano, a veces.
Disculpen que venga aquí a contarles mis sueños, pero es que el sueño de anoche fue extraordinario. Hace años, conocí a una mujer indígena tarahumara de nombre Teresita; llegamos hasta un lugar en la sierra de Chihuahua, en la mera cima, frontera con Sinaloa. Al lugar lo bautizaron Puerta del Cielo. De esto hace, quizá trece o catorce años. Yo viajaba con un grupo de exploradores-amigos interesados en el chamanismo, la espiritualidad y esas cosas. El asunto es que Teresita tenía fama de trabajar con la energía de las manos. Llegamos después de más de 14 horas de camino de brechas, y ella eligió trabajar directamente cuatro personas, yo entre esas cuatro. Cuando ella puso sus manos sobre mi cabeza, yo literalmente me fui; como si estuviera viajando por un túnel de luz, fuera de mi cuerpo. El viaje se detuvo porque llegué frente a una energía invisible, pero que podía tocar. Tocaba sus manos y sus dedos se sentían como el campo magnético de los imanes opuestos. Y yo pensaba algo como: sí, si hay alguien frente a mí, sí... son sus dedos ¿quién está ahí?
Durante este tiempo no fui consciente de lo que pasaba con mi cuerpo: me había desvanecido, mi cuerpo estaba helado, mis labios traslúcidos; mi hermana se desmayó de la impresión, todo mundo rezaba. Yo no me di cuenta hasta que regresé,
Pues ayer soñé que estaba en Nicaragua. Con un grupo de mujeres. Y tenía una experiencia parecida, pero consciente: estoy dejando mi cuerpo, ahí voy. Me sumergía en una luz absolutamente placentera, dorada y rosa. Y después regresaba para hablar con las mujeres que me rodeaban y les prehuntaba qué había pasado con mi cuerpo. Todo había estado bien. Luego salíamos a visitar tumbas, tumbas que no estaban cubiertas del todo, que tenían sólo bloque de lodo encima, quebrados, con  ranuras. Tomábamos unas piedras y las tallábamos sobre estas tumbas. Y las piedras pintaban cada tumba de colores distintos, recuerdo el morado, como el color católico de adviento. Pero otras piedras soltaban también un polvo color rosa. Sabía que estaba en Nicaragua. Después desperté, muy contenta, Y salí de mi casa, muy contenta a visitar una sala con pinturas del renacimiento. Qué cosa tan enigmática, muchas veces, los sueños.


¿y sin nos vemos en Alicante?
No necesitamos comprar un boleto para llegar a casa... yo vuelvo a casa: "Ni extera noa" es un tatuaje que quiero hacerme, sí... en euskera, porque cuando lo escuché por primera vez fue en una clase de gramática de euskera... mi querido maestro Josu construyó la frase con lo primero que se le vino a la cabeza "Ni extera noa"... "Yo vuelvo a casa" y es que, a mi maestro de euskera, las cosas que se le vienen a la cabeza de forma espontánea nunca son cualquier cosa.
En estas fechas en las que vivimos la, en ocasiones pesimista y en ocasiones entusiasta, ilusión de que un ciclo termina y otro comienza, me gusta recordar a otro de mis más queridos maestros Tich Nhat Hahn, y compartirlo con ustedes. ¡Vale la pena escuchar esta enseñanza! me encanta cómo pronuncia "the here and the now".
Que el próximo ciclo imaginario sea lo que sea, pero sea siempre aprendizaje, queridos amigos.





demórate aquí, a la luz

Ayer pasé un día terrible. Las raíces del sufrimiento parecen misteriosas en ocasiones. Sufrí, prácticamente todo el día. Entre más diestra me vuelvo en detectar el sufrimiento e identificar los motores que lo activan, más complejo se vuelve, supongo, en su afán por permanecer. "El tiempo lo que busca es durar" oí en alguna parte. Así he ido pasando durante esta breve existencia, de el drama más ordinario por asuntos insignificantes (como el primer "eso no se dice" que algún adulto clavó en mi corazón siendo una niña, o ser excluida de algún grupo de amigos en la primaria; tener el corazón roto porque me enamoré de algún gato callejero en la adolescencia; ir perdiendo a mis "mejores amigos"; recibir la espada de la traición de alguno de mis colegas; soportar la prepotencia de algún profesor ignorante de la universidad; no ser amada por el gato callejero más apuesto del barrio, etc) a sufrimientos cada vez más complejos, como la obsesión emocional sustituida por el afecto a las antigüedades, la colección compulsiva de máquinas de escribir mecánicas de los años veinte, vajillas art decó, esculturitas de Francisco Zúñiga, cuadros de Rafaél Cázares, platos conmemorativos, muebles de 1800, sillones italianos, textiles provenientes de África o de Japón, muñecas horripilantes, Long Plays de Vynil, plantas exóticas y alegres; perderlo todo y entonces, acomodar las obsesiones en el pensamiento, para llevar una vida más libre y más ligera: preguntas sobre la percepción de la realidad, descubrimientos sobre el condicionamiento humano, fórmulas de repetición de sonido para alcanzar estados alterados de conciencia, lecturas de filosofía, ciencia, estructuras mentales, estructuras educativas, psicología, conversaciones eternas con mis pocos amigos, colaboraciones (eternas también) "¿qué es la guerra?" "¿qué es el dolor?" "¿qué es la ilusión?", la unidad del cuerpo con el resto del mundo y, hasta ahí, todo resuelto. Pero ayer, ayer fue un día terrible; todo me parecía una ilusión, llegué a pensar que todo sucede únicamente en mi cabeza, que no existo; "no existo," llegué a pensar. Me di cuenta qué tan dependiente soy de la validación de los otros para sentirme viva; busco que alguien diga "vas bien" ¿Ir bien a dónde? diría Eduardo Milán ¿Ir bien a Londres?. Ayer llegué a pensar que, a fin de cuentas, como todos, obedecer inconscientemente a esos impulsos se ha vuelto también mi realidad. 
Sin embargo, hoy, observando exhaustivamente el transcurso de mis obsesiones, por ahí de la una de la mañana, me di cuenta que sí, imagino y sí: lo que imagino se manifiesta de forma tangible hacia "afuera", en la "realidad" y además nada es cierto, sólo existe el instante, como este, en el que preservo la percepción de mí misma en una página, usando como medio el lenguaje, la marca sí. Porque también estoy obsesionada con las marcas; esas formas que son el lenguaje de la realidad, esa clase de "materia" de "golpe" o "quemadura" que se manifiesta después de transportarse por procesos imperceptibles, y que muchas veces encierra lo "inmaterial" o lo "infinito". Aquí. Aquí está.
el mundo

Como tengo la fecha límite para un libro que, aunque ya está escrito, me resulta imposible de recopilar porque nunca lo pensé como libro y que, de hecho, alguna vez cuando el blog fue una moda (como ahora los selfies) algunos de mis amigos más queridos afirmaron que el día que se publicara en un libro lo que publicábamos en el blog, estaríamos traicionando nuestras más nobles intenciones; yo , sin embargo, he tenido una oferta que me resulta imposible rechazar. Porque, para empezar, es una editorial maravillosa, cuyo nombre no mencionaré, porque ¿qué tal si después de todo nada cuaja? profundamente femenina y sería mi primer libro de crónicas. Asunto que muero por realizar. En secreto, lo único que yo he querido escribir toda mi vida es prosa. En secreto también, considero que mis libros de poesía fueron sólo un ejercicio para templar mi propio lenguaje, para domarlo y, a fin de cuentas, despojarlo de ese sentido de propiedad. El asunto es que cualquier fecha límite me estresa; yo, en realidad, a estas alturas del año quisiera estar tomando un chocolate con churros en Madrid, bebiendo güisqui y cantando kareoque en Quito, caminando bajo un atardecer en Managua o viéndome en la penosa necesidad de decidir cuántas cajas de alfajores podré meter en mi maleta, o preguntándome cuántas horas más permanecen las librerías abiertas en la noche ¡qué se yo! ¡El mundo! a estas alturas del año quiero el mundo y no la comunicación del mundo que recibo diariamente a través de esta plataforma hasta mi adorado desierto. En fin, quejas más, quejas menos, tengo que terminar porque lo digo yo, que soy mi madre, mi patrona o mi generala, pero siempre me doy órdenes muy suavecitas cuando me envuelve el estres. Me digo: oquéi, empiezo el lunes y me dedico a hacer lo que me de la gana del jueves al domingo. Y resulta que no, que hay que ir al banco, que el domingo hay taller, que hace frío, que ya casi se acaba el tiempo y no he podido bailar, ni he podido abrazarte ¿de qué se trata esta vida? ¿por qué estoy corriendo? ¿quién me paga por hacer qué?
El punto extra es que ahora vivo cerca de mi familia ¿recuerdan a mi familia, la de la cena de hace algunos posts? Bueno, pues habrán otras cenas... sé que han comprado regalos, yo misma soy encargada de organizar una de las fiestas porque mi hermana tiene 24 años de intachable y prestigiosa carrera que celebrar y ¿dónde creen que será la fiesta? ¡Sí, exactamente! ¡mi lugar favorito!: ¡el consulado Mexicano! Y yo pienso que mi hermana es una reina, mi hermana es hermosa, brillante, adorable, dulce, de enoooorme corazón, buena, encantadora a tal grado que no puedo decir: "¿organizar qué? ¡estoy muerta! ¡he muerto antes que la fecha límite para entregar el libro! ¿y tú quieres que justo ahora, casi acabando el año, reúna todo un ejército de amigos? está bien". 
Ustedes saben a cuántos editores les he dicho no sin que me tiemble una pestaña, en cuántas antologías también amablemente (y con agradecimiento) me he negado a participar, cuántos viajes al horrible New York he rechazado este año; y también saben con cuántos hombres no he salido porque pronunciaron "mal" una palabra, cuántas veces no me he casado porque no me lo pidieron con la frase "adecuada", en cuántas ocasiones no he comido sólo por no despegarme del monitor para continuar escribiendo; pero a mi hermana, simplemente no puedo decirle no. 
Así que no basta con el estrés de entregar un libro como presagio de fin de año y amuleto para el año que viene, también tengo que asegurarme que la banda de jazz llegue a tiempo, que los invitados sientan que algo dulce y cálido se abre en sus corazones al entrar a la fiesta, que mi hermana brille (más) de lo que brilla siempre, porque mi hermana es una joya, mi hermana es una llama viva, mi hermana es la mejor mujer del mundo. Sí ¡el mundo! al que yo ya siento que no llego este año.

Posdata: saludos Jhon Pluecker y haaaarto abrazo virtual.


Pues nada, que el polémico libro Intervenir, escrito entre mi buen amigo Rodrígo Flores Sánchez y yo, está en el lugar 9 en Best of 2015: Best Poetry Books & Collections me da mucho gusto estar juto a la gran Bhanu Kapil y el fabulosísimo y admirado Johaness Goranson (una indú, un sueco y dos mexicanos en esta lista, no está mal ¿verdad?) 
Sabemos lo que las listas significan. Pero aún así, da gusto que el beneficio malsano que logra una editorial abusiva como la que nos publicó Intervenir, dará no sólo ventaja de la mala a esta editorial clasista, sino que también pondrá ese amor con el que Rodrigo y yo trabajamos, en manos de muchos lectores. ¡Gracias por leer y preferir Intervenir!

Mi pequeña copia te saluda!



una coplita mexiacana
cantada por una diosa española
LA PRUEBA DEL AGUA

Entonces me dije:
Los únicos poetas que me interesan
son los que llevan cuidadosamente
con manos nerviosas
un cuenco lleno de sangre
en el que ha caído una gota de leche
o un cuenco lleno de leche
en el que ha caído una gota de sangre…
Ahora ya he visto, ahora quiero ver
el firme asimiento de un cuenco lleno hasta los bordes
de agua de manantial


Gunnar Ekelof; trad. Francisco J. Uriz
Debería estar triste, pero no lo estoy. Hace tiempo que pongo mucha atención en los condicionamientos del comportamiento humano, como sabrán, queridos visitantes. Empezando por mi propio comportamiento. La entrada de la derecha al poder, en la Argentina, me rompió el corazón. La derrota del frente socialista en Venezuela no me sorprende. Con el corazón roto porque a Suramérica se la están cargando las corporaciones tuve que detenerme a observar, a observar mi dolor, exhaustivamente. Observar el sufrimiento no significa instalarse ahí y hacerlo crecer: ese es el drama; sino observar el sufrimiento tal y como es, en todas sus posibles dimensiones, sin esquivarlo. El sufrimiento no aparece en nosotros por error; no somos defectuosos por el hecho de sufrir; no estamos haciendo algo mal si sufrimos; el sufrimiento es parte de la naturaleza; es una de tantas formas en las que nuestra conciencia se manifiesta y, si no sabemos reconocerlo y aceptarlo, como se acepta lo irremediable, lo alimentamos tratando de huir, remediando lo que está pulverizado, encontrando culpables, temiéndole a la idea de lo que no nos atrevemos a experimentar. Pero esta no es una clase de superación personal, jajaja, disculpen, les decía que en ese sentido observo el sufrimiento: lo experimento para que siga su camino. En el proceso de observar lo que me hacía sufrir enormemente, (aparte de considerar que hay un lugar menos en el mundo para mí, porque la derecha es la rienda corporativa del poder global y la sangre fría), me enteré que el mundo no sucede de acuerdo a mis preferencias, simple: yo prefiero otra forma de gobernar, yo prefiero una forma más humana de existir, yo prefiero Latinoamérica sobre cualquier otra zona geográfica en el mundo (perdóname, Japón, pero a la hora de escoger... bueno, brotan las preferencias) y recordé esa lectura de la biblia que hacen en las misas católicas, que no sé cómo se llama... ah sí "la lectura del evangelio" creo... puse atención a una, por primera vez en mi vida, porque estaba viendo al Papa Francisco en Washington. Escuché algo así "Si tu mano derecha peca, córtatela. Si tu mano izquierda peca, córtatela. Es mejor ir al cielo con las dos manos, que entrar al infierno enteritos" estoy parafraseando, claro está; me pareció un buen chiste, claro está. Pero ahora lo entiendo. Esas manos son mis preferencias. Si continúo aferrándome a mis preferencias voy a terminar en el infierno. Y créanme que conozco el infierno. También he aprendido a estar ahí,sin reaccionar, única virtud que sostengo de las clases que tomé para ser Ninja. Estar en medio del infierno, sin reaccionar. ¿No es lindo? Es como una película de Robert Rodríguez. Caminar entre los bombardeos, la sangre, los dragones, personajes bizarros y sólo caminar, contenidos, sin reaccionar a una sola de las amenazas. Después de haber pasado por ahí, uno adquiere cierto poder, pero no le recomiendo a nadie confiarse mucho. Ni ponerse a celebrar con cualquiera. Prestando oídos al sabio Papa Francisco, he dejado a un lado mis preferencias, y dejé de insistir en esa manera mía de interpretar el mundo. ¿Qué importa?
Lo que mi percepción, sin interpretación, alcanza a ver es que en Sur América se encuentra el paraíso. Y vivimos tiempos en que El Paraíso es más importante que el dinero. Porque hay otras zonas del planeta donde el dinero circula (Singapur, por ejemplo) pero el dinero ya no vale nada. Lo que tiene valor realmente son los recursos paradisíacos en la tierra. La guerra por el paraíso Latinoamericano. Norteamérica sigue siendo el sueño; Latinoamérica continúa siendo el paraíso. El sueño es una falsificación del paraíso es, lo que nunca se alcanza. El sueño, en cuanto se cumple: desaparece ¿no es así? La ilusión, la fantasía es lo único que el dinero puede construir.
En cambio, Latinoamérica es el paraíso de los despiertos; los despiertos de corazón, los que todavía están en contacto con la naturaleza, los que no han sido separados de la percepción universal. Eso no tiene nada de ver con lo que yo prefiero. Latinoamérica vive despierta porque respira a través de sus manantiales, porque bajo su geografía brota sangre caliente, lava, aceite; porque en sus cordilleras brota oro, en su selvas existen todos los ecosistemas; la gente de Latinoamérica es sabia y saludable. Eso nada tiene que ver con mis preferencias, es una realidad. Aún sometido al hambre y la violencia, el paraíso ha protegido la fuerza de su gente. ¿Quién daría a cambio de la vieja y arruinada Venecia su Libertad? ¿los hoteleros y los restauranteros? oquéi, eso ya es cuestión de preferencias.
Porque para escribir ese libro tuve que apartarme de mi perro interior. ¡Pero he vuelto, amigos! (agitando la cola). Por cierto, este humano vive peor que animal, sumergido en una nube oscura de pesimismo -tipo EcoLoco-. ¡Ea al baile! (pero mañana, eh? porque este perro ya no es un cachorro).
Vivo sin vivir en mí