Debería estar haciendo otra cosa, yendo hacia otro lado. Pero como ya saben me he retirado y soy pobre de tiempo. Así que las otras cosas se han detenido para dejarme pasar y venir a escribir ¿Recuerdan a Germinal Cocho? Es un físico criado en México (médico también), precursor de la teoría de los sistemas complejos a quien admiro mucho. Falleció hace unos años. Bueno, hoy lo recordé porque el viernes, estudiantes de la UNAM interrumpieron una conferencia de Diego Olstein con la consiga de “Desde el río hasta el mar, Palestina vencerá”. Los estudiantes lograron impedir que la conferencia se llevara acabo. Entonces recordé cuando Germinal Cocho contó en una entrevista lo importante que le parecía que los estudiantes se organizaran para protestar y no permitir que ciertas personas compartieran sus ideas en la UNAM. Hace muchísimos años, claro está. Germinal Cocho se refería a un científico (europeo, creo, o estadunidense -es lo mismo) que había participado en la creación de la...
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Los discursos son también un lugar, un territorio. Nombrar es tierra viva. Pensaba entonces en la palabra patriarcado y cómo se ha convertido en un territorio vacío de tanto repetirse. Ya no es la mala palabra. Estos sistemas en los que no hay otra opción que (consciente o inconscientemente) insertarse, han vaciado a esa palabra de sentido. Así es como somos desplazadas de un lugar a otro del discurso. De una realidad que combatimos, a la trama ideológica de las revoltosas. Es buen momento para abordar el tema, es decir, para tomar el lugar que nos corresponde por la simple y llana razón de estar vivas (las que hemos ido quedando). El lugar que nos corresponde al nombrar. Convirtieron la definición del sistema colonialista que avala genocidios, en un hueco. Ese bache, en el que nos tropezamos una y otra vez por “exageradas”, por “locas”, por “lesbianas”. Por eso nos descalabramos, nos pelamos las rodillas, nos reventamos la boca, nos atamos las manos y también atamos las manos y ...
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Alguien intentó preguntarme sobre la inspiración. Ustedes conocen mi defensa por la libertad, de toda la vida. Desde que los institutos de cultura nos invitaban a todas a sus encuentros de mujeres escritoras y, si queríamos participar debíamos encargarnos de encontrar nuestros propios medios de trasporte y hospedaje. Yo me atrevía a decir que no, mientras las otras corrían a hacer colectas para pagar su recorrido de cuatro horas en camión. Bueno, la inspiración sí. Yo creo que hay momentos, sí. Pero nada tienen que ver con el trabajo diario. Ser escritora es como ser un zapatero. Tiene que ver con el trabajo. La facilidad para escribir cualquier texto, de cualquier forma, es trabajo. El trabajo se nota. Punto. Lo bueno de ser escritora es que, aunque uno se retire, no tiene por qué dejar de escribir. Para mí escribir es un placer. Así que no tiene nada que ver con presentarme en la oficina todos los días a la misma hora. Puedo presentarme en mi escritorio o en mi sillón a la misma...
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Hábito una universidad local. En serio.No hay nada más hermoso que habitar las estructuras que sostienen una ciudad. Con sus ires, sus venires, sus verdades y sus simulacros. No tengo que aclarar que la mayoría de lo que ahí sucede es un simulacro. Simulamos aprender dentro de la simulación de la información importante. En fin. Aún así es hermoso. Ver a los estudiantes ocupar un espacio con esperanza. Qué hermosa es la esperanza. Hace unos días platicaba sobre Taos y sus paisajes. Cuánto amo ese silencio que no habito. Ese tiempo que no tengo. Ese espacio donde mentalmente abro lo brazos, y despierto para dedicarme a pintar y a acabarme. Eso me da motivos. Motivos suficientes para insistir. Es marzo. Qué lento sucedió febrero y qué lento apareció marzo. Las flores aquí estallan con prisa de verano, pero pareciera que nosotras caminamos enterradas hasta la cintura. Sin embargo la miel de las flores flota por el aire. Respiramos unas ráfagas dulces y frescas que nos hacen buscar: ¿d...
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Lo más cerca que he estado de Bad Bunny ha sido Julieta Venegas. Hace unos años colaboramos en un mismo stream durante la pandemia, junto con Helado Negro. O quizá lo más cerca que he estado de Bad Bunny fue durante mi convivencia con Angélica Negrón en la residencia de Civitella, en Italia. Ustedes que me conocen saben que desde hace muchos años cada vez que conozco a una puertorriqueña lo primero que le digo es que amo a Bad Bunny. Con Angélica pasaba horas platicando de lo gran artista que nos parece. Algunas de mis amigas pusieron en duda mi inteligencia cada vez que intentaba compartirles algo del Conejo. Pero que alguien ponga en duda mi inteligencia, la verdad, me mama un bicho. Estuve en la Ciudad de México cuando fueron sus conciertos, las multitudes no me hacen bien, así que ni soñé en estar ahí, pero quiero una sudadera del Sapo Concho. La tarde que seduje a F, el primer secreto que le confesé fue que me encantaba Tego Calderón. Bailamos “Sin exagerar” a...
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La crueldad es la violencia de los cobardes. Pienso. No sé. Habrá quien se enfrente a sí mismo de forma cruel, en las sombras. No me refiero a algún psicópata. Normalmente quien ejerce la crueldad lo hace de forma ambigua, en los zurcidos de lo entre dicho, en los secretos del chisme victoriano, o en la suavidad de una charla aparentemente inofensiva. Entiendo la cobardía, pero la crueldad me cuesta entenderla. Una de las tantas veces que los soldados llegaron a mi casa en la época de Calderón (¡unos niños!) uno de ellos me dijo: “tuvo suerte de no estar aquí cuando se metieron” y recuerdo que respondí de forma casi automática (sabía muy bien la clase de gente que estaba detrás del atraco): ay, por favor, esos cobardes… La cara del niño soldado fue un “sí” muy tierno, un “sí” de indígena a indígena, un “sí” desde su rifle destartalado. Crueldad, violencia al fin. Los crueles, deben ser en las sombras, los asesinos de sí mismos. Los incapaces. Pobres pobres, de una pobreza qu...
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Soy dueña de diez minutos. Una gripe espantosa. Tres clases. Un transporte público. Dos correcciones. Dos traducciones. Sesenta “holas”. Notar cuatro o cinco imprecisiones. La oscuridad. La vida. Una sensación incansable de plenitud y de derrota. Tu presencia. Tu calma. El sentimiento de haberme escabullido de alguna manera en esta matrix. El sentimiento de ver pasar una y otra vez el glitch. El glitch.
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Por decimocuarta ocasión tengo un resfriado insoportable. Mi sistema inmunológico es débil estos últimos días, al parecer. A pesar de eso, estrené mi suéter amarillo y salí a desayunar a un tailandés porque las especias de ciertos platillos son sanadoras (dicen y lo quiero creer). Cuando regresé, me enteré que en el enredo de documentos liberados de Ep*st*in se describen fiestas en Ciudad Juárez. Hace tiempo que siento como si un río me arrastrara a no sé dónde y en ese transcurso me hundo profundamente para luego volver al tope de agua y disfrutar todo lo que se deja ver. Podría decir que estos días están siendo bastante bajo el agua. En el fondo, donde hay muy poca luz, también suceden descubrimientos. Descubrimientos que no me impulsan a moverme, sino a lo contrario, a quedarme, a disfrutar de la inmovilidad y del silencio. El arrastre de este río avanza muy rápido y desde que comenzó el año yo siento que el tiempo pasa demasiado lento. No lo puedo describir de otra manera. Guardo c...
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Una puede no ser pobre con hambre, pero es pobre de tiempo. Así son los intercambios para quienes somos pobres. Una amiga me aconsejaría que deje de usar la palabra pobre porque es como un decreto. No me da vergüenza ser pobre. Cuando digo pobre no me refiero a esa clase de pobreza que da miedo, sino a asumir una realidad que no cambiará nunca: aceptar. Las privilegiadas le llaman “hacerse la víctima”. Tampoco. Eso quisieran, porque últimamente la víctima se ha convertido en un muy buen producto para las privilegiadas. No es que abra puertas en las la universidades (las universidades abren sus puertas a quienes tienen las influencias, generalmente ancestrales), pero llevar a una víctima rescatada de las miserias de las guerras justifica los privilegios de las que viven en estas estructuras. Las jerarquías son así: estructuradas, levantadas desde hace siglos para afianzarse, para continuar. La víctima es un muy buen producto de promoción de la misericordia ¿verdad? La víctima en re...
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No sé qué es la justicia. Pero sí sé qué es el alivio. Una experiencia fijada por un tiempo que parecía indefinido, se disuelve. Una experiencia fijada en el pensamiento, prendida del pensamiento. Se transforma dentro de la mente y deja de estar, deja de interrumpir. Me sucedió hace poco, y lo celebro. Celebro la paz como quien encuentra un lugar donde acurrucarse y sentirse segura después de vivir con miedo, durante décadas. El alivio sucede, es como un niño que despierta y se despereza poco a poco. Ventanita en el centro… Hace algunos años platicaba con Jaime y me comentó “nadie me pregunta cómo estoy” platicamos por horas, platicamos toda la noche tal vez. Ahora lo comprendo tan bien. Nunca imaginé que era la última vez que lo escucharía en este mundo. Amo encontrarlo en los sueños. La mente sabe, La mente resuelve. Qué mejor lugar para la voluntad y el amor intactos que los sueños ¿verdad? El alivio es una gota que tarda una eternidad en caer y, cuando por fin llega, muestra u...
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Así es la vida. Programé dos semanas para dedicarme a pintar. Ustedes saben que amo pintar. Compré un el rollazo de papel para extender en el piso, y soñaba con las tintas y los pigmentos que tengo guardados desde que regresé de Italia. Pues nada, de esas dos semanas ya llevo una entera yendo y viniendo de México a mi casa y de mi casa a México. Regreso por la tarde como si hubiera hecho un maratón de caminata. Mi estudio tiene los apuntes de las clases del semestre pasado apiladas y estoy a una semana de volver a la universidad. Estas ilusiones. Estas pequeñas jaulas. Así son estos sets, uno se acerca en plan de jubilada buscando entretenerse y termina devorada por las prisas. Muchos de ustedes me comprenderán. La universidad es un sistema que te atrapa. No sabes cómo ni por qué pero quieres el mejor promedio, quieres llegar a la “meta” más rápido, quieres llenar todos los requisitos cuanto antes y de la entretención de un principio va quedando muy poco. No es queja, es reflexión...
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Amo la claridad, aunque ustedes no lo crean. Claro que, desde que tengo uso de razón, mis interpretaciones de conceptos como claridad/oscuridad; agradable/ desagradable no tenian nada que ver con la interpretación de las personas que me rodeaban (ahora tal vez sí, me rodeo de personas que interpretan el mundo si no de una manera similar, entonces regocijándose de cada partícula de vida). Amo la luz natural, uno de mis amigos escribió una canción titulada luz natural, que me encanta. Es casi como si la estuviera viendo. Pero todos sabemos que ver no es lo mismo que escuchar. Nathaniel Dorsky lo señala perfectamente en su libro Devotional Cinema: la escritura puede describir, pero no puede ver. No lo cito literal. Vayan y busquen su libro que es buenísimo. A eso voy, a lo de ver, y traducir la vida. La escritura, para mí, construyó su refugio a través de su gráfica: la amé porque la vi. Sabía que decía algo, pero no sabía qué. Quería tanto saber, y era tan pequeña que yo misma fui a...
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No, no soy una ciber persona. Mi momento de codificación más sofisticado sucedió hace más de veinte años cuando solíamos codificar aquí, en este blog. Recuerdo que en aquellos años publiqué un artículo en el periódico Norte de cómo crear un blog paso por paso. Al día siguiente los escritores de mi generación ya tenían el suyo. Fue mi momento a la vanguardia. A la punta, jajaja. Ahora me molestan los códigos para todo. Para la universidad, pare el banco, para la puerta de entrada. Aish,! Me desespera. A mí que fui la vanguardia del blog, al tuiter llegué enamorada y tarde el IG me dió güeva absoluta. El problema quizá es que los momentos de reflexión entre plataforma y plataforma fueron disminuyendo. Yo solía estar a cargo de un mini-lab en El Diario y usar rollos de negativo para tomar fotos por la ciudad. Mis amigos solían tener sus archivos de fotografía en maletas. Ningún tiempo es mejor. Nacimos en medio de la matanzas más o menos discimulada. Y parece que ha transcurrido tanto tie...
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A Paco Ignacio Taibo hay que mencionarlo. Son esta clase de personas las que minan los movimientos. Justo anuncia sus libros gratuitos editados en el Fondo de Cultura Económica en el programa Largo Aliento de Sabina Bergman. Taibo condiciona “sólo nos interesan los jóvenes, los lectores de punta ya sé lo que van a decir”. Hace algunos posts les conté que me retiraba porque en el mundillo literario ya no existen conversaciones que me interesen. No hay conversaciones que me interesen ahí, en ese mecanismo. Funciona con leyes muy claras: de qué familia eres, a quién conoces, qué tienes y qué tanto me puedes dar. Sólo un narcisista como Taibo puede afirmar que ya sabe lo que piensan los “lectores de punta”. Sabina quiso ayudarle, pero para estos fanfarrones no hay salvavidas; Sabina le pidió que hablara de “Zapatos para toda la vida y otros cuentos” de Guadalupe Dueñas y su inclusión en la colección. “Son textualmente fantásticos” comentó Sabina y Taibo: “Ah. Es complicado” dijo en calidad...
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Esto es increíble. Juro que ayer cerré sesión aquí y me fui a dormir dejando el aparato cargando batería. Esta mañana lo encuentro abierto, con sesión iniciada. Este descanso no estaba planeado. Tampoco todo lo que he sentido como pérdida de salud en este proceso. Estuve durmiendo junto al volcán y trabajando para poder inscribirme en la universidad a larga distancia dentro de un congelador. Literal. Un congelador. Dos días de congelador bastaron para pescar, rotundamente, un resfriado marca diablo (diría mi madre). Ahora me voy de librerías. Aunque en realidad no compraré muchos libros. Los que busco no están en las librerías, en realidad salgo a comprar regalos para F. Buscaré el nuevo libro de Carla Faesler y el libro con el que Mónica Nepote ganó el Premio Javier Villaurrutia. Ustedes saben que los premios en México hace mucho tiempo sólo retratan círculos de influencias en los que el autor se mueve. Pero que Mónica Nepote reciba el premio de escritoras para escritoras me pare...
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Una perdona. Una está en paz. No sé qué sucede primero. Tampoco es necesario perdonar, me parece. Pero en el momento más inesperado una descubre que ha perdonado. Que puede estar ahí sentada en la misma mesa e incluso tratar a esa persona como si fuera otra. Una otra compasiva, quizá, buena, amable. Una ha adquirido el valor pare ver la verdad (la verdad linda y la verdad no tan linda -así como es la vida pues-) en todo. Quizá en la vida de alguien yo soy esa parte no tan linda. Ayer, pude abrazar a un amigo y esperar a que cerrara su café mientras compartía una mesa en la banqueta con quien me había parecido nefasto durante décadas. De repente compartí el espacio sin sentir más que amabilidad. Tal vez el perdón es eso. Una limpia la psique del odio velado, del veneno que se levanta con cualquier pretexto o de esa oscuridad que si no la cuidamos, crece como maleza. No sé. Paz, esa paz es la que merece este mundo.
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He aprendido (muy lentamente) a no contar mis planes. Me encanta compartirlos. Compartir mis planes me hace sentir que me rodeo de personas en las que puedo confiar, con las que realmente estoy compartiendo. En algunos países de centro América así se dice “estamos compartiendo” es una forma de referirse a la amistad que me parece tan dulce. Así que hoy entré aquí porque quería compartirles mis planes, ja. Como si hubiera alguien ahí, o aquí -como quieran llamarlo-. Pero me detuve, ya les iba a contar detalladamente y me detuve… hace meses que construyo esos planes en mi cabeza y hoy me impulsaba una necesidad. Uno, a veces, utiliza a los amigos para olvidar un poco lo tediosas que puede ser la vida. Entonces, no es que en realidad quisiera contarles, en realidad quiero evadir el tedio de la materia que estudio en este momento a contra reloj: la historia de Estados Unidos. La palabra tediosa es sólo un decir que describe muy poco de lo que la historia de Estados Unidos me provoca. Tampo...
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“Persona civilizada” a estas alturas de nuestra civilización debería ser vergonzoso considerarse una persona civilizada. Pero ese es un término que algunas personas civilizadas utilizan para menospreciar a quienes consideran menos civilizados. Cómo es que llegan a considerarlos menos civilizados: por su comportamiento. Cuál es ese comportamiento: no obedecen ciertos códigos que se transmiten entre familias como: no alzar la voz. Un ejemplo muy ambiguo. Como el término entero. El término se inclina de acuerdo a lo que el clasista decida menospreciar o señalar. A fin de cuentas una es menos o más civilizada de acuerdo a qué tanto complazca o moleste al clasista en la señale. No venía aquí a hablar de eso, jejeje (amo los emojis, insertaría uno aquí en este momento) sino de mí misma, que es el mar en el que vivo últimamente. Porque me he retirado. Y uno comienza a vivir en sí misma cuando se retira. Pude ver, por ejemplo, la final completa de beisbol sin permitir que las cuestiones políti...
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Regresé a casa para darme cuenta de que mis vecinas esperaban en el vestíbulo del edificio. ‘No vean Frankenstain’ les dije en cuanto entré. Se había ido la luz por más de una hora y justo volvió cuando yo regresaba. Los elevadores no funcionan. En la puerta estaban Gaby, una vecina nueva y Rufina: en bata, rubia, alta, rusa. ‘Bajé a abrirles las escaleras’ me dijo, la puerta se cerró detrás de ella y el sensor no funciona, así supe que lo que estábamos haciendo no era simplemente conversar, sino esperar a Aaron para que abriera otra vez. Qué hermosa es la vida simple.