Hace un par de años que, en conversaciones con amigos y coautores me brinca la pregunta de cómo tasar un bien intelectual en tiempos de las descargas por internet, el copyleft, y tantos otros manjares del conocimiento en el que se ha convertido esta fuente infinita (sí, ésta... aquí donde está usted en este momento, leyendo). Ben Ehrenreich, por ejemplo, me respondió que asignarle valor a su trabajo le parecía algo más que insólito, molesto; como intentar apretujar el infinito en un espacio limitado. A mí me preocupa, porque de mi trabajo como escritora depende mi subsistencia. No tengo otro trabajo, no hago otro trabajo y no quiero trabajar en otra cosa. Comprendo mejor el intercambio energético que el monetario, sin duda, y la vida me ha demostrado que, hasta el momento, la abundancia no radica en un montón de códigos bancarios o, burdamente hablando, en cuánto dinero puedo amontonar.  Con todo eso, también soy consciente de que, actualmente, para los escritores íntegros sobrevivir es casi un infierno (para los corruptos también, pero ni cuenta se dan): los gobiernos nos responsabilizan por las realidades que describimos, si no nos vendemos nuestros colegas intentan pulverizarnos por medio de la crítica, andamos por la vida sin premios ni reconocimientos para salvaguardar la integridad, etc.
Es importante conservar lo que es nuestro, no sólo porque nos vista, nos alimente y nos calce, sino porque nos ha costado sangre, territorio y pensamiento; y es la única forma de salvarnos del exterminio.
El investigador Ariel Vercelli comentó hoy este mismo artículo aquí: Cómo robó Google la obra de millones de autores por eso me enteré; Vercelli comenta: "que algunas injusticias se sienten primero en el cuerpo, que son pre-racionales"; y ya con las influencias de traducir y rebautizar o, como dicen los jueces, "transformativar" acá le reescribo un título nuevo, sin afán de ofender, sino de dar una perspectiva ecuánime a lo que dice Roxana Robinson, donde no se describe un robo cualquiera, sino que se dibuja, quizá, la estrategia para una neo-expropiación de los bienes intelectuales (¡¿cómo así?!) o lo que yo llamaría, una forma legal para despojarnos impunemente de lo que somos.


EL FEUDALISMO DIGITAL DE GOOGLE.- ¿Es justo copiar millones de libros sin pagar a los escritores? Dejemos a la Suprema Corte decidir.

por Roxana Robinson
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La semana pasada editores, expertos en derechos de autor y simpatizantes, presentaron varios amicus* para solicitar a la Corte Suprema escuchar el caso en contra de Google sobre violación-al-derecho-de-autor promovido por Authors Guild. La decisión de la corte determinará cómo y si es que los derechos y la subsistencia de los escritores quedará protegida en el futuro.

Si usted escribe "Shall I compare thee to a summer's day?" en el buscador de Google, el texto y el autor será identificado en cuestión de segundos. Esto no es debido a que Google tiene filas de estudiantes de inglés actuando en el momento, sino porque, durante una década, Google hizo un acuerdo con un número de bibliotecas grandiosas para hacer copias digitales de cada libro en su poder.
En 2004, Google envió sus furgonetas de carga-unidades móviles, a las bibliotecas, acarreó algo así como 20 millones de libros. Los copió todos, incluyendo libros bajo derecho de autor y libros que el derecho de autor no cubría. No pidió permiso a ningún autor y a ningún editor, y no ofreció compensación alguna por el uso --aunque, como compensación, Google les dio copias de los libros escaneados a las bibliotecas.

La Authors Guild desafió la acción de Google en Authors Guil v. Google, el caso de violación-al-derecho-de-autor. se presentó primero en 2005 y decidió apelar recientemente en el Segundo Circuito de la Corte Norteamericana de Apelaciones en Nueva York. En octubre, la corte determinó que Google estaba protegido por la doctrina de uso justo en el momento de copiar los libros ---por una parte porque sólo hizo ejemplares limitados del material con derecho de copia disponible al público, y por otra parte porque la corte encontró que, hacer disponibles los libros mediante una búsqueda electrónica era "transformativo".

Pero la definición de transformativo ha significado siempre un nuevo uso expresivo del material, como el propósito creativo de la sátira ---y el copiado digital es útil únicamente si no cambia en nada el original. Así que esta fue una definición alterada del uso justo, la doctrina con cuatro principios definitorios que siempre tienen que incluir también las preguntas sobre si la acción resultará en daño a los autores y si sí o no la intención del usuario es comercial. 

Google es nada salvo comercial. Este enorme tesoro de contenido editorial es la razón por la que la maquinaria de Google es tan extraordinariamente buena y ha ayudado a Google a volverse tan lucrativo. Google ha usado estos textos, sin compensación o sin permiso, para su propios objetivos. Esto incluye esconder procesos internos, como el profundo enriquecimiento de su propia base de datos de lenguaje, para traducción, búsqueda, referencia, explotación de datos, el desarrollo de algoritmos y otros usos no definidos --aparte de los extremadamente visibles, como informarnos que fue Shakespeare quien escribió ese soneto.
Google hace un uso muy comercial del material, pero afirma que su servicio de búsqueda de libros (book-search) es tan benéfico para el público que la compañía no debe pagar a sus proveedores por el contenido.

Aquí, es útil considerar que Google reportó ingresos por cerca de $75 mil millones en 2015. El año pasado, una encuesta de Authors Guild sobre los ingresos anuales de los escritores desde 2009, mostró una baja del 67% de autores con más de 15 años de experiencia. La mayoría de los encuestados, si tuvieran que vivir sólo de sus ingresos como escritores, estarían por debajo de la línea de pobreza.

Los escritores consumados son importantes para nosotros, sostienen el núcleo intelectual de nuestra cultura, y como sociedad necesitamos su trabajo, sus pensamientos y sus voces. No podemos permitir que su trabajo sea tomado sin compensación por los gigantes de la tecnología, sólo porque estos gigantes tienen la capacidad de hacerlo.
Fue para proteger a los autores de estos riegos que los Fundadores escribieron la ley del derecho de autor en la Constitución --porque una democracia necesita autores que puedan financiarse a sí mismos dentro de una economía libre, sin patrocinios o dependencia de pago proveniente de intereses especiales. Si a Google le está permitido tomar rebanadas enormes del material bajo derecho de autor para sus propios objetivos comerciales, se establecerá un precedente y se abrirán las puertas a futuras expropiaciones.
Google alega que sería prohibitivo pagar a los autores por el uso de su trabajo, pero esa no es una respuesta aceptable. Pagar a los proveedores es un costo simple al hacer negocios. No es aceptable que una de las compañías más ricas del mundo alegue que no necesita pagar por el contenido que juega una parte crucial en su éxito financiero. Google depende de estos textos para hacer de su maquinaria de búsqueda una de las mejores del mundo, y esa superioridad es lo que sustenta sus ingresos por publicidad. El contenido atrae al tráfico, y el tráfico conduce a ingresos por publicidad.
La Corte Suprema no ha tomado un sólo caso que involucre el uso justo del derecho de autor desde 1994. Las cortes inferiores ---aplicando viejos conceptos a hechos nuevos-- han creado un nudo que traslada las compensaciones del sector creativo cada vez con mayores problemas. hacia el acaudalado sector tecnológico.
Más allá de la ley, este es un asunto de moral. Como dijo Ralph Waldo Emerson "La civilización depende de la moral". Por lo menos, es lo que el buscador de Google dice que dijo. 
Robinson es novelista y presidenta de Authors Guil en Nueva York. 

*Amicus: escrito presentado por un tercero sin solicitación de las partes litigantes con vistas a ayudar al tribunal a solucionar un determinado caso. 

¡justo como tú!

Aquí estoy otra vez. He venido acá durante la semana y he borrado todo lo que escribo. Leo y me parecen líneas escritas a base de falsas preocupaciones, falsas expectativas para intentar explicar quién soy. He pasado estos últimos meses conversando o, respondiendo interrogatorios. Cuando alguien me interesa no pregunto mucho. Hago mis investigaciones por mi cuenta. A veces las respuestas no dicen nada, no significan nada. Uno construye un mundo a través del que quiere ser visto, procura no mentir y ta está. No hay mucho que uno pueda hacer, ni como entrevistador ni como entrevistado, sobre todo si no estamos hablando de un trabajo periodístico, si no hay nada que uno esté esperando descubrir: una relación simple, con otra persona tan simple o tan compleja como uno. El asunto es que, desde noviembre no he podido dejar de escribir. Termino un libro y comienza otro. Ustedes saben que nunca me siento segura de un libro terminado hasta que lo dejo dormir en un cajón por dos o tres años y luego vuelvo a abrirlo y me dice algo. Estos últimos años no he tenido tiempo de hacer eso. Antes de terminar el libro ya tengo la propuesta de publicación. Me pasó con Estilo. Tenía meses de haberlo terminado cuando lo publiqué y siempre me sentí insegura. Si a eso le sumo la presión que ejercen los traductores porque de mis circunstancias se sostiene su sentido laboral unido a la política y la buena voluntad (argh, qué asco), termino entregando un libro a ciegas, forzando a mi lado valemadrista a decir: total, eso quieren, eso tendrán. Pero no me siento bien. Hace ya cuatro años que publiqué Estilo; hace ya 17 años que publiqué mi primer libro. Pero mi primer libro se publicó 5 años después de que yo lo hubiera terminado. No sé, libros más, libros menos.  Me importa un poco porque, a fin de cuentas (y a fin de las vanidades de todos los que tenemos que ver en una publicación) yo soy la que termino poniendo mi cara y mi nombre y mi presencia y mi hambre y mi tiempo y mis obsesiones y pagando la responsabilidad por decir lo que digo. Ni la editorial, ni el traductor, ni el formador, ni el diseñador, ni el artista de la portada. 
Lo bueno es que yo, no he podido dejar de escribir o el libro no ha podido dejar de escribirse. Por eso todo lo que me rodea es un estímulo caliente, termina rebotando en la estructura del libro. Cada conversación, cada pregunta, cada invitación, cada noche tomando vino con mis amigas va a dar a esa parte del pensamiento donde el libro se forma. Y me siento más perdida que nunca ¿quién soy? me pregunta a cada rato ¿yo soy quien hizo esto o aquello? ¿cuántas vidas he vivido en esta sola vida? y cosas así. Lo mejor del caso es que este libro se manifiesta lento; puedo salir del túnel, platicar, continuar con mi trabajo y regresar al túnel cuando me da la gana. Tal vez es porque no tengo una fecha de cierre, ni la quiero tener, así que absténganse de solicitar la publicación o la traducción de algo que todavía no existe (aunque podríamos negociar, siempre estoy a un paso de quedarme sin comer en este desierto, je, ya saben: viajes, joyas, perfumes, servicios de casa, y vales de despensa ah... y una bicicleta). Bueno, mis amigas llegan. Voy a desayunar ¡a estas horas!


De vez en vez subo este video como una invocación, como si regresara uno de los mejores momentos de mi vida: viviendo en la ciudad en la que quise vivir, con los amigos perfectos, la vibra perfecta, en un estado de creatividad absoluta. Ya van a ser, quizá, diez años desde la producción de este video. ¡Diez años, Oscar Daniel! ¡Te extraño! Si de casualidad esta liga te trae para acá, por favor escríbeme: cieloportatil@gmail.com


Este guarda pasaporte fue hecho para la inauguración de "Paisaje Roto/ Passage Rot ar Fresh Arts, Houston, el 5 de octubre del 2013.
Piel de corderi con tinta de oro. Consevido y diseñado por Jorge Galván Flores. Impreso por Lady Lazarys Press y cosido por Hien Lam Upholstery. De la edición de 15 más una prueba de artista, este es el número 1 (no es por presumir).
Aham (manifestar) Nivedin (consciente)
Aham (manifestar) Atma (consciencia)

Literalmente se traduce: soy consciente de que soy consciente

Escribir es así: uno habla, uno platica, uno siente que podría decir cualquier cosa. ¿A quién? Si uno se concentrara en ese quién difícilmente saldría algo por la boca de este teclado. No hay quién. O es un quién que sólo existe en el momento que se nombra. Uno habla pues a una mente sin contenido pre-existente. No hay en ella nada que le podamos vaciar; no hay en ella un contenido del que nos podamos apropiar; no existe en esa mente a la que hablamos nada que podamos explotar y con lo que podamos hacer tratos o intercambios. Uno habla a una mente que tampoco enjuicia. Uno siente cuando escribe, cierto nivel de comprensión, cierta red de soporte, cierta fuente que escucha sin enfrentarse a la etiqueta que solemos ser en determinados círculos sociales, o núcleos comunitarios o constelaciones humanas. Uno es y punto. Uno manifiesta su miedo, su dolor, su rabia quizá por las circunstancias más absurdas. Uno echa a andar su admiración, su devoción, su manera de traducir el mundo, el vago concepto del amor o la escurridiza, pero mágica, sensación de libertad. Entonces uno empieza a tocar absolutos, estaba uno a punto de decir "absoluta libertad" pero ¿acaso, fuera del absoluto, existe otra forma de experimentar lo que llamamos libertad? Uno, entre más escribe, más refuerza esa sensación de libertad o de estado absoluto e incuestionable de lo que se es. No me refiero a que se anule en nosotros la necesidad de cuestionar, todo lo contrario; uno formula, con absoluta libertad, preguntas que tal vez para seres humanos más evolucionados resulten una estupidez absoluta. Pero uno llega a algo, alcanza algo, toca algo. Algo como aquella experiencia que tuve de saberme parada frente a un ser invisible cuyo cuerpo estaba formado sólo por magnetismo, y me daba las manos y yo podía sentirlas: me parecía imposible creer lo que no estaba viendo, frente a mi vista estaba sólo un paisaje como punto localizado donde se detenía mi camino, interrumpido por eso: lo que no se ve. La experiencia, en contadas ocasiones, sucede sin que pongamos en juego nuestros cinco sentidos, sucede en la mente absoluta. Por eso es bueno escribir así, hablando a eso que no tiene un contenido pre-existente, sino que se forma desde nuestra plática. Porque tocamos cierta globalidad, no estamos conversando con nuestra familia, no estamos conversando con el muchacho que nos gusta (o sí, pero desde otra esfera, la esfera desde donde no le hace falta a nadie interpretar lo que somos, cómo vestimos lo que manifestamos, qué color nos gusta más, dónde nacen nuestras preferencias, nuestro tono de voz ¿esta voz tiene un tono?). La escritura es así, un alcance. Quizá el alcance de una percepción global, despojada de identidad, de interpretación, de preferencias, de distinciones. Uno habla a esta percepción global desde otra esfera que permite escribir: el artificio del lenguaje y por ende, la identidad, la interpretación, la preferencia.  Contrastes que se unen (o se besan diría la preferencia) manifestando lo absoluto.
Presentamos BLA en la Librería Feminista en El Paso, Texas ¡Corran la voz!
El viernes 29 de enero presentamos BLA, en Cielo Portátil, como un evento de Mano Santa Editores y la Librería Feminista. Acompáñennos a las 9 de la noche. ¡Vamos a desvelarnos con este performance de audio basado en los poemas de BLA. Audio: Francisco Martínez, Voces Juan Manuel Portillo y yo. El video será una sorpresa. 
Celebremos un libro fronterizo, en una línea delgada que cada día se convierte más en una zanja, o en una fosa. ¡Viva la vida de la frontera! y claro ¡Corran la voz!
Mano Santa Editores es una editorial de Guadalajara, coordinada por nuestro querido amigo Jorge Esquinca. Juan Manuel Portillo es un autor nacido en Cd. Juárez, que vive en Maine, y es fundador de la organización Cielo Portátil (por una educación libre); los proyectos literarios Hoja Frugal y Plan B. Además de ser un gran-gran poeta, recibió su doctorado en literatura por la Universidad de Irvine, en California, e independientemente de todo. Es un excelente conversador y amigo.- 

Soy tan afortunada de poder entrar a este espacio, en una computadora personal (viejita, sí, no sometida a tantos y "novedosos" avatares tecnológicos, sí). Soy tan afortunada de tener un estudio donde entra la luz natural por la mañana, y un aparato donde preparar mi café y añadirle miel y crema. Darle el primer sorbo y luego soltar la escritura. No son las cosas lo que me convierten en una persona afortunada, son las circunstancias. No es el plástico de la cafetera, o el circuito de la máquina en la que escribo, ni siquiera los códigos que transforman lo que mis dedos hacen en el teclado en palabras. Son las circunstancias: un desierto, desde donde la muerte teje su telaraña, desde donde los políticos tapan una fosa con un pié y estiran la mano para cubrir la otra, luego levantan el pie para continuar avanzando y olvidan que lo usaban para ocultar una catástrofe. Son las circunstancias. Tengo amigas geniales en esta frontera. Con los hombres he podido lograr muy poco: un pintor que hizo un mural a lo largo y ancho del callejón para nuestra organización y desapareció; Antonio, que ha empujado-trabajado e insistido por un espacio Queer Only (y lo tendrá), Paulo, cuyas circunstancias económicas lo obligaron a regresar a México. Pero mis amigas son las mejores que podría haber encontrado, Lucille tiene la capacidad de ser perfecta en todo lo que se propone, desde los doscientos casos federales diarios que revisa en la corte de justicia, hasta la magia y la fuerza de su dedicación al budismo en un estado completamente cristiano ¿captan? (Lucille, convive con jueces que los fines de semana se retiran a cazar a sus ranchos: howdy!),  Susana, una narradora increíble y serrana que conoce los sistemas de vigilancia norteamericanos a la perfección (puesto que trabajó en uno de ellos), y mi hermana que, basta decir que es mi hermana y en casa no existe una persona cuerda. Recuerdo también a mi amiga Griselda que, debido a que su familia tuvo que huir de uno de los pueblos tomados por los brazos armados en México, se ha visto atribulada con trámites, resguardos, dinero para pagarle a los abogados, etc. pero es otra de mis amigas que tiene magia. Ni qué decir de Patsy, cinta negra de karate que, cuenta la historia, derribó a todas las escuelas de karatecas de hombres a nivel nacional, en los setenta. Las lesiones ahora le impiden hacer muchas cosas. Pero su mente continúa entrenada para pelear con lo que sea, de frente. A ella no la he tratado mucho, pero me cae muy bien.
Pero les hablaba de los hombres, y de la guerra. Y de la situación difícil de este borde. Los que tienen hijos están ocupados en defenderlos de los sistemas que los programan para alistarse como militares o policías, y es una labor difícil. El 99% de los niños que estudian en escuelas públicas en esta ciudad insiste en enlistarse en el ejército al terminar la preparatoria. Piensan que pilotear y bombardear países árabes es lo máximo; o detener narcotraficantes sanguinarios siendo parte de alguna policía especial es la aventura más alentadora. No es una coincidencia. La educación pública en esta ciudad también es reforzada por algunos programas de cable donde los militares y los policías son los héroes, y videojuegos donde la guerra resulta cuestión de unos cuantos pasos estratégicos que los hacen sentir inteligentes. De la virtualidad, a un paso de conocer la sangre verdadera que estalla con el olor a víceras de algún soldado reventado. O tienen otra opción: ser creativos, soñadores, aburrirse en clase, revelarse contra la institución, que los envíen con el psicólogo y comenzar a tomar medicamentos que les alteran la química cerebral desde muy tierna edad. En ciudades conservadoras como estas no se puede ser genial y pobre (porque la escuela pública te pondrá bajo fármacos). Después de la cita con el psicólogo, si los padres no obedecen las instrucciones de medicar al chico, pueden involucrarse en un enredo penal que los enjuiciará por desatención del menor. 
Tal vez por eso, creo yo, los hombres no han colaborado mucho en esta comunidad del barrio. Y mis amigos hombres son poquísimo. También por las distancias. Esta es una ciudad muy aplia que no está diseñada para peatones, sino para que cada mexicoamericano se vea obligado a contraer una deuda eterna para poder comprar un auto. El diseño de entornos que favorece la construcción de necesidades. Oh well. 
Estas es una ciudad ultra-conservadora, las mujeres se maquillan y usan zapatos de tacón para salir a comer a cualquier restaurante. Es mal visto decir y hacer ciertas cosas. Los mexicanos, aunque esta es una ciudad mexico-americana, seguimos siendo tratados por los mexiocamericanos como personas de segunda: qué decir de quienes entrenan en el Forth Bliss, uno de los campos militares más grandes de Estados Unidos; y de los departamentos de inteligencia federales: nos odian, somos escoria, basura, somos las caras que alimentan su desprecio.
Por eso, creo que soy afortunada. Me despierto con el silencio rodeando mi barrio, puedo preparar café sin que ningún otro cuerpo sea un obstáculo, entro a mi estudio rodeada de mis libros y comienzo a ejercitar esa adicción que me mata y me tranquiliza: llegar aquí, a esto. Preguntarme aquí por esto o aquello. Encarnar la fortuna y el agradecimiento. Me gusta pensar que es un poder que tengo: el poder de crear la realidad que vivo.
Tengo que ir al banco hoy. Deposito un cheque. El sólo hecho de pensar que me dirijo a un banco hoy hace que retrase todas mis actividades con cualquier escusa. Todo antes que llegar a ese edificio. Pero hoy, que he despertado muy agradecida por el simple hecho de estar milagrosamente viva creo que, puedo caminar al centro, con tu tésis en mi bolso, depositar el cheque, entrar al museo a ver esa maravillosa colección de arte del renacimiento, y luego detenerme en un café a leer, alejada de mi mascota que, últimamente está más demandante que nunca. Chau-chau.
 

Intervenir reaparece en una revista mexicana: La Tempestad. La reseña es de Roberto Cruz Arzabal. El hombre fotografiado y expuesto en la revista tomando cafecito es el gran Rodrigo Flores Sánchez, y la foto de la revista con la reseña (ya que el contenido no está en línea) es también de mi querido amigo Rodrigo. La transcripción de la reseña, es mía (osea de todos y de nadie). Mil gracias a Roberto, Rodrigo y a La Tempestad, por leer Intervenir y dedicarle ¡doble página!
Sólo una aclaración: Jen tradujo el libro al inglés (no vayan a pensar que al español), y la edición es bilingüe (a pesar de sus editores, que consideran el español -y a los escritores latinoamericanos- un lenguaje de segunda)

Multiplicidad Irresuelta.


Intervenir/ Intervene, el libro escrito por Dolores Dorantes y Rodrigo Flores Sánchez, traducido por Jen Hofer, abre con un epígrafe del libro La comunidad que viene, de Giorgio Agamben. La cita explica la distinción entre el bien y el mal en su relación con el "tener-lugar": mientras que el bien no tiene lugar sino que es el "tener-lugar" de los entes, el mal consiste en que el "tener-lugar" se vea reducido a un hecho común, a la intrascendencia. Ambos espectros enmarcan la tensión que se pone en juego a lo largo del poema, no porque éste se escriba como un tratado sobre el bien y el mal, sino porque el "tener-lugar" se ha vuelto un campo de disputa para la existencia y el sentido. Antes que un poema sobre las virtudes de la bondad o sobre las condiciones del mal, Intervenir/ Intervene es un poema que se ocupa de la oposición y la ausencia en las condiciones críticas de la violencia actual. 

                         Lo que se clava, lengua
                         Lo que nos zumba, fosa:

                                   Esta intemperie nos ha fabricado estos cuerpos,
                                                                                                           DOLOR
                                                                                                       estas torres,

                                                                                                   CONCLUYE
                                                                                                              capataz

                                                                                              DESPRÉNDEME
                                                                                                                oficial
                          
                         estas cabezas
                                                                                               BAJO EL CIELO


Aunque hay dos autorías, el poema no se construye con base en dos voces, no hay una dialéctica en el interior del poema sino un despliegue de superposiciones y acumulaciones: hay reclamos, hay órdenes y hay lamentos, pero no se concentran en torno a una dualidad (el bien y el mal del marco agambiano). Hay voces que se despliegan en los espacios del poema, estos decires a veces tienen cuerpo, y a veces observan los cuerpos derruidos ("El amor se me ocurre/ como se me ocurrió tu cuerpo reventado"). La traducción amplía la dirección del poema y la multiplica en el interior hacia otra lengua  "La traducción es una forma de dictado" escribe al final Hofer, el dictado obedece a una dictadura, o se contrapone a ella, pero no escapa: busca subterfugios.
      En su libro Cualquier hombre es una isla, Mario Montalbetti escribe, al explicar cierta poesía moderna: "El signo destruye el sentido para fosilizar la significación, es decir, domestica una cadena de significantes atribuyéndoles la seguridad de un significado [...] Puedo definir poema entonces como la resistencia a hacer signo". Intervenir/Intervene, está escrito desde la pluralidad sin ser su elogio, no se enmarca en la lógica de la multiplicidad, una lógica de la diversificación del capital; en cambio su multiplicidad no conduce a ningún sitio, no se concentra. Esta diversidad puede parecer chocante para los lectores acostumbrados a la lírica dirigida y con un sentido lineal, a pesar de ello la dispersión no resulta el efecto de una innovación sino de una estrategia. A partir de la cita de Montalbetti podemos pensar en la multiplicidad irresuelta como parte de la resistencia a hacer un signo, una resistencia también a marcar un enunciador y un espacio definidos. 
        En un tono que recuerda vagamente al poema de Efraín Huerta, Amor, patria mía, el texto se escribe en dos claves que lo sostienen: la violencia erótica y el territorio. La violencia ocupa un lugar entre los cuerpos, que ocupan a su vez un lugar dentro del territorio: "Sólo soy mi país/ / estoy quebrado/ con fisuras sobre mi madera// Y quiero// Deseo poner mi país en tu cuerpo/ porque no sé llorar". Pero el territorio no existe en realidad, es el "tener-lugar" ausente, que enmarca en su ausencia, la multiplicidad del poema. A lo largo del texto se distribuyen las citas desmembradas del poema "Piedra colorada" de Héctor Viel Temperley, que sirve como metarelato de Intervenir/Intervene al reafirmar la clave de ausencia en la que se escribe. Ante la multiplicación de sujetos y voces, la dispersión de un territorio inexistente. Ante la lógica de la acumulación del capital, las alegorías del vaciamiento, de la diseminación y del subterfugio. La relación entre ambas partes interpretativas, sin embargo, también es una falta. Un no decir que va poblando.
            En la forma del poema, la ausencia del signo me recuerda el dictum de Robert Duncan: "el poema no es un flujo de conciencia, sino un espacio de composición"; en la expresión, la ausencia de signo crea un espacio en falso en el que la falta parece una respuesta a la ubicuidad de la acumulación. Acaso intento de escritura heterotópica, su resolución es siempre la falla: "Hambre es// nostalgia de// un trazo".
              En el epígrafe la divinidad es un "tener-lugar", un espacio que, habitado, puede volverse territorio. Si el territorio del poema es inexistente, o si su existencia es apenas perceptible como remanente, entonces el bien es imposible. El mal, en cambio, la banalidad de su procedencia, existe pero no tiene forma. Lo que hay es lo indecible de la ausencia. No lo indecible como el efecto del trauma, sino lo que no puede ser nombrado porque no tiene fundamento. "Un tiempo mi tarea era escarbar porque/ creí con devoción que algo me esperaba/ bajo tierra. Sólo encontré basura. Basura". En el país de las fosas, lo indecible deja de ser un manierismo de la forma para convertirse en estrategia de sentido--------Roberto Cruz Arzabal.
Cinco minutos para entrar aquí y saciar mi vicio. Oh, ¡menos de cinco minutos! Una caravana de ese tipo de resistencia que no se ve. Que sigue su camino sin dejar huella: pura manifestación. "Que no nos vean llegar" ha sido el lema. Me da gusto que ustedes continúen. Ustedes que no son periodistas, pero que bien ponen el cuerpo dentro de las transformaciones sociales. Que no son escritores, ni han hecho carrera en la política. Que son ingenieros, maestros, operadores de producción, químicos o biólogos, dibujantes, maestras, y andan ahí con todo hijos, nietos y mascotas;  pero han sabido ser sobre todo amigos de esta subrealidad desapercibida y hermosa. ¡Gracias por venir!
Por si se nos había olvidado, mandan saludar.

De Bagatela Press

Nunca he escrito un libro fuera de la frontera. Nunca. Escribí varios libros en Juárez (como 6), después escribí otros tantos en El Paso, en pequeña estancia de tres meses. Luego fui a vivir a California y ahí nació un libro infinito que no sé si algún día voy a publicar, titulado Estructura, cuyos fragmentos sin cuajar se han publicado en Alemania, En este año que llevo acá he escrito otros tres libross. Algunos escritores vibramos con esta frontera. No seríamos nada sin esta especie de fuente oscura de los sentidos. Ayer me visitó en casa Bernardo Jáuregui, narrador y editor de Bagatela Press. Me gusta Bagatela Press por la forma desinteresada de manifestar su belleza. Por el esfuerzo que sé que Bernardo pone en cada libro, por la atención al libro como objeto y el diseño editorial. No concuerdo en el criterio editorial de Bernardo, pero lo entiendo. Es un criterio, pienso yo, documental, histórico. Un registro de autores y de obras que de otra forma pasarían desapercibidos, celebrados en publicaciones que agregan universalidad, a través de la percepción de su diseñador-editor-impresor. Así llegó a mis manos Trenes para Demoler un Río, de Edgar Rincón. Es difícil leer poesía cuando la personalidad de un autor es tan latente y reveladora. Edgar es un amigo difícil incluso para sus amigos. Y esa dificultad del alma está trasladada en este libro. A Edgar no le interesa el rigor formal o el experimento fonético o lingüístico, a Edgar le interesa decir. Decir lo que, quizá, no diría en una plática. Esa percepción amarga y terrible de quien ha crecido en medio de la guerra. No la guerra contra el narco-tráfico (¿quién a estas alturas cree en ella?). Sino la guerra del alma que enfrenta la miseria que se abre en cada esquina de una ciudad sin esperanzas. La guerra del que quiere volver a "otros tiempos". La guerra del que se juzga a sí mismo por participar en la guerra. Hay una densidad terrible y romántica en lo que Edgar dice, hay calles con las que me conecto porque las recorrí, vitrinas que yo también fui a ver, imágenes que se repiten también en mi memoria; de forma distinta quizá, desde abismos distintos. Trenes para Demoler un Río convoca el lugar que "aparece" a través de un decir. Un decir que es lugar ¿no es lindo eso?. Les copio aquí un poema:

Mejía y Francisco Villa

En la parte baja de ese edificio le digo a Vera
había dos grandes ventanas y tras ellas
una galería de cuerpos disponibles
en invierno era lo más parecido a un mostrador de carnes
podías verlas temblando frotándose las manos
encendiendo un cigarro ancladas en la ilusión de procurarse el calor
---vamos a ver a las putas--- decía uno de nosotros
y eso era todo lo que hacíamos
           verlas y señalarlas con un dedo
nos quedábamos ahí riéndonos
           con la intención de lastimarlas a todas
a los 20 años sin darte cuenta
ya eres más triste que un animal enfermo

Trenes para Demoler un Río
, pueden comprarlo aquí
Estado civil: sin ortografía.
Hace varios días, cuatro, aproximadamente, fui a casa de mi madre. Tenía tantas ganas de un atole de chocolate que, mi amiga Lucille decidió transportarme fuera de la ciudad. No sé qué pasa en casa de mi mamá. En cuanto la saludo, me siento con ella un rato en la sala, y comienzo a sentir sueño. Un sueño del que nunca me repongo. "Me voy a dormir un ratito" y así pasa todo el día. En casa de mi mamá duermo y duermo y duermo. Eso me pasó hace unos días. Llegué, bebí un litro de atole de chocolate que ella preparó especialmente para mí, y me fui a dormir. A las cinco de la tarde llamó Lucille para avisarme que pasaría a recogerme. Me levanté, regresé a casa y seguí durmiendo. Pensé que me levantaría a la noche para trabajar pero no, desperté hasta el día siguiente. Creo que entrar a casa de mi mamá es como entrar a su panza de nuevo. 
Quem me dera que a minha vida fosse um carro de bois 
Que vem a chiar, manhãzinha cedo, pela estrada, 
E que para de onde veio volta depois 
Quase à noitinha pela mesma estrada. 
Eu não tinha que ter esperanças — tinha só que ter rodas 
... 
A minha velhice não tinha rugas nem cabelo branco... 
Quando eu já não servia, tiravam-me as rodas 
E eu ficava virado e partido no fundo de um barranco. 

Alberto Caeiro, in "O Guardador de Rebanhos - Poema XVI" 
Heterónimo de Fernando Pessoa 
Nada nuevo. Escribo otro libro que debo terminar la semana entrante. Ese libro se alejó de mis obsesiones más persistentes (jua! qué obsesión no lo es) y comenzó acercarme más a una percepción zen. La percepción zen se manifiesta de forma simple, pero es un estado de ser muy difícil de alcanzar; entre más uno intenta ver el lado simple de las cosas, con más fuerza se manifiestan los procesos oscuros: el pensamiento persistente. Así que, por ejemplo, el hecho de pensar en el sol puede plagar todo súbitamente de nubes cuajadas de aguaceros; pero al final de la descarga nos daremos cuenta que el sol siempre ha estado ahí y, de hecho, es imposible que el sol sea cubierto por algo. Las nubes son, únicamente una capa que se interpone con la realidad. Pero hay que ver la nube, hacerla llover antes de poder alcanzar a percibir cualquier otra cosa. Digo esto, porque en el proceso de contemplar la nube y sus tormentas para este libro hoy en la tarde, comencé a sentir rabia, comencé -como suelo comenzar- a enojarme con el mundo. Escribí y escribí y el enojo no encontró reposo. Un amigo me invitó a la plática de un Swami, un maestro indú que ha viajado en carretera por EU dando diferentes enseñanzas, después -me dijo- te invito a cenar. A medio día me llamó para decirme "paso por ti a las 6 15, para que me esperes en la puerta de tu casa" Yo, como ya les dije, estaba enojada con el mundo. Hice un esfuerzo sobrehumano para no responder "¡Qué! los Gurús mandan flores a antes de salir conmigo y tú me llamas para evitar la fatiga de tocar la puerta" pensé, ok. es la cultura de esta ciudad, los hombres en este zona geográfica se comportan así. Me bañé a regañadientes pensando "qué tanto más puedo aprender sobre induísmo, yo ni tenía pensado moverme de aquí hoy". Tal y como dijo, dos cuadras antes de llegar a mi casa, mi amigo me llamó para avisarme que estaba a punto de llegar, para que "lo esperara en la puerta de la casa".  "Sí, como sea" pensé. Seguí escribiendo otro poco y recibí otra llamada para salir porque, efectivamente había llegado y yo, no estaba esperándolo en la puerta de la casa ¿¿¿??? para ese momento ya lo odiada. Di de comer a Diva, le puse su suéter, me despedí de ella cariñosamente y salí "Hola, feliz año". ¿Vamos a llegar tarde? pregunté. No, empieza a las 7. ¿A las 7? ¿Y entonces cuál es la prisa? "Me gusta llegar con tiempo" ¿¿¿¿WTF??? volví a pensar. "¿Cómo estás?" me preguntó "Ja, estoy encabronadíííísima con el mundo" le dije. "Escribo un libro que me hace encabrornar en el proceso". Para colmo encontramos un trafical, pero llegamos "con tiempo"; como llegamos "con tiempo" tuve oportunidad de conocer a quien después resultaría el Gurú que dio la clase. Un hombre iiiiiincreiiiiible. Totalmente indú. Que guió una meditación maravilloooooosa.  Que me hizo reír a carcajadas y me explicó porqué el tiempo es sólo duración de espacio a espacio y ahí, donde está Dios hay: nada ¡Nada! (yo no podría explicarlo, pero juro que cuando él me lo decía yo "entendía" perfectamente -si es que había algo que entender-). Nos doblábamos de risa. Sus ojos son como dos pozos infinitos. Me reí más cuando me decía cosas como "yo te amo a ti, tú me amas a mí" ahí no está Dios. "Yo me caso contigo, tú te casas conmigo" ahí no está Dios. "Donde está Dios hay nada: na-da". Sobra decir que no hubo necesidad de cenar con mi amigo, el de la prisa en esa duración entre un espacio y otro. Cenamos en el templo una arroz vegetariano, salsa de yogurt y dátiles, bendecidos con esa esencia en la que, efectivamente Dios, no existe. "La flor de loto vive en el agua" me dijo "pero no es tocada por el agua. Así deberíamos vivir, como flores, rodeadas de fabebook, de tuiter, de teléfonos, ¡de Google! sin que Google nos toque" Jajajaja. Sigo riéndome todavía. Swami Chidatmananda, en estos momentos continúa su camino por carretera hacia otra ciudad de este lugar que el convierte, esporadicamente para algunos de nosotros, en paraíso.

Gilels. Si Richter no existiera, Gilels sería mi intérprete preferido.



Trabajo, pero mientras, comparto. Que conste.

Acuérdate de ti/ antes de que todo se convierta en polvo/ para que crezcas// Recuerda, recuerda/  tus diez dedos y olvida el zapato/ Recuerda las formas de tu rostro/ Olvida la niebla de invierno/ Recuerda tu nombre y a tu madre/ y olvida las letras del alfabeto/ Recuerda tu país y olvida el cielo/ Recuerda, recuerda.
A Child is Not a Knife

Last day in the month of March/ Snow falls over/speckled ground, settles/ on the branches of the small cherry tree/ From the trunk of the pine/ lichens glow   Under the snow, under the ground/ is the clear, dark/ transparent water/ I see a forest, broad-leaved, moisture/ drifting over half over-/grown temple buildings   The sun's/ sign, yellow   A green bird/ and a blue bird, conversing/ On the ground, ashes, gray    Black/ remains of some undetermined/ substance    The soldiers are far away/ History's leaves grow quickly    The plague/ get here late, quickly lungs/ bled, disintegrated   Villages/ not yet emptied/ for work on cocoa plantations/ Jesus became God of the sun/ Now, once again, the tower/of dead grows   The period/ about four hundered years  The killing/ takes new forms    New religions, a new/ salvation   Every day the sun rises/ The soldiers of the empire at their outposts/ in the central killing     Calling forth/ the other empire's growing shadows    Here too/ clear as glasss, with genuine existance/ Death's dominions penetrate one another/ Snow falls deeper and deeper, perishes    The war/ goes on, it has gone on a long time now   We/ are his hostages, its profiteers   The names/also come back    Guatemala, 1954/ Guatemala, 1983   Honduras    Nicaragua, the same year/ El Salvador, 1932   Now we're led/ back four hundred years   The numbers of dead/ are also high now that it is not even/ possible to implement exploitation/ at full capacity   The names of the empires change/ our names change   The child's wing of genocide/ grazing your cheek   In ultimate caress/ A child is not a nife   No labyrinth's web/ is opening  The man-eating monster is/ real    And no pushing it aside, no taking sides,/ can dispel that    The marches, the cries,/ringing like the voices of birds, in very grave distress/ Echoing in the kingdom of death    Solidarity of the birds in Hades/ There may not be any other   We still live the attempt/ There is no reason for us to stop/ Hope and despair are interchangeable categories/ Who seeks consolation in either of theses has already given up/ Those people who fight for their lives, also/ in great confusion, can do nothing else   For/ them nothing exists but freedom's constraint   For some/ it is murder, which damms them as humans/ No one is without guilt   We ourselves, the doomed are/ singing   Now light's pitch rises   The human voice is alone.

¿Bailamos?

Tenía los ojos cansados. La cabeza cansada. Tenía la espalda cansada. Este trip, el de recopilar entradas del blog para un libro, me está matando. 
No habría podido recopilar ni un centímetro de este libro sin el dolor de estómago y los ataques de pánico. Sin esa sensación de que, intempestivamente, alguien podría derribar la puerta de lo que soy y poner sus zapatos sobre mi intimidad. Está lloviendo desde anoche en este desierto, la lluvia me arrulla. Debe ser el recuerdo de cuando nací en la montaña, cerca de un volcán, y llovía siempre. Debe ser que mi memoria vincula esa tranquilidad de recién nacida con este presente. Me desperté muy temprano. Pensando en la intimidad: cómo defender esa puerta. Qué obstáculos ponerle. Cómo comenzar a construir el muro que produzca seguridad. A mí, la seguridad no me la entrega un muro, la seguridad me la trae la lluvia. Debe ser también que, en días de lluvia, las balaceras se detenían en el desierto. Debe ser también que, mi cabeza descansaba bajo la lluvia con la mandíbula dislocada, cuando volví a nacer, hace tanto y no tanto tiempo. 
Anoche, esta conversación, en la que te imaginé desde el año pasado se hizo verdaderamente tangible. Crear, que le llaman. Tener el poder de imaginar y que lo imaginado se manifieste de forma tangible hacia a afuera. Así, tangible, surgió esa pregunta que ya no era lo que yo imaginé. Con toda tu carga ¿Hace cuánto que no morís de amor? Un golpe simple, un tajo que derrumbó la puerta. Un golpe que dio en mi intimidad. No fue buena idea, esta mañana, añadir mermelada a la leche con miel. Mi experimento me arruinó el desayuno. Experimentar, como amar, no es sólo cosas lindas. Me refiero y no me refiero a ti. Hay que estar muy herido para referirse, diría nuestro amigo Eduardo o "Me refiero a ti como a dos fieras" ¿Recuerdas? Tú, que no eres como yo ¿recuerdas que en aquella fiesta dije: "Me refiero a ti como a dos fieras" y luego cubrí mi boca con las manos (arrepentida y no) como si se tratara de un insulto? A fin de cuentas todos bailábamos en una intimidad absoluta. Todos somos cobardes en algún punto de la vida. Todos nos conectamos con todos. A fin de cuentas me copias a la vuelta de cualquier esquina, porque vives así; yo no. Ésa es una diferencia que tengo contigo, y me fascina.
Porque ¿qué sería esto sin ti? Este cuento de la manipulación de los recuerdos. Como cuando te detuvieron en Palestina, o como cuando cedí uno de mis libros bajo coerción, o cuando en Little Tokio, un marzo, me di cuenta que tu muerte iba a dolerme siempre y pregunté ¡¿Por qué?! ¿Por qué tiene que ser así, si acabábamos de comer un helado y de cenar riquísimo? Y tú, desde una compasión infinita, respondiste: no sé, Lola. No sé
Esto también es una declaración de amor. Esto también es, otra vez, cobarde. Te adoro/ muero de amor.  Y no,  no pretendo poner eso de acuerdo.



Nuestro libro Intervenir continua apareciendo en las listas de este año; este ha sido mi comentario preferido a su lectura, hecho por Sara Uribe y publicado en su TOP 10 de libros en la revista Transtierros. Intervenir fue un libro que escribimos (yo con mucho entusiasmo y alegría) si no me equivoco, en el 2009. El proceso de publicación fue una tortura. ---No nos salvamos de los abusos típicos por parte de editores que se creen superiores al autor, y lo tratan desde esa supremacía (por lo general blanca, o criolla)---. Pero la gratitud que siento hoy ante una descripción  precisa, de la intervención como cirugía, vale cualquier sumersión en el infierno. Mil gracias, Sara Uribe.

"¿Qué ocurre cuando un lenguaje es avasallado y atravesado por la violencia? ¿Cuál es esa irreversible luxación que se efectúa en las palabras y sus significados? Algo nos deja vacíos, descolocados, inciertos. El lenguaje nunca es el mismo después de preguntarse por los cuerpos rotos de un país roto. Pero no sólo aquél que utilizamos para referirnos a las heridas y a las pérdidas, se trata de todos los posibles lenguajes; se trata de la torcedura de todos los posibles abordajes para nombrar el cuerpo, el amor, la patria, lo cotidiano y la memoria. Y es que todo, todo ha desaparecido, nos advierten Rodrigo Flores Sánchez y Dolores Dorantes, en su escritura a cuatro manos de Intervenir, una mixtura de discursos que se superponen, se reescriben y se sobreescriben entre sí; una anunciación de lo que queda después de la catástrofe cuando uno ha sobrevivido: cuando sobrevivir es tener que aprender a nombrar de nuevo todo aquello que ha sido trastocado. Rodrigo y Dolores, es decir, sus escrituras, dialogan y producen este libro como si estuviesen realizando una intervención quirúrgica. Uno puede ver en la página sus movimientos, sus cortes, sus costuras, sus respiraciones a veces unísonas, a veces sólo paralelas. Van cortando y abriendo el lenguaje como una gran herida al tiempo que intentan suturar y, con ello, generar nuevas capas de sentido; a pesar del dolor, a contracorriente del trauma y de la nostalgia que subyace en sus narrativas que son ya siempre fragmentarias, dispersas, incompletas. Es esta, en todo caso, una poética que no sale inerme al daño, una poética fracturada."
Image courtesy (for Entropy) of Kenyatta A.C. Hinkle and Jenkins Johnson Gallery
Mumbo Jumbo, 2011 India ink and Wite Out correction fluid on acid free recycled paper, 8.5 x 11


Hay temas que me apasionan, uno de esos temas es la percepción de cualquier tema que toque Fred Moten. He escuchado críticas a Perloff desde hace años, y a Goldsmith también (si no los conocen qué bueno), críticas que celebro aunque, algunas veces, provengan de gringos inconscientes de su propio deseo de pertenecer al mundo que critican o que "desprecian"; porque aunque se ha activado el motor de la reflexión en ellos, reflexionan sin un verdadero cambio de percepción del mundo, es decir, reflexionan desde su mundo blanco (en México, diría que los clasistas reflexionan desde su mundo criollo, por ejemplo, siendo alumnos orgullosos de personas como Marjorie Perloff --sí, Perloff le debe su fortuna, en parte, a algunos mexicanos que desprecia). Un mundo donde el "Yo" está por encima de todo. No confío un centímetro en ningún gringo, debo decir, aunque me alegra que, unos pocos comiencen a abrir bien los ojos. Leí esta mañana este artículo de Fred Moten y me pareció absoluto ¿Para qué queremos nosotros habitar ese mundo -el mundo blanco, o el mundo de la poesía institucional, o el mundo criollo, o el mundo clasista? Quedarse sería reproducir los comportamientos que ellos han creado, es decir, usar una estructura que genera lo mismo que criticamos. Tenemos el poder, y lo hemos hecho ya, de crear nuestro propio mundo. Mi versión en español puede tener errores, pero pueden consultar el link con el original haciendo click en el título. El texto original es de una expansión hermosa, amorosa.
por Fred Moten
Me salí de Facebook mucho antes de que Kennth "Solid" Goldsmith decidiera encontrar algo que re-decir acerca de la forma muerta en que siempre hemos vivido. Si tan sólo alguien le hubiera susurrado al oído: si no encuentras algo bueno que re-decir entonces no re-digas nada. De todos modos, la última cosa que le hubiera preguntando, en Facebook o en cualquier otra parte, es "¿Qué mierda estás haciendo?" Sé qué mierda está haciendo. Desafortunadamente, como asunto de vida o muerte, tengo que enterarme de esa clase de cosas. Es parte de lo que tienes que hacer para sobrevivir al ancestral y presente continuo tratando de borrar nuestra ancestral y continua presencia. Pero, porque él no tiene que saber qué mierda está haciendo, me estaba preguntando sí sabía, o si le importaba. Con el paso del tiempo la respuesta ha quedado clara. Mientras, buscamos un preponderante común donde respirar, que se corresponda con la preponderancia común en la que respiramos. Esta aspiración sub-respiracional es el portafolio de Juliana Spahr. Es un objeto esencial de deseo y crítica. 
Respiro cierto aire que respira Marjorie Perloff también. Me gusta cierta poesía que también le gusta a Marjorie Perloff; al mismo tiempo, no nos gustamos el uno al otro, aunque no nos conocemos; al mismo tiempo, aunque no la conozca, sé muchísimo acerca de ella. De hecho, yo se muchísimo más a cerca de ella de lo que ella sabe acerca de mí o de ella misma. Es una función de nuestra educación. Tengo que aprender acerca de ella y de muchas de las cosas que han sucedido y que continúan sucediendo para que ella exista. Ella nunca había sido tan obligadamente, una condición que induce no sólo ignorancia sino sangre fría. Y ahora, quiere dejar el mundo de la poesía porque piensa que nosotros lo hemos allanado, trayendo toda una discusión escandalosa, indecorosa y repugnante ---autos estacionados frente al jardín; el despreciable aroma de la preciada clase baja flotando sobre el manicure universal y sus conceptos entubados. Pero este es su mundo; ella no puede irse. Ella lo planeó, así que ella puede quedárselo. Ella tiene que quedárselo. No puede retirarse ---o, para ser más precisos,  no puede ¡tragarse sus pinches palabras por un minuto y sentir!--- si su vida depende de ello. De hecho, su vida ---en la que la abstracción inmaterial y brutal que ella asume como derecho absoluto para negarse a asumir lo mismo por un negro, asustado y grande Michael Brown--- depende de que ella continúe hablando, incluso si es sólo para su círculo de estirados, incluso si de todo lo que ella y ellos pueden hablar es acerca de su (y sus) derecho de hablar. Profundamente todavía, tristemente, miserablemente, Marjorie Perloff reclama su "judeidad" de manera que le permita hablar de la "blanquedad", ejerciendo su derecho a decir cualquier horripilante mierda antisemita que quiera de manera que le permita ejercer su derecho a decir cualquier horripilante mierda anti-negra que quiera. Hay algo típicamente doloroso y vergonzoso acerca de esta violencia y odio dirigidos a la víctima, que se anuncia como un tipo de claridad de visión anti-romantizada en lugar de la romantización subrepticia del victimario, una suciedad (ser)vil que toma la forma de una teología perdida e impensada de la fortaleza. Quizá esto es lo que es amar el (poesía) mundo como es: un rechazo posesivo, una insensibilidad anti-intelectual insistente en la valuación y la separación, una negativa imperial a sentir que constituye la trágica y absoluta reducción de lo que somos y de lo que se supone debemos ser.
Para hablar, como sea oblicuamente, de los actos de Marjorie Perloff es hablar incluso de su des-hacer. Debe ser que ya no existe más Marjorie Perloff como persona. Quizás Marjorie Perloff es sólo un concepto. Se requiere una investigación posterior. Por ahora, digamos, con la mayor exactitud posible, que hay una susceptibilidad sobornable en semejante amor no correspondido al (poesía) mundo en el que finalmente disfrutamos asignar el nombre Marjorie Perloff.  No es que Marjorie Perloff deba dejar el mundo de la poesía; nosotros tenemos que irnos, una condición de la que nos sentimos orgullosos y gozosos. Marjorie Perloff encaja íntimamente con la distinción entre la violación y el rechazo del buen gusto. Marjorie Perloff tiene mal gusto. Marjorie Perloff está en el mal gusto. Por otra parte (en la otra mano) ---la mano que permanentemente vuela más allá del manubrio, apresurándose fuera del cuerpo y fuera de este mundo--- cantamos la tierra con sabor: polvo en nuestras bocas, agua en nuestros pulmones, sangre en nuestros ojos, manos en nuestras manos. Marjorie Perloff, te hemos estado estudiando por mucho tiempo para ya no estudiarte; te hemos pensado insistentemente para ya no pensarte. Quédate donde estás.


Llover siempre llueve.
A veces con violencia. A veces suave.
Recién llegados a casa o sin techo nos sacudimos 
como terriers mojados.
O con cuidado, para que nadie note
que hemos llorado.
Pero llover siempre llueve.
¿Hasta dónde he llegado en ti el nivel del llanto?
¿Hasta el ombligo? ¿El pecho? ¿El cuello?
No necesitas desnudarte para enseñárnoslo.
Nos lo leemos mutuamente en los ojos
como en un transportador.
Si hay que decir algo siempre se puede decir:
Amor mío,
para mañana ya tendrás secos tus guantes de lana.

Werner Aspenström (trad. Paco J. Uriz)
Si continúo agregando entradas a este blog, nunca voy a terminar la selección que necesito entregar para fin de año. Pero es este tipo de escritura el que surge mientras trabajo en eso y aquí estoy, escribiendo en vez de seleccionar. Estoy comenzando a creer que esta clase de escritura se está convertido en otra forma de dependencia. Al tratar con otras personas, personas que tienen poco tiempo en mi vida, personas que me hacen pensar desde una existencia novedosa, con las que sostengo un proceso de conocimiento y aceptación actualmente, puedo percibir que hay algo que no encaja: necesito escribir para explicarme algunas cosas, para resolver algunos pensamientos y después dominarlos oralmente. Incluso pensamientos que domino y sostengo como parte de algunos libros que no he publicado todavía, los cuestiono si los platico, los cuestiono al momento de repensarlos. La escritura se ha vuelto una resolución a las preguntas que me hago desde el año pasado. Quizá sean dos años ya que me he fijado en unas cuantas obsesiones para preguntarme cosas distintas; básicamente sobre el condicionamiento humano y como es que ese condicionamiento se instala imperceptiblemente y nos lleva a reaccionar como seres programados para contribuir a determinada estructura social/de poder. Y me lo explico aquí de forma muy sencilla, sólo intentando responder las preguntas que aparecen mientras leo a una variedad de autores que me fascinan. Aquí ese proceso es seguro. Mi problema ha comenzado a surgir allá afuera, en la percepción de la realidad familiar, por ejemplo: tan simple en apariencia, pero tan poco adecuada a mis circunstancias. ¿Por qué comienzo a dudar de mi participación o lugar dentro de mi propia estructura familiar? Si la familia es la aceptación absoluta, es un ente que acepta, incluso sin comprender al elemento que es aceptado: el elemento sólo nació ahí, en el ente familiar: es la familia. Comencé a dudar de mi pertenencia al núcleo familiar porque comencé a dudar de mi misma. Repentinamente, con los cambios intempestivos en la familia; un nuevo miembro recién nacido adaptado y aceptado totalmente como parte de nosotros, es decir como parte de mí. Sentir esos ojos nuevos teniéndome una confianza absoluta, otra persona soltando su sueño en mis manos, me derrumbó. La convivencia a ese nivel con un bebé ha sido algo completamente inesperado. Tal vez en ese momento comencé a sentir la separación, "no soy como ellos" "¿en qué me he convertido" "¿cuándo fue que la vida transcurrió tan rápido?". Estuve bebiendo whiskey a escondidas con mis dos sobrinos, creo que es la primera vez que lo hacemos, a como están las cosas en la familia, supongo que no será la última pero, cómo decirlo --sí, he tenido "novios" de su edad-- pero mis sobrinos todavía siguen siendo mis niños. No es que me sienta vieja, no es eso, es sólo que repentinamente sentí que, por el hecho de no reproducir esa manera sencilla en la que las familias construyen sus cadenas y se unen a otras familias, y se relacionan con otras personas y se involucran íntimamente con la primer personas que se les planta en el camino. quizá estoy fuera de lugar. Una familia es un organismo que no se transforma a base de complejidades, sino de accidentes. A mi no me gusta involucrarme íntimamente por accidente, a mi me gusta conocer, indagar, saber hasta donde se pueda saber, descubrir, maravillarme, extasiarme, amar, adorar y después decidir si me involucro íntimamente; ja, creo que siempre termino decidiendo que no. Pero esa diferencia (y muchas otras) no me excluye de ser parte de mi familia. Soy esos accidentes también, los suyos. Soy esa forma de aventurarse a un nuevo matrimonio, a un nuevo nacimiento, a la inclusión de nuevas personas a la familia. Me preocupa cómo me verán por el hecho de no vivir como ellos viven; por ser un animal al que no le gusta el cautiverio, y al mismo tiempo un manojo de nervios que le teme a la vida y a la intimidad; por ser una diosa y al mismo tiempo una neurótica que necesita sumergirse en su propio silencio por periodos interminables, y sólo platica con su perro. Al final de cuentas ellos también son esto que yo soy. Todo nos fue heredado.

Pues en esta pequeña lista de lo "acontecido" en México, vuelve a aparecer Intervenir, Uno de mis libros escrito en co-autoría con Rodrigo Flores-Sánchez, Un libro que realmente no es mío, pero tenía que nombrar de alguna manera a ese despojo. Gracias por su preferencia textual, amigos. Celebro que Intervenir se lea. Ojalá este libro sea libre de la editorial mezquina que lo posee, y entonces sí, pueda llegar a más personas de forma gratuita. De cualquier forma reitero mi voluntad de compartir PDF con la versión del libro en español, a quien me envíe email solicitándola a: cieloportatil@gmail.com
aquí el link del suceso, en la revista La Tempestad. Celebro también que Anti-Humbold esté en esta lista; un libro preferido escrito por encima del Tratado de Libre Comercio, que manifiesta una crítica desde el mismo lenguaje legal que lo narra (al tratado). ¡Viva México! y, otra vez, gracias (quien sea).

Tengo un deadline que me está matando. Me está matando, porque sólo he revisado doscientas páginas de las setecientas cincuenta que tengo que revisar, para seleccionar, corregir y armar el trabajo que estoy haciendo. Estoy en un momento del año en el que ya no soporto los lentes, tengo una alergia espantosa, los ojos hinchados como un huevo cosido, y mi ánimo en otra parte. Afortunadamente, como bien dijo la grandiosa Rigoberta Menchú: uno construye el tiempo, y diciembre se ha extendido como ningún otro mes este año. 
Escribo, con dos copas de vino vacías frente a mí, porque diciembre también es el mes en que los amigos aparecen en el porche de casa intempestivamente, escuchan discos, bailan y ríen como gitanos y se van, dejándome siempre una botella de vino de reserva. Ayer, decidí terminar con la botella de vino dulce que quedaba; sin esperanzas, rechazando el túnel que es entrar a ese trabajo literario (tal y como lo rechazo ahora) cuando Juan Manuel apareció, tomó una copa de vino conmigo y partió en su entusiasmo de recién casado para cruzar la frontera en busca de su amor. Entré en la cocina y me di cuenta que quedaba un Pinot Noir australiano (el del cangurito!). Lo abrí sin dudar. Juan Manuel, antes de irse, me ayudó a encender las luces del árbol navideño. El primer árbol navideño que tengo desde que llegué a este país. Mi mamá es católica, mi papá era un loco-libre pensador; así que crecí en el "camino medio" (es broma), no tuve fantasías con Santa Clós o con los Reyes Magos; aunque soñé con los reyes varias veces; la navidad la llenaba mi padre; no sé desde cuándo pero él comenzaba a prepararlo todo: compraba el pino, sacaba los adornos, colocaba las luces ¡con todos nosotros a su alrededor! no sé cómo nos aguantaba; mi papá era otro niño, supongo. Ahora que lo pienso, debió tener treinta y cuatro años en mis recuerdos y si yo, que tengo cuarenta y dos, me siento jovencísima, él debió ser un muchacho jugando con nosotros. Llevo semanas recordando cómo pronunciaba su "nombre", recordando mi voz de niña, mi estado de niña; rodeada de una protección insustituible. Alguien que te quiere a cambio de ser tú mismo, alguien que protege tu "mismidad", alguien que la cultiva, que la hace crecer, alguien que puede verte tal y como eres. Y vuelvo a otra de mis obsesiones: la percepción de la realidad ¿cómo es que mi padre podía percibir quién era yo? ¿cómo lo supo, quizá antes que yo lo supiera? ¿cuándo decidió comenzar a dejar libros estratégicamente "olvidados" por casa? Son preguntas que no tendrán respuesta. Hace tiempo también, platicaba con alguien acerca de la memoria y su calidad de presente. Gracias a la memoria y su calidad de presente es que podríamos creer que la forma externa del amor existe. La memoria, nunca es el pasado, es una fuente que permanece, que se instala incluso a nivel celular e inconsciente. A nivel celular y consciente mi padre sembró en mi muchas cosas: una inseguridad que me ha costado años derrumbar, pero también momentos de luces en medio de la noche, de visitas a casas de anticuarios, de pláticas en la cocina de sus amigos griegos, de caminatas en invierno. Y no es lo material lo que permanece, lo que viaja en la memoria instalada en el cuerpo, sino lo emocional ¿cómo describir la gama de emociones sin nombre que yacen y se activan desde ahí? el hecho de llamarlas emociones ya es una forma de separarlas de su fuente y convertirlas en un hecho finito: el pasado. Mi padre construyó una memoria de amor a nivel celular para que se quedara conmigo en estas fechas, ese amor que no pide nada a cambio, que me percibe tal y como soy. Pero ¿a qué iba yo? Sí, a la razón que he descubierto estos días de celebraciones en El Paso. Todo el año había vivido con la sensación de haber cometido un error: me equivoqué, debí haber comprado un terreno en Uruguay, me dije muchas veces en medio de lo inclemente que puede resultar la frontera desde donde se alcanzan a ver las gestiones del genocidio mexicano, pero estos días he cenado con tantas personas, en tantas casas distintas, he recibido a tantos amigos en casa, he escuchado a mi hermana durante horas, he exigido el platillo preferido en casa de mi madre y, entonces, entendí por qué, por qué estoy aquí. Aquí existimos personas que cargamos la memoria celular que nos heredó mi padre. Aquí soy yo en mi versión menos sofisticada. Aquí estoy empujando la subsistencia, Aquí encuentro el silencio lejos del movimiento cosmopolita de los corazones desesperados por obtener un poco de fama y reconocimiento, o el título de artistas. Aquí aparezco y desparezco en el amor que aprendí de mi padre. Por eso, no me he hundido en el túnel para terminar ese libro. Pero lo haré, lo haré en algún momento. ¡Lo juro, Señorita Editorial!
El año pasado me propuse encontrar, por lo menos, una vez por semana, un poema feliz, para postearlo aquí. Fracasé. Los poemas felices son pocos. Los poetas que escriben poemas felices existen muy brevemente en su entusiasmo; es el mundo, supongo. Sin embargo, desde aquella búsqueda me recontré con Werner Aspenströn. Poeta sueco, un lenguaje con alcances emocionales insustituibles ¿cuáles serían las copias de los lenguajes? No me refiero a la copia idéntica, sino a esa que surge y se transforma ¿surgirá cuando pronunciamos desde nuestro bagaje extranjero otro idioma para intentar comunicarnos, o aprender? Me gusta eso, ese giro que con una pequeño twist de la lengua puede transformar un proceso de copia en una marca distinta. ¿No es hermoso?
Ustedes que han hecho del pensamiento un proceso sostenido de aprendizaje y que me visitan alegremente; ustedes que saben lo que es agitarse como un animal entusiasmado; ustedes que saben lo que es dormir como una flor, deben comprender que la alegría es indispensable y más para nosotros que visitamos tantas atmósferas oscuras mientras reflexionamos. Así que, basta de discursos y les dejo, junto a un abrazo, uno de los poemas del gran Aspenström, quien murió un enero de 1997 (traducido por el indispensable Paco J. Uriz). Werner dio con algo, como pocos, con la alegría (una de las razones por las que se distinguió de la generación a la que pertenecía "del pesimismo").


La Ciudad

No soy una persona apolítica.
Tengo mi opinión sobre cómo se deberían 
hacer las cosas en este país para obtener buenos resultados.
Considero que la paz es nuestro pensamiento más valioso.
Pero yo no quiero destrozar
con la tijera de los grandes sueños
el tejido de los sueños pequeños.
Es la hora del día
en que el remolcador Rex zarpa rumbo al archipiélago
para traernos la salida del sol.
Es la época del año
en que el gigante de las montañas de Skinnarvik
lleva el pelo cubierto de lilas.
Pronto abrirá sus fauces y escupirá
sobre la ciudad una bandada de gaviotas reídoras.
Me parece simplemente hermoso.
Me parece humano, a veces.
Disculpen que venga aquí a contarles mis sueños, pero es que el sueño de anoche fue extraordinario. Hace años, conocí a una mujer indígena tarahumara de nombre Teresita; llegamos hasta un lugar en la sierra de Chihuahua, en la mera cima, frontera con Sinaloa. Al lugar lo bautizaron Puerta del Cielo. De esto hace, quizá trece o catorce años. Yo viajaba con un grupo de exploradores-amigos interesados en el chamanismo, la espiritualidad y esas cosas. El asunto es que Teresita tenía fama de trabajar con la energía de las manos. Llegamos después de más de 14 horas de camino de brechas, y ella eligió trabajar directamente cuatro personas, yo entre esas cuatro. Cuando ella puso sus manos sobre mi cabeza, yo literalmente me fui; como si estuviera viajando por un túnel de luz, fuera de mi cuerpo. El viaje se detuvo porque llegué frente a una energía invisible, pero que podía tocar. Tocaba sus manos y sus dedos se sentían como el campo magnético de los imanes opuestos. Y yo pensaba algo como: sí, si hay alguien frente a mí, sí... son sus dedos ¿quién está ahí?
Durante este tiempo no fui consciente de lo que pasaba con mi cuerpo: me había desvanecido, mi cuerpo estaba helado, mis labios traslúcidos; mi hermana se desmayó de la impresión, todo mundo rezaba. Yo no me di cuenta hasta que regresé,
Pues ayer soñé que estaba en Nicaragua. Con un grupo de mujeres. Y tenía una experiencia parecida, pero consciente: estoy dejando mi cuerpo, ahí voy. Me sumergía en una luz absolutamente placentera, dorada y rosa. Y después regresaba para hablar con las mujeres que me rodeaban y les prehuntaba qué había pasado con mi cuerpo. Todo había estado bien. Luego salíamos a visitar tumbas, tumbas que no estaban cubiertas del todo, que tenían sólo bloque de lodo encima, quebrados, con  ranuras. Tomábamos unas piedras y las tallábamos sobre estas tumbas. Y las piedras pintaban cada tumba de colores distintos, recuerdo el morado, como el color católico de adviento. Pero otras piedras soltaban también un polvo color rosa. Sabía que estaba en Nicaragua. Después desperté, muy contenta, Y salí de mi casa, muy contenta a visitar una sala con pinturas del renacimiento. Qué cosa tan enigmática, muchas veces, los sueños.


¿y sin nos vemos en Alicante?
No necesitamos comprar un boleto para llegar a casa... yo vuelvo a casa: "Ni extera noa" es un tatuaje que quiero hacerme, sí... en euskera, porque cuando lo escuché por primera vez fue en una clase de gramática de euskera... mi querido maestro Josu construyó la frase con lo primero que se le vino a la cabeza "Ni extera noa"... "Yo vuelvo a casa" y es que, a mi maestro de euskera, las cosas que se le vienen a la cabeza de forma espontánea nunca son cualquier cosa.
En estas fechas en las que vivimos la, en ocasiones pesimista y en ocasiones entusiasta, ilusión de que un ciclo termina y otro comienza, me gusta recordar a otro de mis más queridos maestros Tich Nhat Hahn, y compartirlo con ustedes. ¡Vale la pena escuchar esta enseñanza! me encanta cómo pronuncia "the here and the now".
Que el próximo ciclo imaginario sea lo que sea, pero sea siempre aprendizaje, queridos amigos.





demórate aquí, a la luz

Ayer pasé un día terrible. Las raíces del sufrimiento parecen misteriosas en ocasiones. Sufrí, prácticamente todo el día. Entre más diestra me vuelvo en detectar el sufrimiento e identificar los motores que lo activan, más complejo se vuelve, supongo, en su afán por permanecer. "El tiempo lo que busca es durar" oí en alguna parte. Así he ido pasando durante esta breve existencia, de el drama más ordinario por asuntos insignificantes (como el primer "eso no se dice" que algún adulto clavó en mi corazón siendo una niña, o ser excluida de algún grupo de amigos en la primaria; tener el corazón roto porque me enamoré de algún gato callejero en la adolescencia; ir perdiendo a mis "mejores amigos"; recibir la espada de la traición de alguno de mis colegas; soportar la prepotencia de algún profesor ignorante de la universidad; no ser amada por el gato callejero más apuesto del barrio, etc) a sufrimientos cada vez más complejos, como la obsesión emocional sustituida por el afecto a las antigüedades, la colección compulsiva de máquinas de escribir mecánicas de los años veinte, vajillas art decó, esculturitas de Francisco Zúñiga, cuadros de Rafaél Cázares, platos conmemorativos, muebles de 1800, sillones italianos, textiles provenientes de África o de Japón, muñecas horripilantes, Long Plays de Vynil, plantas exóticas y alegres; perderlo todo y entonces, acomodar las obsesiones en el pensamiento, para llevar una vida más libre y más ligera: preguntas sobre la percepción de la realidad, descubrimientos sobre el condicionamiento humano, fórmulas de repetición de sonido para alcanzar estados alterados de conciencia, lecturas de filosofía, ciencia, estructuras mentales, estructuras educativas, psicología, conversaciones eternas con mis pocos amigos, colaboraciones (eternas también) "¿qué es la guerra?" "¿qué es el dolor?" "¿qué es la ilusión?", la unidad del cuerpo con el resto del mundo y, hasta ahí, todo resuelto. Pero ayer, ayer fue un día terrible; todo me parecía una ilusión, llegué a pensar que todo sucede únicamente en mi cabeza, que no existo; "no existo," llegué a pensar. Me di cuenta qué tan dependiente soy de la validación de los otros para sentirme viva; busco que alguien diga "vas bien" ¿Ir bien a dónde? diría Eduardo Milán ¿Ir bien a Londres?. Ayer llegué a pensar que, a fin de cuentas, como todos, obedecer inconscientemente a esos impulsos se ha vuelto también mi realidad. 
Sin embargo, hoy, observando exhaustivamente el transcurso de mis obsesiones, por ahí de la una de la mañana, me di cuenta que sí, imagino y sí: lo que imagino se manifiesta de forma tangible hacia "afuera", en la "realidad" y además nada es cierto, sólo existe el instante, como este, en el que preservo la percepción de mí misma en una página, usando como medio el lenguaje, la marca sí. Porque también estoy obsesionada con las marcas; esas formas que son el lenguaje de la realidad, esa clase de "materia" de "golpe" o "quemadura" que se manifiesta después de transportarse por procesos imperceptibles, y que muchas veces encierra lo "inmaterial" o lo "infinito". Aquí. Aquí está.
el mundo

Como tengo la fecha límite para un libro que, aunque ya está escrito, me resulta imposible de recopilar porque nunca lo pensé como libro y que, de hecho, alguna vez cuando el blog fue una moda (como ahora los selfies) algunos de mis amigos más queridos afirmaron que el día que se publicara en un libro lo que publicábamos en el blog, estaríamos traicionando nuestras más nobles intenciones; yo , sin embargo, he tenido una oferta que me resulta imposible rechazar. Porque, para empezar, es una editorial maravillosa, cuyo nombre no mencionaré, porque ¿qué tal si después de todo nada cuaja? profundamente femenina y sería mi primer libro de crónicas. Asunto que muero por realizar. En secreto, lo único que yo he querido escribir toda mi vida es prosa. En secreto también, considero que mis libros de poesía fueron sólo un ejercicio para templar mi propio lenguaje, para domarlo y, a fin de cuentas, despojarlo de ese sentido de propiedad. El asunto es que cualquier fecha límite me estresa; yo, en realidad, a estas alturas del año quisiera estar tomando un chocolate con churros en Madrid, bebiendo güisqui y cantando kareoque en Quito, caminando bajo un atardecer en Managua o viéndome en la penosa necesidad de decidir cuántas cajas de alfajores podré meter en mi maleta, o preguntándome cuántas horas más permanecen las librerías abiertas en la noche ¡qué se yo! ¡El mundo! a estas alturas del año quiero el mundo y no la comunicación del mundo que recibo diariamente a través de esta plataforma hasta mi adorado desierto. En fin, quejas más, quejas menos, tengo que terminar porque lo digo yo, que soy mi madre, mi patrona o mi generala, pero siempre me doy órdenes muy suavecitas cuando me envuelve el estres. Me digo: oquéi, empiezo el lunes y me dedico a hacer lo que me de la gana del jueves al domingo. Y resulta que no, que hay que ir al banco, que el domingo hay taller, que hace frío, que ya casi se acaba el tiempo y no he podido bailar, ni he podido abrazarte ¿de qué se trata esta vida? ¿por qué estoy corriendo? ¿quién me paga por hacer qué?
El punto extra es que ahora vivo cerca de mi familia ¿recuerdan a mi familia, la de la cena de hace algunos posts? Bueno, pues habrán otras cenas... sé que han comprado regalos, yo misma soy encargada de organizar una de las fiestas porque mi hermana tiene 24 años de intachable y prestigiosa carrera que celebrar y ¿dónde creen que será la fiesta? ¡Sí, exactamente! ¡mi lugar favorito!: ¡el consulado Mexicano! Y yo pienso que mi hermana es una reina, mi hermana es hermosa, brillante, adorable, dulce, de enoooorme corazón, buena, encantadora a tal grado que no puedo decir: "¿organizar qué? ¡estoy muerta! ¡he muerto antes que la fecha límite para entregar el libro! ¿y tú quieres que justo ahora, casi acabando el año, reúna todo un ejército de amigos? está bien". 
Ustedes saben a cuántos editores les he dicho no sin que me tiemble una pestaña, en cuántas antologías también amablemente (y con agradecimiento) me he negado a participar, cuántos viajes al horrible New York he rechazado este año; y también saben con cuántos hombres no he salido porque pronunciaron "mal" una palabra, cuántas veces no me he casado porque no me lo pidieron con la frase "adecuada", en cuántas ocasiones no he comido sólo por no despegarme del monitor para continuar escribiendo; pero a mi hermana, simplemente no puedo decirle no. 
Así que no basta con el estrés de entregar un libro como presagio de fin de año y amuleto para el año que viene, también tengo que asegurarme que la banda de jazz llegue a tiempo, que los invitados sientan que algo dulce y cálido se abre en sus corazones al entrar a la fiesta, que mi hermana brille (más) de lo que brilla siempre, porque mi hermana es una joya, mi hermana es una llama viva, mi hermana es la mejor mujer del mundo. Sí ¡el mundo! al que yo ya siento que no llego este año.

Posdata: saludos Jhon Pluecker y haaaarto abrazo virtual.