El otro día platicando contigo pude escucharme decir "me interesa conocer la verdad" ¿Y la conoces? me preguntaste. 
Todavía no. Todavía no la conozco. Tal vez no la conozca nunca. Pero me acerco. Desde que convivo contigo me siento completamente sola. Sola. Esa es una verdad. Estamos solos. Nacemos solos. En esta vida, aunque decidamos compartir un espacio, una respiración, una cama. Siempre estaremos solos. La convivencia sólo nos hace olvidar la verdad. Nacemos solos. Somos los únicos responsables de nosotros mismos. Nada ni nadie sana ese sentimiento, porque no hay nada que sanar. Conocer la verdad es decepcionante y hermoso al mismo tiempo. Porque, si partimos del hecho de que estamos solos, de que nadie tiene ninguna obligación hacia nosotros. De que todos tienen derecho a decirnos "no, gracias" podemos ser más libres. La consciencia de la soledad y la libertad son casi una misma. Porque libertad significa también permitir la libertad de los demás. ¿Cómo es que yo quiero ser libre, pero pretendo que quien me ama me idolatre y se adecue a mis circunstancias? No es libertad.
Tampoco esto que siento es alegría, pero podría serlo. Es una especie de fiebre, que me impulsa a escribir, hace unos meses ya, que el libro no sale de mi cabeza y entonces: no me siento libre. Siento que vivo dentro del libro. Todo se junta. Uno de mis amigos más queridos está en el hospital. Y yo tengo miedo de estar sola. Pero si he estado sola siempre. Puro egoísmo. Estoy aquí con esa verdad tangible, latiéndome en las manos y sólo pienso en mí. En mi soledad. En que no la quiero pero a la vez la he querido tanto. Gracias a ella yo soy yo. Gracias a nuestra soledad somos quienes somos. 
No alcanzo a explicarlo bien aquí. No es una soledad triste. Es decepcionante, porque lo ideal es que tú y yo, siendo tú y yo, viviendo tan cerca uno del otro, no sintamos esto. Pero al mismo tiempo es porque somos tú y yo, precisamente y no otros dos: tú y otra o yo y otro, que podemos ser conscientes qué tan solos estamos en el mundo. Estamos solos de la idea romántica del amor. Solos de necesitar desesperadamente alguien moviendo cosas en nuestra cocina. Estamos solos del impulso que nos hace pensar que la vida es "eso" que las parejas felices retratan a nuestra edad. Y no hay vuelta a atrás. No hay un "voy a empezar de nuevo" que llene lo que sabemos, porque no sólo es que lo sepamos, es que es una verdad. Cualquier "nosotros" es un juego, y la diversión depende de qué tan bien juguemos nuestro papel. La diversión depende del drama que pongamos en el juego. Generalmente, en una pareja, uno de los dos es el que construye el drama más profundo. Pero en este caso no hay drama. No hay drama! Y eso es digno de celebrar. Porque es desde ahí, desde la verdad, que comenzamos a estar profundamente, solos y juntos. 
El año pasado hice una pregunta sobre el racismo en Rotterdam, Holanda, y me fue respondida.


En ocasiones, las respuestas a nuestras preguntas no aparecen envueltas como regalo o en paraísos con vista al mar y sábanas de seda. Si uno quiere conocer el lado oscuro de la humanidad, que es el equivalente potencial al lado oscuro que vive en nosotros mismos, y hacemos esa pregunta con intención pura: vamos a ver, y muy probablemente lo que vamos a ver nos va a partir la cara o el corazón, pero conoceremos la verdad.

Supongamos que quiero entender lo que siento esta vez, por primera vez, durante el proceso de lo que siento quiero entender lo que siento. Supongamos que, por primera vez tengo la intención de entender lo que siento durante el proceso exacto de lo que vivo. Y, supongamos, que no tengo antecedentes o referencias a las que recurrir. Supongamos que estoy sola viviendo una experiencia y quiero comprenderla. Supongamos que no hay ciencia que detalle lo que sucede químicamente al cuerpo. Sólo quiero entender. Estoy en el centro de mis antebrazos hinchados, por ejemplo. Mis dos manos como guantes de plástico cargados de agua. Pero quiero comprender, y comprendo. Comprendo que es un proceso, y que mi biología está yendo hacia alguna parte. También comprendo que cuando paso una mano sobre otra haciendo una caricia, una especie de alivio se manifiesta. Lo único que me queda es intentar comprender el proceso biológico que sucede en mi cuerpo. Las reacciones que han hecho que mis brazos se hinchen y que mis dos manos parezcan guantes cargados de agua. En mi inteligencia biológica está sucediendo un "pensamiento" que no puedo entender como a mis otros pensamientos. Es un  pensamiento que no tiene ideas. Una fuerza que sabe lo que hace. 
Estoy aquí porque comienzo a escribir un libro nuevo. Mis libros nuevos comienzan así. Digo comenzar, pero no es comenzar. Estoy continuando un libro, como siempre. Hace tiempo que realmente no comienzo nada. Los últimos libros que he escrito tienen que ver, decididamente, con colaboraciones, con otras artistas u otras escritoras. Ya saben, el libro con Zoe Leonard, cuyo trabajo me fascina. Ahora mismo tengo un deadline para un libro sueco. No sé. Pero mis días han sido tan extraños. Como el punto localizado que soy, donde se manifiesta una realidad global, supongo. Y la realidad global se ha sentido extraña últimamente. Trabajo con un grupo de 150 personas y les doy una clase de meditación cada semana, por ejemplo. Esas son las incidencias en las realidades globales desde mi diminuta localización. Un punto localizado, corriendo de forma distribuida por esta red. Ya. Los pongo al día de mi existencia: ahora tengo 8 tatuajes. En diciembre, me tatué una flama en la mano derecha y cuando lo hice sabía que significaba un compromiso, porque se trata de un tatuaje que verdaderamente se ve. No soy de las que quiere servir de lienzo para una obra de arte. Mis tatuajes son más bien códigos. Y bueno. Sebastian Meléndez me tatuó una llama creciente, con un ojito en el medio. El fuego que está viendo, o la percepción de Krishna o el acceso a la estructura de la vibración: un código... lado derecho, canal derecho, acción etc. Un tatuaje notorio, sólo puedo ocultarlo usando guantes. Y sabía, sabía que uno no es la misma persona yendo con tatuajes ocultos por ahí, que con tatuajes evidentes. Fue mi tatuaje número 7. Vivo en un barrio hipster, así que la pequeñita hija de mi vecina me detuvo en el elevador con enorme ternura para decirme "i like your tatoo"... la vecina de la juguería me ha dicho dos veces: "me encanta tu tatuaje"... la segunda vez notó inmediatemente que ya me lo había dicho antes. El mesero del restaurant oaxaqueño me dijo: "oooh, qué padre tatuaje" y, la otra noche, salí con la persona que me gusta y me dijo "es la primera vez que salgo con una persona que tiene tatuajes ¿también usas drogas?". Bam! aguita fría sobre el fuego de invierno. El contraste de mundos. La relación: tatuajes-drogas-rockandroll. Quienes me conocen saben que no me gusta el rock... o el poco rock que me gusta lo olvido, me parece irrelevante. No importa tanto que fuera la persona que me gusta la que asociara mis tatuajes con la drogadicción. Sino la realidad que se me revela. Siento que, aveces, no vivo totalmente en la realidad. Siento que, la realidad global que percibo es sólo mi pequeño pensamiento expandido al rededor de mi campo energético ¿Por qué no puedo percibir simplemente el blanco, blanco y el negro, negro. Y comprender el billete es dinero, la depilación permanente es más chic que los tatuajes, etc. ¿Por qué no busco lo chic? últimamente no sé si ser inteligente es sólo una creencia, últimamente no sé, si ser inteligente es una forma para justificar la habilidad que desarrollamos, intentando sobrevivir a nuestro opresor interior con una sonrisa por delante... 

--¿paso por ti?
--no
--¿por qué no?
--prefiero que me veas llegar

algunos inteligentes asumimos que lo que preferiríamos, de acuerdo a nuestros planes, es lo que otros preferirían y si no, lo que aparece frente a nosotros nos parece absurdo, desconfigurado.

--prefiero que me veas llegar

¿pero acaso esta persona está loca? ¿prefiere tomar un uber a que yo sea su chofer esta noche? Inconcebible! 

--¿Te llevo a tu casa?
--No.
--¿Y por qué no?
--Prefiero la soledad camino a casa, así tengo espacio para reflexionar

¿pero qué le pasa a esta persona? me he quedado aquí de pie, con la soledad que deja esa sensación de que entre nosotros hay algo inconcluso ¿algo le molestó? ¿de qué se trata esto?!!!


Uno debería hacer lo que prefiere. Sin pretender que los otros prefieran lo que uno prefiere hacer, y  sin pretender, además, que los otros nos acompañen en el camino. Uno debería comprender que lo que prefiere, no es necesariamente lo que prefieren los demás. Pero también uno debería comprender que hacer lo que no prefiere, no es una condición para demostrar amor.  No es una condición para decir "me gustas" ser la persona que prefiere que la lleven a casa. No es una condición para decir "si quiero" ser la persona que prefiere también tenerte de chofer por esa noche. 

Yo entiendo, que en la realidad global hay cosas que ceder porque preferimos una vida armoniosa. No exterminamos a las personas que prefieren los tatuajes, por ejemplo, ni a las personas que no los prefieren. Cuando discriminamos de acuerdo a lo que preferimos, estamos exigiendo tener poder sobre los otros. Para dar amor o recibir amor no es indispensable que nuestras preferencias se correspondan. Me asomo a la realidad global y esta llena de personas intentando tener poder unas sobre otras y muy pocas siendo conscientes del amor, o del verdadero motor del deseo, o del absoluto "sí, me gustas".


Meri Jan, Meri Phool, Meri Dil... 

perdonen, queridos lectores, que ya saben mi corazón que es como una flor, conoció a otra flor... aunque no lo parezca: llegó la primavera!
#metooescritoresmexicanos
Una forma de construir carnita placentera sobre mi semilla dura de la verdad, es mi pareja, o mis amantes, ya saben: siempre estoy enamorada de alguien (como de ti, por ejemplo). Entre más enamorada estoy pienso mejor, escribo mejor. Creo que he conocido a los hombres más hermosos y brillantes del mundo. Soy amiga de todos mis ex, excepto uno que está para el #metoo (no es escritor, así que)... pero hasta la fecha, desde mi primer novio, hasta el amor de mi vida siguen en contacto conmigo, hay amor entre nosotros porque lo que yo construyo siempre tiene que ver con el amor.  Me gusta vivir con amor. No me gusta relacionarme con odio. Hace años que no me relaciono sentimentalmente con ningún hombre mexicano y, cada vez que mis amigas me pregunta la razón, mi respuesta es la misma: me gusta relacionarme con amor, construir amor, y los hombres mexicanos (lo descubrí cuando dejé de salir con ellos, sentimentalmente hablando) sostienen relaciones sexuales con odio y con desprecio hacia la mujer, vive en ellos una mezcla de subconsciente católico en busca de la pureza y complejos fisiológicos que les impiden disfrutar de una relación sin culpa y de forma libre. Siempre construyen relaciones de poder y de sometimiento (incluso laboralmente), viven envueltos en un profundo sentimiento de inferioridad que necesitan sanar y que alivian diariamente abusando de "sus mujeres". En cambio, conozco hombres de culturas diferentes para los que la sexualidad es una fiesta, quizá quieran lo mismo: coger (sin o con compromiso), pero disfrutan sin rencor, sin culpa, sin complejos... aman! porque se aman a sí mismos, son seguros, auto-suficientes, no ponen en su pareja la responsabilidad de evaluarlos para sentirse bien, ni ellos ven la relación como una forma de evaluar a su pareja... de que los hay, los hay... los he disfrutado enormemente!
El hombre mexicano, en general, se desprecia a sí mismo, se juzga como algo sucio, desprecia su cuerpo y sus funciones fisiológicas, se humilla y se escupe a sí mismo todos los días; después llega a casa y necesita a alguien para humillar, criticar, escupir, abusar. Es producto de una estructura social enferma, tan rabiosa y acorralada que asesina a quienes considera sus oponentes. 
Los hombres que han abusado de mí y después lo cacarearon con sus amigos: sí! #metooescritoresmexicanos no son conscientes de que abusan constantemente de sí mismos. Experimentan la sexualidad como algo denigrante porque viven cogiéndose a sí mismos constantemente. Viven revolcándose en su propio esperma, o quemándose en su propio infierno, o reventando su cara contra su propio espejo (como quieran llamarle), temblando de rabia y miedo. Lo digo sin rencor. Deseo, sinceramente, que todos ellos puedan amarse un poquito (aunque sea en su siguiente vida), para que sepan lo transformador que es coger en el paraíso.

ps: el otro día leí a alguien que dijo que porque tenía 42 ya no era acosable; bueno, yo tengo 46, y apenas hace una semana pasé por el desagradable momento de tener que decirle a un amigo de toda la vida: tengo novio y es muy celoso, para quitarme su acoso de encima de una buena vez. Agh
Qué gran ejemplo has sido, Thay... Martin...

Sigo muy cansada, oigan. No mentalmente o emocionalmente: físicamente. Creo que, una de dos: o ya no puedo viajar tanto como lo he hecho últimamente; o necesito acostumbrarme al ritmo de estos viajes y ya está. Pues ya está. Creo que me voy a decidir por lo segundo. No sólo aterricé hace un mes y todavía no siento que he aterrizado, sigo usando la ropa que tengo en las maletas. Qué curioso, cuando escribí desde un rostro inmutable, sentí cómo creció en mi mente un emoticón riéndose hasta las lágrimas. Eso es la vida. Ya no expreso vida desde mi rostro. Tal vez es eso. Todo sucede dentro, como códigos para formar stickers que no llegan a la superficie, sino que buscan un botón para transmitir con los dedos. Hace tanto que no te veo, que cuando nos volvamos a encontrar, tal vez ya no sepa cómo relacionarme sin una computadora de por medio. Qué tiempos. Tiempos de verdadero cansancio, supongo, pero al mismo tiempo, tiempos de mucha creación. Vivir anclada a un ordenador me permite conectar más profundamente hacia adentro, hacia el libro que escribo. Ja. Como si escribir un libro fuera algo importante, eh. Iba a decir que es importante para mí, pero estaría mintiendo. Me importan muy pocas cosas, mi libertad, por ejemplo. Los libros los hago como mi más cercana preferencia pero, por ejemplo, si acaso uno de mis libros se perdiera en los archivos electrónicos incontables de este aparato, no me atormentaría. Hay varios que ni siquiera he perdido, sólo los escribí y los olvidé aquí, entre tanto folder y tanto proyecto. Me importaría verte. Pero en realidad tampoco sé bien a bien quién eres, y cuando estamos juntos nunca sé que está pasando. Tampoco es que tenga que saber. No tengo que saber. Ya cuando estamos juntos no tengo necesidad de saber. No tengo necesidad de nada. Es en momentos así, en que me enfermo de un cansancio tan profundo que comienzo a preguntarme quién coño eres y qué hago contigo y todas esas cosas. Tampoco es que quiera más tiempo cerca de ti. ¿Por qué te estoy escribiendo aquí una carta? Meh. No importa. Lo que siento tampoco importa. Ni siquiera es verdad. Es un emoticón que se abre en mi mente, con la intención de trasladarse a ti. No podría decir siquiera que lo que siento es una búsqueda. Pura cobardía.
Estoy cansada. No sólo porque tengo 45 años. De hecho, podría decir que los 45 años son lo que menos me cansan. Me dan ánimos para hacerme nuevos tatuajes, sin miedo, por ejemplo. Tampoco estoy cansada de viajar. Quizá estoy cansada de que no estés conmigo. Eso es.  Hey, intento ser honesta conmigo hoy, okay. Cualquier impulso de honestidad me transporta a una imaginación romántica. Soy como esos señores que entre más estresados están más bromas cuentan y más ríen, hasta que caen en episodios psicóticos y entonces su familia se da cuenta que algo anda mal. Pues así yo, tal vez, entre más estrés tengo más romántica se vuelve mi imaginación: es que no estás conmigo, pienso.
En realidad no. Debo admitir que cuando estás conmigo soy absolutamente feliz, cuando me hacían mi último tatuaje pensé en ti todo el tiempo. Y debo reconocer que nunca me había sentido tan afortunada por un periodo de tiempo tan extenso. Confío en ti, pues. Pero no es que vivas en Sudamérica o en Madrid lo que me tiene cansada. Sé por qué estoy cansada y me da verguenza decirlo. Así que lo voy a decir. Oh, pero también me da miedo decirlo. Tal vez esa sí es la edad. Con la edad y los asesinatos de miembros de mi familia, y el hecho de que un skin-head me pateara la cara en Rotterdam antes de mi presentación en el Poetry International, también me da un poco de miedo decir cosas. Pero estoy cansada. Podría decir que estoy cansada de los editores de las editoriales pequeñas y su maliciosa explotación de autores que vivimos al margen. Una explotación morbosa. Publican el libro sin pagar, y encima explotan la historia personal de quienes hemos sido perseguidos, o de aquellos a los que la sangre nos ha llegado hasta el cuello y hemos estado a punto de morir. Mientras el prestigio de su "trabajo" crece y cargan su maletita con sus pobrecitos libros por todo el mundo, comiendo y bebiendo como cerdos (o como buitres), la sangre que publican. Pero no es sólo eso lo que me cansa, me cansó una vez, porque firmé con una editorial de NY, después de que me acorralaron los cariños, y aprendí. En cambio, veo a mujeres escritoras, talentosas y locas, intentando echar adelante sus proyectos editoriales y eso me entusiasma. Así que no es el pequeño mundillo editorial lo que me tiene cansada.
El 22 de diciembre me hice un nuevo tatuaje que representa el Sudarshan Chakra. El Sudarshan Chakra es la visión de Krishna. La percepción de la estructura de la vibración, quien puede verlo todo. Paradójico, porque yo cada día veo menos. Es esa parte, la parte donde dejo de engañarme la que me agota, la que consume todos mis recursos vitales. Es esa capacidad o esa desgracia de poder ver una fuerza infinita que mueve la estructura del mundo, una fuerza enferma. 
Bueno, sueno pesimista porque estoy hablando de lo que me cansa, les digo. No todo me cansa y no es un estado ni permanente ni absoluto, pero...es esta sensación de no poder escapar de la enfermedad que es el mundo... es decir, la misma ambición está en una empresa transnacional como en el corazón de una editorial pequeña e independiente, el deseo es el mismo... y el origen de lo que sostiene al mundo también es el mismo... y no me refiero al origen natural, sino el impulsor de esta creación, de esta realidad que tenemos enfrente... todos dependemos del mismo motor en mayor o menor medida... es como un engranaje del que no podemos salir... incluso sin pertenecer a sistemas o a estructuras sociales, lo que nos sostiene proviene de esos mismos sistemas y esas mismas estructuras...
Pero ese sentimiento que me agota, no es permanente... para resolver mi cansancio voy a otros orígenes... el origen mineral de mi cuerpo, por ejemplo... o el origen vegetal... y la sensación de que sin ese origen mi propio pensamiento para entender el mundo no existiría... y me calmo... mi cuerpo se convierte en un lago tranquilo ¿ven que no todo es basura? hay algo más allá de lo humano... jeje
No recibí el año escribiendo, recibí el año pensando. De cualquier manera no creo que el tiempo sea este lastre que se va acumulando y que nos hace sentir menos completos cada día, menos suficientes.
No sé si alguna vez me he sentido suficiente para algo. Tal vez sí. Pero creer o sentir que uno es suficiente para algo no necesariamente es ser suficiente. Eso pensaba ayer. Tengo una continuidad, no tengo años. Y como soy como un fantasma en los recuerdos de los escritores mexicanos (un fantasma que nunca aparece) cuando publico otro libro parece que soy joven.
Soy de la firme creencia de que, uno de los primeros condicionamientos sociales que nos programa para obedecer, es la celebración del cumpleaños. ¿Cumplir qué? Pero no sólo nos programa a medir y a percibir el tiempo de forma lineal, nos programa para celebrar: hay que celebrar, porque uno es aries, piscis o sagitario. Esos condicionamientos se condensan cada vez más y más: en las redes sociales competimos por ser lo más celebrados, los más bonitos y los más felices. Yo celebré, por ejemplo, frente a un barraquito y una pulguita a las 7 de la mañana, de un día cualquiera (creo que era veintitantos de noviembre) el hecho de nada. Nada. Celebré nada. Porque en realidad no tenemos nada que celebrar. Nunca hemos tenido nada que celebrar. Pero crear rituales propios porque sí, porque la luz se siente fabulosa a las 7 de la mañana, y el camino empedrado y silencioso en tiempos de ciudades se vuelve ya algo mágico, y llegar a la cafetería y pagar 2 euros: 2 euros! había que celebrar.  Una celebración no programada. Yo recuerdo así mi primera celebración: una sorpresa. Mi primera celebración fue una sorpresa mientras leía: más allá del cielo y las estrellas estás escondida tú, donde nadie puede verme y oírme, y hasta donde no llegan mis palabras... ese fue el momento en que el mundo me mostró que existía el tiempo, en esa frase que leí cuando tenía seis años y leí el libro completo... como si se tratara de comer un durazno... lo leí y lo olvidé. Así es el tiempo.