Te amo, amo.
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Tengo un libro en la cabeza. Por eso vengo aquí. No se trata de mejorar mi postura en las pasarelas. Se trata de escribir un libro. Acuérdense que soy escritora. Soy escritora. Repito mientras el sol me da en la cara, allá en el patio en el que está mi mente. Pero también aquí. Me dedico a tomar el sol. Soy escritora pero también soy el sol. Acuérdense. Les digo a todas. Acuérdense de mí. Les digo a todas estas que están aquí. Estas creen que estoy escribiendo el libro. Son tan inocentes! Ellas son inocentes, el libro no. El libro que quiero escribir, cada vez que lo quiero escribir, abre sus mecanismos de identidades falsas, oigan. Y ellas, pobrecitas. Pobres tan pobres: esperando a ver en qué momento digo algo. Como lo del sol. Una verdad. Al libro le pareces risible. Por ejemplo. Toda esta parafernalia de códigos que sostienen inteligentemente la escritura. Y también le parace risible que defendamos cosas. Me refiero a ti y a mí, no a ellas. Ellas son inocentes. Con que les des un...
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Vengo aquí para engañar al demonio de los libros. Le hago creer que estoy escribiendo. Que sigo siendo esa identidad con la que me reconoce y con la que me esclaviza. Le hago creer que sin la escritura no sobrevivo y entonces, como acto desesperado ante la falta de tiempo o espacio o paz, recurro a este monitor. ¿no son sutiles las trampas de esta otra dimensión? son idénticas a las trampas de la dimensión natural, la dimensión que piensa con todo un sistema nervioso, en lugar de pensar con una red que se distribuye insensiblemente. ¿no son sutiles esas trampas? Realmete no necesito la escritura para sobrevivir. Sólo necesito un tubo y un respirador attificial. Pero creemos en cosas. Creemos en nosotros. ¿No es así? Creemos que vamos hacia algún lado, que nuestra existencia tiene algún sentido. Mi abuelita interior salió a organizar la artillería, parece. Vuelvo a la artillería, parece. A la artillería imaginaria. La de los mejores y la de los peores, esas creencias, esa jaula.
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Hace un par de días, asesinaron en México (mi ex-país) a mi primo Esteban. Estébin, le decíamos. Estébin era como mi hermano. Un brazo armado lo emboscó y lo acribilló. Intentó correr. Lo destrozaron. Nos destrozaron. Yo sé que somos una generación que comienza a estar vieja. Una generación medio inútil, por ejemplo Estébin, amaba las artes marciales, los animales y nadar en el río. El turismo de riesgo, que le llaman ahora. Me cuesta trabajo comprender lo que pasó, como a miles de familias mexicanas les pasa diariamente. Hace algunos días impartí un curso sobre la importancia de la memoria para la sabiduría indígena. La memoria es lo que "mantiene en pie" la realidad, esta realidad, frente a nuestros ojos. Aquí, en el presente, en este momento que inmediatamente se derrumba e inmediatamente levanta otro instante; eso lo saben muy bien los creadores de esta dimensión conocida como inter-net. Si todo es un sueño y cada instante se derrumba, porque sólo podemos vivi...
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"Hay tardes que no regresan nunca." Jesús Gardea. La frase del epígrafe me parece tan nostálgica, aparece en un cuento de Gardea del libro "Donde el gimnasta". El cuento describe a un hombre que pasa la vida esperando a la misma hora, en el mismo lugar, a una muchacha que sólo vio una vez. Su amigo, cansado de contemplar su esperanza cotidiana, le dice "hay tarde que no regresan nunca". Tal vez, para el protagonista de este cuento había una tarde que regresaba siempre: la tarde en la que vio por única vez a esa muchacha que deseaba volver a encontrar. Esa tarde se repetía en su pensamiento. La repetición, la reproducción, el proceso de copia es el vehículo por donde se traslada la realidad hasta nuestra percepción. Quiero decir: la creación. Comienza en nuestro pensamiento hasta que, de alguna manera se manifiesta de forma tangible, fuera de nuestro pensamiento. Lo hemos creado. Como un libro, como una circunstancia. A mi pensamiento regresan muchas ta...
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Nablus, mayo 2017. Vengo aquí, como la mayoría de las veces, mientras espero que esté listo el café. Vivo en una frontera donde el buen café existe, pero es inaccesible para personas como yo. Vivo en una frontera donde el clasismo es notorio. Bah, vivo en el mundo. Por eso me gusta recordar a ciertos amigos recibiéndome en su oficina con café instantáneo sin crema por falta de refrigerador. Esos son mis amigos, algunos. Recuerdo también cuando trabajaba en Rancho las Voces, cuando acompañaba a Rubén a comprar el café al surtidor de Bola de Oro en un centro comercial. La guerra apenas comenzaba. Debí amar a Rubén más de lo que lo amaba. No sé por qué no lo hice. No entiendo. Pero esta es la novela que escribo para mí, en medio de un calor insoportable, en un mundo insoportable: dentro de una casa que está cayéndose (Arturo diría "una pocilga!" No debí amar tanto a Arturo, no sé por qué lo hice). Bueno, decía que en esta frontera, donde vivo ahora, es difícil tener café d...
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Foto: Rob Stothard, Al-Quds yo, grababa esto: Quisiera pensar que estoy hundida, pero no. Quisiera, por lo menos, definir esta soledad como insoportable, pero no. Esta es una soledad bastante llevadera, rodeada de muchachos. Estoy en el punto al que le temía hace algunos años. Me he conmovido tanto en esta vida que, pareciera, ya nada me conmueve. Quisiera sentir que arriesgo todo por alguna aventura. Pero no. Mi corazón parece inmóvil. Reposando en la nada. Uno de mis amantes me escribió el otro día y preguntaba ¿quiero saber qué fui yo para ti? Por supuesto, no recibió respuesta. Yo leí eso y pensé: me escriben desde allá, desde esos mundos en los que se siente nostalgia, donde se generan preguntas después de vivir las circunstancias, donde se construyen planes y las vidas son 80% imaginarias. ¿Qué sentido tiene una respuesta entregada desde un mundo que es totalmente otro? un mundo donde lo que importa no se trata de uno, y ni siquiera se cuestiona. Un mundo donde l...
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[...El agua del Tigris está prohibida. El aroma del pescado es prohibido. Al-Abbasiyya ya no existe. La casa completa está desenraizada y con ella la raíz de sus árboles el árbol de loto, la mora, el eucalipto, el romero, el cáñamo, el joppa, el limonero, la palma con sus dátiles No quedó sombra para ningún secreto No respondí a su carta por precaución: No quise recordarle del retorcido trozo de metralla o de la peste a humo. Nunca le informé que fui arrestado por la radio y ahora vivo cautivo en la pantalla...] Fawzi Karim, Baghdad Plague Lands and other poems
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Siempre hay un hombre en mi vida. El día que no haya un hombre en mi vida voy a estar muerta. No falta mucho tiempo, btw. Hey. este no es un post pesimista, este es un post sensato, cuerdo. De esos que escriben los adultos. Adulto, algo que nunca he sido. Ni sabré cómo ser. Como tampoco entiendo el término familia y sus ataduras. La idea del para siempre. Pero mi para siempre, siempre es un hombre. Siempre. El día que no haya uno en mi vida... yo no sé, no sé. No se trata del género, no me coman! Se trata de la libertad, de los privilegios, de la forma en que se contonean. De la certeza con la que dan el paso, los hombres de mi vida. De la seguridad con que defienden lo que que creen, de la animalidad asumida y vivida sin miedo. ¿Tú no pasas por encima del miedo? Entonces no me refiero a ti. Me refiero a los que cruzan frente los soldados, a los que hacen valla frente a la policía, a los que dan el cuerpo frente a los militares.. A los que enferman con los enfermos del mundo, a los...
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pic.twitter.com/5BlBLiDFg9 — adiós (@DoloresDorantes) 9 de junio de 2017 Calandiya Checkpoint, Hebrón . Es difícil observarse a sí mismo. Tan difícil como ser testigo de las políticas de exterminio en el mundo. Tan difícil, como observar cómo se nos asigna un número, un código de barras y se nos separa por fronteras y retenes de acuerdo a nuestra cultura, nuestra raza o nuestro idioma.. Primero nuestra raza, debo decir. Observar el sufrimiento de los otros desde una posición de privilegio es difícil, pero observarse detenidamente a uno mismo, tal y como es, a veces resulta una tarea insostenible: infierno puro. No porque uno sea mala persona, sino porque uno es el inquisidor de sí mismo. Pero, hey , un momento ¿un inquisidor es mala persona? El inquisidor es el demonio juzgando al mal. Nos lleva a la orilla de nuestro propio abismo para observar paso por paso en qué hemos fallado. Hay tener consciencia de que el inquisidor es el mal po...
Anthony McCann, I Heart Your Fate
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Niños de un campo de refugiados, bloquean nuestro camino en Nablus No sé qué me pasa. Sí, ya sé que no estoy diciendo nada nuevo. Nunca sé qué me pasa. ¿Alguien lo sabe? Como siempre esto es sólo un decir. Creo que sé que me pasa. Me pasa que tal vez no siento que la escritura pueda definir, siquiera describir remotamente algo de lo que sucede en el mundo. Ante tanta barbaridad, y no es por sentimentalismo, creo que la escritura es una herramienta un poco inútil para nuestra época: decir no basta. Decir no es suficiente. Ese punto oscuro, si lo vemos de frente, se ha estado insertado en mi corazón estos últimos meses. Eso y la idea de que no conozco realmente a las personas que amo. Porque las tengo lejos (hay tanto a quién amar). Y, para variar, cada día remo más y más lejos. Pero lo de las personas que amo no importa aquí, decía que ese punto oscuro, si lo vemos de frente, se ha insertado en mi corazón. Pero tengo otras formas de mirar el mismo punto. Cuando digo escritura me...
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Fawzi y yo. Estambúl, 2017 Hace tiempo (quizá tres años) que no me considero parte de una "comunidad" literaria. Sin embargo, entre menos "siento" que formo parte de un mundo exclusivamente dedicado a pensar o vivir entorno a un sólo "tema", más me voy convirtiendo en parte de todo. Visité Turquía la semana pasada y no vengo aquí a hacer el recuento de las luces artificiales de la novedad. En Turquía hubo días en que me supe totalmente sola, con la certeza de que en el mundo, sin más, estamos solos, sin esquinas donde esconder la soledad. Hubo tardes en que sentí la opresión enorme de la soledad, cuando la soledad no es aceptada. Viajé en el ferrí, visité cada barrio, me acompañaron amigos maravillosos, únicos. Observé los perros gordos asoleándose sobre las banquetas, vi a mucha gente reír de no entenderme. La gente de Turquía es buena y es hermosa. No es la novedad de la bondad lo que me sorprende, fue precisamente esa bondad antigua, construida si...
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Anuncio de mi visita a Estambúl Yo, con mi visión global, tratando de alejarme del color rojo y otras tantas maravillas, me estaba preguntando ¿cómo es que hay restricción de los bancos norteamericanos para usar mi tarjeta en Turquía? ¿Será una restricción de los bancos gringos, o será una restricción del gobierno turco? Ah, la libertad y el dinero... dos situaciones tan ambiguas, pero ya ven: me invitan. Voy sin dinero porque el país que adopté no me da permiso de gastar tooodos mis dólares... ¿o será que allá no valen? any who. Y BTW ¡tradujeron mi trabajo al turco y al árabe! wiiiiii (justo lo que necesitaba mi prestigio de escritora subterránea). Y amor ¿vienes conmigo?
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Hace tanto tiempo que dejé de hacer de este blog una costumbre, que había olvidado que visitar este blog también es leer a mis amigos. Casi olvido a esos amigos también. ¿Dónde he estado todo este tiempo? No sé. No sé dónde he estado, pero no importa. Veo la vida más clara, conozco mejor las manifestaciones de la naturaleza. Aquí estoy. No sé dónde he estado. Después de ti no tengo idea dónde estuve. Y ahora vuelvo al blog y es como volver a ti, otra vez. La vida me retoma. Me entero de cosas y de personas que no recordaba siquiera que existían. Regreso y vuelvo a tener la sensación de que ya no soy eso, tampoco: eso que estaba aquí, eso que te busca. Qué decepción vacía esa de regresar y no encontrarse. Los amigos saludan como siempre, y me detengo a observarlos como si se tratara de personas desconocidas. ¿Realmente sé algo de esa confianza que se acerca? pienso. Luego voy y los leo y tengo una especie de recuerdo, de algo que ellos son y continúa: ahí está, escribiéndose. Es una s...