Hoy, definitivamente no quería despertar. Soñé que tú y yo estábamos en una casa de East LA, llena de gente. Y bailábamos. Me gustan las casas de East LA o de Boyle Hights, llenas de chicanos. Estábamos en una cocina, todos apretujados y yo comenzaba a escuchar la música y te sacaba a bailar. Estoy llorando. Qué sueños absurdos. Llorar por una experiencia tan simple. La simplicidad de dos personas que tienen la alegría suficiente para bailar. Teníamos la alegría suficiente. Por eso estoy llorando mientras lo escribo. El 8 de noviembre tuve la alegría suficiente para bailar. Era una alegría a medias, pero suficiente: Lula, el expresidente de Brasil salía de la cárcel para enfrentar su proceso en casa #LulaLivre. La alegría que da el alivio de saber que, por lo menos, no lo van a matar. Soy muy inocente. O la simplicidad en la que me he sumergido para sobrevivir sin extinguirme me ha llevado a un estado bruto, quizá. Me hace feliz bailar, igual que a tanta gente. Ganas de festejar algo bailando ¿es mucho pedirle a la vida? Tampoco soy una Drama Queen, hoy abrí la puerta de mi departamento en la mañana y mi vecina me había dejado el café colocado sobre una mesita, ahí en el pasillo. ¿Ven? cosas simples. No fue como bailar, pero fue como cumplir el sueño de despertar y que el café ya esté servido para mí por ahí, en alguna parte del mundo. Abrí tuiter para ver las noticias y me encontré con una entrevista a Valeria Luiselli en El País, donde dice mi nombre y pienso: ah! me leen! Son circunstancias que ponen en su lugar al corazón.


Quiero mucho a Evo Morales. Así. Cariño. Como el que sientes por un hermano, o por una parte de ti. No es cosa de política. Sino de amor y el amor siempre tiene que ver con la justicia. Sentimientos simples, como bailar. Ayer comenzó la pesadilla del golpe de Estado en Bolivia. Ayer muchos de nosotros comenzamos a asomarnos al espejo para encontrarnos con la cara del Dios que quiere mandar en América Latina, y se va a valer de todos los recursos: el Dios del exterminio. Nuestra vida corre peligro sólo por ser indígenas. Como siempre. El golpe de Estado en Bolivia, para mí, tiene que ver con un golpe al amor. Amo mi raza, amo mis razas y sé que mis razas no me definen. Pero amo y porque amo, soy capaz de percibir la belleza de mi raza y la podredumbre del clasismo-racismo que nos enferma. Esto no se trata de mi. Se trata de tiempos peligrosos que alimentamos, para que engorden y nos devoren. Esto no se trata de mí y de las personas a las que yo amo. No se trata de esa clase de amor o de preferencia. Es otra clase de amor, esa clase de amor en la que el europeo no está educado, el amor simple por todo, para todo y desde todo que ve cada parte de naturaleza como Dios mismo. Un Dios para el que el europeo tampoco está educado y que, por lo tanto, no puede percibir. Se trata de la dimensión en la que el europeo no entra. Hay mucho más en nuestra genética de lo que un europeo puede imaginar, y no es cuestión de fe, es cuestión de sabiduría.
Esa es la fuerza de la cultura indígena, una educación y una ciencia que va más allá de los colegios y de los libros, todo está codificado en nuestra memoria. Mientras que los libros se borran, la memoria genética persiste y por eso, una vez más: no pasarán. No hay nada que sea más grande que ese amor.
Son pocos los momentos que tengo últimamente para entrar aquí, y son pequeñas cosas las que me impiden acceder a esta bitácora virtual desde otros sitios. Pequeñas, sencillas y simples las cosas que me frenan. Me sorprende. Como el tipo de teclado, por ejemplo. No vengo aquí sólo porque ando cargando mi laptop de un lado a otro y desde hace un año no he encontrado la manera de hacerle entender que escribo en español y que necesito la ñ y los acentos. Desespero y dejo de practicar mi escritura. Para mí, ustedes saben, este ha sido mi lugar interior. Una especie de alimento. No es sólo el deseo de decir hacia una audiencia. Sino esa sensación de estar en un lugar íntimo, diciendo. Como cuando hablo sola por la casa. Siempre he tenido la sensación de que este es un lugar seguro, que nadie me lee. Yo sé que es una sensación falsa. En fin. Estoy entrando a ese momento del año en que puedo hacer 2 cosas: dedicar 2 meses a escribir, o viajar y dar presentaciones aquí y allá, alegrar mi corazón con los amigos que viven cada vez más lejos y tener conversaciones brillantes e interesantes, visitando museos magníficos y playas africanas. Necesito a mis amigos. Necesito mi escritura.
Oigan, voy a mencionar una característica del exilio. estoy exiliada de mi propio idioma. Así que necesito mi escritura para volver a mí, muchas veces. Pero también necesito "ganarme" la vida (ja!, esas frases en relación a las formas en que uno renta lo que es para tener dinero son amplias y fantásticas). Extraño mis amigos y extraño mi escritura (es decir, me extraño a mí misma), en eso estaba. Te extraño, btw (no hemos hablado desde julio) y siento que entre más me alejo de esta escritura (Esta, esta de aquí, no la escritura que se publica en libros, o que pretende ser un momento exaltado y complejo de mi forma de percibir el mundo o de pensar, sino esta escritura... donde me agobian y me paralizan cosas tan simples como no encontrar un teclado adecuado pero, no es el teclado, sino simplemente no insistir suficiente (porque teclado habrá, estoy segura) porque hay cosas más urgentes que hacer, como organizar cursos, ordenar mis impuestos, subirme a un avión o a un escenario) más y más se disuelve lo que soy.


Zoe Leonard, "I want a president", 1992.

No sé. No sé. Pero estos dos meses he comenzado poco a poco: solucioné el problema con mi impresora, y hoy tengo tiempo suficiente para darme cuenta que estoy en casa, frente a mi teclado en español, pero sería bueno insistir en encontrar la solución para el teclado de mi laptop. Supongo que son señales claras de que envejezco... eso de que el tiempo no alcance para concentrarse en una sola cosa, pero hoy, deberían de ver mi sala y el ventanal de mi departamento. La luz es hermosa y el silencio resuena con todo el peso del desierto. Amo este desierto. Amo a las personas que viven en este desierto. La verdad es que exiliarme de mi propio idioma me ha servido para amar mi vida, mi vida completa, no sólo el lenguaje de la vida. Aunque el lenguaje de la vida es la vida misma. No sé. Pero de que soluciono lo de la laptop lo soluciono, porque a veces, cuando viajo tengo horas y horas de silencio para escribir entre una presentación y otra y, sin teclado en español, sencillamente el impulso que me arroja a esta vida se pierde. Se borra.


Yo me estoy borrando. No se quién soy yo. Supongo que eso es bueno. Vivir sin miedo y sin culpa, significa borrarse desde las más profundas memorias infantiles, tal vez. Significa borrarse las cadenas o, como diría mi querido amigo Juan Manuel: soltar amarras.  Pero vivir sin miedo y sin culpa significa también borrarse las más profundas memorias sociales, los condicionamientos inservibles que nos hacen construir, a costa de nuestra salud, lo que creemos es una "buena persona". No existen las "buenas personas" existen "los obedientes" y los "silenciados" a través del terror global. Ahí me acomodo yo. Porque la libertad no es cosa sencilla en estos tiempos, requiere mucha dedicación y mucho tiempo permanecer libre... y a veces dentro de ese esfuerzo, venir aquí es un lujo, concentrarme en solucionar los retos de un teclado es un lujo, escribir de forma libre sin que te corten la cabeza es un lujo. Amo mi vida, porque me permite tener, por lo menos una vez al año lujos como este. El lujo de una habitación que comienza a sentirse como una casa dentro del silencio en domingo. 
No sé qué decir de buena manera. Pero ¿acaso hay una buena manera de decir? Por lo menos hoy estoy frente a mi computadora de escritorio, en mi casa, y no en una laptop no sé dónde... buscando acentos y eso. Escribo muy poco a mano. Escribo casi nada a mano. Meh. No escribo a mano. Me he vuelto un animal de teclados creyendo que escribo en esta hoja ficticia. 
Bueno, ya se darán cuenta que es más de media noche, antes ni los horarios, ni las plataformas eran de mucha importancia para mí. No sé qué me pasa, no sé quien soy. 
Pero descubrí algo. Descubrí que había estado viviendo, desde hace diecinueve años, diciendo sí a la gente que quiero, sólo por miedo. También me he vuelto cursi, como podrán ustedes ver. No me reconozco! jajaja. A lo que voy es que hace diecinueve años me entró ese afán de aprovechar cada segundo con la gente que quiero. Tampoco es que quiera a cientos o a millones, son cuatro o cinco personas nada más. Siempre estaba dispuesta a verlas, a salir con ellas, a viajar para estar con ellas. A apresurarme aunque no me apeteciera, para encontrarnos en alguna parte. Pensando muy en el fondo "y qué tal si algo pasa mañana y yo no la (o lo) vuelvo a ver". Pero hace unos meses me sucedió, así nada más, estaba a punto de correr para verte, de planear cuál película veríamos en mi casa, de procurar que todo estuviera lindo para que pasáramos un momento agradable y pensé "pero es que en realidad no me apetece" e inmediatemente rectifiqué "¿y qué tal si viaja mañana?" "¿y qué tal si mañana pasa algo y -por cualquier circunstancia- no se vuelven a ver"? y respondí a mi reflexión: "nada, Dolores, no pasa nada... si no lo vuelves a ver, no pasa nada". Después de diecinueve años me di cuenta que si no los vuelvo a ver, sí! a cualquiera de ustedes! no pasa nada! Me impulsaba a forzarme a disfrutarlos porque siempre estaba esa sensación de partirme en dos, por no volver a ver a alguien que quiero tanto... a) no tiene que ser así b) y si es así... y perdí la oportunidad de pasar unas horas más con quien sea ¿qué?!!! Entonces respondí "esta noche no puedo" y me di un baño, preparé un chocolate caliente, me fui a la cama y vi una película, disfrutando de una paz que no había sentido en diecinueve años... diecinueve años! Eso, eso quería contarles. ¿Cursi, verdad? Ah, qué alivio. Chau!
El año pasado hice una pregunta sobre el racismo en Rotterdam, Holanda, y me fue respondida.


En ocasiones, las respuestas a nuestras preguntas no aparecen envueltas como regalo o en paraísos con vista al mar y sábanas de seda. Si uno quiere conocer el lado oscuro de la humanidad, que es el equivalente potencial al lado oscuro que vive en nosotros mismos, y hacemos esa pregunta con intención pura: vamos a ver, y muy probablemente lo que vamos a ver nos va a partir la cara o el corazón, pero conoceremos la verdad.

Supongamos que quiero entender lo que siento esta vez, por primera vez, durante el proceso de lo que siento quiero entender lo que siento. Supongamos que, por primera vez tengo la intención de entender lo que siento durante el proceso exacto de lo que vivo. Y, supongamos, que no tengo antecedentes o referencias a las que recurrir. Supongamos que estoy sola viviendo una experiencia y quiero comprenderla. Supongamos que no hay ciencia que detalle lo que sucede químicamente al cuerpo. Sólo quiero entender. Estoy en el centro de mis antebrazos hinchados, por ejemplo. Mis dos manos como guantes de plástico cargados de agua. Pero quiero comprender, y comprendo. Comprendo que es un proceso, y que mi biología está yendo hacia alguna parte. También comprendo que cuando paso una mano sobre otra haciendo una caricia, una especie de alivio se manifiesta. Lo único que me queda es intentar comprender el proceso biológico que sucede en mi cuerpo. Las reacciones que han hecho que mis brazos se hinchen y que mis dos manos parezcan guantes cargados de agua. En mi inteligencia biológica está sucediendo un "pensamiento" que no puedo entender como a mis otros pensamientos. Es un  pensamiento que no tiene ideas. Una fuerza que sabe lo que hace. 
Estoy aquí porque comienzo a escribir un libro nuevo. Mis libros nuevos comienzan así. Digo comenzar, pero no es comenzar. Estoy continuando un libro, como siempre. Hace tiempo que realmente no comienzo nada. Los últimos libros que he escrito tienen que ver, decididamente, con colaboraciones, con otras artistas u otras escritoras. Ya saben, el libro con Zoe Leonard, cuyo trabajo me fascina. Ahora mismo tengo un deadline para un libro sueco. No sé. Pero mis días han sido tan extraños. Como el punto localizado que soy, donde se manifiesta una realidad global, supongo. Y la realidad global se ha sentido extraña últimamente. Trabajo con un grupo de 150 personas y les doy una clase de meditación cada semana, por ejemplo. Esas son las incidencias en las realidades globales desde mi diminuta localización. Un punto localizado, corriendo de forma distribuida por esta red. Ya. Los pongo al día de mi existencia: ahora tengo 8 tatuajes. En diciembre, me tatué una flama en la mano derecha y cuando lo hice sabía que significaba un compromiso, porque se trata de un tatuaje que verdaderamente se ve. No soy de las que quiere servir de lienzo para una obra de arte. Mis tatuajes son más bien códigos. Y bueno. Sebastian Meléndez me tatuó una llama creciente, con un ojito en el medio. El fuego que está viendo, o la percepción de Krishna o el acceso a la estructura de la vibración: un código... lado derecho, canal derecho, acción etc. Un tatuaje notorio, sólo puedo ocultarlo usando guantes. Y sabía, sabía que uno no es la misma persona yendo con tatuajes ocultos por ahí, que con tatuajes evidentes. Fue mi tatuaje número 7. Vivo en un barrio hipster, así que la pequeñita hija de mi vecina me detuvo en el elevador con enorme ternura para decirme "i like your tatoo"... la vecina de la juguería me ha dicho dos veces: "me encanta tu tatuaje"... la segunda vez notó inmediatemente que ya me lo había dicho antes. El mesero del restaurant oaxaqueño me dijo: "oooh, qué padre tatuaje" y, la otra noche, salí con la persona que me gusta y me dijo "es la primera vez que salgo con una persona que tiene tatuajes ¿también usas drogas?". Bam! aguita fría sobre el fuego de invierno. El contraste de mundos. La relación: tatuajes-drogas-rockandroll. Quienes me conocen saben que no me gusta el rock... o el poco rock que me gusta lo olvido, me parece irrelevante. No importa tanto que fuera la persona que me gusta la que asociara mis tatuajes con la drogadicción. Sino la realidad que se me revela. Siento que, aveces, no vivo totalmente en la realidad. Siento que, la realidad global que percibo es sólo mi pequeño pensamiento expandido al rededor de mi campo energético ¿Por qué no puedo percibir simplemente el blanco, blanco y el negro, negro. Y comprender el billete es dinero, la depilación permanente es más chic que los tatuajes, etc. ¿Por qué no busco lo chic? últimamente no sé si ser inteligente es sólo una creencia, últimamente no sé, si ser inteligente es una forma para justificar la habilidad que desarrollamos, intentando sobrevivir a nuestro opresor interior con una sonrisa por delante... 

--¿paso por ti?
--no
--¿por qué no?
--prefiero que me veas llegar

algunos inteligentes asumimos que lo que preferiríamos, de acuerdo a nuestros planes, es lo que otros preferirían y si no, lo que aparece frente a nosotros nos parece absurdo, desconfigurado.

--prefiero que me veas llegar

¿pero acaso esta persona está loca? ¿prefiere tomar un uber a que yo sea su chofer esta noche? Inconcebible! 

--¿Te llevo a tu casa?
--No.
--¿Y por qué no?
--Prefiero la soledad camino a casa, así tengo espacio para reflexionar

¿pero qué le pasa a esta persona? me he quedado aquí de pie, con la soledad que deja esa sensación de que entre nosotros hay algo inconcluso ¿algo le molestó? ¿de qué se trata esto?!!!


Uno debería hacer lo que prefiere. Sin pretender que los otros prefieran lo que uno prefiere hacer, y  sin pretender, además, que los otros nos acompañen en el camino. Uno debería comprender que lo que prefiere, no es necesariamente lo que prefieren los demás. Pero también uno debería comprender que hacer lo que no prefiere, no es una condición para demostrar amor.  No es una condición para decir "me gustas" ser la persona que prefiere que la lleven a casa. No es una condición para decir "si quiero" ser la persona que prefiere también tenerte de chofer por esa noche. 

Yo entiendo, que en la realidad global hay cosas que ceder porque preferimos una vida armoniosa. No exterminamos a las personas que prefieren los tatuajes, por ejemplo, ni a las personas que no los prefieren. Cuando discriminamos de acuerdo a lo que preferimos, estamos exigiendo tener poder sobre los otros. Para dar amor o recibir amor no es indispensable que nuestras preferencias se correspondan. Me asomo a la realidad global y esta llena de personas intentando tener poder unas sobre otras y muy pocas siendo conscientes del amor, o del verdadero motor del deseo, o del absoluto "sí, me gustas".


Meri Jan, Meri Phool, Meri Dil... 

perdonen, queridos lectores, que ya saben mi corazón que es como una flor, conoció a otra flor... aunque no lo parezca: llegó la primavera!
#metooescritoresmexicanos
Una forma de construir carnita placentera sobre mi semilla dura de la verdad, es mi pareja, o mis amantes, ya saben: siempre estoy enamorada de alguien (como de ti, por ejemplo). Entre más enamorada estoy pienso mejor, escribo mejor. Creo que he conocido a los hombres más hermosos y brillantes del mundo. Soy amiga de todos mis ex, excepto uno que está para el #metoo (no es escritor, así que)... pero hasta la fecha, desde mi primer novio, hasta el amor de mi vida siguen en contacto conmigo, hay amor entre nosotros porque lo que yo construyo siempre tiene que ver con el amor.  Me gusta vivir con amor. No me gusta relacionarme con odio. Hace años que no me relaciono sentimentalmente con ningún hombre mexicano y, cada vez que mis amigas me pregunta la razón, mi respuesta es la misma: me gusta relacionarme con amor, construir amor, y los hombres mexicanos (lo descubrí cuando dejé de salir con ellos, sentimentalmente hablando) sostienen relaciones sexuales con odio y con desprecio hacia la mujer, vive en ellos una mezcla de subconsciente católico en busca de la pureza y complejos fisiológicos que les impiden disfrutar de una relación sin culpa y de forma libre. Siempre construyen relaciones de poder y de sometimiento (incluso laboralmente), viven envueltos en un profundo sentimiento de inferioridad que necesitan sanar y que alivian diariamente abusando de "sus mujeres". En cambio, conozco hombres de culturas diferentes para los que la sexualidad es una fiesta, quizá quieran lo mismo: coger (sin o con compromiso), pero disfrutan sin rencor, sin culpa, sin complejos... aman! porque se aman a sí mismos, son seguros, auto-suficientes, no ponen en su pareja la responsabilidad de evaluarlos para sentirse bien, ni ellos ven la relación como una forma de evaluar a su pareja... de que los hay, los hay... los he disfrutado enormemente!
El hombre mexicano, en general, se desprecia a sí mismo, se juzga como algo sucio, desprecia su cuerpo y sus funciones fisiológicas, se humilla y se escupe a sí mismo todos los días; después llega a casa y necesita a alguien para humillar, criticar, escupir, abusar. Es producto de una estructura social enferma, tan rabiosa y acorralada que asesina a quienes considera sus oponentes. 
Los hombres que han abusado de mí y después lo cacarearon con sus amigos: sí! #metooescritoresmexicanos no son conscientes de que abusan constantemente de sí mismos. Experimentan la sexualidad como algo denigrante porque viven cogiéndose a sí mismos constantemente. Viven revolcándose en su propio esperma, o quemándose en su propio infierno, o reventando su cara contra su propio espejo (como quieran llamarle), temblando de rabia y miedo. Lo digo sin rencor. Deseo, sinceramente, que todos ellos puedan amarse un poquito (aunque sea en su siguiente vida), para que sepan lo transformador que es coger en el paraíso.

ps: el otro día leí a alguien que dijo que porque tenía 42 ya no era acosable; bueno, yo tengo 46, y apenas hace una semana pasé por el desagradable momento de tener que decirle a un amigo de toda la vida: tengo novio y es muy celoso, para quitarme su acoso de encima de una buena vez. Agh
Qué gran ejemplo has sido, Thay... Martin...

Sigo muy cansada, oigan. No mentalmente o emocionalmente: físicamente. Creo que, una de dos: o ya no puedo viajar tanto como lo he hecho últimamente; o necesito acostumbrarme al ritmo de estos viajes y ya está. Pues ya está. Creo que me voy a decidir por lo segundo. No sólo aterricé hace un mes y todavía no siento que he aterrizado, sigo usando la ropa que tengo en las maletas. Qué curioso, cuando escribí desde un rostro inmutable, sentí cómo creció en mi mente un emoticón riéndose hasta las lágrimas. Eso es la vida. Ya no expreso vida desde mi rostro. Tal vez es eso. Todo sucede dentro, como códigos para formar stickers que no llegan a la superficie, sino que buscan un botón para transmitir con los dedos. Hace tanto que no te veo, que cuando nos volvamos a encontrar, tal vez ya no sepa cómo relacionarme sin una computadora de por medio. Qué tiempos. Tiempos de verdadero cansancio, supongo, pero al mismo tiempo, tiempos de mucha creación. Vivir anclada a un ordenador me permite conectar más profundamente hacia adentro, hacia el libro que escribo. Ja. Como si escribir un libro fuera algo importante, eh. Iba a decir que es importante para mí, pero estaría mintiendo. Me importan muy pocas cosas, mi libertad, por ejemplo. Los libros los hago como mi más cercana preferencia pero, por ejemplo, si acaso uno de mis libros se perdiera en los archivos electrónicos incontables de este aparato, no me atormentaría. Hay varios que ni siquiera he perdido, sólo los escribí y los olvidé aquí, entre tanto folder y tanto proyecto. Me importaría verte. Pero en realidad tampoco sé bien a bien quién eres, y cuando estamos juntos nunca sé que está pasando. Tampoco es que tenga que saber. No tengo que saber. Ya cuando estamos juntos no tengo necesidad de saber. No tengo necesidad de nada. Es en momentos así, en que me enfermo de un cansancio tan profundo que comienzo a preguntarme quién coño eres y qué hago contigo y todas esas cosas. Tampoco es que quiera más tiempo cerca de ti. ¿Por qué te estoy escribiendo aquí una carta? Meh. No importa. Lo que siento tampoco importa. Ni siquiera es verdad. Es un emoticón que se abre en mi mente, con la intención de trasladarse a ti. No podría decir siquiera que lo que siento es una búsqueda. Pura cobardía.
Estoy cansada. No sólo porque tengo 45 años. De hecho, podría decir que los 45 años son lo que menos me cansan. Me dan ánimos para hacerme nuevos tatuajes, sin miedo, por ejemplo. Tampoco estoy cansada de viajar. Quizá estoy cansada de que no estés conmigo. Eso es.  Hey, intento ser honesta conmigo hoy, okay. Cualquier impulso de honestidad me transporta a una imaginación romántica. Soy como esos señores que entre más estresados están más bromas cuentan y más ríen, hasta que caen en episodios psicóticos y entonces su familia se da cuenta que algo anda mal. Pues así yo, tal vez, entre más estrés tengo más romántica se vuelve mi imaginación: es que no estás conmigo, pienso.
En realidad no. Debo admitir que cuando estás conmigo soy absolutamente feliz, cuando me hacían mi último tatuaje pensé en ti todo el tiempo. Y debo reconocer que nunca me había sentido tan afortunada por un periodo de tiempo tan extenso. Confío en ti, pues. Pero no es que vivas en Sudamérica o en Madrid lo que me tiene cansada. Sé por qué estoy cansada y me da verguenza decirlo. Así que lo voy a decir. Oh, pero también me da miedo decirlo. Tal vez esa sí es la edad. Con la edad y los asesinatos de miembros de mi familia, y el hecho de que un skin-head me pateara la cara en Rotterdam antes de mi presentación en el Poetry International, también me da un poco de miedo decir cosas. Pero estoy cansada. Podría decir que estoy cansada de los editores de las editoriales pequeñas y su maliciosa explotación de autores que vivimos al margen. Una explotación morbosa. Publican el libro sin pagar, y encima explotan la historia personal de quienes hemos sido perseguidos, o de aquellos a los que la sangre nos ha llegado hasta el cuello y hemos estado a punto de morir. Mientras el prestigio de su "trabajo" crece y cargan su maletita con sus pobrecitos libros por todo el mundo, comiendo y bebiendo como cerdos (o como buitres), la sangre que publican. Pero no es sólo eso lo que me cansa, me cansó una vez, porque firmé con una editorial de NY, después de que me acorralaron los cariños, y aprendí. En cambio, veo a mujeres escritoras, talentosas y locas, intentando echar adelante sus proyectos editoriales y eso me entusiasma. Así que no es el pequeño mundillo editorial lo que me tiene cansada.
El 22 de diciembre me hice un nuevo tatuaje que representa el Sudarshan Chakra. El Sudarshan Chakra es la visión de Krishna. La percepción de la estructura de la vibración, quien puede verlo todo. Paradójico, porque yo cada día veo menos. Es esa parte, la parte donde dejo de engañarme la que me agota, la que consume todos mis recursos vitales. Es esa capacidad o esa desgracia de poder ver una fuerza infinita que mueve la estructura del mundo, una fuerza enferma. 
Bueno, sueno pesimista porque estoy hablando de lo que me cansa, les digo. No todo me cansa y no es un estado ni permanente ni absoluto, pero...es esta sensación de no poder escapar de la enfermedad que es el mundo... es decir, la misma ambición está en una empresa transnacional como en el corazón de una editorial pequeña e independiente, el deseo es el mismo... y el origen de lo que sostiene al mundo también es el mismo... y no me refiero al origen natural, sino el impulsor de esta creación, de esta realidad que tenemos enfrente... todos dependemos del mismo motor en mayor o menor medida... es como un engranaje del que no podemos salir... incluso sin pertenecer a sistemas o a estructuras sociales, lo que nos sostiene proviene de esos mismos sistemas y esas mismas estructuras...
Pero ese sentimiento que me agota, no es permanente... para resolver mi cansancio voy a otros orígenes... el origen mineral de mi cuerpo, por ejemplo... o el origen vegetal... y la sensación de que sin ese origen mi propio pensamiento para entender el mundo no existiría... y me calmo... mi cuerpo se convierte en un lago tranquilo ¿ven que no todo es basura? hay algo más allá de lo humano... jeje
No recibí el año escribiendo, recibí el año pensando. De cualquier manera no creo que el tiempo sea este lastre que se va acumulando y que nos hace sentir menos completos cada día, menos suficientes.
No sé si alguna vez me he sentido suficiente para algo. Tal vez sí. Pero creer o sentir que uno es suficiente para algo no necesariamente es ser suficiente. Eso pensaba ayer. Tengo una continuidad, no tengo años. Y como soy como un fantasma en los recuerdos de los escritores mexicanos (un fantasma que nunca aparece) cuando publico otro libro parece que soy joven.
Soy de la firme creencia de que, uno de los primeros condicionamientos sociales que nos programa para obedecer, es la celebración del cumpleaños. ¿Cumplir qué? Pero no sólo nos programa a medir y a percibir el tiempo de forma lineal, nos programa para celebrar: hay que celebrar, porque uno es aries, piscis o sagitario. Esos condicionamientos se condensan cada vez más y más: en las redes sociales competimos por ser lo más celebrados, los más bonitos y los más felices. Yo celebré, por ejemplo, frente a un barraquito y una pulguita a las 7 de la mañana, de un día cualquiera (creo que era veintitantos de noviembre) el hecho de nada. Nada. Celebré nada. Porque en realidad no tenemos nada que celebrar. Nunca hemos tenido nada que celebrar. Pero crear rituales propios porque sí, porque la luz se siente fabulosa a las 7 de la mañana, y el camino empedrado y silencioso en tiempos de ciudades se vuelve ya algo mágico, y llegar a la cafetería y pagar 2 euros: 2 euros! había que celebrar.  Una celebración no programada. Yo recuerdo así mi primera celebración: una sorpresa. Mi primera celebración fue una sorpresa mientras leía: más allá del cielo y las estrellas estás escondida tú, donde nadie puede verme y oírme, y hasta donde no llegan mis palabras... ese fue el momento en que el mundo me mostró que existía el tiempo, en esa frase que leí cuando tenía seis años y leí el libro completo... como si se tratara de comer un durazno... lo leí y lo olvidé. Así es el tiempo.