Foto: Rob Stothard, Al-Quds



yo, grababa esto:
video


Quisiera pensar que estoy hundida, pero no. Quisiera, por lo menos, definir esta soledad como insoportable, pero no. Esta es una soledad bastante llevadera, rodeada de muchachos. Estoy en el punto al que le temía hace algunos años. Me he conmovido tanto en esta vida que, pareciera, ya nada me conmueve. Quisiera sentir que arriesgo todo por alguna aventura. Pero no. Mi corazón parece inmóvil. Reposando en la nada. Uno de mis amantes me escribió el otro día y preguntaba ¿quiero saber qué fui yo para ti? Por supuesto, no recibió respuesta. Yo leí eso y pensé: me escriben desde allá, desde esos mundos en los que se siente nostalgia, donde se generan preguntas después de vivir las circunstancias, donde se construyen planes y las vidas son 80% imaginarias. ¿Qué sentido tiene una respuesta entregada desde un mundo que es totalmente otro? un mundo donde lo que importa no se trata de uno, y ni siquiera se cuestiona. Un mundo donde las cosas importantes son detener una hemorragia o prevenir un homicidio. Muy fácil para mí hubiera sido responder: "lo fuiste todo" (conociendo la influencia de aquel lenguaje antiguo en ese mundo en el que yo no existo), y preservar un vínculo azucarando las ideas de un amante nostálgico ¿nostálgico de qué? Me parece risible la nostalgia, jugar a ella resultaría una burla y ante todo: respeto, respeto para los amantes que han sido todo dentro de mi vida, aunque sus preguntas ya no me digan nada. Y es que, si tú has sido uno de mis amantes y sueles recordarme con nostalgia, debo decirte que nada de lo que recuerdas está vivo, no soy nada de lo que estuvo ahí, es más, no sé siquiera si ahora mismo soy algo. No soy un nombre. Ni soy un libro. Tampoco soy fotografías colgadas en las redes. Soy nada. No es por hacerme la importante. Soy nada. No encuentro lo que soy. Esta inmovilidad no la contiene ninguna imagen, ni la tomada ayer. Si tú eres uno de esos amantes te digo: el vínculo es falso. Ese: "yo la conozco" que se levanta, cuando escuchas mi nombre o, si quieres pensar en algo más profundo, esas preguntas que aparecen porque de pronto yo ya no respondí. Si no respondo es porque no hay más yo. Es así.
Ah! justo ahora, justo ahí, es que se mueve algo.
[...El agua del Tigris está prohibida.
El aroma del pescado es prohibido.
Al-Abbasiyya ya no existe.
La casa completa está desenraizada y con ella la raíz de sus árboles

                 el árbol de loto, la mora,
                 el eucalipto, el romero,
                 el cáñamo, el joppa,
                 el limonero, la palma con sus dátiles

No quedó sombra para ningún secreto

No respondí a su carta por precaución:
No quise recordarle del retorcido trozo de metralla o de la peste a humo.
Nunca le informé que fui arrestado por la radio y ahora vivo cautivo en la pantalla...]


Fawzi Karim, Baghdad
Plague Lands and other poems

Siempre hay un hombre en mi vida. El día que no haya un hombre en mi vida voy a estar muerta. No falta mucho tiempo, btw. Hey. este no es un post pesimista, este es un post sensato, cuerdo. De esos que escriben los adultos. Adulto, algo que nunca he sido. Ni sabré cómo ser. Como tampoco entiendo el término familia y sus ataduras. La idea del para siempre. Pero mi para siempre, siempre es un hombre. Siempre. El día que no haya uno en mi vida... yo no sé, no sé.
No se trata del género, no me coman! Se trata de la libertad, de los privilegios, de la forma en que se contonean. De la certeza con la que dan el paso, los hombres de mi vida. De la seguridad con que defienden lo que que creen, de la animalidad asumida y vivida sin miedo. ¿Tú no pasas por encima del miedo? Entonces no me refiero a ti. Me refiero a los que cruzan frente los soldados, a los que hacen valla frente a la policía, a los que dan el cuerpo frente a los militares.. A los que enferman con los enfermos del mundo, a los que tienen hambre con el hambre, a los que se les parte el corazón con el dolor, y aún así actúan. Van adelante. Se levantan. Enfrentan lo imposible, porque sí. Porque sencillamente sí, van a usar su privilegio para enfrentar, sin éxito, eso que a todos nos oprime y continúan, y se averguenzan y continúan y saben que nunca tendrán éxito. Si acaso, un poco de lujo y de lujuria. Porque lujuria debe haber. Son hombres.


No sé cómo he desperdiciado tanto amor...

Calandiya Checkpoint, Hebrón.


Es difícil observarse a sí mismo. Tan difícil como ser testigo de las políticas de exterminio en el mundo. Tan difícil, como observar cómo se nos asigna un número, un código de barras y se nos separa por fronteras y retenes de acuerdo a nuestra cultura, nuestra raza o nuestro idioma.. Primero nuestra raza, debo decir. Observar el sufrimiento de los otros desde una posición de privilegio es difícil, pero observarse detenidamente a uno mismo, tal y como es, a veces resulta una tarea insostenible: infierno puro. No porque uno sea mala persona, sino porque uno es el inquisidor de sí mismo. Pero, hey, un momento ¿un inquisidor es mala persona? El inquisidor es el demonio juzgando al mal. Nos lleva a la orilla de nuestro propio abismo para observar paso por paso en qué hemos fallado.

          Hay tener consciencia de que el inquisidor es el mal porque si lo confundimos con la verdad estamos fritos: nos pegamos un tiro. Un inquisidor, por ejemplo, ve una navaja donde hay un tubo con pasta para dientes, o un acto de justicia donde hay trescientas mil armas. Un inquisidor puede condenarnos a cadena perpetua sin derecho a juicio porque robamos unos dólares del monedero de la casa durante la infancia. Es un decir. No todos conocimos los dólares durante la infancia. Las cadenas perpetuas son destructoras feroces, son excavadoras que rompen las paredes de nuestra seguridad, que dejan zanjas y abismos en la ciudad mental que nos hemos forjado. 
Es difícil observarse sin que el inquisidor aparezca y nos siembre la rabia: porque la injusticia en el mundo, porque el hambre en el continente, porque los desplazados en el país, porque los desaparecidos de mi ciudad, porque los secuestrados de mi barrio, porque los asesinados de mi oficina, porque los torturados de mi casa, porque las falta de trabajo de mi familia, porque no me soporto, porque no soy lo que debería ser y porque no hago lo que debería hacer, porque me amarro a mí misma las manos y me cayo y me encierro y me obligo a decir lo que para el inquisidor es la verdad. Y la digo. Y creo, por un momento, que soy una persona de segunda, con un lenguaje de segunda y un color de segunda, proveniente de un país de asesinos, aceptando mi segundo lugar. 
         
            Es sólo el inquisidor. Afortunadamente, todos sabemos que no es la verdad. Nos tratamos así porque nos orillan los tiempos, nos señalan los tiempos (las estructuras). La verdad se abre de forma muy distinta, sin persecuciones ni arrestos, sin autoridad y sin pedir permiso. La verdad brota y florece toda junta. La verdad es de fuego y de sangre, y de bocas que todavía mostramos bien los dientes, y el ritmo, y la bruma. La verdad no se puede pulverizar.

Hebrón, mayo 2017.

Niños de un campo de refugiados, bloquean nuestro camino en Nablus


No sé qué me pasa. Sí, ya sé que no estoy diciendo nada nuevo. Nunca sé qué me pasa. ¿Alguien lo sabe? Como siempre esto es sólo un decir. Creo que sé que me pasa. Me pasa que tal vez no siento que la escritura pueda definir, siquiera describir remotamente algo de lo que sucede en el mundo. Ante tanta barbaridad, y no es por sentimentalismo, creo que la escritura es una herramienta un poco inútil para nuestra época: decir no basta. Decir no es suficiente. Ese punto oscuro, si lo vemos de frente, se ha estado insertado en mi corazón estos últimos meses. Eso y la idea de que no conozco realmente a las personas que amo. Porque las tengo lejos (hay tanto a quién amar). Y, para variar, cada día remo más y más lejos. Pero lo de las personas que amo no importa aquí, decía que ese punto oscuro, si lo vemos de frente, se ha insertado en mi corazón. Pero tengo otras formas de mirar el mismo punto. Cuando digo escritura me refiero a mi propia escritura, y caigo en esta idea podrida de la producción. Y cuando me refiero a la idea podrida de la producción, no me refiero al hecho de escribir toneladas o no parar de escribir (que es lo que hago, porque si no me enfermo). Me refiero a escribir con la idea de que la escritura sirve de algo o debe servir para algo. A mí me sirve para algo: para pensar, para reflexionar. La escritura, en mi caso, es pensamiento. Hace tiempo ya que tampoco me gusta hablar de mí como un yo. Porque ya no me siento así. La escritura, entonces, es una herramienta indispensable para describir el mundo de la biología (por ejemplo), de los sistemas artificiales como este que han creado dimensiones como si se tratara de algo natural. Y habitamos esas dimensionen, nos hemos sumergido en ese mundo. Algunos de ustedes, por ejemplo, nacieron aquí, con esta dimensión abierta. Para eso funciona la escritura. No podemos seguir pensando en la escritura como un simple regocijo. Es decir, me lo digo a mí: no puedo seguir pensando en la escritura como un simple regocijo. La escritura es uno de mis mundos, el mundo que mejor me sienta, he perdido amigos en ese mundo, por ejemplo: porque han muerto, porque los han asesinado, porque me fui sin despedirme, porque su mundo andaba mucho más rápido que el mío y qué se yo por qué más pero, a lo que voy es que la escritura era una dimensión, era la dimensión alternativa que crecía de forma natural como una red distribuida ¿ahora me explico? La estructura que se construía a sí misma, antes, se manifestaba desde los hombres a través de la escritura: se hacía tangible. Ahora, esa estructura es una red que está aquí, y se manifiesta en la plataforma en la que les escribo. La escritura, igual que nuestro(s) mundo(s) ya es otra cosa. Aquí los amigos vienen y se van, desaparecen, aparecen en la sala de mi casa desde Singapur o Eslovenia, los llevo dentro del aparato a la cocina etc. Otra dimensión. 
No me quejo de ella. Lo que intento explicar es que la escritura cambió y ahora, si no sostiene una profunda manifestación del mundo natural, del pensamiento natural, de la naturaleza que somos, es sólo un juguete, una pieza decorativa a la que también le construimos un mundo. Como si nos reuniéramos a adorar un trozo de chatarra e hiciéramos largos viajes para verlo, y nos hospedáramos al rededor del trozo de chatarra en lugares lujosos, sin ver que se trata sólo de nuestro miedo de dejar de adorar, aunque sea un trozo de chatarra. Como si, cuando el trozo de chatarra se acabe, todo en lo que hemos creído se fuera a acabar con él, entonces nos obligamos a seguir: a sostener el Yo, a avanzar intentando adorar la chatarra de forma cada vez más creativa (unos desquiciados), alimentando festivales y doctorados, generando certificaciones y credenciales: jerarquías: creando y cerrándole el mundo, un mundo enfermo construido para adoradores de la chatarra que han colocado en un mundo blindado. No queda vida ahí. En aquella escritura.

La vida ahí se acabó. No sé bien a bien cuándo. Tal vez ese sea el punto que se siente extraño en mi corazón. La vida está en otra parte. Y la vida, en otra parte, es vida y, por lo tanto, es maravillosa.
Fawzi y yo. Estambúl, 2017

Hace tiempo (quizá tres años) que no me considero parte de una "comunidad" literaria. Sin embargo, entre menos "siento" que formo parte de un mundo exclusivamente dedicado a pensar o vivir entorno a un sólo "tema", más me voy convirtiendo en parte de todo. Visité Turquía la semana pasada y no vengo aquí a hacer el recuento de las luces artificiales de la novedad. En Turquía hubo días en que me supe totalmente sola, con la certeza de que en el mundo, sin más, estamos solos, sin esquinas donde esconder la soledad. Hubo tardes en que sentí la opresión enorme de la soledad, cuando la soledad no es aceptada. Viajé en el ferrí, visité cada barrio, me acompañaron amigos maravillosos, únicos. Observé los perros gordos asoleándose sobre las banquetas, vi a mucha gente reír de no entenderme. La gente de Turquía es buena y es hermosa. No es la novedad de la bondad lo que me sorprende, fue precisamente esa bondad antigua, construida siglo sobre siglo: la bondad brillante de los corazones sencillos de la gente era lo que me oprimía el corazón. ¡¿Cómo y por qué me siento tan sola y tan triste?! pensaba. No es que faltaras tú, tú nunca faltas, tú y tu corazón entero y limpio están conmigo siempre, ampliando mi propio corazón. Era algo distinto, algo invisible. Los hombres en los parques jugaban con sus hijos, no vi a un sólo niño celular en mano perdiéndose de la vegetación de la ciudad. Los niños, me parecían niños. Los padres, padres. Y yo me sentía tan sola. El escenario resultaba para mí tan increíble. La inocencia me parecía una capa, una película por encima de la ciudad real, la ciudad que es el mundo. Era, me parecía a mí, una inocencia tensa. Una alegría impenetrable. La alegría como lucha, el trabajo como motor, la hermosura en la fuerza de los muchachos como un contragolpe. No sé. No sé. Y fue ese "no saber" lo que me me afligió todo el tiempo, ese "no entrar" a ninguna verdadera casa, no sentarme a la mesa de ninguna familia, Era como ver Estanbul desde una vidriera, como si Estambul fuera un lindo aparador de repostería, y cada dulce escondiera una puerta hacia una vida que se me escapaba. 
Una niña, en una escuela me preguntó por Giorgio Agamben, por ejemplo. La pregunta más difícil de mi vida. Y yo ahí. Sin ver el corazón de nadie, pensaba mientras hablaba "qué pensaría Agamben si me oyera". Hablándole a algo que a mí no me habla. ¿Cómo es que los escritores podemos ser así? ¿Cómo es que podemos pasar por los países diciendo cosas como si fuéramos importantes? ¿Realmente creemos que lo que decimos importa? Importa comunicar: comunicar importa.
Importa el amor, y el amor no es un decir. Hace tiempo que siento que no soy parte de una comunidad de escritores, el escritor como una totalidad ya no importa. Decir como una totalidad ya no importa. La escritura es sólo una herramienta para hacer otras cosas. Importa hacer otras cosas, con las mejores herramientas. Importa salir de la vitrina, tomar el postre, derribar la frontera, perderse en la vida, atravesar la puerta en lugar de pasear como si aplaudiéramos el paisaje de una carnicería, como si, por el arte de magia de nuestra escritura, pudiéramos morder y saborear la mejor parte de un país. Pero ¿Cuál es la mejor parte de un país? ¿Cuál es? 

Anuncio de mi visita a Estambúl 
Yo, con mi visión global, tratando de alejarme del color rojo y otras tantas maravillas, me estaba preguntando ¿cómo es que hay restricción de los bancos norteamericanos para usar mi tarjeta en Turquía? ¿Será una restricción de los bancos gringos, o será una restricción del gobierno turco? Ah, la libertad y el dinero... dos situaciones tan ambiguas, pero ya ven: me invitan. Voy sin dinero porque el país que adopté no me da permiso de gastar tooodos mis dólares... ¿o será que allá no valen? any who.
Y BTW ¡tradujeron mi trabajo al turco y al árabe! wiiiiii (justo lo que necesitaba mi prestigio de escritora subterránea). Y amor ¿vienes conmigo?
Tal vez nuestro error sea creer que la literatura es un todo, y nos sumergimos en ese todo. Hacemos de ese todo una vida y, en realidad, la vida es otra cosa; y la literatura es sólo una herramienta opaca y sin futuro.

                                         
Hace tanto tiempo que dejé de hacer de este blog una costumbre, que había olvidado que visitar este blog también es leer a mis amigos. Casi olvido a esos amigos también. ¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé. No sé dónde he estado, pero no importa. Veo la vida más clara, conozco mejor las manifestaciones de la naturaleza. Aquí estoy. No sé dónde he estado. Después de ti no tengo idea dónde estuve. Y ahora vuelvo al blog y es como volver a ti, otra vez. La vida me retoma. Me entero de cosas y de personas que no recordaba siquiera que existían. Regreso y vuelvo a tener la sensación de que ya no soy eso, tampoco: eso que estaba aquí, eso que te busca. Qué decepción vacía esa de regresar y no encontrarse. Los amigos saludan como siempre, y me detengo a observarlos como si se tratara de personas desconocidas. ¿Realmente sé algo de esa confianza que se acerca? pienso. Luego voy y los leo y tengo una especie de recuerdo, de algo que ellos son y continúa: ahí está, escribiéndose. Es una sensación extraña. ¿Quienes son ellos? a los que amo. A los que sin saber quiénes son siento que me conmueven con un simple saludo. ¿Confundo mis ganas de conmoverme con una realidad que lo provoca? No hay realidad para conmoverme, elijo conmoverme y entonces amo a mis amigos, como si supiera lo que mis amigos son. Si ustedes me están leyendo y son mis amigos, no lo tomen a mal. Es sólo la sensación otra vez, no de estar separada, sino de desconocer todo lo que observo. Tengo la impresión que no conozco a nadie. Conozco la naturaleza, los elementos, la forma en que la vegetación se comunica y avanza. No conozco a nadie. Ni a ti, a quien amo, conozco. No sé qué he vivido contigo ni qué hay en ti cuando me hablas ¿qué recibes tú?
Para eso regreso, tal vez, para recordar quién eres y quien soy. Regreso para regresar a la memoria, tal vez. Tengo esa sensación de no saber. 

Hoy, una desconocida me dijo "sé su historia" y yo le pregunté, "¿cuál es mi historia?" eso fue una coincidencia en mi día, encontrarme con una persona desequilibrada, yo ya desde antes venía sintiendo que no conozco a nadie. Acaso a los geranios, a la buganvilia que he visto crecer pegada a la ventana, y hasta ahí. Ni siquiera a mi amante conozco. Ni siquiera sé si tengo o no un amante. No me siento perdida. Me siento incapaz de conocer las mentes de las personas con quienes comparto la intimidad; y así, de la nada, una loca me dice "sé su historia". "¿Cuál es mi historia?". La mente de las personas que conozco puede dar un giro inesperado para mí en menos de un segundo. No sé. Supongo que eso es estar sola. Pero tampoco se confundan, Yo sé que me quieren. Es sólo esta sensación, junto a una calma que se parece tanto al desierto: un entendimiento sin sobresaltos, como una ------------------- así. Sin importar el ruido de los coches, o la costumbre sonora del silbato del tren que de tan cotidiana se disuelve, pasa desapercibida pero ahí está. ¿Será eso? ¿Así será la mente de mis amigos? que ha estado ahí siempre y de tanto estar, esa mente se borra, se confunde con el paisaje diario y cuando me doy cuenta se ha transformado tanto que ya no sé... no sé.
Hace meses ya que el libro que imagino se está escribiendo en mi pensamiento. Como mis ocupaciones me impiden sumergirme en el túnel y no abrir la puerta durante tres meses, vengo aquí como una manera de engañar al monstruo que se escribe solo. Lo tomo de la mano, hago como que hemos escrito lo que quería, cierro esta ventana de edición y listo. Se sosiega un poco. Entonces tengo que contar cualquier cosa: de mi mañana de pensar, del ruido que hacen los trabajadores del sistema de agua y drenaje mientras perforan la calle justo al frente de casa. Y el rumbo de mi vida. ¿Cuál? ¿Cuál rumbo?
El año pasado tenía miedo de dejar de quererte. Eso, como todo, pasó (me refiero al miedo, no al quererte). Después de estudiar intensamente con mi Guru siempre sucede algo. Me rondan ciertas ideas que anuncian ciertas experiencias. Había estado pensando mucho el año pasado sobre el concepto de "red distribuida" que se utiliza para definir la manera en la que internet y las comunicaciones se dispersan y se expanden como si se tratara de un organismo vivo; pensé mucho también en la comparación de estas estructuras de comunicación con la estructura de pensamiento y con la estructura molecular pero, durante el trabajo intensivo con mi Guru surgió un concepto que hizo "click" con lo que venía pensando este año, aunado a los procesos de reproducción: la entropía. Había estudiado la entropía de manera filosófica ligada al orden y al desorden de las cosas, estos días, esa parte de la física fue la clave para definir un proceso que me interesaba averiguar: el proceso por el cual la realidad se manifiesta frente a nosotros tal y como es. Celebré, por su puesto, este nuevo giro que ha tomado mi investigación, una investigación por demás poética (debo aclarar); ahora estudio entropía y dinámica. Pero esas son mis obsesiones, lo que tengo a la mano. Lo que puedo alcanzar desde mi comodidad, mientras la luz invade la sala , placentera y espero a Juan Manuel para salir a un té, en nuestro intento presuroso de pasar tiempo juntos porque ha visitado esta frontera como flash. En realidad me ha entrado un deseo enorme de desaparecer. No por cuestiones depresivas, o pesos existenciales. Sino por una necesidad de libertad. La libertad, ha sido para mí una lucha emocional estos últimos años. Decidir no establecer relaciones sentimentales convencionales en nombre de la libertad, se vuelve una tarea más difícil año con año; las personas de mi edad se cansan de la sexualidad activa (la consideran un deporte extremo), quieren acurrucarse, ver televisión, dormir y todo eso está bien pero tal vez yo soy tremenda egoísta. Pero decía que la libertad ha sido mi tema estos años, entre menos pertenencias más libre me siento. Lo que ha comenzado a darme vueltas en el pensamiento es la cuestión de la identidad, he comenzado a sentir que vivo atada a mi identidad, incluso aunque me haya cambiado el nombre. Vivo a atada a lo que "creo" que soy. Creo que soy una obsesiva compulsiva: vivo en torno a esa creencia todas mis mañanas; creo que me son indispensables, por ejemplo, mis horas "de pensar". Creo que te amo: vivo en torno a ese amor todo el día; creo que me es indispensable lanzar esa cuerda a la distancia para sentir que toco algo de la mente que amo. También creo que soy congruente: vivo en torno a mi congruencia, sosteniendo una estructura congruente todos los días, con sus creaciones y sus levantamientos, con las convivencias comunitarias and so on. Lo indispensable es en mí más un sistema de creencias, que una realidad.  En realidad lo único indispensable para mí es alimentarme, dormir, despertar, respirar. ¿Me explico? esa forma de sostener una identidad, mis libros, mis pensamientos, la observo y cada día me parece más una limitación que una zona de avance o de crecimiento. Meh. Whatever, Anywho.

Así que, cuando digo que me gustaría desaparecer, me refiero a que me gustaría ser libre de mi sistema de creencias, no tener uno. Sólo vivir. Comenzar a caminar y ver lo que hay en el camino. Sin ser esto o aquello. Libre, supongo.
Cuando era una adolescente no me había entendido a mí misma al grado de observarme como si lo que observo fueran las características de alguien más, por eso: abría la puerta, salía a la calle alguien me saludaba sin conocerme, platicábamos y nos echábamos a andar. Todo era fascinante porque yo estaba experimentando, por primera vez, lo que había afuera: personas, libros, calles, bares, muchachos... Ahora, en cambio, tomo un avión, me transporto a otro continente, desembarco y aparezco ahí, del otro lado, como una escritora, con todo lo que creo que soy... y observo a través de ese lente: observando y sosteniendo lo que soy... a cada paso... ¿por qué? ¿sólo porque he escrito unos cuantos libros y unas cuantas personas en otros continentes los han leído y esas cuantas personas añaden a su sistema de creencias eso que creen que soy? Y yo, aparezco ahí y sostengo lo que creo que soy, mientras hablamos de lo que creo que escribí, de lo que creo que investigo, de lo que creo que pienso y de lo que creo que creo.

A veces la realidad me parece una broma. 
¡Cielo Portáil cumple 6 años!

Pues ya está, OllinIlhuicani que es lo mismo que Cielo Portátil, que es lo mismo que Portable Sky, cumple 6 años. Continuamos siendo, a pesar de las pérdidas, de los días en los que algunos de nosotros hemos terminado como si nos hubieran pasado un tren por encima. A pesar de los estira y afloja para conseguir espacios, la lucha para que la gente del barrio nos conociera, para que los recibos de la luz quedaran cubiertos, para que los niños no lloraran tanto y se divirtieran la mayor parte del tiempo. ¡Seis años! a pesar de las preguntas como "entonces ¿cuál es tu ganancia?" que hicieron otras organizaciones, desconfiadas y burlonas al escuchar "ninguna, la ganancia no está en el plan". Aquí seguimos, ¡y crecimos! y ahora damos un giro.

Cielo Portátil comenzó hace 6 años, cuando huí de mi país, y me hospedé en un garage durante tres meses antes de viajar a Los Angeles, En esos tres meses Cielo Portátil dio un primer curso de capacitación para que otras mujeres pudieran dar talleres de escritura autobiográfica, conseguimos que las certificara DEMAC (Documentación y Estudios de Mujeres, AC.); en Los Angeles trabajamos con el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, Machine Project y El Monte Arte Posse, fundamos Vena Cava, la librería-centro cultural que recibió a poetas, periodistas, artistas plásticos, y echó a andar la librería móvil como una reproducción de la librería feminista-móvil que instalé en Ciudad Juárez del 2008 al 2011. Antes de traer Cielo Portátil de regreso a la frontera, tenía la opción de fundar otro Cielo en Detroit. Mis proyectos, siempre se basan en las prioridades de los demás, y no el las propias (porque soy Guru, mis únicas prioridades son vestir, comer y tener un techo desde donde compartir con los demás), pero el Cielo es el que manda; así que aquí estoy. Desde entonces, este Cielo ha viajado a Ecuador y a Honduras (tomando vacacioncitas en la bellísma Argentina) y se ha manifestado en Paris, Holanda, Suecia, Bélgica, España, Alemania y La India. El mes entrante estará en Turquía y en Palestina. 

Lo que más me gusta de OllinIlhuicani es su avance, silencioso, como el mismo avance de la naturaleza, sin prisa, tomando su propia forma sin imponer control: no hay control, crecemos organicamente y también así, de forma orgánica, el año pasado creamos OllinIlhuicani, nuestro nombre en náhuatl, como un concepto. Porque el náhuatl es el lenguaje sagrado de este Cielo:el lenguaje de nuestro corazón. Nos llevó tiempo, reuniones y trabajo de investigación y colaboración llegar al punto de decidirnos por OllinIlhuicani: la que lleva el cielo en movimiento; esa "la" no es necesariamente "la mujer" es "la persona" no entramos en el facilismo de quienes ponen "x" o arrobas para transformar de forma violenta lo que ignoran, este Cielo respeta y trabaja con devoción por la humanidad, por TODA la humanidad, sin discriminación, sin distinción. Son actitudes que hemos aprendido en el camino.

Personalmente vivo feliz de lo que OllinIlhuicani comienza en este nuevo ciclo, cómo y para qué esta escuela se transforma, funciona, y se sostiene; sin propósitos de "alta cultura", sin vuelos intelectuales, con el simple propósito de educarnos para el bienestar en general (que es muy particular, como el patio de nuestra casa, como este hermoso y silencioso barrio).

¡Gracias a quienes me acompañan en la felicidad presente!
Francisco Martínez y DesingOllin (en los -des-controles web); Cristal Castillo en las ideas visualizadas; SatIndra (Perla Aguirre), en la gureidad y manifestación natural de la sabiduría y las flores; Ariel Vercelli, en la percepción clara y global ¡Mago!-; KarunApsa (Lucille Hopple), en la manifestación poderosa de Boddhissathva; Maha Vajra, desde la maestría de su inspiración y Juan Manuel Portillo (a.k.a. Beat) por su presencia total y constante. ¡Vamos por -como dice el tatuaje "más"!
¿Recuerdan que el año pasado tenía miedo de dejar de querer?


Marzo siempre es un mes ocupado para mí. Cielo Portátil tiene todo que ver con marzo, sus comienzos, su fundación. Cielo Portátil nació un 11 de marzo, del 2011, cuando tuve que dejar mi país. El número 11 también es importante para mí, pero esa es ya otra historia. No recuerdo qué día, hace un año, Cielo Portátil se convirtió en OllinIlhuicani, y todo verdaderamente comenzó a transformarse. El náhuatl, como el maya, el sánscrito y el hebreo es un lenguaje sagrado, encierra manifestaciones; tal vez no es que todo comenzara verdaderamente a transformarse, es que todo lo que había estado transformándose constantemente comenzó a tomar sentido para mí. Ya saben que no respondo emails (cambié mi email personal), que no uso más Skype, que no tengo whatsapp, que no tengo tuiter, que dejé facebook, que cambié mi nombre, que escribí mi primer libro como Guru (un libro para niñas que se llama "La niña y el mago") que escribo un segundo y un tercer libro con mi nueva identidad y que, de vez en cuando, vengo aquí. Además en estos días descubrí que me encanta tener mi teléfono en silencio, así que tampoco me apresuro en responder. Lo que no cambia es que te sigo adorando, te adoraré siempre. Eres perfecto para mí. Cuestiones de la diminuta sensación de eternidad que me golpea de vez en cuando. El otro día soñé que no volvería a enamorarme más. Cuando doy clase me siento una ancianita. ¡Es curioso, siento que soy una ancianita! después termino la clase, me veo al espejo y me doy cuenta que no, que ahí estoy, más o menos jóven, qué se yo. Decía que en el sueño tenía la certeza de que no volvería a enamorarme. Tal vez así vaya a ser, que yo ya no me enamore más. Conozco ya a los hombres de mi generación que tienen las contadas mentes infinitas, los corazones más compasivos y enteros, la percepción aguda para ver sin interpretación, con claridad, la realidad sólo como es. Tal vez es todo lo que hay y, aunque está en mí, no necesariamente tiene que estar conmigo. No tengo miedo a que así sea. Tal vez así es. No sé. Puede que haya algo más. Mi Guru planea sus manifestaciones cientos de vidas por adelantado, no sé qué más pueda haber. Lo que sé es que, como cada final de marzo, estoy rendida, con ganas de viajar, pensando que no he tenido tiempo suficiente para mí y a la vez pienso ¿pero cuál es el tiempo para mí? Ya no sé. No puedo separarme de todo. ¡Oh, ya sé cuál es el tiempo para mí! ¡Es éste! es venir aquí y escribir. Es pensar en mis libros. La escritura, como siempre, se convierte en mi lugar privado. Eso es lo que quiero para mí. Publicar yo mis libros. No darlos a ninguna editorial ni a ningún traductor. Hacerlo yo, deleitarme con la ilusión de que algo pequeñito y sin importancia es mío. Hoy también está la luna nueva en aries, BTW. Así que es momento para iniciar proyectos, y transformar OllinIlhuicani: la ecuela. decidido: no más editoriales, no más traducciones. ¡Soy sólo mía (y tuya: siempre tuya)!
¡He vuelto! No con ese ánimo "funéreo" de hace unos días. He vuelto-vuelto. Me había intoxicado no sé con qué comida venenosa cuando decidí volver. Ah, la enfermedad cómo transforma el ánimo. Hoy amanecí sintiéndome muy bien y compré algo. La felicidad no viene de lo que compré, y sí viene. Desde que soy Guru me resulta indispensable una mesa para reiki, una mesa portátil porque mi escuela de Guru es también mi biblioteca; había tenido una mesa prestada por meeeeses, pero hoy me decidí, abrí la página que no es página en este aquí que no es aquí y ordené online mi primera mesa de reiki nuevecita (nada de CraigList, ni de venta de garage), color crema con patitas de roble rojo. ¡Me siento tan bien! Consideré importante que lo supieran. Seguiremos informando.
Parece que hace años no venía por aquí, pero no ha sido tanto. Unos cuantos meses quizá, en los que mi corazón estuvo entretenido observando situaciones maravillosas que se transforman dentro mío. No es lo mismo. No soy la misma (ahora te quiero más, te necesito más). He rectificado algunas de mis actitudes, he reflexionado en al forma en que una mujer autosuficiente puede hacer sentir a los demás. Saber sobrevivir en el desierto comiendo raíces, no es bien visto por todos. Hay quienes necesitan sentirse necesitados ¿Cuándo rompí con ese juego? Recuerdo que yo jugaba el juego de la codependiencia muy bien. Ahora, que no muerdo ciertos anzuelos, debería saber al menos cómo hacer sentir a una persona que la necesito, aunque la necesidad sea ilusoria. Esas mentiras piadosas que sostienen la pasión dentro de uno mismo, a veces. También he conocido personas a las que les gusta convivir con mujeres como yo, que se sienten inspiradas y retroalimentadas, en lugar de sentirse inútiles o inferiores. Comprendo que para otros tantos puedo ser un documento escrito en un idioma indescifrable. Ni hablar. A mí me gustaría ser clara, simple, como Neruda (lol). Pero bueno, sigo intentando. No es lo mismo. Dejé el café, por ejemplo (pero no dejo tu fuerza, tu fuerza fue un aprendizaje que me sostiene siempre, y que amo -ese impulso vital, ese animal), duermo mucho mejor. Hay cosas que no cambian (mi amor por ti, por ejemplo, bueno cambia sí: crece): sigo odiando los espárragos. Pero no es lo mismo. Quizá la próxima vez haga las cosas de manera distinta y me mude a empezar todo de nuevo a otro país, sin miramientos. ¿Qué podría pasar? Quizá no lo haga nunca. 
Me ha faltado la inspiración para terminar mis libros. Dejé las caminatas, no he ido al museo (pareciera que todo eso eras tú, pero soy yo). Tengo inconclusos 3 libros; ya no escribo poesía (bueno, eso sigue igual desde el 2011, aunque todo lo que escribo intenten llamarlo poesía, anywho, seré poeta hasta que muera, supongo). 
No es lo mismo, veo menos noticias. Me aferro a enamoramientos obsoletos y absurdos (¿eso es lo mismo?). 
En un sueño, se me entregó hace unos meses, la fecha y la forma en la que voy a morir. Eso me conmovió, me tomó por sorpresa. Después me pareció un regalo hermoso. Pero no sé. No sé nada, como siempre. Eso sigue igual. Igual.


¡Esto está pasando en el barrio! ¡Pura acción!

#nativeindianbrownpower #correct #communique

Son las 4 de la mañana del 12 de diciembre. Salvo que mi vida no se detiene, no hay nada extraordinario por aquí. Salvo que he logrado cortar con la mayoría de mis co-dependencias, tampoco hay nada nuevo por aquí. Salvo que después de dos años, por primera vez siento que estoy cien por ciento presente en esta tierra, no hay nada nuevo por aquí. 
Nada nuevo. Me dan miedo los proyectos que estoy por iniciar ¿les suena? Como siempre. Los propios riesgos me producen insomnio; insomnio del que yo llamo "insomnio del bueno" porque hay en él una felicidad subterránea, la felicidad que surge de esa noción de que, aunque tengo momentos pésimos, en realidad nunca me detengo: no hay nada en mí que deje de moverse o de transformarse. Como les digo ¡nada nuevo! Salvo que, a pesar de no poder pisar mi país me siento más libre que nunca. Estoy de buen humor. No es que sean particularmente buenos momentos, es que estoy, por primera vez en dos años, completamente en mí. Tanto-tanto, que puedo abrir las puertas de lo que soy sin miedo a escaparme porque, esto que soy no es una jaula: es un lugar hermoso donde los otros entran a descansar. Ahora escribo canciones para buscar mi voz. Son canciones que buscan. Otra vez yo buscando algo más de mí. Les digo: nada nuevo.

Esto anda haciendo el barrio en voz de Louie Speaking Eagle
(lindo escuchar el crédito a OllinIlhuicani-Cielo Portátil-Portable Sky).
Native Indian Brown Power! (I guess).



Quería venir a mostrar mi homenaje a Yoko y Lennon; supongo que cientos de mujeres han hecho lo que yo: homenajear a una mujer que supo manifestarse en su grandeza, incluso -y sobre todo- dentro de los estándares de comunicación masiva que la televisión significaba en aquellos tiempos, en el país que hizo su reino usando la supremacía blanca como cimiente. 
Una mujer asiática-americana casada con el cantautor más famoso del mundo; grabando, gritando, colaborando con la clara intensión de mandar un mensaje masivo: nada de lo que transmiten los medios de comunicación es realmente importante, lo que nos dan es sólo una ilusión. 
Cómo se estigmatizó a una mujer que no usaba maquillaje, que se mostró desnuda, que invitó al mundo entero a visitar su cama, que mostró (sin cobardía) su parte más intima, que demostró que se podía confiar, y que la paz era posible. 
Los medios, amenazados, la mostraron como el demonio que separó a Lennon de su hermoso y rubio destino, como la mujer fea pero con suerte que usando artilugios sexuales tenía a su lado al anglosajón más famoso del mundo; la exhibieron como símbolo de la promiscuidad, para asegurarse que ninguna otra fuera a seguir su ejemplo, y sembraron la idea de que usó la fama de su esposo para sus propios intereses, mezquina. El mensaje de siempre: la superioridad del marido, la anulación del poder de la mujer libre y de "color".

Y hablando de maridos, no puedo dejar de pensar que Lennon fue un hombre valiente total. Que no tragó la píldora de los condicionamientos y que fue libre hasta su último respiro,
La libertad es un paraíso que cuesta, pero que vale, absolutamente la pena, cada miedo que hay que sobrepasar para llegar a ella. No podría homenajear a una mujer como Yoko sin poner atención al hombre que eligió para, a través de él, manifestarse y entenderse a sí misma ¡esa mujer, que no necesitaba de nada ni de nadie!  
¡Sigan viviendo quienes aman con libertad, la libertad! 


"Yoko and me, thats reallity"


No sé por qué esta canción ha estado sonando en mi cabeza, cuando el panorama es tan... tan... anywho... y cada vez que suena en mi cabeza también pienso en ti. No hay relación alguna salvo el hecho de estar experimentando realidades absolutamente distintas (la imposibilidad) y que tú, tú... ah, nevermind.

Hace tiempo que quería traducir esta reseña de Estilo, una de mis lecturas favoritas (no sé si una de las mejores) que alguien haya hecho de mi libro. Agradezco muchísimo a Allison Noelle Conner por tomarse el tiempo para escribir y describir esto que aquí traduzco y cuyo original apareció aquí: FULL STOP en inglés y que tituló Style - Dolores Dorantes. Comienzo con la portada del libro (una ilustración de Henry Darger) porque es desde ahí, desde donde Noelle decidió comenzar a describir su aventura. Ahí va: 
Estilo - Dolores Dorantes
¿Cómo la imagen de portada nos prepara para las rupturas y reveces de Estilo, de Dolores Dorantes? Las pintura de Henry Darger representa a unas jovencitas abriéndose camino entre tormentas de agua. Dos niñas en primer plano parecen perdidas en un juego de mímica mientras otras, al fondo, parecen vencidas por la incertidumbre, el miedo o el pasmo. Rayos voraces cruzan sobre el cielo nublado. ¿Ha habido un desastre? La contraportada es la continuación de la parte frontal pero contiene una sorpresa perturbadora. La estatua de una figura uniformada a la izquierda, suspendida en una lucha brutal con una niña que se enrosca detrás, la lengua de fuera. ¿La está ahorcando? ¿Ella se burla de él? ¿Cómo entender esta visión de pesadilla?
Estilo es un poema en prosa contado en tres partes ---secciones en cursivas son el preámbulo de racimos numerados de trozos narrativos. Comienza con el #6 y termina en el #29, antes de dar la vuelta para incluir #1-4. No hay #5. Algunos números se repiten.  Las secciones en cursivas describen usos específicos para la palabra Estilo, incluido en botánica (en una flor, la extensión del ovario que termina en el estigma) y el sentido personal de Dorantes (una búsqueda paciente y extendida de sí misma). La definición botánica abre el libro; está junto al estilo como forma básica de expresión. Leer los dos significados. uno detrás del otro, produce cierto efecto. En una flor, el estilo es la prolongación del ovario pero no es el ovario en sí, porque no contiene óvulos. Al mantener los significados enganchados ¿cómo un modo de expresión puede ser la extensión de, pero fallar al ser la expresión misma? ¿Cómo personificar este espacio de tensión -de ser y no ser?
#6 comienza con imágenes de ramas cruzando "la interminable piel del cielo" que rápidamente cambia para acompasar el "nosotras".
             Tiras de cielo tienes de nosotras, fervor, Tiras somos. Partes vivas de un árbol.
Estilo es narrado por una incansable voz plural femenina, signada por la aparición del "nosotras". Le hablan al "tú" desconocido, cuya identidad muta azarosamente. ¿Eres tú el maestro, el torturador, el amo, el presidente, el amante, el capataz, el lector? Tú es todos los nombrados, nadie y más.
                Somos tuyas. Para tu voluntad y queremos lo nuestro. Vamos acomodándonos                     ahí. Calentando ahí. Corremos como la sangre y las lobelias del miedo. Entramos                 como la frescura. Nos acomodamos ordenadamente, como militares o joyas.
La narrativa gira alrededor de unas cuantas acciones e imágenes recurrentes, creando una agobiante sensación de compulsión, acumulación y de estar enredado en una trampa: racimos de flores, lenguas, máscaras, correas, códigos, visitas a tu cama. Este coro furioso que vive en el cielo, usa "tu máscara de presidencia perfecta" aunque no pertenece de ningún lugar. Te piden que les tapes la boca, que las ataques con armas, recibir los golpes. Quieren destruir las marcas del Estado: oficinas, fábricas, escuelas. Mientras permaneces asfixiado en su red infinita de persecución rabiosa.
                     Te esperamos latiendo como minas. Por debajo y por dentro. Por debajo y por                      dentro. Por debajo y por dentro somos un mar de nenas de ceniza. Somos                            adolescentes armadas cruzando la frontera.
En su reflexión sobre la experiencia de traducir Estilo, Jen Hofer plantea cómo es que Dorantes usa la palabra "minas" ondeándose y desdoblándose en formas que el Inglés no puede captar. Minas como lugar de extracción de minerales o sitios de explosión militar, respectivamente. Mina también es un término de caló para "nenas". Al mezclar y tallar definiciones, Dorantes crea resonancias chocantes que generan eco de formas perturbadoras. Nenas (incluso en el sentido más femenino) estallan ---de dolor, de rabia, de cansancio, de muerte; son lugares de constante violación y explotación. Como minas, la indetenible fuerza del texto permanece escondida; no podrán ser encontradas "más que en los inesperados pasajes de la mente" anticipándose. Contienen impulsos, entrelazados, y subvencionados (aparentemente) contradictorios: guerra, refugio, dominación, sumisión, deseo, odio, víctima, agresor, pertenencia, no-lugar. 
Una trampa binaria comprendida en la superficie.  Aquí el pensamiento dual es remplazado por la meditación en las intersecciones --- Dorantes nos señala un lugar que contiene energías conflictivas simultáneas. El texto oscila entre demandas, peticiones y potenciales/ incómodas/subtextuales/combinaciones entre ellas. "Que tu racha de pájaros pase sobre nosotras" y regresa a "Amárranos, pónnos la correa. Ordena échense y muéstrenme la lengua: una racha de pájaros" que recuerda a "A partir de esta noche siempre será de noche y nunca dejarás esta cama: larga racha de pájaros y una presidencia. Venimos"
Por medio de la repetición, Dorantes quiebra y reordena el lenguaje enfatizando su elasticidad y su ambigüedad. "Racha de pájaros" encarna una acción, una esencia, un efecto, una advertencia, una negación. Su significado es inestable, vibrante, se (des)crea a sí mismo frente a nuestros propios ojos. En su texto, el lenguaje se desarraiga, muta, reinicia, niega. Esta frase ocurre frecuentemente, un refrán nos caza: "Este libro no existe". ¿Qué hacer con un libro que insiste en su propio no-ser?
                  Este libro no existe. Todo lo dicho en nombre de un amor que no dura. El                               desahucio de cada línea. La droga en que se ha convertido ver la sangre. 
El libro no existe. "Es un organismo que camina" pasando por, e interrumpiendo nuestra comprensión de cómo deberíamos movernos, hablar, hacer y actuar. Dorantes está especialmente interesada en los diálogos entre nuestros estilos de consciencia y cómo nos movemos, hablamos, construimos y actuamos a través de ellos. En una conversación con Ben Eherenreich, explicó: "Por mucho tiempo he reflexionado acerca de los condicionamientos que nos mantienen anclados a ciertos sistemas de poder y que generan dentro de nosotros la reproducción del mismo sistema que criticamos... he pensando mucho acerca de la marca que queda al final de ese proceso de reproducción".
¿Cómo y cuándo la expresión se deforma convirtiéndose en un modo de reproducción sin sentido? Cuando nos apropiamos del lenguaje de los procesos de producción (fabricación).
Dorantes señala las muchas maneras en las que podemos resbalar inadvertidamente
---Individual/colectiva, privada/pública--- dentro de la automatización. En el texto están coludidos los gestos personales con imágenes de monitores, líneas de ensamblado, consumo y contaminación. Nos está pidiendo reconsiderar nuestros propias implicaciones en la expresión y sus consecuencias. ¿Dónde se fabrica la violencia? ¿Qué estilos permiten y alientan nuestro condicionamiento, nuestras reproducciones? ¿Cómo estar/ser en sistemas que te colocan en estados de negación permanente?
Estilo rechaza esta lógica de exterminio ---que puede ser disfrazada como trabajo, como nación, como protección, como literatura, como amor--- deshaciendo varios modos. La expresión se vuelve energética, una impredecible cacería actual entre dos o más fuerzas. Tú, un instrumente del patriarcado represor, enfrenta los hilos de su construcción violenta. Nosotras, representa un nudo sin deshacer: lo despiadado no puede divorciarse de sus acciones construyendo un estado desposeído. Están condicionados por un impulso basado en su destrucción. En lugar de reproducir el terror, Nosotras reescribe la furia del muro de lo no descubierto y el suspenso, que no terminan nunca.  Al final del #10, el texto se burla "somos tus códigos, una hilera de números para que nos sometas. Números rojos y calientes. Hirviendo." La siguiente página continúa: 

                  11.- Una hilera de nenas esperando. Una hilera plagada de preguntas. ¿De que                    lado del pensamiento te ronda más la muerte? ¿Cuántas piensas que somos?                      ¿Cómo viniste a ser nuestro maestro? ¿Fervor? ¿Racha de pájaros? ¿Disfrutas                    al cerrarnos la boca? ¿Esto es ambiguo? ¿Puedes oír los códigos que somos?
Un descuido sistemático produce su precario no-ser. Nosotras no son sólo cientos de nenas quemándose juntas; no son el solitario enjambre de muchas piernas fervorosas con "máscara de niña y lengua de animal". Encarnan la marca dejada al final, reverberaciones silenciosas de las sanciones del Estado, su crueldad y su complicidad. Estilo no ofrece una solución. Lo que permanece es una sostenida y activa meditación, "este mundo que ya no es el mundo", un lugar deshecho por su propio apetito voraz. Esos que continúan mudos, desaparecidos, desahuciados, exiliados, se alzan para respirar su devastación. 
Allison Noelle Conner vive en Los Angeles, donde trabaja como asistente de editor  de ficción en The Offing
Foto: Luis Dorantes,
Catedral San Patricio; El Paso, Texas. Noviembre 2016.


Noviembre ha sido un mes diferente, no sé si para todo el mundo pero para mí lo es. ¿Recuerdan que en abril comenté que me daba miedo dejar el amor? Creo que mi noviembre diferente se debe a que el 2 soñé contigo, con tu cabello rubio. Tú eras puro sol. En el sueño estábamos ahí, en el sol, en una mesa de jardín y yo acariciaba tu cabello. Eras felicidad pura. No es añoranza lo que me provoca estos sueños o estos sentimientos. Son realidades que viven en mí, son momentos presentes. Es vivir en varios tiempos y en varias dimensiones. En lugar de dejar de amar, amo cada día más y, cada día me siento más y más libre. ¡¿Qué es esto?! No sé. Antier soñé que era una niña y que jugaba con mi muñeca favorita. Entonces recordé esa sensación de jugar con mi muñeca, de cargarla delicadamente, una muñeca que se quedó olvidada en un clóset en una de las mil mudanzas familiares, y de chica pasé años imaginando que regresaba a esa casa vieja y la recuperaba (mi hermano Luis y yo, le decíamos a ese clóset "El clóset de nadie" porque estaba en un pasillo y funcionaba como la bodega de todos). Mi muñeca estaba casi nueva. Con cuerpo de trapo y cabeza de plástico. La sensación de estar sumergida en el cuidado de mi muñeca como si se tratara de un recién nacido, me enterneció. Me enternecí de mis sentimientos de otros tiempos, de mi corazón pasado. Contrario a lo que podríamos imaginar yo creo que ese, el tierno, es el corazón viejo; el que ha quedado atrás. El de ahora (el que puede asomarse a aquél otro tiempo a través del sueño) es el corazón nuevo, el más reciente, el que puede observar y disfrutar de la ternura del pasado con detenimiento. Mi corazón es nuevo, porque cada vez que observa el pasado, el pasado vuelve a nacer: distinto, mejor; el corazón  nuevo no observa con intenciones de regresar. 
Lo que ha pasado este año no es que ya no ame. Amo irremediablemente mi libertad. Sin duda alguna, y por ende, amo la libertad de quienes amo. Sea lo que sea que los haga felices, libres, yo lo amo. Esperen algo de mí o no lo esperen, me busquen o no me busquen, estén o no estén conmigo. Es igual. Ya no tengo el impulso, en las cuestiones del amor, de alcanzar algo. Se trata de una paz que no podría describir de otra manera. No significa que crea que he llegado a algún lado, al contrario, creo que (quizá) esto se trata, precisamente, de algo que no termina nunca.

foto de pantalla del diario Le Monde


Hace días escribí este post, y lo escribí mal; o por lo menos así lo sentí yo; por eso lo pasé a borrador y después recuperé la imagen para volver aquí e intentar observar qué era lo que quería compartir realmente. Lo que quiero compartir realmente es la "noticia" (yo sé que para muchos de ustedes las comillas siguen sin importar un comino, para mí todavía dicen algo -BTW-) de que en el diario Le Monde, en París, un crítico se tomó la molestia de detenerse en uno de mis libros: Style/Estilo; que Cathy Fourez tradujo al francés, y que se publicó en L'abre Paroles el pasado marzo. Poco tiempo tiene la publicación, una publicación pequeña que se distribuye en Bélgica y Francia, pero ha dado su primer frutito. Un comentario en Le Monde, y un comentario bastante positivo, que dice (a grandes rasgos) que Estilo es una denuncia contra todas las formas de opresión, básicamente.
Agradezco, y él lo sabe, muchísimo a Victor Martínez por la pasión y el esfuerzo puestos en la difusión y en la publicación de este libro en francés; y a Cathy también por su brillante trabajo, desde luego. 
El post anterior que abordaba el mismo tema, estaba salpicado de mi propia rabia, y esa rabia (pensé) en un país conde la rabia se desborda, no tiene sentido acrecentarla. Es mejor compartir el lado lindo de la rabia, que genera libritos y artesanías así, para que nos entretengamos amándonos.
¡Hola, americanos! ¡Hola, Latinoamericanos! Hoy por la mañana, mientras sentía la enorme decepción que rodea el barrio, el miedo de mi hermano y la desesperación de otros tantos seres queridos y estudiantes solté una pregunta: ¿Cuál es el plan? No hice más que preguntármelo para comenzar a verlo: sentido común, que le llaman. Pude ver la barricada en la que nos convertimos y la forma en que se parte nuestro continente para comenzar, de forma más abierta, el exterminio. No es que comience nada, es que continúa avanzando y ahora tiene prisa. Van por Latinoamérica, no van a esperar más ¿recuerdan cuándo les conté sobre la posición estratégica que significaba Argentina? Pues ya está. No voy a decir más porque soy una mujer con esperanzas no únicamente para mí, sino para aquellos a quienes sirvo. Por eso, dejo aquí una de las conversaciones que más me gusta escuchar para emocionarme positivamente: el gran Bruce Lee (chequen la arrogancia del entrevistador -cuyo concepto de la divinidad es "Hollywood"- y el maravilloso poder de la presencia del entrevistado).


Escena de Café Muller, de Pina Bausch.


Es la primera vez que entreno físicamente para un performance. Cada vez que entreno estoy pensando. Es una práctica de movimiento nueva para mí, basada en los análisis de movimiento de Rudolph Laban. Pensé que se trataría sólo de eso. De estar preparada físicamente para levantarme del suelo en un segundo usando el impulso de mi brazo derecho y guiando el levantamiento con la pierna del mismo lado. Cosa de entrenar seis meses. Cosa de poner la mente en el cuerpo. Cosa de que la mente se mueva así, se concentre en guiar, en poner intensidad y energía en el esfuerzo. Llevo años practicando cierta clase de arte marcial no combativa, por eso lo de la energía-intención como hilo conductor del esfuerzo no me resultó difícil de entender pero ahora... ahora algo sucede. Platicaba hace unos días con mi amiga Perla de la vida como obsesiva compulsiva, no hacia afuera, sino mentalmente; mis obsesiones nacen y se empeñan en mi pensamiento y he sabido encausarlas; darles lo que yo imagino es un sentido pero que al final de cuentas en una incertidumbre, es puro inconsciente. Leo también The Arachnean, del psicólogo Fernand Deligny, que describe "la red como un modo de ser" la estructura de pensamiento como una red distribuida que "se hace sin hacer". No sé si son todas estas ocupaciones y el hecho de decidir mandar al diablo mi tendonitis y forzar el cuerpo a la repetición de un derrumbe y al impulso de la reconstrucción del cuerpo. Pero hace unas horas tuve una experiencia que me hizo comprender que no estoy jugando (¿o sí?) que combinar el pensamiento con el movimiento del cuerpo puede sumergirme en una de mis mayores obsesiones.Tal vez por eso no lo había hecho antes, porque entré a un estado similar a los estados que visitaba de niña cuando me sumergía en un libro: me fui. Fue así; comencé a entrenar, la caída y la reconstrucción estaban saliendo perfectas, añadí respiración, sonido vocal en la caída; comencé a caer sobre la pista de audio con la grabación de una pieza de copia, para establecer un ritmo; decidí improvisar e intervenir el audio mientras caía repitiendo una palabra por encima de la repetición de la palabra: "obedecer". Comenzó a faltarme el aire, necesitaba tomar agua, terminé el entrenamiento pero durante todo el proceso pensaba cómo lograr el performance cuadro por cuadro: entradas y salidas, un acompañante que leyera los epígrafes, la interrupción visual del acompañante por medio de mi cuerpo en su caída; cómo salir, que intención dirigir: desesperación, aceleración, voz, exterminio, forcejeo. me levanté del piso, tomé agua y me tiré en la cama a darle forma por escrito a todo lo que había pasado por mi mente (alguien tiene que poner orden); no me di cuenta cuando se hizo de noche; pasé horas escribiendo, describiendo, como en trance. Lo que me sacó de la escritura fue percibir que fui modificando el cuadro que comencé crando desde mi perspectiva y lo desplacé a la repetición exacta de una escena de Cafe Muller de Pina Bausch (mi escena favorita, claro). Cuando me di cuenta de eso rápidamente encerré ese cuadro en un círculo y lo crucé en señal de "prohibido" luego escribí "No", después abrí signos de admiración escribí ¡No! ¡No! ¡No! otra vez, totalmente sumergida en la escritura y totalmente frustrada. ¡Estaba gritando sin gritar! Eso me hizo alejar el cuaderno y contemplar con cierto horror lo que había escrito. "Vivo por escrito" pensé. Me di cuenta que ya era de noche, que me dolía un poco la cintura por el entrenamiento, que no sabía cuántas horas había pasado en la cama, escribiendo y entonces creo, comencé a comprender: el movimiento lo creé junto a Cadence (profesora de danza que conocí en Geneva, hace unas semanas) usando el análisis de Rudolph Laban. Me sorprendió que cuando dábamos orden a lo que yo quería montar, Cadence me dijo: "Es que todas las partes del análisis las tienes, sólo falta entrenar para que vayas añadiendo la energía a la última parte: el esfuerzo". El esfuerzo de hoy me ubicó completamente en la mente que usaba cuando era una niña: completamente sumergida en mis pensamientos, absolutamente abstraída de afuera: leyendo, pensando, imaginando... pero sobre todo visitando los estados de ser que leía, yendo hacia el espacio de la escritura... haber visitado mi mente "primordial" por llamarlo de alguna manera, fue una experiencia de concentración tan profunda que cuando intenté salir no podía: mandé una foto por telegram del ¡No! ¡No! ¡No! con la intención de empezar a comunicarme con el exterior: ¡no podía hablar! mi pensamiento no abandonaba el espacio de la escritura. 
Mover el cuerpo es mágico. Logré visitar un estado de mi mente, un poder de concentración que consideraba perdido en mi infancia pero no ¡estaba en alguna parte de mi cuerpo! y aunque haya sentido que me fui no me fui: regresé, traje una parte de mí de la que me había separado por miedo a "soltar amarras" diría Juan Manuel. Una parte primordial de mi poder de concentración, abstracción e imaginación. Continúo perpleja.
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Fotografía de Molhem Barakat (Syria, 1995-2013. )


recordando a Arno Gruen
a un año de su no-muerte


Cambié de fuente, cambié de color. Como la sangre. Hace algunos años reflexionaba sobre la sangre y todos sus significados; ´
¿Qué sería la sangre sin nuestra interpretación? Algo tremendamente hermoso, vivo, latente, colorido, de consistencia suave, de un color único: belleza pura.
¿Qué sería el mundo sin nuestra interpretación? Hace unos días leí un artículo sobre treatro que me envió un amigo, donde el director de una obra por demás propositiva, experimental, inteligente e interesante decía algo como "vivimos el peor momento del mundo" para justificar su impulso creativo y la necesidad de una obra de magnitudes fantásticas como la suya, que mezcla danza, teatro, tecnología, ciencia e investigación. Todo me gusta de puestas como esas; me gustan tanto que jamás hubiera imaginado que el director es tremendo pesimista. Soy pesimista también, por eso me da por pensar en tantas circunstancias todas las mañanas y -porque soy pesimista- trabajar en proyectos que requieren de transformaciones no sólo de la parte externa del cuerpo, sino de la mente. A los pesimistas parece que nos gusta el dicho "piensa mal y acertarás". Pero bueno, a lo que iba. la propuesta me gustó, la mezcla, el momento de presentarla, esa forma en que una obra captura el presente, aunque no creo que vivimos el peor momento del mundo. Creo que el mundo vive su momento de mundo como mundo, en su proceso de mundo. Y ese proceso de mundo, en el que estamos totalmente integrados (¡obvio!) pasa por sus particularidades y sus guerras, y sus hambrunas y sus epidemias, y sus avances y sus aperturas pero lo que más me gusta a mí de este momento son sus transformaciones: podemos detenernos y observar cómo nuestra mente está transformándose a la par de la naturaleza del mundo. Y estamos ahí de forma innegable: la decodificación del adn, por ejemplo, encierra tantos descubrimientos y devela tantos misterios, sin contar que de forma cotidiana, por ejemplo, volamos a casi cualquier parte del mundo: hacemos una fila, subimos a un avión, nos elevamos ¡cruzamos el cielo! y llegamos a nuestro destino. Creo que debe ya existir tecnología de transportación mucho más avanzada, por supuesto pero vaya, a mí el simple hecho de estar en Texas en la mañana y en Uruguay para la noche, me sigue pareciendo algo fantástico. Lo que a mí me gusta de este momento es que la tecnología es, indiscutiblemente, una reproducción de nuestro pensamiento (como en todos los tiempos) y, por lo tanto es una señal indiscutible de que avanzamos hacia cierta percepción distinta, más orgánica, menos dramática, más adecuada a la aceptación que a la contienda. Lo que me preocupa un poco es la libertad. Pero bueno, no sé si ahora seamos más o menos libres; en apariencia las mujeres somos más libres, pero ¿con qué fin? ¿con el fin de utilizar nuestra libertad para qué? y ahí es donde comienzan los avatares: somos libres ¿para alimentar una estructura de guerra de unos contra otros? En realidad ¿somos libres? ¿Hemos sido libres algunas vez? ¿El ser humano necesita de un amo? No me mal entiendan, considero que las luchas por la libertad de la mujer han tenido un avance grandioso. ¡Podemos estudiar, votar, decidir si casarnos o no! (no todas y no en todas partes del mundo, pero...) aunque todavía los juicios conservadores predominan en cuanto a quién es quién y el hombre vive tiempos de derrumbe en cuanto a su identidad masculina. No quiero mencionar las estructuras de poder y el blablabá que todos ya sabemos. Pero yo creo que en esta época somos más las personas concientes de esta realidad de organismo vivo, entero, avanzando junto (hacia quién sabe dónde, BTW); actuando sin necesidad de pensar en actuar; un crecimiento natural inegable, que nos ha demostrado que nuestra voluntad no es individual, sino que hay algo más común y colectivo en todo esto. Incluso tratándose de la responsabilidad por lo que más desprecio sentimos o que más angustia nos provoca. ¿Qué tan grande no será este momento que, incluso creyendo que vivimos el momento peor; sin estar en Syria, en Palestina, en México; sin haber presenciado un asesinato -salvo detrás de un monitor-, sin tener hambre, sin haber sido desplazados y vivir caminando durante años sólo para salvar la vida; sin tener la experiencia traumática del derrumbe de una ciudad completa, la tortura, el encarcelamiento, o ver cadáveres reventados fuera de casa, con el olor a sangre y a víceras humanas revueltas por los estallidos flotando entre los escombros o las cenizas; somos capaces de aportar lo que es necesario para que el mundo vaya bien, compasivamente, en "buena y creativa onda" hacia adelante?
Es lindo regresar a casa. Volver a casa es volver a ciertos hábitos. A las pláticas matutinas con mis plantas, a la observación exhaustiva de las abejas en la enredadera o las arañas construyendo su red detrás de la ventana, al peso del silencio en esta hora; no es cualquier silencio, es un silencio que comunica muchas cosas desde un mundo que no se ve. 
Regresé cansada. No porque mi viaje no fuera en sí un descanso, sino porque la vida me otorga ciertos privilegios y, ultimamente mis deseos se cumplen (no todos pero, por lo menos, algunos que me enriquecen profundamente la creatividad). ¡Esto es volver a casa! ahora tengo el impulso de soltar lo que escribo para prepararme un café ¡he vuelto a mí! ¿No es lindo? Cuando uno viaja, es como salir de uno mismo para formar parte de otros ¿no?, para construir lazos que se levantan rápido, arden y nos devoran y los devoramos precipitadamente porque: tenemos que irnos ¿no es cierto? y tal vez "nunca nos volveremos a ver" decía Fernando, un profesor peruano que conocí en Geneva. Qué extrañas formas tenemos de entender esta realidad. Fernando se sorprendía de que yo tuviera los mismos amigos desde hace más de 20 años, por ejemplo. No sé, los lazos son así. Pero cuando uno está en casa los lazos se construyen de diferente forma. Sin prisa, con armonía, de forma más profunda, con amor. (Sí, estoy pensando en ti cuando escribo "amor" en quién más podría pensar). Me gusta el amor, me gusta no tener prisa, me gusta construir relaciones así; soy feliz con eso. No soy un animal que necesita mucho pero, soy un animal que dificilmente se detiene fuera de casa. Me gusta estar en mí. 
¿Qué voy a hacer si -como su sucede con el proceso de un dharani- mi realidad se derrumba -otra vez-? ¿Si se derrumba todo lo que creo es mi casa? Pero cómo, si todo lo que es mi casa nace de mí, no depende del exterior. Si el silencio de la mañana termina, encontraré otro silencio a otra hora, supongo. Si las plantas se derrumban, encontraré otra manera de hablar con la naturaleza, supongo. Si no tengo café, supliré la necesidad de tener algo caliente en el estómago que me provoca el impulso de escribir, supongo. Y si no te vuelvo a ver, si no te vuelvo a ver -supongo- me sentiré sin casa por un momento pequeño o largo, no sé; pero -también supongo- construiré otra, otra casa de mí, con otra yo y otro tú (tal vez).

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Esta plataforma me hace sentir cada vez menos y menos libre. Comencé a escribir blogs en el dos mil o dos mil uno, no recuerdo exactamente; inspirada por Epigmenio León y Heriberto Yépez. Poco después publiqué un paso a paso para que todo mundo publicara su blog en el periódico Norte, donde trabajaba. Escribir en blog era crear una plataforma pública donde no interviniera la institución. Me refiero a la institución gubernamental que, en aquel entonces, todavía controlaba quién era visto o leído desde nuestro despojado país y quién no. Pero al existir una plataforma "libre" donde la expresión no fuera controlada por el Estado, la institución también tuvo que plantearse la inclusión de quienes no formábamos parte de le elite pero estábamos siendo notados por la crítica al centralismo, que hacíamos desde el blog. A mí nunca me ha inetresado el centro de casi nada; si acaso de mi propio ser, para tener un poco de equilibrio emocional. Any who.
Sostener un blog no es tan sencillo como parace; es sostener un estilo, una forma, un postura, un documento al que cualquiera puede acceder (si la intención es que sea un blog público). En fin, para unos cuantos de nosotros el blog se convirtió en otro estilo de escritura y aquí seguimos; pero junto con el desarrollo de internet, el cambio en las comunicaciones, la creación de plataformas sociales, el expropiación que hizo Google de los bienes intelectuales a nivel mundial, el palpable exterminio del autor, la creación de ciborgs, etc. esta plataforma me resulta cada vez más incómoda. Es como trabajar añadiendo data a la enorme pila de data que únicamente le conviene acumular a las corporaciones; de cierta forma es como trabajar no para el Estado, sino para el mercado (que es peor, por lo menos en ciertos países todavía sobrevive cierta soberanía e interés por el bien común, mientras que en la reública de las comunicaciones por internet impera el uso de todo -lo pensado, lo imaginado, lo vivido, lo que resta por vivir- para conveniencia del mercado). El sólo hecho de conectarme a internet me resulta pesado. Por ejemplo, esta mañana iba a entrar aquí a contar de mi visita a NY y mi estancia en la primera residencia creada por Cielo Portátil en Geneva, pero la computadora empieza a sugerirme cosas, se niega a instalar ciertas aplicaciones, bloquea ciertas estrategias que utilizo para tener privacidad y no; no es cuestión de no tomar las medidas adecuadas para estar segura desde mi plataforma; es ¿por qué tengo que tomar tantas medidas para impedir que la tecnología intente controlar lo que pienso y la forma en la que me comunico? ¿Libertad? Yeah, right. Voy a desaparecer, verán. Libertad es el videito que les mando. Y ¡Gracias Brooklyn, la pasé fabuloso! Ser libre por primera vez en NY se siente bien, muy bien.
¿Cuántas veces he pensado que uno no es únicamente una sóla cosa, una sóla profesión, un sólo transcurso? ¿Cuántas veces he sentido la fuerza de ser lo que me pase por la mente: un animal, una escritora, una flor, un dibujo, un canto? Ayer tuve una crisis, últimamente llamo crisis a los momentos que predigo, a los momentos que ya veía venir y no quería aceptar que llegarían. Gajes de mi nueva percepción supongo porque, me gusta vivir en un tiempo constante, no en un tiempo que se corta y recomienza, y regresa para tomar impulso y recapitula; sino en un tiempo continuo. Por eso, cuando tengo la sensación de que algo se está repitiendo, algo de tiempo se está repitiendo me desestabilizo. Y vaya, repentinamente cierta urgencia de escribir, cierta necesidad de cerrar la puerta y las cortinas de casa y comenzar un libro nuevo me susurró de forma casi imperceptible: otra vez estamos en octubre ¡otra vez! pensé. Como si me encontrara en la misma esquina con la misma persona y el tiempo no hubiera pasado, como si -realmente- algo regresara. Pero el tiempo no es así, el tiempo nunca vuelve, uno retrocede en la memoria, uno llama a la memoria, el tiempo sigue su curso. O podría decirse: el tiempo sólo está, es nuestra memoria la que va y viene. Esa sensación de que los momentos vuelven me provoca una ansiedad tremenda. Busco las zapatillas y me voy a correr, Cambio los paisajes, regreso a casa por caminos distintos y, a veces, me niego a regresar. Coincide con estas fechas, que tengo que ser lo que soy ¿y qué soy? más bien, tengo que ser lo que los demás creen que soy, lo que otros interpretan de mí y, reconozco, no es una interpretación caprichosa: publico libros, tengo un blog, alimento una cuenta de twitter, estructuro performances, fundé una organización a favor de la educación libre, mi casa es comunitaria, etc. Es este momento del año en que siento que no soy eso que otros creen que soy, es ese momento del año en que quisiera ser algo más. Algo distinto. Y soy algo distinto, soy muchas cosas. Hace sólo unas cuántas horas me estaba preguntando ¿por qué tengo que continuar siendo lo que satisface a otros? y a mí ¿qué me satisface? 
Yo podría vivir dentro de cualquier disco de Telonious Monk, por ejemplo; pero no puedo ser mi propia fuente de jazz, no soy músico. También, con los ojos cerrados podría vivir dentro de la meditación japonesa de 9 estados, que se llama Kuji In. Me produce una paz increíble, me transporta, me transforma, me despoja de mi propia forma y a la vez abraza mi forma, borra mi identidad, me coloca en un lugar estable y tranquilo: un lago. 
Entonces comprendí ¡comprendí! No tengo que ser, más que lo que soy y ya está. Soy esto: el mundo, lo tangible vinculado con todo, perdiendo y retomando su forma; infinita, envuelta en fuego y vibración, manifestando, creando y aceptando permanecer de forma simple; sin complicaciones: así. 
Octubre nunca es el mismo.
Hace tiempo que no venía por aquí. Uf. No puede uno alejarse un rato de la virtualidad porque sucede todo.  No sé que pasa que no me apetece entrar acá. En lugar de eso preparo mi café en la mañana y comienzo a hablar sola en el sofá que instalé a un lado de las ventanas. Tengo la sensación de que el año se acabó, aunque faltan meses. Es lo malo con llevar cuentas en el tiempo. Uno cree que algo comienza y algo termina. ¡Qué absurdo! y vive los altibajos de cerrar o abrir emociones de acuerdo a lo que uno cree y, para colmo, no existe. Me duele la cintura, estoy cansada, con una reacción alérgica a no sé qué y además en la habitación de un hotel. He vuelto a tener el síndrome de querer regresar corriendo a casa ¿les había contado? Ese síndrome sólo me sucedía cuando vivía en Ciudad Juárez. Me resistía tanto a dejar la ciudad, la comodidad de mi casa y de mis actividades cotidianas. Pensé que jamás volvería a padecer de ese síndrome pero ayer, pensaba en viajar y me aferraba a mi cama. Dejé, otra vez, de sentir el placentero impulso que me empujaba a dejar con entusiasmo Loa Angeles, con cualquier pretexto. Tal vez es por el aire familiar que ha ido tomando el barrio. No sé. También he estado en un no sé constante. Hoy tuve un momento fuera de mi casa, en un hotel. Así que aquí estoy. Alejada del sillón de mis soliloquios. Pensando si, viajar seguirá siendo buena idea. Y qué pasará conmigo y con el tiempo. ¿Qué pensarán las personas que van a mis presentaciones? ¿Qué pensarán los jóvenes que pagan miles de dólares en esas farsas que les prometen graduarlos en "creación literaria" y me llevan a mí para justificar el robo, como si yo supiera algo? Como si yo hubiera pasado por ahí, como si yo, antes de escribir algo le hubiera pedido permiso a la academia. El sistema académico que lucra vendiendo títulos de artista, sobre todo en este país, me parace tan nefasto como los artistas que lo sostienen. ¿Con qué cara se unen al engaño que desfalca a familias enteras en su país y después protestan por los muertos en México y la franja de Gaza? De eso me gustaría hablar hoy, en la escuela a la que voy, pero soy muy cobarde. Hablamos de mis libros como si se tratara de momentos inspiradores y mágicos. Como si yo escribiera gracias a que he tenido maestros tan hipsters y cutes como los que ellos tienen, que les enseñan a ver la vida de forma positiva. Hablamos de mis libros como si no existiera un barranco de muerte en cada uno de ellos y no, no hablamos del presente. Los chicos están curiosos por saber sobre manejo de lenguaje y no, sobre cómo es la vida fuera del campus universitario. Estoy cansada. El sistemna académico que educa para las "artes" es nauseabundo; educa a comportarse para acceder a los grados, a sostener pelotas en la nariz, a aplaudir con vehemencia de acuerdo al gusto de los profesores; profesores primordialmente blancos, BTW. Y a alguien se le ocurre que es bueno que los chicos, ya que no viven, tengan una pasadita de guerra por los salones; una embarradita de resistencia. Ah, ya sé por qué me resisto a viajar, entonces. Ninguno de los profesores bebe de más, todos son el absoluto ejemplo del profesor criminalizado, disimulan el gusto por sus alumnas o alumnos, y si acaso te rozan la mano están indicando que quieren contigo algo formal: formar una familia. Y eso es ya arriesgado en la aventura de quienes no te conocen, te idealizan y sueñan con ser anarquistas y radicales: te rozan la mano como si eso significara estarse arrastrando pecho tierra en el amazonas de sus fantasías, liberando el mundo (del que te rescatarán, claro) Ya a esas alturas, después de tanto convivir con almas moldeadas por el miedo (escritores cobardes, amaestrados) comienzo a reír ¡una familia! ¡son anarquistas y se estructuran en familias como judíos para cuidarse unos a otros de que sus deseos no sean criminalizados por el sistema al que sirven, llenos de terror! Ah, qué terrible es viajar a este mundo, así. Terrible.