La crueldad es la violencia de los cobardes. Pienso. No sé. Habrá quien se enfrente a sí mismo de forma cruel, en las sombras. No me refiero a algún psicópata. Normalmente quien ejerce la crueldad lo hace de forma ambigua, en los zurcidos de lo entre dicho, en los secretos del chisme victoriano, o en la suavidad de una charla aparentemente inofensiva. Entiendo la cobardía, pero la crueldad me cuesta entenderla. Una de las tantas veces que los soldados llegaron a mi casa en la época de Calderón (¡unos niños!) uno de ellos me dijo: “tuvo suerte de no estar aquí cuando se metieron” y recuerdo que respondí de forma casi automática (sabía muy bien la clase de gente que estaba detrás del atraco): ay, por favor, esos cobardes… La cara del niño soldado fue un “sí” muy tierno, un “sí” de indígena a indígena, un “sí” desde su rifle destartalado. Crueldad, violencia al fin. Los crueles, deben ser en las sombras, los asesinos de sí mismos. Los incapaces. Pobres pobres, de una pobreza qu...