Tomé decisiones. Hice cosas de la vida a un lado. Dejé de centrarme en lo que catalogan los demás como “importante” y comencé a enfocarme en la forma en que quiero sentirme en este espacio, la forma de estar aquí. Y bueno, funcionó. Cambié de universidad: elegí una cuya pedagogía es lo que yo denomino pedagogía zero-bullshit. Cero rodeos, cero manitas levantadas antes de opinar, cero sellito de abejita trabajadora. Entonces me ha quedado tiempo para encontrar valor y leer la última parte de esa novela de Yoko Ogawa que me resistía a terminar. Esas novelas que sientes que, si las terminas, estas cerrando la puerta de un mundo donde podrías vivir siempre. Hoy terminé de leer “La niña que iba en hipopótamo a la escuela” sabía que Ogawa no me decepcionaría. Con mucho cuidado, como si fuera un animalito dormido, tomé el libro y lo coloqué en ese lugar especial que tengo en el librero para los libros de Yoko. Lo puse en su huequito, como si estuviera escondiendo la colección de ca...