Habemus libro. 
Mi segunda publicación de este año.
¿No les presenté el chapbook de Copia, que salió en Rotterdam? 
Bueno, este salió en México. Editorial Gato Negro. Las fotografías de Zoe son increíbles.

birds


Uy, últimamente algo tiene que moverme muy fuerte para que yo decida venir aquí a buscar algo. ¿A buscar quién soy? Naaah. No me importa quién soy (si es que acaso soy alguien o algo). 
He pasado una semana rarísima. 
Es interesante, por ejemplo, cómo, cuando voy a contarles de mi semana rarísima, trato de ocultar ciertos elementos de esa semana mientras escribo. A ti, por ejemplo, que fuiste un elemento primordial pero, era lo raro: elemento primordial rodeado de circunstancias que lo sobrepasaban. No sé. 
Por primera vez en mucho tiempo decidí tomar unas vacaciones. Me estoy riendo mientras cuento esto porque para mis vacaciones son vacaciones de crear: silencio total, un libro, nadie a kilómetros a la redonda, no internet, no televisión, no radio, no teléfono entonces: soy realmente una mujer muy aburrida. Totalmente aburrida para los demás. Lo curioso es que yo nunca me aburro, por eso me da risa estar contando esto. Es verdad, yo puedo vivir alejada del mundo, solo conmigo misma y nunca me aburro. Comenzaré a hablar sola tal vez, a construir dramas relacionados a mi insignificante existencia and so on pero: nunca me aburro. Nada me resulta aburrido. Puedo pasar horas en la cama viendo hacia el mismo bosque y pensando en ti. Sencillamente creo que, durante toda mi vida, me he aburrido sólo por dos minutos.
Lo mismo me pasa con la página en blanco, los bloqueos creativos y cosas así. No me suceden. Lo que quisiera es tiempo para poder escribir todo lo que se escribe por si solo en mi mente todos los días. Afortunadamente no creo que el mundo necesite los libros que se escriben por sí solos en mi cabeza. Ja. Así que no me atormento si escribo kilos de basura con tal poner los libros de mi cabeza donde tienen que estar: fuera de mi cabeza. 
Ay, creo que soy un caso irremediable. Creo que te necesito. Estoy entrando en una atmósfera que tú entenderías. A lo que me refiero es a lo cotidiano de mí sin mí. Yo en absoluta interacción con otros elementos de la naturaleza. No en simple unidad con todos los elementos de la naturaleza, sino en interacción constante, en intimidad constante. 
Estoy observando. Uso este blog para observar. Es la intimidad. Tengo aversión a observar íntimamente y a ser observada de forma íntima también. Nada que ver con compartir la sexualidad y esas minucias, la sexualidad también puede ser la evasión total de la intimidad. Me refiero a lo cotidiano. Prefiero estar sola en lo cotidiano. Prefiero no tener testigos de mi cotidianeidad. Cuando no hay testigos de mi cotidianeidad nada me define, y no tener una definición externa y tangible de mí misma me hace sentir libre. 
Esa es mi pequeña libertad.
Pero es inevitable, cuando convives cotidianamente con alguien más, que ese alguien no comience a percibirte como algo definido: ella es así... (así es una palabra que me encanta -tengo dos libros que se titulan "así"), aaah, el así filosófico, el así inasible, el así que no se puede tocar. Es necesario para la convivencia cotidiana definir al otro y a mí no me gusta ser definida por nadie más.
Esas son las vueltas que da mi pensamiento y me arrastran aquí.
Porque para otras personas definir a los otros es algo tan natural, tan simple, tan parte de su vida. En cambio para mí, es algo casi imposible. Puedo decir generalidades como: eres hermoso por dentro y por fuera, rubio y, a veces, de ojos azules. Pero aún así siento que esa descripción no te define. Siento que lo que eres es un cambio constante, una maravilla en movimiento. Un avance humano, vegetal, mineral, eléctrico y de agua que avanza y cambia de forma imperceptible pero, así es como a mí me gusta percibir. Tal vez es verdad y sí, eres una etiqueta plana, y sin chiste, que cree que puede jugar a etiquetarme.