Tengo un libro en la cabeza. Por eso vengo aquí. No se trata de mejorar mi postura en las pasarelas. Se trata de escribir un libro. Acuérdense que soy escritora. Soy escritora. Repito mientras el sol me da en la cara, allá en el patio en el que está mi mente. Pero también aquí. Me dedico a tomar el sol. Soy escritora pero también soy el sol. Acuérdense. Les digo a todas. Acuérdense de mí. Les digo a todas estas que están aquí. Estas creen que estoy escribiendo el libro. Son tan inocentes! Ellas son inocentes, el libro no. El libro que quiero escribir, cada vez que lo quiero escribir, abre sus mecanismos de identidades falsas, oigan. Y ellas, pobrecitas. Pobres tan pobres: esperando a ver en qué momento digo algo. Como lo del sol. Una verdad. Al libro le pareces risible. Por ejemplo. Toda esta parafernalia de códigos que sostienen inteligentemente la escritura. Y también le parace risible que defendamos cosas. Me refiero a ti y a mí, no a ellas. Ellas son inocentes. Con que les des un poco de agua y les permitas florecer, o cantar, es suficiente. Pero tú y yo. Aaaaah. Tú defendiendo al libro, yo intentando sostener el libro en la cabeza y un público de ególatras a los que les gusta ese malavar porque ese malavar les dice: sí! ustedes son brillantes! Pero ellas, ellas sí que me encantan. Se tumban mansamente y dejan que el sol les entre por la piel. Como los animales. Como tú. Ellas me recuerdan a ti. Ellas también soy yo. Y así.
Vengo aquí para engañar al demonio de los libros. Le hago creer que estoy escribiendo. Que sigo siendo esa identidad con la que me reconoce y con la que me esclaviza. Le hago creer que sin la escritura no sobrevivo y entonces, como acto desesperado ante la falta de tiempo o espacio o paz, recurro a este monitor. ¿no son sutiles las trampas de esta otra dimensión? son idénticas a las trampas de la dimensión natural, la dimensión que piensa con todo un sistema nervioso, en lugar de pensar con una red que se distribuye insensiblemente. ¿no son sutiles esas trampas? Realmete no necesito la escritura para sobrevivir. Sólo necesito un tubo y un respirador attificial. Pero creemos en cosas. Creemos en nosotros. ¿No es así? Creemos que vamos hacia algún lado, que nuestra existencia tiene algún sentido. Mi abuelita interior salió a organizar la artillería, parece. Vuelvo a la artillería, parece. A la artillería imaginaria. La de los mejores y la de los peores, esas creencias, esa jaula.
Hace un par de días, asesinaron en México (mi ex-país) a mi primo Esteban. Estébin, le decíamos. Estébin era como mi hermano. Un brazo armado lo emboscó y lo acribilló. Intentó correr. Lo destrozaron. Nos destrozaron. Yo sé que somos una generación que comienza a estar vieja. Una generación medio inútil, por ejemplo Estébin, amaba las artes marciales, los animales y nadar en el río. El turismo de riesgo, que le llaman ahora. Me cuesta trabajo comprender lo que pasó, como a miles de familias mexicanas les pasa diariamente. 

Hace algunos días impartí un curso sobre la importancia de la memoria para la sabiduría indígena. La memoria es lo que "mantiene en pie" la realidad, esta realidad, frente a nuestros ojos. Aquí, en el presente, en este momento que inmediatamente se derrumba e inmediatamente levanta otro instante; eso lo saben muy bien los creadores de esta dimensión conocida como inter-net. 

Si todo es un sueño y cada instante se derrumba, porque sólo podemos vivir en el presente ¿qué es lo que se mantiene en pie? ¿qué es el Tlaticpac?: la experiencia colocada en nosotros a través de la memoria. Pura sabiduría. De la misma forma el Mictlán (el inframundo -lo que deacae-) y el Tlaticpac (lo que está sobre la tierra -lo que se mantiene en pie-) no existen uno sin el otro. 

Y ahí voy. Estébin es una experiencia profunda en mi memoria, no existía su experiencia de vida sin la memoria de nuestras vacaciones en la infancia: no digo que vivía recordándome con añoranza, no. Sencillamente la memoria de lo que soy era parte de la codificación para entender la realidad: su experiencia. Estébin era parte de mi código para entender la realidad. No hay manera que sea destrozada esa experiencia. No hay manera que olvide la curiosidad siempre brillante en sus ojos, era una curiosidad infinita! Esa curiosidad está en mí, en mi familia entera, en todos los que tuvimos una experiencia íntima con él. ¿Qué mayor experiencia íntima que compartir la curiosidad de la infancia, la adolescencia y la juventud? 

Este post no es romántico: destrozaron el cuerpo de mi primo Estébin, literalmente. Lo dejaron tirado en medio de la calle, como si se tratara de una cosa y no, de lo que yo conozco. Las "autoridades" tuvieron que acordonar la zona y llegaron los asquerosos militares, junto a los asquerosos peritos a simular que protegían e investigaban algo. Investigaban que nos dieron en el corazón, a mí y a toda mi familia. Nos recordaron lo frágiles que somos frente a la invasión que sucede en México y Centroamérica, y crece ya hacia América del Sur. Pero vamos a permanecer. A estas alturas el cuerpo es lo de menos, y les explico porqué ustedes, tarde o temprano, se van a extinguir de una tos, rodeados de comodidad y guardaespaldas:

Nosotros somos una raza que sabe que la experiencia y la memoria no son cualquier cosa, son un pilar, "lo que se mantiene en pie" el Tlaticpac, ese pilar es indestructible. No nos han vaciado, ni podrán vaciarnos, el significado del mundo. Un corazón no es sólo un corazón, es movimiento eterno. Esta realidad no sólo es esta realidad, es la vida y la muerte constante. Natural o no. Es simple:

Aunque nuestros cuerpos caigan, nosotros vamos a permanecer (como siempre, como ante tantas otras invasiones y genocidios).
"Hay tardes que no regresan nunca." Jesús Gardea.

La frase del epígrafe me parece tan nostálgica, aparece en un cuento de Gardea del libro "Donde el gimnasta". El cuento describe a un hombre que pasa la vida esperando a la misma hora, en el mismo lugar, a una muchacha que sólo vio una vez. Su amigo, cansado de contemplar su esperanza cotidiana, le dice "hay tarde que no regresan nunca". Tal vez, para el protagonista de este cuento había una tarde que regresaba siempre: la tarde en la que vio por única vez a esa muchacha que deseaba volver a encontrar. Esa tarde se repetía en su pensamiento. La repetición, la reproducción, el proceso de copia es el vehículo por donde se traslada la realidad hasta nuestra percepción. Quiero decir: la creación. Comienza en nuestro pensamiento hasta que, de alguna manera se manifiesta de forma tangible, fuera de nuestro pensamiento. Lo hemos creado. Como un libro, como una circunstancia. A mi pensamiento regresan muchas tardes y me llaman desde algunos libros. Los libros siempre serán las otras dimensiones para mí. La escritura era la otra dimensión hace no mucho tiempo. Ahora es esto: códigos que alimentan una dimensión infinita que, a final de cuentas, desemboca alimentando la guerra. Anywho.
Nablus, mayo 2017.


Vengo aquí, como la mayoría de las veces, mientras espero que esté listo el café. Vivo en una frontera donde el buen café existe, pero es inaccesible para personas como yo. Vivo en una frontera donde el clasismo es notorio. Bah, vivo en el mundo. Por eso me gusta recordar a ciertos amigos recibiéndome en su oficina con café instantáneo sin crema por falta de refrigerador. Esos son mis amigos, algunos. Recuerdo también cuando trabajaba en Rancho las Voces, cuando acompañaba a Rubén a comprar el café al surtidor de Bola de Oro en un centro comercial. La guerra apenas comenzaba. Debí amar a Rubén más de lo que lo amaba. No sé por qué no lo hice. No entiendo. Pero esta es la novela que escribo para mí, en medio de un calor insoportable, en un mundo insoportable: dentro de una casa que está cayéndose (Arturo diría "una pocilga!" No debí amar tanto a Arturo, no sé por qué lo hice). Bueno, decía que en esta frontera, donde vivo ahora, es difícil tener café de grano, ir al molino, llevar la bolsita aromática con entusiasmo a casa y ponerlo en la cafetera mientras escribo. Aquí, en esta otra guerra, cuando hay electricidad, conecto una jarra eléctrica para calentar agua y preparo mi café instantáneo. Antes solía tomar café con miel. Ahora la mezcla por si sola tiene un sabor dulzón al que me estoy acostumbrando. El ático de esta casa cruje, porque la casa se ladea y, a cualquier hora puede alzarse el ruido de personas gritando, hombres corriendo o balas colocando la situación en su lugar. Estoy aquí y allá y no habló de la frontera de México con Estados Unidos. Estoy aquí y allá y llevo en el pensamiento sonidos que son como las canciones de los cantos de ceremonias sagradas indígenas: no sé qué dicen, pero sé qué hacen. No me gusta mi situación. No me gusta la situación. Pero no me gustaría que mi situación no fuera de acuerdo con la situación del mundo. No sé (y esto es lo peor) si me gustaría la paz. Porque, a estas alturas, veo la paz como el sentimiento conforme de los cómplices. Son mis extremos (siempre que hablo contigo tengo paz, tú sabes, tu corazón es infinito). Aquí hay cierta paz los domingos. Supongo que la gente está cansada de lanzar piedras o de trabajar en jornadas de esclavos todo el día. No sé si esas personas trabajan sus jornadas el domingo también. No sé. Tal vez los domingos nos cansamos todos. Hay moscas gordas sobrevolando este escritorio, dicen aquí que, cuando aparecen las moscas es porque el clima va a cambiar. Veremos (o no).

No sé qué es más lamentable: el conflicto, o nuestra manera de observar el conflicto.
Foto: Rob Stothard, Al-Quds



yo, grababa esto:


Quisiera pensar que estoy hundida, pero no. Quisiera, por lo menos, definir esta soledad como insoportable, pero no. Esta es una soledad bastante llevadera, rodeada de muchachos. Estoy en el punto al que le temía hace algunos años. Me he conmovido tanto en esta vida que, pareciera, ya nada me conmueve. Quisiera sentir que arriesgo todo por alguna aventura. Pero no. Mi corazón parece inmóvil. Reposando en la nada. Uno de mis amantes me escribió el otro día y preguntaba ¿quiero saber qué fui yo para ti? Por supuesto, no recibió respuesta. Yo leí eso y pensé: me escriben desde allá, desde esos mundos en los que se siente nostalgia, donde se generan preguntas después de vivir las circunstancias, donde se construyen planes y las vidas son 80% imaginarias. ¿Qué sentido tiene una respuesta entregada desde un mundo que es totalmente otro? un mundo donde lo que importa no se trata de uno, y ni siquiera se cuestiona. Un mundo donde las cosas importantes son detener una hemorragia o prevenir un homicidio. Muy fácil para mí hubiera sido responder: "lo fuiste todo" (conociendo la influencia de aquel lenguaje antiguo en ese mundo en el que yo no existo), y preservar un vínculo azucarando las ideas de un amante nostálgico ¿nostálgico de qué? Me parece risible la nostalgia, jugar a ella resultaría una burla y ante todo: respeto, respeto para los amantes que han sido todo dentro de mi vida, aunque sus preguntas ya no me digan nada. Y es que, si tú has sido uno de mis amantes y sueles recordarme con nostalgia, debo decirte que nada de lo que recuerdas está vivo, no soy nada de lo que estuvo ahí, es más, no sé siquiera si ahora mismo soy algo. No soy un nombre. Ni soy un libro. Tampoco soy fotografías colgadas en las redes. Soy nada. No es por hacerme la importante. Soy nada. No encuentro lo que soy. Esta inmovilidad no la contiene ninguna imagen, ni la tomada ayer. Si tú eres uno de esos amantes te digo: el vínculo es falso. Ese: "yo la conozco" que se levanta, cuando escuchas mi nombre o, si quieres pensar en algo más profundo, esas preguntas que aparecen porque de pronto yo ya no respondí. Si no respondo es porque no hay más yo. Es así.
Ah! justo ahora, justo ahí, es que se mueve algo.
[...El agua del Tigris está prohibida.
El aroma del pescado es prohibido.
Al-Abbasiyya ya no existe.
La casa completa está desenraizada y con ella la raíz de sus árboles

                 el árbol de loto, la mora,
                 el eucalipto, el romero,
                 el cáñamo, el joppa,
                 el limonero, la palma con sus dátiles

No quedó sombra para ningún secreto

No respondí a su carta por precaución:
No quise recordarle del retorcido trozo de metralla o de la peste a humo.
Nunca le informé que fui arrestado por la radio y ahora vivo cautivo en la pantalla...]


Fawzi Karim, Baghdad
Plague Lands and other poems

Siempre hay un hombre en mi vida. El día que no haya un hombre en mi vida voy a estar muerta. No falta mucho tiempo, btw. Hey. este no es un post pesimista, este es un post sensato, cuerdo. De esos que escriben los adultos. Adulto, algo que nunca he sido. Ni sabré cómo ser. Como tampoco entiendo el término familia y sus ataduras. La idea del para siempre. Pero mi para siempre, siempre es un hombre. Siempre. El día que no haya uno en mi vida... yo no sé, no sé.
No se trata del género, no me coman! Se trata de la libertad, de los privilegios, de la forma en que se contonean. De la certeza con la que dan el paso, los hombres de mi vida. De la seguridad con que defienden lo que que creen, de la animalidad asumida y vivida sin miedo. ¿Tú no pasas por encima del miedo? Entonces no me refiero a ti. Me refiero a los que cruzan frente los soldados, a los que hacen valla frente a la policía, a los que dan el cuerpo frente a los militares.. A los que enferman con los enfermos del mundo, a los que tienen hambre con el hambre, a los que se les parte el corazón con el dolor, y aún así actúan. Van adelante. Se levantan. Enfrentan lo imposible, porque sí. Porque sencillamente sí, van a usar su privilegio para enfrentar, sin éxito, eso que a todos nos oprime y continúan, y se averguenzan y continúan y saben que nunca tendrán éxito. Si acaso, un poco de lujo y de lujuria. Porque lujuria debe haber. Son hombres.


No sé cómo he desperdiciado tanto amor...

Calandiya Checkpoint, Hebrón.


Es difícil observarse a sí mismo. Tan difícil como ser testigo de las políticas de exterminio en el mundo. Tan difícil, como observar cómo se nos asigna un número, un código de barras y se nos separa por fronteras y retenes de acuerdo a nuestra cultura, nuestra raza o nuestro idioma.. Primero nuestra raza, debo decir. Observar el sufrimiento de los otros desde una posición de privilegio es difícil, pero observarse detenidamente a uno mismo, tal y como es, a veces resulta una tarea insostenible: infierno puro. No porque uno sea mala persona, sino porque uno es el inquisidor de sí mismo. Pero, hey, un momento ¿un inquisidor es mala persona? El inquisidor es el demonio juzgando al mal. Nos lleva a la orilla de nuestro propio abismo para observar paso por paso en qué hemos fallado.

          Hay tener consciencia de que el inquisidor es el mal porque si lo confundimos con la verdad estamos fritos: nos pegamos un tiro. Un inquisidor, por ejemplo, ve una navaja donde hay un tubo con pasta para dientes, o un acto de justicia donde hay trescientas mil armas. Un inquisidor puede condenarnos a cadena perpetua sin derecho a juicio porque robamos unos dólares del monedero de la casa durante la infancia. Es un decir. No todos conocimos los dólares durante la infancia. Las cadenas perpetuas son destructoras feroces, son excavadoras que rompen las paredes de nuestra seguridad, que dejan zanjas y abismos en la ciudad mental que nos hemos forjado. 
Es difícil observarse sin que el inquisidor aparezca y nos siembre la rabia: porque la injusticia en el mundo, porque el hambre en el continente, porque los desplazados en el país, porque los desaparecidos de mi ciudad, porque los secuestrados de mi barrio, porque los asesinados de mi oficina, porque los torturados de mi casa, porque las falta de trabajo de mi familia, porque no me soporto, porque no soy lo que debería ser y porque no hago lo que debería hacer, porque me amarro a mí misma las manos y me cayo y me encierro y me obligo a decir lo que para el inquisidor es la verdad. Y la digo. Y creo, por un momento, que soy una persona de segunda, con un lenguaje de segunda y un color de segunda, proveniente de un país de asesinos, aceptando mi segundo lugar. 
         
            Es sólo el inquisidor. Afortunadamente, todos sabemos que no es la verdad. Nos tratamos así porque nos orillan los tiempos, nos señalan los tiempos (las estructuras). La verdad se abre de forma muy distinta, sin persecuciones ni arrestos, sin autoridad y sin pedir permiso. La verdad brota y florece toda junta. La verdad es de fuego y de sangre, y de bocas que todavía mostramos bien los dientes, y el ritmo, y la bruma. La verdad no se puede pulverizar.

Hebrón, mayo 2017.

Niños de un campo de refugiados, bloquean nuestro camino en Nablus


No sé qué me pasa. Sí, ya sé que no estoy diciendo nada nuevo. Nunca sé qué me pasa. ¿Alguien lo sabe? Como siempre esto es sólo un decir. Creo que sé que me pasa. Me pasa que tal vez no siento que la escritura pueda definir, siquiera describir remotamente algo de lo que sucede en el mundo. Ante tanta barbaridad, y no es por sentimentalismo, creo que la escritura es una herramienta un poco inútil para nuestra época: decir no basta. Decir no es suficiente. Ese punto oscuro, si lo vemos de frente, se ha estado insertado en mi corazón estos últimos meses. Eso y la idea de que no conozco realmente a las personas que amo. Porque las tengo lejos (hay tanto a quién amar). Y, para variar, cada día remo más y más lejos. Pero lo de las personas que amo no importa aquí, decía que ese punto oscuro, si lo vemos de frente, se ha insertado en mi corazón. Pero tengo otras formas de mirar el mismo punto. Cuando digo escritura me refiero a mi propia escritura, y caigo en esta idea podrida de la producción. Y cuando me refiero a la idea podrida de la producción, no me refiero al hecho de escribir toneladas o no parar de escribir (que es lo que hago, porque si no me enfermo). Me refiero a escribir con la idea de que la escritura sirve de algo o debe servir para algo. A mí me sirve para algo: para pensar, para reflexionar. La escritura, en mi caso, es pensamiento. Hace tiempo ya que tampoco me gusta hablar de mí como un yo. Porque ya no me siento así. La escritura, entonces, es una herramienta indispensable para describir el mundo de la biología (por ejemplo), de los sistemas artificiales como este que han creado dimensiones como si se tratara de algo natural. Y habitamos esas dimensionen, nos hemos sumergido en ese mundo. Algunos de ustedes, por ejemplo, nacieron aquí, con esta dimensión abierta. Para eso funciona la escritura. No podemos seguir pensando en la escritura como un simple regocijo. Es decir, me lo digo a mí: no puedo seguir pensando en la escritura como un simple regocijo. La escritura es uno de mis mundos, el mundo que mejor me sienta, he perdido amigos en ese mundo, por ejemplo: porque han muerto, porque los han asesinado, porque me fui sin despedirme, porque su mundo andaba mucho más rápido que el mío y qué se yo por qué más pero, a lo que voy es que la escritura era una dimensión, era la dimensión alternativa que crecía de forma natural como una red distribuida ¿ahora me explico? La estructura que se construía a sí misma, antes, se manifestaba desde los hombres a través de la escritura: se hacía tangible. Ahora, esa estructura es una red que está aquí, y se manifiesta en la plataforma en la que les escribo. La escritura, igual que nuestro(s) mundo(s) ya es otra cosa. Aquí los amigos vienen y se van, desaparecen, aparecen en la sala de mi casa desde Singapur o Eslovenia, los llevo dentro del aparato a la cocina etc. Otra dimensión. 
No me quejo de ella. Lo que intento explicar es que la escritura cambió y ahora, si no sostiene una profunda manifestación del mundo natural, del pensamiento natural, de la naturaleza que somos, es sólo un juguete, una pieza decorativa a la que también le construimos un mundo. Como si nos reuniéramos a adorar un trozo de chatarra e hiciéramos largos viajes para verlo, y nos hospedáramos al rededor del trozo de chatarra en lugares lujosos, sin ver que se trata sólo de nuestro miedo de dejar de adorar, aunque sea un trozo de chatarra. Como si, cuando el trozo de chatarra se acabe, todo en lo que hemos creído se fuera a acabar con él, entonces nos obligamos a seguir: a sostener el Yo, a avanzar intentando adorar la chatarra de forma cada vez más creativa (unos desquiciados), alimentando festivales y doctorados, generando certificaciones y credenciales: jerarquías: creando y cerrándole el mundo, un mundo enfermo construido para adoradores de la chatarra que han colocado en un mundo blindado. No queda vida ahí. En aquella escritura.

La vida ahí se acabó. No sé bien a bien cuándo. Tal vez ese sea el punto que se siente extraño en mi corazón. La vida está en otra parte. Y la vida, en otra parte, es vida y, por lo tanto, es maravillosa.
Fawzi y yo. Estambúl, 2017

Hace tiempo (quizá tres años) que no me considero parte de una "comunidad" literaria. Sin embargo, entre menos "siento" que formo parte de un mundo exclusivamente dedicado a pensar o vivir entorno a un sólo "tema", más me voy convirtiendo en parte de todo. Visité Turquía la semana pasada y no vengo aquí a hacer el recuento de las luces artificiales de la novedad. En Turquía hubo días en que me supe totalmente sola, con la certeza de que en el mundo, sin más, estamos solos, sin esquinas donde esconder la soledad. Hubo tardes en que sentí la opresión enorme de la soledad, cuando la soledad no es aceptada. Viajé en el ferrí, visité cada barrio, me acompañaron amigos maravillosos, únicos. Observé los perros gordos asoleándose sobre las banquetas, vi a mucha gente reír de no entenderme. La gente de Turquía es buena y es hermosa. No es la novedad de la bondad lo que me sorprende, fue precisamente esa bondad antigua, construida siglo sobre siglo: la bondad brillante de los corazones sencillos de la gente era lo que me oprimía el corazón. ¡¿Cómo y por qué me siento tan sola y tan triste?! pensaba. No es que faltaras tú, tú nunca faltas, tú y tu corazón entero y limpio están conmigo siempre, ampliando mi propio corazón. Era algo distinto, algo invisible. Los hombres en los parques jugaban con sus hijos, no vi a un sólo niño celular en mano perdiéndose de la vegetación de la ciudad. Los niños, me parecían niños. Los padres, padres. Y yo me sentía tan sola. El escenario resultaba para mí tan increíble. La inocencia me parecía una capa, una película por encima de la ciudad real, la ciudad que es el mundo. Era, me parecía a mí, una inocencia tensa. Una alegría impenetrable. La alegría como lucha, el trabajo como motor, la hermosura en la fuerza de los muchachos como un contragolpe. No sé. No sé. Y fue ese "no saber" lo que me me afligió todo el tiempo, ese "no entrar" a ninguna verdadera casa, no sentarme a la mesa de ninguna familia, Era como ver Estanbul desde una vidriera, como si Estambul fuera un lindo aparador de repostería, y cada dulce escondiera una puerta hacia una vida que se me escapaba. 
Una niña, en una escuela me preguntó por Giorgio Agamben, por ejemplo. La pregunta más difícil de mi vida. Y yo ahí. Sin ver el corazón de nadie, pensaba mientras hablaba "qué pensaría Agamben si me oyera". Hablándole a algo que a mí no me habla. ¿Cómo es que los escritores podemos ser así? ¿Cómo es que podemos pasar por los países diciendo cosas como si fuéramos importantes? ¿Realmente creemos que lo que decimos importa? Importa comunicar: comunicar importa.
Importa el amor, y el amor no es un decir. Hace tiempo que siento que no soy parte de una comunidad de escritores, el escritor como una totalidad ya no importa. Decir como una totalidad ya no importa. La escritura es sólo una herramienta para hacer otras cosas. Importa hacer otras cosas, con las mejores herramientas. Importa salir de la vitrina, tomar el postre, derribar la frontera, perderse en la vida, atravesar la puerta en lugar de pasear como si aplaudiéramos el paisaje de una carnicería, como si, por el arte de magia de nuestra escritura, pudiéramos morder y saborear la mejor parte de un país. Pero ¿Cuál es la mejor parte de un país? ¿Cuál es? 

Anuncio de mi visita a Estambúl 
Yo, con mi visión global, tratando de alejarme del color rojo y otras tantas maravillas, me estaba preguntando ¿cómo es que hay restricción de los bancos norteamericanos para usar mi tarjeta en Turquía? ¿Será una restricción de los bancos gringos, o será una restricción del gobierno turco? Ah, la libertad y el dinero... dos situaciones tan ambiguas, pero ya ven: me invitan. Voy sin dinero porque el país que adopté no me da permiso de gastar tooodos mis dólares... ¿o será que allá no valen? any who.
Y BTW ¡tradujeron mi trabajo al turco y al árabe! wiiiiii (justo lo que necesitaba mi prestigio de escritora subterránea). Y amor ¿vienes conmigo?
Tal vez nuestro error sea creer que la literatura es un todo, y nos sumergimos en ese todo. Hacemos de ese todo una vida y, en realidad, la vida es otra cosa; y la literatura es sólo una herramienta opaca y sin futuro.

                                         
Hace tanto tiempo que dejé de hacer de este blog una costumbre, que había olvidado que visitar este blog también es leer a mis amigos. Casi olvido a esos amigos también. ¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé. No sé dónde he estado, pero no importa. Veo la vida más clara, conozco mejor las manifestaciones de la naturaleza. Aquí estoy. No sé dónde he estado. Después de ti no tengo idea dónde estuve. Y ahora vuelvo al blog y es como volver a ti, otra vez. La vida me retoma. Me entero de cosas y de personas que no recordaba siquiera que existían. Regreso y vuelvo a tener la sensación de que ya no soy eso, tampoco: eso que estaba aquí, eso que te busca. Qué decepción vacía esa de regresar y no encontrarse. Los amigos saludan como siempre, y me detengo a observarlos como si se tratara de personas desconocidas. ¿Realmente sé algo de esa confianza que se acerca? pienso. Luego voy y los leo y tengo una especie de recuerdo, de algo que ellos son y continúa: ahí está, escribiéndose. Es una sensación extraña. ¿Quienes son ellos? a los que amo. A los que sin saber quiénes son siento que me conmueven con un simple saludo. ¿Confundo mis ganas de conmoverme con una realidad que lo provoca? No hay realidad para conmoverme, elijo conmoverme y entonces amo a mis amigos, como si supiera lo que mis amigos son. Si ustedes me están leyendo y son mis amigos, no lo tomen a mal. Es sólo la sensación otra vez, no de estar separada, sino de desconocer todo lo que observo. Tengo la impresión que no conozco a nadie. Conozco la naturaleza, los elementos, la forma en que la vegetación se comunica y avanza. No conozco a nadie. Ni a ti, a quien amo, conozco. No sé qué he vivido contigo ni qué hay en ti cuando me hablas ¿qué recibes tú?
Para eso regreso, tal vez, para recordar quién eres y quien soy. Regreso para regresar a la memoria, tal vez. Tengo esa sensación de no saber. 

Hoy, una desconocida me dijo "sé su historia" y yo le pregunté, "¿cuál es mi historia?" eso fue una coincidencia en mi día, encontrarme con una persona desequilibrada, yo ya desde antes venía sintiendo que no conozco a nadie. Acaso a los geranios, a la buganvilia que he visto crecer pegada a la ventana, y hasta ahí. Ni siquiera a mi amante conozco. Ni siquiera sé si tengo o no un amante. No me siento perdida. Me siento incapaz de conocer las mentes de las personas con quienes comparto la intimidad; y así, de la nada, una loca me dice "sé su historia". "¿Cuál es mi historia?". La mente de las personas que conozco puede dar un giro inesperado para mí en menos de un segundo. No sé. Supongo que eso es estar sola. Pero tampoco se confundan, Yo sé que me quieren. Es sólo esta sensación, junto a una calma que se parece tanto al desierto: un entendimiento sin sobresaltos, como una ------------------- así. Sin importar el ruido de los coches, o la costumbre sonora del silbato del tren que de tan cotidiana se disuelve, pasa desapercibida pero ahí está. ¿Será eso? ¿Así será la mente de mis amigos? que ha estado ahí siempre y de tanto estar, esa mente se borra, se confunde con el paisaje diario y cuando me doy cuenta se ha transformado tanto que ya no sé... no sé.
Hace meses ya que el libro que imagino se está escribiendo en mi pensamiento. Como mis ocupaciones me impiden sumergirme en el túnel y no abrir la puerta durante tres meses, vengo aquí como una manera de engañar al monstruo que se escribe solo. Lo tomo de la mano, hago como que hemos escrito lo que quería, cierro esta ventana de edición y listo. Se sosiega un poco. Entonces tengo que contar cualquier cosa: de mi mañana de pensar, del ruido que hacen los trabajadores del sistema de agua y drenaje mientras perforan la calle justo al frente de casa. Y el rumbo de mi vida. ¿Cuál? ¿Cuál rumbo?
El año pasado tenía miedo de dejar de quererte. Eso, como todo, pasó (me refiero al miedo, no al quererte). Después de estudiar intensamente con mi Guru siempre sucede algo. Me rondan ciertas ideas que anuncian ciertas experiencias. Había estado pensando mucho el año pasado sobre el concepto de "red distribuida" que se utiliza para definir la manera en la que internet y las comunicaciones se dispersan y se expanden como si se tratara de un organismo vivo; pensé mucho también en la comparación de estas estructuras de comunicación con la estructura de pensamiento y con la estructura molecular pero, durante el trabajo intensivo con mi Guru surgió un concepto que hizo "click" con lo que venía pensando este año, aunado a los procesos de reproducción: la entropía. Había estudiado la entropía de manera filosófica ligada al orden y al desorden de las cosas, estos días, esa parte de la física fue la clave para definir un proceso que me interesaba averiguar: el proceso por el cual la realidad se manifiesta frente a nosotros tal y como es. Celebré, por su puesto, este nuevo giro que ha tomado mi investigación, una investigación por demás poética (debo aclarar); ahora estudio entropía y dinámica. Pero esas son mis obsesiones, lo que tengo a la mano. Lo que puedo alcanzar desde mi comodidad, mientras la luz invade la sala , placentera y espero a Juan Manuel para salir a un té, en nuestro intento presuroso de pasar tiempo juntos porque ha visitado esta frontera como flash. En realidad me ha entrado un deseo enorme de desaparecer. No por cuestiones depresivas, o pesos existenciales. Sino por una necesidad de libertad. La libertad, ha sido para mí una lucha emocional estos últimos años. Decidir no establecer relaciones sentimentales convencionales en nombre de la libertad, se vuelve una tarea más difícil año con año; las personas de mi edad se cansan de la sexualidad activa (la consideran un deporte extremo), quieren acurrucarse, ver televisión, dormir y todo eso está bien pero tal vez yo soy tremenda egoísta. Pero decía que la libertad ha sido mi tema estos años, entre menos pertenencias más libre me siento. Lo que ha comenzado a darme vueltas en el pensamiento es la cuestión de la identidad, he comenzado a sentir que vivo atada a mi identidad, incluso aunque me haya cambiado el nombre. Vivo a atada a lo que "creo" que soy. Creo que soy una obsesiva compulsiva: vivo en torno a esa creencia todas mis mañanas; creo que me son indispensables, por ejemplo, mis horas "de pensar". Creo que te amo: vivo en torno a ese amor todo el día; creo que me es indispensable lanzar esa cuerda a la distancia para sentir que toco algo de la mente que amo. También creo que soy congruente: vivo en torno a mi congruencia, sosteniendo una estructura congruente todos los días, con sus creaciones y sus levantamientos, con las convivencias comunitarias and so on. Lo indispensable es en mí más un sistema de creencias, que una realidad.  En realidad lo único indispensable para mí es alimentarme, dormir, despertar, respirar. ¿Me explico? esa forma de sostener una identidad, mis libros, mis pensamientos, la observo y cada día me parece más una limitación que una zona de avance o de crecimiento. Meh. Whatever, Anywho.

Así que, cuando digo que me gustaría desaparecer, me refiero a que me gustaría ser libre de mi sistema de creencias, no tener uno. Sólo vivir. Comenzar a caminar y ver lo que hay en el camino. Sin ser esto o aquello. Libre, supongo.
Cuando era una adolescente no me había entendido a mí misma al grado de observarme como si lo que observo fueran las características de alguien más, por eso: abría la puerta, salía a la calle alguien me saludaba sin conocerme, platicábamos y nos echábamos a andar. Todo era fascinante porque yo estaba experimentando, por primera vez, lo que había afuera: personas, libros, calles, bares, muchachos... Ahora, en cambio, tomo un avión, me transporto a otro continente, desembarco y aparezco ahí, del otro lado, como una escritora, con todo lo que creo que soy... y observo a través de ese lente: observando y sosteniendo lo que soy... a cada paso... ¿por qué? ¿sólo porque he escrito unos cuantos libros y unas cuantas personas en otros continentes los han leído y esas cuantas personas añaden a su sistema de creencias eso que creen que soy? Y yo, aparezco ahí y sostengo lo que creo que soy, mientras hablamos de lo que creo que escribí, de lo que creo que investigo, de lo que creo que pienso y de lo que creo que creo.

A veces la realidad me parece una broma. 
¡Cielo Portáil cumple 6 años!

Pues ya está, OllinIlhuicani que es lo mismo que Cielo Portátil, que es lo mismo que Portable Sky, cumple 6 años. Continuamos siendo, a pesar de las pérdidas, de los días en los que algunos de nosotros hemos terminado como si nos hubieran pasado un tren por encima. A pesar de los estira y afloja para conseguir espacios, la lucha para que la gente del barrio nos conociera, para que los recibos de la luz quedaran cubiertos, para que los niños no lloraran tanto y se divirtieran la mayor parte del tiempo. ¡Seis años! a pesar de las preguntas como "entonces ¿cuál es tu ganancia?" que hicieron otras organizaciones, desconfiadas y burlonas al escuchar "ninguna, la ganancia no está en el plan". Aquí seguimos, ¡y crecimos! y ahora damos un giro.

Cielo Portátil comenzó hace 6 años, cuando huí de mi país, y me hospedé en un garage durante tres meses antes de viajar a Los Angeles, En esos tres meses Cielo Portátil dio un primer curso de capacitación para que otras mujeres pudieran dar talleres de escritura autobiográfica, conseguimos que las certificara DEMAC (Documentación y Estudios de Mujeres, AC.); en Los Angeles trabajamos con el Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, Machine Project y El Monte Arte Posse, fundamos Vena Cava, la librería-centro cultural que recibió a poetas, periodistas, artistas plásticos, y echó a andar la librería móvil como una reproducción de la librería feminista-móvil que instalé en Ciudad Juárez del 2008 al 2011. Antes de traer Cielo Portátil de regreso a la frontera, tenía la opción de fundar otro Cielo en Detroit. Mis proyectos, siempre se basan en las prioridades de los demás, y no el las propias (porque soy Guru, mis únicas prioridades son vestir, comer y tener un techo desde donde compartir con los demás), pero el Cielo es el que manda; así que aquí estoy. Desde entonces, este Cielo ha viajado a Ecuador y a Honduras (tomando vacacioncitas en la bellísma Argentina) y se ha manifestado en Paris, Holanda, Suecia, Bélgica, España, Alemania y La India. El mes entrante estará en Turquía y en Palestina. 

Lo que más me gusta de OllinIlhuicani es su avance, silencioso, como el mismo avance de la naturaleza, sin prisa, tomando su propia forma sin imponer control: no hay control, crecemos organicamente y también así, de forma orgánica, el año pasado creamos OllinIlhuicani, nuestro nombre en náhuatl, como un concepto. Porque el náhuatl es el lenguaje sagrado de este Cielo:el lenguaje de nuestro corazón. Nos llevó tiempo, reuniones y trabajo de investigación y colaboración llegar al punto de decidirnos por OllinIlhuicani: la que lleva el cielo en movimiento; esa "la" no es necesariamente "la mujer" es "la persona" no entramos en el facilismo de quienes ponen "x" o arrobas para transformar de forma violenta lo que ignoran, este Cielo respeta y trabaja con devoción por la humanidad, por TODA la humanidad, sin discriminación, sin distinción. Son actitudes que hemos aprendido en el camino.

Personalmente vivo feliz de lo que OllinIlhuicani comienza en este nuevo ciclo, cómo y para qué esta escuela se transforma, funciona, y se sostiene; sin propósitos de "alta cultura", sin vuelos intelectuales, con el simple propósito de educarnos para el bienestar en general (que es muy particular, como el patio de nuestra casa, como este hermoso y silencioso barrio).

¡Gracias a quienes me acompañan en la felicidad presente!
Francisco Martínez y DesingOllin (en los -des-controles web); Cristal Castillo en las ideas visualizadas; SatIndra (Perla Aguirre), en la gureidad y manifestación natural de la sabiduría y las flores; Ariel Vercelli, en la percepción clara y global ¡Mago!-; KarunApsa (Lucille Hopple), en la manifestación poderosa de Boddhissathva; Maha Vajra, desde la maestría de su inspiración y Juan Manuel Portillo (a.k.a. Beat) por su presencia total y constante. ¡Vamos por -como dice el tatuaje "más"!
¿Recuerdan que el año pasado tenía miedo de dejar de querer?


Marzo siempre es un mes ocupado para mí. Cielo Portátil tiene todo que ver con marzo, sus comienzos, su fundación. Cielo Portátil nació un 11 de marzo, del 2011, cuando tuve que dejar mi país. El número 11 también es importante para mí, pero esa es ya otra historia. No recuerdo qué día, hace un año, Cielo Portátil se convirtió en OllinIlhuicani, y todo verdaderamente comenzó a transformarse. El náhuatl, como el maya, el sánscrito y el hebreo es un lenguaje sagrado, encierra manifestaciones; tal vez no es que todo comenzara verdaderamente a transformarse, es que todo lo que había estado transformándose constantemente comenzó a tomar sentido para mí. Ya saben que no respondo emails (cambié mi email personal), que no uso más Skype, que no tengo whatsapp, que no tengo tuiter, que dejé facebook, que cambié mi nombre, que escribí mi primer libro como Guru (un libro para niñas que se llama "La niña y el mago") que escribo un segundo y un tercer libro con mi nueva identidad y que, de vez en cuando, vengo aquí. Además en estos días descubrí que me encanta tener mi teléfono en silencio, así que tampoco me apresuro en responder. Lo que no cambia es que te sigo adorando, te adoraré siempre. Eres perfecto para mí. Cuestiones de la diminuta sensación de eternidad que me golpea de vez en cuando. El otro día soñé que no volvería a enamorarme más. Cuando doy clase me siento una ancianita. ¡Es curioso, siento que soy una ancianita! después termino la clase, me veo al espejo y me doy cuenta que no, que ahí estoy, más o menos jóven, qué se yo. Decía que en el sueño tenía la certeza de que no volvería a enamorarme. Tal vez así vaya a ser, que yo ya no me enamore más. Conozco ya a los hombres de mi generación que tienen las contadas mentes infinitas, los corazones más compasivos y enteros, la percepción aguda para ver sin interpretación, con claridad, la realidad sólo como es. Tal vez es todo lo que hay y, aunque está en mí, no necesariamente tiene que estar conmigo. No tengo miedo a que así sea. Tal vez así es. No sé. Puede que haya algo más. Mi Guru planea sus manifestaciones cientos de vidas por adelantado, no sé qué más pueda haber. Lo que sé es que, como cada final de marzo, estoy rendida, con ganas de viajar, pensando que no he tenido tiempo suficiente para mí y a la vez pienso ¿pero cuál es el tiempo para mí? Ya no sé. No puedo separarme de todo. ¡Oh, ya sé cuál es el tiempo para mí! ¡Es éste! es venir aquí y escribir. Es pensar en mis libros. La escritura, como siempre, se convierte en mi lugar privado. Eso es lo que quiero para mí. Publicar yo mis libros. No darlos a ninguna editorial ni a ningún traductor. Hacerlo yo, deleitarme con la ilusión de que algo pequeñito y sin importancia es mío. Hoy también está la luna nueva en aries, BTW. Así que es momento para iniciar proyectos, y transformar OllinIlhuicani: la ecuela. decidido: no más editoriales, no más traducciones. ¡Soy sólo mía (y tuya: siempre tuya)!
¡He vuelto! No con ese ánimo "funéreo" de hace unos días. He vuelto-vuelto. Me había intoxicado no sé con qué comida venenosa cuando decidí volver. Ah, la enfermedad cómo transforma el ánimo. Hoy amanecí sintiéndome muy bien y compré algo. La felicidad no viene de lo que compré, y sí viene. Desde que soy Guru me resulta indispensable una mesa para reiki, una mesa portátil porque mi escuela de Guru es también mi biblioteca; había tenido una mesa prestada por meeeeses, pero hoy me decidí, abrí la página que no es página en este aquí que no es aquí y ordené online mi primera mesa de reiki nuevecita (nada de CraigList, ni de venta de garage), color crema con patitas de roble rojo. ¡Me siento tan bien! Consideré importante que lo supieran. Seguiremos informando.
Parece que hace años no venía por aquí, pero no ha sido tanto. Unos cuantos meses quizá, en los que mi corazón estuvo entretenido observando situaciones maravillosas que se transforman dentro mío. No es lo mismo. No soy la misma (ahora te quiero más, te necesito más). He rectificado algunas de mis actitudes, he reflexionado en al forma en que una mujer autosuficiente puede hacer sentir a los demás. Saber sobrevivir en el desierto comiendo raíces, no es bien visto por todos. Hay quienes necesitan sentirse necesitados ¿Cuándo rompí con ese juego? Recuerdo que yo jugaba el juego de la codependiencia muy bien. Ahora, que no muerdo ciertos anzuelos, debería saber al menos cómo hacer sentir a una persona que la necesito, aunque la necesidad sea ilusoria. Esas mentiras piadosas que sostienen la pasión dentro de uno mismo, a veces. También he conocido personas a las que les gusta convivir con mujeres como yo, que se sienten inspiradas y retroalimentadas, en lugar de sentirse inútiles o inferiores. Comprendo que para otros tantos puedo ser un documento escrito en un idioma indescifrable. Ni hablar. A mí me gustaría ser clara, simple, como Neruda (lol). Pero bueno, sigo intentando. No es lo mismo. Dejé el café, por ejemplo (pero no dejo tu fuerza, tu fuerza fue un aprendizaje que me sostiene siempre, y que amo -ese impulso vital, ese animal), duermo mucho mejor. Hay cosas que no cambian (mi amor por ti, por ejemplo, bueno cambia sí: crece): sigo odiando los espárragos. Pero no es lo mismo. Quizá la próxima vez haga las cosas de manera distinta y me mude a empezar todo de nuevo a otro país, sin miramientos. ¿Qué podría pasar? Quizá no lo haga nunca. 
Me ha faltado la inspiración para terminar mis libros. Dejé las caminatas, no he ido al museo (pareciera que todo eso eras tú, pero soy yo). Tengo inconclusos 3 libros; ya no escribo poesía (bueno, eso sigue igual desde el 2011, aunque todo lo que escribo intenten llamarlo poesía, anywho, seré poeta hasta que muera, supongo). 
No es lo mismo, veo menos noticias. Me aferro a enamoramientos obsoletos y absurdos (¿eso es lo mismo?). 
En un sueño, se me entregó hace unos meses, la fecha y la forma en la que voy a morir. Eso me conmovió, me tomó por sorpresa. Después me pareció un regalo hermoso. Pero no sé. No sé nada, como siempre. Eso sigue igual. Igual.


¡Esto está pasando en el barrio! ¡Pura acción!

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