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Mostrando entradas de diciembre, 2025
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No, no soy una ciber persona. Mi momento de codificación más sofisticado sucedió hace más de veinte años cuando solíamos codificar aquí, en este blog. Recuerdo que en aquellos años publiqué un artículo en el periódico Norte de cómo crear un blog paso por paso. Al día siguiente los escritores de mi generación ya tenían el suyo. Fue mi momento a la vanguardia. A la punta, jajaja. Ahora me molestan los códigos para todo. Para la universidad, pare el banco, para la puerta de entrada. Aish,! Me desespera. A mí que fui la vanguardia del blog, al tuiter llegué enamorada y tarde el IG me dió güeva absoluta. El problema quizá es que los momentos de reflexión entre plataforma y plataforma fueron disminuyendo. Yo solía estar a cargo de un mini-lab en El Diario y usar rollos de negativo para tomar fotos por la ciudad. Mis amigos solían tener sus archivos de fotografía en maletas. Ningún tiempo es mejor. Nacimos en medio de la matanzas más o menos discimulada. Y parece que ha transcurrido tanto tie...
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A Paco Ignacio Taibo hay que mencionarlo. Son esta clase de personas las que minan los movimientos. Justo anuncia sus libros gratuitos editados en el Fondo de Cultura Económica en el programa Largo Aliento de Sabina Bergman. Taibo condiciona “sólo nos interesan los jóvenes, los lectores de punta ya sé lo que van a decir”. Hace algunos posts les conté que me retiraba porque en el mundillo literario ya no existen conversaciones que me interesen. No hay conversaciones que me interesen ahí, en ese mecanismo. Funciona con leyes muy claras: de qué familia eres, a quién conoces, qué tienes y qué tanto me puedes dar. Sólo un narcisista como Taibo puede afirmar que ya sabe lo que piensan los “lectores de punta”. Sabina quiso ayudarle, pero para estos fanfarrones no hay salvavidas; Sabina le pidió que hablara de “Zapatos para toda la vida y otros cuentos” de Guadalupe Dueñas y su inclusión en la colección. “Son textualmente fantásticos” comentó Sabina y Taibo: “Ah. Es complicado” dijo en calidad...
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Esto es increíble. Juro que ayer cerré sesión aquí y me fui a dormir dejando el aparato cargando batería. Esta mañana lo encuentro abierto, con sesión iniciada. Este descanso no estaba planeado. Tampoco todo lo que he sentido como pérdida de salud en este proceso. Estuve durmiendo junto al volcán y trabajando para poder inscribirme en la universidad a larga distancia dentro de un congelador. Literal. Un congelador. Dos días de congelador bastaron para pescar, rotundamente, un resfriado marca diablo (diría mi madre). Ahora me voy de librerías. Aunque en realidad no compraré muchos libros. Los que busco no están en las librerías, en realidad salgo a comprar regalos para F. Buscaré el nuevo libro de Carla Faesler y el libro con el que Mónica Nepote ganó el Premio Javier Villaurrutia.  Ustedes saben que los premios en México hace mucho tiempo sólo retratan círculos de influencias en los que el autor se mueve. Pero que Mónica Nepote reciba el premio de escritoras para escritoras me pare...
 Una perdona. Una está en paz. No sé qué sucede primero. Tampoco es necesario perdonar, me parece. Pero en el momento más inesperado una descubre que ha perdonado. Que puede estar ahí sentada en la misma mesa e incluso tratar a esa persona como si fuera otra. Una otra compasiva, quizá, buena, amable. Una ha adquirido el valor pare ver la verdad (la verdad linda y la verdad no tan linda -así como es la vida pues-) en todo. Quizá en la vida de alguien yo soy esa parte no tan linda. Ayer, pude abrazar a un amigo y esperar a que cerrara su café mientras compartía una mesa en la banqueta con quien me había parecido nefasto durante décadas. De repente compartí el espacio sin sentir más que amabilidad. Tal vez el perdón es eso.  Una limpia la psique del odio velado, del veneno que se levanta con cualquier pretexto o de esa oscuridad que si no la cuidamos, crece como maleza. No sé. Paz, esa paz es la que merece este mundo.