Lo más cerca que he estado de Bad Bunny ha sido Julieta Venegas. Hace unos años colaboramos en un mismo stream durante la pandemia, junto con Helado Negro. O quizá lo más cerca que he estado de Bad Bunny fue durante mi convivencia con Angélica Negrón en la residencia de Civitella, en Italia. Ustedes que me conocen saben que desde hace muchos años cada vez que conozco a una puertorriqueña lo primero que le digo es que amo a Bad Bunny. Con Angélica pasaba horas platicando de lo gran artista que nos parece. Algunas de mis amigas pusieron en duda mi inteligencia cada vez que intentaba compartirles algo del Conejo. Pero que alguien ponga en duda mi inteligencia, la verdad, me mama un bicho. Estuve en la Ciudad de México cuando fueron sus conciertos, las multitudes no me hacen bien, así que ni soñé en estar ahí, pero quiero una sudadera del Sapo Concho. 

La tarde que seduje a F, el primer secreto que le confesé fue que me encantaba Tego Calderón. Bailamos “Sin exagerar” a todo éxtasis y a todo volumen, ja. A lo que voy: me encanta Benito. Me encanta. Quiero dejarlo claro. En unos minutos voy a entrar a su página para comprar dos sudaderas del Sapo Concho. Una para F y otra para mí. Pero creo que ya, con el gusto por Benito, aquí le paro. Me gusta construir mis propios ídolos. Si me los fabrica alguien más me saben feo, como si masticara billetes. Veré a Benito en el Superbowl mañana y cerraré un ciclo. Vuelvo a los videos de las entrevistas con Facundo Cabral y con Bruce Lee de los setenta, y a lo que haga Naty Peluso. “Debí tirar más fotos” para mí es un hermoso final de camino. Acho, me bajo del Uber, pero no te olvido. Ahora entiendo por qué Jorge escribió poemas para Lucía Méndez.