Les dije que no sería fácil ajustarse a a esta nueva percepción. Sin obsesiones. Dejé mis obsesiones intelectuales y comencé a dirigir mi obsesión hacia los objetos. Hacia un objeto en específico: la taza donde tomo café por las mañanas. Si me iba a obsesionar sería con UN sólo objeto: esa taza. No me mal-entiendan, podría perder esa taza mañana. Me va a doler, y me obsesionaré con otra que quizá me dure 35 años. De cualquier modo espero que esta taza me dure 35 años. Tiene un diseño de arcoiris, pero no cualquier arcoiris... el arcoiris está colocado de tal manera en la taza, que uno lo toca cada vez que acomoda los labios, lo que da la impresión de que uno bebe del arcoiris; el arcoiris es una fuente para beber ¿no es lindo el concepto? Sí, oyeron bien, dije concepto. También me obsesionan las frases como objeto: los conceptos. Si me obsesionan los conceptos ahora ¿soy conceptual? Pues bueno, estoy mintiéndoles para molestar, no me obsesionan los conceptos; fluyen en mí como ese arcoiris del que bebo y no les doy más importancia que la que tienen: una fuente, una fuente infinita. Tal vez la infinitud me obsesiona. (Tú me pareces infinito. Tú eres infinito. Cuando te veo, o te pienso, hay algo que nunca comienza y nunca termina, me encantas.) Pero hablaba de las frases; comencé a instalar frases en puntos estratégicos de mi casa "observation is not indoctrination" una frase simple, dicha por Tich Nhat Hanh en una de sus clases; me parece, más que una frase, el acceso a otra dimensión del pensamiento. Ser consciente de que soy consciente. Si uno repite mil veces cada mañana "Observation is not indoctrination" no está siendo consciente, está uno siendo indoctrinado. Pero si uno toda las mañanas se detiene a observar las reacciones del propio cuerpo al estar en contacto con ciertas frases, si uno tiene la experiencia de ser consciente de la forma en que la pronunciación afecta nuestro cuerpo: lo despierta, lo mueve (cualquier vibración de sonido, es capaz de activar la vibración en el cuerpo), entonces ya no estamos siendo indoctrinados, estamos teniendo la concentración suficiente para observar. Nuestra respiración, nuestro cuerpo y nuestra mente se han unido para entregarnos alguna clase de experiencia en reacción a una simple frase. También diseñé un letrero que cuelgo en la perilla de la entrada a mi casa (la casa de Cielo Portátil -lugar comunitario-) con la leyenda. FOUCAULT, DO NOT DISTURB. En la otra cara del letrero hay un corazón que dice: Knock!. Al abrir la puerta, en el vestíbulo -cansada de la nube de polvo en que la casa se convierte- coloqué otro letrero que dice "Shoes off". Lenguaje simple, señalamiento total. 
El lenguaje no es todo. El lenguaje no puede ver, como dice Nathaniel Dorsky: "el lenguaje puede describir el mundo, narrar el mundo; pero no ve el mundo"; para eso está el cine, el video, los ojos. Pero el lenguaje puede cantar, puede vibrar: respira, piensa, y se mueve, como nuestro cuerpo. El lenguaje puede ser un vehículo para estar presentes.
A mí me gusta quedarme en mis libros. Estoy presente, sí. Mi cuerpo, mi respiración y mi mente están presentes en el lenguaje y su plasticidad, en el ritmo y su vibración y en las ideas que expreso o la percepción que transmito, pero cuando termino de escribir un libro yo ya estoy en otro lugar -en otro presente-. Cuando mis libros se publican, se publican estados de ser en los que estuve, sin duda, presente. Lo que yo soy ya es otra cosa, ya está transformándose dentro de un presente más. Comencé a hablar de mí y hablar de mí no importa. Porque, a fin de cuentas, ¿qué es lo importante?
Grabado que formó parte de la exposición en Proper Printshop hace unas semanas.


Estoy contenta. No sé si esto tenga que ver con mis transformaciones místicas o no, apenas hace unas semanas sentía mucho miedo por lo que pudiera pasar a raíz de que renuncié a ciertas obsesiones que me mantenían suspendida en una realidad, sino ilusoria, sí poco fructífera en términos intelectuales. Hace apenas unas semanas tampoco sabía lo que iba pasar con mi forma de comunicarme, me daba terror dejar de sentir amor. No puedo decir que todo ha pasado. Continúo ajustándome a esta forma de ser. Soy obsesiva compulsiva y me adoro así, la obsesión en gran medida es lo que permite que continúe con varios de mis proyectos comunitarios. Mi obsesión por construir una comunidad que ama, actúa y piensa, es la única que conservo con alegría. He conocido a varias personas estos meses que me alegran el corazón. Y entonces es cuando en mi mente resuena ese ¡sí, lo sabía! ¡hay gente buena en el barrio y somos muchos, y tenemos fuerza y dedicación y talento!
Ayer hubiera sido un domingo cualquiera de los que aprovecho para leer, para ver detalladamente una película, detenerme cuadro por cuadro para descubrir cómo se construyó la fotografía, cómo la luz fue capturada por el director y esa misma forma de luz y movimiento se repiten dentro de mi casa, y relajarme con algún salto de consciencia o con el descubrimiento de alguna nueva flor en el jardín pero no, recibí la llamada de un amigo que me avisaba que teníamos una cena pagada en un evento dedicado a recaudar fondos que se asignarían a un proyecto comunitario. La dinámica era esta: se exponían los proyectos que habían solicitado el apoyo y la comunidad asistente votaba por el que más le gustara. Ustedes saben que detesto las competencias, que competir me parece uno de los anzuelos más dañinos que la humanidad muerde y muerde. El anzuelo de la competencia destroza comunidades peeeero, me dijo el amigo que me llamo "vamos a votar por Alan", entonces mi pensamiento dio un giro, Alan tiene un negocio de serigrafía a dos cuadras de mi casa (la casa de Cielo Portátil), pero su local es más que un simple negocio, yo diría que el "negocio" es una consecuencia de su gusto por la impresión y el arte, apenas la semana pasada acababa de estar en una exposición donde había un grabado genial de un artista chiapaneco (me enojé porque no lo pude comprar, por cierto, justo lo pensaba cuando alguien me lo ganó). El local de Alan se llama Proper Printshop; y es curioso pero en esa imprenta cada semana se dan clases gratuitas de cocina vegana, el cocinero que las imparte se llama Eduardo, un cocinero muy particular porque también es escritor, traductor, pensador, poeta y, a las clases de veganismo (me consta) van desde cristianos obsesionados con su alimentación, hasta clubs de ciclistas. Después de asistir a una de las clases de veganismo en Proper Printshop, surgió la idea, junto con mi amigo Franko y una chica que forma parte del grupo de ciclistas, de proyectar una película en el patio de Cielo Portátil para celebrar el mes de la bicicleta ¿ahora sí, entienden a lo que voy?: los vínculos. Pero no vínculos relacionados únicamente con socializar, sino con fundar, construir, pensar de forma comunitaria. ¡Es magia!: la magia de los pueblos. Gracias a las clases de veganismo he comido sin parar y ¡sin miedo! en medio del desierto. Todo eso y, seguramente alguna otra cosa que olvido, pasó por mi mente cuando mi amigo Franko me dijo que Alan estaba presentando un proyecto para recibir apoyo económico en el evento de Caldo Collective. Frank estaba dudoso de asistir o no. "Es un proyecto del barrio, si recibe el apoyo es bueno para el barrio" le dije. Y platicamos sobre las razones por las que era bueno que Proper Printshop tuviera un poco de dinero para poder pagar el tiempo de quienes colaboran tan generosamente a construir felicidad en el barrio, a través del arte, la comida y la reflexión. Decidimos ir. Yo aclaré que debía votar y regresar para dedicar un momento de la tarde a leer o a contemplar la luz, El lugar estaba repleto, más de 250 personas en una cena. Era imposible llegar, votar e irse. Había que ver la exposición de todos. Aguanté 4 horas escuchando las exposiciones, rodeada de gente, hubo un proyecto feminista que me gustó, la creación del documental #childbirth, no pude más, voté y salí corriendo pensando que, efectivamente, había perdido un día de curso de "El nacimiento de la biopolítica" de Foucault que estoy estudiando. Mis amigos se quedaron para conocer los resultados, yo caminé cansada y con esa sensación de haber perdido mucho tiempo. Diez cuadras antes de llegar a mi casa me alcanzó Franko en su camioneta para darme la noticia de que Proper Printshop había ganado y, por ende, nuestro barrio vería nacer un proyecto financiado de talleres cada jueves (que ya se hacían sin financiamiento, osea, financiados del bolsillo propio de Proper Printshop) de una técnica ancestral en textil, para que todos los artistas (y los que quieran) puedan aprenderla, exponerla, difundirla, y venderla. ¿Cómo no despertar feliz hoy? y como no pensar que, valió la pena, haber salido de mi fin de semana contemplativo y vincularme con el barrio por más de cuatro horas. ¡La fuerza y la generosidad del arte están vivas!

que se levanten todos 
que se levanten ahora todos de una vez 
sin posponer puestos en la tal fase 
de la frase una luna estará con ellos, nueva 
digno del hombre caer —caer fuera 
salir del orden por la orden de arder.

Aquí una reseña del nuevo libro de nuestro querido Eduardo Milán. "Poetizar es combatir

Mudra: Zai (La Creación)
en la práctica de arte marcial Kuji In


Hace algunas semanas comencé a desprenderme de mis obsesiones como una especie de trabajo consciente dentro de mí misma. No para derrumbarme, como solía hacerlo estos últimos años: derrumbar toda percepción ya establecida para dar paso a percepciones nuevas y más amplias ¿recuerdan que les conté que, la práctica de los Dharanis, se sentía como derrumbar un edificio pero en lugar de un edificio se derrumba la realidad entera que tenemos frente a nosotros? Esta vez decidí entrar a mi propia estructura de pensamiento, ser consciente de ella y transformarla desde esa consciencia. Es difícil de por sí contemplar la estructura de nuestro pensamiento y plasmarla de alguna manera, en alguna parte, para que su forma tangible nos permita conocerla; el proceso toma años, se trata de la estructura infinita, de la consciencia que no tiene comienzo ni final. de la globalidad que se transforma constantemente, etc. Si nos ubicamos dentro del cuerpo, es decir, de la forma, la búsqueda puede comenzar a funcionar. Uso la escritura como una manera de hacer tangible esa estructura, con su infinitud y ambigüedades de significados y la apertura de las resignificaciones. Estas semanas comencé a transformar voluntariamente esa estructura, por eso decidí eliminar a voluntad algunas de mis más preciadas obsesiones. Al principio me sentí profundamente vacía, vacía con un vacío infinito. Por primera vez sentí miedo a estar sola. Pude darme cuenta que mis obsesiones eran un sustituto del sentimiento de protección que da la compañía, el amor que alguien nos puede dar, etc.
Soy una persona con la que muchas otras personas quieren platicar, soy una persona que muchas otras personas buscan. A veces respondo emails y mensajes por inercia, con un simple sí o no, sin poner mucha atención a la conversación que otros buscan tener conmigo. La mayoría de las veces no respondo los emails de personas que no conozco, y otras tantas que conozco y que no me despiertan interés. Ahora, cada vez que recibo un mensaje, o un comentario, procuro ponerle atención (esto no significa que responderé los emails, aclaro) y ser consciente de que, así como esas personas se acercan a mí, yo me acerco a otros a quienes no les produzco el mínimo interés, que responden por cortesía con un sí o un no, o que no responden en lo absoluto (como un académico al que le pregunté por unas definiciones náhuatl para crear el concepto de Cielo Portátil). Ahora comprendo mejor. Hay cierta forma de insistir provocada por lo que me obsesiona que ya no usaré más. Lo que quiero alcanzar con mis obsesiones soy yo misma, busco mi reflejo en cada obsesión, por ejemplo con Foucault. Me ha dado tanta risa saber que visitaba los clubs sado-masoquistas en San Francisco, no porque tenga un juicio sobre quienes visitan ese tipo de clubs, sino porque una de mis obsesiones es la conjunción de placer y dolor (en secreto ensamblan): ahí me encuentro, en ese análisis. Pero me encuentro también en muchas otras partes, cosas y personas. Siguiendo el hilo de lo que me obsesiona, como los sistemas de control social, la manipulación psicológica detrás de los medios de comunicación, la tecnología que se ha vuelto parte de nuestra intimidad, puedo ser consciente de que todo se trata de ser quien soy, de ser todo lo que soy. Nada ni nadie tiene que ver con el proceso singular de ser; aunque puedo aprender mucho de todo lo que se aproxima o de todo a lo que me aproximo. Insistir es lo mismo que forzar, forzar enferma. Voy a ser quien soy si cumplo mis deseos de conocimiento o si no los cumplo. La realización de mis deseos no tiene nada que ver con ser quien soy. No me refiero a no tener deseos, a no realizar mis deseos, me refiero a que en realidad no existe una dependencia causal de lo que soy con lo que quiero. Tal vez me empeño en querer cosas que en lugar de llevarme a todo lo que soy me sumergen en inframundos que no son ni un bosquejo de lo que fui y a lo que me gusta regresar, como si así el pasado fuera a volver. Son sólo deseos de huir de mi momento presente. Son obsesiones construidas para evadir el presente simulando interés por el presente. Pues bien, esa estructura de pensamiento es a la que voy a entrar, y es la que voy a transformar antes de hacerla tangible, de la forma que sea, hacia afuera. Antes de escribir, por ejemplo. Entrar al edificio de la memoria y transformar la memoria. Entrar a la estructura del análisis y transformar el análisis. Entrar a la estructura de la percepción y globalizarla. Entrar a la estructura del idioma y ampliarla. Entrar a la estructura de la interpretación y borrar la interpretación a voluntad. Entrar a la estructura de la mente y sí, derribar la estructura. ¿No es hermoso? No sé cómo esta práctica vaya a impactar mi cuerpo, ni mi vida. Hoy mientras sentí que tomaba una decisión total, tuve mucho miedo. Miedo de dejar de comunicarme como acostumbro, miedo de dejar de repetir. ¿No es curioso? Uno se ata a la repetición, la repetición brinda seguridad. Tuve terror de dejar de comunicarme contigo, y contigo. Tuve pánico de no volverte a ver. Tuve un miedo primordial: dejar de sentir amor. Un miedo falso. No puedo dejar de sentir amor. Se trata de ser todo lo que soy, no de borrar lo que soy pero ¿qué soy? ¿qué es lo que es sin ser sólo una trampa?
Llevo 4 años estudiando y practicando Kuji In. Nueve estados de ser que se convierten en uno sólo. La Creación: Zai, es el estado de ser número ocho. El estado de ser número 9 es Zen. Hoy, después de dos horas de practicar Zai (que se practica haciendo el mudra que está arriba y el mantra que está aquí: Om Srija Iva Rutaya Swaha) supe que cada día me aproximo a lo que soy, y que cada día mi mente nace como yo la construyo; las delimitaciones no habían sido construidas conscientemente por eso puedo borrarlas y ampliar el territorio; porque yo no soy sólo yo, también soy yo sin yo, y así todo lo que he construido para no visitar esa dimensión, hoy ha comenzado a borrarse.
te amo, amo

Y por cierto. Ya pueden descargar de forma gratuita Intervenir/Intervene. Libro escrito en coautoria con mi querido y admirado amigo, Rodrigo Flores Sánchez. Hagan click y descarguen el PDF! Gracias a PoesíaMexa, un proyecto de Luis Eduardo García. 
Cuerpo en calle Alameda, casi esquina con Ord. LA, California.


Se siente raro haber estado cuatro días sin mis obsesiones. Aún así, hablé de los procesos de copia con mi amigo Adolfo Guzmán López y sus programas de radio; del desplazamiento de comunidades enteras (indígenas principalmente en América Latina) en el mundo; del idioma indígena como única posible resistencia; de la noción de eternidad o impermanencia (¿dónde comienza el original- dónde está lo que el original deja? -la percepción budista de que nada nunca ha comenzado, nada nunca ha tenido un fin-); de la percepción cosmogónica del tiempo, con Anthony McCann; de cómo puede traducirse "en gran copia" al inglés (gracias Kirsty Singer!); de que en junio aparece el libro que escribió Ben Ehrenreich después de más de dos años de estancia en Palestina; de los helados de yogurt con miel y naranja; de la población centroamericana en MacArthur Park como reflejo del desplazamiento continental de las comunidades indígenas propiciado ahora por la explotación privada de recursos naturales. Creo que no estuve sin mis obsesiones principales, estos cuatro días. pero sí con muchos más amigos para discutirlas y liberarlas. Los corazones de mis amigos son los mejores. los más abiertos, los más tiernos, los que han visto tanta guerra que ya no tienen miedo a amar, a amarlo todo. Una noche nos dimos cuenta que todos teníamos ese síndrome que da a los que viven en medio de la guerra y comenzamos a platicar de los síntomas. "Es que cuando vives en la guerra  no estás separado de la guerra, la guerra eres tú mismo, la guerra ocurre dentro de ti. Todos los enfrentamientos, las contradicciones, el miedo, la muerte. Eres todo eso". Difícilmente podría hablar con otros amigos sobre la manera en que la vida, fuera de la guerra, comienza a perder sentido. A borrarse. Pero ahí habíamos por lo menos tres que sabíamos muy bien cómo la paz aparente del mundo puede hacer perder el sentido de la vida. Por eso necesitamos asirnos a otras cosas, en mi caso, a obsesiones que ya no involucran tanto el cuerpo, sino la reflexión o la meditación. Así es como, para aliviar el síndrome, comencé a fijarme en otras cosas menos de cuerpo, más de gracia. No es una justificación, es una realidad. La vida me obliga a reflexionar, desde la aparente calma de un país que está en guerra, involucrado en el mundo entero. ¿Dónde no tiene agentes militares este país? y sin embargo, caminamos como si paseáramos en una península de tranquilidad (los que no estamos involucrados con pandillas, los que no somos indocumentados dentro de las fábricas, los que no pasamos el día doblados en los cultivos, los que no somos negros por la noche en barrios que no nos corresponden, los que no somos menores de edad cristianas educándonos en un sistema racista que perpetua la violencia, los que no somos homosexuales o transexuales etc) compramos un café, imaginamos el cielo mientras damos un sorbo, permitimos que el sol nos acaricie, regresamos a la oficina que tenemos en casa y echamos a andar nuestras obsesiones. Pero el cuerpo reclama, el cuerpo acostumbrado a tirarse bocabajo entre los tiroteos, a caminar entre los soldados como una sombra, a ver y jurar que no ha visto lo que está viendo, el cuerpo acostumbrado a detectar que aquello que se escucha como pasos sobre las hojas secas no es más que el comienzo de algún incendio; ese cuerpo ahora también comienza a echarse a andar.

Hola, lectores. Mil disculpas por las últimas publicaciones. Si están suscritos a este blog les llegan automáticamente hasta las cosas que apenas estoy corrigiendo, pero ayer fue el colmo. Hackearon mi cuenta (como hackearon la cuenta y los emails de varios amigos míos este mes) pero ya están libres. Continúen siguiéndome. Este blog no es de odio, sino de reflexión; mientras reflexiono a veces siento odio pero también siento muchas otras cosas. Tampoco es pornografía, aunque lo he pensado cuando nos faltan recursos para uno que otro proyecto, pero esa es una dependencia que cuesta muy caro producir: uno, quiera o no, involucra el cuerpo. Yo sólo involucro el cuerpo con cosas del destino. Me pregunto si los hackers que actúan con tanto odio serán conscientes de que están involucrando también su cuerpo. Cuando uno desafía, hasta de la forma más anónima, el cuerpo está ahí, presente, el cuerpo se manifiesta en lo que hacemos como el punto localizado desde donde transmitimos lo que somos. ¡No podemos librarnos del cuerpo todavía! Hackear es una virtud que contribuye y contribuirá a la transformación del mundo. Yo creo en un mundo lindo. No importa cuánto odio ande por ahí, yo creo que el amor vence el odio, no importa cuántas veces hayas metido el cuerpo donde no deberías. Yo creo que el fuego del amor lo puede todo. No me arrepiento de los lugares y los otros cuerpos donde ha estado mi cuerpo. No me arrepiento de lo que hago y de lo que soy. A veces me arrepiento de lo que digo. A veces también me arrepiento porque no me arrepiento.  Debería arrepentirme, pienso. Chicos, ustedes tienen superpoderes. Son fantásticos y mágicos, sin arrepentimientos. ¡Qué chingón!
Probando-probando



Gracias: Carlos Aceves
Cemelli de Aztlán.
Louie Speaking Eagle 
y Ariel Vercelli
por colaborar en esta búsqueda que
contribuye al camino de nuestro Cielo Portátil
OllínIlhuicani (el portador del cielo en movimiento)
y que no se detiene aquí, sino que avanzará hacia los
idiomas realmente sagrados y vivos: los indígenas.

PD. Si conoces náhuatl y piensas que nuestra versión se puede mejorar, por favor escríbenos a cieloportatil@gmail.com. Si puedes colaborar con la traducción de Cielo Portátil en otro idioma indígena ¡colabora con nosotros! ¡te necesitamos!
No tengo tiempo. Cuando no tengo tiempo es cuando más necesidad tengo de estar aquí. No sé en qué momento llegó el jueves. A veces, parece, que todo lo que soy se resuelve aquí, en esta página. Así es como se forman mis pensamientos negativos. Comienzo a creer que todo lo que hago está mal. Incluso, venir aquí. A jugar a esto. A esto que parece que es mi vida. Cuando en realidad, esto no es ni la décima parte de lo que vivo ni el setenta por ciento de una realidad. Me sirve. O me ha servido, sí, para zafarme (ah, zafarme, nunca había escrito antes esa palabra) para zafarme de cierta opresión que siento a veces. Sobre todo cuando tengo el tiempo encima. ¿En qué momento esto se volvió el jueves? Tengo una maleta que no he desempacado. Un árbol navideño que no he devuelto a su caja. Una biblioteca que es una montaña de papeles. Yo recuerdo que fue el lunes cuando el tiempo comenzó a perseguirme, el martes cuando dije "me rindo" y comencé a observar mis obsesiones. Obsesiones de años. Decidí cortar con algunas de ellas: el desarrollo de la política y las intervenciones en Latinoamérica, los indígenas presos en todo el continente y las causas que defienden, el transcurso de los refugiados y las fronteras que se han ido cerrando para ellos, West Bank en Palestina; los condicionamientos y los sistemas inductivos en la educación pública, etc.  Un sólo día sin monitorear esos temas y bum! me sentí vacía. La primera opción fue entonces venir a escribir aquí, y también me detuve. ¡Basta! ¿Por qué todo hay que escribirlo, documentarlo, contarlo? Pero además es todo como yo lo percibo, todo como yo lo documento, todo como yo lo enumero. Todo tiene que ser a mi manera. Entonces dejé pasar la visita a esta blog, porque seguramente hubiera entrado a escribir sobre la estrategia invasiva que se instala en Sudamérica tomando Argentina como base de operaciones. No, no vine a escribir de eso. Vine a escribir lo que se siente estar absolutamente vacío inconscientemente, con el "tiempo" colmado de cosas por hacer. Vacío sin querer ver hacia el vacío. Me asomé: nada. Me invadió la ansiedad. Pensé en romper el cristal y sacar algo de emergencia para dormir. ¡No! Todo sería peor, tengo eventos todo el fin de semana. Me dormí y en el centro del sueño se levantó el pánico. "Nada de lo que he hecho existe. Nada de lo que soy existe. Todo lo que está aquí no es real. Esto que me rodea no es real". Entonces me levanté a escribir. Mejor que tomar algo para dormir, supongo. Y no. Esta no es la historia de mi vida y aquí no hablo de mí. Parece, sí. Parece que hablo de mí, que doy opiniones y, a veces, incluso, parece que alguien más piensa por mí, pero no. Yo no tengo siquiera la certeza de que existo; no sé a ciencia cierta si lo que vivo es real, si a lo que dedico mis pensamiento es realmente "algo" o nada. No sé si estoy aquí o en una nube de un cielo que intento traducir, sin esperanzas. No sé si todo lo que me hace llorar es el golpe del odio al que me abro, o si es todo lo que he visto, de tantas formas, tantas que a veces ya no sé, ya no sé tampoco si lo he visto. Estoy pesimista hoy pero no me hagan caso, acuérdense que cuando esto aparece en mi blog yo ya no estoy aquí, en este tiempo. Ya estoy en otro sitio buscando frambuesas para el desayuno... oh! wait ¿esa es otra obsesión?).
Creces despacio y fácilmente. Te gustaría trepar más rápido en la carrera contra el mañana, donde domarás las palabras y recitarás una poesía fervorosa, impulsada por el poder del amor y la obligación de la defensa de la tribu. Eso, lo que es secreto y escondido se abre a las palabras y se abre a la conciencia. No es un juego, como piensas, sino la manifestación del vistazo latente emergiendo en la manifestación. Tú siendo palabra y la palabra siendo tú.  No conocerás la diferencia entre el enunciador y el enunciado. Invocarás al mar y volcarás el cielo y el pozo será un frasco para conservar el sonido del murmullo del viento y el cielo un mar colgando de las nubes.

Mahmoud Darwish

Ah, querida Clarice.



Y, con ustedes, el momento de los poemas felices:

Saludo a todos los que me leen
Tendiéndoles el sombrero largo
Cuando me ven en la puerta
Apenas la diligencia se levanta en la cima del monte
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia cuando la lluvia es buena
Y que en sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten a leer mis versos.
Y que leyendo mis versos piensen
Que son cualquier cosa natural----
Por ejemplo, el árbol antiguo
La sombra en que cuando niños
Se levantaban con un balde, cansados de brincar,
Y limpiaban el sudor de su frente
Con la manga del delantal rasgado.

Alberto Caeiro
Bueno, pues aquí mi traducción de la reseña que apareció en el blog de la NY Public Library en diciembre pasado y de la que no me vine enterando hasta hoy. ¡Bien por nosotros los escritores de Intervenir/Intervene. Y gracias otra vez, Ian Baran.

Como el título lo sugiere, Intervenir/Intervene de Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sanchez, traducido por Jen Hofer, tiene que ver con intervenciones en la escritura, en el habla, en escuchar. Estamos siendo intervendidos en nuestra lectura y los que leemos esto en inglés estamos leyendo a través de otra intervención y la respuesta de la traductora Jen Hofer. Incluso dentro de la estructura de intervención nos llegan piezas de poesía del poeta argentino Héctor Viel Temperley, cuyo trabajo claramente alcanzó gran audiencia tras su muerte en 1987, y del cubano José Martí.
Dentro del texto nos gritan, nos susurran, nos cuentan secretos, nos dan órdenes y somos guiados hacia un panorama nuevo que nos deja imaginando qué sigue. Estamos leyendo poemas que algunas veces tienen una estructura y otras veces se construyen a sí mismos dejándonos en la frontera del intento autoral.

Pg. 70

"Sólo soy mi país
VOY A INTERVENIRTE
HASTA QUE MUERAS

Los libros me hacen daño
porque no sé llorar

Al libro hay que matarlo
y meterlo en un museo"

Después en la página 106:

"No soy una paloma. No soy
una bandera. Todavía vivo. El odio nos da las ilusiones: el marcador puede ser pasajero. Cuando abordo tu historia mi escritura revienta.
Esta mañana nadie puede ser una flor."

pag. 112

"Peligroso es cruzar una calle ondeando la bandera
No, una escultura dibujando tu nombre."

Pag. 160

"Un tiempo mi tarea fue escarvar porque creí
con devoción que algo me esperaba. Bajo tierra.
Sólo encontré basura. Basura"

Lo que Dorantes y Sánchez hacen es crear un arsenal de voces, se enredan en nosotros desde la página, gritando, susurrando y pasando de largo, etc. Al hacerlo, están interviniendo nuestras vidas, están creando un poema acción que cambia constantemente y ocupa un lugar cada vez que lo abrimos. Aquí, los distintos versos se conectan en diferentes momentos, y por eso forman un cuerpo creativo, también obligan a una reconciliación con la poesía, esa clase de poesía que te crea cierto anhelo emocional por múltiples momentos.

Pongo otra vez la reseña original en inglés, aquí.


Tres de mis libros están para descarga gratuita en PDF dentro de un proyecto lindísimo que coordina el escritor Luis Eduardo García. El proyecto se llama "Poesía Mexa". Soy mexicana, ya saben, me han nombrado chapina honoraria y me considero también boliviana de corazón; mi mente viaja muchísimo a Uruguay y ustedes saben que amo, adooooro Ecuador. Qué decir de Nicaragua y Honduras, pero total que ahora me siento más mexicana que nunca. Me encanta que se estén compartiendo los PDF para descarga gratuita y así nos podamos leer más y mejor. Ojalá el proyecto crezca y podamos consultar una sección de poesía universal en traducción ¿no?. Total, si ya Google pretende expropiar nuestros bienes intelectuales para sus conveniencias ¿por qué no mejor compartir desde nuestro ronco pecho? aquí el link a POESÍA MEXA. Igual y al rato hago mi paginita, amparándome en el fair use y subo mis traducciones clandestina de Darwish y Ekelof. Visten la página, pues.
Doce de marzo, algo tenía que pasar ¿no? habíamos librado bien el día, leímos de forma relajada hasta las diez de la mañana, escuchamos una entrevista con una de las traductoras de Giorgio Agamben, desayunamos apropiadamente. Después nos enfocamos en trabajar en el jardín, limpiar la parte de enfrente, escombrar el patio: trabajo duro, pero de la mano con las plantas y sus voces. terminamos. Nos metimos a bañar para quitarnos la tierra del trabajo de encima, Diva quiso salir y de repente, estaba otra vez acorralando a un gato en la última esquina del jardín de la casa, al final de un pasillo. No es la primera vez que Diva acorrala un gato en esa esquina, y tampoco la primera vez que el gato escapa.  Así que me cansé de llamarla, yo no estaba vestida, ya me había quitado las botas para entrar a la tierra, estaba envuelta en una bata de baño, etc. Los gruñidos de Diva se hicieron más profundos; esa especie de ronroneo y maullido del gato amenazado se intensificó. Me puse las botas, una camiseta, salí al pasillo y escuché a diva chillando-ladrando, al gato haciendo fzzzz y cuando llegué era demasiado tarde: Diva había pescado al gato y también unos cuantos rasguños. El gato estaba vivo; como pude me le eché encima (a la Diva, no al gato), generalmente Diva me entrega las presas, ¡me ha entregado pájaros intactos! pero esta vez se negaba a soltar. Le abrí el hocico con las manos, el gato pataleaba y seguía con su fzzz no pude ni tocarlo (habrán de imaginar) herido (o despedazado) corrió como alma que lleva el diablo y nosotras entramos a la casa.  Diva aceptó silenciosa y vergonzosamente (supongo que fue vergüenza, tal vez era decepción por haber perdido a su presa, no sé) su responsabilidad en el ataque, Yo comencé a dar vueltas pensando en el gato ¡y en la vecina! que no tardaría en tocar la puerta, supuse. Me temblaban las manos, no salí con heridas; busqué en la Diva: tampoco, si a caso las marquitas de las garras, hasta donde permitió revisar. Me senté en la cama, y vaya, sopesé el evento: pescó al gato. ¿Por qué estoy tan alterada? No terminé el capítulo de Foucault que estaba leyendo, no pude continuar. Estaba con las botas puestas, llenas de tierra, otra vez con tierra por todo el cuerpo ¡y peor!, baba, sangre de gato y pelos de Diva en la ropa. ¡Demonios! Tuve que poner orden, retroceder al lugar donde estaba, quitarme la ropa, meterme al baño, escuchar a la Diva jadeando en su camita, asustada. Me dolían los brazos. De qué manera simple se altera la vida. De qué manera simple uno la retoma.
Jesús Gardea


Desde ayer pienso y pienso en Gardea; sí, Jesús Gardea, el mejor escritor contemporáneo de mi expaís. Ya son 15 años de su muerte. ¡Increíble! pero para beneplácito de muchos ¡somos eternos! encontré una "reseña" (o sabrá dios qué será) que escribí sobre "El Biombo y los Frutos" en La Crónica hace 15 años. Habrán de perdonar, hubo detalles de la novela que olvidé, como la descripción tan precisa de la mujer, que regala Gardea en ese libro, con tanto dolor por su muerte, tan repentina. Es una novela que adoro, junto a "El árbol cuando se apague". Uno de los mejores regalos que mi corazón ha recibido en la vida. Pero , ¡hey! espero más regalos de la vida aún, no doy por terminada mi satisfacción en este mundo... hablaba de Gardea, pues nada: que lo adoro, que todo mundo debería estarlo leyendo, que sus libros no están en PDF pero búsquenle, valen la pena. Un homenaje a Gardea y al dolor de perderlo está plasmado en Septiembre, uno de mis libros enlazado con epígrafes de su cuento "De Alba Sombría". Hay que leer a Jesús Gardea, sin duda. Cuado la literatura de Gardea se detuvo, los narradores mexicanos ya no supieron que hacer y comenzaron ese sinsentido tan popular llamado la "literatura del narco". Murió y se truncó un camino, pero estoy segura que hay muchos escritores allá afuera que transformarán lo que Gardea sembró.-

Arriba del agua
Por Jesús Gardea
De "alba sombría"


EL RUIDO SE MUEVE, se aproxima. Las piedras revientan de sol. La sequía no va a dejarnos nada; ni el juicio siquiera. Dicen que en el llano andan almas resucitadas de animales. Que llevan en orden sus huesos pisando firmes la tierra. Tantos años sin agua dan para todo. Espantos y fantasmas. Suena, acompasadamente, el ruido: dos golpes, y luego, vuelta a empezar. Qué bochorno. Y, de pronto, una ola de cálido silencio. No es el de todos los días, y la ola ha arrastrado una sombra hasta mi puerta. Me oscurece el aire.
-Buenas tardes -me saluda, desde la sombra, una mujer. La miro. Las mujeres enloquecen al último.
Ésta viene vestida de largo, color blanco. Usa lentes negros, de mica, que casi le llenan la cara. Del cuello de su vestido, como del pico de una cerveza abierta, le escapa un borbollón de olanes que luego se le seca en el pecho. Abajo de los olanes, descubro un botecito colgando del cuello; parece el tambor de un niño. La mujer lo toca con un palito. La mujer apoya el palillo en la lámina, de punta, como un cuchillo.
-Buenas tardes -contesto.
Grande, la potencia del resplandor de la calle. La mujer está como parada en un viento luminoso.
-Entra.
Ella levanta el palito y se rasca una oreja con él.
-Entra. Una sombra; un lugar para que te sientes.
La mujer me está mirando con sus lentes como las alas de murciélago.
-He caminado -se queja-. Como los animales que penan por el llano.
La mujer es una muchacha; y las muchachas son campos de alfalfa. Fuera de la resolana, recobra su centro; se aprieta.
-La permanencia es voluntaria.
Sentada ya, se encaja el palito en el peinado. El tamborcito queda entre los muslos, sepultado a medias. Los brazos, cruzados al frente, aplastan la espuma de los olanes. La boca de la muchacha es como la de un ciego. Sus labios, aunque mordidos por la codicia del sol, siguen siendo hermosos.
-Oí tu pregón -le digo.
Ella abre, despacio, la boca.
-No pregono nada.
Corrijo entonces.
-Tu botecito. La gotera.
La muchacha baja los brazos y pone las manos en los muslos.
-Una sombra -dice-. ¿Y la sed?
Sin contestarle, voy a la tinaja. Lleno allí un vaso con agua y regreso.
-Está echándose a perder.
-¿Qué tiene?
Miro el agua, después el calor infeccioso de afuera.
-Apesta -respondo.
-¿Mucho?
-No mucho.
-¿Nada más?
-Bichos también.
-¿Lodo?
-No. Eso no.
La muchacha levanta una mano.
-Bueno.
Le doy el vaso y la espero a que termine de beber.
-Siempre me ofrecen agua fangosa, ¿sabe? Me van a enfermar.
Su aspecto es ahora el de una niña, el de un vivo desconsuelo. Le paso la sombra de una mano por los olanes, el botecitos y la falda.
-No-le digo.
Los trastornados van y vienen; ninguno permanece. Son como nosotros recordamos eran las nubes aquí. Unas horas en las rabias del sol, y luego, nada.
-La voz de tu botecito me interrumpió.
-¿Qué hacía usted?
-Soñaba con un río.
Algunos trastornados regresan a sus casas, de mano de sus familiares; pero otros, la mayoría, se meten al llano, nadie los vuelve a ver. La muchacha comienza a temblar como un junco.
-Los ríos son peligrosos -me dice.
Por el rumor y el jadeo del agua, no la oigo bien.
¿Qué?
-Hay otras cosas.
Crece el río. Se mecen los tules. En los remolinos, caracolitos, arena. Tal vez los caracolitos vengan del mar, o del fondo mismo de las aguas despiertas. Los caracolitos son blancos como la muchacha.
-Es un encargo -murmuro.
-¿Es un río de mayo?
-De mayo, sí.
-Peor entonces.
En los remolinos, brilla y truena el sol. Me deslumbra; me ensordece. Los tules, el junco, tiemblan en medio de la canícula. Hundo una mano en la tinaja. Por su boca sale no el olor podrido, sino el del agua y los relámpagos. Mi mano resbala como un pez por las paredes lamosas; siento los caracolitos. La visita ha parado de temblar; está serena. Como esperando. Me dice:
-Nadie puede cambiar de lugar un río sin secarlo; ¿para qué acepta usted esos encargos?
Saco la mano de la tinaja.
-Le agradezco el agua -me dice la muchacha.
-¿Y la sombra?
-No. Mis lentes me la procuran.
-A tus ojos. ¿Y tu cuerpo?
-A los dos.
La muchacha se alisa el adorno. Luego hace el ademán de coger una brizna. Ojalá y cuando ella se vaya la encuentren sus parientes. No es para las soledades del llano.
-El sudor me pica -dice.
La muchacha tiene su cara levantada hacia mí; me reflejan las oscuras micas. Se abre el vestido y mete una mano bajo los olanes.
-Yo también sueño -me dice.
El borbollón de los olanes me impide ver; pero la mano se mueve en círculos.
-¿Qué sueñas?
-Caracoles; un venado, que se los bebe como si fueran gotas de agua en la hierba.
-Sueñas cosas dulces.
-A medias.
-¿Cómo te llamas?
-Jimena.
La mano de la muchacha vuelve a la falda. La mano debe de conservar el perfume de la fruta.
-Me tenían muy guardada. Hasta el día de hoy. Me dijeron:
Jimena, vete al llano, necesitas aire. Me arreglé los olanes. Me puse los lentes. Después, el botecito. Pero ya en el llano, tuve miedo. De los mezquites salían fantasmas muertos de sed.
-Eso cuentan, Jimena, que hay fantasmas allá.
La muchacha levanta una mano y extiende los dedos.
-Cinco. Todos tenían cuernos. Ninguno como los del venado que hay en el calendario de mi cuarto.
La mano me deslumbra; su forma es perfecta; irradia, como una aparición. La imagino acariciando, envolviendo... Es un terciopelo profundo.
-Jimena, no me gustan tus lentes.
La mano baja; se desmorona el gesto.
-No sé si me estás mirando. No sé si de verdad sentiste el miedo o el agradecimiento que dices.
La muchacha se para.
-No te vayas, Jimena.
-No.
-Ven.
La muchacha se acerca. Vuelvo a soñar con el río, con los caracolitos y la frescura. Los olanes de la blusa ceden al ímpetu de la corriente; se abren como alas de una paloma volando arriba del agua, de las frutas.

Estoy preparando una curaduría para un evento de Cielo Portátil la semana que viene (¡felices con nuestra escuela libre!), y he escuchado esta canción más de veinte veces; seleccionada por uno de nuestros colaboradores para una de las cenas-reuniones temáticas que tendremos (ver video del post anterior). Nunca le había puesto tanta atención. Estoy conmovida desde ayer por la capacidad de interpretación de Nina Simone y tanta ironía, así que la traduciremos y la repartiremos como un volante de forma bilingüe. Esta reunión tiene que ver con la transmisión del documental de Nina Simone y los temas que pondremos en la mesa son la creación, las enfermedades mentales, la forma sistemáticas de "adormercerlas" a base de sustancias químicas en este país, y la subsistencia de grupos artísticos conformados por las falsamente llamadas "minorías". Aquí la traducción de la rola:

"Yo no lo quiero, puedes quedártelo/ no vale la pena pelear por él/ además hay muchos como él en el lugar de donde viene/ Yo no lo quiero, puedes quedártelo/ le estoy dando sus cosas/ y se puede ir de inmediato/ al lugar de donde vino/ Me temo que nunca lo quise/ cariño, él estará mejor contigo/ nunca lo pude hacer feliz/ todo lo que quise hacer fue//pasar mis dedos por sus rizos/ doblar su ropa y remendar sus calcetines/ alistar sus pantuflas y quitarle los zapatos/ limpiar sus lentes cuando leía las noticias/ frotar su frente con toque delicado/ cuando había tenido demasiado la mañana siguiente/ besarlo suave cuando se acurrucaba cerca/ y darle un hijo por año/ Así que ya ves yo no lo quiero/ puedes quedártelo porque él no es el hombre para mí// Después cierro la ventana cuando él duerme/ voy a la nevera donde está la comida/ le preparo el desayuno que más le gusta/ huevos, café y pan tostado/ salgo a comprar los periódicos/ y cuando los está leyendo/ pasamos el resto de la mañana en la cama/ así que ya ves/ yo no lo quiero/ puedes quedártelo/ puedes quedártelo porque yo no lo quiero/ porque él no es el hombre para mí."







¿bailamos? oh boy!



Todo este cuerpito estará en el Mystery Theater, de Machine Project, este 30 de marzo, a las 8 PM. No hablaré de mis obsesiones. De hecho no hablaré. Sólo leeré mientras grabamos "Copia" un libro nuevo que me entusiasma por ser perecedero, como todo. Así que visítenme en este performance efímero, en ese barrio angelino medio hipsteroso pero aún efectivo que se llama Silver Lake. Comamos pupusas después, anden. Aquí el link al EVENTO y aquí también ¿será Wave Books la nueva casa de esta publicación? descúbrelo este 30 de marzo en el sótano de  Machine.


Byung-Chul Han
La filosofía como producto transnacional

Hace tiempo ya que me gusta leer a filósofos contemporáneos, debido a (como bien lo definió un académico argentino, refiriéndose a Giorgio Agamben) la forma en que logran "diagnosticar" nuestro presente. La vida en el presente, la percepción de este presente y sus alcances en tiempos en que vivimos fenómenos de traslado y transposición acelerados: de una dimensión a otra, de una zona geográfica a otra, de un documento a otro, de un idioma a otro, de una frecuencia energética a otra, de un virus a otro, de una mutación genética a otra, de una pensamiento a otro, etc.; aunado a temas que me interesan como los mecanismos diseñados para el control de la humanidad, los condicionamientos que nos dirigen hacía determinadas formas de vida, y la manera en que juzgamos, tasamos y valoramos a los otros; junto a la idea de que un escritor debe sostener un pensamiento a través de su creación o su literatura, ya despojado del dominio del lenguaje como herramienta (despojado de la tensión de esculpir con el lenguaje, pero con el dominio del lenguaje integrado a la forma de escritura en un estado natural), fue como me acerqué a los libros de Byung-Chul Han.
Lo que me llamó la atención de sus libros no sólo fueron los temas que aborda: el ejembre de internet, la interpretación y reintrepretación de lo bello o un mundo que la biopolítica no alcanza a definir porque hemos entrado ya a lo que Chul Han define como psicopolítica; lo que me interesó también fue el formato de libro, la estructura en la que se presenta esta clase de información. Un libro de bolsillo, con un tema dividido en capítulos cortos, de tono ensayístico ligero y portadas atractivas: la suavidad de su forma, pues. Compré tres títulos publicados en la editorial Herder. Psicopolítica el más reciente, El Enjambre, del 2013 y un título más que ahora no recuerdo y tampoco tengo a la mano. No soy tan inocente, me interesó el formato porque sabía que, detrás de este tipo de publicaciones existe un trabajo editorial que involucra a más de tres personas. Son libros creados de forma colaborativa donde, por lo regular, los editores que le dan forma al lenguaje y a las traducciones permanecen en el anonimato. Son libros que logran romper con la barrera de la forma para comunicar, en ocasiones, descubrimientos milimétricos pero complejos.
No imaginé lo que iba a encontrar. Byung-Chul Han es una creación editorial que refleja un momento clave super-actual en los medios de comunicación. Refleja cómo el libro ha perdido su singularidad y un filósofo puede construirse como un producto transanacional que se filtra hacia la percepción de quienes todavía tenemos biblioteca, estudio y nos negamos a ver televisón. Soy incapaz de decir Byung-Chul Han afirma, porque siento que en sus libros Byung-Chul Han no existe; existe únicamente una máquina que habla pero, aún así, esta máquina de editores pone en juego temas en los que quizá deberíamos detenernos. Si era necesaria una máquina de pocas páginas que afirme que Foucault no alcanzó a diagnosticar nuestro presente con su biopolítica, y que Giorgio Agamben tampoco ha podido definir cuál es la continuación de ese presente mientras que el hallazgo de Chul Han es eso que define como Psicopolítica ¡qué bien! La máquina que construyó a Byung-Chul Han utiliza una bibliografía estupenda, que cualquiera de nosotros deberíamos estar leyendo si queremos afirmar que comprendemos un poco el presente que nos rodea, que nos cerca y que, de vez en cuando logramos habitar, aquí está (en parte):

Fluir, una psicología de la felicidad, de Czsikszentmihalyi (de este dudaría un poco, pero no está de más).

yo apostaría por leer La comunidad que viene, de Agamben; Tecnologías del yo y otros textos afines, de Foucault; The insanity of normality (este libro no está en PDF -yet-) de Arno Gruen, y un libro que me han recomendado recientemente que se llama La transparencia del mal, de Jean Baudrillard (escrito por ahí de los noventa). 
Ahora bien, me preocupa la fórmula que las editoriales han adoptado para poner la controversia sobre la mesa y, otra vez, construirnos la experiencia para que nosotros no tengamos que vivirla. Es aterrador que una producción mecánica pretenda suplir la producción intelectual. 
En piscopolítica hay varios puntos que la máquina destaca y que me obligan a reflexionar, que la pisicología del deber hacer actualmente no existe y hemos entrado ya en la era del poder hacer; que la prisión la vivimos en libertad, ya que la estructura de poder tiene acceso a nuestros pensamientos y a nuestras emociones (situación que no existía en la época previa a internet) y que la filosofía zen (y esto no lo afirma literal, sino que lo interpreto yo, porque el zen es una práctica que me gusta) sería una buena forma de escapar a la prisión psicológica a la que internet nos somete; vivimos, en lugar de la obediencia, un momento de dependencia: hemos pasado pues, de la biopolítica a la psicopolítica. 
Siempre he dicho que hay que tener cuidado al poner nuestra mente en las manos de cualquier Gurú, porque le damos acceso a todo lo que somos para transformarnos a través de sus visitas. Ese mismo consejo lo aplicaría en el caso de Byung-Chul Han y productos similares; hay que saber elegir qué afirmaciones categóricas aceptamos en nuestro pensamiento, porque afirmaciones tan cargadas de lógica y de presente pueden partirnos en dos: el cuerpo por un lado-la mente por el otro. De ahí surgieron mis preguntas ¿es que puede existir la psicología sin la biología?--la solté en tuiter: nadie me respondió, quizá estoy haciendo preguntas muy estúpidas-- ¿la dependencia psicológica no se siente en el cuerpo?  ¿vamos a continuar creyendo que la mente esta encerrada en nuestro cofre craneal? ¿podemos ser humanos sólo de mente? ¿apropiarse de nuestra mente no es también una forma de restricción física? ¿qué otro condicionamiento justifica inconscientemente la guerra más que la confusión entre responsabilidad y deber? ¿no somos una sociedad envuelta en una guerra inmensa?
Estas preguntas pueden, sino responderse, calmarse, si vamos a las fuentes: los bienes intelectuales. Muy distintos a esas máquinas procesadoras que, valiéndose de indudables editores brillantes, construyen controversias que sólo suceden en el campo del entretenimiento. Byung-Chul Han es un producto editorial que engancha desde el morbo del sometimiento y, el sometimiento, es un entretenimiento muy actual. Si no mordemos el anzuelo, este tipo de fábricas de conjeturar pueden dirigirnos no sólo a un éxtasis de superioridad personal (¡creemos que alcanzamos a ver!), sino a los manantiales de infinitud que nos serán muy necesarios para nuestra ya no tan futura supervivencia. 

"No tengo otra cosa, no estoy en ninguna otra parte".


Ustedes saben que vengo aquí para descansar o cuando estoy al borde de algún colapso. Bueno, pues ahí estoy. No me reconozco. No sé quién soy. Observo mis propios trucos mentales y se levanta en mí una especie de muro o de pánico. Tampoco vengan aquí a tomar las cosas literalmente, ya saben que esto es también un ejercicio de literatura (me ha pasado que lo que afirmo aquí sobre mí misma, otros quieren usarlo como una evidencia -risas grabadas- y me dicen "pero tú misma escribiste que eres una egoísta" o "tú dijiste en tu blog que tienes miedo": oquéi, estimado lector, este no es mi presente, es tú presente. Cuando tú lees esto yo ya lo viví, es decir, yo ya no estoy aquí -aclaro)
El caso es que ayer en la noche fui al supermercado porque, después de una semana de indisposición y gripe, mi refrigerador estaba vacío. Camino, más o menos, 30 minutos para llegar al supermercado porque ¡vivo en El Paso! una ciudad que no está diseñada para peatones y en las tienditas del barrio todo lo que hay son productos perecederos que ya han perecido. A veces, el supermercado me despierta ciertas ilusiones: me ilusiona cocinar con jazz de fondo y una bebida refrescante, bailando. Imagino todo lo que puedo cocinar, y ¡todo lo que puedo comer! Mientras me extasiaba entre los anaqueles con su infinidad de productos: cajas de colores, polvos de sabores, diferentes esculturas de pan, leche envasada de veinte formas distintas, productos judíos, árabes, centroamericanos, asiáticos, africanos, bajo una luz brillante y tentadora, me di cuenta que había cancelado uno de mis viajes a Los Angeles, para la siguiente semana. ¿Por qué? Me di cuenta también que estaba hablando sola mientras leía la lista de lo que tenía que comprar "falta el pescado" "¿dónde está el pinche papel aluminio?" "no puede ser que otra vez no haya frambuesas" fui consciente de mi propia enunciación en voz alta y no me importó, me dirigí a la sección de la champaña (ahora sólo me gusta tomar champaña fría) no encontré la marca que quería y también pensé, esta vez en silencio "tal vez sí estoy bebiendo demasiado". Volví a mi primer pregunta ¿por qué cancelé mi viaje a LA? ¿por prudencia? La semana que entra yo debería estar viajando a una montaña en LA para pasar una noche magnifica y asistir a un concierto de Concha Buika ¿qué me hizo cancelar? Me aburrí de dar vueltas y vueltas buscando el papel aluminio y salí del supermercado.
Tengo una bolsa especial que parece una canasta, pero suave, a la que le cabe todo para cargar caminando. Si tomaba el camión tardaría dos horas en llegar a casa. Si decidía cargar y caminar tardaría una. Decidí cargar y caminar, estoy acostumbrada. Mientras acomodaba las cosas en mi bolsa canasta, se acercó un chico, quizá 27 o 28 "qué linda bolsa" me dijo. Un joven hipster porque el supermercado está en un barrio hipster cerca de la universidad. Un joven lindo. No es la primera vez que alguien me felicita por esta bolsa tejida a mano usando como material cientos de bolsas recicladas, si tejiera más sería un hitazo en el mercadito de granjeros de los domingos. Le respondí que gracias, que era tejida a mano con cientos de bolsas de plástico recicladas y que la agarradera me había quedado chueca. "¿Vas a caminar?" me preguntó. Respondí que sí y ofreció llevarme. "No puedes ir caminando con todo eso" me reí, le dije que estaba acostumbrada y que a fin de cuentas no había comprado la botella de champaña, así que no pesaba tanto. "Anda, te llevo". Volví a decir que no, y comencé a caminar.
El barrio es como una boca de lobo, una boca de lobo bastante segura, vale decir. Unas cuadras adelante el chico me alcanzó en su auto, volvió a ofrecerme el aventón y volví a negarme. Fin de la historia. El chico dio vuelta en "u" y se fue. Continué caminando. No tenía prisa, me encanta mi barrio cuando está en silencio. Completamente oscuro. Todas esas casas antiquísimas dormidas. De repente un pensamiento, como un rayo, me atravesó el corazón: rechacé la oportunidad de tener un nuevo amigo. Seguramente me hubiera llevado a casa, hubiéramos platicado en el camino, me hubiera enterado qué estudia, me hubiera pedido mi teléfono, saldríamos una semana después, nos enteraríamos que somos vecinos, comenzaría a asistir a las reuniones de Cielo Portátil, and so on y volví a preguntarme ¿Por qué? ¿Por qué hice eso? Tuve que detenerme. Me desconocí. Solté la bosla en una esquina. Generalmente soy muy abierta con las personas amables. No es común en esta ciudad que la gente decida caminar en la noche. Cada vez que voy al super-mecardo caminando alguien se ofrece a llevarme de regreso. Este es un buen barrio, con buenos vecinos y buena gente. Me he encontrado chicas que hacen lo mismo que el chico hizo: insistir en llevarme porque mucha gente en este desierto no concibe la vida sin la comodidad de un automóvil y piensan que sufro. Me senté en la orilla de la banqueta y me dije "estoy perdiendo libertad". ¿Por qué decido, de repente, perder libertad? ¿Qué es lo que me da miedo?
Mandé un mensaje de whatsapp y levanté mi bolsa, seguí caminando mientras pensaba "esto es lo que soy, este momento, esta caminata, este esfuerzo por llegar a mi casa con las compras del supermercado, no tengo otra cosa, no estoy en ninguna otra parte, no soy otra persona ¿por qué comienzo a limitar mi libertad?".
Llegué a casa, acomodé las compras en la mesa, di un snack a Diva. Encendí el tocadiscos, puse a Nina Simone y un amigo llamó para visitarme. Cuando abrí la puerta mi amigo me abrazó y me besó la cara, muchas veces, casi con devoción. Entonces recordé la devoción con la que yo toco tu cuerpo, o tu cara. Vuelta a la realidad, pensé. Vuelta al corazón atravesado de la consciencia.
Berta Cáceres es la que pasa la velita


Generalmente, cuando estoy más perdida me pregunto quién soy. En días como hoy el sentido de extravío es más grande, más global. No puedo evitar preguntarme "quiénes somos", qué tanto estamos permitiendo, cómo es que vemos a los demás y claro: la pregunta llena de rabia que me molesta hacer por ser tan obvia ¿por qué se ha echado a andar en el mundo un mecanismo para exterminarnos?
Ayer, tuve paciencia. Durante la cena familiar no faltó el amigo que culpó a los gobiernos de América Latina de cualquier cosa, hasta de estar poseídos por entes demoníacos. "Si en Argentina por 12 años estuvieron bien, es porque el gobierno les había construido una ilusión que ahora, con el nuevo sistema se derrumba". No discutí, únicamente escuché. Ni siquiera voy a repetir las cosas que se dijeron sobre Venezuela o Bolivia. Aaarrrggg. La vida me parece, en ocasiones, muy difícil. Eso, el simple hecho de vivir, rodeada de tanto desprecio hacia los otros. Un grupo social puede aceptar que otros sean multimillonarios de forma incuestionable, si son criollos, europeos, blancos. Sé que estoy diciendo lo obvio y es una observación tan llana y tan corriente como el agua que bebemos todos los días. El agua que todos piensan que las corporaciones se encargarán de proteger. Estoy llena de rabia hoy, por venir aquí a decir lo obvio: no soportamos que un indígena sea inteligente, viva bien, coma bien, tenga una casa con alberca, use zapatos lindos (como le de la gana). No soportamos que un indígena sea políglota, culto, más educado que nosotros. No soportamos que un indígena no se someta a los designios de los conquistadores. No soportamos ser indígenas. No lo toleramos, somos una vergüenza; somos una vergüenza que se odia a sí misma, que se auto apuñala. Estoy llena de odio hoy y me da vergüenza. Estoy llena de tristeza hoy y me avergüenzo de lo que somos. Cómo nos hemos transformado en esto que justifica un genocidio. Nos tratan como si permitirnos pisar esta tierra fuera hacernos un favor. Como si darnos un documento de identidad fuera civilizarnos. Nos matan y después nos señalan a nosotros mismos como los asesinos, nos encierran, nos torturan, nos desaparecen.
No es bueno venir aquí con rabia. Y tengo el pensamiento muy nublado. Así que mejor me voy, a tocar una flauta de barro que construyó un indígena y ayuda a protegerse del "encimismamiento". ¡Viva Berta Cáceres! ¡Viva Latinoamérica!

pd. a  Berta no la mató su pueblo, que quede claro. La mató la fuerza a la que ella se opuso ¿cuál era?
Es marzo. Comencé con un mal humor un tanto insólito, pero justificado. Me siento irresponsable, cansada, fuera de esta realidad, huyéndole a esta realidad. Hace dos años comencé marzo construyendo un jardín, viajando El Paso-Houston-Los Angeles. Esta vez comencé marzo cancelando un viaje, discutiendo por el préstamo de un edificio para nuestra escuela libre, pensando que lo único que quiero es una heladera social. Me escuché decir "consigue ese edificio, haz tu trabajo; yo hago mi trabajo: todos contentos". ¿Qué necesidad hay de que nuestra presión presione a los demás? ¿Es uno un héroe que canaliza el dolor y lo transforma en alguna buena obra ¿Quién creo que soy? ¿Qué estoy haciendo aquí? Me replanteo todo. Para colmo, comienzo a procrastinar. Alaaaargo la escritura de los "proyectos" me resisto con uñas y dientes al presente. Estoy insoportable. Y, después de todo, tocan a la puerta, la confianza de mis amigas me habla de una persona que en este momento siento que no soy: platican conmigo, me piden sugerencias, me cuentan cosas importantes de sus vidas mientras pienso que no soy precisamente la persona indicada para dar consejo o dar refugio. Quisiera ser alguien que todavía no nace, estar ahí, cómodamente, incrustada en el cuerpo de mi mamá. ¿Hay algún deseo más irresponsable que el deseo de regresar a la comodidad de una pancita materna? Pues sí. Quisiera regresar, y volver a nacer sabiendo que a la familia sólo hay que seguirle la corriente, que no hay que ser necesariamente uno mismo, sino simular que uno es quienes ellos esperan que uno sea. ¿Ven? ¿Ven mi negatividad?  ¡Cuántas veces he considerado un triunfo poder mostrarme tal y como soy ¡sin miedo! Y ahora, la presión me deprime. No me gusta acelerar ni provocar la aceleración de los otros. Otra vez no entiendo quién soy. ¿A dónde va esta escuela? Genero vínculos que al final construyen mi camino también. No soy yo sola, caminando. Hay otras personas que se han adherido a esto que soy y yo me he adherido a lo que son ellas. Me fascina encontrarme en otras identidades y romper mi propia identidad; y que nuestras identidades se identifiquen, generalmente por tratarse de grupos sociales empujando por la supervivencia ¿Cómo me iba yo a identificar con los artistas que beben champán en mansiones con vista a la bahía? Beber ahí, en esas casas de diseñador en Mulholland drive o en San Francisco, me parece violento. En esos lugares es donde la belleza se transforma. Las mansiones en este país representan violencia ¿Cómo puede un escritor vivir en una mansión? y no sólo eso: convocar a su mansión a beber y contemplar la "paz" de la bahía. Es lo mismo que estar parado en un charco de sangre comiendo frambuesas y recitando poemas a la luna. Me gusta la buena vida, sí. La buena vida no puede estar ligada al contraste del hambre de los otros. En fin, a lo que iba. Estoy cansada. A eso voy. Esto sucede siempre que tengo el tiempo encima. Empujo la realidad hacia la aproximación de mis propios diseños mentales y presiono a otros también. Me escuché decir "haz tu trabajo, yo hago el mío" ¡¿Qué fue eso?!

Todo este cuerpito estará leyendo en Machine Project (Los Angeles, CA) el próximo 30 de marzo a las 8 PM. Grabamos el audio completo de mi nuevo libro titulado "Copia" en el Mistery Theater. ¿Quieren boletos para no pagar la entrada? Escríbanme a: cieloportatil@gmail.com. El cupo es limitado a 19 personas (porque estaremos grabando en vivo). Pero también pueden pagar la entrada al llegar en solidaridad con este maravilloso espacio que desde hace un par de años, se abrió a las lecturas y performances efímeros de este animal que les escribe. El año pasado hicimos curaduría spanish only con Juan Manuel Portillo y Román Lujan y también presentamos el performance No Sirvo; sin consideración alguna para hablantes del idioma dominante (¡a dominar al parque! si pueden). Esta pequeña hendidura dentro de un proyecto que jamás había realizado eventos en español fue cincelada con el pulso cauteloso-nicarguense del poeta Anthony McAnn y la persistencia de gota sobre la piedra cayendo desde Cielo Portátil. 
¿Entonces qué? ¿Nos vemos el 30 a las 8 PM? A un lado de Machine existen las pupusas más ricas del universo (callejeras), los mejores tacos del mundo (Guisados) y el pay de cereza más codiciado de este planeta (Brite Spot); también hay una horchata con expresso en el local de al lado, que no tiene comparación.
¡Vamos!

¿bailamos?

somatizo: por eso la voz:



La desorientación no es una sensación amable. Resulta más bien, según el ánimo de cada persona, tormentosa, desesperante, generadora de ansiedad... depende de qué tan dramático sea uno en esta vida. En mi caso la desorientación me da un miedo terrible, pero eso no significa que no aprecie el estado de desorientación. Significa que me he perdido durante alguna experiencia. Ya les he dicho que no sé vivir de otra manera, salvo perdida. Es fácil, y hasta romántico decirlo: suena desafiante y lindo, casi festivo. Suena, como si fuera un triunfo. Pero no, es sólo un proceso. Es lo que es. El proceso que indica que me he sumergido lo suficiente en determinada experiencia. Se despierta mi pánico, debo comentarles, a media noche abro los ojos dudando si todo lo que veo es un sueño que he inventado yo y, en ese sueño, alguien va entrar de un momento a otro a borrarme del mapa. Borrarme, es una experiencia que me gustaría conocer. La tuve, hace algunos años, pero cuando uno se borra es difícil recordar la experiencia de la borradura: uno desaparece, y ya... no queda nada. Después, poco a poco, uno toma conciencia de que frente al espejo hay todavía una cara, cuesta reconocerla, pero está ahí, parpadea, ve más o menos, es una cara indígena que los indígenas dirían que no es indígena; es una cara negra, que los negros dirían que no es negra; es una cara española que los españoles escupirían; una cara francesa a la que los franceses le cerrarían la puerta; es una cara animal, una grosería. Ahí estoy. En la grosería, en el proceso de aceptarla a través de la percepción de los otros. En realidad, los que se detienen en mi rostro es porque algo he dicho. Sino, los europeos o los criollos pasan de largo pensando: pinche india; los indígenas pasan de largo pensando: pinche mexicana; los negros pasan de largo pensando: pero está estúpida cree que es como yo! Entonces digo algo y es cuando se detienen para darse cuenta que mis pómulos tienen cierta dimensión extraña, mis párpados cierto volumen que sólo existe en África, la mandíbula sólo pudo haber surgido en la genética indígena de oaxaca y este color, este color. A mí me gusta pensar que nada de esto importa, pero esto me llama, me pone frente a mí, habla conmigo. Me hunde, me lleva a preguntarme ¿quién soy? ¿qué soy? tan mezclada, tan revuelta. Es asumir el rostro, el cuerpo: encarnar ahí las dimensiones que no alcanzan a medirse a través de la memoria, ni del tiempo. Me pierdo. Necesariamente. Sufro, necesariamente. Me invade el terror cuando percibo que mi mente también es todo eso. Por contraste. Lo que quiero borrar. Si tan sólo fuera otra cara, otro cuerpo, otra educación, otra energía, otra dimensión, otra línea sanguínea, otro continente, otra manifestación; una más clara, una manifestación más clara: ahí está. Eso. La manifestación. Ser esto que soy o (pero ¿qué soy?) o ser simple, como una planta, sentir el caminar oscuro de la tierra que me mantiene viva, la tibieza del sol que se tiende sobre mi superficie, el estallido de un color que habla. Los pasos gigantes cruzando todos los días como vínculos de guerra o de amor, cerca de la ventana, junto a mí.
Estado civil:


Mientras el mundo se desmorona y las grandes corporaciones nos acorralan para despojarnos de nuestros derechos más indispensables, mi vida está llena de buenas noticias. Una de ellas, que le concierne a mis asiduos visitantes (hey, hola, visistantes!), es que Estilo, un libro de prosa que se publicó en ManoSanta Editores en 2011, acaba de reaparecer en Kenning Editions, en edición bilingüe (inglés-español). Ustedes saben que mi vida como escritora en esta país ha sido una tortura, sobre todo en el momento en que tropecé con una editorial mezquina de NY de cuyo nombre no quiero acordarme, pero afortunadamente existen editoriales como Kenning Editions, que aman la literatura y, todavía continúan trabajando por amor, no por ambición. Pues ya está, abajo, pueden encontrar el link que conduce a SPD, la distribuidora independiente de editoriales pequeñas más importante de Estados Unidos. Ahí anuncian la próxima liberación de Estilo, con una portada de Henry Darger y blurb ¿de quién creen? de Heriberto Yépez y de Ben Ehrenreich. ¿Alguien tiene dudas sobre mi felicidad? Hagan click, para que sepan:


Style - Dolores Dorantes : Small Press Distribution

Sobre Estilo, Ben Ehrenreich escribe:

This is a brilliant, painful, and disturbing work. From the first page, Style/Estilo will tear you apart. Side effects will linger for weeks. Dorantes’ phrasing is blunt and unadorned. A few images circulate, gathering and unraveling meaning each time they recur: branches, birds, flowers, masks, “the skin of sky.” An unnamed “cluster of girls” narrates the poem, which is addressed to a murderous “you.” Behind each word—and inside each one, and all around it—lurks the violence of contemporary Mexico, and of the author’s native Ciudad Juárez. Dorantes works a cruel magic in these pages, transfiguring despair into a decimating beauty. In the original Spanish, and in Jen Hofer’s excellent English translation, this book burns with a rage that does not hope for healing.

así que, sobre aviso no hay engaño, dicen.
Hace un par de años que, en conversaciones con amigos y coautores me brinca la pregunta de cómo tasar un bien intelectual en tiempos de las descargas por internet, el copyleft, y tantos otros manjares del conocimiento en el que se ha convertido esta fuente infinita (sí, ésta... aquí donde está usted en este momento, leyendo). Ben Ehrenreich, por ejemplo, me respondió que asignarle valor a su trabajo le parecía algo más que insólito, molesto; como intentar apretujar el infinito en un espacio limitado. A mí me preocupa, porque de mi trabajo como escritora depende mi subsistencia. No tengo otro trabajo, no hago otro trabajo y no quiero trabajar en otra cosa. Comprendo mejor el intercambio energético que el monetario, sin duda, y la vida me ha demostrado que, hasta el momento, la abundancia no radica en un montón de códigos bancarios o, burdamente hablando, en cuánto dinero puedo amontonar.  Con todo eso, también soy consciente de que, actualmente, para los escritores íntegros sobrevivir es casi un infierno (para los corruptos también, pero ni cuenta se dan): los gobiernos nos responsabilizan por las realidades que describimos, si no nos vendemos nuestros colegas intentan pulverizarnos por medio de la crítica, andamos por la vida sin premios ni reconocimientos para salvaguardar la integridad, etc.
Es importante conservar lo que es nuestro, no sólo porque nos vista, nos alimente y nos calce, sino porque nos ha costado sangre, territorio y pensamiento; y es la única forma de salvarnos del exterminio.
El investigador Ariel Vercelli comentó hoy este mismo artículo aquí: Cómo robó Google la obra de millones de autores por eso me enteré; Vercelli comenta: "que algunas injusticias se sienten primero en el cuerpo, que son pre-racionales"; y ya con las influencias de traducir y rebautizar o, como dicen los jueces, "transformativar" acá le reescribo un título nuevo, sin afán de ofender, sino de dar una perspectiva ecuánime a lo que dice Roxana Robinson, donde no se describe un robo cualquiera, sino que se dibuja, quizá, la estrategia para una neo-expropiación de los bienes intelectuales (¡¿cómo así?!) o lo que yo llamaría, una forma legal para despojarnos impunemente de lo que somos.


EL FEUDALISMO DIGITAL DE GOOGLE.- ¿Es justo copiar millones de libros sin pagar a los escritores? Dejemos a la Suprema Corte decidir.

por Roxana Robinson
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La semana pasada editores, expertos en derechos de autor y simpatizantes, presentaron varios amicus* para solicitar a la Corte Suprema escuchar el caso en contra de Google sobre violación-al-derecho-de-autor promovido por Authors Guild. La decisión de la corte determinará cómo y si es que los derechos y la subsistencia de los escritores quedará protegida en el futuro.

Si usted escribe "Shall I compare thee to a summer's day?" en el buscador de Google, el texto y el autor será identificado en cuestión de segundos. Esto no es debido a que Google tiene filas de estudiantes de inglés actuando en el momento, sino porque, durante una década, Google hizo un acuerdo con un número de bibliotecas grandiosas para hacer copias digitales de cada libro en su poder.
En 2004, Google envió sus furgonetas de carga-unidades móviles, a las bibliotecas, acarreó algo así como 20 millones de libros. Los copió todos, incluyendo libros bajo derecho de autor y libros que el derecho de autor no cubría. No pidió permiso a ningún autor y a ningún editor, y no ofreció compensación alguna por el uso --aunque, como compensación, Google les dio copias de los libros escaneados a las bibliotecas.

La Authors Guild desafió la acción de Google en Authors Guil v. Google, el caso de violación-al-derecho-de-autor. se presentó primero en 2005 y decidió apelar recientemente en el Segundo Circuito de la Corte Norteamericana de Apelaciones en Nueva York. En octubre, la corte determinó que Google estaba protegido por la doctrina de uso justo en el momento de copiar los libros ---por una parte porque sólo hizo ejemplares limitados del material con derecho de autor disponible al público, y por otra parte porque la corte encontró que, hacer disponibles los libros mediante una búsqueda electrónica era "transformativo".

Pero la definición de transformativo ha significado siempre un nuevo uso expresivo del material, como el propósito creativo de la sátira ---y el copiado digital es útil únicamente si no cambia en nada el original. Así que esta fue una definición alterada del uso justo, la doctrina con cuatro principios definitorios que siempre tienen que incluir también las preguntas sobre si la acción resultará en daño a los autores y si sí o no la intención del usuario es comercial. 

Google es nada salvo comercial. Este enorme tesoro de contenido editorial es la razón por la que la maquinaria de Google es tan extraordinariamente buena y ha ayudado a Google a volverse tan lucrativo. Google ha usado estos textos, sin compensación o sin permiso, para su propios objetivos. Esto incluye esconder procesos internos, como el profundo enriquecimiento de su propia base de datos de lenguaje, para traducción, búsqueda, referencia, explotación de datos, el desarrollo de algoritmos y otros usos no definidos --aparte de los extremadamente visibles, como informarnos que fue Shakespeare quien escribió ese soneto.
Google hace un uso muy comercial del material, pero afirma que su servicio de búsqueda de libros (book-search) es tan benéfico para el público que la compañía no debe pagar a sus proveedores por el contenido.

Aquí, es útil considerar que Google reportó ingresos por cerca de $75 mil millones en 2015. El año pasado, una encuesta de Authors Guild sobre los ingresos anuales de los escritores desde 2009, mostró una baja del 67% de autores con más de 15 años de experiencia. La mayoría de los encuestados, si tuvieran que vivir sólo de sus ingresos como escritores, estarían por debajo de la línea de pobreza.

Los escritores consumados son importantes para nosotros, sostienen el núcleo intelectual de nuestra cultura, y como sociedad necesitamos su trabajo, sus pensamientos y sus voces. No podemos permitir que su trabajo sea tomado sin compensación por los gigantes de la tecnología, sólo porque estos gigantes tienen la capacidad de hacerlo.
Fue para proteger a los autores de estos riesgos que los Fundadores escribieron la ley del derecho de autor en la Constitución --porque una democracia necesita autores que puedan financiarse a sí mismos dentro de una economía libre, sin patrocinios o dependencia de pago proveniente de intereses especiales. Si a Google le está permitido tomar rebanadas enormes del material bajo derecho de autor para sus propios objetivos comerciales, se establecerá un precedente y se abrirán las puertas a futuras expropiaciones.
Google alega que sería prohibitivo pagar a los autores por el uso de su trabajo, pero esa no es una respuesta aceptable. Pagar a los proveedores es un costo simple al hacer negocios. No es aceptable que una de las compañías más ricas del mundo alegue que no necesita pagar por el contenido que juega una parte crucial en su éxito financiero. Google depende de estos textos para hacer de su maquinaria de búsqueda una de las mejores del mundo, y esa superioridad es lo que sustenta sus ingresos por publicidad. El contenido atrae al tráfico, y el tráfico conduce a ingresos por publicidad.
La Corte Suprema no ha tomado un sólo caso que involucre el uso justo del derecho de autor desde 1994. Las cortes inferiores ---aplicando viejos conceptos a hechos nuevos-- han creado un nudo que traslada las compensaciones del sector creativo cada vez con mayores problemas. hacia el acaudalado sector tecnológico.
Más allá de la ley, este es un asunto de moral. Como dijo Ralph Waldo Emerson "La civilización depende de la moral". Por lo menos, es lo que el buscador de Google dice que dijo. 
Robinson es novelista y presidenta de Authors Guild en Nueva York. 

*Amicus: escrito presentado por un tercero sin solicitación de las partes litigantes con vistas a ayudar al tribunal a solucionar un determinado caso.