Lunes, mi día de descanso. Me obligo a descansar. Es absurdo que un escritor descanse escribiendo, bueno quizá no. Quizá es sólo mi traducción del mundo que se empeña en pintar la escritura como mi trabajo; ya sabemos que el mundo no es así. Hay una construcción de un mundo que alguien más piensa, y es así: nuestro objetivo en la vida es trabajar, laborar, como quieran llamarle. Dentro de esa construcción los escritores no tenemos cabida. Tuvimos, hace siglos, cuando la red de entretenimiento de la humanidad era pensar y pensar era redituable. La mente que construye nuestra realidad ahora ha decidido que pensar no le conviene a nadie. Así que, bueno, aquí estoy, mordiendo el anzuelo de la duda, la duda mala, la duda de mi propia vocación. La duda casi siempre es buena, pero dudar de algo que inexplicablemente a quedado por encima de cualquier circunstancia de la vida, ante cualquier derrumbe de la personalidad, del caracter o de la economía, vaya, pinta más como el empecinamiento de un necio. Dudé, por dos segundos, nada más. Yo no soy una persona que tenga un trabajo, soy de las personas que defiende su vocación a toda costa y sobrevive en un mundo que nos entrega una realidad donde los escritores no cumplimos una función, somos una especie de máquina antigua en desuso: se acabó nuestra época, ahora es la época de la tecnología donde, la mente que nos hace el favor de pensar y decidir muestras experiencias dice que la tecnología manda. Entonces, escritores como yo, en lugar de poder vivir de lo que escribimos tenemos que pagar una renta mensual para conectarnos a la red que nos permite entrar a este blog y lanzar al océano virtual donde navega todo, nuestras tristes palabras de ahogados. Desde que la tecnología avanzó alcanzando los territorios mentales de los casi pobres (la tecnología nunca es para pobres), el talento se mide por la cantidad de veces que se descarga. Es decir, vivimos tiempos en que la competencia yace agazapada en la cantidad de veces que una obra se reproduce, se descarga o se copia y no, en la peculiaridad con que se interpreta, la rareza con que manifiesta su belleza, o la innovación que plantea ante una tradición estética. Importa cuántas veces se copia (los galgos corren sobre plataformas virtuales) porque es ahí donde se refleja la ganancia (es ahí dónde puede tomarse una medida: la influencia sobre el número de cabezas que no son cabezas sino computadoras que reproducen o decargan desde las plataformas que son creadas con un sistema de conteo automático -oh, las codificaciones!). Por ejemplo esta página, que no recibe muchas visitas: mil, mil cien visitas diarias ¿a quién le conviene la cantidad de visitas? es decir ¿para quien "trabajo"? Le conviene a Google, trabajo para Google; soy una capturista más para que Google pueda proporcionarte entretenimiento y ¿Google me paga? más o menos, de las mil visitas que yo le proveo a Google, teniendo esperanzas, una va a leer lo que escribo: me conformo con eso. Porque yo a Google no le convengo tanto, a fin decuentas soy solo una escritora; subo pocos videos y "la masa" ya no quiere abrir una página y encontrarse con letras, con palabras. "La masa" de acuerdo a la tecnología necesita estímulos más intensos e inmediatos que la literatura. Por favor, si en nuestros tiempos ya no es peculiar ni el asesinato, ni la la guerra, ni los preparativos para el terrorismo, ni la tortura, ni la perversión. Esos son los estímulos inmediatos para "La masa" la escritura para llegar ahí toma un camino muy largo, uno debe imaginar, tener un pensamiento en buena condición, etc. La literatura demanda demasiado, a menos que, imitando la inmediatez del video, nos entregue estímulos debastadores e inmediatos.
Para mí, mil visitas diarias son ya un exceso, puesto que mi deseo no es competir, ser la "mejor", "capitalizar" mi talento, etc. Yo, como cualquier antigüedad, tengo sólo el deseo de ser leída, puesto que reconozco mi vocación; reproducir, copiar o descargar no significan una lectura, significan una visita (en la visita se cumple el objetivo de Google, no mi objetivo), y una visita no es garantía de una lectura.
Así que fuck it no voy a pensar que el mundo es nacer, estudiar, trabajar, reproducirse y morir. El mundo es vivir maravillado por la experiencia de la vida, por la magnitud de nuestro pensamiento, por las experiencias que despiertan en nuestras células al entrar en contacto con el mundo. El verdadero. Y yo, no me adhiero a una realidad creada por la mente que ha instaurado a la tecnología como el avance del poder global. A mí me gusta crear mis propias expericias... ahora comienzo a dudar si la palabra correcta sea "propias" porque nada es mío, todo únicamente pasa por mí, está aquí y yo lo experimento.

Antonio López (Chef y Chamán de Project Chicomecóatl) y yo. Foto by Cisco Martínez (todos del mismo barrio).

Julio, más de medio año adelante en el 2016 y muchas de las preguntas que me acechaban han ido respondiéndose organicamente en mi estancia en esta frontera. Muchos muertos, sí. Los muertos, aunque sea sólo uno, siempre son muchos. Pesan. Vecinos muertos, amigos y amigas muertas. La guerra, qué otra cosa puede golpear más en la guerra que ese tajo en el corazón que son los amigos muertos. Julio también fue tu cumpleaños, o la falta de ti cumpliendo años ¿verdad? Fíjense que digo muertos y no muerte. Los muertos son las heridas. Eso que vive con nosotros, eso que, los que quedamos vivos alcanzamos a percibir, algo que nos parte el corazón. Con el tiempo también he aprendido a aceptar más y más la muerte de mis seres queridos, como una línea continua, algo que nunca dejará de suceder. En posts anteriores les había aclarado que no vivo mi vida entorno al miedo que produce la muerte. Pero vivir la vida también significa ser muy consciente del dolor que nos causa la muerte y, yendo más allá, vivir la vida significa también darnos cuenta que nunca hemos nacido y nunca, realmente, vamos a morir. Sólo nos apegamos y nos desapegamos de la experiencia de la vida en sus diferentes formas, de la experiencia de ser en diferentes formas. Pero les contaba el sentido que ha adquirido esto a lo que llamamos vivir, en la frontera. En este año he trabajado en muchos proyectos comunitarios. El primero del año, al inicio de marzo, el más difícil: la escuela de Cielo Portátil y su crecimiento natural, con crísis, tensión, paz. Después el primer evento realizado por y para la comunidad Queer, impulsado por el proyecto Chicomecóatl (ya chale con la comida imperialista, dicen) que fue grandioso y marcó un camino muy definido para observar las necesidades de nuestro barrio. Lecturas de poesía, con Jen Hofer y Yasmín Ramírez, con Sylivia Aguilar Zeleny, con Juan Manuel Portillo, con Emji Spero, con Paulo Gaytán: presentaciones de libros, meditaciones comunitarias, reuniones de vecinos, un mercadito Afternoon, participación con organizaciones como Mujer Obrera y Wise Latina International; manifestaciones, guardias nocturnas, vigilias, fiestas, publicaciones, artículos, colaboraciones locales e internacionales, todo con la esperanza de que el barrio tome forma bonita, forma de amor, forma comunitaria. Los procesos para generar amor en un barrio en el centro de la frontera son de batalla constante, de vivir en una casa que no tiene las puertas ni las recámaras cerradas, de bailar con niños, de ver a los niños irse contentos con un libro en la mano, con un regalo, con la panza llena, con la experiencia de estar frente a su primer tocadiscos o atender su primer puestecito en el mercado, La experiencia del mercado como intercambio y no, como la competencia absurda que nos han incrustado en la memoria falsa ciertas estructuras de poder. En fin, hablo de esto porque ya es julio, ya avanzamos sobre la segunda mitada del año y cada paso me ha confirmado lo que comencé casi sin creer el año pasado: este era lugar para continuar. Este y no otro, no Detroit, no Uruguay: aquí. 
El sábado pasado tuvimos el segundo evento Queer, organizado por el proyecto Chicomecóatl. De donde surgió ya otra organización, que tendrá sus propia casa en el barrio, que luchará a su manera. Nos reunió la matanza de Orlando. Así que rendimos un homenaje prehispánico con comida anticolonialista y música "latina" y después hubo un micrófono abierto donde más de docce personas compartieron experiencias personales y poemas dedicados a la lucha Queer. Todo en la sala-comedor y patio de la Casa de Cielo Portátil. Esta casa desde donde también escribo mis libros, recibo a mis amigos, skypeo a distintas partes del mundo, lloro a mis muertos, alimento a mi mascota, estructuro colaboraciones, leo, medito, rezo y "construyo" mi vida.
El sábado tuve la certeza, como si se tratara de una revelación: esa certeza efímera de saber que estoy donde tengo que estar, que me guío por lo que debo guiarme y que, cuando deje esta casa, seguramente será porque voy también al lugar correcto (lo correcto es tu boca, dice el poema). El sábado, envueltos en un pañuelo bordado a mano, con la leyenda "Amiga de las mujeres de Juárez" Project Chicomecóatl me entregó tabaco, copal y salvia; tres caminos mágicos, una unidad chamánica, el honor de la aceptación, y la responsibalidad de los poderes conferidos por la naturaleza a quienes somos indígenas. Supe, supe en cuanto mi corazón se inundó de alegría enmedio del cansancio que significa la culminación de un evento; supe que todo, a pesar de mis muertos, va a estar bien: muy bien.
 
pensar ¡qué lindo!

Hay cosas que me parecen tan lejanas, como este libro INTERVENIR, cuya pesadilla de publicación ya les he comentado pero, aún así, me da gusto que todo el entusiasmo con el que Rodrigo y yo escribimos este libro haya sobrepasado cualquier infierno. Los lectores jóvenes han puesto atención a nuestro experimento que consistió, de cierta forma, en un esfuerzo por borrar nuestra identidad como autores y entregarnos a la experimientación de poéticas bien distintas a las propias. Aquí (THE THREE PERCENT) pueden leer la reseña en inglés: esta es la traducción de la reseñ:

                          
                
                              Tuve que leer primero 44 páginas de Intervenir/Intervene antes de darme cuenta en que andaban Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez.  De forma recurrente en estas 44 páginas -y por todo el libro- hay palas, palas como golpes en la cara, lobelias -ajá! Palas y lobelias; jardinería, violencia, plantas germinando. Secretos enterrados floreciendo. Eso parece tener completo sentido.

Intervenir/Intervene es vendido como un libro de poesía. Lo cual es cierto. Pero, otra vez, no es una poesía que obedece las reglas que, supuestamente, la poesía debe seguir. Declaro esto en el año 2016, mucho después de el verso libre y el postmodernismo hayan hecho lo mejor para arruinar la poesía formal. Incluso en la época del "art performace" fácil y el "experimentalismo" hueco, existen trabajos que recuerdan a los lectores hastiados como yo que hay algo de valor en lo que se posiciona bajo la muy amplia sombrilla del avant-garde. Intervenir/Intervene es esa clase de trabajo.

Es fácil juntar unas cuantas palabras para confundir, para impactar o demostrar genialidad. Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez no le están haciendo al lector ningún favor, pero no están comprometidos, simplemente, con una experimentación vacía. Tienen una meta imposible: articualar lo que frecuentemente permanece no dicho, lo brutal, la violencia señalada de su país, México. La traductora Jen Hofer le llama a eso "la guerra sucia mexicana". Qué impresionante ver este término aplicado a lo que muchos de nosotros desestimamos como simple corrupción política, un término que parece insustancial comparado con "guerra sucia", que se aplica más comunmente de forma retroactiva. Pero este es una guerra sucia contemporánea  y aún en marcha, cuyas víctimas son desconocidas ampliamente. Porque no pueden hablar, Dorantes y Flores hacen lo imposible para darles voz y para mezclar esas voces, sobreponerlas, interrumpirlas -interviniendo. Los lectores podrán desorientarse por la presentación fragmentada, pero el acercamiento elíptico y abrumador culmina en un sentido de entendimiento. Este no es un libro fácil, pero tampoco ese es el tema.


Intervenir/ Intervene sorprende. Hay una emergencia de voces mencionada antes, lo que pareciera libre de todo estilo, pero también, de hecho, estructura. Del caos aparente, emerge una página de poesía directa:

          A mi urna
          A mi museo
         A mi ladrido
         A mi dolor
         A mi fondo

          vengo
   
          desde un país de ceniza
          desde un océano de sangre
          desde una ciudad inconclusa
          desde mi cabeza desierta
          desde la boca sin los dientes




Aquí tenemos una anáfora y unas lineas y estrofas arraigadas de forma justa, Una verdadera rareza en pasajes como:




El efecto disloca las expectativas del lector, incluso cuando sus expectativas ya han sido verdaderamente dislocadas. Todo es posible en este libro, igual que en un país como México, un lugar de belleza inmensa y de tremendo sufrimiento.

Intervenir/ Intervene, es un libro de poemas y un estudio corto de traducción. Jen Hofer cierra el texto con las notas de su proceso, que en ocasiones es tan elusivo como la poesía. Este es un libro de lenguaje dual  que subvierte y envuelve los dos lenguajes. Es un libro político que nace en parte de Dolores Dorantes, escritora exiliada de Ciudad Juárez, que alguna vez se resistió a que su poesía fuera traducida al cultaralmente dominante inglés. Es una declaración de lo absurdo ante la comunicación de la violencia y la tragedia de guardar silencio a su paso.
Muy pocas piezas de arte tienen la facultad de lograrse a tantos niveles.

(el libro completo pueden leerlo y descargarlo de forma gratuita, aquí: )




Gracias al autor de esta reseña.------Vincent Francone.
¡ven!


No sé qué me trae aquí hoy. Quizá la vocación. Cuántas veces me han preguntado "y eso ¿por qué lo haces?" pues porque es mi trabajo, respondo. Y cuántas veces a otros les parece absurdo que uno desligue su trabajo de un sueldo, o una ganancia forzonamente económica pero ¿de qué otra forma se puede ser escritor en estos tiempos del exterminio? La resistencia parte de ahí, supongo. Está implícita en el hecho de continuar siendo escritora a pesar de las circusntancias, sin ninguna empresa o mercado que dicte lo que debo escribir o hacia dónde debo dirigir mi pensamiento. Nadie me dice: escribe esto así, dí esto otro. Tal vez por eso me alejé de los medios de comunicación impresos porque, a fin de cuentas, siempre que hay un editor supervisando tu trabajo hay una línea editorial que te utiliza como pieza de un juego. Hace unos años me solicitaron, por ejemplo, colaborar con la revista Letras Libres en un homenaje a Nicanor Parra. No es que no me interese Nicanor Parra, lo que no me interesa es construir un homenaje en mi cabeza, de algún escritor que, hasta el momento, yo no había pensado homenajear. Me encanta su trabajo, pero mi mente ha fluído más bien un poco sola en cuanto a preferencias homenajeables. En otra ocasión, me pidieron una colaboración para la revista  vasca Zurgai, en un número dedicado a Ernesto Cardenal y otro número que se títulaba Versos por la paz... y contra el miedo,  participé en los dos números. Si alguien me pidiera colaborar en un número dedicado a Gunnar Ekelof, por ejemplo, para mí sería genial. Pasé diez años traduciendo uno de sus poemas, Ayiasma, usando el diccionario y comparándolo con otras traducciones que aparecieraon del mismo poema al inglés, me encanta la poesía de Aese Berg, por decir algo, sueca también y de Johannes Goranson, sueco-americano, traductor de Berg, Las vocaciones son un tanto caprichosas; cuando las vocaciones abandonan su adherencia a proyectos inexplicables para dar gusto a otros, se convierten en simples habilidades utilizadas en nombre de vocaciones funestas: como establecer rebaños de intelectuales opinando sobre lo mismo, o escribiendo de la misma forma, creando "corrientes" que pertenecen a un sólo lider: el miedo (miedo a no estar haciendo lo correcto, miedo a no formar parte, miedo a pasar desapercibido). Lo funesto, y bien lo analizó mi querido Foucault, tiene que ver más con neutralizar y limpiar, que con aceptar el organismo vivo que somos, y como tal, un organismo en constante descomposición. Quizá lo que intentamos desesperadamente es borrar esa descomposición cuando la vemos en los demás y no soportamos que alguien no coincida en participar en un homenaje a quien, de acuerdo a nuestra compostura, "hay" que homenajear antes que la muerte nos lo arrebate: miedo a la muerte, esa borradura que nos empuja con prisa a los precipicios de lo correcto y nos dice: ¡vamos, buen hombre, camina hacia esa orilla, allá donde no estoy, acercate más... más! y ahí vamos, homenajeado porque homenajear es "bueno" incluso cuando no nos había pasado antes por la cabeza. Damos valor a esas cosas. Tal vez por eso quería venir hoy aquí: a darme cuenta que no creo en los homenajes, ni en lo bueno y o lo malo. Sino en los caprichos de la vocación. y la vocación tal vez sea un llamado que necesitemos escuchar más allá de lo que nos dicen ciertas estructuras sociales en las que vivimos inmersos.
Tal vez quería venir aquí, porque no me siento bien, no me mal entiendan, no es un problema de conciencia: no me siento bien físicamente. Una gripa fulmimante, un medicamento para la fiebre y dos asesinatos en mi barrio en menos de 15 días me han puesto a pensar de manera un poco exaltada en estas cosas. Pero miren ya, ahora tomo un café con leche y, tal vez, mejoro.
Oaxaca, México.,



Ha sido una semana muy difícil para todos, una semana siguiendo y previniendo las reacciones que tomaría el gobierno mexicano a raíz de las manifestaciones de la CNTE (Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación) en contra de una reforma educativa que, lo sabemos todos, conduciría a la desintegración de uno de los sindicatos más importantes de México. La invasión por parte de las empresas transnacionales que inició con el TLC, y que comenzó sus claros procesos de exterminio durante la toma de poder de Felipe Calderón avanza sin tregua, utilizando la administración gubernamental como brazo ejecutor de las tomas de territorio. No me sorprende que el CNTE se levantara y decidiera luchar. No me sorprende tampoco que muchos de nosotros hayamos decidido apoyarlos. Esta semana fue difícil, como les decía, pero anoche comenzó el enfrentamiento real. Más de treinta personas desaparecidas, seis asesinadas y cincuenta heridas es el saldo de la primera confrontación directa en el Estado de Oaxaca. Un estado indígena. Indígena, como yo, como mi abuela, como mi madre. No lo menciono sólo por el orgullo de mi códice genético, lo menciono porque es ahí, desde lo indígena, donde la resistencia se ha dado por siglos en contra de la construcción de un Estado que intenta exterminarnos. ¿Qué más les puedo decir?  ¿En verdad piensan que exagero? En estos momentos tan oscuros, cuando veo mi raza (la raza sabia, la raza trilingüe, la raza que nos da educación) defendiendo la tierra con el cuerpo (otra vez), cuando la supuesta guerra contra el narco muestra su verdadera cara: el desplazamiento para limpiar los territorios de un país invadido para saquearlo a costa de la vida del pueblo mexicano; cuando los únicos que deciden poner el cuerpo para defender esa tierra son los de siempre, dispuestos a morir, a desaparecer me doy  vergüeza. Me da vergüenza tenerle miedo a la tortura.  En México llegó el momento de poner el cuerpo, porque lo intelectual no basta. ¿Y qué dice el premio nobel norteamericano de la Paz a todo esto? ¿Qué dice el Premio Nobel de la Paz, el primer presidente de color de una superpotencia de que su vecino sea la alfombra donde las corporaciones esconden los escombros de su exterminio? Mientras a los indígenas les bloquean las salidas, Carlos Slim tiene autopistas privadas, para transitar por donde le plazca ¿él no es sospechoso de nada? Carlos Slim que ¿da la cara por quién? ¿creemos que todo ese dinero es sólo suyo? ¿que toda el agua privatizada en el norte del país es sólo para él? Estoy enojada. Ustedes saben que, desde que intentaron matarme, ya no escribo así pero hay momentos, hay momentos donde valdría la pena permitir ser reventado. valdría la pena usar el cuerpo como una barricada. Porque ya no es lo mismo sólo pensar como poetas, y augurar como videntes, sanar como brujos, leer el amor en las estrellas. Hay momentos en que hacen falta cuerpos para suplir a los "desaparecidos". para formarse en la línea de los siguientes que van a desaparecer, para renovar la maquinaria porque, seguiremos naciendo, les guste o no, en la tierra que nos corresponda..



Estoy muda para mí. Así. Puedo venir aquí y contarles lo que me sucede: las circunstancias de lo que me sucede pero, sencillamente si busco una respuesta. de mí para mí, a lo que me sucede no la encuentro. Hoy me tiré las cartas del tarot, tampoco supe cómo interpretarlas, es como si para cualquier conversación conmigo estuviera negada. Incluso me siento incapaz de tomar ciertas decisiones porque no oigo en mí la respuesta. ¿Desde cuándo comencé a dudar de las decisiones que tomo o que estoy por tomar? Tal vez desde que comencé a creer que quizá había una forma de razonar para tomar "mejores" decisiones. El resultado ha sido el simple nacimiento de un abismo. ¿Dónde quedó mi seguridad para terminar con lo que tengo que terminar, para interrumpir lo que decido interrumpir, para echar a la basura, o al viento, o al drenaje, lo que tengo que echar? No sé. Cambió mi percepción de lo que vivo, parace. Me estoy adaptando, parace. Y en ese proceso de adaptación quisiera asirme de las mentes que tengo más "a la mano". Mi amiga Lucile, por ejemplo. Me sorprende consultar con ella algunas cosas antes de decidir, y después darme cuenta que no voy a decidir nada, sólo necesitaba conversar sobre las circunstancias, que a mis propios ojos resultan extraordinarias, increíbles. ¿Qué me pasa? ¿Se me olvidó cómo es el mundo y ahora me sorprende? ¿De dónde nacen las expectativas que pongo en las personas con las que me relaciono laboralmente? ¿No es curioso que no tenga una sola expectativa de las personas con las que me relaciono íntimamente, emocionalmente? Es decir, mis seres queridos: no espero nada de ellos. Me gusta que sean como son, que estén cuando quieran estar, que se vayan cuando tengan que irse. Pero cuando comienzo a relacionarme con situaciones que involucran mi trabajo mi percepción comienza a exigir que las personas con las que me relaciono no sean avariciosas, no intenten utilizarme, valoren mi trabajo sobre mi "historia", que no alimenten un mito, que respeten la situación vulnerable de cualquier exiliado, que no exploten el dolor de un pueblo usándome como pretexto, etc. Termino decepcionada, y peor aún, enojadísima, hace años que no me enojaba pero tengo tantas expectativas puestas en mi trabajo que, uf, la vida me rompe el corazón a cada paso, en cuanto comienzo a negociar una publicación, por ejemplo. Hoy tuve ganas de desaparecer, de ser otra persona, de no llamarme como me llamo. Tengo otro nombre, por cierto. Tengo dos nombres más. No seudónimos: nombres. Me gustaría adoptarlos y borrar mi vida. Borrar mi identidad. Borrar los vínculos que he construido. Comenzar en un lugar que me sea desconocido y para el que yo sea desconocida. Comenzar, qué palabra tan falsa. Nadie comienza nada, uno sólo aborda cierta continuidad. Pero nos encanta romantizar el mundo. Creer que podemos hacer algo, transmitir algo, comenzar algo. A mí me gustaría poder dejar de pensar, dejar de ser yo, dejar de venir aquí cuando necesito un descanzo, dejar de percibir. Me gustaría ser como una línea estable y continua, linda y estable, brillante y estable, anónima y estable. Estable, sin identidad. Sin historia, sin mito, sin ficción.  Soy tan arrogante. Tal vez por eso la vida me asigna encrucijadas como las que vivo pero ¿Qué creo que es la vida? ¿No es acaso una especie de campo minado, de selva mediática, de páramo monetario rodeado de aves depredadoras? Bueno, pues mi vida no. No quiero vivirla así, no tengo tiempo para vivir pecho tierra, ni para cuidarme de de los monitores, tampoco tengo tiempo para empuñar un tenedor y proteger mi dinero. Tengo muchas cosas que hacer; cuidar una mascota, un jardín, leer, escribir, enamorarme. No tengo tiempo para defender un mito ni para construirlo, no tengo tiempo de adoptar el papel de la escritora.  ¡Es ridículo! Yo solo soy yo, y escribo, como cualquier otra persona cose zapatos, es guardia de seguridad en tiendas departamentales aburridísimas, o pasa las horas frente al televisor. No me interesa la vida internacional como estrategia. Soy tan arrogante y la carencia de agradecimiento por la fortuna de estar viva me ciega, me inmoviliza, me impide conversar conmigo. Tal vez solo sea miedo, en cuanto siento amenazada mi intimidad comienzo de prisa a construir obstáculos mentales a lo que "se presenta". No sé, me he vuelto incapaz de saber cualquier cosa, de responder cualquier ofrecimiento. Tampoco creo que este estado sea permanente, así que no se preocupen. Voy a ver dónde me dejé y regreso.
Me ha parecido largísimo el tiempo que no he venido aquí. Me siento muy cansada. No entiendo bien a bien por qué.  En estos días que no tuve una buena computadora y que decidí volver a una computadora viejísima pero que resultó mucho mejor que la que había comprado (me tomó tres días repararla -tal vez por eso me siento cansada; o porque arreglé el jardín, o porque rediseñé el porche, o porque comencé a guiar la enredadera) parace que han sucedido muchas cosas. Una de ellas me tiene muy contenta: la publicación de Estilo en una editorial de Bruselas, traducido al francés por Cathy Fourez. La semana entrante es la presentación. En Paris.

Estos días me he sentido muy sola. No me mal entiendan, no he estado sola, al contrario: me he sentido tan sola que cada compañía que se acerca a mí me conmueve, me parace grandiosa. Me he sentido sola en las pocas horas que me quedo sola en casa, pero no hago más que sentir ese pequeño vacío cuando bum! alguien llama, toca la puerta, envía un mensaje al whatsapp, me invita para acompañarlo a alguna parte. Tal vez ese sentimiento de soledad que me aborda tiene que ver con que nunca me quedo sola realmente, con que no he podido profundizar en esa especie de tristeza que se asoma unos minutos y se borra inmediatamente, conmovida por la gente que me rodea. 
Ayer vinieron mis amigas, comieron helado, bebimos cerveza, nos reímos unas de otras, son mujeres adorables, con mentes adorables y problemas adorables.
Tal vez me siento sola porque Diva ha empezado notablemente a envejecer, tiene suelto el ligamento de una patita, necesito ayudarla a subir y bajar de la cama, a medio día pone cara tristísima y juega con su hueso por muy pocos minutos. No sé, no siento esta soledad como otras soledades, como otras veces. ¿Qué pasa conmigo que si dejo espacio para pensar se manifiesta esta tristeza extraña, como de niña que ha perdido algo? No la entiendo. Me da risa en estos momentos no entender, generalmente detecto de dónde viene mi tristeza o de dónde surge mi decepción pero esta vez es distinto: soy profundamente feliz con casi todo, pero en cuanto hay algun silencio algo sucede algo como esto, ahora que escribo, una especie de conmoción que se corta en cuanto pienso en mis amigos, y se transforma en felicidad, en gozo. Este es un sentimiento nuevo, que debo observar, un sentimiento desconocido. Me siento tan afortunada y tan sola al mismo tiempo, eso genera un shock en mi percepción y comienzo a creer que todo lo que percibo pasa únicamente en mi imaginación, que la realidad que veo y con la que convivo no es real. Que mis amigos y yo no tenemos una relación real. Que lo que yo creo que es no es, que lo que yo creo que hago no existe. Que el vínculo con los otros es realmente un vínculo hacia mi misma y es ahí cuando me detengo, porque me da pánico, me provoca vértigo.
Tengo muy presente el ragalo que me hizo mi amigo Shawn para mi cumpleaños, me envió un mensaje: "que apartir de hoy se cumplan todos tus deseos sin generar apego alguno". ¿Será esto?







jamás duró una flor dos primaveras

Mi computadora está fallando. Me molesta pensar que necesito otra computadora porque, en realidad no necesito otra computadora. No necesito nada de esto. No necesito un teléfono celular. No necesito una red social. No necesito este blog, aunque este blog se ha convertido en una necesidad realmente no necesito la plataforma que lo sostiene. La única diferencia es que, de no ser por esta plataforma, ustedes no me leerían casi inmediatamente y mi mente no impulsaría su curso creyendo que alguien lee lo que pienso, antes de plasmarlo en esta pantalla. Los condicionamientos son así. 
El caso es que esta computadora no se porta mal por ella misma, sus mecanismos están bien. lo que ha empezado a fallar son sus codificaciones; fue codificada para comenzar a fallar después de que transcurra cierto tiempo ¿a eso se refieren quienes afirman que ahora la tecnología pretende conjurar el tiempo o pretende apresar el tiempo, manipular el tiempo? Pues no sé. No sé si a eso se refieran, lo que sé es que he usado mucho menos la computadora desde que comenzó a fallar; falla sobre todo cuando me conecto a las redes sociales. El problema de esta computadora es la conexión a internet: ese vínculo, éste vínculo.
Tantos años estudiando los condicionamientos y la reproducción de conductas para ser atrapada emocionalmente por un simple vínculo a la red dimensional que, intenta hacernos creer, funciona como nuestra conexión con el mundo. Pues bien. No haré nada. Me quedaré quietecita. ¿Saben que una manera efectiva para desactivar los condicionamientos y la reproducción de conductas es observar sin reaccionar? Pues sí, así es: uno se concentra en la observación de ese impulso contenido impidiéndole aparecer, no es que no esté ahí, es que se contiene; no se reprime, se observa sin reaccionar. Que no es nada nuevo, es un conocimiento ancestral, una herramienta del control mental; muchos psicoanalistas viven de enseñar eso a sus pacientes.
Los condicionamientos tienen efecto, en gran medida, gracias a nuestra necesidad de controlar la realidad.  Sufrimos porque las cosas no funcionan o surgen como nosotros queremos, o habíamos imaginado, o predicho. Entonces mordemos el anzuelo, nos comportamos como "debe de ser" y la realidad comienza a acomodarse como nosotros "queremos" pero ¿en realidad es lo que nosotros queremos? ¿o estamos obedeciendo a una estructura de poder? Por ejemplo: decidimos ser fieles porque en esa fidelidad se sostiene la estructura de una relación, digamos, familiar (mamá, papá, hijos) pero ¿en realidad queremos estructurar nuestra vida de esa manera? ¿en realidad es lo más cercano a la libertad? Es un ejemplo nada más, tampoco pretendo crear controversias, habrá quien haya nacido para una sola mujer o para funcionar como la propiedad del otro (a mí me gusta sentirme como un objeto de vez en vez).
Me pasa con la muerte y el sentimiento de culpa, por ejemplo. Mi vida ha estado rodeada de muertes: viví 25 años en una ciudad en guerra, trabajando como periodista, así que, en un principio, ser testigo de la muerte, el secuestro y la tortura no era un asunto fuera de lo normal; luego la muerte se fue acercando cada vez más, infartos repentinos de amores grandes, amigas torturadas y asesinadas, compañeros de trabajo desaparecidos y comencé a sentir el dolor de la muerte en mi propia carne, en mi propio cuerpo. Escribí un libro que no publicaré nunca, que me asustó por la mezcla de amor hacia lo muerto, una especie de necrofilia pero ¿cómo reacciona uno cuando lo que ha amado se ha convertido en un cadáver? En fin. El duelo comenzó a ser parte de mi cuerpo. Hasta que me cansé. Me cansé, sencillamente de llevar el dolor de la muerte en mi carne. Así que comencé a separarme, mentalmente, de esa necesidad de controlar la realidad, de pretender que la realidad suceda como a mí me gustaría: con amores eternos, amigos eternos, compañeros de trabajo eternos: una realidad que nunca se altera. Asumí que la realidad se altera y nos sorprende: con la muerte, con el amor, o con la felicidad. La realidad nunca es sólo nuestra, es imposible controlarla.
Ahora aprecio más cada segundo de mis amigos vivos, de mis amigos presentes. Celebro mi propia vida, celebro todo lo vivo. A veces me siento culpable por segundos. Culpable de estar viva, culpable de no haber aprovechado el tiempo con el amigo que murió, con la colega ahora exiliada en otro continente. en fin. Pero no muerdo el anzuelo. Vivo el luto y el luto se va. Yo sigo aquí, feliz de estar viva.
El miedo a la muerte (es decir el miedo a morir o el miedo a perder lo que amo en manos de la muerte) no es lo que me impulsa a amar "más" "mejor" o de manera más ferviente.  A mí a vivir me impulsa todo lo vivo, la infinita belleza del mundo que es más grande que cualquier dolor, la belleza del mecanismo de nuestras células que todo el tiempo nacen y se van. (La belleza de tu cara, la belleza de tu mente, y la belleza de tu corazón tan compasivo, me hacen amar la vida). Pensar en los amigos que han desaparecido, que no sabemos si están vivos o muertos, si comen bien, cuánto sufren, éso también es estar vivo, es tener corazón, es vivir enamorado de la vida.
Después de haber hospedado a la muerte en el propio cuerpo, sería absurdo morder el anzuelo con el que el terror nos manipula.
Resta vivir sin miedo; decidir sin miedo, actuar sin miedo. Porque somos tan vulnerables y tan diminutos comparados con la fuerza de la naturaleza pero también, somos tan infinitos porque es esa misma naturaleza de la que estamos hechos que... ¡qué importa! ¡¿qué importa que todo, aparentemente, se nos escape de las manos?!

pd.: y sí, esta es otra carta de amor, de las que ya perdí la cuenta.



"Wir werden als Originale geboren, sterben aber als Kopien"


Hace varias semanas que no uso mi computadora. No entro a Skype, no visito Facebook, no escribo nada específico: leo. Leo a Foucault y consulto tuiter desde mi celular, y me comunico con mis amigos por mensaje de texto y, poquísimo whatsapp. Anoche, mientras decidía si vería una vez más "Hable con ella" abrí mi cuenta de tuiter en el celular. No sé por qué busqué la cuenta de Arno Gruen, tal vez porque no lo veía por tuiter hace tiempo. Noté que en su descripción aparecía la fecha de su muerte: octubre 20, 2015. Como cualquier noticia inesperada se me dificultó un poco creerlo. Navegué buscando la noticia. Me costó trabajo encontrarla en inglés, pero ahí estaba. Era verdad. Arno Gruen había muerto el 20 de octubre del 2015. Sentí rabia, no lo pude evitar, una rabia egoísta. Primero: ¿por qué me entero hasta ahora? ¿por qué no se difundió de forma más amplia la noticia? ¿por qué todos los detalles están sólo en alemán? Después me sentí profundamente sola. Comencé a preguntarme qué estaba haciendo yo en esas fechas. En esas fechas yo estaba escribiendo un libro -sin publicar todavía- en el que le doy forma a varias ideas de Arno Gruen, me refiero a darle "mi" forma (que las ideas, Gruen, las tenía muy bien formadas). Gruen analizaba el comportamiento humano;  los condicionamientos que se originan en las estructuras de poder, comenzando por la familia. De acuerdo a Gruen, mientras nuestra familia no nos enseñe a manejar el dolor (el dolor emocional) desde la infancia, seguiremos siendo atrapados por esta avalancha de comportamientos que reproducimos inconscientemente y que justifican -si no es que contribuyen a- la existencia de la guerra, la desigualdad social, etc. Nos insertamos pues ---condicionados por la estructura familiar, desde la infancia, como eslabones ciegos--- en nuestra sociedades de mercado. Gruen dedicó su vida a demostrar que Freud se equivocó al señalar a la humanidad como una especie malvada por naturaleza; Gruen afirmaba que esa maldad no es natural, sino propiciada por las estructuras de poder para utilizar a las sociedades como un recurso más que beneficia a los mercados, alimenta la competencia, etc.
No recuerdo con exactitud en qué año comencé a leer a Gruen, lo que sí recuerdo es que su investigación sobre los mecanismos de repetición que nos lanzan las estructuras de poder (los mecanismos inductivos y de control, los sistemas de vigilancia que parten y se fundan en la grabación de audio y de video, o en la simple idea de que la vigilancia existe con sus formas de insertarse en nuestro pensamiento: sistemas de obediencia que ya no requieren de la vigilancia real del amo, sino únicamente de la propagación de la idea de vigilancia) me llevaron a poner atención en los procesos de copia (en ese entonces no los llamaba yo procesos de copia, sino que los definía como "procesos de reproducción") a través de los que la realidad se manifiesta desde nuestra mente hacia fuera; y la manera en que ese proceso, desde que nacemos hasta que morimos, va siendo manipulado por nuestro entorno, y va borrando lo que somos (el ser auténtico) poco a poco.
Solía conversar con algunos amigos de los libros de Gruen, "The betrayal of the self " y "The insanity of normality", pero ninguno de mis amigos los había leído. Así que, más que conversaciones lo mío se tornaba en una especie de descripción sobre las lecturas que me apasionaban en el momento (y hasta ahora me apasionan, tengo esos dos libros en mi mesa de noche y los consulto todo el tiempo). Mis amigos, intentando enlazarse a mis obsesiones mencionaban a Walter Benjamin. Entonces yo mencionaba a Agamben porque: "¡claro! Benjamin es importante, pero creo que es importante también leer a los filósofos que están vivos, a los psicoanalistas que están vivos, a los investigadores que trabajan ahora con ésta realidad, a los científicos que ven ésto que nosotros vemos". Bueno, ya no puedo contar a Gruen como uno de esos investigadores vivos (de corazón latiendo pues, de cuerpo presente). Me siento mucho más sola.
Hoy a la mañana me desperté con la sensación de que Arno Gruen no estaba en este mundo. La sensación de que un elemento al que solía conectarme de vez en vez, una fuente a la que pensaba recurrir, un vínculo mental que lanzaba al mismo momento de abrir los ojos al despertar por la mañana (porque sabía que Gruen estaba en Berlín, en alguna parte, avanzando) se ha disuelto así nada más, como si nada: ayer estaba, hoy ya no está; como lanzar una cuerda de pensamiento y que ésta no encuentre dónde asirse.
Sé que la vida es así y que, si nos ponemos cuánticos, ni el nacimiento ni la muerte existen; me conectaré a la fuente que Gruen es, o fue, siempre que quiera, a través de sus libros o a través del pensamiento, pero me ha costado hoy des-apegarme de ese condicionamiento que me hace sentir de alguna forma culpable por no haberlo visitado, por no haber hablado más con él, por no haber insistido, en fin por no haber hecho lo que pensaba hacer más rápido y por haberme quedado con tantas preguntas; esos condicionamientos que nos hacen sentir responsables por distraernos en otras cosas y no haber previsto que sí, en realidad, tenía 92 años y no iba estar entre nosotros para siempre.
Así que estoy enojada, muy enojada conmigo; desperté con la sensación de vacío y dolor de garganta, mientras venía a escribir esto en la computadora me di un golpe en el dedo pequeño del pie izquierdo; ya sentada en la silla no sé cómo me di otro golpe en el tobillo derecho y observo, observo reaccionar a nuestra mente, como animal que se resiste a abandonar su domesticación y, en su lucha, afecta el cuerpo; un animal que prefiere hundirse en la espesura de conjeturas inútiles como la culpa. Entonces, vuelvo a preguntar ¿qué aprendí? ¿qué es esto?


Les dije que no sería fácil ajustarse a a esta nueva percepción. Sin obsesiones. Dejé mis obsesiones intelectuales y comencé a dirigir mi obsesión hacia los objetos. Hacia un objeto en específico: la taza donde tomo café por las mañanas. Si me iba a obsesionar sería con UN sólo objeto: esa taza. No me mal-entiendan, podría perder esa taza mañana. Me va a doler, y me obsesionaré con otra que quizá me dure 35 años. De cualquier modo espero que esta taza me dure 35 años. Tiene un diseño de arcoiris, pero no cualquier arcoiris... el arcoiris está colocado de tal manera en la taza, que uno lo toca cada vez que acomoda los labios, lo que da la impresión de que uno bebe del arcoiris; el arcoiris es una fuente para beber ¿no es lindo el concepto? Sí, oyeron bien, dije concepto. También me obsesionan las frases como objeto: los conceptos. Si me obsesionan los conceptos ahora ¿soy conceptual? Pues bueno, estoy mintiéndoles para molestar, no me obsesionan los conceptos; fluyen en mí como ese arcoiris del que bebo y no les doy más importancia que la que tienen: una fuente, una fuente infinita. Tal vez la infinitud me obsesiona. (Tú me pareces infinito. Tú eres infinito. Cuando te veo, o te pienso, hay algo que nunca comienza y nunca termina, me encantas.) Pero hablaba de las frases; comencé a instalar frases en puntos estratégicos de mi casa "observation is not indoctrination" una frase simple, dicha por Tich Nhat Hanh en una de sus clases; me parece, más que una frase, el acceso a otra dimensión del pensamiento. Ser consciente de que soy consciente. Si uno repite mil veces cada mañana "Observation is not indoctrination" no está siendo consciente, está uno siendo indoctrinado. Pero si uno toda las mañanas se detiene a observar las reacciones del propio cuerpo al estar en contacto con ciertas frases, si uno tiene la experiencia de ser consciente de la forma en que la pronunciación afecta nuestro cuerpo: lo despierta, lo mueve (cualquier vibración de sonido, es capaz de activar la vibración en el cuerpo), entonces ya no estamos siendo indoctrinados, estamos teniendo la concentración suficiente para observar. Nuestra respiración, nuestro cuerpo y nuestra mente se han unido para entregarnos alguna clase de experiencia en reacción a una simple frase. También diseñé un letrero que cuelgo en la perilla de la entrada a mi casa (la casa de Cielo Portátil -lugar comunitario-) con la leyenda. FOUCAULT, DO NOT DISTURB. En la otra cara del letrero hay un corazón que dice: Knock!. Al abrir la puerta, en el vestíbulo -cansada de la nube de polvo en que la casa se convierte- coloqué otro letrero que dice "Shoes off". Lenguaje simple, señalamiento total. 
El lenguaje no es todo. El lenguaje no puede ver, como dice Nathaniel Dorsky: "el lenguaje puede describir el mundo, narrar el mundo; pero no ve el mundo"; para eso está el cine, el video, los ojos. Pero el lenguaje puede cantar, puede vibrar: respira, piensa, y se mueve, como nuestro cuerpo. El lenguaje puede ser un vehículo para estar presentes.
A mí me gusta quedarme en mis libros. Estoy presente, sí. Mi cuerpo, mi respiración y mi mente están presentes en el lenguaje y su plasticidad, en el ritmo y su vibración y en las ideas que expreso o la percepción que transmito, pero cuando termino de escribir un libro yo ya estoy en otro lugar -en otro presente-. Cuando mis libros se publican, se publican estados de ser en los que estuve, sin duda, presente. Lo que yo soy ya es otra cosa, ya está transformándose dentro de un presente más. Comencé a hablar de mí y hablar de mí no importa. Porque, a fin de cuentas, ¿qué es lo importante?
Grabado que formó parte de la exposición en Proper Printshop hace unas semanas.


Estoy contenta. No sé si esto tenga que ver con mis transformaciones místicas o no, apenas hace unas semanas sentía mucho miedo por lo que pudiera pasar a raíz de que renuncié a ciertas obsesiones que me mantenían suspendida en una realidad, sino ilusoria, sí poco fructífera en términos intelectuales. Hace apenas unas semanas tampoco sabía lo que iba pasar con mi forma de comunicarme, me daba terror dejar de sentir amor. No puedo decir que todo ha pasado. Continúo ajustándome a esta forma de ser. Soy obsesiva compulsiva y me adoro así, la obsesión en gran medida es lo que permite que continúe con varios de mis proyectos comunitarios. Mi obsesión por construir una comunidad que ama, actúa y piensa, es la única que conservo con alegría. He conocido a varias personas estos meses que me alegran el corazón. Y entonces es cuando en mi mente resuena ese ¡sí, lo sabía! ¡hay gente buena en el barrio y somos muchos, y tenemos fuerza y dedicación y talento!
Ayer hubiera sido un domingo cualquiera de los que aprovecho para leer, para ver detalladamente una película, detenerme cuadro por cuadro para descubrir cómo se construyó la fotografía, cómo la luz fue capturada por el director y esa misma forma de luz y movimiento se repiten dentro de mi casa, y relajarme con algún salto de consciencia o con el descubrimiento de alguna nueva flor en el jardín pero no, recibí la llamada de un amigo que me avisaba que teníamos una cena pagada en un evento dedicado a recaudar fondos que se asignarían a un proyecto comunitario. La dinámica era esta: se exponían los proyectos que habían solicitado el apoyo y la comunidad asistente votaba por el que más le gustara. Ustedes saben que detesto las competencias, que competir me parece uno de los anzuelos más dañinos que la humanidad muerde y muerde. El anzuelo de la competencia destroza comunidades peeeero, me dijo el amigo que me llamo "vamos a votar por Alan", entonces mi pensamiento dio un giro, Alan tiene un negocio de serigrafía a dos cuadras de mi casa (la casa de Cielo Portátil), pero su local es más que un simple negocio, yo diría que el "negocio" es una consecuencia de su gusto por la impresión y el arte, apenas la semana pasada acababa de estar en una exposición donde había un grabado genial de un artista chiapaneco (me enojé porque no lo pude comprar, por cierto, justo lo pensaba cuando alguien me lo ganó). El local de Alan se llama Proper Printshop; y es curioso pero en esa imprenta cada semana se dan clases gratuitas de cocina vegana, el cocinero que las imparte se llama Eduardo, un cocinero muy particular porque también es escritor, traductor, pensador, poeta y, a las clases de veganismo (me consta) van desde cristianos obsesionados con su alimentación, hasta clubs de ciclistas. Después de asistir a una de las clases de veganismo en Proper Printshop, surgió la idea, junto con mi amigo Franko y una chica que forma parte del grupo de ciclistas, de proyectar una película en el patio de Cielo Portátil para celebrar el mes de la bicicleta ¿ahora sí, entienden a lo que voy?: los vínculos. Pero no vínculos relacionados únicamente con socializar, sino con fundar, construir, pensar de forma comunitaria. ¡Es magia!: la magia de los pueblos. Gracias a las clases de veganismo he comido sin parar y ¡sin miedo! en medio del desierto. Todo eso y, seguramente alguna otra cosa que olvido, pasó por mi mente cuando mi amigo Franko me dijo que Alan estaba presentando un proyecto para recibir apoyo económico en el evento de Caldo Collective. Frank estaba dudoso de asistir o no. "Es un proyecto del barrio, si recibe el apoyo es bueno para el barrio" le dije. Y platicamos sobre las razones por las que era bueno que Proper Printshop tuviera un poco de dinero para poder pagar el tiempo de quienes colaboran tan generosamente a construir felicidad en el barrio, a través del arte, la comida y la reflexión. Decidimos ir. Yo aclaré que debía votar y regresar para dedicar un momento de la tarde a leer o a contemplar la luz, El lugar estaba repleto, más de 250 personas en una cena. Era imposible llegar, votar e irse. Había que ver la exposición de todos. Aguanté 4 horas escuchando las exposiciones, rodeada de gente, hubo un proyecto feminista que me gustó, la creación del documental #childbirth, no pude más, voté y salí corriendo pensando que, efectivamente, había perdido un día de curso de "El nacimiento de la biopolítica" de Foucault que estoy estudiando. Mis amigos se quedaron para conocer los resultados, yo caminé cansada y con esa sensación de haber perdido mucho tiempo. Diez cuadras antes de llegar a mi casa me alcanzó Franko en su camioneta para darme la noticia de que Proper Printshop había ganado y, por ende, nuestro barrio vería nacer un proyecto financiado de talleres cada jueves (que ya se hacían sin financiamiento, osea, financiados del bolsillo propio de Proper Printshop) de una técnica ancestral en textil, para que todos los artistas (y los que quieran) puedan aprenderla, exponerla, difundirla, y venderla. ¿Cómo no despertar feliz hoy? y como no pensar que, valió la pena, haber salido de mi fin de semana contemplativo y vincularme con el barrio por más de cuatro horas. ¡La fuerza y la generosidad del arte están vivas!

que se levanten todos 
que se levanten ahora todos de una vez 
sin posponer puestos en la tal fase 
de la frase una luna estará con ellos, nueva 
digno del hombre caer —caer fuera 
salir del orden por la orden de arder.

Aquí una reseña del nuevo libro de nuestro querido Eduardo Milán. "Poetizar es combatir

Mudra: Zai (La Creación)
en la práctica de arte marcial Kuji In


Hace algunas semanas comencé a desprenderme de mis obsesiones como una especie de trabajo consciente dentro de mí misma. No para derrumbarme, como solía hacerlo estos últimos años: derrumbar toda percepción ya establecida para dar paso a percepciones nuevas y más amplias ¿recuerdan que les conté que, la práctica de los Dharanis, se sentía como derrumbar un edificio pero en lugar de un edificio se derrumba la realidad entera que tenemos frente a nosotros? Esta vez decidí entrar a mi propia estructura de pensamiento, ser consciente de ella y transformarla desde esa consciencia. Es difícil de por sí contemplar la estructura de nuestro pensamiento y plasmarla de alguna manera, en alguna parte, para que su forma tangible nos permita conocerla; el proceso toma años, se trata de la estructura infinita, de la consciencia que no tiene comienzo ni final. de la globalidad que se transforma constantemente, etc. Si nos ubicamos dentro del cuerpo, es decir, de la forma, la búsqueda puede comenzar a funcionar. Uso la escritura como una manera de hacer tangible esa estructura, con su infinitud y ambigüedades de significados y la apertura de las resignificaciones. Estas semanas comencé a transformar voluntariamente esa estructura, por eso decidí eliminar a voluntad algunas de mis más preciadas obsesiones. Al principio me sentí profundamente vacía, vacía con un vacío infinito. Por primera vez sentí miedo a estar sola. Pude darme cuenta que mis obsesiones eran un sustituto del sentimiento de protección que da la compañía, el amor que alguien nos puede dar, etc.
Soy una persona con la que muchas otras personas quieren platicar, soy una persona que muchas otras personas buscan. A veces respondo emails y mensajes por inercia, con un simple sí o no, sin poner mucha atención a la conversación que otros buscan tener conmigo. La mayoría de las veces no respondo los emails de personas que no conozco, y otras tantas que conozco y que no me despiertan interés. Ahora, cada vez que recibo un mensaje, o un comentario, procuro ponerle atención (esto no significa que responderé los emails, aclaro) y ser consciente de que, así como esas personas se acercan a mí, yo me acerco a otros a quienes no les produzco el mínimo interés, que responden por cortesía con un sí o un no, o que no responden en lo absoluto (como un académico al que le pregunté por unas definiciones náhuatl para crear el concepto de Cielo Portátil). Ahora comprendo mejor. Hay cierta forma de insistir provocada por lo que me obsesiona que ya no usaré más. Lo que quiero alcanzar con mis obsesiones soy yo misma, busco mi reflejo en cada obsesión, por ejemplo con Foucault. Me ha dado tanta risa saber que visitaba los clubs sado-masoquistas en San Francisco, no porque tenga un juicio sobre quienes visitan ese tipo de clubs, sino porque una de mis obsesiones es la conjunción de placer y dolor (en secreto ensamblan): ahí me encuentro, en ese análisis. Pero me encuentro también en muchas otras partes, cosas y personas. Siguiendo el hilo de lo que me obsesiona, como los sistemas de control social, la manipulación psicológica detrás de los medios de comunicación, la tecnología que se ha vuelto parte de nuestra intimidad, puedo ser consciente de que todo se trata de ser quien soy, de ser todo lo que soy. Nada ni nadie tiene que ver con el proceso singular de ser; aunque puedo aprender mucho de todo lo que se aproxima o de todo a lo que me aproximo. Insistir es lo mismo que forzar, forzar enferma. Voy a ser quien soy si cumplo mis deseos de conocimiento o si no los cumplo. La realización de mis deseos no tiene nada que ver con ser quien soy. No me refiero a no tener deseos, a no realizar mis deseos, me refiero a que en realidad no existe una dependencia causal de lo que soy con lo que quiero. Tal vez me empeño en querer cosas que en lugar de llevarme a todo lo que soy me sumergen en inframundos que no son ni un bosquejo de lo que fui y a lo que me gusta regresar, como si así el pasado fuera a volver. Son sólo deseos de huir de mi momento presente. Son obsesiones construidas para evadir el presente simulando interés por el presente. Pues bien, esa estructura de pensamiento es a la que voy a entrar, y es la que voy a transformar antes de hacerla tangible, de la forma que sea, hacia afuera. Antes de escribir, por ejemplo. Entrar al edificio de la memoria y transformar la memoria. Entrar a la estructura del análisis y transformar el análisis. Entrar a la estructura de la percepción y globalizarla. Entrar a la estructura del idioma y ampliarla. Entrar a la estructura de la interpretación y borrar la interpretación a voluntad. Entrar a la estructura de la mente y sí, derribar la estructura. ¿No es hermoso? No sé cómo esta práctica vaya a impactar mi cuerpo, ni mi vida. Hoy mientras sentí que tomaba una decisión total, tuve mucho miedo. Miedo de dejar de comunicarme como acostumbro, miedo de dejar de repetir. ¿No es curioso? Uno se ata a la repetición, la repetición brinda seguridad. Tuve terror de dejar de comunicarme contigo, y contigo. Tuve pánico de no volverte a ver. Tuve un miedo primordial: dejar de sentir amor. Un miedo falso. No puedo dejar de sentir amor. Se trata de ser todo lo que soy, no de borrar lo que soy pero ¿qué soy? ¿qué es lo que es sin ser sólo una trampa?
Llevo 4 años estudiando y practicando Kuji In. Nueve estados de ser que se convierten en uno sólo. La Creación: Zai, es el estado de ser número ocho. El estado de ser número 9 es Zen. Hoy, después de dos horas de practicar Zai (que se practica haciendo el mudra que está arriba y el mantra que está aquí: Om Srija Iva Rutaya Swaha) supe que cada día me aproximo a lo que soy, y que cada día mi mente nace como yo la construyo; las delimitaciones no habían sido construidas conscientemente por eso puedo borrarlas y ampliar el territorio; porque yo no soy sólo yo, también soy yo sin yo, y así todo lo que he construido para no visitar esa dimensión, hoy ha comenzado a borrarse.
te amo, amo

Y por cierto. Ya pueden descargar de forma gratuita Intervenir/Intervene. Libro escrito en coautoria con mi querido y admirado amigo, Rodrigo Flores Sánchez. Hagan click y descarguen el PDF! Gracias a PoesíaMexa, un proyecto de Luis Eduardo García. 
Cuerpo en calle Alameda, casi esquina con Ord. LA, California.


Se siente raro haber estado cuatro días sin mis obsesiones. Aún así, hablé de los procesos de copia con mi amigo Adolfo Guzmán López y sus programas de radio; del desplazamiento de comunidades enteras (indígenas principalmente en América Latina) en el mundo; del idioma indígena como única posible resistencia; de la noción de eternidad o impermanencia (¿dónde comienza el original- dónde está lo que el original deja? -la percepción budista de que nada nunca ha comenzado, nada nunca ha tenido un fin-); de la percepción cosmogónica del tiempo, con Anthony McCann; de cómo puede traducirse "en gran copia" al inglés (gracias Kirsty Singer!); de que en junio aparece el libro que escribió Ben Ehrenreich después de más de dos años de estancia en Palestina; de los helados de yogurt con miel y naranja; de la población centroamericana en MacArthur Park como reflejo del desplazamiento continental de las comunidades indígenas propiciado ahora por la explotación privada de recursos naturales. Creo que no estuve sin mis obsesiones principales, estos cuatro días. pero sí con muchos más amigos para discutirlas y liberarlas. Los corazones de mis amigos son los mejores. los más abiertos, los más tiernos, los que han visto tanta guerra que ya no tienen miedo a amar, a amarlo todo. Una noche nos dimos cuenta que todos teníamos ese síndrome que da a los que viven en medio de la guerra y comenzamos a platicar de los síntomas. "Es que cuando vives en la guerra  no estás separado de la guerra, la guerra eres tú mismo, la guerra ocurre dentro de ti. Todos los enfrentamientos, las contradicciones, el miedo, la muerte. Eres todo eso". Difícilmente podría hablar con otros amigos sobre la manera en que la vida, fuera de la guerra, comienza a perder sentido. A borrarse. Pero ahí habíamos por lo menos tres que sabíamos muy bien cómo la paz aparente del mundo puede hacer perder el sentido de la vida. Por eso necesitamos asirnos a otras cosas, en mi caso, a obsesiones que ya no involucran tanto el cuerpo, sino la reflexión o la meditación. Así es como, para aliviar el síndrome, comencé a fijarme en otras cosas menos de cuerpo, más de gracia. No es una justificación, es una realidad. La vida me obliga a reflexionar, desde la aparente calma de un país que está en guerra, involucrado en el mundo entero. ¿Dónde no tiene agentes militares este país? y sin embargo, caminamos como si paseáramos en una península de tranquilidad (los que no estamos involucrados con pandillas, los que no somos indocumentados dentro de las fábricas, los que no pasamos el día doblados en los cultivos, los que no somos negros por la noche en barrios que no nos corresponden, los que no somos menores de edad cristianas educándonos en un sistema racista que perpetua la violencia, los que no somos homosexuales o transexuales etc) compramos un café, imaginamos el cielo mientras damos un sorbo, permitimos que el sol nos acaricie, regresamos a la oficina que tenemos en casa y echamos a andar nuestras obsesiones. Pero el cuerpo reclama, el cuerpo acostumbrado a tirarse bocabajo entre los tiroteos, a caminar entre los soldados como una sombra, a ver y jurar que no ha visto lo que está viendo, el cuerpo acostumbrado a detectar que aquello que se escucha como pasos sobre las hojas secas no es más que el comienzo de algún incendio; ese cuerpo ahora también comienza a echarse a andar.

Hola, lectores. Mil disculpas por las últimas publicaciones. Si están suscritos a este blog les llegan automáticamente hasta las cosas que apenas estoy corrigiendo, pero ayer fue el colmo. Hackearon mi cuenta (como hackearon la cuenta y los emails de varios amigos míos este mes) pero ya están libres. Continúen siguiéndome. Este blog no es de odio, sino de reflexión; mientras reflexiono a veces siento odio pero también siento muchas otras cosas. Tampoco es pornografía, aunque lo he pensado cuando nos faltan recursos para uno que otro proyecto, pero esa es una dependencia que cuesta muy caro producir: uno, quiera o no, involucra el cuerpo. Yo sólo involucro el cuerpo con cosas del destino. Me pregunto si los hackers que actúan con tanto odio serán conscientes de que están involucrando también su cuerpo. Cuando uno desafía, hasta de la forma más anónima, el cuerpo está ahí, presente, el cuerpo se manifiesta en lo que hacemos como el punto localizado desde donde transmitimos lo que somos. ¡No podemos librarnos del cuerpo todavía! Hackear es una virtud que contribuye y contribuirá a la transformación del mundo. Yo creo en un mundo lindo. No importa cuánto odio ande por ahí, yo creo que el amor vence el odio, no importa cuántas veces hayas metido el cuerpo donde no deberías. Yo creo que el fuego del amor lo puede todo. No me arrepiento de los lugares y los otros cuerpos donde ha estado mi cuerpo. No me arrepiento de lo que hago y de lo que soy. A veces me arrepiento de lo que digo. A veces también me arrepiento porque no me arrepiento.  Debería arrepentirme, pienso. Chicos, ustedes tienen superpoderes. Son fantásticos y mágicos, sin arrepentimientos. ¡Qué chingón!
Probando-probando



Gracias: Carlos Aceves
Cemelli de Aztlán.
Louie Speaking Eagle 
y Ariel Vercelli
por colaborar en esta búsqueda que
contribuye al camino de nuestro Cielo Portátil
OllínIlhuicani (el portador del cielo en movimiento)
y que no se detiene aquí, sino que avanzará hacia los
idiomas realmente sagrados y vivos: los indígenas.

PD. Si conoces náhuatl y piensas que nuestra versión se puede mejorar, por favor escríbenos a cieloportatil@gmail.com. Si puedes colaborar con la traducción de Cielo Portátil en otro idioma indígena ¡colabora con nosotros! ¡te necesitamos!
No tengo tiempo. Cuando no tengo tiempo es cuando más necesidad tengo de estar aquí. No sé en qué momento llegó el jueves. A veces, parece, que todo lo que soy se resuelve aquí, en esta página. Así es como se forman mis pensamientos negativos. Comienzo a creer que todo lo que hago está mal. Incluso, venir aquí. A jugar a esto. A esto que parece que es mi vida. Cuando en realidad, esto no es ni la décima parte de lo que vivo ni el setenta por ciento de una realidad. Me sirve. O me ha servido, sí, para zafarme (ah, zafarme, nunca había escrito antes esa palabra) para zafarme de cierta opresión que siento a veces. Sobre todo cuando tengo el tiempo encima. ¿En qué momento esto se volvió el jueves? Tengo una maleta que no he desempacado. Un árbol navideño que no he devuelto a su caja. Una biblioteca que es una montaña de papeles. Yo recuerdo que fue el lunes cuando el tiempo comenzó a perseguirme, el martes cuando dije "me rindo" y comencé a observar mis obsesiones. Obsesiones de años. Decidí cortar con algunas de ellas: el desarrollo de la política y las intervenciones en Latinoamérica, los indígenas presos en todo el continente y las causas que defienden, el transcurso de los refugiados y las fronteras que se han ido cerrando para ellos, West Bank en Palestina; los condicionamientos y los sistemas inductivos en la educación pública, etc.  Un sólo día sin monitorear esos temas y bum! me sentí vacía. La primera opción fue entonces venir a escribir aquí, y también me detuve. ¡Basta! ¿Por qué todo hay que escribirlo, documentarlo, contarlo? Pero además es todo como yo lo percibo, todo como yo lo documento, todo como yo lo enumero. Todo tiene que ser a mi manera. Entonces dejé pasar la visita a esta blog, porque seguramente hubiera entrado a escribir sobre la estrategia invasiva que se instala en Sudamérica tomando Argentina como base de operaciones. No, no vine a escribir de eso. Vine a escribir lo que se siente estar absolutamente vacío inconscientemente, con el "tiempo" colmado de cosas por hacer. Vacío sin querer ver hacia el vacío. Me asomé: nada. Me invadió la ansiedad. Pensé en romper el cristal y sacar algo de emergencia para dormir. ¡No! Todo sería peor, tengo eventos todo el fin de semana. Me dormí y en el centro del sueño se levantó el pánico. "Nada de lo que he hecho existe. Nada de lo que soy existe. Todo lo que está aquí no es real. Esto que me rodea no es real". Entonces me levanté a escribir. Mejor que tomar algo para dormir, supongo. Y no. Esta no es la historia de mi vida y aquí no hablo de mí. Parece, sí. Parece que hablo de mí, que doy opiniones y, a veces, incluso, parece que alguien más piensa por mí, pero no. Yo no tengo siquiera la certeza de que existo; no sé a ciencia cierta si lo que vivo es real, si a lo que dedico mis pensamiento es realmente "algo" o nada. No sé si estoy aquí o en una nube de un cielo que intento traducir, sin esperanzas. No sé si todo lo que me hace llorar es el golpe del odio al que me abro, o si es todo lo que he visto, de tantas formas, tantas que a veces ya no sé, ya no sé tampoco si lo he visto. Estoy pesimista hoy pero no me hagan caso, acuérdense que cuando esto aparece en mi blog yo ya no estoy aquí, en este tiempo. Ya estoy en otro sitio buscando frambuesas para el desayuno... oh! wait ¿esa es otra obsesión?).
Creces despacio y fácilmente. Te gustaría trepar más rápido en la carrera contra el mañana, donde domarás las palabras y recitarás una poesía fervorosa, impulsada por el poder del amor y la obligación de la defensa de la tribu. Eso, lo que es secreto y escondido se abre a las palabras y se abre a la conciencia. No es un juego, como piensas, sino la manifestación del vistazo latente emergiendo en la manifestación. Tú siendo palabra y la palabra siendo tú.  No conocerás la diferencia entre el enunciador y el enunciado. Invocarás al mar y volcarás el cielo y el pozo será un frasco para conservar el sonido del murmullo del viento y el cielo un mar colgando de las nubes.

Mahmoud Darwish

Ah, querida Clarice.



Y, con ustedes, el momento de los poemas felices:

Saludo a todos los que me leen
Tendiéndoles el sombrero largo
Cuando me ven en la puerta
Apenas la diligencia se levanta en la cima del monte
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia cuando la lluvia es buena
Y que en sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten a leer mis versos.
Y que leyendo mis versos piensen
Que son cualquier cosa natural----
Por ejemplo, el árbol antiguo
La sombra en que cuando niños
Se levantaban con un balde, cansados de brincar,
Y limpiaban el sudor de su frente
Con la manga del delantal rasgado.

Alberto Caeiro
Bueno, pues aquí mi traducción de la reseña que apareció en el blog de la NY Public Library en diciembre pasado y de la que no me vine enterando hasta hoy. ¡Bien por nosotros los escritores de Intervenir/Intervene. Y gracias otra vez, Ian Baran.

Como el título lo sugiere, Intervenir/Intervene de Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sanchez, traducido por Jen Hofer, tiene que ver con intervenciones en la escritura, en el habla, en escuchar. Estamos siendo intervendidos en nuestra lectura y los que leemos esto en inglés estamos leyendo a través de otra intervención y la respuesta de la traductora Jen Hofer. Incluso dentro de la estructura de intervención nos llegan piezas de poesía del poeta argentino Héctor Viel Temperley, cuyo trabajo claramente alcanzó gran audiencia tras su muerte en 1987, y del cubano José Martí.
Dentro del texto nos gritan, nos susurran, nos cuentan secretos, nos dan órdenes y somos guiados hacia un panorama nuevo que nos deja imaginando qué sigue. Estamos leyendo poemas que algunas veces tienen una estructura y otras veces se construyen a sí mismos dejándonos en la frontera del intento autoral.

Pg. 70

"Sólo soy mi país
VOY A INTERVENIRTE
HASTA QUE MUERAS

Los libros me hacen daño
porque no sé llorar

Al libro hay que matarlo
y meterlo en un museo"

Después en la página 106:

"No soy una paloma. No soy
una bandera. Todavía vivo. El odio nos da las ilusiones: el marcador puede ser pasajero. Cuando abordo tu historia mi escritura revienta.
Esta mañana nadie puede ser una flor."

pag. 112

"Peligroso es cruzar una calle ondeando la bandera
No, una escultura dibujando tu nombre."

Pag. 160

"Un tiempo mi tarea fue escarvar porque creí
con devoción que algo me esperaba. Bajo tierra.
Sólo encontré basura. Basura"

Lo que Dorantes y Sánchez hacen es crear un arsenal de voces, se enredan en nosotros desde la página, gritando, susurrando y pasando de largo, etc. Al hacerlo, están interviniendo nuestras vidas, están creando un poema acción que cambia constantemente y ocupa un lugar cada vez que lo abrimos. Aquí, los distintos versos se conectan en diferentes momentos, y por eso forman un cuerpo creativo, también obligan a una reconciliación con la poesía, esa clase de poesía que te crea cierto anhelo emocional por múltiples momentos.

Pongo otra vez la reseña original en inglés, aquí.


Tres de mis libros están para descarga gratuita en PDF dentro de un proyecto lindísimo que coordina el escritor Luis Eduardo García. El proyecto se llama "Poesía Mexa". Soy mexicana, ya saben, me han nombrado chapina honoraria y me considero también boliviana de corazón; mi mente viaja muchísimo a Uruguay y ustedes saben que amo, adooooro Ecuador. Qué decir de Nicaragua y Honduras, pero total que ahora me siento más mexicana que nunca. Me encanta que se estén compartiendo los PDF para descarga gratuita y así nos podamos leer más y mejor. Ojalá el proyecto crezca y podamos consultar una sección de poesía universal en traducción ¿no?. Total, si ya Google pretende expropiar nuestros bienes intelectuales para sus conveniencias ¿por qué no mejor compartir desde nuestro ronco pecho? aquí el link a POESÍA MEXA. Igual y al rato hago mi paginita, amparándome en el fair use y subo mis traducciones clandestina de Darwish y Ekelof. Visten la página, pues.
Doce de marzo, algo tenía que pasar ¿no? habíamos librado bien el día, leímos de forma relajada hasta las diez de la mañana, escuchamos una entrevista con una de las traductoras de Giorgio Agamben, desayunamos apropiadamente. Después nos enfocamos en trabajar en el jardín, limpiar la parte de enfrente, escombrar el patio: trabajo duro, pero de la mano con las plantas y sus voces. terminamos. Nos metimos a bañar para quitarnos la tierra del trabajo de encima, Diva quiso salir y de repente, estaba otra vez acorralando a un gato en la última esquina del jardín de la casa, al final de un pasillo. No es la primera vez que Diva acorrala un gato en esa esquina, y tampoco la primera vez que el gato escapa.  Así que me cansé de llamarla, yo no estaba vestida, ya me había quitado las botas para entrar a la tierra, estaba envuelta en una bata de baño, etc. Los gruñidos de Diva se hicieron más profundos; esa especie de ronroneo y maullido del gato amenazado se intensificó. Me puse las botas, una camiseta, salí al pasillo y escuché a diva chillando-ladrando, al gato haciendo fzzzz y cuando llegué era demasiado tarde: Diva había pescado al gato y también unos cuantos rasguños. El gato estaba vivo; como pude me le eché encima (a la Diva, no al gato), generalmente Diva me entrega las presas, ¡me ha entregado pájaros intactos! pero esta vez se negaba a soltar. Le abrí el hocico con las manos, el gato pataleaba y seguía con su fzzz no pude ni tocarlo (habrán de imaginar) herido (o despedazado) corrió como alma que lleva el diablo y nosotras entramos a la casa.  Diva aceptó silenciosa y vergonzosamente (supongo que fue vergüenza, tal vez era decepción por haber perdido a su presa, no sé) su responsabilidad en el ataque, Yo comencé a dar vueltas pensando en el gato ¡y en la vecina! que no tardaría en tocar la puerta, supuse. Me temblaban las manos, no salí con heridas; busqué en la Diva: tampoco, si a caso las marquitas de las garras, hasta donde permitió revisar. Me senté en la cama, y vaya, sopesé el evento: pescó al gato. ¿Por qué estoy tan alterada? No terminé el capítulo de Foucault que estaba leyendo, no pude continuar. Estaba con las botas puestas, llenas de tierra, otra vez con tierra por todo el cuerpo ¡y peor!, baba, sangre de gato y pelos de Diva en la ropa. ¡Demonios! Tuve que poner orden, retroceder al lugar donde estaba, quitarme la ropa, meterme al baño, escuchar a la Diva jadeando en su camita, asustada. Me dolían los brazos. De qué manera simple se altera la vida. De qué manera simple uno la retoma.
Jesús Gardea


Desde ayer pienso y pienso en Gardea; sí, Jesús Gardea, el mejor escritor contemporáneo de mi expaís. Ya son 15 años de su muerte. ¡Increíble! pero para beneplácito de muchos ¡somos eternos! encontré una "reseña" (o sabrá dios qué será) que escribí sobre "El Biombo y los Frutos" en La Crónica hace 15 años. Habrán de perdonar, hubo detalles de la novela que olvidé, como la descripción tan precisa de la mujer, que regala Gardea en ese libro, con tanto dolor por su muerte, tan repentina. Es una novela que adoro, junto a "El árbol cuando se apague". Uno de los mejores regalos que mi corazón ha recibido en la vida. Pero , ¡hey! espero más regalos de la vida aún, no doy por terminada mi satisfacción en este mundo... hablaba de Gardea, pues nada: que lo adoro, que todo mundo debería estarlo leyendo, que sus libros no están en PDF pero búsquenle, valen la pena. Un homenaje a Gardea y al dolor de perderlo está plasmado en Septiembre, uno de mis libros enlazado con epígrafes de su cuento "De Alba Sombría". Hay que leer a Jesús Gardea, sin duda. Cuado la literatura de Gardea se detuvo, los narradores mexicanos ya no supieron que hacer y comenzaron ese sinsentido tan popular llamado la "literatura del narco". Murió y se truncó un camino, pero estoy segura que hay muchos escritores allá afuera que transformarán lo que Gardea sembró.-

Arriba del agua
Por Jesús Gardea
De "alba sombría"


EL RUIDO SE MUEVE, se aproxima. Las piedras revientan de sol. La sequía no va a dejarnos nada; ni el juicio siquiera. Dicen que en el llano andan almas resucitadas de animales. Que llevan en orden sus huesos pisando firmes la tierra. Tantos años sin agua dan para todo. Espantos y fantasmas. Suena, acompasadamente, el ruido: dos golpes, y luego, vuelta a empezar. Qué bochorno. Y, de pronto, una ola de cálido silencio. No es el de todos los días, y la ola ha arrastrado una sombra hasta mi puerta. Me oscurece el aire.
-Buenas tardes -me saluda, desde la sombra, una mujer. La miro. Las mujeres enloquecen al último.
Ésta viene vestida de largo, color blanco. Usa lentes negros, de mica, que casi le llenan la cara. Del cuello de su vestido, como del pico de una cerveza abierta, le escapa un borbollón de olanes que luego se le seca en el pecho. Abajo de los olanes, descubro un botecito colgando del cuello; parece el tambor de un niño. La mujer lo toca con un palito. La mujer apoya el palillo en la lámina, de punta, como un cuchillo.
-Buenas tardes -contesto.
Grande, la potencia del resplandor de la calle. La mujer está como parada en un viento luminoso.
-Entra.
Ella levanta el palito y se rasca una oreja con él.
-Entra. Una sombra; un lugar para que te sientes.
La mujer me está mirando con sus lentes como las alas de murciélago.
-He caminado -se queja-. Como los animales que penan por el llano.
La mujer es una muchacha; y las muchachas son campos de alfalfa. Fuera de la resolana, recobra su centro; se aprieta.
-La permanencia es voluntaria.
Sentada ya, se encaja el palito en el peinado. El tamborcito queda entre los muslos, sepultado a medias. Los brazos, cruzados al frente, aplastan la espuma de los olanes. La boca de la muchacha es como la de un ciego. Sus labios, aunque mordidos por la codicia del sol, siguen siendo hermosos.
-Oí tu pregón -le digo.
Ella abre, despacio, la boca.
-No pregono nada.
Corrijo entonces.
-Tu botecito. La gotera.
La muchacha baja los brazos y pone las manos en los muslos.
-Una sombra -dice-. ¿Y la sed?
Sin contestarle, voy a la tinaja. Lleno allí un vaso con agua y regreso.
-Está echándose a perder.
-¿Qué tiene?
Miro el agua, después el calor infeccioso de afuera.
-Apesta -respondo.
-¿Mucho?
-No mucho.
-¿Nada más?
-Bichos también.
-¿Lodo?
-No. Eso no.
La muchacha levanta una mano.
-Bueno.
Le doy el vaso y la espero a que termine de beber.
-Siempre me ofrecen agua fangosa, ¿sabe? Me van a enfermar.
Su aspecto es ahora el de una niña, el de un vivo desconsuelo. Le paso la sombra de una mano por los olanes, el botecitos y la falda.
-No-le digo.
Los trastornados van y vienen; ninguno permanece. Son como nosotros recordamos eran las nubes aquí. Unas horas en las rabias del sol, y luego, nada.
-La voz de tu botecito me interrumpió.
-¿Qué hacía usted?
-Soñaba con un río.
Algunos trastornados regresan a sus casas, de mano de sus familiares; pero otros, la mayoría, se meten al llano, nadie los vuelve a ver. La muchacha comienza a temblar como un junco.
-Los ríos son peligrosos -me dice.
Por el rumor y el jadeo del agua, no la oigo bien.
¿Qué?
-Hay otras cosas.
Crece el río. Se mecen los tules. En los remolinos, caracolitos, arena. Tal vez los caracolitos vengan del mar, o del fondo mismo de las aguas despiertas. Los caracolitos son blancos como la muchacha.
-Es un encargo -murmuro.
-¿Es un río de mayo?
-De mayo, sí.
-Peor entonces.
En los remolinos, brilla y truena el sol. Me deslumbra; me ensordece. Los tules, el junco, tiemblan en medio de la canícula. Hundo una mano en la tinaja. Por su boca sale no el olor podrido, sino el del agua y los relámpagos. Mi mano resbala como un pez por las paredes lamosas; siento los caracolitos. La visita ha parado de temblar; está serena. Como esperando. Me dice:
-Nadie puede cambiar de lugar un río sin secarlo; ¿para qué acepta usted esos encargos?
Saco la mano de la tinaja.
-Le agradezco el agua -me dice la muchacha.
-¿Y la sombra?
-No. Mis lentes me la procuran.
-A tus ojos. ¿Y tu cuerpo?
-A los dos.
La muchacha se alisa el adorno. Luego hace el ademán de coger una brizna. Ojalá y cuando ella se vaya la encuentren sus parientes. No es para las soledades del llano.
-El sudor me pica -dice.
La muchacha tiene su cara levantada hacia mí; me reflejan las oscuras micas. Se abre el vestido y mete una mano bajo los olanes.
-Yo también sueño -me dice.
El borbollón de los olanes me impide ver; pero la mano se mueve en círculos.
-¿Qué sueñas?
-Caracoles; un venado, que se los bebe como si fueran gotas de agua en la hierba.
-Sueñas cosas dulces.
-A medias.
-¿Cómo te llamas?
-Jimena.
La mano de la muchacha vuelve a la falda. La mano debe de conservar el perfume de la fruta.
-Me tenían muy guardada. Hasta el día de hoy. Me dijeron:
Jimena, vete al llano, necesitas aire. Me arreglé los olanes. Me puse los lentes. Después, el botecito. Pero ya en el llano, tuve miedo. De los mezquites salían fantasmas muertos de sed.
-Eso cuentan, Jimena, que hay fantasmas allá.
La muchacha levanta una mano y extiende los dedos.
-Cinco. Todos tenían cuernos. Ninguno como los del venado que hay en el calendario de mi cuarto.
La mano me deslumbra; su forma es perfecta; irradia, como una aparición. La imagino acariciando, envolviendo... Es un terciopelo profundo.
-Jimena, no me gustan tus lentes.
La mano baja; se desmorona el gesto.
-No sé si me estás mirando. No sé si de verdad sentiste el miedo o el agradecimiento que dices.
La muchacha se para.
-No te vayas, Jimena.
-No.
-Ven.
La muchacha se acerca. Vuelvo a soñar con el río, con los caracolitos y la frescura. Los olanes de la blusa ceden al ímpetu de la corriente; se abren como alas de una paloma volando arriba del agua, de las frutas.

Estoy preparando una curaduría para un evento de Cielo Portátil la semana que viene (¡felices con nuestra escuela libre!), y he escuchado esta canción más de veinte veces; seleccionada por uno de nuestros colaboradores para una de las cenas-reuniones temáticas que tendremos (ver video del post anterior). Nunca le había puesto tanta atención. Estoy conmovida desde ayer por la capacidad de interpretación de Nina Simone y tanta ironía, así que la traduciremos y la repartiremos como un volante de forma bilingüe. Esta reunión tiene que ver con la transmisión del documental de Nina Simone y los temas que pondremos en la mesa son la creación, las enfermedades mentales, la forma sistemáticas de "adormercerlas" a base de sustancias químicas en este país, y la subsistencia de grupos artísticos conformados por las falsamente llamadas "minorías". Aquí la traducción de la rola:

"Yo no lo quiero, puedes quedártelo/ no vale la pena pelear por él/ además hay muchos como él en el lugar de donde viene/ Yo no lo quiero, puedes quedártelo/ le estoy dando sus cosas/ y se puede ir de inmediato/ al lugar de donde vino/ Me temo que nunca lo quise/ cariño, él estará mejor contigo/ nunca lo pude hacer feliz/ todo lo que quise hacer fue//pasar mis dedos por sus rizos/ doblar su ropa y remendar sus calcetines/ alistar sus pantuflas y quitarle los zapatos/ limpiar sus lentes cuando leía las noticias/ frotar su frente con toque delicado/ cuando había tenido demasiado la mañana siguiente/ besarlo suave cuando se acurrucaba cerca/ y darle un hijo por año/ Así que ya ves yo no lo quiero/ puedes quedártelo porque él no es el hombre para mí// Después cierro la ventana cuando él duerme/ voy a la nevera donde está la comida/ le preparo el desayuno que más le gusta/ huevos, café y pan tostado/ salgo a comprar los periódicos/ y cuando los está leyendo/ pasamos el resto de la mañana en la cama/ así que ya ves/ yo no lo quiero/ puedes quedártelo/ puedes quedártelo porque yo no lo quiero/ porque él no es el hombre para mí."