Alguien intentó preguntarme sobre la inspiración. Ustedes conocen mi defensa por la libertad, de toda la vida. Desde que los institutos de cultura nos invitaban a todas a sus encuentros de mujeres escritoras y, si queríamos participar debíamos encargarnos de encontrar nuestros propios medios de trasporte y hospedaje. Yo me atrevía a decir que no, mientras las otras corrían a hacer colectas para pagar su recorrido de cuatro horas en camión. Bueno, la inspiración sí. Yo creo que hay momentos, sí. Pero nada tienen que ver con el trabajo diario. Ser escritora es como ser un zapatero. Tiene que ver con el trabajo. La facilidad para escribir cualquier texto, de cualquier forma, es trabajo. El trabajo se nota. Punto. Lo bueno de ser escritora es que, aunque uno se retire, no tiene por qué dejar de escribir. Para mí escribir es un placer. Así que no tiene nada que ver con presentarme en la oficina todos los días a la misma hora. Puedo presentarme en mi escritorio o en mi sillón a la misma...