Hoy como que mi cerebro dijo basta: me siento en el lugar distinto en el café, regreso a casa por una ruta diferente y en cierto momento pensé ¿y ahora? Tuve la certeza, por medio segundo, de que me había descolgado del gancho de la carnicería: era libre. Y de repente sí, uno construye su propia vitrina, arma con mucha paciencia el mostrador, le saca brillo, atornilla los ganchos cuidadosamente revestidos de cierta seguridad en una misma y se cuelga ahí a esperar a los postores. Una vive enganchada en sus propios proyectos, en sus propias construcciones mentales. En el fondo, a las personas pobres nos entrenan para eso: para vendernos, constantemente. Pero uno no puede sólo levantarse y venderse así no más. Uno se capacita, se entrena, se sazona y se construye. Ja. No sé qué barbaridades estoy diciendo, pero todo empezó porque ayer hice una apuesta en eBay para comprar una Olivetti Valentine. Ustedes saben que la imagen del salón en la academia de mi madre, en los años setenta, con todas esas pequeñas máquinas de escribir portátiles que parecían animalitos quietos, escarabajos relucientes, es un recuerdo que no me abandona. Ya no colecciono máquinas pero, con tantos cambios últimamente en la vida de mi madre surgen recuerdos que me impulsan también a querer cosas. Esa Olivetti Valentine no es la máquina portátil más bonita, o la que más me gusta. Mi preferida es la Hermes Rocket. Pero esa Olivetti Valentine mi madre me la regaló para un proyecto, y después desapareció de mi bodega cuando me fui a Los Ángeles. Es una máquina de plástico, ni siquiera es de acero, como mi Hermes, pero repentinamente sentí que la necesitaba. La busqué, la encontré y estoy esperando ganar la apuesta. La Valentine, con la brillante idea de que su estuche funcione también como la papelera. Qué somos? Me refiero a lo que nos forma, a lo que nos conforma. Qué somos? Yo hice la paces con mi afán de coleccionar máquinas de escribir y las regalé casi todas hace tiempo. Por aquí no hay quien les de mantenimiento ya. Así que ahora, buscaré un tutorial de youtube para consentir a mi Hermes, cambiarle la cinta, quitarle el polvo, volverla a usar. Y mañana, mañana termina la subasta de la olivetti, que mi madre ama tanto. Se la voy a llevar para que practique otra vez. Para que se sorprenda otra vez.