Así es la vida. Programé dos semanas para dedicarme a pintar. Ustedes saben que amo pintar. Compré un el rollazo de papel para extender en el piso, y soñaba con las tintas y los pigmentos que tengo guardados desde que regresé de Italia. Pues nada, de esas dos semanas ya llevo una entera yendo y viniendo de México a mi casa y de mi casa a México. Regreso por la tarde como si hubiera hecho un maratón de caminata. Mi estudio tiene los apuntes de las clases del semestre pasado apiladas y estoy a una semana de volver a la universidad. Estas ilusiones. Estas pequeñas jaulas. Así son estos sets, uno se acerca en plan de jubilada buscando entretenerse y termina devorada por las prisas. Muchos de ustedes me comprenderán. La universidad es un sistema que te atrapa. No sabes cómo ni por qué pero quieres el mejor promedio, quieres llegar a la “meta” más rápido, quieres llenar todos los requisitos cuanto antes y de la entretención de un principio va quedando muy poco. No es queja, es reflexión. Me sigue gustando estudiar. Siempre me gustará estudiar, tal vez. Pero también me gustan otras cosas. Anoche pensaba que igual podría estudiar arquitectura, me encanta la arquitectura y está ligada al manejo de los materiales directamente. No sé. Por ahora estoy donde estoy y me divierto. Por lo menos he podido venir aquí a pensar las cosas. Igual en la semana que resta puedo entrar en el túnel y pintar. La luz natural en mi departamento es hermosa.

Mural a una cuadra del Puente Santa Fe

Estuve en FIEL A LA TIERRA y viajé de regreso con cerca de tres kilos de café que me consiguió Epigmenio. No sé qué haría sin Epigmenio en mi vida. Este café es tan hermoso como la luz natural del departamento. Es tan hermoso, como ver a Epigmenio brindar con nosotros otra vez, después de décadas. El descanso es algo así: una alegría luminosa y moderada. La vibración que sostiene la vida. Anoche soñé que expulsaba de mi cuerpo unos insectos muy parecidos a los que aparecen en la película Matrix. Esa especie de langosta electrónica con la que eran bugueados los personajes. El último y más pequeño lo jalaba desde uno de los orificios de mi nariz, y lo veía agonizar sobre el piso. Desperté aliviada, segura. Como si después de eso todo estuviera bien. Mi mente se las ingenia para darme o quitarme lo que necesito. Desde el café hasta los amigos y las amigas. Desde la universidad hasta estas vacaciones que he ocupada en el cruzar atlético de las fronteras. Desde este infinito migrar.