Primer carta-declaración de amor: 

Hablo sola. Me fascina pensar en el poder que traspasa los cuerpos. En nuestro campo energético que va más allá de lo que somos ¿qué somos?. En la mente, el amor y el sufrimiento. Hoy mi narcisismo me entrevistaba y yo respondía como si alguien me oyera ¿eres feliz? sí ¿sufres? muchísimo. Sufro muchísimo porque estoy enamorada de cada hombre que admiro. Amo, amo profundamente esas mentes que están cambiando el mundo. Esas fuerzas que se mueven y no paran, pensando en los otros. Y no puedo tenerlos. Ninguno es mío. Porque no creo y no vivo dentro de relaciones de pareja. Mi libertad me cuesta. Pero mi felicidad es del tamaño de los movimientos que percibo. Cuando alguno de ellos transforma la realidad siento que es una de mis manos quien lo ha hecho; cuando otro de ellos, en algún otro continente, alza la voz y abre trescientos corazones para que la compasión entre en ellos, siento que lo hizo mi propio corazón. Para mí la separación no existe. Los amo como un animal, con toda la sensualidad, con todo el corazón y todo el cuerpo. Con la mente que, ya sabemos, vive dentro y fuera de lo que somos ¿qué somos? Y sufro. Porque ninguno de ellos se levantará todos los días conmigo. Porque por alguna razón experimentar la cotidianidad de la convivencia en cautiverio durante algunos años, para mí, fue suficiente. Pero el tamaño de mi sufrimiento es insignificante. Sufro por la necesidad de poseer lo que amo, desde una zona local de lo que soy ¿qué soy?. Sufro porque quisiera que todos los hombres que están cambiando el mundo fueran mis amigos. Quisiera sostener una conversación con todos ellos, tener el privilegio de crecer con ellos, de aprender tocándolos. Pero nuestra realidad es tan grande (y tan pequeña). Sufro porque creo que con alguno de esos hombres cometí algún error y ha sido, culpa mía, no aumentar el número de amigos brillantes. Pero mi felicidad es tan grande cuando percibo que ellos están cambiando el mundo. Mi felicidad es una felicidad desmedida. Porque aunque yo vivo en una de las peores zonas de este mundo, siento cómo el amor me vuelve parte de todo lo que se transforma, y se mueve. El sufrimiento tiene que ver conmigo, con esas pequeñeces de la superficie, mientras que mi felicidad ni siquiera es únicamente mía, tiene que ver con la forma en que otros cambian y alegran este mundo. El sufrimiento siempre es así, parte de una percepción muy local y pequeña de lo que creemos que somos y poseemos. Cuando la realidad destruye lo que creemos que somos y lo que creemos que poseemos, nos revolcamos de dolor; atacamos, mordemos. Pero mi forma de ser feliz está desligada de cualquier punto de localización, toca la alegría de poder ver el mundo sin morder los anzuelos del condicionamiento, se posa en las formas de descifrar el mundo o lo que hay detrás del mundo, se detiene en la experiencia de descubrir que no somos sólo una raza, o un código, sino esas dimensiones interminables generadoras de poder. ¿Para qué poseer el mundo si somos el mundo? No nos apropiamos de nuestro propio cuerpo. Sabemos que el cuerpo es nuestro. Experimentamos con el cuerpo, a través del cuerpo, por el cuerpo. Lo mismo pasa con el mundo. Poseer es una ilusión. Ganar o perder es una ilusión. Conquistar es una ilusión. Estar aquí, es una ilusión. Experimentamos el mundo entero, cada paso que damos. Cada descubrimiento que hacemos, cada anzuelo que dejamos pasar. Cada nudo que se desata, me hace feliz. Cada refugio que alguien más provee en la franja de Gaza. Cada forma clara que alguien más construye para que todos comprendamos mejor. Cada mente que dedica su tiempo y su cuerpo en favor de los otros, construye mi felicidad. Por eso la fuente de mi felicidad es infinita, y la de mi sufrimiento, aunque poderosa, se arrincona diminuta, como un aguijón venenoso en áreas muy pequeñas de lo que soy ¿qué soy? y como mis dimensiones de animal sagrado son interminables, sufro también por ti, terriblemente. 


Y el mundo me contestó:
(Hay lo que hay)

No haber amor es un amor también.

Un amor a estar solo.

Le pertenece a alguien que lo siente
por nadie.

                 Pertenece
a una clase de amor que nadie toma.

Es una clase por correspondencia.

También salir con alguien es entrar
al amor que sentimos
porque alguien venga a tomarlo.

Si saliéramos a tomar el sol,
lo tomaríamos de quien viniera.

Nos correspondería.

                                                           Hernán Bravo Varela de libro Hasta aquí
¡Por favor, díganme lo más gauchezco que puedan! acaban de ofenderse porque dije que el capítalismo no sólo tiene que ver con la forma de manejar el dinero, sino que es una percepción del mundo. Lo que nos condiciona a creer en la ilusión de que el dinero es necesario para vivir. El dinero es una imposición que nos vuelve esclavos de las transacciones para obtener lo necesario para vivir: comida, techo, vestido, calzado. El dinero es el anzuelo del que somos esclavos. Pues ya está, que me han mandado a volar por decir eso. Debió ser mi inglés. Porque en inglés también me dijeron que soy narcisista.  Estoy de acuerdo: es muy narcisista amar Latinoamérica: Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela y sentirse plena por las decisiones y las mentes que están moviendo esos países. El valor intelectual, el valor cultural, la percepción que ya nadó en ríos de sangre, conoce muy bien las dictaduras y sabe, desde experiencias muy amargas, que el dinero (para decepción de millones) no vale nada. Y no me refiero a los gobiernos, que esos solamente Zeus sabe qué traman. Me refiero a las personas generando cambios en esos países, observando de manera crítica su entorno, cuyo objetivo en la vida no tiene que ver con una percepción individual, sino con la maravilla de actuar pensando en otros, aplicando su vocación al servicio de otros, llámense como se llamen: sociedad, comunidad, ciudadanía, país, Latinoamérica. Para quienes vivimos sin esperanzas, esa percepción, ese único empuje es lo que podría accionar algunos cambios, no para poseer territorios (gran parte de la vida ya no sucede en territorios, sucede en códigos), sino para manifestar realidades diferentes en los territorios que conocemos de forma aburrida y cotidiana y que -seguramente- no nos pertenecen. A mí, por ejemplo, que carezco de país, de idioma y de unos cuantos derechos, a las comunidades me gusta decirles "constelaciones", Me interesa crear constelaciones donde el tiempo y el dolor eson percibidos de manera distinta. Donde no hay luchas, no porque no creamos en un mundo justo, o favorable, sino porque creemos también en la aceptación como un cimiento. ¿Para qué luchar por lo que es irremediable? Hablo de la construcción desde donde las constelaciones tienen remedio todavía. Es decir: justo hubiera sido que ningún estudiante hubiera sido asesinado. Justo hubiera sido que millones de personas no hubieran sido desplazadas de sus territorios. Justo hubiera sido que todos en el mundo tuvieran algo qué comer y un techo donde refugiarse. En fin: sueños, aunque no se trate de justicia de lo que hablo, sino de acción. ¿Qué sería de mi sin esos sueños, fuera de esto, como los sueños que generan nuevas plataformas de comunicación y contacto en internet, por ejemplo? Los niños, el dolor e internet son soluciones básicas para contrarrestar el sufrimiento del mundo. Por cierto sí, leo a Agamben, Deleuze, Gruen y Vercelli; por si les interesa tener bibliografía sobre los condicionamientos a partir del dolor (Gruen), lo irremediable (Agamben), la movilidad (Deleuze) y los territorios libres de la internet (Vercelli). Pero si les interesa acercarse a nuestra constelación de Cielo Portátil, estaremos el jueves 29, en el Stanlee Gerald & Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso, hablando de "Teoría del Campo Unificado" de Jorge Esquina, con Juan Manuel Portillo y María Miranda Maloney, a las 7PM. 
México, los poetas y nuestro Cielo Portátil serán algunos temas a tratar. ¿Vamos?
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Un cielo en el tornamesa. A sky inside of the turntable.
una foto de mi hermano Luis


En ese viaje de la infancia por la noche, en la carretera Puebla-Veracruz, encontramos varios ejecutados. Yacían en su propia sangre; mi padre, quien conducía el auto de la familia, estiró rápidamente su palma para cubrir los ojos de mi hermano. No alcanzó a cubrir los míos. En eso consiste la diferencia de percepción entre mi hermano y yo. Luis, en cualquier lugar (incluso en mi mudanza) percibe un mundo fantástico.


porquelmundoestádentrodemísí

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signo zodiacal: pixis
En ocasiones me siento como un animal muy burgués. Sobre todo cuando se trata de instalarme en algún sitio para concluir mis proyectos. Se me dificulta al grado de la imposibilidad, por ejemplo, escribir sin silencio, sin soledad. Si alguien, aparte de Diva, está presente en casa, sencillamente no puedo entrar en el proceso de escritura. Si el llanto de un niño en la cuadra vecina, por azares del destino, llega a traspasar los muros de mi lugar, sencillamente no puedo continuar trabajando. ¿Síntoma de qué son mis exigencias? Vivo en Estados Unidos, práctimente un basurero donde los distractores están a la orden del día, y las amenazas de desaparición son asunto cotidiano y yo ¡quiero silencio y soledad! Es absolutamente ilógico, lo sé. Está bien, no es que Yo quiera silencio y soledad, no es un deseo, es una necesidad para ingresar a ese estado que me transporta cuando escribo. Cuando esos requisitos atmosféricos no se cumplen, entonces vengo aquí. Paseo por las redes sociales, y me sorprendo de la vida que está sucediendo acá adentro (o aquí afuera, como quieran llamarle). Me he cansado de ver videos de personas que "hacen el ridículo" por ejemplo: borrachos bailando como anguilas, intentando defender su dignidad, llorando alguna pena.  Abuelitos que quieren ser graciosos con sus nietos, en fin. Toda una gama de lo que el condicionamiento llama: "hacer el ridículo". Me aterrorizan esos videos, no por temor al ridículo, sino por la promoción y regocijo que el supuesto ridículo adquiere. Es decir, me puede hacer reír una mujer desaforada que baila después de haberse tomado unas copas sí ¿y qué? El comportamiento que tanta risa nos causa es un comportamiento que ha ocurrido siempre... ahora lo reproducimos, nuestra tecnología se ha convertido en la herramienta para reproducir nuestros instantes íntimos: es la imprenta contemporánea de nuestra ridícula intimidad. Acabamos con la diversión efímera de asistir a una fiesta y que un numerito inesperado nos hiciera charlar y reírnos después. Cualquiera se siente con el derecho de activar su celular, grabarnos en algún lugar público y llevarnos a casa como un souvenir (hombres que graban a mujeres distraídas en aeropuertos, por ejemplo). Reflexiono acerca de cómo la tecnología influye en nuestro comportamiento, lo conduce, lo condiciona. Hoy más que nunca "hacer el ridículo" es el pecado social -en red- más terrible. Pero yo creo que  deberíamos construir sociedades que no teman expresar sus experiencias de cualquier forma. Bailar es una muy buena forma de ser feliz (borrachos o no), de mover la energía del cuerpo; no importa si tenemos dos pies izquierdos. El baile espontáneo, el movimiento rítmico nos hace sentir bien ¿por qué reprimirlo? Amo bailar. Creo en el baile como una forma de comunicación, no importa cómo, lo que importa es bailar: moverse. No sólo mover el intelecto. ¡Bailemos todos! ¡Bailemos con las luces prendidas o apagadas! La tecnología nos está conduciendo a una inmovilidad muy poco fértil. El miedo al ridículo está tensando el cuerpo de la libertad. ¡Riámonos de gozo y no de juicios o complejos, camaradas! Bailemos sin morder el azuelo, les prometo que todos nos sentiremos bien.


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todavía te recuerda ese pixel que fui
te recuerda ese pixel que fui
recuerda ese pixel que fui
ese pixel que fui
pixel que fui
que fui
fui
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Este es el desierto, el verdadero exilio. Estar dentro de un mundo que no es mi mundo. Pero no. No se trata de apropiarse de nada, no se trata de poseer. Mío/tuyo, nah. Es digamos un mundo profundamente familiar que me provoca una soledad absoluta. No me malentiendan, pero hablo de situaciones familiares, circunstancias que están ligadas a personas que conozco desde que era una niña. Sí, aunque no lo crean fui una niña. Una niña a la que muy pocos sabían cómo tratar. Uno de esos pocos era el loco de mi padre, con amor excesivo y un sentido de propiedad absolutos (de lo que hablaba antes, eso de lo mío y lo tuyo, de lo que esto no se trata). Iba yo a esos vínculos, esa especie de flash back que sólo sucede en circunstancias familiares. Familiares, no porque suceda con mi círculo de seres queridos; más bien hablo de esos encuentros entre mundos distintos que producen choques inolvidables, pero cotidianos. Los amigos de mis hermanos, por ejemplo. Soy la menor de 5, así que ya han de imaginar que los amigos de mis hermanos mayores me conocieron a los cinco años, cuando yo les hacía preguntas sobre la virginidad y esas cosas incómodas. Esos amigos de mis hermanos pertenecen a ese mundo que no es mi mundo. O sí, todo el mundo es mío, y nada de este mundo le pertenece a nadie, claro está. Pero ellos viven en un mundo totalmente industrial, sumergidos en sus cavilaciones sobre qué tornillo han de cambiar para acelerar los procesos de producción; cómo mejorar la calidad del producto, y qué tan bien pueden diseñar una máquina que produzca lo que les manden producir para "optimizar" gastos, and so on. La vida, para ellos es una especie de estado de cuenta. Horas de producción = horas de capital. Vacaciones relegadas a los veranos donde pagan para que alguien les construya la experiencia de un paraíso. No podrían siquiera responder qué les pareció Jamaica, por ejemplo. Porque todos los hoteles (en la orilla de todas las playas del mundo) a los que van, son idénticos. En fin, ellos, ese mundo que encontró en pantuflas, por la mañana, en la cocina de la casa donde se hospedó, a la "escritora", hermana de su mejor amiga. Y su curiosidad hacia ese mundo desconocido lapidado por sus prejuicios y complejos aflora (escribir debe ser cosa sencilla, todo mundo sabe cómo): yo he leído "vida en el abismo" de Armando Ruvalcaba ¿no lo conoces? me preguntan. "Y el Quijote también lo leí en la preparatoria" comienzan. Cuando ven que soy amable, incluso agradable, y que me expreso como cualquier otra persona, adquieren confianza, superioridad (como en la fila de producción) y descaradamente, con aire de suficiencia echan a andar su duda más profunda (que es, a final de cuentas, la preocupación que rige sus vidas: el dios dinero): ¿Y de qué vives? Si no fuera budista, esa ignorancia altanera me parecería un insulto, pero los dejo seguir construyéndome "y de esto y lo otro" respondo. El proceso de pensamiento de ellos no alcanza a imaginar que existimos personas que nos ganamos la vida de una manera diferente a la suya. Sencillamente ¡no creen que se pueda vivir de otra forma salvo pensando a cada paso sobre la "profesión" más "rentable"! Les parece imposible que alguien piense en aportar algo a los demás en lugar de vivir únicamente para obtener utilidades y, peor aún, para ellos es inaceptable que esa ecuación genere constelaciones en las que uno puede subsistir cómodamente. Pero "¿cómo le haces?" Me enternecen, no puedo hablar, no les interesa escuchar que existe un mundo fuera del que les construyó el capitalismo (cuantimenos reflexionar sobre el daño que causan al planeta y a la poblaciones marginadas, mientras creen que viven una vida decente y honrada): morirán contentos sintiendo que hicieron lo mejor. Sólo se encontraron por accidente con una loca y creen que pueden divertirse, hablar de cualquier cosa porque, a fin de cuentas, esta loca (como si hubieran encontrado a una foca en medio de la cocina) no está preparada para nada, vive de milagro. Y sí. Y no. "Supimos que tuviste que dejar el país" comentan ya totalmente instalados en la familiaridad y el recuerdo de cuando yo les pateaba las espinillas porque pretendían besar a mis hermanas -mi amabilidad, para ellos, es la pelota que sostengo con mi nariz-. Entonces sí, algo me pasa, me canso de entretenerlos y sólo digo: "ese es un tema más complejo de lo que puedes imaginar, sólo quien lo vive lo entiende" y, súbitamente ellos tienen razón, soy una loca que no les sirve ni de animal doméstico.
Ni etxera noa 
(Yo vuelvo a casa)



"No hay nada más cobarde
que un escritor cobarde"

A lo mejor me voy a morir. Lo que más extrañaría al morirme sería mi harem de amores platónicos. Tengo en mi corazón a los mejores: magos, escritores, científicos, comerciantes, psicólogos, pintores, locos, homeless, poetas, arquitectos, cirujanos... ni un sólo cobarde, ni un solo mediocre. Pero decía que creo que me voy a morir porque hace tres semanas soñé con mi abuela paterna, Carmen (la abuela Chata). Nunca sueño con la abuela Chata. Pero bueno, este vez la soñé con un vestido azul. Después soñé a mi papá, a mi papá lo sueño siempre como un anuncio de que las "cosas" van a resolverse; pero después soñé a Gardea. Cuando sueño a Gardea nunca quiero despertar. Y anoche, anoche soñé con mi papá, con la abuela Chata y con Gardea al mismo tiempo, todo confuso y lindo entre luces blancas y doradas. Quizá voy a morirme otra vez. No sé. En esta vida he muerto tantas veces. Lo único que lamento de matar lo que soy ahora mismo es mi harem de amores platónicos ¿Qué voy a hacer sin ellos? Alimentan mi corazón, acrecientan mi tiempo, me dan estabilidad mental, espacio y protección, la maravilla infinita de lo masculino.  Bueno, seguramente voy a morir, y también seguramente volveré a nacer y, aunque no quiera más que éste, tendré otro harem -porque yo sin harem me olvido de mí, y me marchito.
Una espacio en la página
construye el momento donde la flor se abre
para mostrar la sangre de la r

Letra sin ambiciones. Dijimos. Que conste que esto es sólo esto. Que esto es únicamente. Un gancho. Un grifo. Un albur en el país de las conversaciones a distancia. Una plática del otro mundo. Voy a abrir un libro verdadero. Paralelo. No voy a escribir un libro. Voy a viajar para traer un libro que se manifieste como se abre una mano. ¿Quién cree que puede decir algo? ¿Racismo? ¿Criollos? ¿Apoderados legales? Frasco. Reventar. Soy de México. Soy del Brazo Torcido. La tragedia de una letra central. La estrategia que tenemos todos en el centro. No existe mi idioma sin esa letra. Un gancho de carnicería. Un vuelo de pétalos en la noche, sin decirla. La letra que me vence. Vamos a construir la poesía que no se ve: 2 hojas de árbol, 1 clip, título. Haga lo que quiera con ellos. Un niño perforó una hoja con la punta del clip. Su mano no paraba de acuchillar.Nota: fue un acto frenético y liberador para el niño. Poesía que no se ve. La hoja se la metió a la boca. El clip se volvió un gigante que arrasaba con todo. Al niño no le gustó el aroma de la hoja triturada en sus manos. No le gustó el sabor y corrió hacia el poeta visual para lavarse. El niño tituló: Porquería, dijo que era justo lo que, por las mañanas, escuchaba de boca de su padre.

fragmento de "r" libro inédito e inconcluso
publicado por la revista Letras Libres (el fragmento, no el libro).



Primero hay que saber sufrir
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento
Homero Expósito


Ser libre no consiste en no amar, sino al contrario, consiste en amar sin distinción, sin interpretación. Desde que leo a Arno Gruen, comencé a detenerme en esos fragmentos culturales que nos enganchan tanto a vivir según las normas, como a romperlas. Cuando, en términos de relaciones sentimentales algunos de nosotros decidimos no vivir de acuerdo a ciertas normas que se han considerado "núcleos" para el funcionamiento social, generalmente no lo hacemos basados en el resentimiento, o en los muros que hemos levantado desde el dolor ¿verdad? Decidimos permanecer libres independientemente de con quién nos relacionemos. Para mis amigos y yo, la libertad tiene todo que ver con el amor. No el amor que dura lo que dura un enamoramiento; el otro amor, el amor que se sostiene en los vínculos que creamos cuando estamos juntos. Me refiero a ese circuito que se conecta entre nosotros cuando compartimos algo: una experiencia, un gusto, alguna afinidad. Creamos una especie de codificación, de lenguaje comunitario basado en el respeto: la unión común, la comunión. Sin miedo. Permanecer libre es una acción entusiasta más que pesimista.
Me gusta lo que dice Arno Gruen cuando afirma que la forma en la que nos educan para manejar el dolor desde la infancia, es lo que construye sociedades enteras dispuestas a participar en la guerra, o a ver la guerra y los sistemas de control y de exterminio como algo natural. No es que sea culpa de los pobres padres que enseñan al niño a controlar el llanto a base de amenazas; no es culpa de nadie, pienso yo, pero allá afuera hay una sociedad en la que todavía expresar el dolor es ridículo y sufrir es estúpido; ni qué decir de expresar nuestra animalidad ¡es de salvajes!. Así que todos hacemos como que no sufrimos, como que nada nos duele y como que no somos animales: nos civilizamos. El amor y el dolor no pueden existir separados. Cuando amamos sufrimos si el otro sufre, nos desespera su desesperación, nos alegra su alegría. Mi manera de ser libre es así. Hace muchos años que no hago nada sólo para mí; que no puedo pensar en mi vocación o mi trabajo como una ganancia personal; construyo todo pensando en los otros: amo, y me duele. En la más reciente curaduría, por ejemplo, terminé con el corazón roto después de servir cuarenta platos de comida, y bailar como un payaso para ser testigo de la sonrisa de los otros, del placer de los otros. El amor es así.
Creo en la libertad que prefiere el amor al miedo. Porque hay que involucrarse con los demás sin miedo, hay que involucrarse con el mundo sin miedo: entrar por completo al mundo. Si introducimos el pie en el mundo, sentimos su placer y nos vamos; y después volvemos a introducir un pie en el mundo, a sentir su placer y nos vamos, no estamos viviendo una experiencia, estamos dejando que la muerte se acerque (que la violencia se acerque, el control se acerque, la vigilancia se acerque) aislados (y no autónomos) a la altura del pensamiento, con un mar de negaciones y dolor de por medio. 




"Te das cuenta de que eres quien quiero que seas. 
Un animal. Un objeto. Un vacío para ser llenado por mí."
Me encanta la revolución que estamos viviendo. Una revolución que involucra nuestra consciencia. Es verdad que en la historia del mundo han existido peores torturas, masacres, hambrunas, plagas. La diferencia es que ahora podemos verlas casi en tiempo real -si es que no las padecemos- (y podemos manipular, interpretar, juzgar, dramatizar la realidad al propio antojo). Los shocks también despiertan. La mente que conoce de primera mano la tortura y ha logrado sobreponerse al sufrimiento, adquiere una experiencia que acrecienta su propia consciencia (como ejemplo basta un José Mujica). La verdad no es una información, dice mi Gurú, es una experiencia; pero también las imágenes que recibimos a diario por medio de este bombardeo mediático-informativo producen una experiencia dentro de nosotros. Hoy más que nunca conocemos los matices de la sangre, por ejemplo, proporcionados por un monitor. Hoy más que nunca conocemos la descomposición de los cuerpos causada por la ambición de belleza, o por el hambre; si decidimos instalarnos en la observación exhaustiva de lo que los monitores nos presentan, y no mordemos el anzuelo de las intenciones con las que se nos lanzan esas imágenes: la plaga de la información que genera una epidemia de enfermedades mentales. Hoy más que nunca, si somos capaces de enfrentar el infierno mediático con los ojos abiertos, sin interpretar y sin distinguir, somos conscientes de las dimensiones en las que nos manifestamos: no poseemos nada, experimentamos todo (experimentar como vivir la experiencia: experienciar, pues). La misma escritura cambió al transformarse los medios de comunicación. Yo, una escritora que ahora ningún periódico publica (revistas si, en Bilbao, en Alemania, en Europa claro está) sencillamente entro a esta caja de texto y echo a este espacio mi escritura. No tengo que esperar a la imprenta, a la negociación, al editor al corrector, al juicio de alguna "autoridad en la materia". Pero esos desahogos vocacionales no son la satisfacción más grande que me da esta revolución global. Es la consciencia, lo que vamos comprobando con estos nuevos sistemas tecnológicos que intentan inventarnos un mundo. Mientras algunos insisten en crear una realidad para que nosotros no ejerzamos nuestras propias capacidades creativas, se manifiesta una verdad:  es verdad que para tocar a otros ya no necesitamos las manos, es decir, el cuerpo es una experiencia fabulosa pero ya nos dimos cuenta que somos y nos manifestamos más allá. La mente no está encerrada dentro del cofre craneal. La mente está dentro y fuera de nosotros. Y lo mejor de todo, nuestro interior es tan infinito como lo que se manifiesta afuera; los alcances de nuestra mente hacia afuera son interminables. Mejor aún: ese dentro y fuera de nosotros no existe. Podemos afectar a los otros con sólo pensarlo, podemos visitarlos, atravesar sus cuerpos, abrazarlos, recorrerlos por dentro, salir de ahí y continuar caminando. No se trata de la infinidad de los circuitos de este mundo virtual, y sí, también se trata de eso. Es genial que el pensamiento de una amigo que vive en Pensilvania, pueda sanar un corazón roto en Texas ¿no es cierto? Ése tipo de consciencia está creciendo. Quizá sólo vemos ahora una pequeña parte de lo que somos, y de nuestros alcances. Cuando podamos descubrir nuestro verdadero poder, las máquinas nos parecerán insignificantes, arcaicas: esa montaña que simbolizará nuestro desperdicio.

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el agua



--¿La está molestando?
--No
--¡Sí!
Todo está aquí

Moverse por el espacio, entre los demás que se mueven, sin otro objetivo que un equilibrio orgánico del caos, sin otro beneficio que un intercambio energético elemental. Ver por los hombros, oír por los pies, entender por la piel. Parar, volver a marcharse. Caer, volverse de pie. Acercarse, alejarse. Decisiones inmediatas desprovistas de intención. Vigilancia alegre, sapiencia muscular.  Y los juegos de agua viva, los juegos de cuerpo a cuerpo, de rapaz a presa, yo te agarro, tú me sueltas, y nos quedamos libres. El cuerpo-otro como árbol, casa, refugio; el cuerpo-otro como guía para explorar el mundo; el desconocido cuerpo del otro para conocer al mío. Celebración de los sentidos que nos hacen presentes, aquí y ahora, a pesar de los lenguajes, de las policías del signo, del mercado cotidiano de existir. Hacia una reconquista humilde de nuestros estados animales, vegetales, o minerales, sólidos, líquidos o gaseosos, en la simultaneidad feliz de nuestras estaciones, bestia sin desgracia. Y que por fin se nos vuelva a dar la buena lección de las cosas; esa castaña en la boca, esa palabra en el bolsillo; esa silla donde trepar juntos; esta puerta que se cierra y se vuelve abrir. ¿Y qué más? Poesía física, emoción limpia; el pleno disfrute de no tener nada que decir porque todo está aquí.

Graciela Casanova y Marc Georges Klein (del libro Una poética de la experiencia corporal. Editorial Biblios, Argentina. 2011)
DEL OTRO LADO
(en la parte de ti
que no se ve) construyo
lo que pienso

imaginamos

Pienso la mesa de madera roja
la silla para esperarte en los días de nieve

amor, imaginamos

Del otro lado
(en la parte de mí
que no se ve) pulsa la niebla
de tu beso: ¿eres tú? Abres. Entras

preguntas de mi boca
Una de las obras que componen "La reposición del aura" del pintor ecuatoriano Tomás Ochoa.
Tomás es encantador y su trabajo es sorprendente. Hagan click aquí para ver más.




En un impulso manipulador, desde esta enorme necesidad de controlar mi realidad, iba a subir un video dramático con la hermosísima voz de Concha Buika, pero observándome bien sólo necesito compartir lo que más me gusta, no lo que más me duele (y que a fin de cuentas es sólo eso: imposibilidad) así que aquí dejo el regalo que suena en el corazón de este animalito ("necesito" es una linda palabra ¿no crees? pareciera el bebé de una flor o lo recién nacido de algún postre).


Mientras nos entristecemos por pequeñas cosas: la tubería de una casa de 1908 que no está reparada bien a bien, una mudanza que no sucede, viajes imposibles de realizar, respuestas que quisiéramos tener (casi todo relacionado con la necesidad de controlar la vida, domarla: ja, el animal domando a la naturaleza ¿no es risible?), libros dispersos que impiden que comencemos trabajos importantísimos; mientras nuestro egocentrismo se desborda porque la crema en el café no fue suficiente, el amante del sábado tuvo mejores cosas que hacer, y la cuenta del banco disminuye, en mi expaís alguien regresa de una marcha donde miles de personas inundaron las calles a pesar de todo pronóstico y de los aporreos por parte de las fuerzas federales en la marcha del 20 de noviembre. Mientras me entristezco porque uno de mis maestros irremediablemente muere rodeado de amor, miles son golpeados por mi expaís y se levantan, descansan y salen otra vez a tomar las calles para manifestar su inconformidad. ¿Qué importancia tienen realmente las cosas o los acontecimientos o las circunstancias personales cuando las ponemos en una balanza? ¿Será que ahora me entretengo como un animalito doméstico con su bolita de estambre ante la imposibilidad de actuar directamente en mi expaís? Aún así la alegría se expande dentro de mí, a pesar de mis pertenencias regadas en tres diferentes lugares, de una casa que no puedo habitar; de acciones detenidas y de el duelo que aparece cuando un maestro nos deja, la alegría se expande dentro de mí, porque nos golpean y nos volvemos a levantar. Porque en mi expaís se acabó el miedo. Y también siento el golpe y también me levanto y también vuelvo a salir. #YaMeCansé2
Me refiero a ti como a dos fieras porque
una herida son dos fieras. Hay que estar
muy herido para referirse, muy herido de lenguaje.
Me refiero al cañón del Colorado. Me refiero a
un abismo desnudo que Christo viste, en la
aurora lo veo en su cresta. Me refiero a la nada,
al punto opuesto donde está Christo. Escribir es
desnudarse, escribir es vestirse. Pero el vértigo
no viste, viste el rojo, el pájaro de sangre, el gorjeo
del pájaro de sangre en Inglaterra: pío, pío.
La que te cubre no cobra por vestirte. Ella, la
doncella leve que sobre ti se deposita, esposa
del esposo, gemela del gemido. Por último,
sin miedo, me refiero a mí.
                  Eduardo Milán





Desde afuera puedo ver lo que pasa. Pasan los medios de comunicación mexicanos mintiendo abiertamente en vivo durante las transmisiones de las enormes protestas en México. Quienes estamos acostumbrados a leer los falsos discursos televisivos, somos capaces de advertir la realidad mientras escuchamos a comunicadores que regañan al pueblo por su comportamiento rebelde. Pienso en los fotógrafos y los camarógrafos que lanzan sus tomas al mundo cuando no hay tiempo de editar imagen y los comentaristas intentan corregir a toda costa en tiempo real, la actuación de las fuerzas federales en contra de los ciudadanos. No tengo más alternativa que percibir desde ahí, y reírme de sus contradicciones. "¡El grupo de anarquistas está atacando a los policías desarmados!" Mientras la imagen en la televisión muestra a los granaderos golpeando con toletes y lanzando gas lacrimógeno contra manifestantes que optaron por hincarse en la calle Madero. Yo no estaba ahí, sencillamente vi esa televisión que 'miente'. "Un joven intoxicado arremete contra los granaderos" en una de las calles aledañas, un joven evidentemente golpeado, furioso, reclamaba el ataque a los granaderos con los brazos abiertos, sin camisa, sangrando de la frente continuaba con fuerza para regresar a reclamar el abuso mientras todos preferían irse. "Yo pediría que primero hicieran un examen toxicológico a ese joven" lanzaba el narrador desde la pantalla, mientras el chico se acercó lo suficiente para ser jalado por el ejercito, arrojado al piso, y vuelto a golpear desapareciendo entre los escudos de plástico de más de quinientos policías federales que llegaron para "Proteger a la población" decía la vos oficialista en la que se ha convertido la televisión mexicana. Ese ejercito que llegó, según dijo la televisión, para proteger a la población, desapareció a ¿cuántas personas esa noche? torturó ¿a cuántos anarquistas detenidos? hirió a cientos, apaleó a mujeres, niños, ancianos, estudiantes y monjas. Yo no estuve ahí, pero lo vi en el mismo momento que sucedió; dos de los periodistas que cubrían el evento en vivo fueron golpeados, y después aparecieron al aire para justificar la acción diciendo que habían sido "confundidos" con anarquistas, a lo que el comentarista declaró "Por uno la llevan todos". 
He visto a muchos conocidos venderse a los periódicos, a las televisoras, a las instituciones culturales; pero me da gusto que este otoño ya las cosas no se puedan ocultar porque la narrativa oficial ha caducado; conocemos muy bien al enemigo y sus tácticas (y lo que el enemigo daba a cambio de unirse a él). ¿Que haría el Estado si todos esos vendidos, por ejemplo en el Sistema Nacional de Publicaciones, o en el Fondo Editorial Tierra Adentro, o en el Sistema Nacional de Creadores de repente dejara sus puestos? Porque hasta los vendidos se están cansando de tener el tolete en la boca y la bota en la cabeza; no importa cuántos viajes a Cancún les organicen, ni cuanto alcohol les subsidie ese Estado; ni a cuantos agasajos en el extranjero sean comisionados. Los vendidos son delicados, tienen familias delicadas y aman la seguridad que les había proporcionado su cobardía, y gustan también de los buenos comportamientos; lo salvaje les parece digno de cabaret, o les provoca náusea, Y el Estado ha levantado la mano para herir ese orgullo clasemediero lastimando su "dignidad" y sus intereses. Los vendidos son vendidos aquí y en cualquier parte, se venden a cambio del bienestar, del privilegio, de la jerarquía, de la alfombra y el reconocimiento. Y hasta esa simulación de reino para intelectuales y artistas que muy bien sabía construir el PRI, se está viniendo abajo, administrada por el mal gusto de las televisoras. Los vendidos no usan diamantes de utilería, como en las telenovelas; cuando alguien no sabe ponerles la corona, los vendidos no tienen empacho en morder. Entonces ahora sí, estamos un poquito más completos y mucho más parejos ¿Qué no? Los vendidos ya son parte del pueblo, y a un pueblo furioso desde la raíz de sus instituciones culturales e intelectuales: a) se le masacra b) se le respeta.


El mundo se está incendiando, y entre alguna de las maravillas del fuego está la purificación. La naturaleza nos suelta de la mano, a ver si ya aprendimos a caminar.  Nos retira a algunos de nuestros más queridos maestros. Uno de mis maestros más queridos ha sido Tich Nhat Hahn "Tai". Que desde hace días se encuentra hospitalizado después de haber sufrido un aneurisma. 
Tich Nhat Hahn es poeta, monje budista, impulsor de la corriente zen "Mindfulness", amigo cercano de Martin Luther King, exiliado por combatir el sistema represor en Vietnam; levantó un monasterio en Francia, y otros tantos en el mundo. Tendrá quizá más de ochenta años. Sus estudiantes más cercanos están preparados para despedirse de él. Yo no he llegado a ese nivel de iluminación. Me he despedido de muchos amigos a lo largo de estos años; me he despedido de muy pocos maestros del nivel de Tai. Pero, gracias a sus enseñanzas, a sus libros, a sus poemas, seguramente sabré qué hacer con mi sufrimiento. Aunque quizá después de haber salido del coma en el que estaba, la naturaleza se compadezca de personas como yo, y nos deje a Tai, por los menos, otros treinta años.


México: Los Supercívicos
¿y los libros? ¿y la casa? ¿y la escritura? sombras
Había vivido metiendo primero el cuerpo en todo lo que vivo. Bueno, ya tengo cuarenta, así que en algunas áreas de la vida no puedo meter el cuerpo tan fácilmente como lo hacía antes. Quizá por eso me he vuelto un poco reflexiva. Me ha comenzado a obsesionar la estructura del pensamiento; también en mi escritura la estructura del pensamiento ha sido fundamental para crear una forma estética, lo sé; pero antes sólo observaba mi propia estructura de pensamiento y la reproducía en cualquiera de mis libros. Ahora reflexiono sobre esa estructura, no sólo la observo y la mantengo intacta, me acerco a ella, me sumerjo en ella y la transformo. Esos viajes me fascinan. Por eso creo que este libro nunca lo voy a terminar: tengo estadísticas, fotografías, vida, talento y cuarenta años. No me importa terminar un libro, me importa escribirlo, hasta donde tope. Así que las preocupaciones de entregas y límites tampoco me atormentan. Me atormentan ya muy pocas cosas. No sé si algo me atormente de veras. No soy feliz, pero eso no me atormenta. No tengo expectativas de ser feliz, tal vez por eso el hecho de no ser feliz no me atormenta. Una sola cosa me atormenta al grado del insomnio y es, el camino del mundo, la sangre del mundo, la violencia del mundo y, claro, el armamento del mundo. Pero esos son insectos mentales fáciles de espantar al día siguiente porque en realidad desconozco todo sobre el mundo, lo que me atormenta es una construcción que hago, una estructura que levanto desde mi pensamiento a partir de algunos datos. Realmente mi cuerpo no ha estado en Syria, ni en Corea del Norte, ni en SurÁfrica para entender o temer realmente algo. Acepto el sufrimiento emocional, la ansiedad, la angustia, el temor a no tener dinero suficiente ¡Ah, cómo nos atormenta el temor a perder cierta estabilidad económica! ¡Y cómo perdemos el tiempo imaginando que si tuviéramos "estabilidad económica" nuestro mundo (el mundo personal) sería diferente! ¿Por qué permitimos que el dinero (códigos, fierro, papel) se vincule a nuestra satisfacción? ¿No es eso morder el anzuelo del control de manera absurda? En fin. No estoy en mi casa hoy, no tengo casa hoy. Pero estoy en un lugar donde existe el silencio, el frío no penetra y la luz me acompaña interrumpida por uno que otro ladrido, maullido o motor. Cuando escucho las quejas de mis seres queridos, cuando veo a alguno de mis amores listo para pelear por algo (defender vilmente un punto de vista para obtener lo que quiere, manipular a través de su elocuencia, hacer planes y estrategias para "avanzar" es sus planes de vida) siento que contribuimos tanto con esa guerra que desconozco, que añadimos dolor al despedazamiento y al desplazamiento de los cuerpos, que sumamos oscuridad a la tortura que, esa sí, conozco cabalmente.
En nuestra manera de manejar, convivir o aceptar el dolor reside la clave para contribuir o no con la guerra; tal vez no se trate de soportar el dolor, tal vez sólo se trate de ser capaz de aceptar el dolor como parte de la vida en lugar de negarlo, huirle o evadirlo. A fin de cuentas todos sabemos, por experiencia, que ni la felicidad ni el dolor son permanentes.
Cartera para pasaporte hecha para la inauguración de Paisaje Roto. En Houston, Texas.
Piel de cordero con tinta de oro. Concebido y diseñado por el artista Jorge Galvan Flores.
En edición de 15 ejemplares. (Lo tenía para regalar, pero ¡mejor no!)


Estoy muy triste. No tengo remedio. Bueno, ustedes saben que para mí decir "estoy muy triste" quiere decir "en estos quince segundos que escribo esto estoy muy triste, después quién sabe". Mi corazón se rompe frecuentemente, pero también frecuentemente percibo que mi corazón cada vez abarca un espacio más amplio. Ayer, fui al Consulado Mexicano en El Paso, porque mi hermano Luis exponía tres de sus fotografías en un evento que nunca entendí, pero sucedió. Como también ustedes podrán imaginar, desde hace años tengo yo cierta reticencia, por no llamar náusea a los eventos institucionales de mi expaís. Qué vergüenza formarse en la cola para los bocadillos o el vino costeados con dinero público cuando en el país los jubilados no tienen para medicinas (no menciono los crímenes de Estado porque no quiero causar polémica, con mencionar el hambre que hay en mi expaís es suficiente para no pararme a festejar absolutamente nada). Pero quería estar con mi hermano, ver sus fotos,  estar con él. Así que ahi di la vuelta, abracé a mi hermano, y me detuve -con mis amigas- junto a la mesa del vino y los bocadillos, que -debo aclarar- no toqué. Comencé a ver pasar señoras entaconadas, viejas intentando parecer jovencitas, máscaras cuarteadas por el maquillaje; homosexuales buscando atención un poquito borrachos, reproducciones de look de la primera dama (entiéndase actriz de telenovela) con la nariz alzada, la cirugía alzada, las pestañas postizas alzadas y el sueño de que por ser las amantes de alguien en el Consulado son superiores. Fue, casi-casi como estar en una fiesta oficial de narcos, en el kiosko de Puebla, plagada de actitudes victorianas y viles: el tv-show de las clases sociales. Sólo había pasado una hora y yo ya describía a los invitados, con suavidad de peces, moviéndose a la mesa de bocadillos y arrasado como pirañas. ¡Comieron sin que el acto de comer fuera notorio!. Entonces decidí que ya había hecho lo que quería hacer. Pensé que algo en mí había cambiado porque esta vez, dentro del asqueroso terreno institucional, me había mantenido sin tacha. Comencé a despedirme de mi hermano, luego fui al área de la tercera edad y me despedí de mi mamá y antes de salir toqué el hombro de mi hermana para decir adiós; mi hermana estaba con un grupo pequeño, volteó feliz y dijo, "ah, ella es mi hermana, es escritora; mira Loli, él es el Consul." Eso no lo esperaba, el Consul estaba acompañado por una réplica en miniatura de actriz de televisa, bronceadita y con el cabello teñido de rubio. "Mucho gusto ¿usted es el consul?" pregunté y sentí que algo como una furia inundaba mi cabeza: "---Faltan 43. ¿Perdón? preguntó ---Faltan 43, Consul." El rostro de la actricita se puso en su mala caracterización de fastidio (la única experiencia cercana al fastidio que conocen es el olor a mierda). Al Consul le subió el color al rostro y dijo, "Sí". "Y un milloncito más" agregué. Mi hermana se rió. Me di la vuelta hasta donde estaban mis amigas y las invité a comer un pay en alguna cafetería. ¿Entonces el Consul de México es como un representante del Presidente? preguntó una de ellas que -obviamente no es mexicana-.
Lo triste no es llegar y protestar ante un Consul de manera sutil en el "extranjero". Mi tristeza surge de la experiencia de la furia;  el dolor ante un funcionario y su farsa de país reproducida en otros países, apoyada por una población condicionada para llegar ahí -al supuesto poder- a como de lugar, para divertirse con los desfiles de la vileza y la prepotencia. Esa ilusión, ese embeleso de los demás en contraste con un Estado criminal y sus asesinatos, me produce esta terrible sensación de lo irremediable.

No queda otra que la foto desde la webcam en el escritorio. Nos vemos en un ratito amigous.



Marcha silenciosa del EZLN en Chiapas, hoy 8 de octubre.


Hace tiempo que no recuerdo fechas. Recuerdo, tal vez, la fecha de tu cumpleaños. Recuerdo el dos de octubre. Ahora tendremos que recordar el 26 de septiembre: ese gatillo, que nos ha vuelto a sacudir. Y digo que no recuerdo fechas porque quisiera recordar el día en que el Sub-comandante Marcos dijo no es los mismo decir "estamos contigo" que enfrentar a los militares armados para defender lo que es digno; fue cuando asesinaron a Galeano, para mí es como si fuera ayer ¿fue ayer? ¡Fue ayer! también ayer secuestraron y encarcelaron al vocero de la tribu Yaqui en Sonora, para abrir paso a los nuevos "dueños" del agua en México. Ese que antes era un país está arrasando a pasos agigantados con lo que se fue apropiando poco a poco so pretexto de una guerra contra el narco que bien negoció el PAN mientras estaba en el poder. Yo sé, yo sé que todo esto es un proceso porque viene un gran cambio. Y sé también que después de ese cambio habrá paz. También sé que las palabras sirven únicamente para decir esta boca es mía y en este lugar es donde puedes poner la bala. Pero hace mucho tiempo que nuestro lenguaje no se oye; hace mucho tiempo que nos cambiaron el significado de las palabras: "desaparición forzada" "desparecido" "elementos balístico" "llegaron en dos unidades" "peinan la zona" "un masculino" "una fémina" "una menor" y frases por el estilo nos fueron alejando cada vez más y más del verdadero mundo, del mundo donde existen los secuestrados, las balas, los automóviles, los hombres, la selva, el desierto tomados por los militares, los niños, las mujeres; en un gobierno que no gobierna, que se dedica a exterminarnos poco a poso. Un gobierno que quiere hacernos creer que somos los sospechosos, que somos los asesinos, Yo sé que es un reajuste de los sistemas mundiales de poder. Lo sé. Y que cuando crean que han logrado reajustar el mundo tendremos calma. Pero también creo que se les olvida un pequeño detalle: todos nosotros somos parte de la naturaleza, en cada cuerpo hay agua, fuego, aire, tierra y mente; y lo que se hace con cada cuerpo se le hace al mundo entero: desde ponerle pestañas postizas hasta inyectarle silicón; desde cortarlo como si fuera un árbol para que no haga sombra; ¿Qué poder es más grande que el de la naturaleza? Por eso nunca olvido que la naturaleza se mueve en silencio, debajo de las superficies, y no la verán llegar. Por eso también creo que la naturaleza está procediendo, desde su poder vegetal, desde la severidad mineral, desde su inmensidad energética y, cuando esos que creen que tienen el control y reajustan el mundo se den cuenta, ya no podrán saber ni cómo se llaman.

d.




Pasé tres días maravillosos junto a un lago en Nevada, observando la quietud del agua. Con muy pocos momentos para estar sola, pero aún así, suficientes momentos. Tuve una cena literalmente divina en un restaurante italiano (ya saben, todos esos estimulantes para el sistema nervioso: salsa de tomate, harina, queso y alcohol -sin contar el pastel de chocolate). Mi corazón se estaba rompiendo dentro de una felicidad tranquila. Empiezo a entender, cada vez más, las rupturas de corazón. Esta ha sido como una purificación cerca del agua, como un bautizo. Ayer, antes que amaneciera, con los ojos cerrados, la cama a la orilla del lago, tuve la sensación de que mi mente es mucho más grande que mi cuerpo, y puede detenerse más allá de mi, en cualquier otra parte. Estuve mareada por esa sensación, en un duermevela plácido e inquietante. Mi corazón esta vez se rompió, como si estuviera hecho de azúcar disolviéndose, de forma tibia: sin dejar nunca de querer. 

d.


Los más de cuarenta jóvenes "desaparecidos" en México. (Oh, "apareció" uno: desollado).

Y ya, que se publicó mi libro Estilo (que no es poesía, es prosa) en la colección La Noche Cúbica, de Ecuador. ¡Allá nos vemos, folks! (invítenme a publicarlo en Ururguay y Guatemala y en Bolivia y Colombia, voy a decir que sí).

d.


"¿Por qué chupa aquellas hierbas?", contesta que él, sintiendo en sí superabundancia de vida, busca su olvido y lo halla en el zumo de esas hierbas, pero que su principal deseo se reduce a... perder cuanto antes el juicio (deseo que acaso estuviese de más)."

Fedor Dostoievsky
machthisweek 9-1

Les había platicado de mis problemas para entusiasmarme lo suficiente en estas fechas. También les he platicado del hartazgo que me ocasiona el culto a la personalidad en todas las esferas de este fenómeno que somos. Últimamente también he platicado con algunos amigos en relación a los "conversatorios" que se han generado con la idea de transformar un poco la forma en la que percibimos el, y hacemos arte. Estamos intentando cambiar las cosas, es obvio que ya nos dimos cuenta de la farsa en la que hemos caído, sobre todo los artistas nacidos a finales de los cincuenta y principios de los setenta. Hacemos pruebas. Los conversatorios han desembocado en la reproducción de los sistemas que criticamos: alguien se sienta en una mesa para conversar, sostener su punto de vista y demostrar que tiene los mejores argumentos para justificar su "verdad": Ñeee.  A veces los conversatorios se convierten en el alimento que el conversador necesita: tener la razón, ser reconocido, aceptado y comprobar que intelige "correctamente". Yo he optado por no presentarme en muchos lugares para no sumergirme en las mieles del culto a la personalidad (con los chapuzones que yo me proporciono a diario es suficiente, que una audiencia me de la razón o me "reconozca" y me encuentre mal parada, puede hacerme perder la razón (razón que no tengo, btw). 
Ayer,  leí dentro de un clóset en una casa de Pasadena, dentro de un proyecto de Machine Project. Un completo experimento. Por toda la casa había performances: danza, lectura de energías, instalaciones y, en un rincón de la casa, dentro de un clóset estaba un poeta. Así que cualquiera podía entrar al clóset y vivir la experiencia de tener una lectura de poesía completamente privada. La idea fue de un artista que sólo conozco por el nombre de Mark, el creador de Machine Project. Nunca he hablado con él, peeero el poeta (y amigo) Anthony McCann (quien colabora con Machine desde sus inicios) me invitó a leer, en un ambiente completamente gringo, dentro de un clóset, recibiendo a las personas de una por una, únicamente en español. Me encantó la experieicna porque, contrario a otras lecturas, donde solemos leer ante una audiencia, aquí me encontraba cara a cara con la persona interesada (por la razón que fuera) en escuchar poesía en un idioma que, probablemente, no iba a entender muy bien. La experiencia, sencillamente ¡fue fantástica! La gente llegaba, se asomaba al clóset, dudaba un poco ¿es sólo en español? eh, no importa, nos presentábamos, platicábamos un poco, a veces, y sencillamente dejaba de existir la separación entre el público y la audiencia, o entre un idioma u otro, o entre "la personalidad" del escritor y la "perssonalidad" del espectador. Preguntábamos lo que queríamos preguntar, platicábamos sobre el espacio, algunos visitantes al clóset eran escritores. Sólo hubo una persona con la que no platiqué: fue una escritora a quien ya he visto en otras lecturas, ella entró y reprodujo a pequeña escala las lecturas donde nos habíamos encontrado. De ahí en fuera el experimento dio como resultado una interacción fresca que me permitió estar cerca de personas, muchos de ellos artistas, mucho más jóvenes que yo. Y tener cerca esa inocente percepción del arte que funciona como un verdadero generador de cambio. ¡Qué gran aprendizaje! ¡Viva LA! ¡Qué buena despedida experimental me están dando!
Puras cosas tristes: guerras aquí y allá, amigos en las guerras aquí y allá; virus en las computadoras, redes sociales esclavizantes, teléfonos esclavizantes,  universidades donde se estudia para ser crítico y no se es capaz de vivir sin las "novedades tecnológicas" del iphone. Oh, well. Ayer, mientras hacía un recuendo de esa decadencia existencial que nos rodea me decidí a buscar una cosa buena hoy. Una cosa alegre. Por su puesto la encontré, pero entre más encuentro cosas que me alegran más abismalmente me encuentro separada de las preferencias del mundo. Comencé a grabar mis soliloquios, por ejemplo, eso me alegra. No porque piense que digo cosas importantes, sino porque oigo mi voz como transportada hasta la grabadora desde otro planeta. Los ensayos introductorios de la obra de Dostoievsky en Sepan Cuántos ¿Nos estamos alejando, verdad? Me alegran esos ensayos rusos tan maravillosamente traducidos y que, en ocasiones, parece que son escritos en contra del mismo autor. Las noticias de mis libros en otros países, Me gusta ver en fotografía lo que no puedo tocar porque está en otro continente: estoy en otro continente y no me puedo tocar, en otro idioma y no me puedo tocar soy y no soy yo, ese sentido me da la fotografía. La ciudad que no puedo tocar: Juárez, mis amigos me mandan fotografías de la devastación; no me alegra la desvastación, me alegra la percepción sensible de mis amigos en una ciudad destrozada. Y las invitaciones a otros países, eso también me alegra, porque oh buena noticia ¡ya puedo salir de este país!. Deberían alegrarme cosas como el jardín, mi mascota, la luz que entra por cada ventana de la casa, algo más presente, pero llevo un mes anclada en el futuro: me alegra lo que va a pasar, me alegra lo que está por suceder y descuido las cosas de esta tierra. Ya está, para mañana me propongo enamorarme del presente. Cambio y fuera.


A Juan Manuel Portillo

Tengo miedo. He pasado estos días trabajando exhaustivamente. Sin posibilidad de descansar, venir aqui, saben mis queridos lectores imaginarios, es descansar. Pues no había venido. Pero hoy es urgente. Decidí, cansada de tanta nadería, volver a leer a Fedor Dostoievsky; Dostoievsky que, como ustedes saben estuvo a punto de morir fusilado por publicar un diario clandestino pero se le otorgó el perdón a cambio de cumplir años de trabajos forzados en Siberia. Dostoievsky que en 26 días, para salir del paso, escribió una novela que cubriría parte de sus deudas: El Jugador. Que el único tiempo que tuvo para disfrutar la vida fue cuando cumplió cincuenta, porque alguien más se hizo cargo, epiléptico del cuerpo y del alma. Cuyo peor enemigo era él mismo. No sé cuántos de mis lectores imaginarios en este papel imaginario hayan pasado hambre, de la de verdad, no ese capricho que se levanta a molestarnos cuando la fila del restaurante favorito está muy larga.  Estoy congelada por el miedo. En mi mesa tengo libros de Agamben, Arno Gruen, Cortazar, Onetti, Gardea, Viel Temperley, Victor Serge, Choygan Trungpa, Macedonio Fernández, Deleuze y Guauttari. Y no puedo evitar preguntarme ¿Qué no estamos viendo? ¿No estamos viendo? También tengo "Demonios" de Dostoievsky ¿no estamos viendo? ¿podríamos poner nuestro papelito escrito junto a Los Hermanos Karamazov? ¿Nuestras reflexiones u opiniones junto a los estudios del comportamiento humano que ha hecho Arno Gruen?  Nuestra constante lucha por tener la razón ¿podríamos ponerla sin sentir vergüenza junto Gilles Deleuze o Infancia e Historia de Giorgio Agamben? Entonces quiénes somos para celebrar que tal poeta ha llegado a viejo o que un amigo hace más ruido que otro con sus poemas experimentales, o que una descocada recibe un premio por el bien de la nación, mientras le colocan una corona como a cualquier descocada. ¿Cómo podemos llamarnos escritores desde nuestros cubículos, diciendo frío sin conocer el frío, diciendo hambre sin conocer el hambre? ¿Cómo podemos creer que la mente son sólo los tres primeros escalones -y un video-? Me rindo.
Me imagino lo que es el hambre, pero no la quiero, en efecto: hambre imaginaria
"No somos extranjeros en esta tierra. No estamos invadiendo ningún territorio [...] No queremos ser condenados a emigrar, que es otra forma de genocidio que se ha orquestado en nuestra contra . ¡Paren esto, sociedad civil!" expresaba Mario Luna. Hoy fue secuestrado.


Let’s Take a Trip Up the Nile



Esta frase fue acuñada en la frontera. De las frases más emblemáticas que la literatura fronteriza ha construido. Su creador, Francisco María Sagredo, un ciudadano de 69 años de edad, poco después fue acribillado a las puertas de su casa, junto al lejendario terreno que sirvió para abandonar 9 cadáveres cuyos crímenos, como el del creador de la frase, nunca se esclarecieron.  De los pocos que atinaron con una sóla frase a decir algo. 

---Estamos locos todos.
---Yo no estoy loca. Mis caderas se esponjan.
Afuera se oyen gotear las hojas de los árboles.
Ha llovido mucho en mis sueños ---dice el hombre. Y luego:
---Donde yo vivo los muertos tienen unas lámparas negras.

                     Jesús Gardea (de libro de cuentos "Las luces del mundo")