Esto anda haciendo el barrio en voz de Louie Speaking Eagle
(lindo escuchar el crédito a OllinIlhuicani-Cielo Portátil-Portable Sky).
Native Indian Brown Power! (I guess).



Quería venir a mostrar mi homenaje a Yoko y Lennon; supongo que cientos de mujeres han hecho lo que yo: homenajear a una mujer que supo manifestarse en su grandeza, incluso -y sobre todo- dentro de los estándares de comunicación masiva que la televisión significaba en aquellos tiempos, en el país que hizo su reino usando la supremacía blanca como cimiente. 
Una mujer asiática-americana casada con el cantautor más famoso del mundo; grabando, gritando, colaborando con la clara intensión de mandar un mensaje masivo: nada de lo que transmiten los medios de comunicación es realmente importante, lo que nos dan es sólo una ilusión. 
Cómo se estigmatizó a una mujer que no usaba maquillaje, que se mostró desnuda, que invitó al mundo entero a visitar su cama, que mostró (sin cobardía) su parte más intima, que demostró que se podía confiar, y que la paz era posible. 
Los medios, amenazados, la mostraron como el demonio que separó a Lennon de su hermoso y rubio destino, como la mujer fea pero con suerte que usando artilugios sexuales tenía a su lado al anglosajón más famoso del mundo; la exhibieron como símbolo de la promiscuidad, para asegurarse que ninguna otra fuera a seguir su ejemplo, y sembraron la idea de que usó la fama de su esposo para sus propios intereses, mezquina. El mensaje de siempre: la superioridad del marido, la anulación del poder de la mujer libre y de "color".

Y hablando de maridos, no puedo dejar de pensar que Lennon fue un hombre valiente total. Que no tragó la píldora de los condicionamientos y que fue libre hasta su último respiro,
La libertad es un paraíso que cuesta, pero que vale, absolutamente la pena, cada miedo que hay que sobrepasar para llegar a ella. No podría homenajear a una mujer como Yoko sin poner atención al hombre que eligió para, a través de él, manifestarse y entenderse a sí misma ¡esa mujer, que no necesitaba de nada ni de nadie!  
¡Sigan viviendo quienes aman con libertad, la libertad! 


"Yoko and me, thats reallity"


No sé por qué esta canción ha estado sonando en mi cabeza, cuando el panorama es tan... tan... anywho... y cada vez que suena en mi cabeza también pienso en ti. No hay relación alguna salvo el hecho de estar experimentando realidades absolutamente distintas (la imposibilidad) y que tú, tú... ah, nevermind.

Hace tiempo que quería traducir esta reseña de Estilo, una de mis lecturas favoritas (no sé si una de las mejores) que alguien haya hecho de mi libro. Agradezco muchísimo a Allison Noelle Conner por tomarse el tiempo para escribir y describir esto que aquí traduzco y cuyo original apareció aquí: FULL STOP en inglés y que tituló Style - Dolores Dorantes. Comienzo con la portada del libro (una ilustración de Henry Darger) porque es desde ahí, desde donde Noelle decidió comenzar a describir su aventura. Ahí va: 
Estilo - Dolores Dorantes
¿Cómo la imagen de portada nos prepara para las rupturas y reveces de Estilo, de Dolores Dorantes? Las pintura de Henry Darger representa a unas jovencitas abriéndose camino entre tormentas de agua. Dos niñas en primer plano parecen perdidas en un juego de mímica mientras otras, al fondo, parecen vencidas por la incertidumbre, el miedo o el pasmo. Rayos voraces cruzan sobre el cielo nublado. ¿Ha habido un desastre? La contraportada es la continuación de la parte frontal pero contiene una sorpresa perturbadora. La estatua de una figura uniformada a la izquierda, suspendida en una lucha brutal con una niña que se enrosca detrás, la lengua de fuera. ¿La está ahorcando? ¿Ella se burla de él? ¿Cómo entender esta visión de pesadilla?
Estilo es un poema en prosa contado en tres partes ---secciones en cursivas son el preámbulo de racimos numerados de trozos narrativos. Comienza con el #6 y termina en el #29, antes de dar la vuelta para incluir #1-4. No hay #5. Algunos números se repiten.  Las secciones en cursivas describen usos específicos para la palabra Estilo, incluido en botánica (en una flor, la extensión del ovario que termina en el estigma) y el sentido personal de Dorantes (una búsqueda paciente y extendida de sí misma). La definición botánica abre el libro; está junto al estilo como forma básica de expresión. Leer los dos significados. uno detrás del otro, produce cierto efecto. En una flor, el estilo es la prolongación del ovario pero no es el ovario en sí, porque no contiene óvulos. Al mantener los significados enganchados ¿cómo un modo de expresión puede ser la extensión de, pero fallar al ser la expresión misma? ¿Cómo personificar este espacio de tensión -de ser y no ser?
#6 comienza con imágenes de ramas cruzando "la interminable piel del cielo" que rápidamente cambia para acompasar el "nosotras".
             Tiras de cielo tienes de nosotras, fervor, Tiras somos. Partes vivas de un árbol.
Estilo es narrado por una incansable voz plural femenina, signada por la aparición del "nosotras". Le hablan al "tú" desconocido, cuya identidad muta azarosamente. ¿Eres tú el maestro, el torturador, el amo, el presidente, el amante, el capataz, el lector? Tú es todos los nombrados, nadie y más.
                Somos tuyas. Para tu voluntad y queremos lo nuestro. Vamos acomodándonos                     ahí. Calentando ahí. Corremos como la sangre y las lobelias del miedo. Entramos                 como la frescura. Nos acomodamos ordenadamente, como militares o joyas.
La narrativa gira alrededor de unas cuantas acciones e imágenes recurrentes, creando una agobiante sensación de compulsión, acumulación y de estar enredado en una trampa: racimos de flores, lenguas, máscaras, correas, códigos, visitas a tu cama. Este coro furioso que vive en el cielo, usa "tu máscara de presidencia perfecta" aunque no pertenece de ningún lugar. Te piden que les tapes la boca, que las ataques con armas, recibir los golpes. Quieren destruir las marcas del Estado: oficinas, fábricas, escuelas. Mientras permaneces asfixiado en su red infinita de persecución rabiosa.
                     Te esperamos latiendo como minas. Por debajo y por dentro. Por debajo y por                      dentro. Por debajo y por dentro somos un mar de nenas de ceniza. Somos                            adolescentes armadas cruzando la frontera.
En su reflexión sobre la experiencia de traducir Estilo, Jen Hofer plantea cómo es que Dorantes usa la palabra "minas" ondeándose y desdoblándose en formas que el Inglés no puede captar. Minas como lugar de extracción de minerales o sitios de explosión militar, respectivamente. Mina también es un término de caló para "nenas". Al mezclar y tallar definiciones, Dorantes crea resonancias chocantes que generan eco de formas perturbadoras. Nenas (incluso en el sentido más femenino) estallan ---de dolor, de rabia, de cansancio, de muerte; son lugares de constante violación y explotación. Como minas, la indetenible fuerza del texto permanece escondida; no podrán ser encontradas "más que en los inesperados pasajes de la mente" anticipándose. Contienen impulsos, entrelazados, y subvencionados (aparentemente) contradictorios: guerra, refugio, dominación, sumisión, deseo, odio, víctima, agresor, pertenencia, no-lugar. 
Una trampa binaria comprendida en la superficie.  Aquí el pensamiento dual es remplazado por la meditación en las intersecciones --- Dorantes nos señala un lugar que contiene energías conflictivas simultáneas. El texto oscila entre demandas, peticiones y potenciales/ incómodas/subtextuales/combinaciones entre ellas. "Que tu racha de pájaros pase sobre nosotras" y regresa a "Amárranos, pónnos la correa. Ordena échense y muéstrenme la lengua: una racha de pájaros" que recuerda a "A partir de esta noche siempre será de noche y nunca dejarás esta cama: larga racha de pájaros y una presidencia. Venimos"
Por medio de la repetición, Dorantes quiebra y reordena el lenguaje enfatizando su elasticidad y su ambigüedad. "Racha de pájaros" encarna una acción, una esencia, un efecto, una advertencia, una negación. Su significado es inestable, vibrante, se (des)crea a sí mismo frente a nuestros propios ojos. En su texto, el lenguaje se desarraiga, muta, reinicia, niega. Esta frase ocurre frecuentemente, un refrán nos caza: "Este libro no existe". ¿Qué hacer con un libro que insiste en su propio no-ser?
                  Este libro no existe. Todo lo dicho en nombre de un amor que no dura. El                               desahucio de cada línea. La droga en que se ha convertido ver la sangre. 
El libro no existe. "Es un organismo que camina" pasando por, e interrumpiendo nuestra comprensión de cómo deberíamos movernos, hablar, hacer y actuar. Dorantes está especialmente interesada en los diálogos entre nuestros estilos de consciencia y cómo nos movemos, hablamos, construimos y actuamos a través de ellos. En una conversación con Ben Eherenreich, explicó: "Por mucho tiempo he reflexionado acerca de los condicionamientos que nos mantienen anclados a ciertos sistemas de poder y que generan dentro de nosotros la reproducción del mismo sistema que criticamos... he pensando mucho acerca de la marca que queda al final de ese proceso de reproducción".
¿Cómo y cuándo la expresión se deforma convirtiéndose en un modo de reproducción sin sentido? Cuando nos apropiamos del lenguaje de los procesos de producción (fabricación).
Dorantes señala las muchas maneras en las que podemos resbalar inadvertidamente
---Individual/colectiva, privada/pública--- dentro de la automatización. En el texto están coludidos los gestos personales con imágenes de monitores, líneas de ensamblado, consumo y contaminación. Nos está pidiendo reconsiderar nuestros propias implicaciones en la expresión y sus consecuencias. ¿Dónde se fabrica la violencia? ¿Qué estilos permiten y alientan nuestro condicionamiento, nuestras reproducciones? ¿Cómo estar/ser en sistemas que te colocan en estados de negación permanente?
Estilo rechaza esta lógica de exterminio ---que puede ser disfrazada como trabajo, como nación, como protección, como literatura, como amor--- deshaciendo varios modos. La expresión se vuelve energética, una impredecible cacería actual entre dos o más fuerzas. Tú, un instrumente del patriarcado represor, enfrenta los hilos de su construcción violenta. Nosotras, representa un nudo sin deshacer: lo despiadado no puede divorciarse de sus acciones construyendo un estado desposeído. Están condicionados por un impulso basado en su destrucción. En lugar de reproducir el terror, Nosotras reescribe la furia del muro de lo no descubierto y el suspenso, que no terminan nunca.  Al final del #10, el texto se burla "somos tus códigos, una hilera de números para que nos sometas. Números rojos y calientes. Hirviendo." La siguiente página continúa: 

                  11.- Una hilera de nenas esperando. Una hilera plagada de preguntas. ¿De que                    lado del pensamiento te ronda más la muerte? ¿Cuántas piensas que somos?                      ¿Cómo viniste a ser nuestro maestro? ¿Fervor? ¿Racha de pájaros? ¿Disfrutas                    al cerrarnos la boca? ¿Esto es ambiguo? ¿Puedes oír los códigos que somos?
Un descuido sistemático produce su precario no-ser. Nosotras no son sólo cientos de nenas quemándose juntas; no son el solitario enjambre de muchas piernas fervorosas con "máscara de niña y lengua de animal". Encarnan la marca dejada al final, reverberaciones silenciosas de las sanciones del Estado, su crueldad y su complicidad. Estilo no ofrece una solución. Lo que permanece es una sostenida y activa meditación, "este mundo que ya no es el mundo", un lugar deshecho por su propio apetito voraz. Esos que continúan mudos, desaparecidos, desahuciados, exiliados, se alzan para respirar su devastación. 
Allison Noelle Conner vive en Los Angeles, donde trabaja como asistente de editor  de ficción en The Offing
Foto: Luis Dorantes,
Catedral San Patricio; El Paso, Texas. Noviembre 2016.


Noviembre ha sido un mes diferente, no sé si para todo el mundo pero para mí lo es. ¿Recuerdan que en abril comenté que me daba miedo dejar el amor? Creo que mi noviembre diferente se debe a que el 2 soñé contigo, con tu cabello rubio. Tú eras puro sol. En el sueño estábamos ahí, en el sol, en una mesa de jardín y yo acariciaba tu cabello. Eras felicidad pura. No es añoranza lo que me provoca estos sueños o estos sentimientos. Son realidades que viven en mí, son momentos presentes. Es vivir en varios tiempos y en varias dimensiones. En lugar de dejar de amar, amo cada día más y, cada día me siento más y más libre. ¡¿Qué es esto?! No sé. Antier soñé que era una niña y que jugaba con mi muñeca favorita. Entonces recordé esa sensación de jugar con mi muñeca, de cargarla delicadamente, una muñeca que se quedó olvidada en un clóset en una de las mil mudanzas familiares, y de chica pasé años imaginando que regresaba a esa casa vieja y la recuperaba (mi hermano Luis y yo, le decíamos a ese clóset "El clóset de nadie" porque estaba en un pasillo y funcionaba como la bodega de todos). Mi muñeca estaba casi nueva. Con cuerpo de trapo y cabeza de plástico. La sensación de estar sumergida en el cuidado de mi muñeca como si se tratara de un recién nacido, me enterneció. Me enternecí de mis sentimientos de otros tiempos, de mi corazón pasado. Contrario a lo que podríamos imaginar yo creo que ese, el tierno, es el corazón viejo; el que ha quedado atrás. El de ahora (el que puede asomarse a aquél otro tiempo a través del sueño) es el corazón nuevo, el más reciente, el que puede observar y disfrutar de la ternura del pasado con detenimiento. Mi corazón es nuevo, porque cada vez que observa el pasado, el pasado vuelve a nacer: distinto, mejor; el corazón  nuevo no observa con intenciones de regresar. 
Lo que ha pasado este año no es que ya no ame. Amo irremediablemente mi libertad. Sin duda alguna, y por ende, amo la libertad de quienes amo. Sea lo que sea que los haga felices, libres, yo lo amo. Esperen algo de mí o no lo esperen, me busquen o no me busquen, estén o no estén conmigo. Es igual. Ya no tengo el impulso, en las cuestiones del amor, de alcanzar algo. Se trata de una paz que no podría describir de otra manera. No significa que crea que he llegado a algún lado, al contrario, creo que (quizá) esto se trata, precisamente, de algo que no termina nunca.

foto de pantalla del diario Le Monde


Hace días escribí este post, y lo escribí mal; o por lo menos así lo sentí yo; por eso lo pasé a borrador y después recuperé la imagen para volver aquí e intentar observar qué era lo que quería compartir realmente. Lo que quiero compartir realmente es la "noticia" (yo sé que para muchos de ustedes las comillas siguen sin importar un comino, para mí todavía dicen algo -BTW-) de que en el diario Le Monde, en París, un crítico se tomó la molestia de detenerse en uno de mis libros: Style/Estilo; que Cathy Fourez tradujo al francés, y que se publicó en L'abre Paroles el pasado marzo. Poco tiempo tiene la publicación, una publicación pequeña que se distribuye en Bélgica y Francia, pero ha dado su primer frutito. Un comentario en Le Monde, y un comentario bastante positivo, que dice (a grandes rasgos) que Estilo es una denuncia contra todas las formas de opresión, básicamente.
Agradezco, y él lo sabe, muchísimo a Victor Martínez por la pasión y el esfuerzo puestos en la difusión y en la publicación de este libro en francés; y a Cathy también por su brillante trabajo, desde luego. 
El post anterior que abordaba el mismo tema, estaba salpicado de mi propia rabia, y esa rabia (pensé) en un país conde la rabia se desborda, no tiene sentido acrecentarla. Es mejor compartir el lado lindo de la rabia, que genera libritos y artesanías así, para que nos entretengamos amándonos.
¡Hola, americanos! ¡Hola, Latinoamericanos! Hoy por la mañana, mientras sentía la enorme decepción que rodea el barrio, el miedo de mi hermano y la desesperación de otros tantos seres queridos y estudiantes solté una pregunta: ¿Cuál es el plan? No hice más que preguntármelo para comenzar a verlo: sentido común, que le llaman. Pude ver la barricada en la que nos convertimos y la forma en que se parte nuestro continente para comenzar, de forma más abierta, el exterminio. No es que comience nada, es que continúa avanzando y ahora tiene prisa. Van por Latinoamérica, no van a esperar más ¿recuerdan cuándo les conté sobre la posición estratégica que significaba Argentina? Pues ya está. No voy a decir más porque soy una mujer con esperanzas no únicamente para mí, sino para aquellos a quienes sirvo. Por eso, dejo aquí una de las conversaciones que más me gusta escuchar para emocionarme positivamente: el gran Bruce Lee (chequen la arrogancia del entrevistador -cuyo concepto de la divinidad es "Hollywood"- y el maravilloso poder de la presencia del entrevistado).


Escena de Café Muller, de Pina Bausch.


Es la primera vez que entreno físicamente para un performance. Cada vez que entreno estoy pensando. Es una práctica de movimiento nueva para mí, basada en los análisis de movimiento de Rudolph Laban. Pensé que se trataría sólo de eso. De estar preparada físicamente para levantarme del suelo en un segundo usando el impulso de mi brazo derecho y guiando el levantamiento con la pierna del mismo lado. Cosa de entrenar seis meses. Cosa de poner la mente en el cuerpo. Cosa de que la mente se mueva así, se concentre en guiar, en poner intensidad y energía en el esfuerzo. Llevo años practicando cierta clase de arte marcial no combativa, por eso lo de la energía-intención como hilo conductor del esfuerzo no me resultó difícil de entender pero ahora... ahora algo sucede. Platicaba hace unos días con mi amiga Perla de la vida como obsesiva compulsiva, no hacia afuera, sino mentalmente; mis obsesiones nacen y se empeñan en mi pensamiento y he sabido encausarlas; darles lo que yo imagino es un sentido pero que al final de cuentas en una incertidumbre, es puro inconsciente. Leo también The Arachnean, del psicólogo Fernand Deligny, que describe "la red como un modo de ser" la estructura de pensamiento como una red distribuida que "se hace sin hacer". No sé si son todas estas ocupaciones y el hecho de decidir mandar al diablo mi tendonitis y forzar el cuerpo a la repetición de un derrumbe y al impulso de la reconstrucción del cuerpo. Pero hace unas horas tuve una experiencia que me hizo comprender que no estoy jugando (¿o sí?) que combinar el pensamiento con el movimiento del cuerpo puede sumergirme en una de mis mayores obsesiones.Tal vez por eso no lo había hecho antes, porque entré a un estado similar a los estados que visitaba de niña cuando me sumergía en un libro: me fui. Fue así; comencé a entrenar, la caída y la reconstrucción estaban saliendo perfectas, añadí respiración, sonido vocal en la caída; comencé a caer sobre la pista de audio con la grabación de una pieza de copia, para establecer un ritmo; decidí improvisar e intervenir el audio mientras caía repitiendo una palabra por encima de la repetición de la palabra: "obedecer". Comenzó a faltarme el aire, necesitaba tomar agua, terminé el entrenamiento pero durante todo el proceso pensaba cómo lograr el performance cuadro por cuadro: entradas y salidas, un acompañante que leyera los epígrafes, la interrupción visual del acompañante por medio de mi cuerpo en su caída; cómo salir, que intención dirigir: desesperación, aceleración, voz, exterminio, forcejeo. me levanté del piso, tomé agua y me tiré en la cama a darle forma por escrito a todo lo que había pasado por mi mente (alguien tiene que poner orden); no me di cuenta cuando se hizo de noche; pasé horas escribiendo, describiendo, como en trance. Lo que me sacó de la escritura fue percibir que fui modificando el cuadro que comencé crando desde mi perspectiva y lo desplacé a la repetición exacta de una escena de Cafe Muller de Pina Bausch (mi escena favorita, claro). Cuando me di cuenta de eso rápidamente encerré ese cuadro en un círculo y lo crucé en señal de "prohibido" luego escribí "No", después abrí signos de admiración escribí ¡No! ¡No! ¡No! otra vez, totalmente sumergida en la escritura y totalmente frustrada. ¡Estaba gritando sin gritar! Eso me hizo alejar el cuaderno y contemplar con cierto horror lo que había escrito. "Vivo por escrito" pensé. Me di cuenta que ya era de noche, que me dolía un poco la cintura por el entrenamiento, que no sabía cuántas horas había pasado en la cama, escribiendo y entonces creo, comencé a comprender: el movimiento lo creé junto a Cadence (profesora de danza que conocí en Geneva, hace unas semanas) usando el análisis de Rudolph Laban. Me sorprendió que cuando dábamos orden a lo que yo quería montar, Cadence me dijo: "Es que todas las partes del análisis las tienes, sólo falta entrenar para que vayas añadiendo la energía a la última parte: el esfuerzo". El esfuerzo de hoy me ubicó completamente en la mente que usaba cuando era una niña: completamente sumergida en mis pensamientos, absolutamente abstraída de afuera: leyendo, pensando, imaginando... pero sobre todo visitando los estados de ser que leía, yendo hacia el espacio de la escritura... haber visitado mi mente "primordial" por llamarlo de alguna manera, fue una experiencia de concentración tan profunda que cuando intenté salir no podía: mandé una foto por telegram del ¡No! ¡No! ¡No! con la intención de empezar a comunicarme con el exterior: ¡no podía hablar! mi pensamiento no abandonaba el espacio de la escritura. 
Mover el cuerpo es mágico. Logré visitar un estado de mi mente, un poder de concentración que consideraba perdido en mi infancia pero no ¡estaba en alguna parte de mi cuerpo! y aunque haya sentido que me fui no me fui: regresé, traje una parte de mí de la que me había separado por miedo a "soltar amarras" diría Juan Manuel. Una parte primordial de mi poder de concentración, abstracción e imaginación. Continúo perpleja.
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Fotografía de Molhem Barakat (Syria, 1995-2013. )


recordando a Arno Gruen
a un año de su no-muerte


Cambié de fuente, cambié de color. Como la sangre. Hace algunos años reflexionaba sobre la sangre y todos sus significados; ´
¿Qué sería la sangre sin nuestra interpretación? Algo tremendamente hermoso, vivo, latente, colorido, de consistencia suave, de un color único: belleza pura.
¿Qué sería el mundo sin nuestra interpretación? Hace unos días leí un artículo sobre treatro que me envió un amigo, donde el director de una obra por demás propositiva, experimental, inteligente e interesante decía algo como "vivimos el peor momento del mundo" para justificar su impulso creativo y la necesidad de una obra de magnitudes fantásticas como la suya, que mezcla danza, teatro, tecnología, ciencia e investigación. Todo me gusta de puestas como esas; me gustan tanto que jamás hubiera imaginado que el director es tremendo pesimista. Soy pesimista también, por eso me da por pensar en tantas circunstancias todas las mañanas y -porque soy pesimista- trabajar en proyectos que requieren de transformaciones no sólo de la parte externa del cuerpo, sino de la mente. A los pesimistas parece que nos gusta el dicho "piensa mal y acertarás". Pero bueno, a lo que iba. la propuesta me gustó, la mezcla, el momento de presentarla, esa forma en que una obra captura el presente, aunque no creo que vivimos el peor momento del mundo. Creo que el mundo vive su momento de mundo como mundo, en su proceso de mundo. Y ese proceso de mundo, en el que estamos totalmente integrados (¡obvio!) pasa por sus particularidades y sus guerras, y sus hambrunas y sus epidemias, y sus avances y sus aperturas pero lo que más me gusta a mí de este momento son sus transformaciones: podemos detenernos y observar cómo nuestra mente está transformándose a la par de la naturaleza del mundo. Y estamos ahí de forma innegable: la decodificación del adn, por ejemplo, encierra tantos descubrimientos y devela tantos misterios, sin contar que de forma cotidiana, por ejemplo, volamos a casi cualquier parte del mundo: hacemos una fila, subimos a un avión, nos elevamos ¡cruzamos el cielo! y llegamos a nuestro destino. Creo que debe ya existir tecnología de transportación mucho más avanzada, por supuesto pero vaya, a mí el simple hecho de estar en Texas en la mañana y en Uruguay para la noche, me sigue pareciendo algo fantástico. Lo que a mí me gusta de este momento es que la tecnología es, indiscutiblemente, una reproducción de nuestro pensamiento (como en todos los tiempos) y, por lo tanto es una señal indiscutible de que avanzamos hacia cierta percepción distinta, más orgánica, menos dramática, más adecuada a la aceptación que a la contienda. Lo que me preocupa un poco es la libertad. Pero bueno, no sé si ahora seamos más o menos libres; en apariencia las mujeres somos más libres, pero ¿con qué fin? ¿con el fin de utilizar nuestra libertad para qué? y ahí es donde comienzan los avatares: somos libres ¿para alimentar una estructura de guerra de unos contra otros? En realidad ¿somos libres? ¿Hemos sido libres algunas vez? ¿El ser humano necesita de un amo? No me mal entiendan, considero que las luchas por la libertad de la mujer han tenido un avance grandioso. ¡Podemos estudiar, votar, decidir si casarnos o no! (no todas y no en todas partes del mundo, pero...) aunque todavía los juicios conservadores predominan en cuanto a quién es quién y el hombre vive tiempos de derrumbe en cuanto a su identidad masculina. No quiero mencionar las estructuras de poder y el blablabá que todos ya sabemos. Pero yo creo que en esta época somos más las personas concientes de esta realidad de organismo vivo, entero, avanzando junto (hacia quién sabe dónde, BTW); actuando sin necesidad de pensar en actuar; un crecimiento natural inegable, que nos ha demostrado que nuestra voluntad no es individual, sino que hay algo más común y colectivo en todo esto. Incluso tratándose de la responsabilidad por lo que más desprecio sentimos o que más angustia nos provoca. ¿Qué tan grande no será este momento que, incluso creyendo que vivimos el momento peor; sin estar en Syria, en Palestina, en México; sin haber presenciado un asesinato -salvo detrás de un monitor-, sin tener hambre, sin haber sido desplazados y vivir caminando durante años sólo para salvar la vida; sin tener la experiencia traumática del derrumbe de una ciudad completa, la tortura, el encarcelamiento, o ver cadáveres reventados fuera de casa, con el olor a sangre y a víceras humanas revueltas por los estallidos flotando entre los escombros o las cenizas; somos capaces de aportar lo que es necesario para que el mundo vaya bien, compasivamente, en "buena y creativa onda" hacia adelante?
Es lindo regresar a casa. Volver a casa es volver a ciertos hábitos. A las pláticas matutinas con mis plantas, a la observación exhaustiva de las abejas en la enredadera o las arañas construyendo su red detrás de la ventana, al peso del silencio en esta hora; no es cualquier silencio, es un silencio que comunica muchas cosas desde un mundo que no se ve. 
Regresé cansada. No porque mi viaje no fuera en sí un descanso, sino porque la vida me otorga ciertos privilegios y, ultimamente mis deseos se cumplen (no todos pero, por lo menos, algunos que me enriquecen profundamente la creatividad). ¡Esto es volver a casa! ahora tengo el impulso de soltar lo que escribo para prepararme un café ¡he vuelto a mí! ¿No es lindo? Cuando uno viaja, es como salir de uno mismo para formar parte de otros ¿no?, para construir lazos que se levantan rápido, arden y nos devoran y los devoramos precipitadamente porque: tenemos que irnos ¿no es cierto? y tal vez "nunca nos volveremos a ver" decía Fernando, un profesor peruano que conocí en Geneva. Qué extrañas formas tenemos de entender esta realidad. Fernando se sorprendía de que yo tuviera los mismos amigos desde hace más de 20 años, por ejemplo. No sé, los lazos son así. Pero cuando uno está en casa los lazos se construyen de diferente forma. Sin prisa, con armonía, de forma más profunda, con amor. (Sí, estoy pensando en ti cuando escribo "amor" en quién más podría pensar). Me gusta el amor, me gusta no tener prisa, me gusta construir relaciones así; soy feliz con eso. No soy un animal que necesita mucho pero, soy un animal que dificilmente se detiene fuera de casa. Me gusta estar en mí. 
¿Qué voy a hacer si -como su sucede con el proceso de un dharani- mi realidad se derrumba -otra vez-? ¿Si se derrumba todo lo que creo es mi casa? Pero cómo, si todo lo que es mi casa nace de mí, no depende del exterior. Si el silencio de la mañana termina, encontraré otro silencio a otra hora, supongo. Si las plantas se derrumban, encontraré otra manera de hablar con la naturaleza, supongo. Si no tengo café, supliré la necesidad de tener algo caliente en el estómago que me provoca el impulso de escribir, supongo. Y si no te vuelvo a ver, si no te vuelvo a ver -supongo- me sentiré sin casa por un momento pequeño o largo, no sé; pero -también supongo- construiré otra, otra casa de mí, con otra yo y otro tú (tal vez).

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Esta plataforma me hace sentir cada vez menos y menos libre. Comencé a escribir blogs en el dos mil o dos mil uno, no recuerdo exactamente; inspirada por Epigmenio León y Heriberto Yépez. Poco después publiqué un paso a paso para que todo mundo publicara su blog en el periódico Norte, donde trabajaba. Escribir en blog era crear una plataforma pública donde no interviniera la institución. Me refiero a la institución gubernamental que, en aquel entonces, todavía controlaba quién era visto o leído desde nuestro despojado país y quién no. Pero al existir una plataforma "libre" donde la expresión no fuera controlada por el Estado, la institución también tuvo que plantearse la inclusión de quienes no formábamos parte de le elite pero estábamos siendo notados por la crítica al centralismo, que hacíamos desde el blog. A mí nunca me ha inetresado el centro de casi nada; si acaso de mi propio ser, para tener un poco de equilibrio emocional. Any who.
Sostener un blog no es tan sencillo como parace; es sostener un estilo, una forma, un postura, un documento al que cualquiera puede acceder (si la intención es que sea un blog público). En fin, para unos cuantos de nosotros el blog se convirtió en otro estilo de escritura y aquí seguimos; pero junto con el desarrollo de internet, el cambio en las comunicaciones, la creación de plataformas sociales, el expropiación que hizo Google de los bienes intelectuales a nivel mundial, el palpable exterminio del autor, la creación de ciborgs, etc. esta plataforma me resulta cada vez más incómoda. Es como trabajar añadiendo data a la enorme pila de data que únicamente le conviene acumular a las corporaciones; de cierta forma es como trabajar no para el Estado, sino para el mercado (que es peor, por lo menos en ciertos países todavía sobrevive cierta soberanía e interés por el bien común, mientras que en la reública de las comunicaciones por internet impera el uso de todo -lo pensado, lo imaginado, lo vivido, lo que resta por vivir- para conveniencia del mercado). El sólo hecho de conectarme a internet me resulta pesado. Por ejemplo, esta mañana iba a entrar aquí a contar de mi visita a NY y mi estancia en la primera residencia creada por Cielo Portátil en Geneva, pero la computadora empieza a sugerirme cosas, se niega a instalar ciertas aplicaciones, bloquea ciertas estrategias que utilizo para tener privacidad y no; no es cuestión de no tomar las medidas adecuadas para estar segura desde mi plataforma; es ¿por qué tengo que tomar tantas medidas para impedir que la tecnología intente controlar lo que pienso y la forma en la que me comunico? ¿Libertad? Yeah, right. Voy a desaparecer, verán. Libertad es el videito que les mando. Y ¡Gracias Brooklyn, la pasé fabuloso! Ser libre por primera vez en NY se siente bien, muy bien.
¿Cuántas veces he pensado que uno no es únicamente una sóla cosa, una sóla profesión, un sólo transcurso? ¿Cuántas veces he sentido la fuerza de ser lo que me pase por la mente: un animal, una escritora, una flor, un dibujo, un canto? Ayer tuve una crisis, últimamente llamo crisis a los momentos que predigo, a los momentos que ya veía venir y no quería aceptar que llegarían. Gajes de mi nueva percepción supongo porque, me gusta vivir en un tiempo constante, no en un tiempo que se corta y recomienza, y regresa para tomar impulso y recapitula; sino en un tiempo continuo. Por eso, cuando tengo la sensación de que algo se está repitiendo, algo de tiempo se está repitiendo me desestabilizo. Y vaya, repentinamente cierta urgencia de escribir, cierta necesidad de cerrar la puerta y las cortinas de casa y comenzar un libro nuevo me susurró de forma casi imperceptible: otra vez estamos en octubre ¡otra vez! pensé. Como si me encontrara en la misma esquina con la misma persona y el tiempo no hubiera pasado, como si -realmente- algo regresara. Pero el tiempo no es así, el tiempo nunca vuelve, uno retrocede en la memoria, uno llama a la memoria, el tiempo sigue su curso. O podría decirse: el tiempo sólo está, es nuestra memoria la que va y viene. Esa sensación de que los momentos vuelven me provoca una ansiedad tremenda. Busco las zapatillas y me voy a correr, Cambio los paisajes, regreso a casa por caminos distintos y, a veces, me niego a regresar. Coincide con estas fechas, que tengo que ser lo que soy ¿y qué soy? más bien, tengo que ser lo que los demás creen que soy, lo que otros interpretan de mí y, reconozco, no es una interpretación caprichosa: publico libros, tengo un blog, alimento una cuenta de twitter, estructuro performances, fundé una organización a favor de la educación libre, mi casa es comunitaria, etc. Es este momento del año en que siento que no soy eso que otros creen que soy, es ese momento del año en que quisiera ser algo más. Algo distinto. Y soy algo distinto, soy muchas cosas. Hace sólo unas cuántas horas me estaba preguntando ¿por qué tengo que continuar siendo lo que satisface a otros? y a mí ¿qué me satisface? 
Yo podría vivir dentro de cualquier disco de Telonious Monk, por ejemplo; pero no puedo ser mi propia fuente de jazz, no soy músico. También, con los ojos cerrados podría vivir dentro de la meditación japonesa de 9 estados, que se llama Kuji In. Me produce una paz increíble, me transporta, me transforma, me despoja de mi propia forma y a la vez abraza mi forma, borra mi identidad, me coloca en un lugar estable y tranquilo: un lago. 
Entonces comprendí ¡comprendí! No tengo que ser, más que lo que soy y ya está. Soy esto: el mundo, lo tangible vinculado con todo, perdiendo y retomando su forma; infinita, envuelta en fuego y vibración, manifestando, creando y aceptando permanecer de forma simple; sin complicaciones: así. 
Octubre nunca es el mismo.
Hace tiempo que no venía por aquí. Uf. No puede uno alejarse un rato de la virtualidad porque sucede todo.  No sé que pasa que no me apetece entrar acá. En lugar de eso preparo mi café en la mañana y comienzo a hablar sola en el sofá que instalé a un lado de las ventanas. Tengo la sensación de que el año se acabó, aunque faltan meses. Es lo malo con llevar cuentas en el tiempo. Uno cree que algo comienza y algo termina. ¡Qué absurdo! y vive los altibajos de cerrar o abrir emociones de acuerdo a lo que uno cree y, para colmo, no existe. Me duele la cintura, estoy cansada, con una reacción alérgica a no sé qué y además en la habitación de un hotel. He vuelto a tener el síndrome de querer regresar corriendo a casa ¿les había contado? Ese síndrome sólo me sucedía cuando vivía en Ciudad Juárez. Me resistía tanto a dejar la ciudad, la comodidad de mi casa y de mis actividades cotidianas. Pensé que jamás volvería a padecer de ese síndrome pero ayer, pensaba en viajar y me aferraba a mi cama. Dejé, otra vez, de sentir el placentero impulso que me empujaba a dejar con entusiasmo Loa Angeles, con cualquier pretexto. Tal vez es por el aire familiar que ha ido tomando el barrio. No sé. También he estado en un no sé constante. Hoy tuve un momento fuera de mi casa, en un hotel. Así que aquí estoy. Alejada del sillón de mis soliloquios. Pensando si, viajar seguirá siendo buena idea. Y qué pasará conmigo y con el tiempo. ¿Qué pensarán las personas que van a mis presentaciones? ¿Qué pensarán los jóvenes que pagan miles de dólares en esas farsas que les prometen graduarlos en "creación literaria" y me llevan a mí para justificar el robo, como si yo supiera algo? Como si yo hubiera pasado por ahí, como si yo, antes de escribir algo le hubiera pedido permiso a la academia. El sistema académico que lucra vendiendo títulos de artista, sobre todo en este país, me parace tan nefasto como los artistas que lo sostienen. ¿Con qué cara se unen al engaño que desfalca a familias enteras en su país y después protestan por los muertos en México y la franja de Gaza? De eso me gustaría hablar hoy, en la escuela a la que voy, pero soy muy cobarde. Hablamos de mis libros como si se tratara de momentos inspiradores y mágicos. Como si yo escribiera gracias a que he tenido maestros tan hipsters y cutes como los que ellos tienen, que les enseñan a ver la vida de forma positiva. Hablamos de mis libros como si no existiera un barranco de muerte en cada uno de ellos y no, no hablamos del presente. Los chicos están curiosos por saber sobre manejo de lenguaje y no, sobre cómo es la vida fuera del campus universitario. Estoy cansada. El sistemna académico que educa para las "artes" es nauseabundo; educa a comportarse para acceder a los grados, a sostener pelotas en la nariz, a aplaudir con vehemencia de acuerdo al gusto de los profesores; profesores primordialmente blancos, BTW. Y a alguien se le ocurre que es bueno que los chicos, ya que no viven, tengan una pasadita de guerra por los salones; una embarradita de resistencia. Ah, ya sé por qué me resisto a viajar, entonces. Ninguno de los profesores bebe de más, todos son el absoluto ejemplo del profesor criminalizado, disimulan el gusto por sus alumnas o alumnos, y si acaso te rozan la mano están indicando que quieren contigo algo formal: formar una familia. Y eso es ya arriesgado en la aventura de quienes no te conocen, te idealizan y sueñan con ser anarquistas y radicales: te rozan la mano como si eso significara estarse arrastrando pecho tierra en el amazonas de sus fantasías, liberando el mundo (del que te rescatarán, claro) Ya a esas alturas, después de tanto convivir con almas moldeadas por el miedo (escritores cobardes, amaestrados) comienzo a reír ¡una familia! ¡son anarquistas y se estructuran en familias como judíos para cuidarse unos a otros de que sus deseos no sean criminalizados por el sistema al que sirven, llenos de terror! Ah, qué terrible es viajar a este mundo, así. Terrible.
Lunes, mi día de descanso. Me obligo a descansar. Es absurdo que un escritor descanse escribiendo, bueno quizá no. Quizá es sólo mi traducción del mundo que se empeña en pintar la escritura como mi trabajo; ya sabemos que el mundo no es así. Hay una construcción de un mundo que alguien más piensa, y es así: nuestro objetivo en la vida es trabajar, laborar, como quieran llamarle. Dentro de esa construcción los escritores no tenemos cabida. Tuvimos, hace siglos, cuando la red de entretenimiento de la humanidad era pensar y pensar era redituable. La mente que construye nuestra realidad ahora ha decidido que pensar no le conviene a nadie. Así que, bueno, aquí estoy, mordiendo el anzuelo de la duda, la duda mala, la duda de mi propia vocación. La duda casi siempre es buena, pero dudar de algo que inexplicablemente a quedado por encima de cualquier circunstancia de la vida, ante cualquier derrumbe de la personalidad, del caracter o de la economía, vaya, pinta más como el empecinamiento de un necio. Dudé, por dos segundos, nada más. Yo no soy una persona que tenga un trabajo, soy de las personas que defiende su vocación a toda costa y sobrevive en un mundo que nos entrega una realidad donde los escritores no cumplimos una función, somos una especie de máquina antigua en desuso: se acabó nuestra época, ahora es la época de la tecnología donde, la mente que nos hace el favor de pensar y decidir muestras experiencias dice que la tecnología manda. Entonces, escritores como yo, en lugar de poder vivir de lo que escribimos tenemos que pagar una renta mensual para conectarnos a la red que nos permite entrar a este blog y lanzar al océano virtual donde navega todo, nuestras tristes palabras de ahogados. Desde que la tecnología avanzó alcanzando los territorios mentales de los casi pobres (la tecnología nunca es para pobres), el talento se mide por la cantidad de veces que se descarga. Es decir, vivimos tiempos en que la competencia yace agazapada en la cantidad de veces que una obra se reproduce, se descarga o se copia y no, en la peculiaridad con que se interpreta, la rareza con que manifiesta su belleza, o la innovación que plantea ante una tradición estética. Importa cuántas veces se copia (los galgos corren sobre plataformas virtuales) porque es ahí donde se refleja la ganancia (es ahí dónde puede tomarse una medida: la influencia sobre el número de cabezas que no son cabezas sino computadoras que reproducen o decargan desde las plataformas que son creadas con un sistema de conteo automático -oh, las codificaciones!). Por ejemplo esta página, que no recibe muchas visitas: mil, mil cien visitas diarias ¿a quién le conviene la cantidad de visitas? es decir ¿para quien "trabajo"? Le conviene a Google, trabajo para Google; soy una capturista más para que Google pueda proporcionarte entretenimiento y ¿Google me paga? más o menos, de las mil visitas que yo le proveo a Google, teniendo esperanzas, una va a leer lo que escribo: me conformo con eso. Porque yo a Google no le convengo tanto, a fin decuentas soy solo una escritora; subo pocos videos y "la masa" ya no quiere abrir una página y encontrarse con letras, con palabras. "La masa" de acuerdo a la tecnología necesita estímulos más intensos e inmediatos que la literatura. Por favor, si en nuestros tiempos ya no es peculiar ni el asesinato, ni la la guerra, ni los preparativos para el terrorismo, ni la tortura, ni la perversión. Esos son los estímulos inmediatos para "La masa" la escritura para llegar ahí toma un camino muy largo, uno debe imaginar, tener un pensamiento en buena condición, etc. La literatura demanda demasiado, a menos que, imitando la inmediatez del video, nos entregue estímulos debastadores e inmediatos.
Para mí, mil visitas diarias son ya un exceso, puesto que mi deseo no es competir, ser la "mejor", "capitalizar" mi talento, etc. Yo, como cualquier antigüedad, tengo sólo el deseo de ser leída, puesto que reconozco mi vocación; reproducir, copiar o descargar no significan una lectura, significan una visita (en la visita se cumple el objetivo de Google, no mi objetivo), y una visita no es garantía de una lectura.
Así que fuck it no voy a pensar que el mundo es nacer, estudiar, trabajar, reproducirse y morir. El mundo es vivir maravillado por la experiencia de la vida, por la magnitud de nuestro pensamiento, por las experiencias que despiertan en nuestras células al entrar en contacto con el mundo. El verdadero. Y yo, no me adhiero a una realidad creada por la mente que ha instaurado a la tecnología como el avance del poder global. A mí me gusta crear mis propias expericias... ahora comienzo a dudar si la palabra correcta sea "propias" porque nada es mío, todo únicamente pasa por mí, está aquí y yo lo experimento.

Antonio López (Chef y Chamán de Project Chicomecóatl) y yo. Foto by Cisco Martínez (todos del mismo barrio).

Julio, más de medio año adelante en el 2016 y muchas de las preguntas que me acechaban han ido respondiéndose organicamente en mi estancia en esta frontera. Muchos muertos, sí. Los muertos, aunque sea sólo uno, siempre son muchos. Pesan. Vecinos muertos, amigos y amigas muertas. La guerra, qué otra cosa puede golpear más en la guerra que ese tajo en el corazón que son los amigos muertos. Julio también fue tu cumpleaños, o la falta de ti cumpliendo años ¿verdad? Fíjense que digo muertos y no muerte. Los muertos son las heridas. Eso que vive con nosotros, eso que, los que quedamos vivos alcanzamos a percibir, algo que nos parte el corazón. Con el tiempo también he aprendido a aceptar más y más la muerte de mis seres queridos, como una línea continua, algo que nunca dejará de suceder. En posts anteriores les había aclarado que no vivo mi vida entorno al miedo que produce la muerte. Pero vivir la vida también significa ser muy consciente del dolor que nos causa la muerte y, yendo más allá, vivir la vida significa también darnos cuenta que nunca hemos nacido y nunca, realmente, vamos a morir. Sólo nos apegamos y nos desapegamos de la experiencia de la vida en sus diferentes formas, de la experiencia de ser en diferentes formas. Pero les contaba el sentido que ha adquirido esto a lo que llamamos vivir, en la frontera. En este año he trabajado en muchos proyectos comunitarios. El primero del año, al inicio de marzo, el más difícil: la escuela de Cielo Portátil y su crecimiento natural, con crísis, tensión, paz. Después el primer evento realizado por y para la comunidad Queer, impulsado por el proyecto Chicomecóatl (ya chale con la comida imperialista, dicen) que fue grandioso y marcó un camino muy definido para observar las necesidades de nuestro barrio. Lecturas de poesía, con Jen Hofer y Yasmín Ramírez, con Sylivia Aguilar Zeleny, con Juan Manuel Portillo, con Emji Spero, con Paulo Gaytán: presentaciones de libros, meditaciones comunitarias, reuniones de vecinos, un mercadito Afternoon, participación con organizaciones como Mujer Obrera y Wise Latina International; manifestaciones, guardias nocturnas, vigilias, fiestas, publicaciones, artículos, colaboraciones locales e internacionales, todo con la esperanza de que el barrio tome forma bonita, forma de amor, forma comunitaria. Los procesos para generar amor en un barrio en el centro de la frontera son de batalla constante, de vivir en una casa que no tiene las puertas ni las recámaras cerradas, de bailar con niños, de ver a los niños irse contentos con un libro en la mano, con un regalo, con la panza llena, con la experiencia de estar frente a su primer tocadiscos o atender su primer puestecito en el mercado, La experiencia del mercado como intercambio y no, como la competencia absurda que nos han incrustado en la memoria falsa ciertas estructuras de poder. En fin, hablo de esto porque ya es julio, ya avanzamos sobre la segunda mitada del año y cada paso me ha confirmado lo que comencé casi sin creer el año pasado: este era lugar para continuar. Este y no otro, no Detroit, no Uruguay: aquí. 
El sábado pasado tuvimos el segundo evento Queer, organizado por el proyecto Chicomecóatl. De donde surgió ya otra organización, que tendrá sus propia casa en el barrio, que luchará a su manera. Nos reunió la matanza de Orlando. Así que rendimos un homenaje prehispánico con comida anticolonialista y música "latina" y después hubo un micrófono abierto donde más de docce personas compartieron experiencias personales y poemas dedicados a la lucha Queer. Todo en la sala-comedor y patio de la Casa de Cielo Portátil. Esta casa desde donde también escribo mis libros, recibo a mis amigos, skypeo a distintas partes del mundo, lloro a mis muertos, alimento a mi mascota, estructuro colaboraciones, leo, medito, rezo y "construyo" mi vida.
El sábado tuve la certeza, como si se tratara de una revelación: esa certeza efímera de saber que estoy donde tengo que estar, que me guío por lo que debo guiarme y que, cuando deje esta casa, seguramente será porque voy también al lugar correcto (lo correcto es tu boca, dice el poema). El sábado, envueltos en un pañuelo bordado a mano, con la leyenda "Amiga de las mujeres de Juárez" Project Chicomecóatl me entregó tabaco, copal y salvia; tres caminos mágicos, una unidad chamánica, el honor de la aceptación, y la responsibalidad de los poderes conferidos por la naturaleza a quienes somos indígenas. Supe, supe en cuanto mi corazón se inundó de alegría enmedio del cansancio que significa la culminación de un evento; supe que todo, a pesar de mis muertos, va a estar bien: muy bien.
 
pensar ¡qué lindo!

Hay cosas que me parecen tan lejanas, como este libro INTERVENIR, cuya pesadilla de publicación ya les he comentado pero, aún así, me da gusto que todo el entusiasmo con el que Rodrigo y yo escribimos este libro haya sobrepasado cualquier infierno. Los lectores jóvenes han puesto atención a nuestro experimento que consistió, de cierta forma, en un esfuerzo por borrar nuestra identidad como autores y entregarnos a la experimientación de poéticas bien distintas a las propias. Aquí (THE THREE PERCENT) pueden leer la reseña en inglés: esta es la traducción de la reseñ:

                          
                
                              Tuve que leer primero 44 páginas de Intervenir/Intervene antes de darme cuenta en que andaban Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez.  De forma recurrente en estas 44 páginas -y por todo el libro- hay palas, palas como golpes en la cara, lobelias -ajá! Palas y lobelias; jardinería, violencia, plantas germinando. Secretos enterrados floreciendo. Eso parece tener completo sentido.

Intervenir/Intervene es vendido como un libro de poesía. Lo cual es cierto. Pero, otra vez, no es una poesía que obedece las reglas que, supuestamente, la poesía debe seguir. Declaro esto en el año 2016, mucho después de el verso libre y el postmodernismo hayan hecho lo mejor para arruinar la poesía formal. Incluso en la época del "art performace" fácil y el "experimentalismo" hueco, existen trabajos que recuerdan a los lectores hastiados como yo que hay algo de valor en lo que se posiciona bajo la muy amplia sombrilla del avant-garde. Intervenir/Intervene es esa clase de trabajo.

Es fácil juntar unas cuantas palabras para confundir, para impactar o demostrar genialidad. Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez no le están haciendo al lector ningún favor, pero no están comprometidos, simplemente, con una experimentación vacía. Tienen una meta imposible: articualar lo que frecuentemente permanece no dicho, lo brutal, la violencia señalada de su país, México. La traductora Jen Hofer le llama a eso "la guerra sucia mexicana". Qué impresionante ver este término aplicado a lo que muchos de nosotros desestimamos como simple corrupción política, un término que parece insustancial comparado con "guerra sucia", que se aplica más comunmente de forma retroactiva. Pero este es una guerra sucia contemporánea  y aún en marcha, cuyas víctimas son desconocidas ampliamente. Porque no pueden hablar, Dorantes y Flores hacen lo imposible para darles voz y para mezclar esas voces, sobreponerlas, interrumpirlas -interviniendo. Los lectores podrán desorientarse por la presentación fragmentada, pero el acercamiento elíptico y abrumador culmina en un sentido de entendimiento. Este no es un libro fácil, pero tampoco ese es el tema.


Intervenir/ Intervene sorprende. Hay una emergencia de voces mencionada antes, lo que pareciera libre de todo estilo, pero también, de hecho, estructura. Del caos aparente, emerge una página de poesía directa:

          A mi urna
          A mi museo
         A mi ladrido
         A mi dolor
         A mi fondo

          vengo
   
          desde un país de ceniza
          desde un océano de sangre
          desde una ciudad inconclusa
          desde mi cabeza desierta
          desde la boca sin los dientes




Aquí tenemos una anáfora y unas lineas y estrofas arraigadas de forma justa, Una verdadera rareza en pasajes como:




El efecto disloca las expectativas del lector, incluso cuando sus expectativas ya han sido verdaderamente dislocadas. Todo es posible en este libro, igual que en un país como México, un lugar de belleza inmensa y de tremendo sufrimiento.

Intervenir/ Intervene, es un libro de poemas y un estudio corto de traducción. Jen Hofer cierra el texto con las notas de su proceso, que en ocasiones es tan elusivo como la poesía. Este es un libro de lenguaje dual  que subvierte y envuelve los dos lenguajes. Es un libro político que nace en parte de Dolores Dorantes, escritora exiliada de Ciudad Juárez, que alguna vez se resistió a que su poesía fuera traducida al cultaralmente dominante inglés. Es una declaración de lo absurdo ante la comunicación de la violencia y la tragedia de guardar silencio a su paso.
Muy pocas piezas de arte tienen la facultad de lograrse a tantos niveles.

(el libro completo pueden leerlo y descargarlo de forma gratuita, aquí: )




Gracias al autor de esta reseña.------Vincent Francone.
¡ven!


No sé qué me trae aquí hoy. Quizá la vocación. Cuántas veces me han preguntado "y eso ¿por qué lo haces?" pues porque es mi trabajo, respondo. Y cuántas veces a otros les parece absurdo que uno desligue su trabajo de un sueldo, o una ganancia forzonamente económica pero ¿de qué otra forma se puede ser escritor en estos tiempos del exterminio? La resistencia parte de ahí, supongo. Está implícita en el hecho de continuar siendo escritora a pesar de las circusntancias, sin ninguna empresa o mercado que dicte lo que debo escribir o hacia dónde debo dirigir mi pensamiento. Nadie me dice: escribe esto así, dí esto otro. Tal vez por eso me alejé de los medios de comunicación impresos porque, a fin de cuentas, siempre que hay un editor supervisando tu trabajo hay una línea editorial que te utiliza como pieza de un juego. Hace unos años me solicitaron, por ejemplo, colaborar con la revista Letras Libres en un homenaje a Nicanor Parra. No es que no me interese Nicanor Parra, lo que no me interesa es construir un homenaje en mi cabeza, de algún escritor que, hasta el momento, yo no había pensado homenajear. Me encanta su trabajo, pero mi mente ha fluído más bien un poco sola en cuanto a preferencias homenajeables. En otra ocasión, me pidieron una colaboración para la revista  vasca Zurgai, en un número dedicado a Ernesto Cardenal y otro número que se títulaba Versos por la paz... y contra el miedo,  participé en los dos números. Si alguien me pidiera colaborar en un número dedicado a Gunnar Ekelof, por ejemplo, para mí sería genial. Pasé diez años traduciendo uno de sus poemas, Ayiasma, usando el diccionario y comparándolo con otras traducciones que aparecieraon del mismo poema al inglés, me encanta la poesía de Aese Berg, por decir algo, sueca también y de Johannes Goranson, sueco-americano, traductor de Berg, Las vocaciones son un tanto caprichosas; cuando las vocaciones abandonan su adherencia a proyectos inexplicables para dar gusto a otros, se convierten en simples habilidades utilizadas en nombre de vocaciones funestas: como establecer rebaños de intelectuales opinando sobre lo mismo, o escribiendo de la misma forma, creando "corrientes" que pertenecen a un sólo lider: el miedo (miedo a no estar haciendo lo correcto, miedo a no formar parte, miedo a pasar desapercibido). Lo funesto, y bien lo analizó mi querido Foucault, tiene que ver más con neutralizar y limpiar, que con aceptar el organismo vivo que somos, y como tal, un organismo en constante descomposición. Quizá lo que intentamos desesperadamente es borrar esa descomposición cuando la vemos en los demás y no soportamos que alguien no coincida en participar en un homenaje a quien, de acuerdo a nuestra compostura, "hay" que homenajear antes que la muerte nos lo arrebate: miedo a la muerte, esa borradura que nos empuja con prisa a los precipicios de lo correcto y nos dice: ¡vamos, buen hombre, camina hacia esa orilla, allá donde no estoy, acercate más... más! y ahí vamos, homenajeado porque homenajear es "bueno" incluso cuando no nos había pasado antes por la cabeza. Damos valor a esas cosas. Tal vez por eso quería venir hoy aquí: a darme cuenta que no creo en los homenajes, ni en lo bueno y o lo malo. Sino en los caprichos de la vocación. y la vocación tal vez sea un llamado que necesitemos escuchar más allá de lo que nos dicen ciertas estructuras sociales en las que vivimos inmersos.
Tal vez quería venir aquí, porque no me siento bien, no me mal entiendan, no es un problema de conciencia: no me siento bien físicamente. Una gripa fulmimante, un medicamento para la fiebre y dos asesinatos en mi barrio en menos de 15 días me han puesto a pensar de manera un poco exaltada en estas cosas. Pero miren ya, ahora tomo un café con leche y, tal vez, mejoro.
Oaxaca, México.,



Ha sido una semana muy difícil para todos, una semana siguiendo y previniendo las reacciones que tomaría el gobierno mexicano a raíz de las manifestaciones de la CNTE (Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación) en contra de una reforma educativa que, lo sabemos todos, conduciría a la desintegración de uno de los sindicatos más importantes de México. La invasión por parte de las empresas transnacionales que inició con el TLC, y que comenzó sus claros procesos de exterminio durante la toma de poder de Felipe Calderón avanza sin tregua, utilizando la administración gubernamental como brazo ejecutor de las tomas de territorio. No me sorprende que el CNTE se levantara y decidiera luchar. No me sorprende tampoco que muchos de nosotros hayamos decidido apoyarlos. Esta semana fue difícil, como les decía, pero anoche comenzó el enfrentamiento real. Más de treinta personas desaparecidas, seis asesinadas y cincuenta heridas es el saldo de la primera confrontación directa en el Estado de Oaxaca. Un estado indígena. Indígena, como yo, como mi abuela, como mi madre. No lo menciono sólo por el orgullo de mi códice genético, lo menciono porque es ahí, desde lo indígena, donde la resistencia se ha dado por siglos en contra de la construcción de un Estado que intenta exterminarnos. ¿Qué más les puedo decir?  ¿En verdad piensan que exagero? En estos momentos tan oscuros, cuando veo mi raza (la raza sabia, la raza trilingüe, la raza que nos da educación) defendiendo la tierra con el cuerpo (otra vez), cuando la supuesta guerra contra el narco muestra su verdadera cara: el desplazamiento para limpiar los territorios de un país invadido para saquearlo a costa de la vida del pueblo mexicano; cuando los únicos que deciden poner el cuerpo para defender esa tierra son los de siempre, dispuestos a morir, a desaparecer me doy  vergüeza. Me da vergüenza tenerle miedo a la tortura.  En México llegó el momento de poner el cuerpo, porque lo intelectual no basta. ¿Y qué dice el premio nobel norteamericano de la Paz a todo esto? ¿Qué dice el Premio Nobel de la Paz, el primer presidente de color de una superpotencia de que su vecino sea la alfombra donde las corporaciones esconden los escombros de su exterminio? Mientras a los indígenas les bloquean las salidas, Carlos Slim tiene autopistas privadas, para transitar por donde le plazca ¿él no es sospechoso de nada? Carlos Slim que ¿da la cara por quién? ¿creemos que todo ese dinero es sólo suyo? ¿que toda el agua privatizada en el norte del país es sólo para él? Estoy enojada. Ustedes saben que, desde que intentaron matarme, ya no escribo así pero hay momentos, hay momentos donde valdría la pena permitir ser reventado. valdría la pena usar el cuerpo como una barricada. Porque ya no es lo mismo sólo pensar como poetas, y augurar como videntes, sanar como brujos, leer el amor en las estrellas. Hay momentos en que hacen falta cuerpos para suplir a los "desaparecidos". para formarse en la línea de los siguientes que van a desaparecer, para renovar la maquinaria porque, seguiremos naciendo, les guste o no, en la tierra que nos corresponda..



Estoy muda para mí. Así. Puedo venir aquí y contarles lo que me sucede: las circunstancias de lo que me sucede pero, sencillamente si busco una respuesta. de mí para mí, a lo que me sucede no la encuentro. Hoy me tiré las cartas del tarot, tampoco supe cómo interpretarlas, es como si para cualquier conversación conmigo estuviera negada. Incluso me siento incapaz de tomar ciertas decisiones porque no oigo en mí la respuesta. ¿Desde cuándo comencé a dudar de las decisiones que tomo o que estoy por tomar? Tal vez desde que comencé a creer que quizá había una forma de razonar para tomar "mejores" decisiones. El resultado ha sido el simple nacimiento de un abismo. ¿Dónde quedó mi seguridad para terminar con lo que tengo que terminar, para interrumpir lo que decido interrumpir, para echar a la basura, o al viento, o al drenaje, lo que tengo que echar? No sé. Cambió mi percepción de lo que vivo, parace. Me estoy adaptando, parace. Y en ese proceso de adaptación quisiera asirme de las mentes que tengo más "a la mano". Mi amiga Lucile, por ejemplo. Me sorprende consultar con ella algunas cosas antes de decidir, y después darme cuenta que no voy a decidir nada, sólo necesitaba conversar sobre las circunstancias, que a mis propios ojos resultan extraordinarias, increíbles. ¿Qué me pasa? ¿Se me olvidó cómo es el mundo y ahora me sorprende? ¿De dónde nacen las expectativas que pongo en las personas con las que me relaciono laboralmente? ¿No es curioso que no tenga una sola expectativa de las personas con las que me relaciono íntimamente, emocionalmente? Es decir, mis seres queridos: no espero nada de ellos. Me gusta que sean como son, que estén cuando quieran estar, que se vayan cuando tengan que irse. Pero cuando comienzo a relacionarme con situaciones que involucran mi trabajo mi percepción comienza a exigir que las personas con las que me relaciono no sean avariciosas, no intenten utilizarme, valoren mi trabajo sobre mi "historia", que no alimenten un mito, que respeten la situación vulnerable de cualquier exiliado, que no exploten el dolor de un pueblo usándome como pretexto, etc. Termino decepcionada, y peor aún, enojadísima, hace años que no me enojaba pero tengo tantas expectativas puestas en mi trabajo que, uf, la vida me rompe el corazón a cada paso, en cuanto comienzo a negociar una publicación, por ejemplo. Hoy tuve ganas de desaparecer, de ser otra persona, de no llamarme como me llamo. Tengo otro nombre, por cierto. Tengo dos nombres más. No seudónimos: nombres. Me gustaría adoptarlos y borrar mi vida. Borrar mi identidad. Borrar los vínculos que he construido. Comenzar en un lugar que me sea desconocido y para el que yo sea desconocida. Comenzar, qué palabra tan falsa. Nadie comienza nada, uno sólo aborda cierta continuidad. Pero nos encanta romantizar el mundo. Creer que podemos hacer algo, transmitir algo, comenzar algo. A mí me gustaría poder dejar de pensar, dejar de ser yo, dejar de venir aquí cuando necesito un descanzo, dejar de percibir. Me gustaría ser como una línea estable y continua, linda y estable, brillante y estable, anónima y estable. Estable, sin identidad. Sin historia, sin mito, sin ficción.  Soy tan arrogante. Tal vez por eso la vida me asigna encrucijadas como las que vivo pero ¿Qué creo que es la vida? ¿No es acaso una especie de campo minado, de selva mediática, de páramo monetario rodeado de aves depredadoras? Bueno, pues mi vida no. No quiero vivirla así, no tengo tiempo para vivir pecho tierra, ni para cuidarme de de los monitores, tampoco tengo tiempo para empuñar un tenedor y proteger mi dinero. Tengo muchas cosas que hacer; cuidar una mascota, un jardín, leer, escribir, enamorarme. No tengo tiempo para defender un mito ni para construirlo, no tengo tiempo de adoptar el papel de la escritora.  ¡Es ridículo! Yo solo soy yo, y escribo, como cualquier otra persona cose zapatos, es guardia de seguridad en tiendas departamentales aburridísimas, o pasa las horas frente al televisor. No me interesa la vida internacional como estrategia. Soy tan arrogante y la carencia de agradecimiento por la fortuna de estar viva me ciega, me inmoviliza, me impide conversar conmigo. Tal vez solo sea miedo, en cuanto siento amenazada mi intimidad comienzo de prisa a construir obstáculos mentales a lo que "se presenta". No sé, me he vuelto incapaz de saber cualquier cosa, de responder cualquier ofrecimiento. Tampoco creo que este estado sea permanente, así que no se preocupen. Voy a ver dónde me dejé y regreso.
Me ha parecido largísimo el tiempo que no he venido aquí. Me siento muy cansada. No entiendo bien a bien por qué.  En estos días que no tuve una buena computadora y que decidí volver a una computadora viejísima pero que resultó mucho mejor que la que había comprado (me tomó tres días repararla -tal vez por eso me siento cansada; o porque arreglé el jardín, o porque rediseñé el porche, o porque comencé a guiar la enredadera) parace que han sucedido muchas cosas. Una de ellas me tiene muy contenta: la publicación de Estilo en una editorial de Bruselas, traducido al francés por Cathy Fourez. La semana entrante es la presentación. En Paris.

Estos días me he sentido muy sola. No me mal entiendan, no he estado sola, al contrario: me he sentido tan sola que cada compañía que se acerca a mí me conmueve, me parace grandiosa. Me he sentido sola en las pocas horas que me quedo sola en casa, pero no hago más que sentir ese pequeño vacío cuando bum! alguien llama, toca la puerta, envía un mensaje al whatsapp, me invita para acompañarlo a alguna parte. Tal vez ese sentimiento de soledad que me aborda tiene que ver con que nunca me quedo sola realmente, con que no he podido profundizar en esa especie de tristeza que se asoma unos minutos y se borra inmediatamente, conmovida por la gente que me rodea. 
Ayer vinieron mis amigas, comieron helado, bebimos cerveza, nos reímos unas de otras, son mujeres adorables, con mentes adorables y problemas adorables.
Tal vez me siento sola porque Diva ha empezado notablemente a envejecer, tiene suelto el ligamento de una patita, necesito ayudarla a subir y bajar de la cama, a medio día pone cara tristísima y juega con su hueso por muy pocos minutos. No sé, no siento esta soledad como otras soledades, como otras veces. ¿Qué pasa conmigo que si dejo espacio para pensar se manifiesta esta tristeza extraña, como de niña que ha perdido algo? No la entiendo. Me da risa en estos momentos no entender, generalmente detecto de dónde viene mi tristeza o de dónde surge mi decepción pero esta vez es distinto: soy profundamente feliz con casi todo, pero en cuanto hay algun silencio algo sucede algo como esto, ahora que escribo, una especie de conmoción que se corta en cuanto pienso en mis amigos, y se transforma en felicidad, en gozo. Este es un sentimiento nuevo, que debo observar, un sentimiento desconocido. Me siento tan afortunada y tan sola al mismo tiempo, eso genera un shock en mi percepción y comienzo a creer que todo lo que percibo pasa únicamente en mi imaginación, que la realidad que veo y con la que convivo no es real. Que mis amigos y yo no tenemos una relación real. Que lo que yo creo que es no es, que lo que yo creo que hago no existe. Que el vínculo con los otros es realmente un vínculo hacia mi misma y es ahí cuando me detengo, porque me da pánico, me provoca vértigo.
Tengo muy presente el ragalo que me hizo mi amigo Shawn para mi cumpleaños, me envió un mensaje: "que apartir de hoy se cumplan todos tus deseos sin generar apego alguno". ¿Será esto?







jamás duró una flor dos primaveras

Mi computadora está fallando. Me molesta pensar que necesito otra computadora porque, en realidad no necesito otra computadora. No necesito nada de esto. No necesito un teléfono celular. No necesito una red social. No necesito este blog, aunque este blog se ha convertido en una necesidad realmente no necesito la plataforma que lo sostiene. La única diferencia es que, de no ser por esta plataforma, ustedes no me leerían casi inmediatamente y mi mente no impulsaría su curso creyendo que alguien lee lo que pienso, antes de plasmarlo en esta pantalla. Los condicionamientos son así. 
El caso es que esta computadora no se porta mal por ella misma, sus mecanismos están bien. lo que ha empezado a fallar son sus codificaciones; fue codificada para comenzar a fallar después de que transcurra cierto tiempo ¿a eso se refieren quienes afirman que ahora la tecnología pretende conjurar el tiempo o pretende apresar el tiempo, manipular el tiempo? Pues no sé. No sé si a eso se refieran, lo que sé es que he usado mucho menos la computadora desde que comenzó a fallar; falla sobre todo cuando me conecto a las redes sociales. El problema de esta computadora es la conexión a internet: ese vínculo, éste vínculo.
Tantos años estudiando los condicionamientos y la reproducción de conductas para ser atrapada emocionalmente por un simple vínculo a la red dimensional que, intenta hacernos creer, funciona como nuestra conexión con el mundo. Pues bien. No haré nada. Me quedaré quietecita. ¿Saben que una manera efectiva para desactivar los condicionamientos y la reproducción de conductas es observar sin reaccionar? Pues sí, así es: uno se concentra en la observación de ese impulso contenido impidiéndole aparecer, no es que no esté ahí, es que se contiene; no se reprime, se observa sin reaccionar. Que no es nada nuevo, es un conocimiento ancestral, una herramienta del control mental; muchos psicoanalistas viven de enseñar eso a sus pacientes.
Los condicionamientos tienen efecto, en gran medida, gracias a nuestra necesidad de controlar la realidad.  Sufrimos porque las cosas no funcionan o surgen como nosotros queremos, o habíamos imaginado, o predicho. Entonces mordemos el anzuelo, nos comportamos como "debe de ser" y la realidad comienza a acomodarse como nosotros "queremos" pero ¿en realidad es lo que nosotros queremos? ¿o estamos obedeciendo a una estructura de poder? Por ejemplo: decidimos ser fieles porque en esa fidelidad se sostiene la estructura de una relación, digamos, familiar (mamá, papá, hijos) pero ¿en realidad queremos estructurar nuestra vida de esa manera? ¿en realidad es lo más cercano a la libertad? Es un ejemplo nada más, tampoco pretendo crear controversias, habrá quien haya nacido para una sola mujer o para funcionar como la propiedad del otro (a mí me gusta sentirme como un objeto de vez en vez).
Me pasa con la muerte y el sentimiento de culpa, por ejemplo. Mi vida ha estado rodeada de muertes: viví 25 años en una ciudad en guerra, trabajando como periodista, así que, en un principio, ser testigo de la muerte, el secuestro y la tortura no era un asunto fuera de lo normal; luego la muerte se fue acercando cada vez más, infartos repentinos de amores grandes, amigas torturadas y asesinadas, compañeros de trabajo desaparecidos y comencé a sentir el dolor de la muerte en mi propia carne, en mi propio cuerpo. Escribí un libro que no publicaré nunca, que me asustó por la mezcla de amor hacia lo muerto, una especie de necrofilia pero ¿cómo reacciona uno cuando lo que ha amado se ha convertido en un cadáver? En fin. El duelo comenzó a ser parte de mi cuerpo. Hasta que me cansé. Me cansé, sencillamente de llevar el dolor de la muerte en mi carne. Así que comencé a separarme, mentalmente, de esa necesidad de controlar la realidad, de pretender que la realidad suceda como a mí me gustaría: con amores eternos, amigos eternos, compañeros de trabajo eternos: una realidad que nunca se altera. Asumí que la realidad se altera y nos sorprende: con la muerte, con el amor, o con la felicidad. La realidad nunca es sólo nuestra, es imposible controlarla.
Ahora aprecio más cada segundo de mis amigos vivos, de mis amigos presentes. Celebro mi propia vida, celebro todo lo vivo. A veces me siento culpable por segundos. Culpable de estar viva, culpable de no haber aprovechado el tiempo con el amigo que murió, con la colega ahora exiliada en otro continente. en fin. Pero no muerdo el anzuelo. Vivo el luto y el luto se va. Yo sigo aquí, feliz de estar viva.
El miedo a la muerte (es decir el miedo a morir o el miedo a perder lo que amo en manos de la muerte) no es lo que me impulsa a amar "más" "mejor" o de manera más ferviente.  A mí a vivir me impulsa todo lo vivo, la infinita belleza del mundo que es más grande que cualquier dolor, la belleza del mecanismo de nuestras células que todo el tiempo nacen y se van. (La belleza de tu cara, la belleza de tu mente, y la belleza de tu corazón tan compasivo, me hacen amar la vida). Pensar en los amigos que han desaparecido, que no sabemos si están vivos o muertos, si comen bien, cuánto sufren, éso también es estar vivo, es tener corazón, es vivir enamorado de la vida.
Después de haber hospedado a la muerte en el propio cuerpo, sería absurdo morder el anzuelo con el que el terror nos manipula.
Resta vivir sin miedo; decidir sin miedo, actuar sin miedo. Porque somos tan vulnerables y tan diminutos comparados con la fuerza de la naturaleza pero también, somos tan infinitos porque es esa misma naturaleza de la que estamos hechos que... ¡qué importa! ¡¿qué importa que todo, aparentemente, se nos escape de las manos?!

pd.: y sí, esta es otra carta de amor, de las que ya perdí la cuenta.



"Wir werden als Originale geboren, sterben aber als Kopien"


Hace varias semanas que no uso mi computadora. No entro a Skype, no visito Facebook, no escribo nada específico: leo. Leo a Foucault y consulto tuiter desde mi celular, y me comunico con mis amigos por mensaje de texto y, poquísimo whatsapp. Anoche, mientras decidía si vería una vez más "Hable con ella" abrí mi cuenta de tuiter en el celular. No sé por qué busqué la cuenta de Arno Gruen, tal vez porque no lo veía por tuiter hace tiempo. Noté que en su descripción aparecía la fecha de su muerte: octubre 20, 2015. Como cualquier noticia inesperada se me dificultó un poco creerlo. Navegué buscando la noticia. Me costó trabajo encontrarla en inglés, pero ahí estaba. Era verdad. Arno Gruen había muerto el 20 de octubre del 2015. Sentí rabia, no lo pude evitar, una rabia egoísta. Primero: ¿por qué me entero hasta ahora? ¿por qué no se difundió de forma más amplia la noticia? ¿por qué todos los detalles están sólo en alemán? Después me sentí profundamente sola. Comencé a preguntarme qué estaba haciendo yo en esas fechas. En esas fechas yo estaba escribiendo un libro -sin publicar todavía- en el que le doy forma a varias ideas de Arno Gruen, me refiero a darle "mi" forma (que las ideas, Gruen, las tenía muy bien formadas). Gruen analizaba el comportamiento humano;  los condicionamientos que se originan en las estructuras de poder, comenzando por la familia. De acuerdo a Gruen, mientras nuestra familia no nos enseñe a manejar el dolor (el dolor emocional) desde la infancia, seguiremos siendo atrapados por esta avalancha de comportamientos que reproducimos inconscientemente y que justifican -si no es que contribuyen a- la existencia de la guerra, la desigualdad social, etc. Nos insertamos pues ---condicionados por la estructura familiar, desde la infancia, como eslabones ciegos--- en nuestra sociedades de mercado. Gruen dedicó su vida a demostrar que Freud se equivocó al señalar a la humanidad como una especie malvada por naturaleza; Gruen afirmaba que esa maldad no es natural, sino propiciada por las estructuras de poder para utilizar a las sociedades como un recurso más que beneficia a los mercados, alimenta la competencia, etc.
No recuerdo con exactitud en qué año comencé a leer a Gruen, lo que sí recuerdo es que su investigación sobre los mecanismos de repetición que nos lanzan las estructuras de poder (los mecanismos inductivos y de control, los sistemas de vigilancia que parten y se fundan en la grabación de audio y de video, o en la simple idea de que la vigilancia existe con sus formas de insertarse en nuestro pensamiento: sistemas de obediencia que ya no requieren de la vigilancia real del amo, sino únicamente de la propagación de la idea de vigilancia) me llevaron a poner atención en los procesos de copia (en ese entonces no los llamaba yo procesos de copia, sino que los definía como "procesos de reproducción") a través de los que la realidad se manifiesta desde nuestra mente hacia fuera; y la manera en que ese proceso, desde que nacemos hasta que morimos, va siendo manipulado por nuestro entorno, y va borrando lo que somos (el ser auténtico) poco a poco.
Solía conversar con algunos amigos de los libros de Gruen, "The betrayal of the self " y "The insanity of normality", pero ninguno de mis amigos los había leído. Así que, más que conversaciones lo mío se tornaba en una especie de descripción sobre las lecturas que me apasionaban en el momento (y hasta ahora me apasionan, tengo esos dos libros en mi mesa de noche y los consulto todo el tiempo). Mis amigos, intentando enlazarse a mis obsesiones mencionaban a Walter Benjamin. Entonces yo mencionaba a Agamben porque: "¡claro! Benjamin es importante, pero creo que es importante también leer a los filósofos que están vivos, a los psicoanalistas que están vivos, a los investigadores que trabajan ahora con ésta realidad, a los científicos que ven ésto que nosotros vemos". Bueno, ya no puedo contar a Gruen como uno de esos investigadores vivos (de corazón latiendo pues, de cuerpo presente). Me siento mucho más sola.
Hoy a la mañana me desperté con la sensación de que Arno Gruen no estaba en este mundo. La sensación de que un elemento al que solía conectarme de vez en vez, una fuente a la que pensaba recurrir, un vínculo mental que lanzaba al mismo momento de abrir los ojos al despertar por la mañana (porque sabía que Gruen estaba en Berlín, en alguna parte, avanzando) se ha disuelto así nada más, como si nada: ayer estaba, hoy ya no está; como lanzar una cuerda de pensamiento y que ésta no encuentre dónde asirse.
Sé que la vida es así y que, si nos ponemos cuánticos, ni el nacimiento ni la muerte existen; me conectaré a la fuente que Gruen es, o fue, siempre que quiera, a través de sus libros o a través del pensamiento, pero me ha costado hoy des-apegarme de ese condicionamiento que me hace sentir de alguna forma culpable por no haberlo visitado, por no haber hablado más con él, por no haber insistido, en fin por no haber hecho lo que pensaba hacer más rápido y por haberme quedado con tantas preguntas; esos condicionamientos que nos hacen sentir responsables por distraernos en otras cosas y no haber previsto que sí, en realidad, tenía 92 años y no iba estar entre nosotros para siempre.
Así que estoy enojada, muy enojada conmigo; desperté con la sensación de vacío y dolor de garganta, mientras venía a escribir esto en la computadora me di un golpe en el dedo pequeño del pie izquierdo; ya sentada en la silla no sé cómo me di otro golpe en el tobillo derecho y observo, observo reaccionar a nuestra mente, como animal que se resiste a abandonar su domesticación y, en su lucha, afecta el cuerpo; un animal que prefiere hundirse en la espesura de conjeturas inútiles como la culpa. Entonces, vuelvo a preguntar ¿qué aprendí? ¿qué es esto?