Anuncio de mi visita a Estambúl 
Yo, con mi visión global, tratando de alejarme del color rojo y otras tantas maravillas, me estaba preguntando ¿cómo es que hay restricción de los bancos norteamericanos para usar mi tarjeta en Turquía? ¿Será una restricción de los bancos gringos, o será una restricción del gobierno turco? Ah, la libertad y el dinero... dos situaciones tan ambiguas, pero ya ven: me invitan. Voy sin dinero porque el país que adopté no me da permiso de gastar tooodos mis dólares... ¿o será que allá no valen? any who.
Y BTW ¡tradujeron mi trabajo al turco y al árabe! wiiiiii (justo lo que necesitaba mi prestigio de escritora subterránea). Y amor ¿vienes conmigo?
Tal vez nuestro error sea creer que la literatura es un todo, y nos sumergimos en ese todo. Hacemos de ese todo una vida y, en realidad, la vida es otra cosa; y la literatura es sólo una herramienta opaca y sin futuro.

                                         
Hace tanto tiempo que dejé de hacer de este blog una costumbre, que había olvidado que visitar este blog también es leer a mis amigos. Casi olvido a esos amigos también. ¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé. No sé dónde he estado, pero no importa. Veo la vida más clara, conozco mejor las manifestaciones de la naturaleza. Aquí estoy. No sé dónde he estado. Después de ti no tengo idea dónde estuve. Y ahora vuelvo al blog y es como volver a ti, otra vez. La vida me retoma. Me entero de cosas y de personas que no recordaba siquiera que existían. Regreso y vuelvo a tener la sensación de que ya no soy eso, tampoco: eso que estaba aquí, eso que te busca. Qué decepción vacía esa de regresar y no encontrarse. Los amigos saludan como siempre, y me detengo a observarlos como si se tratara de personas desconocidas. ¿Realmente sé algo de esa confianza que se acerca? pienso. Luego voy y los leo y tengo una especie de recuerdo, de algo que ellos son y continúa: ahí está, escribiéndose. Es una sensación extraña. ¿Quienes son ellos? a los que amo. A los que sin saber quiénes son siento que me conmueven con un simple saludo. ¿Confundo mis ganas de conmoverme con una realidad que lo provoca? No hay realidad para conmoverme, elijo conmoverme y entonces amo a mis amigos, como si supiera lo que mis amigos son. Si ustedes me están leyendo y son mis amigos, no lo tomen a mal. Es sólo la sensación otra vez, no de estar separada, sino de desconocer todo lo que observo. Tengo la impresión que no conozco a nadie. Conozco la naturaleza, los elementos, la forma en que la vegetación se comunica y avanza. No conozco a nadie. Ni a ti, a quien amo, conozco. No sé qué he vivido contigo ni qué hay en ti cuando me hablas ¿qué recibes tú?
Para eso regreso, tal vez, para recordar quién eres y quien soy. Regreso para regresar a la memoria, tal vez. Tengo esa sensación de no saber. 

Hoy, una desconocida me dijo "sé su historia" y yo le pregunté, "¿cuál es mi historia?" eso fue una coincidencia en mi día, encontrarme con una persona desequilibrada, yo ya desde antes venía sintiendo que no conozco a nadie. Acaso a los geranios, a la buganvilia que he visto crecer pegada a la ventana, y hasta ahí. Ni siquiera a mi amante conozco. Ni siquiera sé si tengo o no un amante. No me siento perdida. Me siento incapaz de conocer las mentes de las personas con quienes comparto la intimidad; y así, de la nada, una loca me dice "sé su historia". "¿Cuál es mi historia?". La mente de las personas que conozco puede dar un giro inesperado para mí en menos de un segundo. No sé. Supongo que eso es estar sola. Pero tampoco se confundan, Yo sé que me quieren. Es sólo esta sensación, junto a una calma que se parece tanto al desierto: un entendimiento sin sobresaltos, como una ------------------- así. Sin importar el ruido de los coches, o la costumbre sonora del silbato del tren que de tan cotidiana se disuelve, pasa desapercibida pero ahí está. ¿Será eso? ¿Así será la mente de mis amigos? que ha estado ahí siempre y de tanto estar, esa mente se borra, se confunde con el paisaje diario y cuando me doy cuenta se ha transformado tanto que ya no sé... no sé.
Hace meses ya que el libro que imagino se está escribiendo en mi pensamiento. Como mis ocupaciones me impiden sumergirme en el túnel y no abrir la puerta durante tres meses, vengo aquí como una manera de engañar al monstruo que se escribe solo. Lo tomo de la mano, hago como que hemos escrito lo que quería, cierro esta ventana de edición y listo. Se sosiega un poco. Entonces tengo que contar cualquier cosa: de mi mañana de pensar, del ruido que hacen los trabajadores del sistema de agua y drenaje mientras perforan la calle justo al frente de casa. Y el rumbo de mi vida. ¿Cuál? ¿Cuál rumbo?
El año pasado tenía miedo de dejar de quererte. Eso, como todo, pasó (me refiero al miedo, no al quererte). Después de estudiar intensamente con mi Guru siempre sucede algo. Me rondan ciertas ideas que anuncian ciertas experiencias. Había estado pensando mucho el año pasado sobre el concepto de "red distribuida" que se utiliza para definir la manera en la que internet y las comunicaciones se dispersan y se expanden como si se tratara de un organismo vivo; pensé mucho también en la comparación de estas estructuras de comunicación con la estructura de pensamiento y con la estructura molecular pero, durante el trabajo intensivo con mi Guru surgió un concepto que hizo "click" con lo que venía pensando este año, aunado a los procesos de reproducción: la entropía. Había estudiado la entropía de manera filosófica ligada al orden y al desorden de las cosas, estos días, esa parte de la física fue la clave para definir un proceso que me interesaba averiguar: el proceso por el cual la realidad se manifiesta frente a nosotros tal y como es. Celebré, por su puesto, este nuevo giro que ha tomado mi investigación, una investigación por demás poética (debo aclarar); ahora estudio entropía y dinámica. Pero esas son mis obsesiones, lo que tengo a la mano. Lo que puedo alcanzar desde mi comodidad, mientras la luz invade la sala , placentera y espero a Juan Manuel para salir a un té, en nuestro intento presuroso de pasar tiempo juntos porque ha visitado esta frontera como flash. En realidad me ha entrado un deseo enorme de desaparecer. No por cuestiones depresivas, o pesos existenciales. Sino por una necesidad de libertad. La libertad, ha sido para mí una lucha emocional estos últimos años. Decidir no establecer relaciones sentimentales convencionales en nombre de la libertad, se vuelve una tarea más difícil año con año; las personas de mi edad se cansan de la sexualidad activa (la consideran un deporte extremo), quieren acurrucarse, ver televisión, dormir y todo eso está bien pero tal vez yo soy tremenda egoísta. Pero decía que la libertad ha sido mi tema estos años, entre menos pertenencias más libre me siento. Lo que ha comenzado a darme vueltas en el pensamiento es la cuestión de la identidad, he comenzado a sentir que vivo atada a mi identidad, incluso aunque me haya cambiado el nombre. Vivo a atada a lo que "creo" que soy. Creo que soy una obsesiva compulsiva: vivo en torno a esa creencia todas mis mañanas; creo que me son indispensables, por ejemplo, mis horas "de pensar". Creo que te amo: vivo en torno a ese amor todo el día; creo que me es indispensable lanzar esa cuerda a la distancia para sentir que toco algo de la mente que amo. También creo que soy congruente: vivo en torno a mi congruencia, sosteniendo una estructura congruente todos los días, con sus creaciones y sus levantamientos, con las convivencias comunitarias and so on. Lo indispensable es en mí más un sistema de creencias, que una realidad.  En realidad lo único indispensable para mí es alimentarme, dormir, despertar, respirar. ¿Me explico? esa forma de sostener una identidad, mis libros, mis pensamientos, la observo y cada día me parece más una limitación que una zona de avance o de crecimiento. Meh. Whatever, Anywho.

Así que, cuando digo que me gustaría desaparecer, me refiero a que me gustaría ser libre de mi sistema de creencias, no tener uno. Sólo vivir. Comenzar a caminar y ver lo que hay en el camino. Sin ser esto o aquello. Libre, supongo.
Cuando era una adolescente no me había entendido a mí misma al grado de observarme como si lo que observo fueran las características de alguien más, por eso: abría la puerta, salía a la calle alguien me saludaba sin conocerme, platicábamos y nos echábamos a andar. Todo era fascinante porque yo estaba experimentando, por primera vez, lo que había afuera: personas, libros, calles, bares, muchachos... Ahora, en cambio, tomo un avión, me transporto a otro continente, desembarco y aparezco ahí, del otro lado, como una escritora, con todo lo que creo que soy... y observo a través de ese lente: observando y sosteniendo lo que soy... a cada paso... ¿por qué? ¿sólo porque he escrito unos cuantos libros y unas cuantas personas en otros continentes los han leído y esas cuantas personas añaden a su sistema de creencias eso que creen que soy? Y yo, aparezco ahí y sostengo lo que creo que soy, mientras hablamos de lo que creo que escribí, de lo que creo que investigo, de lo que creo que pienso y de lo que creo que creo.

A veces la realidad me parece una broma.