Foto: Jorge Esquinca

Necesito un güisqui doble: te necesito. ¿Ya les había dicho que me gusta la palabra "necesito"? No el verbo, la palabra en sí, me parece un pimpollo, algo recién nacido. En fin. Decía que necesito mis botellas de cognac. Este día estoy en el derrumbe. Con un montón de archivos en cuarentena, con la mañana perdida tratando de configurar un nuevo router. Nada es verdad. Las experiencias que nos introducen al conteo del tiempo son de lo más absurdas (había puesto "vulgares" pero corregí): toda la mañana para configurar el router nuevamente. Así pasó, a media mañana estaba a punto de salir de aquí enfurecida, a tirar dinero en un router distinto, pero insistí y aquí estoy, en la página de mi descanso. Pensando que la mañana que iba a emplear en leer eso que leo ¡y de lo que aprendo tanto! ya se ha ido, y yo sigo en pijama. Preguntándome en qué momento comenzó a llover y dieron las tres de la tarde ¿No sería momento de comer algo? No hay habichuelas que me consuelen hoy. El cielo es gris. Y es marzo. ¡Marzo! Dos meses más y regreso a Los Angeles, y todavía no comienzo el libro que vine a escribir, envuelta en mis proyectos, en mis obsesiones. Casi puedo apostar que mis obsesiones surgieron no sólo por amor, sino como una forma de evadir el libro. Agamben es sólo un pretexto, mi fascinación por lo que me fascina es sólo un pretexto para no vivir la escritura que me espera, puedo sostener una conversación por escrito sobre casi todo, pero soy incapaz de escribir el libro que vine a escribir al desierto. No es el lugar común de la página en blanco lo que me aterroriza (como podrán ver en esta plataforma de inmediatez), me aterroriza lo que tengo que escribir lo que sé que es inevitable, irremediable, irreparable. Uno quisiera siempre tener esperanzas, pero con los libros no se puede mediar o llegar a un consenso; la escritura exige, ordena, obliga. No son lo mismo las conversaciones de amor, las prefiero. Las disertaciones con mis amigos: ¿existe la justicia? ¿el criterio es un juicio? ¿hacer es deshacer? ¿Todos nuestros condicionamientos parten del lenguaje? ¿Qué es el lenguaje? ¿La forma en otros nos interpretan? ¿Nuestro cuerpo es lenguaje? En fin. Esas cosas que uno puede pensar, sobre los esclavos que recogen frutos sometidos por los que se dedican a cazar esclavos, y quienes a su vez son sometidos por otros que se dedican a reclutar a cazadores de esclavos y así. Todo es mejor, es más claro que escribir el libro ¿o a caso ya lo estoy escribiendo? No, pero así no era. Esto no puede ser así. Hoy no es mi día. Marzo.
Disculpen los frutos de mi obsesión de estos últimos meses: ¡la copia! Yo la disfruto muchísimo.

Y nos fotografiaron sin miedo; es decir: nosotros estábamos desprevenidos, sin miedo y el fotógrafo, sin miedo, nos disparó. Oh, querido aries y querido sagitario, no sé cómo sobrevivo sin ustedes en estos desiertos (pero no le hace)

Foto de nuestro querido amigo Juan Manuel Portillo

La próxima vez pasaremos horas hablando de mi madre y de mi padre. De mis hermanas y hermanos. Mi padre era un loco, ya sabes. Pero no sabes sobre la colección de máquinas portátiles de escribir que tenía mi madre. Una de las primeras imágenes que recuerdo: un salón repleto de máquinas de escribir de todos los colores: amarillas, azules, rojas, verdes. Era tal vez 1975 o 76. Las máquinas parecían animalitos muy fuera de mi alcance, brillantes. Mi colección de máquinas de escribir, comparada con la de mi madre, me parece muy triste, de tonos aburridos, oscuros: negros, grises, verdes. Mis animalitos melancólicos, sin salir de sus cofres. La próxima vez que hable contigo será en la presentación de alguno de mis libros. Hablaremos también de la reproducción genética que le da forma a la barbilla. Y del amor que tengo por los magos que me rodean. Por si me has olvidado, llevaré una blusa negra con estampados blancos en forma de caballos y presumiré no conocerte.
              Thanks for the excuse to cry.
              I was looking "for" a reason "to cry" in public. Something
he can't say and it agitate him. Can they fire me "for" that?
An aceptable "reason."
              Don't underestimate "the" importance of these escenes "of"
research "and" reflection.

                         Also "to" fool your self into
                         Believing you are doing work
                         If "I "survive "a" suicide
                         Atempet will "I"
                         Lose my job? "I" "dont" know. "You" should
                         Read your contract.

Aaron Kunin/ Del libro Cold Genius




Siempre hay un momento del año en que comienza a pasarme esto: dejo de dormir por un día, por dos días, por tres días; sustituyo mis horas de sueño por horas de trabajo, me involucro en doce proyectos, genero ideas. Cuatro días sin dormir. Comienzo a pensar en la posibilidad de tomar "algo" pero concluyo que si tomo "algo" entonces dormiré un día y al día siguiente necesitaré tomar "algo" otra vez. Prefiero no tomar "algo" para dormir y me arrastro al quinto día, ya pensando que todo es culpa tuya, que si hiciera el amor contigo yo dormiría como un bebé y que mis decisiones de vivir en la frontera son totalmente equivocadas pero, todo se soluciona escribiendo. Vengo aquí a descansar, hablo con amigos, recibo personas en la casa, doy consejos; el sexto día sin dormir me empujo a la cama, pienso en llamarte por teléfono, en que alguien puede tirar la puerta y entrar a asesinarme; en que Diva está dando muchas vueltas por el pasillo. Diva está echada en su cama como siempre. Prefiero levantarme y preparar un café, comer algo dulce, volver a escribir. Esperar que den las cinco de la mañana. Ver amanecer y sentir que el mundo es tan amplio y nosotros estamos en cada cosa. Pienso en mi maestro Tich Nhat Hahn, en la mesa para dar reiki que ahora descansa en la biblioteca, en mi mamá que nunca llora. Prometo que tomaré algo "natural" para dormir, pero la valeriana no me da buenos sueños, así que busco una película: Las últimas imágenes del naufragio, su personaje que elimina palabras y borra la palabra papá de su vocabulario, su relación con la tendencia a enmudecer que mencionaba Paul Celan. Pienso que me gustaría escribir un libro contigo. Que un libro nuestro sería un buen golpe. ¿Pero quién piensa en golpes? No me refiero a esa clase de golpes, un golpe positivo ¿Hay golpes positivos? Entonces sé que, tal vez, mi estado es maníaco. Pero estoy segura que todo se soluciona con ponerme unos tenis y dar un par de vueltas corriendo por el vecindario. Mis tenis son hermosos, tornasoles, ligeros, los coloco sobre la piedra de la chimenea junto al sofá, me siento a mirarlos y escucho el silencio de la calle. Quizá sean las dos de la mañana. El silencio crece dentro de mi cabeza. ¿Qué estoy haciendo? Abro la puerta, veo el desierto provocado por las horas, el brillo de no sé qué luces y estrellas sobre el pavimento, el pavimento que se dirige como agua hacia alguna parte. Me detengo en la banqueta con los zapatos en la mano, el frío reactiva mi circulación, doy pequeños brinquitos, puedo ver que ese "alguna parte" es una hilera de faroles de vigilancia, el "otro lado", la ciudad que se desmorona detrás del tejido alámbrico del muro. Quiero volver.
Foto: Jorge Esquinca



No pude dormir. Anoche, en cuanto mi cuerpo tocaba el fondo del sueño me despertaba una voz llamándome. El ruido de las patas de Diva en el pasillo. Alguna mujer platicando en la calle, Abría los ojos sólo para percatarme que Diva no se había movido de su cama, no había nadie en la calle y -por supuesto- la voz que me llamaba no existía. Soñé a a mi madre llorando. Nunca he visto a mi madre llorar. ¿No es extraño? El lugar de donde yo nací no llora nunca. No sé cuándo mi madre decidió no llorar. Mientras escribo esto la olla con la reserva de avena granulada que traje de Los Angeles se desborda en la estufa, envuelta en llamas. Ah, mi destino, Apenas hace dos días yo estaba plagada de esperanzas. Dejé de frecuentar noticias, dejé de "enterarme" de las cosas. Comencé a vivir en un mundo más amplio, a ver la red de internet como algo positivo, a sostener decisiones para cambiar algunas cosas. Pero ayer no sé qué pasó. La esperanza se parece el miedo pensé. No me informo acerca de la guerra, no sé cuántas personas están muriendo a un lado, no tengo idea de lo que pasa en medio oriente. Pero a fin de cuentas todo lo que pasa en el mundo está dentro de mí ¿no es cierto? Tener esperanzas es como estar completamente loco. Esa sensación de no tocar la realidad me conmociona, me asusta muchísimo, me paraliza. Entonces me detengo y vuelo a las masacres, a los gobiernos totalitarios, a pedir libros por correo. A intentar de justificar lo que sucede de manera absurda ¿Acaso no -consciente o inconscientemente- todos justificamos la guerra de alguna manera para continuar vivos? Veo fotos del Uruguay, mis amigos bailando, celebrando sus libros, haciendo música. No es cosa del lugar. No es cosa del lugar, me digo. Ah, Latinoamérica, qué terrible verte de aquí, desde esta cárcel. Cómo desde el sur nace la esperanza que se transforma en terror conforme avanza el territorio hacia esta otra parte del mundo ¿pero acaso no somos lo mismo? No, pareciera que todo se va descomponiendo conforme el territorio avanza. Han sido años de golpes al sur, años de intentos desmesurados de la guerra para volver polvo el sur y el centro. Años con unas ganas de esclavitud y de exterminio que caminan. Mis reflexiones rayan en la cursilería. Pero la cursilería es preferible al dolor encerrado. No estoy llorando, no tengo ganas de llorar. Añadí sin escrúpulos una cantidad de miel abundante a los granos de avena que pude rescatar de la estufa. Miel. Para tranquilizar mi corazón no pruebo la miel, soy la miel.
Quito, Ecuador. Noviembre 2014.


¿Qué decir ante la alegría? ¿Qué hay fuera de nosotros? ¿Existe eso a lo que nos gusta llamar distancia? ¿Alguien dijo que hay partes de la galaxia donde las distancias se doblan y los mundos vuelven a tocarse? ¿Creemos todo a pie juntillas? Es decir ¿Creemos que afuera y adentro son realidades diferentes? ¿Que esto es aire? ¿Que esta superficie es una pantalla? ¿Que estas preguntas preguntan en lugar de expresar afirmaciones a través del estado interrogativo? ¿Y qué tal que allá afuera todo fuera tu mente? ¿Qué tal que ese niño con la garganta degollada es la manifestación de lo que somos? ¿Qué tal que en el momento justo de cada procreación residimos nosotros? ¿Que en cada nacimiento nacemos todos otra vez? ¿Que tal que cada vez que un recién nacido abre los ojos todos tenemos la experiencia de ver por primera vez? ¿y qué tal si cuando nace un niño que no hablará nunca y nace un bebé sin ojos, vuelve a nacer en nosotros la extrañeza de haber nacido en el lugar equivocado? ¿Qué tal que el dulce de leche es una fuente que proviene de nuestro corazón? Cuando las flores abren, o las hojas caen nosotros caemos y nosotros abrimos. Pero ya lo dijo mejor Macedonio ¿o fue Girondo? ¿Y la herida? ¿Y la prisión? ¿Y el terror? ¿Y las personas que caen acribilladas, masacradas con piedras, aterrorizadas con machetes, reventadas a golpes? ¿Y las puertas de hierro que se cierran detrás de los países? ¿Y los túneles? ¿Y todos los que se han acostumbrado ya a vivir bajo tierra, sobre los árboles, en las cuevas o prisioneros en campos de cultivo, deformando sus cuerpos por colectar maravillosos frutos inclinados por más de doce horas? Los frutos, amor, también somos los frutos por los que otros esclavos se rompen. Las manos por las que otros esclavos cesan. Las bocas dulces que otros han de extrañar.

Pues si no quieren leer el Harriet Poetry Blog, yo les leo:

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Un guevo de corteza que envuelve y cría una fruta.

Foto: Jorge Esquinca. Calle Óregon, El Paso, TX

Pues sí, ya llegamos. :)




Bueno, que ha aparecido la conversación que llevamos Jen Hofer y yo en el blog de Poetry Foundation. Qué lindo hacer una conversación pública ¿no? Como las cartas que hemos escrito Rodrigo Flores y yo que, espero, algún día, cuando seamos abuelitos, salgan a la luz. O "Intervenir" un libro escrito por Rodrigo y yo en el 2009, a ver si ahora sí este año se ve clara su "ap!arición". En fin, aquí les dejo el link a la conversación que tenemos Jen y yo, y que se pondrá mejor porque avanza y revela.  ¡Supremo! aquí HARRIET THE BLOG OF THE POETRY FOUNDATION

d.
¿No nos acompañaron al lanzamiento de Cielo Portátil el pasado 29 de enero? Bueno, pues ahora nosotros los acompañamos a ustedes. Este es el corto que nuestra amiga y colaboradora Cristal Castillo, realizó para el lanzamiento en el Stanlee & Gerald Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso (ahora este cielo se reproduce en cada click, seleccionen pantalla completa y dénle).

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Un audio más de la presentación de Cielo Portátil, en El Paso, Texas. Para aquellos que no estuvieron en el original, este fragmento de copia.

No hagan mucho caso a este post, que lo escribo medio decepcionada con los rumbos del mundo. No es mi obsesión de detenerme en las guerras -que no pasan tan lejos como algunos creemos: vivimos en un país en guerra- o a mi sensibilidad ante una frontera donde ya no importa lo duro, sino lo tupido (literalmente), cuando por encima aparecen dos o tres muertos al día, pero por debajo sabemos que el río del exterminio continúa. No es por eso que me decepciona el rumbo del mundo. Pero no me hagan mucho caso. Estoy cansada, nada más. Y mis fieles lectores saben que a eso vengo aquí, al descanso. Los territorios de la guerra son así, lo que me decepciona un poco es pensar en los territorios que nos quedan y en lo que se han convertido. El otro día cenaba con una amiga millonaria, judía, sobreviviente del holocausto que me contaba cómo hacía para sobrevivir en medio de la guerra. Ella tendrá quizá noventa años. No sé por qué yo le caigo bien. Nos vimos en un club, de esos que promueven la exclusividad y las divisiones aquí, en Texas. De verdad no sé por qué le caigo bien. Pues ya, yo no debería importar en lo absoluto en esta trama, decía que ella me contaba que la Alemania estaba tomada por los nazis y los rusos, y una pieza de pan costaba 100 dólares. Había personas que no podía transitar debido a los bloqueos pero ella, no recuerdo por qué, podía cruzar el país sin problemas. Dice que cruzaba de una provincia a otra para conseguir el pan y el aceite más baratos, y en el camino dividía todo en porciones pequeñas, entonces regresaba y vendía las porciones para sobrevivir.  Así, en medio de la escasez, su instinto de mercader salvó su vida. Ella suele decirme "habla el inglés marcando tu acento, te vuelve exuberante". Pero yo no sé de dónde vengo, ni quién soy. Tampoco sé en qué momento ella llego a Estados Unidos desde Alemania y se casó con un árabe que le heredó millones. No me interesa. Mi amiga me regaló un collar y unos aretes, me mostró su casa por dentro (un poco recargada de brillo para mi gusto), me saludó su sirvienta vestida de uniforme, me mostró algunas fotografías, no sé si de sus hijos, no recuerdo. Ya era muy tarde. ¿Para eso sirve la guerra? ¿Para sembrarnos el miedo terrorífico a quedarnos sin pan o sin aceite? ¿Un miedo que nos mueve a generar fortunas, a poner uniformes, a convocar a la servidumbre? Dejé la casa temiendo que alguien me hubiera visto salir de ahí. ¿Qué pensarían de mí? No entendí nada de lo que ella intentó mostrarme, no supe qué era lo que tenía que aprender. Será que no me interesa la exuberancia. O debí comprender que los millonarios de hoy fueron los hambrientos en las guerras pasadas, ¿Es eso lo quería mostrarme? ¿Que conocen el hambre y el dolor de la guerra y es el terror lo que los obliga a perpetuar las políticas de exterminio? Soy una paranoica, y eso me decepciona profundamente, mi amiga solo quería quererme y ahí está, el terror de la guerra filtrándose en mi percepción. Mi amiga tiene unos ojos brillantes, como de niña y sí, su exuberancia es desbordante.
Tengo problemas con el presente. No es que el presente me ocasione problemas, es que tengo problemas para ubicarme en el presente. Cuando no me ubico en el presente mi vida comienza a estancarse (o por lo menos eso me parece, en realidad nada se estanca, todo está en movimiento siempre).  Me veo al espejo y empiezo a diferir con lo que se refleja. Quisiera ser otra mujer, más linda. En el presente soy muy linda, pero cuando no estoy en el presente no sé a ciencia cierta a dónde me voy, a qué momento. Todo se mueve, sí. Nada esta quieto. Eso me consuela frente al espejo. Puedo sentir cómo mis células se mueven, cómo la sangre se calienta en mis pómulos. Y recuerdo el brillo que había tenido en los ojos: ¡ahí está otra vez! ¡he vuelto! Todo se mueve sí, pero ese brillo no se construye solo. Hay que invitarlo, empeñarse en él. Visitarlo hasta donde vaya. El tiempo. Qué linda soy en el presente, sí. Vistiendo azul marino. Con el cabello y los ojos bien negros. Y ese brillo que comenzó no supe cuándo. ¿Cuándo? ¿A dónde me había ido estos quince años? Ah, ya, tal vez tenga que ver con que en un mes llegará marzo, con su mano de germinar. Marzo con su manto de nacer. Marzo con su golpe de beso. Tal vez tenga que ver con que se me olvidó marzo con su ventarrón, con su látigo de sombra, con sus brazos de muerte. Marzo, que no me pudo llevar. Pero fue en realidad noviembre. Ecuador es un salvavidas. Algo sabe tejer muy bien. Regresé y conté lo obvio sobre la manera de los ecuatorianos para señalar las distancias, pero lo que sucede en Ecuador tampoco se deja de mover. Uno no puede andar por ahí creyendo que las circunstancias nos abandonan. Les debo una crónica. Pero les debo más. Estaba no sé dónde, y en dos segundos ¿ven?: he vuelto.
Desde el Uruguay, tú ¿en qué andas? de mi queridísimo Agustín Lucas, junto al DJ Lev Yasin. ¡Extrañándote andamos, Uruguay!

Anoche, para celebrar el lanzamiento de Cielo Portátil (por una educación libre), presentamos el libro Teoría del Campo Unificado, de nuestro amigo Jorge Esquinca. Junto a María Maloney y Juan Manuel Portillo.  Sabemos que, en ocasiones, la copia va tomando más valor que el original, sobre todo si se reproduce en las plataformas de internet. Así que para los que no pudieron acompañarnos anoche 29 de enero en el Stanlee & Geral Rubin Center for the Arts de la Universidad de Texas en El Paso, Aquí subo el primer audio, que corresponde a la lectura de Jorge, esa delicia.

el animal sagrado:



si quieren regalarme algo, amigos traductores, regálenme la traducción de 10 emisiones de Sternstunde

..Children who hate their own nature can respect themselves only if they can direct their hatred outward. If they disown their individuality as something foreign, they are compelled to find enemies in order to preserve the personality structure thus created. The consequences are disastrous: not only are such people unable to recognize the causes of their own victimization; they also deny that they are victims. By making other people their victims, they are perpetuating the process. But they must deny their own victimization because otherwise the earlier experiences of the terror accompanying it would re-emerge. No child, including the threatened one within us, can stand up to this terror.
As children we were helpless and at the mercy of our parents. Our survival depended on our complying with them. The inner terror accompanying victimization is therefore profoundly existential. That is why fear of losing our job, our social position, or our role in society can shake the foundations of our being. If our self-esteem is based primarily on success, status, and material gain, then the potential loss of these external achievements must be experienced as existentially threatening because the old feeling of terror--at being helpless, at the mercy of others, and ashamed-- is reawakened...

Arno Gruen

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No es mentira. En mi casa han comenzado a aparecer esferas brillantes, por la noche. Espero que no sea alguna clase de contaminación nuclear y no, no son luciérnagas. Ayer, mientras caminaba en el desierto pensaba en esa raíz etimológica: murcier-lucier... Anoche observé por mucho tiempo las esferas, e hice pruebas hoy en la mañana en casa de mi hermana, para cerciorarme de que no se trata de un fenómeno ambiental, o alucinatorio. En casa de mi hermana de esferas no hay ni pío. ¿Ven para qué funciona vivir cerca de la familia? ¿A qué casa de amigo puedo yo tocar en la mañana para pedirle que me permita cerciorarme de que en su casa no hay esferas brillantes flotando como esporas? Bueno, el caso es que amanecí con esa raíz que no me sé de memoria y que no he entrado a investigar a la internet (murcier-lucier). También, verá usted, doctor, me desperté con la obsesión de cambiar la "c" por la "s" en todo lo que escribo. Así que cada vez que tecleo aquí tengo que regresar en el renglón y cerciorarme que no haya esferas flotando que cambian la c por la s o la s por la c. Pero esos síntomas son tan comunes en mis percepciones del lenguaje (la emoción de la vida cotidiana ligada a mi actividad favorita) que, como si una televisión vieja comenzara a fallar, ya sabemos que hay que sacudirla de tal o cual manera para que vuelva a sus regularidades. Tengo un evento encima. Presentamos Cielo Portátil en El Paso en unos días; uno de mis amigos más queridos visita la ciudad después de cuatro años de no vernos. Tengo fiesta en casa (y esferas): motivos de alegría que me tensan pero ¿son los motivos de alegría los que en verdad me tensan? No. Me tensa una nueva percepción que oprime mi sistema nervioso. Me he dado cuenta que estoy cansada, que quiero escribir otras cosas, que voy a hacer otras cosas. Que la educación libre en la que vengo (venimos) pensando durante cuatro años aquí (y durante más de 6 años en México), necesita otras plataformas de crecimiento, otras políticas para abarcar y afectar a otras poblaciones, no únicamente a los grupos diminutos con los que trabajamos. Tenemos solución, cierto. Cosa de estudiar, investigar, escribir, dirigir, actuar, reconstruir, influir, introducirse, copiarse, confabularse, vestirse, arreglarse, y salir a caminar: ampliarse. Esa dimensión no es la que me atormenta. Lo que me atormenta es que, mientras reflexiono en las maneras en que (ya empecé) a escribir lo que quiero escribir en torno a las condicionamientos humanos, el tiempo dentro de las estructuras educativas, e imaginar la creación de nuevas políticas para la educación pública, me doy cuenta que, aunque mi mente avanza más allá del cuerpo, el espacio de mi corazón ha comenzado a reducirse. Cuando lo escribo siento como algo se estremece en mi pecho, como un dolor, como un gran miedo. El espacio de mi corazón se ha ajustado a un sólo molde: al pequeño molde que se ajusta a sus pequeñas preferencias. Mi corazón está invadido de preferencias, de deseos muy claros, está sitiado, amurallado por sus caprichos, no deja entrar a nadie. y alimenta este espacio como a un pequeño jardín oscuro: esperando ¿Esperando qué? Tenemos que ponernos de acuerdo. Así que intento engañarlo: me introduzco al sofá de las películas caseras apretada junto a cinco cinéfilas cubiertas con una sola mantita y tomando chocolate. Veo a los amigos que no veía. Escribo a las amigas que había olvidado, organizo reuniones en mi casa, traigo a mamá para que escuche los LP de Olga Guillot y Mike Laure. Canto dharanis, bailo, pienso en mi Gurú. Tomo baños calientes, acepto masajes, invitaciones a cenar, bebo buena cerveza, compro los mejores quesos, tomo el mejor café, converso con los mejores hombres (mis amigos son los mejores hombres del mundo ¿ya les había dicho?) platico con las plantas, doy paseos por el desierto, acaricio a los animales: y nada... nada.
¡¿Pero qué estoy haciendo?! ¿tratando a un corazón caprichoso saturándolo de sus preferencias? Por remedios fallidos como ese es que uno -sin pensar- contribuye a que las guerras crezcan. Al dolor hay entrar, hay que observarlo, hay que meterle mano con firmeza. Saber asomarse por los muros que aun no podemos brincar. ¿Cómo curar un corazón proporcionándole la enfermedad como medicina?  Mi corazón, complacido por sus caprichos yace con el aguijón dentro: un dolor adornado con flores como una hermosa tumba. Hay que saber entrar al infierno de uno mismo si se quiere avanzar. así que, de una vez por todas, allá voy: al infierno (con mi traje de buzo), cargo mi mantita y mi taza con chocolate, pero voy, a verme. El espacio no puede esperar.

pd. ciego, del latín caecus...mus-mur: ratón; cegalo-ciélago: ciego
luz: del indoeuropeo leuk, emparentado con el griego leukos (blanco). lucerna (lámpara): luciér: lámpara y aga, sufijo prerromano locativo
Sí, la coincidencia está en la luz... el sufijo fue una transformación accidental en el caso del ciego.
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I (pixel) you



Primer carta-declaración de amor: 

Hablo sola. Me fascina pensar en el poder que traspasa los cuerpos. En nuestro campo energético que va más allá de lo que somos ¿qué somos?. En la mente, el amor y el sufrimiento. Hoy mi narcisismo me entrevistaba y yo respondía como si alguien me oyera ¿eres feliz? sí ¿sufres? muchísimo. Sufro muchísimo porque estoy enamorada de cada hombre que admiro. Amo, amo profundamente esas mentes que están cambiando el mundo. Esas fuerzas que se mueven y no paran, pensando en los otros. Y no puedo tenerlos. Ninguno es mío. Porque no creo y no vivo dentro de relaciones de pareja. Mi libertad me cuesta. Pero mi felicidad es del tamaño de los movimientos que percibo. Cuando alguno de ellos transforma la realidad siento que es una de mis manos quien lo ha hecho; cuando otro de ellos, en algún otro continente, alza la voz y abre trescientos corazones para que la compasión entre en ellos, siento que lo hizo mi propio corazón. Para mí la separación no existe. Los amo como un animal, con toda la sensualidad, con todo el corazón y todo el cuerpo. Con la mente que, ya sabemos, vive dentro y fuera de lo que somos ¿qué somos? Y sufro. Porque ninguno de ellos se levantará todos los días conmigo. Porque por alguna razón experimentar la cotidianidad de la convivencia en cautiverio durante algunos años, para mí, fue suficiente. Pero el tamaño de mi sufrimiento es insignificante. Sufro por la necesidad de poseer lo que amo, desde una zona local de lo que soy ¿qué soy?. Sufro porque quisiera que todos los hombres que están cambiando el mundo fueran mis amigos. Quisiera sostener una conversación con todos ellos, tener el privilegio de crecer con ellos, de aprender tocándolos. Pero nuestra realidad es tan grande (y tan pequeña). Sufro porque creo que con alguno de esos hombres cometí algún error y ha sido, culpa mía, no aumentar el número de amigos brillantes. Pero mi felicidad es tan grande cuando percibo que ellos están cambiando el mundo. Mi felicidad es una felicidad desmedida. Porque aunque yo vivo en una de las peores zonas de este mundo, siento cómo el amor me vuelve parte de todo lo que se transforma, y se mueve. El sufrimiento tiene que ver conmigo, con esas pequeñeces de la superficie, mientras que mi felicidad ni siquiera es únicamente mía, tiene que ver con la forma en que otros cambian y alegran este mundo. El sufrimiento siempre es así, parte de una percepción muy local y pequeña de lo que creemos que somos y poseemos. Cuando la realidad destruye lo que creemos que somos y lo que creemos que poseemos, nos revolcamos de dolor; atacamos, mordemos. Pero mi forma de ser feliz está desligada de cualquier punto de localización, toca la alegría de poder ver el mundo sin morder los anzuelos del condicionamiento, se posa en las formas de descifrar el mundo o lo que hay detrás del mundo, se detiene en la experiencia de descubrir que no somos sólo una raza, o un código, sino esas dimensiones interminables generadoras de poder. ¿Para qué poseer el mundo si somos el mundo? No nos apropiamos de nuestro propio cuerpo. Sabemos que el cuerpo es nuestro. Experimentamos con el cuerpo, a través del cuerpo, por el cuerpo. Lo mismo pasa con el mundo. Poseer es una ilusión. Ganar o perder es una ilusión. Conquistar es una ilusión. Estar aquí, es una ilusión. Experimentamos el mundo entero, cada paso que damos. Cada descubrimiento que hacemos, cada anzuelo que dejamos pasar. Cada nudo que se desata, me hace feliz. Cada refugio que alguien más provee en la franja de Gaza. Cada forma clara que alguien más construye para que todos comprendamos mejor. Cada mente que dedica su tiempo y su cuerpo en favor de los otros, construye mi felicidad. Por eso la fuente de mi felicidad es infinita, y la de mi sufrimiento, aunque poderosa, se arrincona diminuta, como un aguijón venenoso en áreas muy pequeñas de lo que soy ¿qué soy? y como mis dimensiones de animal sagrado son interminables, sufro también por ti, terriblemente. 


Y el mundo me contestó:
(Hay lo que hay)

No haber amor es un amor también.

Un amor a estar solo.

Le pertenece a alguien que lo siente
por nadie.

                 Pertenece
a una clase de amor que nadie toma.

Es una clase por correspondencia.

También salir con alguien es entrar
al amor que sentimos
porque alguien venga a tomarlo.

Si saliéramos a tomar el sol,
lo tomaríamos de quien viniera.

Nos correspondería.

                                                           Hernán Bravo Varela de libro Hasta aquí
¡Por favor, díganme lo más gauchezco que puedan! acaban de ofenderse porque dije que el capítalismo no sólo tiene que ver con la forma de manejar el dinero, sino que es una percepción del mundo. Lo que nos condiciona a creer en la ilusión de que el dinero es necesario para vivir. El dinero es una imposición que nos vuelve esclavos de las transacciones para obtener lo necesario para vivir: comida, techo, vestido, calzado. El dinero es el anzuelo del que somos esclavos. Pues ya está, que me han mandado a volar por decir eso. Debió ser mi inglés. Porque en inglés también me dijeron que soy narcisista.  Estoy de acuerdo: es muy narcisista amar Latinoamérica: Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela y sentirse plena por las decisiones y las mentes que están moviendo esos países. El valor intelectual, el valor cultural, la percepción que ya nadó en ríos de sangre, conoce muy bien las dictaduras y sabe, desde experiencias muy amargas, que el dinero (para decepción de millones) no vale nada. Y no me refiero a los gobiernos, que esos solamente Zeus sabe qué traman. Me refiero a las personas generando cambios en esos países, observando de manera crítica su entorno, cuyo objetivo en la vida no tiene que ver con una percepción individual, sino con la maravilla de actuar pensando en otros, aplicando su vocación al servicio de otros, llámense como se llamen: sociedad, comunidad, ciudadanía, país, Latinoamérica. Para quienes vivimos sin esperanzas, esa percepción, ese único empuje es lo que podría accionar algunos cambios, no para poseer territorios (gran parte de la vida ya no sucede en territorios, sucede en códigos), sino para manifestar realidades diferentes en los territorios que conocemos de forma aburrida y cotidiana y que -seguramente- no nos pertenecen. A mí, por ejemplo, que carezco de país, de idioma y de unos cuantos derechos, a las comunidades me gusta decirles "constelaciones", Me interesa crear constelaciones donde el tiempo y el dolor eson percibidos de manera distinta. Donde no hay luchas, no porque no creamos en un mundo justo, o favorable, sino porque creemos también en la aceptación como un cimiento. ¿Para qué luchar por lo que es irremediable? Hablo de la construcción desde donde las constelaciones tienen remedio todavía. Es decir: justo hubiera sido que ningún estudiante hubiera sido asesinado. Justo hubiera sido que millones de personas no hubieran sido desplazadas de sus territorios. Justo hubiera sido que todos en el mundo tuvieran algo qué comer y un techo donde refugiarse. En fin: sueños, aunque no se trate de justicia de lo que hablo, sino de acción. ¿Qué sería de mi sin esos sueños, fuera de esto, como los sueños que generan nuevas plataformas de comunicación y contacto en internet, por ejemplo? Los niños, el dolor e internet son soluciones básicas para contrarrestar el sufrimiento del mundo. Por cierto sí, leo a Agamben, Deleuze, Gruen y Vercelli; por si les interesa tener bibliografía sobre los condicionamientos a partir del dolor (Gruen), lo irremediable (Agamben), la movilidad (Deleuze) y los territorios libres de la internet (Vercelli). Pero si les interesa acercarse a nuestra constelación de Cielo Portátil, estaremos el jueves 29, en el Stanlee Gerald & Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso, hablando de "Teoría del Campo Unificado" de Jorge Esquina, con Juan Manuel Portillo y María Miranda Maloney, a las 7PM. 
México, los poetas y nuestro Cielo Portátil serán algunos temas a tratar. ¿Vamos?
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Un cielo en el tornamesa. A sky inside of the turntable.
una foto de mi hermano Luis


En ese viaje de la infancia por la noche, en la carretera Puebla-Veracruz, encontramos varios ejecutados. Yacían en su propia sangre; mi padre, quien conducía el auto de la familia, estiró rápidamente su palma para cubrir los ojos de mi hermano. No alcanzó a cubrir los míos. En eso consiste la diferencia de percepción entre mi hermano y yo. Luis, en cualquier lugar (incluso en mi mudanza) percibe un mundo fantástico.


porquelmundoestádentrodemísí

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signo zodiacal: pixis
En ocasiones me siento como un animal muy burgués. Sobre todo cuando se trata de instalarme en algún sitio para concluir mis proyectos. Se me dificulta al grado de la imposibilidad, por ejemplo, escribir sin silencio, sin soledad. Si alguien, aparte de Diva, está presente en casa, sencillamente no puedo entrar en el proceso de escritura. Si el llanto de un niño en la cuadra vecina, por azares del destino, llega a traspasar los muros de mi lugar, sencillamente no puedo continuar trabajando. ¿Síntoma de qué son mis exigencias? Vivo en Estados Unidos, práctimente un basurero donde los distractores están a la orden del día, y las amenazas de desaparición son asunto cotidiano y yo ¡quiero silencio y soledad! Es absolutamente ilógico, lo sé. Está bien, no es que Yo quiera silencio y soledad, no es un deseo, es una necesidad para ingresar a ese estado que me transporta cuando escribo. Cuando esos requisitos atmosféricos no se cumplen, entonces vengo aquí. Paseo por las redes sociales, y me sorprendo de la vida que está sucediendo acá adentro (o aquí afuera, como quieran llamarle). Me he cansado de ver videos de personas que "hacen el ridículo" por ejemplo: borrachos bailando como anguilas, intentando defender su dignidad, llorando alguna pena.  Abuelitos que quieren ser graciosos con sus nietos, en fin. Toda una gama de lo que el condicionamiento llama: "hacer el ridículo". Me aterrorizan esos videos, no por temor al ridículo, sino por la promoción y regocijo que el supuesto ridículo adquiere. Es decir, me puede hacer reír una mujer desaforada que baila después de haberse tomado unas copas sí ¿y qué? El comportamiento que tanta risa nos causa es un comportamiento que ha ocurrido siempre... ahora lo reproducimos, nuestra tecnología se ha convertido en la herramienta para reproducir nuestros instantes íntimos: es la imprenta contemporánea de nuestra ridícula intimidad. Acabamos con la diversión efímera de asistir a una fiesta y que un numerito inesperado nos hiciera charlar y reírnos después. Cualquiera se siente con el derecho de activar su celular, grabarnos en algún lugar público y llevarnos a casa como un souvenir (hombres que graban a mujeres distraídas en aeropuertos, por ejemplo). Reflexiono acerca de cómo la tecnología influye en nuestro comportamiento, lo conduce, lo condiciona. Hoy más que nunca "hacer el ridículo" es el pecado social -en red- más terrible. Pero yo creo que  deberíamos construir sociedades que no teman expresar sus experiencias de cualquier forma. Bailar es una muy buena forma de ser feliz (borrachos o no), de mover la energía del cuerpo; no importa si tenemos dos pies izquierdos. El baile espontáneo, el movimiento rítmico nos hace sentir bien ¿por qué reprimirlo? Amo bailar. Creo en el baile como una forma de comunicación, no importa cómo, lo que importa es bailar: moverse. No sólo mover el intelecto. ¡Bailemos todos! ¡Bailemos con las luces prendidas o apagadas! La tecnología nos está conduciendo a una inmovilidad muy poco fértil. El miedo al ridículo está tensando el cuerpo de la libertad. ¡Riámonos de gozo y no de juicios o complejos, camaradas! Bailemos sin morder el azuelo, les prometo que todos nos sentiremos bien.


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todavía te recuerda ese pixel que fui
te recuerda ese pixel que fui
recuerda ese pixel que fui
ese pixel que fui
pixel que fui
que fui
fui
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Este es el desierto, el verdadero exilio. Estar dentro de un mundo que no es mi mundo. Pero no. No se trata de apropiarse de nada, no se trata de poseer. Mío/tuyo, nah. Es digamos un mundo profundamente familiar que me provoca una soledad absoluta. No me malentiendan, pero hablo de situaciones familiares, circunstancias que están ligadas a personas que conozco desde que era una niña. Sí, aunque no lo crean fui una niña. Una niña a la que muy pocos sabían cómo tratar. Uno de esos pocos era el loco de mi padre, con amor excesivo y un sentido de propiedad absolutos (de lo que hablaba antes, eso de lo mío y lo tuyo, de lo que esto no se trata). Iba yo a esos vínculos, esa especie de flash back que sólo sucede en circunstancias familiares. Familiares, no porque suceda con mi círculo de seres queridos; más bien hablo de esos encuentros entre mundos distintos que producen choques inolvidables, pero cotidianos. Los amigos de mis hermanos, por ejemplo. Soy la menor de 5, así que ya han de imaginar que los amigos de mis hermanos mayores me conocieron a los cinco años, cuando yo les hacía preguntas sobre la virginidad y esas cosas incómodas. Esos amigos de mis hermanos pertenecen a ese mundo que no es mi mundo. O sí, todo el mundo es mío, y nada de este mundo le pertenece a nadie, claro está. Pero ellos viven en un mundo totalmente industrial, sumergidos en sus cavilaciones sobre qué tornillo han de cambiar para acelerar los procesos de producción; cómo mejorar la calidad del producto, y qué tan bien pueden diseñar una máquina que produzca lo que les manden producir para "optimizar" gastos, and so on. La vida, para ellos es una especie de estado de cuenta. Horas de producción = horas de capital. Vacaciones relegadas a los veranos donde pagan para que alguien les construya la experiencia de un paraíso. No podrían siquiera responder qué les pareció Jamaica, por ejemplo. Porque todos los hoteles (en la orilla de todas las playas del mundo) a los que van, son idénticos. En fin, ellos, ese mundo que encontró en pantuflas, por la mañana, en la cocina de la casa donde se hospedó, a la "escritora", hermana de su mejor amiga. Y su curiosidad hacia ese mundo desconocido lapidado por sus prejuicios y complejos aflora (escribir debe ser cosa sencilla, todo mundo sabe cómo): yo he leído "vida en el abismo" de Armando Ruvalcaba ¿no lo conoces? me preguntan. "Y el Quijote también lo leí en la preparatoria" comienzan. Cuando ven que soy amable, incluso agradable, y que me expreso como cualquier otra persona, adquieren confianza, superioridad (como en la fila de producción) y descaradamente, con aire de suficiencia echan a andar su duda más profunda (que es, a final de cuentas, la preocupación que rige sus vidas: el dios dinero): ¿Y de qué vives? Si no fuera budista, esa ignorancia altanera me parecería un insulto, pero los dejo seguir construyéndome "y de esto y lo otro" respondo. El proceso de pensamiento de ellos no alcanza a imaginar que existimos personas que nos ganamos la vida de una manera diferente a la suya. Sencillamente ¡no creen que se pueda vivir de otra forma salvo pensando a cada paso sobre la "profesión" más "rentable"! Les parece imposible que alguien piense en aportar algo a los demás en lugar de vivir únicamente para obtener utilidades y, peor aún, para ellos es inaceptable que esa ecuación genere constelaciones en las que uno puede subsistir cómodamente. Pero "¿cómo le haces?" Me enternecen, no puedo hablar, no les interesa escuchar que existe un mundo fuera del que les construyó el capitalismo (cuantimenos reflexionar sobre el daño que causan al planeta y a la poblaciones marginadas, mientras creen que viven una vida decente y honrada): morirán contentos sintiendo que hicieron lo mejor. Sólo se encontraron por accidente con una loca y creen que pueden divertirse, hablar de cualquier cosa porque, a fin de cuentas, esta loca (como si hubieran encontrado a una foca en medio de la cocina) no está preparada para nada, vive de milagro. Y sí. Y no. "Supimos que tuviste que dejar el país" comentan ya totalmente instalados en la familiaridad y el recuerdo de cuando yo les pateaba las espinillas porque pretendían besar a mis hermanas -mi amabilidad, para ellos, es la pelota que sostengo con mi nariz-. Entonces sí, algo me pasa, me canso de entretenerlos y sólo digo: "ese es un tema más complejo de lo que puedes imaginar, sólo quien lo vive lo entiende" y, súbitamente ellos tienen razón, soy una loca que no les sirve ni de animal doméstico.
Ni etxera noa 
(Yo vuelvo a casa)



"No hay nada más cobarde
que un escritor cobarde"

A lo mejor me voy a morir. Lo que más extrañaría al morirme sería mi harem de amores platónicos. Tengo en mi corazón a los mejores: magos, escritores, científicos, comerciantes, psicólogos, pintores, locos, homeless, poetas, arquitectos, cirujanos... ni un sólo cobarde, ni un solo mediocre. Pero decía que creo que me voy a morir porque hace tres semanas soñé con mi abuela paterna, Carmen (la abuela Chata). Nunca sueño con la abuela Chata. Pero bueno, este vez la soñé con un vestido azul. Después soñé a mi papá, a mi papá lo sueño siempre como un anuncio de que las "cosas" van a resolverse; pero después soñé a Gardea. Cuando sueño a Gardea nunca quiero despertar. Y anoche, anoche soñé con mi papá, con la abuela Chata y con Gardea al mismo tiempo, todo confuso y lindo entre luces blancas y doradas. Quizá voy a morirme otra vez. No sé. En esta vida he muerto tantas veces. Lo único que lamento de matar lo que soy ahora mismo es mi harem de amores platónicos ¿Qué voy a hacer sin ellos? Alimentan mi corazón, acrecientan mi tiempo, me dan estabilidad mental, espacio y protección, la maravilla infinita de lo masculino.  Bueno, seguramente voy a morir, y también seguramente volveré a nacer y, aunque no quiera más que éste, tendré otro harem -porque yo sin harem me olvido de mí, y me marchito.
Una espacio en la página
construye el momento donde la flor se abre
para mostrar la sangre de la r

Letra sin ambiciones. Dijimos. Que conste que esto es sólo esto. Que esto es únicamente. Un gancho. Un grifo. Un albur en el país de las conversaciones a distancia. Una plática del otro mundo. Voy a abrir un libro verdadero. Paralelo. No voy a escribir un libro. Voy a viajar para traer un libro que se manifieste como se abre una mano. ¿Quién cree que puede decir algo? ¿Racismo? ¿Criollos? ¿Apoderados legales? Frasco. Reventar. Soy de México. Soy del Brazo Torcido. La tragedia de una letra central. La estrategia que tenemos todos en el centro. No existe mi idioma sin esa letra. Un gancho de carnicería. Un vuelo de pétalos en la noche, sin decirla. La letra que me vence. Vamos a construir la poesía que no se ve: 2 hojas de árbol, 1 clip, título. Haga lo que quiera con ellos. Un niño perforó una hoja con la punta del clip. Su mano no paraba de acuchillar.Nota: fue un acto frenético y liberador para el niño. Poesía que no se ve. La hoja se la metió a la boca. El clip se volvió un gigante que arrasaba con todo. Al niño no le gustó el aroma de la hoja triturada en sus manos. No le gustó el sabor y corrió hacia el poeta visual para lavarse. El niño tituló: Porquería, dijo que era justo lo que, por las mañanas, escuchaba de boca de su padre.

fragmento de "r" libro inédito e inconcluso
publicado por la revista Letras Libres (el fragmento, no el libro).



Primero hay que saber sufrir
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento
Homero Expósito


Ser libre no consiste en no amar, sino al contrario, consiste en amar sin distinción, sin interpretación. Desde que leo a Arno Gruen, comencé a detenerme en esos fragmentos culturales que nos enganchan tanto a vivir según las normas, como a romperlas. Cuando, en términos de relaciones sentimentales algunos de nosotros decidimos no vivir de acuerdo a ciertas normas que se han considerado "núcleos" para el funcionamiento social, generalmente no lo hacemos basados en el resentimiento, o en los muros que hemos levantado desde el dolor ¿verdad? Decidimos permanecer libres independientemente de con quién nos relacionemos. Para mis amigos y yo, la libertad tiene todo que ver con el amor. No el amor que dura lo que dura un enamoramiento; el otro amor, el amor que se sostiene en los vínculos que creamos cuando estamos juntos. Me refiero a ese circuito que se conecta entre nosotros cuando compartimos algo: una experiencia, un gusto, alguna afinidad. Creamos una especie de codificación, de lenguaje comunitario basado en el respeto: la unión común, la comunión. Sin miedo. Permanecer libre es una acción entusiasta más que pesimista.
Me gusta lo que dice Arno Gruen cuando afirma que la forma en la que nos educan para manejar el dolor desde la infancia, es lo que construye sociedades enteras dispuestas a participar en la guerra, o a ver la guerra y los sistemas de control y de exterminio como algo natural. No es que sea culpa de los pobres padres que enseñan al niño a controlar el llanto a base de amenazas; no es culpa de nadie, pienso yo, pero allá afuera hay una sociedad en la que todavía expresar el dolor es ridículo y sufrir es estúpido; ni qué decir de expresar nuestra animalidad ¡es de salvajes!. Así que todos hacemos como que no sufrimos, como que nada nos duele y como que no somos animales: nos civilizamos. El amor y el dolor no pueden existir separados. Cuando amamos sufrimos si el otro sufre, nos desespera su desesperación, nos alegra su alegría. Mi manera de ser libre es así. Hace muchos años que no hago nada sólo para mí; que no puedo pensar en mi vocación o mi trabajo como una ganancia personal; construyo todo pensando en los otros: amo, y me duele. En la más reciente curaduría, por ejemplo, terminé con el corazón roto después de servir cuarenta platos de comida, y bailar como un payaso para ser testigo de la sonrisa de los otros, del placer de los otros. El amor es así.
Creo en la libertad que prefiere el amor al miedo. Porque hay que involucrarse con los demás sin miedo, hay que involucrarse con el mundo sin miedo: entrar por completo al mundo. Si introducimos el pie en el mundo, sentimos su placer y nos vamos; y después volvemos a introducir un pie en el mundo, a sentir su placer y nos vamos, no estamos viviendo una experiencia, estamos dejando que la muerte se acerque (que la violencia se acerque, el control se acerque, la vigilancia se acerque) aislados (y no autónomos) a la altura del pensamiento, con un mar de negaciones y dolor de por medio. 




"Te das cuenta de que eres quien quiero que seas. 
Un animal. Un objeto. Un vacío para ser llenado por mí."
Me encanta la revolución que estamos viviendo. Una revolución que involucra nuestra consciencia. Es verdad que en la historia del mundo han existido peores torturas, masacres, hambrunas, plagas. La diferencia es que ahora podemos verlas casi en tiempo real -si es que no las padecemos- (y podemos manipular, interpretar, juzgar, dramatizar la realidad al propio antojo). Los shocks también despiertan. La mente que conoce de primera mano la tortura y ha logrado sobreponerse al sufrimiento, adquiere una experiencia que acrecienta su propia consciencia (como ejemplo basta un José Mujica). La verdad no es una información, dice mi Gurú, es una experiencia; pero también las imágenes que recibimos a diario por medio de este bombardeo mediático-informativo producen una experiencia dentro de nosotros. Hoy más que nunca conocemos los matices de la sangre, por ejemplo, proporcionados por un monitor. Hoy más que nunca conocemos la descomposición de los cuerpos causada por la ambición de belleza, o por el hambre; si decidimos instalarnos en la observación exhaustiva de lo que los monitores nos presentan, y no mordemos el anzuelo de las intenciones con las que se nos lanzan esas imágenes: la plaga de la información que genera una epidemia de enfermedades mentales. Hoy más que nunca, si somos capaces de enfrentar el infierno mediático con los ojos abiertos, sin interpretar y sin distinguir, somos conscientes de las dimensiones en las que nos manifestamos: no poseemos nada, experimentamos todo (experimentar como vivir la experiencia: experienciar, pues). La misma escritura cambió al transformarse los medios de comunicación. Yo, una escritora que ahora ningún periódico publica (revistas si, en Bilbao, en Alemania, en Europa claro está) sencillamente entro a esta caja de texto y echo a este espacio mi escritura. No tengo que esperar a la imprenta, a la negociación, al editor al corrector, al juicio de alguna "autoridad en la materia". Pero esos desahogos vocacionales no son la satisfacción más grande que me da esta revolución global. Es la consciencia, lo que vamos comprobando con estos nuevos sistemas tecnológicos que intentan inventarnos un mundo. Mientras algunos insisten en crear una realidad para que nosotros no ejerzamos nuestras propias capacidades creativas, se manifiesta una verdad:  es verdad que para tocar a otros ya no necesitamos las manos, es decir, el cuerpo es una experiencia fabulosa pero ya nos dimos cuenta que somos y nos manifestamos más allá. La mente no está encerrada dentro del cofre craneal. La mente está dentro y fuera de nosotros. Y lo mejor de todo, nuestro interior es tan infinito como lo que se manifiesta afuera; los alcances de nuestra mente hacia afuera son interminables. Mejor aún: ese dentro y fuera de nosotros no existe. Podemos afectar a los otros con sólo pensarlo, podemos visitarlos, atravesar sus cuerpos, abrazarlos, recorrerlos por dentro, salir de ahí y continuar caminando. No se trata de la infinidad de los circuitos de este mundo virtual, y sí, también se trata de eso. Es genial que el pensamiento de una amigo que vive en Pensilvania, pueda sanar un corazón roto en Texas ¿no es cierto? Ése tipo de consciencia está creciendo. Quizá sólo vemos ahora una pequeña parte de lo que somos, y de nuestros alcances. Cuando podamos descubrir nuestro verdadero poder, las máquinas nos parecerán insignificantes, arcaicas: esa montaña que simbolizará nuestro desperdicio.

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el agua



--¿La está molestando?
--No
--¡Sí!
Todo está aquí

Moverse por el espacio, entre los demás que se mueven, sin otro objetivo que un equilibrio orgánico del caos, sin otro beneficio que un intercambio energético elemental. Ver por los hombros, oír por los pies, entender por la piel. Parar, volver a marcharse. Caer, volverse de pie. Acercarse, alejarse. Decisiones inmediatas desprovistas de intención. Vigilancia alegre, sapiencia muscular.  Y los juegos de agua viva, los juegos de cuerpo a cuerpo, de rapaz a presa, yo te agarro, tú me sueltas, y nos quedamos libres. El cuerpo-otro como árbol, casa, refugio; el cuerpo-otro como guía para explorar el mundo; el desconocido cuerpo del otro para conocer al mío. Celebración de los sentidos que nos hacen presentes, aquí y ahora, a pesar de los lenguajes, de las policías del signo, del mercado cotidiano de existir. Hacia una reconquista humilde de nuestros estados animales, vegetales, o minerales, sólidos, líquidos o gaseosos, en la simultaneidad feliz de nuestras estaciones, bestia sin desgracia. Y que por fin se nos vuelva a dar la buena lección de las cosas; esa castaña en la boca, esa palabra en el bolsillo; esa silla donde trepar juntos; esta puerta que se cierra y se vuelve abrir. ¿Y qué más? Poesía física, emoción limpia; el pleno disfrute de no tener nada que decir porque todo está aquí.

Graciela Casanova y Marc Georges Klein (del libro Una poética de la experiencia corporal. Editorial Biblios, Argentina. 2011)
DEL OTRO LADO
(en la parte de ti
que no se ve) construyo
lo que pienso

imaginamos

Pienso la mesa de madera roja
la silla para esperarte en los días de nieve

amor, imaginamos

Del otro lado
(en la parte de mí
que no se ve) pulsa la niebla
de tu beso: ¿eres tú? Abres. Entras

preguntas de mi boca
Una de las obras que componen "La reposición del aura" del pintor ecuatoriano Tomás Ochoa.
Tomás es encantador y su trabajo es sorprendente. Hagan click aquí para ver más.




En un impulso manipulador, desde esta enorme necesidad de controlar mi realidad, iba a subir un video dramático con la hermosísima voz de Concha Buika, pero observándome bien sólo necesito compartir lo que más me gusta, no lo que más me duele (y que a fin de cuentas es sólo eso: imposibilidad) así que aquí dejo el regalo que suena en el corazón de este animalito ("necesito" es una linda palabra ¿no crees? pareciera el bebé de una flor o lo recién nacido de algún postre).