Sencillamente amo este infierno. ¿Qué me pasa que últimamente sólo hablo de amor? con razón mis amigos se preocupan por mí. Hoy fui por mis libros a la torre de artistas primaverales donde -aún- tengo mi oficina. Como eran muchas cajas, y pesadas (ustedes saben: libros) Virginia y yo metimos el carro al callejón entre Brodway y Spring para subir en ese antiquísimo elevador que nos hace sentir parte de las películas. Un elevador gigante para uso rudo, pues, diseñado en los años veinte para nuestro edificio que, antes era, un banco. Estábamos recargadas en el carro de Virginia, con las puertas del carro abiertas, esperando al supervisor de la torre de artistas primaverales cuando a lo lejos vi un chico caminar hacia nosotras: cabello afro natural, camiseta blanca, y un -verdaderamente enorme- carrujo de mariguana en la mano izquierda. Cuando nuestras miradas se encontraron él extendió hacia mí el carrujo, le sonreí: no, gracias. Entonces empezó a toser: its a good one, me dijo. Y siguió de largo. Virginia ya estaba sentada en el asiento del conductor; Miguel, el supervisor del edificio, todavía no llegaba. Abrí la puerta del lado del pasajero y me asomé para ver a Virginia que, distraída, mensajeaba (o revisaba facebook) en su celular: Amo Los Ángeles, le dije.

d.