Alguien intentó preguntarme sobre la inspiración. Ustedes conocen mi defensa por la libertad, de toda la vida. Desde que los institutos de cultura nos invitaban a todas a sus encuentros de mujeres escritoras y, si queríamos participar debíamos encargarnos de encontrar nuestros propios medios de trasporte y hospedaje. Yo me atrevía a decir que no, mientras las otras corrían a hacer colectas para pagar su recorrido de cuatro horas en camión. Bueno, la inspiración sí. Yo creo que hay momentos, sí. Pero nada tienen que ver con el trabajo diario. Ser escritora es como ser un zapatero. Tiene que ver con el trabajo. La facilidad para escribir cualquier texto, de cualquier forma, es trabajo. El trabajo se nota. Punto. Lo bueno de ser escritora es que, aunque uno se retire, no tiene por qué dejar de escribir. Para mí escribir es un placer. Así que no tiene nada que ver con presentarme en la oficina todos los días a la misma hora. Puedo presentarme en mi escritorio o en mi sillón a la misma hora para escribir, pero es un encuentro con la reflexión. Reflexionar es un placer ¿Parece contradictorio? Tal vez lo sea, un poco, de acuerdo al capitalismo. El trabajo debe costarnos, debe agotarnos, exprimirnos y luego escupirnos en la casa exhaustas, a veces solo exhaustas de tanto agachar la cabeza y aceptar lo que sea: una especie de castigo. Algunas de nosotras somos esclavas, no hay de otra. No basta con escribir, hay que someterse a tejer vínculos por interés como si se tratara de carteras de clientes, a construir diálogos con las editoriales que reproducen a pequeña escala las maniobras de las trasnacionales pero, creando diminutas y macizas concentraciones de poder, hay que escuchar a los colegas que comenzaron su trabajo veinte años después y no entienden por que tú sí y ellos no. No sé cuál sea el trabajo más importante. Pero tampoco me importa. Yo hago lo que me gusta. Retirarme es dejar de hacer lo que no me gusta. Entonces vengo aquí como a hacer ejercicio. A poner mis centavos de tiempo. Sigo siendo pobre de tiempo, pero me he propuesto despertar más temprano, no responder las redes sociales de la organización salvo los lunes de 11 a 12:30 y venir aquí. Amo las mañanas y las estaba olvidando. Amo preparar el café y pensar en ti, platicar conmigo y venir a escribir. Ayer muy temprano escribí un post (que no publiqué) quejándome de los sistemas universitarios, y la sin razón por la que, las pobres de tiempo, como yo, asistimos a clases 12 horas al mes para estar listas en dos horas y pasar el examen. Ayer por la tarde cambié de universidad. Así de fácil. Las pobres de tiempo, como yo, no podemos darnos el lujo de relaciones aburridas y tóxicas: a lo que sigue. Así que: hola, periodos escolares de 8 semanas, estoy lista para vivir (como siempre) con el pie en acelerador. Ja. Esta imagen está dibujada en el baño de la cafetería de mi ahora exescuela -BTW: sí vote, por Talerico-.